• Noche en el Golfo Pérsico

    Por no hablar de que, una vez que metió la pierna, los nudillos de Winston, que sostenían los pantalones, rozaron casi desde su tobillo hasta llegar a la cintura. Aquella sensación parecía guiar el flujo de toda la sangre de su cuerpo.

    En ese momento, lo que más deseaba Hunter era desmayarse de inmediato.

    Incapaz de mantener el equilibrio, justo cuando estaba a punto de caer hacia un lado, Winston extendió la mano y lo agarró de la muñeca.

    Con fuerza y firmeza.

    Una vez puestos los pantalones, los dedos de Winston sujetaron el dobladillo de la camisa y, rozando el cuerpo de Hunter, la metieron por dentro de la pretina.

    Incluso a través de la tela, podía sentir la temperatura de los dedos y las palmas de Winston. Como si fuera una ilusión, quemaban terriblemente.

    Hunter pensó que seguramente se debía a que él mismo estaba ardiendo.

    Los dedos de Winston llegaron al centro de su cintura y le abrocharon el botón.

    —Listo.

    Esa voz, ligeramente fría, hizo que Hunter despertara de su ensoñación.

    Dios sabía que ahora mismo no tenía ninguna gana de ir a comer ningún banquete de mariscos; solo quería sujetar a ese sujeto por los hombros y hacer con él lo que le diera la gana.

    Tenía unas ganas locas de salir corriendo al baño, porque sabía que con solo cerrar los ojos y pensar en el rostro de Winston, podría liberarse.

    Marcus seguía insistiendo sin dar tregua, así que Winston le arrebató el celular directamente de las manos.

    —Hola, señor Marcus. Soy Winston.

    El otro lado de la línea se quedó en silencio durante tres largos segundos.

    —Ah… Winston… ¿Estás con Hunter?

    —Así es. Se abrochó mal un botón hace un momento, por lo que hizo un pequeño berrinche. Pero no tiene nada que ver con usted. Volveremos a Nueva York a tiempo, pierda cuidado. ¿Hay algo más que necesite que le transmita?

    La voz de Winston sonaba tranquila, pero poseía un efecto imponente.

    Marcus, que había estado parloteando sin cesar, se calló de repente.

    —Oh… no, nada más… Que disfruten sus vacaciones…

    —Adiós.

    Winston colgó la llamada y le devolvió el celular a Hunter.

    —Vamos, el submarino nos está esperando. —Caminó hacia la puerta.

    Hunter se apresuró a seguirlo.

    Era la primera vez que viajaba en un submarino. Se sentó frente a la ventana, con la frente apoyada contra el cristal, observando atentamente los fragmentos de coral en el fondo del mar.

    De vez en cuando pasaban algunos peces, y su mirada los seguía de cerca.

    Winston lo acompañaba en silencio a su lado.

    Al llegar al restaurante submarino, Hunter dejó escapar un suspiro de decepción.

    —¿Te gustan los submarinos? —preguntó Winston.

    —Tampoco es que me encanten, solo me pareció interesante.

    Cuando era pequeño, su padre estaba demasiado ocupado; Hunter ni siquiera había ido a un acuario.

    —Comprar un submarino tal vez sea una buena opción. —Metió las manos en los bolsillos y habló con tono casual.

    —¿Para qué comprar un submarino?

    Pensó que aquel sujeto de verdad tenía demasiado dinero y no sabía en qué gastarlo.

    —Hunter, si tuvieras un submarino, ¿para qué lo usarías? —replicó Winston.

    —¿Yo? —Lo pensó un momento y luego se inclinó hacia él con actitud ambigua—. Si tuviera un submarino, te encerraría dentro para que no pudieras ir a ningún lado. ¡Sería como tener un Winston de mascota!

    Observó detenidamente los ojos del otro, tratando de descifrar sus emociones.

    Sin embargo, Winston se limitó a mirarlo; su mirada parecía fundirse con el vasto océano al otro lado del cristal.

    —Si fuera yo, en mi submarino solo pondría una cama y llenaría la cava de sake japonés. Luego me pasaría el día y la noche revolcándome en la cama con mi amante. Bajo las profundidades del mar, mi amor no podría escapar a ningún lado. —La voz sonaba fría, pero a los oídos de Hunter llegó cargada de una ardiente locura.

    —Lo… lo de la cama lo entiendo, pero ¿para qué guardar sake japonés? ¿No debería ser un Lafite del ochenta y dos o algo así?

    —Supongo que, hasta ahora, el sake es lo que mejor resultado ha dado.

    —¿Por qué siento que te estás burlando de mí? No me digas que todavía me guardas rencor por haberte mordido la última vez que me emborraché.

    —Para nada. —Alzó la barbilla, indicándole que saliera del submarino.

    Aquel restaurante submarino le parecía un verdadero milagro a Hunter.

    Sobre sus cabezas se extendían las aguas del Golfo Pérsico, con todo tipo de criaturas marinas nadando perezosamente por encima de ellos.

    No dejaba de mirar hacia arriba.

    —¡Winston, mira, una tortuga marina!

    —Mmm. —El hombre frente a él apoyó la barbilla en la mano sin la menor intención de levantar la vista; se limitó a contemplar el rostro emocionado de Hunter.

    No retuvo ningún recuerdo sobre el sabor de la comida del restaurante.

    Solo sabía que Winston estaba sentado frente a él.

    La forma en que sostenía los cubiertos, cómo bajaba la mirada con una leve sonrisa, o cómo alzaba los ojos de vez en cuando para responderle; no quería perderse de nada.

    Winston levantó la vista y preguntó.

    —¡Sí estoy comiendo! —Bajó la cabeza y se metió a la boca un langostino a las finas hierbas.

    Al terminar la cena, ambos tomaron de nuevo el submarino de regreso al hotel.

    Hunter seguía mirando atentamente por la ventana, solo que en realidad no observaba la vida marina, sino el reflejo de Winston en el cristal.

    Como si fuera una ilusión, el reflejo parecía no apartar la mirada de él.

    Aquella sensación lo llenó de calidez e hizo que su corazón latiera con fuerza.

    Para cuando regresaron a la habitación, ya eran las diez de la noche.

    Como no había pegado ojo en toda la noche anterior, fue asaltado por el cansancio.

    Se desparramó en el sofá, mirando el techo con los ojos entrecerrados; solo necesitaba contar hasta diez para quedarse dormido.

    El asiento junto a él se hundió ligeramente. Supo de inmediato que Winston se había sentado a su lado.

    Su mente, que hasta entonces divagaba, se despejó un poco. Mantuvo los ojos cerrados, concentrándose en su presencia.

    Extendió la mano y le alborotó el cabello con suavidad.

    —No te duermas aquí. Iré a prepararte la bañera para que tomes un baño; luego vete a dormir a la cama. —La voz era muy suave, como si estuviera consolando a alguien.

    —Mmm… mmm… —asintió.

    Pronto se escuchó el sonido del agua corriendo. Hunter giró el rostro para mirar a través de la puerta entreabierta del baño; desde allí podía ver a Winston sentado de perfil en el borde de la bañera, estirando el brazo para ajustar la temperatura del agua.

    Tosió mentalmente.

    De pronto, le entraron unas ganas locas de empujar a aquel hombre al agua, verlo sumergirse y luego observar cómo se incorporaba lanzándole una mirada furiosa… aunque lograr que Winston se enfadara era casi imposible.

    Luego, entraría con aires de grandeza, escuchando cómo el agua se desbordaba por los bordes, para sentarse sobre ese hombre imponente, someterlo y hacer con él lo que se le antojara.

    Cuando el sonido del agua cesó, Winston se puso en pie y regresó a su lado. Apoyó la palma de la mano en la mejilla de Hunter y le dio unas palmaditas suaves.

    —Ve.

    —Oh… —Abrió los ojos de mala gana. Primero intentó aflojarse la pajarita, pero al ver que no cedía, se le ocurrió algo de repente. Tiró del puño de la camisa de Winston con pereza e inclinó la cabeza para decirle—: ¿Me ayudas?

    Winston, que en ese momento estaba leyendo un mensaje en su celular, levantó la mirada para observarlo. Pasaron varios segundos sin que moviera un solo músculo.

    La decepción se apoderó de Hunter.

    Justo cuando estaba a punto de desatarse la pajarita por su cuenta, Winston dejó el celular, se giró hacia él e inclinó el cuerpo. Sus dedos se engancharon en el borde del lazo y lo aflojaron.

    Al mirar sus ojos y notar cómo su cabello se movía ligeramente con cada gesto, volvió a sentir el impulso de besarlo.

    Winston le quitó la pajarita y aprovechó para desabrocharle el primer botón de la camisa.

    Sus dedos rozaron la nuez de Adán de Hunter; este tragó saliva por instinto, y al subir y bajar su garganta, su piel volvió a rozar los dedos del otro.

    Winston apartó la mano.

    —Listo.

    Decepcionado una vez más, Hunter se removió un poco y continuó con su tono perezoso:

    —Ya que estás, desabróchamelos todos…

    Sin embargo, Winston volvió a tomar el celular para seguir leyendo sus mensajes, ignorándolo por completo.

    —Desabróchatelos tú mismo.

    Por alguna razón, la voz le sonó un poco fría. ¿Acaso se había molestado porque le pidió ayuda?

    Ah… qué más da.

    Se levantó lentamente y, al echar un vistazo a la concentración con la que Winston respondía sus mensajes, de pronto le asaltó una idea traviesa.

    Mientras caminaba hacia el baño, fue quitándose la ropa dejándola caer al suelo sin ninguna intención de recogerla.

    La chaqueta del traje, la camisa, los pantalones…

    Entró al baño, arrojó la ropa interior al suelo de cualquier manera, levantó una pierna y se sumergió en la cálida bañera.

    Sabía que Winston no toleraba el desorden bajo ninguna circunstancia. Aquel sujeto seguramente frunciría el ceño mientras recogía toda la ropa esparcida por el suelo para dejarla bien ordenada.

    Pensar en eso le producía una gran alegría.

    El agua caliente resultaba tan reconfortante que, sumado a su somnolencia, no tardó en quedarse profundamente dormido.

    Entre sueños, le pareció escuchar a alguien golpeando la puerta del baño.

    —¿Hunter? ¿Te quedaste dormido? El agua se va a enfriar, sal de ahí pronto.

    Era la voz de Winston.

    Al incorporarse, se dio cuenta de que el agua, en efecto, se estaba enfriando.

    —¡De acuerdo! ¡Ya salgo!

    Estaba a punto de levantarse cuando de pronto recordó algo.

    —Oye… Winston… ¡se me olvidó meter la ropa! ¿Podrías traérmela, por favor?

    Esa había sido la recomendación insistente de Owen: al entrar al baño, por ningún motivo debía llevar consigo ropa limpia ni pasar el cerrojo de la puerta.

    Aunque… seguramente a Winston no le interesaba en absoluto su cuerpo, ¿verdad?

    —Está bien.

    Unos minutos más tarde, Winston entró sosteniendo la ropa y la dejó sobre la repisa. Salió sin siquiera dirigirle la mirada ni mediar palabra.

    Hunter soltó un suspiro.

    Ya lo veía venir… ¡El truquito de Owen no servía para nada!

    Si fuera una belleza como Audrey Wilson, tendría sentido echar un vistazo, pero siendo ambos hombres robustos, ¿qué atractivo podía haber en eso?

    Se apoyó en el borde de la bañera para incorporarse y dar un paso hacia fuera, pero resbaló inesperadamente perdiendo el equilibrio por completo. ¡Estaba a punto de darse de bruces contra el suelo en la postura más dolorosa y retorcida imaginable!

    Sin embargo, sus reflejos eran bastante rápidos. Se aferró al borde de la bañera con una mano y apoyó la otra en el suelo; una de sus piernas quedó enganchada en la tina, mientras la otra se estiraba tratando inútilmente de encontrar apoyo en las baldosas resbaladizas.

    Sabía que en ese instante debía de verse ridículo y cómico, pero para colmo de males, Winston escuchó el alboroto y abrió la puerta del baño de un gran empujón.

    —¡Hunter! ¿Qué te…?

    Winston pareció quedarse atónito al verlo en aquella posición.

    —Tú… ¡ven rápido a ayudarme! ¡Levántame!

    Intentaba hacer fuerza con desesperación, pero sin importar cuánto estirara o tensara la pierna, esta no dejaba de patinar sobre el charco de agua del suelo.

    Winston por fin reaccionó. A pesar de lo espacioso que era el baño, pareció bastarle dar dos o tres zancadas para llegar a su lado. Lo sujetó por la cintura con una mano y con la otra lo rodeó para sostenerlo en brazos.

    Sintió cómo su espalda chocaba contra el pecho de Winston mientras este lo levantaba y lo sentaba sobre el borde de la bañera. Al levantar la vista, la mirada se topó de lleno con el pequeño Hunter.

    Dándose cuenta de la situación, se cubrió de inmediato. Winston le dedicó apenas una ojeada antes de enderezarse.

    —Si yo fuera tú, no me taparía la parte de enfrente. —Tomó una toalla y se la echó por encima.

    —¿Eh? —Alzó el rostro para mirarlo.

    —Me taparía la parte de atrás. Cuando estás completamente desnudo, tienes una espalda preciosa. Dan ganas de clavarle los dientes… y arrancarla a mordiscos.

    Winston curvó los labios en una sonrisa y salió del baño.

    Su camisa, casi empapada, se ceñía perfectamente a su torso y cintura.

    Para Hunter, esa imagen poseía un atractivo letal.

    —¡Qué es eso de arrancar a mordiscos! ¡No te copies mis líneas!

    Una profunda sensación de frustración se apoderó de él.

    Sentía que, en lugar de haber seducido a Winston, había terminado siendo él quien cayera bajo su intenso magnetismo.

    Ese imbécil de Owen se mostraba tan seguro de sí mismo… ¡Al final resultó que todos sus trucos eran completamente inútiles con alguien como Winston!

    Preparó la bañera para Winston, se puso la pijama y regresó a la habitación.

    Winston también parecía exhausto. Estaba recostado hacia atrás en el sofá, como si fuera un rey solitario.

    Se sentó a su lado sin decir una palabra para despertarlo.

    Al parecer sintiendo su proximidad, Winston abrió los ojos.

    Esos ojos siempre habían sido lo que más le gustaba.

    Ahora que los tenía tan cerca, lo único que deseaba era quedarse contemplándolos para siempre.

    Y Winston tampoco dio señales de querer apartar la vista, hasta que, transcurridos dos o tres segundos, usó de pronto un dedo para empujar la barbilla de Hunter y apartarle el rostro.

    —¿Acaso quieres comerme?

    —Pues sí. ¿Me vas a dejar comerte? —respondió él con una sonrisa.

    Owen le había advertido que, si quería provocar a Winston, debía perder toda la vergüenza; cuanto más descarado fuera con sus palabras y acciones, mejor.

    A pesar de que todo lo que le había enseñado había resultado ser un rotundo fracaso hasta ahora, al recordar cómo aquel sujeto le había tomado el pelo antes, pensó que al menos ser un desvergonzado no estaba de más.

    ¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Que cortara su amistad? Si llegaba a enfadarse, bastaría con soltar una carcajada y decir que era solo una broma.

    —¿Crees que podrías tragarte todo lo que soy? —le retrucó Winston. Luego se levantó y se dirigió hacia el baño.

    —¿Por qué no iba a poder? —Alzó la barbilla, siguiéndolo con inconformidad.

    —La tengo muy grande.

    Después de soltar esa frase sin la más mínima expresión en su rostro, cerró la puerta del baño.

    Cuando por fin comprendió a qué se refería, las orejas volvieron a teñirse de un rojo intenso.

    ¿En qué ronda de provocaciones iban ya? ¡Si se trataba de medir quién era más descarado, definitivamente no era rival para él!

    Se dejó caer boca abajo en la cama y comenzó a enviarle mensajes a Owen para quejarse de forma frenética.

    Owen: [¿De verdad nada de eso ha servido?]

    Hunter: [¡No ha servido para una mierda!]

    Owen: [Mide el tiempo. Calcula cuánto tarda Winston en el baño y luego me avisas.]

    Hunter: [¿Y de qué demonios sirve medir eso?]

    Owen: [Te lo diré cuando me des los resultados del cálculo.]

    Miró la hora en su celular y se puso a jugar Candy Crush mientras esperaba a que el otro saliera.

    Superó tres niveles del juego y aún no había señales de Winston. Al revisar la hora nuevamente se dio cuenta de que… ¡Dios santo, llevaba casi cuarenta minutos remojándose!

    Empezando a preocuparse, saltó de la cama, se acercó a la puerta del baño y tocó un par de veces.

    —¡Oye… Winston! ¿Estás bien? ¡No vayas a decirme que te desmayaste en la bañera!

    —Mmm… Estoy bien, vete a dormir tú primero.

    Por algún motivo, creyó ser capaz de imaginar la expresión que debía tener en aquel instante. Probablemente estaba recostado contra la bañera con la barbilla muy en alto, como si estuviera conteniéndose por algo, al borde del estallido.

    En un principio, se le cruzó por la mente que, si Winston también hubiera olvidado meter ropa limpia, él mismo podría haber entrado a echar un vistazo.

    Pero recapacitó de inmediato: ¡Qué tontería! Él jamás dejaría sus cosas tiradas por ahí.

    Decepcionado, volvió a tirarse sobre la cama y se topó con otro mensaje de Owen:

    Owen: [¿Ya salió Winston?]

    Hunter: [No, ya van más de cuarenta minutos.]

    Owen: [Oh, buen trabajo.]

    Hunter: [¿A qué te refieres con buen trabajo?]

    Owen: [Mantén el ritmo, sigue esforzándote.]

    Blanqueó los ojos mirando hacia el techo.

    No le quedó de otra que aferrarse al celular y seguir pasando niveles. Cuando escuchó abrirse la puerta del baño, giró la cabeza al instante y vio cómo se acercaba vestido con una bata de baño mientras se secaba el cabello con una toalla.

    Su cabello lucía inusualmente alborotado. La pantalla del celular indicó game over, pero él seguía sin poder apartar la vista.

    —¿Por qué te quedaste tanto tiempo ahí adentro? ¡Ya estaba pensando en echar la puerta abajo para sacarte en brazos antes de que te ahogaras!

    —Me estaba dando un masaje.

    —¿Un masaje?

    —La bañera viene con función de hidromasaje —explicó con total serenidad.

    —¿Qué? ¿Y por qué no me lo dijiste?

    —Creí que habías visto los botones.

    —… —Abrió la boca, sintiendo que acababa de desperdiciar la oportunidad de su vida.

    Tras secarse el cabello, Winston apartó las cobijas. Al flexionar la rodilla, su pierna quedó completamente al descubierto por debajo de la bata. Hunter, que lo observaba por el rabillo del ojo, tragó saliva de forma instintiva.

    Como de costumbre, tomó un libro, se apoyó contra la cabecera y comenzó a hojearlo.

    Al ser consciente de que ahora compartía la misma cama y las mismas mantas con Winston, comenzó a ponerse nervioso.

    ¡Tenía que aprovechar cualquier oportunidad para establecer contacto físico! Después de todo, ¿había algo más íntimo que compartir cobijas?

    A propósito, cambió a otro juego del celular llamado Bombardear el Fin del Mundo, el cual usaba el giroscopio del móvil para simular el pilotaje de un avión.

    Con ambas manos aferradas al aparato, comenzó a torcer el cuerpo de un lado a otro, fingiendo estar inmerso en su partida. Mientras tanto, bajo las sábanas, dobló ambas piernas con lentitud y, en el clímax de la misión virtual, las dejó caer de golpe en dirección a Winston, apoyándolas directamente sobre sus piernas.

    La pierna de Winston pareció sufrir un ligero sobresalto. Acto seguido, este levantó su propia extremidad y empujó la de Hunter para devolverla a su sitio.

    —Me estás aplastando. Hazte un poco para allá.

    Manteniendo la vista baja, continuó pasando las páginas de su libro sin siquiera dignarse a mirarlo.

    Sintió una leve opresión en el pecho.

    Ah… ah… ¿Por qué lo rechazaba de forma tan despiadada?

    ¡Por lo menos debía haberlo dejado un par de segundos más!

    Molesto, tiró el celular y lo miró.

    —Me mataron.

    —¿Y puedes hablar conmigo estando muerto? —Pasó a la siguiente página sin ninguna prisa.

    —¡Me mataron en el juego! ¡Porque me chocaste hace un momento!

    —¿No fuiste tú quien chocó conmigo? —Por fin apartó el libro y giró el rostro para mirarlo.

    Su cabello, aún sin peinar, caía de forma desordenada sobre sus mejillas y orejas. Desde ese ángulo, la vista le resultaba extremadamente sexy.

    En un principio, su plan era seguir montando una escena sin razón aparente con tal de que el otro dejara de prestarle atención al maldito libro, pero se dio cuenta de que no le salían las palabras.

    —¿Qué estás jugando? —preguntó.

    —¡Bombardear el Fin del Mundo! —Con solo mencionar el juego, el entusiasmo regresó al instante—. ¡Es para celulares! ¡Se siente como conducir un Fórmula 1 en el teléfono! ¡Hasta puedes conectarte y pelear en línea!

    —Ah. —Bajó la cabeza y reanudó su lectura.

    En ese instante, comprendió a la perfección a qué se refería Audrey Wilson cuando decía que viajar con Winston generaba silencios largos y muy incómodos.

    Soltando un suspiro, se dio la vuelta para envolverse entre las sábanas y enviarle otro mensaje a Owen:

    Hunter: [Lo rocé por accidente y ya se molestó.]

    Owen: [¿Con qué lo rozaste? ¿Con tu pequeño Hunter?]

    Hunter: [¡Por supuesto que no! ¡Con mi pierna!]

    Owen: [Supongo que tenía miedo de sentir ganas de doblarte las piernas, y por eso no dejó que lo siguieras tocando.]

    Se quedó de piedra. Tardó varios segundos en descifrar a qué se refería, y cuando lo hizo, sintió tanta indignación que faltó poco para que arrojara el celular contra la pared.

    —Hunter. —Winston bajó el libro y giró el rostro para mirarlo.

    —¿Qué?

    —Estos últimos días, ¿con quién te has estado enviando tantos mensajes?

    Ante aquella pregunta repentina, un sentimiento de culpabilidad se apoderó de él.

    —Con nadie. ¡Solo estoy molestando un rato a los demás chicos de la escudería!

    —¿De verdad? Cuando estuvimos en Sapporo no me percaté de que te gustara tanto escribir mensajes.

    —¡Eso fue porque… porque siempre estabas leyendo! ¡Y ni siquiera me prestabas atención!

    Soltó la primera excusa que se le vino a la mente.

    —Suena a que la culpa es mía, en efecto. —Sacó su celular—. El nombre del juego que mencionaste hace un rato era Bombardear el Fin del Mundo, ¿no?

    —¡Sí!

    —Lo descargaré para jugar contigo.

    Los ojos se le iluminaron.

    —¿Sabes jugar videojuegos?

    —Si pierdes, tendrás que responderme una pregunta —declaró.

    —¡Trato hecho!

    ¡Al fin y al cabo, solo era una pregunta!

    Poco después, se arrepintió amargamente.

    Desde la primera ronda, fue completamente aniquilado por Winston hasta el amargo final.

    Empezó a dudar profundamente de todos los años que había dedicado a su vida de gamer.

    —¿Juegas esto muy seguido? —Arrojó el móvil al colchón, invadido por la repentina sospecha de que le había tendido una trampa.

    —Casi nunca juego videojuegos. —Lo miró fijamente a los ojos—. Ahora, responde a mi pregunta: ¿estás saliendo con alguien?

    En ese instante, se quedó congelado.

    Esa pregunta rebasaba por completo cualquiera de sus expectativas.

    —Está bien, cambiaré la pregunta. ¿Con quién te estás mandando mensajes exactamente?

    A pesar de que Winston estaba casi recostado sobre la almohada mirándolo desde abajo, Hunter sintió como si algo le hubiera atravesado el cuerpo.

    —¿Acaso no te lo dije ya? Con los de la escudería…

    —Entonces, ¿me dejas revisar tu celular? —Le tendió la mano.

    —¿Me… me vas a revisar el celular? —Su expresión era de pura incredulidad.

    —Te gané. Te hice una pregunta y necesito comprobar si lo que me estás diciendo es verdad o mentira, ¿no crees?

    Tragó saliva. Estuvo a punto de decir que era una invasión a su privacidad, pero él no apartaba la vista. Esa intensa mirada parecía haberlo descifrado hace mucho tiempo.

    Esa era la primera vez que le exigía algo por el estilo.

    Se detuvo a reflexionar; de todos modos, ya había borrado el historial de su conversación con Owen, dejando únicamente el último mensaje: [Supongo que tenía miedo de sentir ganas de doblarte las piernas, y por eso no dejó que lo siguieras tocando].

    Si llegaba a cuestionarlo al respecto, se limitaría a decirle que ese idiota solo estaba escribiendo disparates para burlarse de él.

    Le entregó el teléfono. Winston lo tomó, pero su mirada siguió clavada en sus ojos.

    —Dime, ¿tienes una relación con alguien? Si es así, no leeré tus mensajes. —Su rostro carecía de expresión alguna; ni siquiera dejaba entrever esa ligera sonrisa que solía poner cuando quería fastidiarlo.

    ¿Acaso estaba enojado?

    De repente, dejó de estar seguro.

    Si le respondía que en efecto estaba saliendo con alguien, no revisaría sus mensajes y no descubriría que se había estado escribiendo con Owen. ¡Pero no quería que creyera bajo ningún concepto que le gustaba otra persona!

    Cálmate, Hunter.

    ¿Qué importaba si descubría lo de los mensajes con Owen?

    ¿Acaso no se había propuesto a sí mismo romper sus propios límites?

    Al recordar aquellas palabras que Winston le había dirigido en el pasado —cosas como “Voy a seducirte”—, ¡tenía que atreverse a ser aún más desvergonzado!

    —¡Si fuera a salir con alguien, saldría contigo!

    Inclinó el torso hacia él y le hizo un gesto con el dedo, indicándole que le devolviera el celular.

    —¿Qué acabas de decir? ¿Saldrías conmigo? —Apoyó la barbilla en una mano, tamborileando los dedos sobre la pantalla del teléfono como si estuviera dando golpes directamente en su corazón.

    —¡Pues claro! Eres culto, educado y además, un piloto de élite. Planificas bien las cosas; estar contigo significa no tener que usar el cerebro para nada. ¡Y lo más importante de todo es que no escatimas en gastos! Puedes alquilar un hotel de aguas termales completo para nosotros solos, invitarme la cena más cara y encima, dedicas todo tu valioso tiempo en mí…

    Se dio cuenta de que sus palabras sonaban cada vez más a una declaración de amor.

    ¿Y si esto le caía mal a Winston y terminaba por alejarse de él?

    Por primera vez en su vida, lamentó no ser capaz de mantener la boca cerrada.

    —Siempre han sido los demás los que planifican todo por mí. Solo cuando estoy contigo me tomo la molestia de planear las cosas.

    —Tú mismo lo dijiste: es porque no soy alguien en quien se pueda confiar.

    —Alquilar todo un hotel de aguas termales o invitarte la cena más cara no es nada. Aún puedo darte mucho más.

    Semejante respuesta superó por completo todas sus expectativas.

    Hora del huevo salado:

    Winston: Hoy, durante toda la noche, Hunter ha estado muy peculiar.

    Hunter: ¿Peculiar en qué sentido?

    Winston: Como si hubiera activado la función de ir heroicamente hacia su muerte.

    Hunter: ¿Qué heroísmo ni qué muerte?

    Winston: Ganas de que te folle hasta matarte.

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  • Durante el Año Nuevo, el hermano de Li Yu también regresó. Jian Suiying comió con él dos veces; la segunda vez también llamó al responsable de esa empresa de pienso biológico. Basándose en los comentarios que Xiao-Linzi le había dado sobre aquel terreno, habló seriamente con Li Xuan, con la intención de continuar con el proyecto.

    Si este asunto se manejaba bien, podría apoderarse de ese terreno de más de doscientos mu sin gastar un centavo. Jian Suiying sentía que las cosas iban bastante bien; no tenía que poner dinero, ayudaba a su amigo y, además, obtenía un terreno gratis.

    La noche de Año Nuevo, Jian Suiying y Li Yu, naturalmente, regresaron cada uno a su propia casa.

    Jian Suiying se enfrentó a una casa llena de parientes. Habló tanto que se le entumeció la cara y bebió hasta quedar borracho. Le pareció sumamente aburrido. El año que viene no pensaba pasar el Año Nuevo en Beijing; incluso ir a Qinhuangdao para acompañar a su abuelo sería mejor que estar aquí frente a una habitación llena de gente ruidosa.

    Jian Suiying ahora era el pilar de la familia Jian. Ya fueran mayores o jóvenes, era inevitable que lo arrastraran para tomar una copa. Por muy buena que fuera su tolerancia al alcohol, no podía soportar que lo emborracharan por turnos de esa manera. Al final, realmente no pudo beber más; cuando caminaba, le temblaban las pantorrillas.

    Jian Suilin ya le había cubierto varias copas de alcohol y también se sentía un poco indispuesto. Al ver a Jian Suiying mareado, se acercó a su oído y preguntó:

    —Hermano, ¿ya no puedes más? ¿Qué tal si te ayudo a ir a la habitación?

    Jian Suiying soltó un hipo de borracho, rodeó el cuello de su hermano con el brazo y dijo en voz baja:

    —Vamos… entremos…

    Jian Suilin lo ayudó a levantarse y se justificó con las personas en la mesa:

    —Mi hermano de verdad bebió demasiado, voy a llevarlo adentro para que descanse un rato.

    Un tío segundo de Jian Suiying todavía vociferaba:

    —¡Que duerma un rato y luego salga, apenas son más de las nueve!

    Jian Suiying agitó la mano y, apoyado en Jian Suilin, regresó tambaleándose a la habitación.

    Jian Suilin ayudó a Jian Suiying a entrar en su propia habitación y lo acostó en la cama.

    Jian Suiying todavía no tenía la mente del todo nublada, así que preguntó:

    —¿Por qué me trajiste aquí?

    —Tenía miedo de que ensuciaras tu propia cama y no pudieras dormir bien esta noche —respondió Jian Suilin. Sacó un par de pañuelos de papel y le secó el sudor de la frente.

    Jian Suiying cerró los ojos y respiró profundamente un par de veces, sintiendo que su pecho estaba algo obstruido. Sabía que realmente había bebido de más. Dijo aturdido:

    —El sobre rojo que te di esta noche, no lo gastes a lo tonto. Busca algo serio que hacer. Ya no eres joven, debes tener ambiciones en la cabeza.

    —No te preocupes, hermano.

    —El asunto de esos apartamentos, ¿cómo va?

    —Todos están de vacaciones por el Año Nuevo. Estará resuelto después de las fiestas, no es nada complicado.

    —Ese, ¿cómo se llama? Bai Xinyu, ¿ha causado problemas?

    —No, al contrario, ha estado muy proactivo.

    —Mjum, vigílalo un poco… Si pasa algo, avísame de inmediato.

    —De acuerdo.

    —Puedes salir, dormiré un rato.

    —Te acompañaré un rato. Yo tampoco quiero salir a beber más.

    Jian Suiying no lo echó; se relajó con las extremidades extendidas sobre la cama y cerró los ojos para descansar.

    No supo cuánto tiempo pasó, pero la respiración de Jian Suiying se volvió constante, como si se hubiera quedado dormido.

    Jian Suilin se levantó y fue al baño a lavarse la cara. Bebió un sorbo de agua y, tras despejarse un poco, volvió a sentarse en el borde de la cama, mirando a Jian Suiying.

    Le tocó el cabello a Jian Suiying; estaba un poco húmedo, el alcohol lo había hecho sudar.

    Hacía mucho tiempo que no veía a su hermano dormir frente a él de forma tan despreocupada. Si supiera las intenciones que albergaba hacia él, probablemente no se atrevería ni a cerrar los ojos.

    La mano de Jian Suilin pasó de su cabello a su frente. Sus dedos danzaron suavemente sobre su rostro como plumas, deslizándose desde el entrecejo hasta la nariz y, finalmente, hasta los labios.

    Los labios de Jian Suiying siempre parecían ser muy suaves, a pesar de que esa boca era grosera, terca y nunca podía decir una buena palabra.

    Los presionó suavemente con la yema del dedo; realmente eran muy suaves.

    El corazón de Jian Suilin comenzó a latir rápido de repente. Al ver esos labios entreabiertos, le surgió un deseo infinito.

    Llamó suavemente:

    —Hermano.

    No hubo ninguna reacción.

    —Hermano, ¿estás dormido?

    Seguía sin haber reacción.

    Jian Suilin se armó de valor. Se inclinó lentamente hacia adelante, acercándose con cierto temblor, y finalmente presionó sus labios contra los de Jian Suiying.

    En ese instante, hasta su respiración se detuvo. No se atrevió a hacer el más mínimo movimiento por miedo a despertar a Jian Suiying.

    La sensación de tener los labios unidos, ¿cómo podría describirse? Era cálida, suave, ligeramente húmeda; podía sentir claramente la respiración y el calor corporal del otro. Era como si estuvieran intercambando algún tipo de energía ambigua, llenándose el uno del otro.

    Jian Suilin no pudo evitar sacar la punta de la lengua y, con cautela, lamer sus labios.

    Esa sensación cálida y suave realmente lo hacía incapaz de liberarse.

    Justo cuando dudaba entre detenerse o armarse de valor y seguir explorando, Jian Suiying murmuró algo de repente. Extendió el brazo y se colgó de su cuello. Jian Suilin sintió una presión en la nuca y fue arrastrado hacia abajo sin control, besándose pesadamente con Jian Suiying.

    Jian Suilin abrió los ojos de par en par. Sintió que el corazón estaba a punto de salírsele por la garganta. Estaba tan nervioso que quería salir huyendo de inmediato, pero a la vez no podía evitar querer quedarse en ese mismo lugar.

    Jian Suiying simplemente se frotó contra él antes de que su mano cayera flácida. Murmuraba algo.

    Jian Suilin estaba casi asfixiado, ni siquiera se atrevía a respirar profundamente. En medio de su nerviosismo, escuchó lo que Jian Suiying decía.

    Estaba diciendo dos palabras, el nombre de una persona: Li Yu.

    En el instante en que Jian Suilin lo escuchó con claridad, solo sintió que la cabeza le ardía y la vista se le nublaba. Una furia y celos profundos llenaron instantáneamente todo su cuerpo.

    La mitad de su cuerpo estaba temblando.

    Li Yu.

    Estaba llamando a Li Yu.

    Jian Suilin se puso de pie de un salto. Mirando a Jian Suiying profundamente dormido en su cama, apretó los puños con fuerza.

    Al final, Jian Suiying no logró levantarse para recibir el Año Nuevo; durmió de un tirón hasta que amaneció.

    Cuando despertó al día siguiente, el dolor de cabeza era abrumador. Veía todo como si estuviera a través de una capa de materia transparente; aunque podía distinguir las cosas claramente, simplemente se sentía terrible.

    Después de despertar, se dio cuenta de que todavía estaba en la cama de Jian Suilin y que ya lo habían desnudado, dejándolo solo en ropa interior.

    Se quedó con los ojos abiertos mirando el techo por un buen rato, considerando si debía levantarse o seguir durmiendo.

    De repente, recordó algo abruptamente y comenzó a levantarse para buscar su teléfono por todas partes.

    Ayer había pensado en llamar a Li Yu a las doce para desearle un feliz Año Nuevo o algo así, hubiera sido aún mejor si hubieran podido hacer la cuenta regresiva juntos. Aunque pareciera bastante idiota, ¿no era así cuando dos personas estaban juntas? No podían dejar pasar ni una sola oportunidad para ser empalagosos.

    Al final se había quedado dormido hasta ahora y arruinó todo. Ni siquiera le había enviado un mensaje de texto a Li Yu.

    Revolvió todo un buen rato y, finalmente, sacó su teléfono del pantalón. Lo encendió: tenía más de veinte llamadas y mensajes perdidos.

    Revisó un buen rato; Li Yu no lo había llamado ni una sola vez. Volvió a buscar en los mensajes y recién entonces encontró el nombre de Li Yu.

    Lo abrió y al instante sintió una enorme decepción.

    Li Yu le había mandado un mensaje de felicitación; con solo un vistazo, era evidente que se trataba de uno de esos textos prefabricados de quién sabe dónde, reenviados masivamente para desear feliz año.

    Aparte de eso, no había absolutamente nada más.

    Jian Suiying también sentía que enredarse por un mensaje de texto no tenía sentido, pero simplemente se sentía incómodo.

    Incluso si Li Yu le hubiera enviado uno solo para él, con su nombre y apellido, diciéndole simplemente “Feliz Año Nuevo”… Después de todo, tenían una relación tan íntima. ¿Un mensaje masivo para salir del paso en Año Nuevo?

    Por más que lo pensara, Jian Suiying sentía que no era él quien estaba siendo mezquino, sino que Li Yu estaba haciendo las cosas mal.

    Se dejó caer desnudo sobre la cama y llamó a Li Yu.

    —Aló, Jian-ge.

    —Aló, Li número dos.

    Por lo general, Jian Suiying solo lo llamaba “Li número dos” cuando estaba buscando pelea. En cuanto Li Yu lo escuchó, supo que algo andaba mal.

    —¿Qué pasa?

    —¿No tienes que decirme algo hoy?

    —¿Eh? Oh, fe-feliz Año Nuevo.

    Jian Suiying chasqueó la lengua.

    —¿Por qué no me llamaste ni nada ayer? ¿Acaso hay alguien que trate a los demás con tan poco respeto como tú?

    Li Yu respondió con impotencia:

    —Ayer llamé a Suilin y me dijo que estabas borracho y durmiendo, así que no llamé.

    Esa frase no consoló a Jian Suiying en lo más mínimo, sino que lo irritó aún más:

    —Oye, si no me llamaste a mí primero, ¿por qué demonios lo estabas llamando a él?

    Li Yu guardó silencio un momento.

    —¿Y a ti qué bicho te picó ahora? ¿Todavía no se te pasa la borrachera?

    Jian Suiying dijo enfadado:

    —¡Se me pasó hace rato! Es Año Nuevo, ¿acaso crees que con reenviarme un mensaje trillado y ordinario ya cumpliste?

    Li Yu ya había perdido la paciencia.

    —Entonces, ¿qué quieres que haga? Ni siquiera entiendo qué te molesta ahora.

    El tono de Li Yu hizo que Jian Suiying se sintiera como una esposa amargada haciendo un drama sin razón. Esto lo enfureció aún más, pero sabía que si seguía discutiendo, parecería precisamente eso. Se quedó atrapado en ese incómodo dilema de “si lo digo sueno melodramático, pero si no lo digo me lo guardo”. Estaba tan enojado que no pudo soltar ni una palabra por un largo rato y, al final, simplemente le colgó el teléfono.

    —Maldita sea, ¿cómo puede haber alguien tan inútil para tratar a la gente…? —Jian Suiying dio vueltas en la cama, enojándose más cuanto más lo pensaba.

    En ese momento, Jian Suilin empujó la puerta y entró. Con una sola mirada, vio a su hermano tendido en la cama, con los brazos y piernas extendidos, vistiendo solo un calzoncillo ajustado.

    Jian Suiying levantó la cabeza para mirarlo y luego la dejó caer nuevamente sobre la cama.

    —¿Dónde dormiste anoche?

    —En la habitación de invitados.

    —Oh, ¿qué hora es?

    —Las nueve y media.

    Jian Suiying soltó un bostezo.

    —Me duele un poco la cabeza. Ve a buscarme alguna pastilla y luego prepara algo de comer, bajaré en un rato.

    Jian Suilin no pudo evitar echarle un vistazo a la prominente protuberancia en el calzoncillo negro de Jian Suiying; se detuvo allí por dos segundos antes de apartar la mirada.

    —De acuerdo, hermano. Primero levántate a lavarte los dientes, yo te preparo todo. La ropa está aquí. Baja cuando estés listo.

    Jian Suiying se quedó en la cama un buen rato más antes de levantarse perezosamente para asearse y comer.

    Cuando bajó las escaleras, su padre estaba leyendo el periódico. Al verlo bajar, se echó a reír.

    —Suiying, ¿cuánto tiempo llevas sin beber? Ayer caíste demasiado rápido.

    —Es que todos me rodearon para emborracharme. Joder, fue un sufrimiento —Jian Suiying se frotó la cabeza.

    Jian Dongyuan dejó el periódico. Mirar a su hijo mayor, alto y corpulento, lo reconfortaba bastante.

    —Come algo, los próximos días todavía vas a estar ocupado.

    —Mjum.

    —¿Qué día de Año Nuevo crees que deberíamos ir a ver a tu abuelo?

    —El tercero —tenía planeado ir a visitar a los parientes del lado de su madre entre hoy y mañana, y al tercer día acompañar a su padre a ver a su abuelo.

    —Está bien, organízalo tú. A Suilin… ¿crees que deberíamos llevarlo?

    Jian Suiying miró a Jian Suilin.

    —¿Quieres ir?

    Su abuelo no soportaba a Jian Suilin y cuando lo veía apenas le prestaba atención. Sabía que Jian Suilin definitivamente tampoco quería ir.

    Quién diría que, en esta ocasión, Jian Suilin actuaría de forma inusual y respondería de inmediato:

    —Sí quiero, hace mucho que no veo al abuelo.

    Jian Suiying arqueó una ceja, pensando que este chico cada vez se volvía más astuto.

    Jian Dongyuan también asintió, bastante complacido.

    Jian Suiying recordó algo y dijo:

    —Papá, este año pienso llevar a Xiao-Linzi a dar los saludos de Año Nuevo a la familia Li.

    —Oh, está bien. Mírate, ustedes dos hermanos y los dos hermanos de la familia Li se llevan muy bien ahora. Deberían ir a dar los saludos y afianzar las relaciones.

    —Mjum. Ponte en contacto con el tío Li sobre esto y luego yo llevaré a Suilin.

    —De acuerdo.

    Al pensar en el rostro siempre sereno y distante de Li Yu, Jian Suiying realmente lo amaba y lo odiaba al mismo tiempo.

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  • Una ola de frío azotó la ciudad, provocando un descenso brusco de la temperatura en la capital; a partir de entonces no volvió a calentar, marcando la entrada oficial del invierno.

    Aunque el clima se había vuelto gélido, la relación entre Jian Suiying y Li Yu se fue calentando gradualmente; empezaron a llevarse como cualquier pareja de enamorados común y corriente.

    Como la emoción de la novedad aún no había pasado, los dos se veían de forma imprescindible una o dos veces por semana, o a lo sumo, pasaban pegados el uno al otro durante todo el fin de semana.

    Jian Suiying era un hombre que sabía cómo divertirse, y llevó a Li Yu, un pobre estudiante que apenas acababa de escapar del batallón de los exámenes de ingreso a la universidad, a experimentar un sinfín de cosas interesantes, presentándole de paso a muchas personas de su círculo. En principio, guiar a Li Yu para que se integrara en la intrincada red de relaciones políticas y familiares de la capital debía ser tarea de Li Xuan, pero Li Xuan había sido transferido y no regresaría en varios años, además de que Li Yu había estado fuera de Beijing durante mucho tiempo, por lo que sin duda tenía ciertas carencias en el ámbito de las relaciones interpersonales. Jian Suiying esperaba ayudarlo a integrarse lo más rápido posible, pensando que solo así se beneficiaría su futura carrera.

    Poco a poco, los amigos más cercanos a Jian Suiying empezaron a notar la ambigüedad entre ellos dos. Sin embargo, en ese círculo se veía toda clase de cosas raras, y si el mismísimo Jian Suiying se molestaba en ocultarlo, demostraba que no quería que nadie lo supiera; cualquiera con un mínimo de sentido común que no quisiera ofenderlo se guardaría de andar soltando la lengua por ahí. Esto también le dio un respiro a Li Yu, permitiéndole interactuar con naturalidad frente a esos príncipes herederos que, a lo mucho, estaban a dos o tres contactos de distancia de su propio padre.

    Por supuesto, las diferencias de carácter entre los dos eran un hecho palpable, por lo que seguían teniendo roces de vez en cuando. Solo conviviendo día y noche con Jian Suiying uno se daba cuenta de lo increíblemente difícil de complacer que era este hombre. Afortunadamente, aunque Li Yu era joven, tenía un carácter bastante sereno y sabía ser tolerante; Jian Suiying, por el contrario, era incapaz de aguantarse: si algo no salía a su manera, chocaba de frente contra Li Yu, aunque por lo general, terminaban resolviendo todo en la cama.

    Si se dejaba de lado su enorme mal genio, Jian Suiying en realidad era un excelente amante, y se portaba de maravilla con Li Yu. Comprarle pequeños regalos de vez en cuando era una obligación; ya había llevado cenas de madrugada hasta su universidad en un par de ocasiones; y, a veces, saliendo del trabajo iba a ver a Li Yu entrenar, quedándose sentado allí por tres o cuatro horas enteras solo para esperarlo y salir a comer juntos, incluso preparándole ropa seca de antemano.

    Cuando Jian Suiying trataba bien a alguien, lo hacía con gran estilo, no le faltaba ni un ápice de ternura y romanticismo; derrochaba pura clase. Pero cuando se proponía sacarte de quicio, te enojaba hasta la muerte sin el menor remordimiento, escupiendo cualquier cantidad de barbaridades; de hecho, sumergir el celular de Li Yu en desinfectante solo porque lo vio hablando diez minutos con una compañera de clase fue algo que hizo sin sentir ni una pizca de culpa. Las constantes contradicciones en el carácter de Jian Suiying a veces dejaban a Li Yu sin saber si reír o llorar.

    Tropezando y chocando de esta forma, peleando en la cabecera de la cama y reconciliándose a los pies, mantuvieron esa relación difícil de definir, y en un abrir y cerrar de ojos transcurrió medio año.

    Faltaban apenas unos días para el Año Nuevo y la empresa estaba hasta el cuello de trabajo en ese periodo. Jian Suiying planeaba lanzar a la venta un nuevo complejo residencial durante las fiestas, por lo que toda la compañía estaba inmersa en un mar de preparativos.

    Tanto la universidad de Li Yu como la de Jian Suilin ya estaban en vacaciones, así que ambos fueron a echarle una mano a Jian Suiying; sin embargo, él estaba tan ocupado que, aunque veía a Li Yu todos los días, ni siquiera tenía tiempo para lanzarle una mirada coqueta y provocarlo un poco.

    Cuando Jian Suiying comenzó el proyecto de este complejo, se había topado con varios inconvenientes en el camino, por lo que tuvo que recurrir a los favores de un par de personas; y ahora, estando a punto de iniciar las ventas, había reservado cuatro apartamentos para regalarlos como muestra de agradecimiento.

    Le delegó la tarea de entregar los apartamentos a Jian Suilin, y luego se olvidó por completo del asunto.

    Jamás se imaginó que precisamente esos tres inmuebles terminarían causando un problema.

    Al acercarse el fin de año, Jian Suiying estaba más que saturado de obligaciones; no solo por los asuntos de la empresa, sino porque también había comenzado oficialmente el intercambio de cortesías sociales, haciendo que su teléfono sonara prácticamente cada dos por tres.

    Al ver el nombre de Jian Suilin en la pantalla del identificador de llamadas, ni siquiera tuvo ganas de contestar.

    Al final, solo respondió la llamada después de ver un mensaje de texto de Jian Suilin que decía “Urgente”.

    Tan pronto contestó, el tono de Jian Suilin al otro lado de la línea resultó ser bastante inusual.

    —Hermano, tuve un problema por aquí… —dijo con cierta timidez.

    —¿Qué pasó? —preguntó Jian Suiying con cansancio—. Eres un hombre, no te pongas tan tenso por cualquier tontería.

    —El asunto de las casas que me pediste entregarle al director Fan y los demás la última vez, Yu-ge se enteró.

    —¿Quién? ¿Bai Xinyu? ¿Cómo se enteró?

    —Últimamente he tenido bastante contacto con él por el asunto de esos terrenos. Hoy al mediodía me invitó a comer, y mientras fui al baño, él revisó la carpeta de documentos que dejé sobre la mesa… Yo, yo no sabía que hurgaría en mis cosas así; cuando regresé, me preguntó si esos documentos de propiedad que llevaba eran para regalarlos a alguien.

    Jian Suiying soltó un resoplido frío. —Ese mocoso será un inútil para todo lo demás, pero para estas cosas sí que tiene buen olfato. ¡Tú también tienes la culpa! ¿Cómo se te ocurre dejar ese tipo de documentos tirados por ahí? Si no puedes manejar algo tan simple, ¡entonces para qué sirves!

    —Hermano, esto de verdad ha sido incompetencia de mi parte —admitió Jian Suilin.

    —Que lo sepa una persona más significa un riesgo más, especialmente tratándose de Bai Xinyu, que es un imbécil con la cabeza hueca… —Jian Suiying suspiró—. ¿Le advertiste que no anduviera abriendo la boca por ahí?

    —Sí, le pedí que no se lo contara a nadie. Supuse que, al fin y al cabo, es de la familia y no andaría divulgándolo, pero…

    —¿Pero qué?

    —Él… él exigió que le dejáramos este asunto a su cargo.

    —¿Qué quieres decir? —Jian Suiying frunció el ceño.

    —Yu-ge dijo que la selección del terreno para el hotel en el que están trabajando sus padres justo requiere del visto bueno del director Fan, así que quiere aprovechar esta oportunidad para congraciarse con él.

    —Mierda, que ese mocoso haya podido pensar en el truco de saludar con sombrero ajeno ya representa todo un avance para su coeficiente intelectual. Carajo, no tiene la capacidad de salir a ganar dinero afuera, y solo sabe cómo aprovecharse de su propia familia.

    —Hermano, ¿tú cómo ves que debamos manejar esto? —preguntó Jian Suilin con cautela.

    —Por supuesto que no podemos dejarlo en sus manos; es un asunto muy sencillo, pero si lo dejamos a su cargo, quién sabe qué cagada podría cometer.

    —Entonces…

    —Este es un problema que provocaste tú mismo, así que encárgate de resolverlo. En resumen, ni pienses en dejar que él meta sus manos en esto, y tampoco puedes permitir que vaya de chismoso por ahí; a nuestra familia no le asustan estas pequeñeces, pero hombre precavido vale por dos. Si el asunto que tú manejas sale mal, tú mismo tendrás que asumir las consecuencias. ¿Quedó claro?

    —Entendido…

    —Ahorita estoy ocupado y no tengo tiempo de ajustarte las cuentas, pero a partir de ahora, guarda bien los documentos importantes; si vuelve a pasar una estupidez como esta, mejor no vengas a estorbar en mi empresa.

    —Hermano, lo siento…

    Antes de que pudiera terminar de hablar, Jian Suiying ya le había colgado el teléfono.

    Solo de pensar en esa avalancha abrumadora de trabajo y en los compromisos sociales, empezó a dolerle la cabeza. En cuanto al asunto de Bai Xinyu, no le dio mayor importancia. Él conocía bastante bien a Bai Xinyu, sabía que, aunque era un holgazán que solo servía para comer y no hacer nada, era bastante cobarde y no tenía malas intenciones en el fondo; en cuanto tuviera un rato libre, lo llamaría personalmente para advertirle que cerrara bien el pico, y con eso ya no habría ningún problema.

    Jamás se imaginó que, dos días después, recibiría una llamada de su tía mayor.

    En cuanto Jian Suiying vio la pantalla del celular, adivinó de qué se trataba, y efectivamente: su tía mayor le estaba rogando de manera sutil que permitiera a Bai Xinyu acompañar a Xiao-Linzi para tramitar el asunto de las casas, de modo que pudiera tener la oportunidad de acercarse al director Fan.

    Ya que su tía mayor lo había llamado personalmente, a Jian Suiying le resultó imposible negarse y no tuvo más remedio que aceptar.

    Dándole vueltas al asunto, pensó que simplemente se trataba de transferir la propiedad de las casas a nombre de los familiares de aquellas personas, lo cual no era nada difícil y no debería suponer un problema tan grave, por lo que llamó a Xiao-Linzi para advertirle que monitoreara de cerca la situación, y luego los dejó libres para que se encargaran.

    Al poco tiempo, la empresa cerró por las vacaciones de fin de año.

    Después de haberse agotado durante un periodo tan largo, Jian Suiying por fin pudo tomarse un respiro y descansar.

    Ese día, Li Yu estaba acurrucado en el sofá de su casa leyendo un libro, mientras Jian Suiying descansaba acostado con la cabeza sobre sus piernas jugando a la PSP; los dos conversaban distraidamente sobre los asuntos de la empresa, y fue entonces cuando Jian Suiying también le contó a Li Yu sobre el tema de las cuatro casas, dejando notar en sus palabras cierto descontento hacia Bai Xinyu.

    La mano de Li Yu que sostenía el libro se detuvo un instante y, con rostro inexpresivo, comentó: —Ese primo tuyo es un tremendo problema; aunque Suilin tenga el control del asunto, me sigue pareciendo que hay un riesgo enorme.

    —¿Ah, sí? ¿Por qué lo dices?

    —Al fin y al cabo, Suilin tiene que llamarlo hermano mayor. Incluso si Bai Xinyu comete algún error o se sobrepasa, ¿acaso Suilin podría reprenderlo directamente? Claro que no. Creo que con lo precavido que es Suilin, él podría haber manejado todo a la perfección, pero ya que metiste a Bai Xinyu en este enredo, si sale algo mal tendrás que asumir la responsabilidad tú mismo, así que no le eches la culpa a Suilin.

    Jian Suiying bajó su PSP y le rodó los ojos. —Mierda, lo haces sonar demasiado aterrador; es solo tramitar un traspaso de propiedad, ¿qué podría salir mal? Juntas todos los documentos, los entregas en la ventanilla y ya está. Bai Xinyu solo quiere aprovechar la oportunidad para lamerle las botas al director Fan y tratar de hacerse su amigo. ¿De verdad crees que él se va a encargar de reunir todo ese desastre de papeles? Básicamente sigue siendo trabajo de Xiao-Linzi.

    Li Yu pasó la página del libro, con la mirada clavada en la tinta impresa sin parpadear. —Yo también creo que no debería haber ningún problema; solo que, ya que lo mencionaste, simplemente te di mi opinión de paso.

    Jian Suiying arrojó la PSP a un lado y se dio la vuelta para abrazarlo por la cintura. —Oye, ¿qué tanto estás viendo ahí que te tiene absorto desde hace rato? Rara vez tenemos días libres, ¿no piensas dejar descansar un poco los ojos?

    Li Yu ni siquiera lo miró, y respondió con naturalidad: —¿Acaso jugar videojuegos es dejar descansar los ojos?

    Jian Suiying fingió no haberlo escuchado; levantó la mano, de un manotazo tiró el libro de Li Yu hacia un lado, y le dijo con una sonrisa pícara: —Mírame a mí, deja que tus ojos descansen un poco.

    Li Yu por fin bajó la cabeza para mirarlo; su expresión era un tanto antinatural.

    Jian Suiying levantó la mano para engancharlo por el cuello, lo obligó a agachar la cabeza y le plantó un beso directo en los labios.

    Li Yu colaboró inclinándose sobre él, depositando unos cuantos besos en su rostro.

    Jian Suiying se encendió de inmediato; metió las manos bajo la ropa de Li Yu para acariciarle la cintura y el abdomen, tirando de sus prendas con cierta impaciencia.

    Aunque ya lo habían hecho una vez durante la mañana, eso no compensaba los más de diez días anteriores que habían pasado sin tiempo para intimar; ahora que Jian Suiying había recuperado sus energías, solo quería hacer el amor con Li Yu hasta el cansancio, aliviando así todo el deseo reprimido.

    Ambos conocían el cuerpo del otro a la absoluta perfección, por lo que el fervor aumentó rápidamente, liberando de un solo golpe todo el anhelo acumulado que habían sentido el uno por el otro durante este tiempo.

    Capítulo 35…

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  • Jian Suiying llegó al club donde entrenaba Li Yu pasadas las nueve de la noche. Como era de esperarse, casi todos se habían ido, y solo quedaba Li Yu hablando con alguien.

    Al principio, ninguno de los dos se percató de su presencia. Jian Suiying se quedó de pie en la entrada observando a Li Yu, con la mirada recorriendo su cuerpo cubierto de sudor.

    Li Yu llevaba una camiseta sin mangas de color negro grisáceo y pantalones cortos azul marino. Unos cuantos mechones de cabello húmedo se pegaban a su rostro, y sus guantes de boxeo estaban tirados a sus pies mientras movía los dedos al hablar.

    La ropa de su cuerpo estaba completamente empapada. Su figura no era tan robusta como Jian Suiying había imaginado antes que sería la de un boxeador; al ser de complexión esbelta, todos sus músculos eran muy proporcionados y estéticos, con pectorales carnosos pero sin llegar a la exageración, una cintura estrecha en su justa medida, y un par de piernas firmes y largas que resultaban increíblemente seductoras. Ya fuera vestido o desnudo, desprendía tanta vitalidad que parecía un modelo.

    A medida que Jian Suiying lo miraba, no pudo evitar que un montón de imágenes eróticas afloraran en su mente, y de inmediato sintió que algo en su cuerpo comenzaba a alterarse.

    Li Yu es una jodida belleza, si no luciera así, ¿estaría yo tan adicto a él? Es una verdadera perdición.

    Había estado allí de pie durante medio minuto cuando el conserje que limpiaba al lado finalmente lo notó.

    —¿Busca algo? —preguntó el hombre.

    —Oh, estoy esperando a alguien —respondió Jian Suiying.

    Aunque no hablaron en voz alta, el campo de entrenamiento estaba tan vacío y silencioso que la conversación llegó al instante a oídos de Li Yu. Al voltear, Li Yu vio a Jian Suiying apoyado en el marco de la puerta, con las manos en los bolsillos y una sonrisa a medias.

    Li Yu asintió en su dirección y volvió la cabeza para seguir hablando con el otro hombre.

    El sujeto también miró a Jian Suiying.

    —¿Es tu amigo?

    —Sí.

    —Está bien, dejémoslo hasta aquí; hoy ya se nos hizo un poco tarde.

    Jian Suiying se acercó, le dio un vistazo al hombre y ambos asintieron a modo de saludo.

    Una vez que el sujeto se marchó, Jian Suiying preguntó:

    —¿Quién era?

    —Mi entrenador.

    —¿Tan joven?

    —Tiene unos treinta y tantos… —Li Yu se secó el rostro con la toalla y miró a Jian Suiying—. Ya te dije que para cuando llegaras nosotros habríamos terminado. Si no fuera por esperarte, el entrenador no me habría retenido a solas para darme un sermón.

    Jian Suiying esbozó una sonrisa tirando de la comisura de sus labios, entrecerró un poco los ojos y paseó su mirada por el rostro de Li Yu.

    Cuando sus miradas chocaron en el aire, una atmósfera ardiente y ambigua comenzó a elevarse lentamente.

    Jian Suiying llevaba mucho tiempo sin experimentar una sensación así; el simple hecho de cruzar miradas con alguien le aceleraba el corazón, le resecaba la boca y le hacía hervir la sangre de todo el cuerpo, provocándole únicamente el deseo de follar salvajemente con esa persona.

    Era fácil imaginar la clase de estímulo que esto suponía para su vida carente de pasión en la que tenía todo resuelto, y este descubrimiento simplemente lo excitaba sin medida.

    En ese momento, el empleado de la limpieza gritó desde la puerta:

    —¡Asegúrate de cerrar con llave si eres el último en irte!

    Con los ojos aún fijos en Jian Suiying, Li Yu respondió casualmente:

    —De acuerdo.

    El recinto quedó en silencio al instante, un silencio tan profundo que se podría haber escuchado caer un alfiler.

    Jian Suiying estiró un dedo y tiró de forma frívola del tirante de la camiseta de Li Yu.

    —Ve a darte una ducha, estás lleno de sudor apestoso.

    No importaba cómo se escuchara, aquello sonaba como la queja ambigua de una pareja. A Li Yu le tembló el corazón y la mano que sostenía la toalla se apretó de manera inconsciente.

    Li Yu no se atrevía a mirar a los ojos particularmente seductores de Jian Suiying. Ese viejo zorro de Jian Suiying a saber con cuántos había practicado; no mostraba ni un poco de vergüenza con una mirada tan directa, pero él sí.

    Él asintió levemente y se dio la vuelta para caminar hacia los vestidores.

    Jian Suiying lo siguió por detrás.

    Al agarrar el pomo de la puerta, Li Yu se detuvo.

    Jian Suiying, con las manos en los bolsillos y el cuello ladeado, esperaba a que abriera.

    Li Yu giró la perilla lentamente, luego se volvió, agarró a Jian Suiying del brazo y tiró de él hacia dentro de un solo jalón.

    Jian Suiying estaba más que dispuesto a bañarse junto a él, pero su intención era al menos que le permitiera quitarse la ropa. Había comprado ese conjunto ayer mismo, apenas lo había estrenado y no podía lavarse con agua.

    Era evidente que Li Yu no tenía esa clase de delicadeza; lo arrastró directamente hacia las duchas, abrió la llave del agua de un manotazo, lo inmovilizó contra la pared y comenzó a morderle los labios de forma directa.

    Ambos llevaban más de una semana sin tener intimidad y, en ese momento, parecían lobos que hubieran pasado hambre durante días, mordiéndose el uno al otro con desesperación mientras se arrancaban la ropa.

    La camiseta y los pantalones cortos de Li Yu fueron muy fáciles de quitar, pero el suéter de cachemira de Jian Suiying, al estar empapado, pesaba mucho más y se le pegaba húmedo al cuerpo, haciendo difícil la tarea de sacarlo.

    Li Yu le levantó la ropa hasta el pecho, le tomó entre los labios uno de los pequeños pezones y lo chupó y tiró de él con cierta rudeza.

    Jian Suiying echó la cabeza hacia atrás, sintiendo cómo una lluvia de gotas de agua le golpeaba el rostro. No podía abrir los ojos y ni siquiera alcanzaba a escuchar sus propios jadeos; lo único que se magnificaba hasta el infinito eran las sensaciones de su cuerpo.

    Li Yu le desabrochó los pantalones y acarició su miembro a través de la ropa interior. Jian Suiying estaba empapado de pies a cabeza, y sus calzoncillos blancos de algodón se ceñían a los contornos de su entrepierna. Su trasero firme y respingón, junto a la elevación de su miembro que parecía una pequeña colina, hacían que la sangre hirviera a cualquiera que lo viera.

    Li Yu pateó a un lado los pantalones de Jian Suiying y le levantó una pierna con el brazo.

    Aunque Jian Suiying ya se había resignado mentalmente a esto con mucha impotencia, seguía oponiendo bastante resistencia. Aún fantaseaba con poder someterlo de una vez mientras Li Yu estuviera aturdido por la pasión; sin embargo, en ese momento, aquel movimiento volvió a aplastar sin piedad sus hermosas ilusiones y él comenzó a forcejear de inmediato.

    —Espera un momento… ¡Joder…!.

    A Li Yu la polla le dolía de lo hinchada que estaba y ya no le quedaba paciencia. Tiró del suéter de lana de Jian Suiying hacia arriba, atrapando sus brazos y cubriéndole la cabeza, y luego le ató un nudo a la altura de las muñecas.

    —¡De dónde cojones aprendiste a hacer esto! —maldijo Jian Suiying en voz alta.

    Intentó sacar los brazos, pero la ropa lo inmovilizó por completo, y su cabeza quedó atrapada en la prenda mojada. Respirar no era un problema porque el cuello era bastante ancho, pero prácticamente no podía ver nada.

    —Para lidiar contigo hay que usar métodos inusuales… —rio Li Yu junto a su oído.

    Sosteniendo el muslo de Jian Suiying con su brazo, Li Yu extrajo un poco de gel de ducha y lo frotó sobre la entrada tensa de su agujero, masajeando e introduciéndose al mismo tiempo.

    Todo el cuerpo de Jian Suiying se tensó, y de su garganta escapó un sonido de incomodidad.

    Li Yu le besó el cuello en un intento por relajarlo.

    Gracias a la ayuda del lubricante, Li Yu pudo insertar un dedo con rapidez, y al sentir cómo las estrechas paredes de carne se contraían una y otra vez, hasta respirar le pareció sumamente difícil.

    Como en esta ocasión se prepararon adecuadamente, Jian Suiying no sufrió demasiado antes de que Li Yu se lo follara.

    Li Yu sostuvo uno de sus muslos y, manteniéndolo de pie, embistió hacia arriba una y otra vez. Con los brazos inmovilizados, Jian Suiying apenas podía mantenerse apoyado sobre una sola pierna. Li Yu lo sujetó por la cintura, dejando que dejara caer todo su peso sobre él.

    Originalmente, Li Yu pensaba que después de haber entrenado toda la tarde estaría muy cansado, pero al hacerlo con Jian Suiying sintió que tenía una energía inagotable. El ritmo de sus embestidas se volvió cada vez más rápido, cada golpe más profundo que el anterior, follándolo hasta dejarle las piernas temblando a Jian Suiying.

    Como tenía toda la cabeza envuelta en su propia ropa, los sentidos de Jian Suiying estaban embotados y las sensaciones provenientes de su cuerpo se magnificaron al infinito. El miembro de Li Yu entraba y salía frenéticamente de su interior como una vara de hierro ardiente; le daba la ilusión de que el bajo vientre se le iba a desgarrar, y el calor provocado por la fricción acelerada le hacía sentir que estaba a punto de incendiarse.

    A diferencia de la brusquedad de su primera vez y la prisa de la segunda, esta experiencia sexual fue mucho más tierna y apasionada; Jian Suiying por fin logró disfrutar de un placer inenarrable y no pudo contener sus gemidos.

    Aunque aquel tenue sonido casi se perdió entre el ruido del agua, Li Yu lo captó con agudeza; ese suspiro cautivador, casi imperceptible, que mezclaba un toque de pereza y satisfacción, encendió las llamas de su deseo llevándolas a un nivel completamente nuevo.

    Dio la vuelta a Jian Suiying, le separó los glúteos y se lo folló salvajemente desde atrás. El choque violento de sus cuerpos desató un incesante sonido de agua y un continuo resonar de golpes. Con la cintura fuertemente inmovilizada por Li Yu, la espalda de Jian Suiying se arqueó inconscientemente en una curva seductora, pareciéndose a un gato que se estiraba, mientras Li Yu dejaba besos fragmentados por toda su espalda y descendía siguiendo la línea de su columna.

    Los jadeos roncos y pesados de los hombres llenaron aquel estrecho cubículo de ducha, extendiéndose en una pasión que ni siquiera el constante correr del agua lograba apagar.

    Después de correrse en las duchas, Li Yu continuó complaciendo a Jian Suiying hasta hacerlo venirse también.

    Mantener aquella postura de pie había consumido mucha energía; ambos estaban tan exhaustos que parecían a punto de colapsar, y se quedaron tendidos un buen rato sobre la banca de los vestidores.

    Al final, fue Li Yu quien terminó vistiendo a Jian Suiying con su propia ropa, y solo entonces se marcharon.

    Li Yu acompañó primero a Jian Suiying hasta el auto; se abrazaron por el cuello y se besaron durante medio minuto antes de soltarse.

    —Vete primero —dijo Li Yu.

    Jian Suiying, con una expresión perezosa y las manos aún enlazadas tras el cuello de Li Yu, le ordenó:

    —Sube al auto.

    —¿A dónde? —preguntó Li Yu.

    —A mi casa. Mañana es feriado, quédate conmigo un par de días. Su tono no dejaba lugar a discusión: —Sube.

    Li Yu bajó la cabeza para pensarlo un instante, luego rodeó el auto y se subió al asiento del copiloto.

    Jian Suiying condujo y llevó a Li Yu de regreso al lugar donde vivía.

    No era la primera vez que Li Yu visitaba ese lugar, pero su estado de ánimo era completamente distinto al de ocasiones anteriores.

    A Jian Suiying le dolía la cintura y las piernas le flaqueaban; en cuanto entró a la casa, se dejó caer en el sofá y señaló la cocina:

    —Creo que hay comida en el refrigerador, ve a preparar algo, me estoy muriendo de hambre.

    Al ver a Jian Suiying tirado en el sofá, tan blando como un fideo, Li Yu no pudo evitar contener la risa.

    Preparó de manera sencilla un arroz frito con huevo, y cuando lo llevó a la sala para llamar a Jian Suiying a comer, no recibió respuesta después de llamarlo un par de veces. Al acercarse a mirar, descubrió que Jian Suiying se había quedado dormido.

    Li Yu dejó el plato sobre la mesa de centro y le dio una palmada en el trasero.

    —Levántate, ¿no decías que querías comer?

    Jian Suiying abrió los ojos con pereza.

    —No puedo, tengo sueño….

    Li Yu lo levantó por el torso y lo sentó en el sofá.

    —Vamos, levántate y come.

    Jian Suiying se aferró a su cuello, le mordisqueó el mentón y murmuró con voz ronca:

    —¿Me das tú de comer?

    Li Yu rio.

    —Primero siéntate derecho.

    Jian Suiying en efecto se sentó, pero cuando Li Yu intentó darle de comer en la boca, él mismo no pudo soportarlo y volvió a la normalidad de inmediato, agarrando el plato para engullir la comida.

    No había almorzado ni cenado, y encima había hecho todo ese ejercicio agotador. A esas alturas estaba muerto de hambre, así que en unos pocos bocados dejó limpio el plato de arroz frito.

    —Vaya, Xiao-Li, no cocinas nada mal. ¿Tienes práctica?

    —Cuando estaba en la secundaria alquilaba un departamento por mi cuenta.

    Jian Suiying dejó el plato a un lado y le pellizcó la mejilla.

    —Si vas a ser la mujer de mi casa, Jian Suiying, ya aprobaste en lo que a cocinar se refiere.

    Li Yu resopló una risa burlesca, lo ignoró y siguió comiendo.

    Después de comer, también fue Li Yu quien limpió todo. Jian Suiying estaba sentado en el sofá con la computadora portátil, riendo sin parar ante quién sabe qué cosas que estaba mirando.

    Cuando Li Yu terminó de recoger, se acercó a echar un vistazo y vio que Jian Suiying estaba navegando en un foro. Con solo ver los pequeños anuncios en la parte superior, supo de inmediato que se trataba de un foro homosexual.

    —¿Qué estás viendo?

    —Leyendo un hilo, es bastante interesante… —Jian Suiying miró a Li Yu y de pronto esbozó una sonrisa malintencionada—. ¿Quieres ver una película porno? Tengo una buena colección.

    Li Yu se sentó a su lado, también sonriendo.

    —¿Para usarla y practicar contigo cuando terminemos de verla?

    Jian Suiying le lanzó una mirada de reojo.

    —¿Acaso todavía puedes? Mejor cambiemos de roles y me toca a mí.

    Li Yu le pellizcó suavemente la cintura.

    —¿Crees tener la resistencia?.

    —La tendré si tú aceptas.

    Li Yu apretó los labios con una sonrisa.

    —Sigue soñando.

    Jian Suiying no se sintió nada complacido.

    —Joder, ¿acaso tienes el culo de oro? ¿Te vas a morir de dolor si me dejas follarte una vez?. Este viejo maestro ya se ha entregado a ti tres veces; lo mínimo que podrías hacer es mostrar un poco de reciprocidad.

    —No soy como tú —replicó Li Yu—, no puedo aceptar eso.

    —¿Qué cojones significa que no eres como yo? ¿Acaso no tienes ese mismo puto agujero?

    Li Yu frunció el ceño.

    —¿Podrías cuidar un poco esa boca…? A lo que me refiero es que tú eres gay desde siempre; yo… yo no lo soy. No puedo aceptar eso.

    Jian Suiying sintió que la situación le mataba por completo el ambiente, dándose cuenta una vez más del difícil problema que implicaba no poder comunicarse eficazmente con un hombre heterosexual.

    Olvídalo, ¿quién me mandó a fijarme en él obligatoriamente? Si esta vez no se pudo, buscaré otra oportunidad la próxima. La vida es larga; me niego a creer que no podré follarme a Li Yu ni siquiera una vez.

    Aunque se consolaba a sí mismo de esta manera, en el fondo seguía sintiéndose inconforme, así que arrojó la computadora a un lado y se preparó para irse a dormir a la habitación.

    Después de que entró y se recostó, Li Yu lo siguió, se escabulló rápidamente bajo las sábanas, lo abrazó por la espalda y comenzó a frotar la barbilla contra su cuello sin decir ni una sola palabra, simplemente frotándose.

    De tanto frotarse, terminó por arrancar una sonrisa de Jian Suiying. Esa forma de intentar contentarlo como si fuera un cachorrito no era la más ingeniosa, pero logró endulzarle el corazón.

    Jian Suiying se dio la vuelta y se quedó mirando el hermoso rostro de Li Yu; mientras más lo miraba, más excepcional le parecía, tanto que deseó poder tragarlo de un solo bocado.

    Li Yu acercó su rostro, besándole la nariz y la boca.

    Entre una cosa y otra, ambos volvieron a encenderse.

    Como resultado de haber jugado con fuego, el joven amo Jian terminó siendo aplastado por Li Yu, quien lo atormentó durante otras dos horas; al final, Jian Suiying quedó tan agotado que sentía las extremidades de gelatina y su garganta ya no podía emitir ni un solo sonido.

    En ese fin de semana, los dos pasaron un par de días excepcionalmente frenéticos.

    En esos dos días, no dieron ni un paso fuera de la casa. Además de comer y dormir, el resto del tiempo lo pasaban follando o duchándose, o ambas cosas al mismo tiempo.

    Alguien como Jian Suiying, que había probado casi cualquier cosa excitante, jamás había experimentado una vida tan loca. Él y Li Yu le dieron un buen uso a casi cualquier escenario posible de la casa; la recámara, la sala de estar, el baño, la cocina y el balcón quedaron marcados con los rastros de sus encuentros sexuales. No importaba lo mucho que les costara compatibilizar sus personalidades; en este asunto en particular, su grado de compatibilidad era asombrosamente alto. Al cabo de dos días ensayando todo tipo de posturas estimulantes, les quedó la ilusión de estar sumidos en un sueño embriagador, como si no existiera nada más en el cielo ni en la tierra, y como si no valiera la pena pensar en nada excepto en entregarse a hacer el amor con salvaje desenfreno.

    Tanto así que el lunes por la mañana, al despertar cuando era hora de ir a trabajar, Jian Suiying sintió como si hubiera tenido el sueño húmedo más obsceno y lascivo que pudiera existir. Un sueño que le hacía sentir algo de vergüenza de solo pensarlo, pero cuyo recuerdo lo dejaba con un regusto infinito.

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  • Después de entrar con el rostro pálido y apesadumbrado, Bai Xinyu lo llamó tartamudeando:

    —Ge.

    Jian Suiying lo miró con una mezcla de indignación y decepción.

    —Rara vez me buscas para algo bueno, habla de una vez.

    Bai Xinyu miró a Li Yu con vacilación.

    Jian Suiying también echó un vistazo a Li Yu. Decidió que, después de todo, debía salvarle un poco la cara a este mocoso de poco más de veinte años, así que se dirigió a él:

    —Entonces, vuelve tú primero.

    Li Yu se puso de pie e intercambió una mirada con Jian Suilin, quien le asintió a cambio.

    Una vez que Li Yu se marchó, Bai Xinyu, tartamudeando, le contó el asunto. Mientras hablaba, observaba la expresión de Jian Suiying, listo para salir corriendo en caso de que este saltara a golpearlo.

    Cuanto más escuchaba Jian Suiying, más sombrío se volvía su rostro. Estaba tan furioso que sus nudillos crujían al apretar los puños.

    Resultó que este idiota había apostado en partidos de fútbol y había perdido más de tres millones. Su tío político, en un ataque de ira, le había dado una golpiza brutal y había jurado que esta vez lo dejaría arreglárselas solo. Sin embargo, su tía materna era de corazón blando después de todo; su marido estaba en la cima de su rabia y ella, incapaz de calmarlo, no tuvo más remedio que mandar a Bai Xinyu a rogarle a él.

    El hábito de apostar de Bai Xinyu se remontaba a la preparatoria. A lo largo de los años, su familia no sabía cuántas deudas le habían pagado ya. Su tía y su tío realmente se habían roto la cabeza y el corazón por este hijo.

    No era de extrañar que Jian Suiying lo despreciara. No tenía la habilidad para ganar dinero, solo sabía cómo mierda gastarlo. Su tía tenía problemas cardíacos, y de tanto coraje que le hacía pasar, terminaría enfermándola aún más.

    Jian Suiying dio un fuerte manotazo en el escritorio y maldijo:

    —¡Si ni tu padre se hace cargo de ti, ¿para qué vienes a buscarme?! El día que la mafia te haga picadillo para alimentar a los perros, ¡será tu maldita culpa por buscártelo!

    Bai Xinyu estaba a punto de llorar.

    —Ge, ayúdame, por favor. Esta será absolutamente la última vez, no me atreveré a hacerlo de nuevo. Tú… ve a hablar con mi papá, o mejor, préstame un poco primero…

    —¡Mierda! Si algún día este idiota llega a arrepentirse, el sol saldrá por el oeste. Tú… —Jian Suiying temblaba de ira, tanto que casi no podía seguir hablando.

    De entre todos sus hermanos y hermanas, su madre y su tía eran las más unidas. Después de la muerte de su madre, su tía lo había cuidado mucho. Para él, su tía era casi como una segunda madre. Una mujer tan gentil, amable, culta y razonable, y el acto más estúpido de toda su vida fue haber malcriado a su único hijo hasta convertirlo en un inútil.

    Bai Xinyu sorbió por la nariz, con los ojos enrojecidos.

    —Ge, sálvame, por favor. Si no me ayudas, me matarán a golpes. De verdad, no me atreveré a hacerlo nunca más en el futuro.

    —¿Salvarte? —espetó Jian Suiying con voz áspera—. ¡Creo que sería mejor que te murieras ahora mismo! ¡Todo el dinero que mi tía y mi tío ganan con tanto esfuerzo no es suficiente para que tú lo desperdicies!

    Bai Xinyu comenzó a sollozar. —Ge, ayúdame, por favor. Yo también quiero ganar dinero decentemente.

    Jian Suiying estaba tan enfurecido que ni siquiera tenía ganas de golpearlo. Cuando eran niños, a menudo ayudaba a su tía y a su tío a educarlo, porque en ese entonces Bai Xinyu estaba tan malcriado que no le tenía ningún miedo a sus propios padres. Al único que le temía era a Jian Suiying, ya que este podía soltarle un puñetazo en cualquier momento.

    Eso había llevado a que ahora, ya de adulto, cuando su tía y su tío no podían controlarlo, solo les quedara pedirle a Jian Suiying que lo hiciera.

    Jian Suiying sintió un dolor de cabeza al mirar a su inútil primo. Pensó que si últimamente trataba un poco mejor a Jian Suilin, probablemente era por el contraste con Bai Xinyu. En comparación, Xiao-Linzi ya no parecía tan detestable.

    Al pensar en Xiao-Linzi, preguntó:

    —¿Por qué lo acompañaste hasta aquí?

    —Me lo encontré en la empresa —respondió Jian Suilin.

    Jian Suiying miró a Bai Xinyu y dijo:

    —Xiao-Linzi, sal tú también.

    Bai Xinyu levantó la cabeza y miró a Jian Suilin con pánico, temiendo que, si Xiao-Lin salía, Jian Suiying le daría una paliza.

    Por supuesto, Jian Suilin no iba a ofender a Jian Suiying por él. Salió de inmediato, dándole unas palmaditas en el hombro a Bai Xinyu antes de irse.

    Jian Suiying se puso de pie y se acercó a él paso a paso.

    Aterrado, Bai Xinyu saltó del sofá.

    Jian Suiying se abalanzó sobre él en un instante, lo agarró por el cuello de la camisa y lo estrelló contra la pared. Su severa mirada cortaba implacablemente su piel.

    Bai Xinyu rogó aterrorizado:

    —Ge, Ge.

    Jian Suiying le apretó la barbilla y soltó con dureza:

    —Bai Xinyu, escúchame bien. Deberías quemar incienso y rezarle a Buda por haber nacido en una buena familia. Si no fuera por respeto a nuestra tía, te juro que no me importaría en lo absoluto. No me interesa si lo dices en serio o solo para salir del paso, esta será tu última estupidez. Si hay una próxima vez, te dejaré a tu suerte. Aunque te desollen vivo, no moveré un dedo por ti. ¿¡Entendiste!?

    El cuerpo de Bai Xinyu temblaba como una hoja mientras miraba a Jian Suiying con los ojos llenos de lágrimas.

    Jian Suiying lo soltó.

    —Lárgate.

    —Ge, ¿qué planeas…?

    —Yo hablaré con tu padre.

    —Pero… mi papá parece que no tiene dinero…

    Jian Suiying le clavó una mirada fulminante.

    —¿De quién es la culpa de que tu padre no tenga dinero? ¿Acaso esperas que yo ponga dinero de mi bolsillo por ti?

    Bai Xinyu cerró la boca al instante.

    —Lárgate.

    Sin atreverse a quedarse ni un segundo más, Bai Xinyu huyó rápidamente.

    Jian Suiying estaba tan enojado que tuvo que dar varias vueltas por la oficina antes de que su respiración se estabilizara.

    Si en estos últimos años no hubiera guiado a su tía y a su tío a invertir en algunos negocios, el dinero realmente no habría sido suficiente para aguantar los estragos de ese hijo pródigo.

    Ya fuera por el lado paterno o materno, él era el mayor de su generación y el más exitoso. A la hora de criar a los más jóvenes, era inevitable que lo usaran como ejemplo a seguir, y cuando surgían problemas, era inevitable que buscaran su ayuda.

    Él era, por naturaleza, una persona con muy poca paciencia y a la que le importaba un bledo la vida de los demás. Sin embargo, desde niño había sido educado para convertirse en el futuro patriarca. Aunque era muy rebelde en muchos de sus comportamientos y pensamientos, sorprendentemente poseía un sentido muy arraigado sobre el honor, la decadencia y el éxito de la familia, así como la responsabilidad de tener herederos y continuar con el linaje.

    Por lo tanto, no importaba cuánto aborreciera a Bai Xinyu, no podía simplemente abandonarlo; y no importaba cuánto odiara a Zhao Yan, aún así entrenaría y protegería a Jian Suilin. Para él, los lazos familiares implicaban que no se podía ignorar a la sangre. A puerta cerrada podía golpearlos tanto como quisiera, pero no permitiría que nadie de afuera los pisoteara.

    Al final, Jian Suiying se sentó en el sofá, fumando y mirando al vacío, y hasta se olvidó de almorzar.

    Mientras Bai Xinyu caminaba hacia la salida de la empresa, luciendo como si hubiera perdido a sus propios padres, alguien lo llamó por la espalda.

    Se dio la vuelta y vio que era Jian Suilin.

    Jian Suilin se acercó y le sonrió amablemente.

    —Yu-ge, ¿estás bien?

    Bai Xinyu asintió y dejó escapar un suspiro. Se sentía un poco avergonzado y no quería decir mucho.

    Jian Suilin le puso una mano en el hombro.

    —Yu-ge, debes tener hambre. Vamos, te invito a almorzar este mediodía, así podremos charlar a gusto.

    Bai Xinyu lo miró atónito y, lleno de dudas, se dejó llevar a medias hacia afuera.

    Después de un día agotador, Jian Suiying regresó a casa pasadas las ocho.

    Cuando fue a visitar a su tía y a su tío por la tarde, sintió que, aunque solo habían pasado dos meses sin verlos, ambos parecían haber envejecido considerablemente. Eso lo había dejado sintiéndose bastante miserable.

    Bai Xinyu a saber dónde se habría metido a holgazanear. A esa hora aún no había vuelto a cenar, así que al final fue él quien acompañó a la pareja a comer.

    Pensando en lo inútil que era Bai Xinyu, Jian Suiying masculló con resentimiento. Menos mal que es mi primo; si no, yo mismo habría sido el primero en matarlo a palos.

    Mientras descansaba recostado en el sofá, no pudo evitar pensar en Li Yu de nuevo. Solo con pensarlo, sacó su teléfono y lo llamó.

    El teléfono sonó durante mucho tiempo antes de que alguien contestara. Desde el otro lado de la línea, le llegó la voz jadeante de Li Yu.

    —¿Qué haces? ¿Sigues entrenando? —preguntó Jian Suiying.

    —Sí, aún no termino —respondió Li Yu, todavía sin aliento—. ¿Pasa algo?

    —¿Dónde está tu equipo?

    —¿Por qué? ¿Quieres venir? —dijo Li Yu.

    —Iré a ver el alboroto. Todavía no he visto a nadie boxear en persona.

    —Para cuando llegues, probablemente ya hayamos terminado.

    —Solo dime dónde estás, iré ahora mismo.

    Li Yu le dio una dirección. Jian Suiying se animó de repente, agarró su abrigo y salió.

    La idea de ver a Li Yu en un momento lo hizo sentir que su cuerpo volvía a estar lleno de energía.

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    Siguiente: Capítulo 33

  • El viernes por la noche, Jian Suiying fue a cenar a casa y, una vez más, terminó discutiendo con su padre.

    De no ser por eso, ni siquiera habría querido ir; regresar implicaba tener que soportar la escena de esa familia de tres, con la madre amorosa y el hijo obediente, rebosantes de armonía. Con solo verlos, ya se sentía asqueado sin siquiera haber comido.

    Pero resulta que su padre, sin falta, lo obligaba a volver una vez al mes. Él suponía que lo hacía por miedo a las malas lenguas, para que no dijeran que ignoraba por completo al hijo de su exesposa.

    Si tuviera elección, realmente desearía que su padre lo ignorara por completo; ¡cuántos dolores de cabeza se ahorraría!

    Durante la cena no estuvo tan mal, solo intercambiaron palabras vacías y triviales.

    Pero después de comer, su padre lo llamó al estudio y le hizo un montón de preguntas sobre sus recientes movimientos de inversión.

    Su viejo tenía una participación bastante importante en su empresa, así que, sin importar si era un asunto grande o pequeño, siempre que quisiera saberlo, era prácticamente imposible ocultárselo.

    A su padre le parecía que estaba desviando demasiados fondos. Los bienes raíces y los activos tóxicos eran negocios con períodos de retorno de inversión muy largos, lo que conllevaba el riesgo de romper la cadena de capital.

    Sin embargo, Jian Suiying sentía que todo estaba bajo su control. Después de tantos años revolcándose en el mundo de los negocios, no era tan estúpido como para llegar a ese extremo.

    Ambos alzaron la voz y terminaron gritándose ante el más mínimo desacuerdo.

    Y, como era de esperarse, todo terminó en un amargo desencuentro.

    Jian Suiying bajó las escaleras aguantando una furia que le hervía en el estómago. No se fijó por dónde pisaba y, al llegar al final de los escalones, le dio una patada a un gran jarrón de porcelana.

    Recordaba que la última vez que había estado allí, ese trasto no estaba. Lleno de rabia, pateó el jarrón y lo derribó; por suerte, había una gruesa alfombra en el suelo, así que el objeto quedó intacto.

    Miró a su alrededor y les gritó a todos los que lo observaban en la sala:

    —¿Quién puso esta porquería aquí? ¿Acaso no tienen ojos?

    Los dos sirvientes se miraron entre sí, sin atreverse a decir una palabra.

    Los rostros de Jian Suilin y su madre cambiaron de golpe.

    Jian Suiying sabía con solo un vistazo que eso era obra del mal gusto de esa mujer, Zhao Yan. Soltó una risa fría y se burló:

    —Crees que por vivir aquí ya eres la dueña de la casa. Más vale que tengas muy claro a nombre de quién está esta propiedad y si tienes alguna parte en ella. Deja de traer tu basura y ponerla en la casa de otras personas. La próxima vez que vea algo así, lo tiraré directamente a la calle. Dicho esto, sin siquiera mirar a Zhao Yan ni a Jian Suilin, se marchó con la cabeza en alto y a grandes zancadas.

    El cuerpo de Zhao Yan temblaba, su rostro estaba pálido como un muerto y en sus ojos asomaba el resentimiento y la indignación. Jian Suilin estiró un brazo para rodearle los hombros y la meció con lentitud. Su mirada se posó en el jarrón de porcelana volcado en el suelo, oscureciéndose cada vez más, hasta volverse un abismo insondable.

    Cuando Jian Suiying condujo de regreso, su velocidad era notablemente más inestable que de costumbre. No fue hasta que se alejó unos tres o cuatro kilómetros que comenzó a salir de ese estado de ira descontrolada.

    Sintiendo que conducir así no era seguro, estacionó el auto a un lado de la calle, bajó la ventanilla y encendió un cigarrillo.

    Una vez detenido, de repente le dio pereza seguir manejando. Sacó su teléfono, se quedó mirando la pantalla un buen rato y le envió un mensaje a Li Yu: [Qué haces.]

    Al poco tiempo, el otro respondió: [En internet.]

    Jian Suiying preguntó: [Haciendo qué en internet.]

    [Viendo una película.]

    Ese breve intercambio de palabras sin sentido hizo que Jian Suiying se calmara sorprendentemente. Pensó en el rostro de porcelana blanca de Li Yu, en sus dedos largos y ágiles anudándole la corbata, y sintió una pequeña llama saltando en su pecho que lo calentaba de manera extrañamente reconfortante.

    Le reenvió a Li Yu por correo electrónico un enlace que le había pasado un usuario de un foro gay que solía frecuentar; era un video corto de dos minutos, en alta definición, sin censura y extremadamente estimulante.

    Tras enviárselo, le dijo a Li Yu que lo viera, asegurándole que era algo divertido.

    El video tenía un título sumamente inocente, pero al pensar en la clase de persona que era Jian Suiying, Li Yu supuso que no sería nada bueno, así que bajó el volumen antes de abrirlo.

    Al reproducirlo, efectivamente era una escena de sexo explícito. Li Yu se quedó helado e inmediatamente lo cerró, sintiéndose culpable.

    En ese momento, le llegó otro mensaje de Jian Suiying: [Ese chico se parece un poco a ti, ¿no crees?]

    Sabiendo que a Jian Suiying le había dado de nuevo por tener la boca suelta, Li Yu se apresuró a contestar: [Yo creo que se parece a ti, tiene buena fuerza en la cintura.]

    Tras enviarlo, imaginó la expresión de indignación de Jian Suiying al otro lado, y no pudo evitar reírse a carcajadas.

    Jian Suiying lo leyó y sintió que perdía la cara. Rápidamente respondió: [Vete a la mierda.]

    Tiró el teléfono en el asiento del auto, pensando que realmente había buscado su propia humillación; ese mocoso de Li Yu se estaba volviendo cada vez más cabrón.

    Encendió el motor de nuevo, preparándose para ir a casa.

    Apenas había avanzado un poco cuando recibió una llamada de Li Yu.

    Al principio, Jian Suiying no quería contestar, pero al final no pudo contenerse; después de todo, las veces que Li Yu tomaba la iniciativa de llamarlo eran muy pocas.

    —Bueno —respondió Jian Suiying en un tono hostil.

    Desde el otro lado, Li Yu preguntó:

    —¿Qué intentabas decirme enviándome eso?

    —Que vieras un poco de mundo, virgen.

    Li Yu soltó un resoplido por la nariz:

    —¿Y qué significa eso de evitarme estos últimos dos días? ¿Te dio miedo?

    —¡Joder! —exclamó Jian Suiying—. ¿Yo, miedo de ti? Li´er, ¿no te da miedo acortar tu vida diciendo esas cosas?

    Li Yu ya no tenía ganas de discutir con él.

    —Ya conseguí una copia del documento que me pediste sobre el proyecto de Qinhuangdao. Mañana te lo mando por fax.

    —No recibo faxes, tráelo tú mismo.

    —¿Desde cuándo no recibes faxes?

    —Lo acabo de decidir. —Mientras hablaba, las comisuras de los labios de Jian Suiying se curvaron hacia arriba de forma inconsciente.

    Li Yu soltó un suspiro.

    —Mañana tengo clases y después de clases tengo que entrenar.

    —¿Acaso no sabes saltarte las clases?

    Li Yu, resignado, respondió:

    —Está bien, iré más o menos al mediodía.

    A la mañana siguiente, Jian Suiying no fue directo al trabajo tras salir de casa, sino que condujo hasta la peluquería con la intención de arreglarse el cabello.

    Resultó que, como nunca iba tan temprano por la mañana a arreglarse, el gerente de la tienda que usualmente se encargaba de su cabello no estaba, y Jian Suiying tampoco tenía tiempo para esperarlo. Entonces notó que había un chico nuevo en la tienda; era muy apuesto y bastante joven.

    Ese niño debía ser un aprendiz; solo tenía buena cara, porque su técnica era bastante inexperta. La mente de Jian Suiying tampoco estaba en su cabello; lo observaba de arriba abajo a través del espejo, pensando que sus clavículas eran realmente sexys y que su piel se veía muy suave, así que no pudo evitar conversar un poco más con él.

    Pero cuando terminó el corte, Jian Suiying se quedó pasmado. ¿Quién mierda era el imbécil que llevaba ese peinado espantoso en el espejo?

    El Joven Maestro Jian explotó de rabia en el acto y le soltó un par de insultos al chico.

    Todos en la tienda sabían que él no era alguien a quien pudieran ofender; una fila entera de empleados se puso a disculparse, y el chico estaba a punto de llorar del susto.

    Justo en ese momento llegó el gerente y, al ver el corte de Jian Suiying, se puso verde.

    No le quedó más remedio que rogarle a Jian Suiying que se sentara para intentar arreglarlo él mismo.

    Pero el cabello de un hombre tiene apenas unos centímetros; por mucho que intentara salvarlo, no habría gran diferencia. Al final, Jian Suiying se armó de valor:

    —Córtenlo corto, háganme un corte militar.

    El gerente lo pensó y vio que, efectivamente, esa era la única opción.

    Al ver cómo su estilizada cabellera terminaba así, Jian Suiying sentía una mezcla de ira y arrepentimiento; su cara no podía verse peor.

    Afortunadamente, tenía facciones muy atractivas; incluso con el corte militar seguía luciendo increíblemente guapo y masculino. Sin embargo, para un gay tan vanidoso y perfeccionista como Jian Suiying, no había manera de estar satisfecho.

    El muchachito, con los ojos llorosos, siguió disculpándose con él hasta que se levantó para irse.

    Jian Suiying le dirigió una mirada; de todos modos, le seguía pareciendo bastante lindo, así que le dio pereza seguir discutiendo.

    Cuando el gerente, Vince, lo acompañó a la puerta, Jian Suiying le preguntó:

    —¿Ese chico es nuevo?

    Vince lo conocía desde hacía al menos siete u ocho años y tenía bastante fama en el círculo de la moda de Beijing. Como tenía muchos contactos, solía actuar como proxeneta para los príncipes adinerados; varios de los amantes que Jian Suiying había tenido se los había presentado él. Con solo darle una vuelta a los ojos supo qué estaba pensando Jian Suiying.

    —Sí, es nuevo. Si no fuera porque usted mismo lo eligió, jamás me atrevería a dejar que le tocara el cabello. Es bastante guapo, pero no conozco sus antecedentes. ¿Quiere que averigüe por usted, Joven Maestro Jian?

    Jian Suiying asintió con indiferencia.

    —Mhm, si está dispuesto, que se quede conmigo un par de meses.

    —Sin problema, luego le aviso. Que le vaya bien, Joven Maestro Jian.

    Originalmente, su plan era arreglarse el cabello para cambiar de look y lograr que ese mocoso de Li Yu no pudiera apartar la vista de él. Pero terminó teniendo una suerte de perros a primera hora de la mañana y casi le dejaron la cabeza rapada.

    Al llegar a la empresa, las miradas ligeramente sorprendidas de sus subordinados lo hicieron sentir que realmente había sido un completo imbécil ese día. Regresó a su oficina, se quedó enfurruñado durante medio día y le echó toda la culpa de la mala racha de esa mañana a Li Yu. Decidió que, en cuanto Li Yu llegara, se la iba a cobrar haciéndole pasar un mal rato; de lo contrario, su mente no encontraría paz tras haber cometido semejante estupidez por su culpa.

    Li Yu llegó casi a la hora de almuerzo, vestido con ropa deportiva. Nada más entrar a la oficina, vio el cabello de Jian Suiying y soltó una carcajada.

    Jian Suiying estuvo a punto de volcar el escritorio de la rabia. —¿Qué te pasa? Este peinado no le queda bien a cualquiera.

    Li Yu no se atrevió a decirle que a él tampoco le quedaba muy bien, así que tuvo que aguantarse la risa.

    Esto encendió aún más el fuego en el estómago de Jian Suiying. Ya estaba buscando una excusa para molestarlo, y al ver su ropa, encontró el motivo perfecto. Lo señaló y le dijo:

    —¿Cuántas veces te he dicho que no vengas vestido así a mi empresa? ¿Acaso quieres hacerme pasar vergüenza?

    Li Yu arrojó el documento sobre el escritorio y se miró la ropa.

    —Te dije que tengo entrenamiento en la tarde, pero insististe en que viniera. Si vengo, tengo que irme de inmediato, no me da tiempo de volver a cambiarme, así que solo puedo venir con esto puesto.

    —No es más que golpear un saco de arena, ¿qué importa si llegas un poco tarde?

    —Mi entrenador es muy estricto. Además, no se trata de llegar tarde o no, es una cuestión de actitud. —Li Yu le dirigió una mirada—. Tú fuiste el que insistió en que te lo trajera, apúrate a leerlo. Dime si tienes alguna observación cuando termines, porque luego me tengo que ir volando.

    Jian Suiying se enfureció aún más. —¿Acaso tengo que rogarte para que vengas a la empresa? Mírate, qué sufrimiento. Tu entrenamiento sí es importante, pero este trabajo no, ¿verdad? ¿Cuánto dinero ganas por una pelea? No tienes sentido de las prioridades.

    Li Yu de verdad sentía que era imposible comunicarse con él. A una persona como Jian Suiying había que seguirle siempre la corriente; si él no estaba de acuerdo contigo, era lo más normal del mundo, pero si te atrevías a no estar de acuerdo con él, en el mejor de los casos te insultaba y en el peor, te pateaba. Li Yu realmente quería preguntarle quién le había consentido ese carácter tan asqueroso y cómo había logrado sobrevivir hasta ahora.

    Al ver que Li Yu no respondía, Jian Suiying se sintió algo decepcionado. Se recostó en su silla y comenzó a pasar las páginas del documento con parsimonia, tomándose una eternidad para leer una sola hoja de tamaño A4.

    Finalmente, Li Yu perdió la paciencia.

    —¿Podrías apurarte?

    Para alguien como Jian Suiying, que estaba buscando problemas a propósito, lo que más le molestaba era que Li Yu lo ignorara. Si le respondía, de inmediato se entusiasmaba:

    —Esta cosa está redactada de forma tan confusa que, aunque quiera apurarme, tengo que entenderla primero, ¿no?

    Li Yu chasqueó la lengua.

    —Entonces léelo primero. Hablamos por teléfono más tarde, de verdad me tengo que ir.

    —Quédate ahí parado. Solo te irás cuando yo te diga que puedes irte, ¿acaso no tienes modales?

    Li Yu por fin se dio cuenta; Jian Suiying estaba allí exclusivamente para hacerle la vida imposible. Ni siquiera sabía qué había hecho para ofenderlo esta vez. ¿Acaso seguía guardándole rencor por lo que pasó en el auto la última vez?

    Al recordar esa experiencia, Li Yu perdió la compostura de inmediato.

    Durante esos días había tratado de convencerse de no pensar en ello, pero mientras más lo reprimía, más fuerte se volvía su deseo de liberarse.

    La noche anterior, había vuelto a abrir ese pequeño video que Jian Suiying le había enviado. Al ver cómo se movía la cintura de aquel chico, le fue imposible evitar pensar en Jian Suiying.

    Al ver ahora a Jian Suiying actuando de forma tan exigente y quisquillosa, sintió como si unas garras de gato le rasguñaran el corazón, provocándolo sin piedad.

    Jian Suiying finalmente terminó de hojear las pocas páginas y las golpeó contra el escritorio:

    —Vuelve a escribirlo.

    Li Yu ya se lo esperaba. Levantó una ceja, tomó el documento y se preparó para irse.

    Jian Suiying se levantó tras él y le dijo desde el otro lado del escritorio:

    —Oye, ¿te di permiso para irte?

    Li Yu se detuvo un momento, luego se dio la vuelta de repente y regresó. Mientras Jian Suiying lo miraba atónito, rodeó el escritorio, lo agarró por el cuello y lo besó.

    Era la primera vez que Li Yu tomaba la iniciativa, y dejó a Jian Suiying completamente descolocado; creía que estaba soñando.

    En todos sus encuentros físicos anteriores, siempre había sido él quien, con toda desvergüenza, metía mano. Jamás se le había pasado por la cabeza que Li Yu tomaría la iniciativa de besarlo.

    Tras dos o tres segundos de parálisis, reaccionó de inmediato; envolvió la cintura de Li Yu con los brazos y le correspondió apasionadamente.

    Los dos se besaron hasta que casi se quedaron sin aire antes de separarse.

    Jian Suiying, con la respiración entrecortada y los labios hinchados, lo miró con incredulidad.

    Li Yu soltó una sonrisa:

    —Me hiciste venir desde tan lejos solo por esto, ¿no?

    Los ojos de Jian Suiying, que parecían canicas de cristal, lo miraban fijamente. Él también sonrió:

    —Vaya, qué rápido aprendes.

    Jian Suiying lo había besado a la fuerza tantas veces; si a estas alturas no aprendía, entonces era porque no tenía memoria. Antes de dejar que Jian Suiying lo emboscara, prefería ser él quien tomara la iniciativa.

    La mano de Jian Suiying se deslizó desde su cintura hacia abajo y le dio una palmada en el trasero en tono de burla. —El día en que esta parte de ti también aprenda la lección, este Jian-ge te mimará mucho y no volverá a regañarte.

    De pronto, Li Yu lo agarró por la cintura con fuerza, pegando la parte inferior de sus cuerpos sin dejar el más mínimo espacio. Li Yu lo miró con una leve sonrisa, su cálido aliento rozando el rostro de Jian Suiying, y dijo, medio en broma, medio en serio:

    —¿Por qué sigues sin darte por vencido?

    Jian Suiying le pellizcó el trasero y sonrió con malicia:

    —No sé cómo se escriben esas palabras.

    Justo cuando la tensión entre los dos estaba al máximo, se escucharon unos golpes en la puerta.

    —¿Quién es? —gritó Jian Suiying.

    La voz del Secretario Liang se escuchó desde el otro lado:

    —Presidente Jian, su primo está aquí otra vez.

    Al escuchar ese nombre, a Jian Suiying se le bajaron los ánimos. Soltó a Li Yu con desgana:

    —Ve, siéntate por allá.

    Poco después, el Secretario Liang abrió la puerta.

    Jian Suiying observó que el Xiao-Linzi fue el primero en entrar. Detrás de él venía un muchacho desanimado, con la cara llena de moretones y la nariz hinchada por los golpes; era precisamente su inútil primo.

    Una oleada de satisfacción recorrió a Jian Suiying. Pensó: ¿Quién habrá sido el responsable de hacer lo que siempre he querido hacer? Si llego a saber quién fue, tendré que darle un gran sobre rojo.

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  • Tras terminar la última escena, todos estaban agotados pero emocionados.

    Alguien ya había colgado temprano una pancarta para celebrar que la película había concluido su rodaje con éxito.

    Wang Yudong aceptó ronda tras ronda de entrevistas de los periodistas en el set, se tomó algunas fotos con la pancarta y el equipo de producción, y luego se marchó junto con Yan Mingxiu.

    Por la noche, el equipo de producción reservó varias mesas en un restaurante para celebrar el final del rodaje. Wang Yudong no asistió, aunque ya había cumplido con todas las formalidades públicas.

    Zhou Xiang originalmente estaba de muy buen humor hoy, pero después de que Yan Mingxiu se fue, no pudo evitar sentirse deprimido. Al final, fue Lan Xirong quien lo acompañó a cenar.

    Bebieron hasta muy tarde y muchas personas se emborracharon, volviéndose locos y alborotando sin escrúpulos. Todos habían trabajado duro durante siete u ocho meses y se enfrentaron a muchas dificultades en el proceso, especialmente por la relación entre el director y el actor principal, lo que también les había causado muchas preocupaciones a los de abajo. Ahora que todo finalmente había terminado, era inevitable que todos estuvieran emocionados; los que sabían beber y los que no, todos bebieron bastante.

    Por el contrario, Zhou Xiang, que normalmente aguantaba bien el alcohol, apenas tomó un par de tragos. Él y Lan Xirong se sentaron a un lado todo el tiempo, charlando sobre cosas del pasado. Zhou Xiang estaba un poco distraído, pero con tanta gente presente, no podía irse.

    Lan Xirong finalmente no pudo contenerse y preguntó:

    —Xiang-ge, ¿qué relación tiene tu novio con Wang Yudong? Se fueron juntos hace un momento.

    —Sí, se conocen —dijo Zhou Xiang.

    Lan Xirong frunció el ceño.

    Zhou Xiang explicó de inmediato:

    —No es lo que piensas.

    —¿De verdad? —dijo Lan Xirong en voz baja—. A mí no me parece tan simple.

    Zhou Xiang no podía contarle chismes sobre Wang Yudong a la ligera. Solo que, por lo que acababa de ocurrir y por esa mirada de advertencia que Wang Yudong le había lanzado antes de irse, sentía una inexplicable irritación ante las suposiciones de Lan Xirong. Finalmente, con el rostro ensombrecido, le dijo:

    —No inventes cosas. De verdad no es lo que estás pensando.

    Lan Xirong miró sorprendido el rostro serio de Zhou Xiang, con una expresión un tanto ofendida:

    —Xiang-ge, ¿te enojaste conmigo?

    Zhou Xiang suspiró.

    —No…

    —Incluso cuando dudé de tus intenciones aquella vez, no te enojaste conmigo. Fui tan inmaduro en ese entonces y pudiste tolerarme, pero ahora te molestas por un comentario mío sin mala intención. Xiang-ge, me equivoqué; de verdad te gusta mucho ese tipo de apellido Yan, ¿verdad? —La mirada de Lan Xirong se volvió inusualmente apagada.

    —Xirong, me gusta mucho —dijo Zhou Xiang en voz baja—, si no, ¿por qué viviría con él? Pero no le cuentes esto a nadie. Él no pertenece a esta industria y tampoco quiero involucrarme indirectamente con Wang Yudong.

    Lan Xirong no respondió, sino que bebió un trago de alcohol con pesadumbre y luego dijo con amargura:

    —Xiang-ge, de verdad ya no podemos volver a como éramos antes.

    Zhou Xiang tampoco tenía ánimos para consolarlo. Él mismo era un desastre por dentro y no sabía en qué terminaría toda esta situación.

    La cena se prolongó hasta pasadas las diez de la noche antes de que todos se dispersaran. Zhou Xiang no había bebido mucho, así que podía conducir e irse directamente. Lan Xirong, en cambio, no estaba en condiciones. Sin saber si lo hacía a propósito o si realmente estaba borracho, se colgó del cuerpo de Zhou Xiang, insistiendo tercamente en que no podía caminar.

    Independientemente de si podía caminar o no, con ese abrumador olor a alcohol, definitivamente no podía conducir. Además, él había ido hasta allí por Zhou Xiang, así que este no tuvo más remedio que asumir la tarea de llevarlo a casa.

    Lan Xirong parecía bastante delgado, pero era alto y, al estar borracho, pesaba muchísimo. Zhou Xiang jadeó mientras lo llevaba a la dirección que le había indicado y terminó sudando a mares en pleno invierno.

    Al abrir la puerta, se encontró con un apartamento dúplex de más de doscientos metros cuadrados, con una decoración minimalista pero de un gusto exquisito. Zhou Xiang no pudo evitar recordar el pequeño lugar que Lan Xirong alquilaba en el pasado; la diferencia con su situación actual era abismal, y sintió un poco de envidia.

    En ese breve momento de distracción, el cuerpo de Lan Xirong cedió y cayó hacia adelante.

    Zhou Xiang se apresuró a sostenerlo, pero terminó tropezando con sus largas piernas. Perdió el equilibrio y ambos cayeron juntos sobre el pulido suelo de madera.

    Lan Xirong quedó encima de Zhou Xiang, jadeando pesadamente. Sus ojos eran los clásicos ojos almendrados y brillaban de manera inusual. Cuando esos ojos se llenaban de risa, se veían tan puros y amables que nadie sabía a cuántas personas habían cautivado.

    Pero en ese instante, esos ojos estaban rebosantes de embriaguez y de un deseo puramente masculino.

    Zhou Xiang presintió que las cosas iban por mal camino e inmediatamente empujó a Lan Xirong para intentar levantarse.

    Sin embargo, Lan Xirong le sujetó el brazo con fuerza, bajó la cabeza y selló los labios de Zhou Xiang con intensidad.

    Zhou Xiang frunció el ceño.

    La boca de Lan Xirong sabía a puro alcohol, pero eso no era lo más importante. La cuestión era que, muy probablemente, esa era su primera vez besando a un hombre. Lo hizo sin ninguna técnica, mordiendo y aplastando sus labios sin control, llegando incluso a chocar contra los dientes de Zhou Xiang.

    Con frialdad, Zhou Xiang le dio un golpe seco en la cintura.

    Lan Xirong se encogió de dolor.

    Rápidamente, Zhou Xiang lo empujó fuera de sí mismo y se levantó del suelo con agilidad.

    —No vuelvas a beber tanto la próxima vez, tú ni siquiera sabes tomar —dijo con voz grave. Sabía que Lan Xirong no estaba realmente borracho; un borracho jamás tendría tanta fuerza.

    —Xiang-ge, ¿por qué no me esperaste? —dijo Lan Xirong con voz ronca. El volumen de sus palabras fue tan bajo que parecía estar diciéndoselo a sí mismo.

    Zhou Xiang no le respondió. Recogió su celular del suelo y se marchó sin mirar atrás.

    Originalmente, pensó que Yan Mingxiu definitivamente no volvería esa noche, pero para su sorpresa, las luces de la casa estaban encendidas.

    Tan pronto como Zhou Xiang entró, descubrió que, en efecto, Yan Mingxiu estaba sentado en el sofá. No estaba viendo la televisión ni leyendo; simplemente estaba allí sentado, como si estuviera sumido en sus pensamientos. Al verlo regresar, le dirigió una mirada. Su rostro estaba muy pálido.

    Desconcertado, Zhou Xiang se quedó de pie en la entrada.

    —Tú… ya volviste.

    —¿No debería ser yo quien diga eso? —preguntó Yan Mingxiu con frialdad—. ¿Estuvieron cenando hasta ahora? ¿Acaso el restaurante no cierra? Yan Mingxiu miró el reloj de la pared; ya eran casi las dos de la mañana.

    —Después de cenar fuimos a tomar, esa gente es demasiado ruidosa —explicó Zhou Xiang—. Si hubiera sabido que estabas en casa, habría vuelto antes.

    —¿Y por qué no habría de estar en casa? —le reprochó Yan Mingxiu.

    Zhou Xiang dudó un momento antes de hablar:

    —Hoy, Wang Yudong…

    El rostro de Yan Mingxiu se ensombreció aún más.

    —No tiene nada que ver contigo, no vuelvas a mencionarlo.

    Zhou Xiang se cambió los zapatos, se quitó el abrigo y lo colgó en el perchero. Observando cuidadosamente la expresión de Yan Mingxiu, se sentó a su lado.

    Con el rostro sombrío, Yan Mingxiu preguntó:

    —Te llamé varias veces, ¿por qué no contestaste?

    —Oh, mi teléfono se quedó sin batería. Esta pantalla tan grande consume demasiada energía. Para demostrar que decía la verdad, Zhou Xiang sacó el teléfono de su bolsillo a propósito, pero al presionar el botón casualmente, la pantalla se iluminó.

    Zhou Xiang se quedó atónito. Al bajar la vista y mirar el protector de pantalla, descubrió que era una foto de Lan Xirong modelando ropa.

    Con su aguda visión, Yan Mingxiu también lo notó. Le arrebató el teléfono de las manos y su expresión se volvió espantosa a más no poder.

    En un instante, Zhou Xiang comprendió lo que había sucedido.

    Ese año, la primera generación del iPhone acababa de salir al mercado y era extremadamente popular. En un lugar como la industria del entretenimiento, que estaba llena de personas que seguían las tendencias, Zhou Xiang inevitablemente se vio influenciado y también compró uno. Ahora todos a su alrededor usaban el mismo; cada vez que lo sacaban, era el mismo teléfono, por lo que a veces era muy fácil confundirse.

    Al ver la foto de Lan Xirong, Zhou Xiang lo recordó casi de inmediato: su teléfono, que se había quedado sin batería, todavía estaba guardado en el bolsillo de su abrigo. Había confundido el teléfono que a Lan Xirong se le había caído al suelo con el suyo y se lo había llevado a casa.

    ¿Y ahora cómo iba a explicar esto?

    Yan Mingxiu agitó el teléfono con ese irritante protector de pantalla, su rostro luciendo algo aterrador: —¿No vas a darme una explicación?

    El cerebro de Zhou Xiang trabajó a toda velocidad por un segundo y decidió decir la verdad: —Es que… él se emborrachó y no podía conducir, así que lo llevé a su casa. Su teléfono se cayó al suelo, pensé que era el mío y me lo traje.

    —Zhou Xiang, ¿te entran mis palabras por un oído y te salen por el otro? —dijo Yan Mingxiu ferozmente—. ¡Te dije, joder, que no volvieras a acercarte a él!

    Toda la ira que Yan Mingxiu había acumulado durante el día se encendió de golpe; agarró el teléfono y lo estrelló sin piedad contra el piso.

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  • En ese momento, los reporteros y miembros del personal que estaban cerca notaron la atmósfera inusual entre los tres.

    El rostro de Yan Mingxiu estaba gélido, la expresión de Lan Xirong era rígida y Zhou Xiang no sabía qué hacer.

    Aunque no conocían a Yan Mingxiu ni podían adivinar qué pasaba entre ellos, cualquiera con ojos podía ver que Lan Xirong y este chico guapo recién llegado no se llevaban bien.

    Muy probablemente esto sería un gran chisme; todos estaban emocionados, prestando atención a cómo se desarrollaba la situación.

    Zhou Xiang se adelantó y agarró el brazo de Yan Mingxiu.

    —Mingxiu, ¿cómo es que viniste? Acabo de encontrarme con Xirong, planeábamos salir a fumar un cigarrillo. Vayamos afuera a hablar. —Mientras hablaba, le hizo una señal a Yan Mingxiu con los ojos, indicándole que prestara atención a todos los reporteros que estaban cerca.

    Lan Xirong también recuperó rápidamente la normalidad; incluso si hubiera algún conflicto, no les daría motivos para chismear a cambio de nada.

    Yan Mingxiu apartó su mano y dijo secamente:

    —No vine a buscarte. —Dicho esto, pasó de largo junto a él, caminando hacia Wang Yudong.

    Zhou Xiang tenía una expresión de vergüenza en el rostro; Lan Xirong estaba aún más furioso por la actitud de Yan Mingxiu, solo que se reprimió desesperadamente para no demostrarlo. Empujó a Zhou Xiang.

    —Zhou-ge, salgamos a fumar un cigarrillo.

    Zhou Xiang miró la espalda de Yan Mingxiu; en ese momento no era conveniente acercarse a persuadirlo, había demasiada gente mirando. Fue empujado lentamente por Lan Xirong hacia afuera; los dos corrieron hacia una esquina detrás del edificio, y solo cuando vieron que nadie los seguía soltaron un suspiro de alivio.

    Lan Xirong frunció el ceño y dijo:

    —Zhou-ge, tu noviecito tiene un temperamento realmente asqueroso. ¿Qué le hice para ofenderlo? Cada vez que me ve, me pone mala cara. —Pero olvidó que la primera vez que vio a Yan Mingxiu, también tenía una expresión hostil.

    Zhou Xiang rio torpemente.

    —Es un malentendido, en realidad es bastante fácil llevarse bien con él. —Cuanto más hablaba, más culpable se sentía; estas dos personas claramente no habían intercambiado más que unas pocas palabras, pero cada vez que se encontraban, la tensión era palpable, ¿acaso su propio encanto era tan grande? Pensarlo lo hizo no saber si reír o llorar.

    Lan Xirong no fumaba, solo observaba a Zhou Xiang inhalar y exhalar nubes de humo, para luego mirar distraídamente hacia adentro; era obvio que todavía estaba pensando en Yan Mingxiu, lo que hizo que se sintiera aún peor.

    —Zhou-ge, sé que eres una persona muy tolerante, pero el temperamento de algunas personas no se puede malcriar; cuanto más lo hagas, peor se pondrán. No quiero que sufras agravios.

    Zhou Xiang sonrió.

    —¿De qué estás hablando? Dos personas solo están juntas si son compatibles; si no lo son, se habrían separado hace mucho tiempo. No hay tal cosa como sufrir o no sufrir agravios. Xirong, él y yo nos llevamos bastante bien, no es como te lo imaginas, no te preocupes.

    —¿Que no me preocupe? —Lan Xirong rio amargamente—. Desearía que terminaran lo antes posible.

    Zhou Xiang apartó la mirada con torpeza; ahora, estando con Lan Xirong, ya no sentía la misma sensación relajada que antes. Ahora no era solo que la fama de Lan Xirong no podía compararse con la del pasado, sino que su actitud hacia él también se volvía cada vez más extraña, por lo que simplemente no sabía cómo responder adecuadamente.

    Lan Xirong giró la cabeza y miró seriamente a Zhou Xiang.

    —Zhou-ge, presiento que tú y él no durarán mucho. No me culpes por maldecirlos, una persona como él, que solo tiene apariencia y mira por encima del hombro a los demás, simplemente no es digna de ti. Te esperaré; cuando ustedes terminen, verás que sigo esperándote. Realmente nunca me han gustado los hombres, pero me gustas mucho, estando contigo me siento seguro.

    Zhou Xiang aplastó el cigarrillo con el pie y dijo en voz baja:

    —Xirong, la homosexualidad no es nada divertido, no te metas en aguas turbias. Tienes padre y madre, ¿por qué molestarse? Además, él y yo realmente nos llevamos bien, lo tuyo hacia mí es solo una confusión momentánea. Tarde o temprano encontrarás a una buena chica, y entonces lo entenderás.

    Los ojos de Lan Xirong estaban llenos de reticencia; dijo con dificultad:

    —Zhou-ge, no lo sabes en absoluto. Durante este último año he pensado mucho, sobre ti… Olvídalo, no creerás nada de lo que diga. Solo espero que no me evites y que aún puedas tratarme como a un amigo.

    Zhou Xiang sonrió.

    —Xirong, te trato como a un amigo, pero espero que no vuelvas a mencionar estas cosas en el futuro. —Especialmente las palabras sobre esperar que él y Yan Mingxiu rompieran pronto; realmente no le gustaba escucharlas.

    Lan Xirong bajó la cabeza; sus labios fuertemente apretados revelaban su falta de resignación.

    Zhou Xiang dijo:

    —Regresemos, hace demasiado frío para estar afuera mucho tiempo. —Después de hablar, se envolvió en su abrigo y caminó de regreso.

    Lan Xirong sabía que estaba preocupado por Yan Mingxiu, y el celo y el resentimiento hacia este último en su corazón se hicieron aún más fuertes.

    Los dos habían estado afuera menos de diez minutos en total, pero cuando entraron, ya estaban helados.

    Yan Mingxiu estaba esperando no muy lejos de la puerta. Wang Yudong estaba ocupado, por lo que no habían cruzado muchas palabras; aunque no había salido, Zhou Xiang vio que el aire a su alrededor no era mucho más cálido que el de ellos.

    Zhou Xiang dejó a Lan Xirong y se acercó solo, diciendo con una sonrisa:

    —Mingxiu, viniste a buscar a Wang Yudong. ¿Por qué no me dijiste que venías?

    Yan Mingxiu lo miró.

    —Si te lo hubiera dicho antes, ¿no habrían cambiado de lugar para fumar?

    Zhou Xiang hizo oídos sordos a su sarcasmo, y lo engatusó con calma:

    —Mingxiu, hoy terminamos de filmar la película, vinieron muchas personas, yo tampoco sabía que él vendría.

    Yan Mingxiu giró la cabeza y miró a Lan Xirong; al ver que Lan Xirong los estaba mirando fijamente con una mirada profunda y pesada, la ira en su corazón ardió aún más. Esa persona tenía intenciones con Zhou Xiang, estaba seguro. Tiró de Zhou Xiang.

    —Ven aquí.

    Los dos salieron por la puerta trasera del set. Afuera había un balcón cerrado, pero las ventanas no cerraban bien y el viento soplaba; nadie iba allí en invierno.

    Yan Mingxiu lo miró con furia.

    —¿Qué salieron a decir hace un momento?

    —Solo fumamos un cigarrillo, hace mucho frío afuera, ¿qué podríamos decir? Mira, regresé rápido a verte.

    —¿Tiene alguna intención contigo? Si no, ¿por qué siempre me mira de esa manera? —Un rastro de asco apareció en el rostro de Yan Mingxiu.

    Zhou Xiang lo consoló:

    —No, estás pensando demasiado, ya te dije que es hetero, ustedes dos definitivamente tienen algún malentendido, tal vez ese día bebió demasiado y no tuvo una buena actitud, y de tanto mirarse el uno al otro se encendieron chispas. Seguramente es un malentendido.

    Al ver la actitud resuelta de Zhou Xiang, Yan Mingxiu también tuvo algunas dudas.

    Zhou Xiang se apresuró a acercarse y le ajustó la bufanda.

    —¿Cómo es que llevas ropa tan fina si hace tanto frío afuera?

    Yan Mingxiu murmuró una afirmación.

    —Esta chaqueta de plumón abriga bastante.

    —¿De verdad? Se siente muy fina al tacto. —Zhou Xiang le apretó el brazo, luego extendió la mano y le tocó los pantalones—. ¿Solo llevas un par de pantalones? ¿Cómo puedes llevar solo uno en un día tan frío?

    —Aún no hace tanto frío.

    —Esta es la época en la que el frío cala más los huesos, te preparé ropa interior térmica, tienes que usarla.

    Los dos se volvieron pegajosos; Yan Mingxiu fue presionado contra la pared por Zhou Xiang, quien lo besó en los labios mientras decía:

    —Tus labios están helados, ¿qué haremos si te congelas?

    Yan Mingxiu sintió que Zhou Xiang estaba cambiando de tema; justo cuando estaba a punto de decir algo, Zhou Xiang le bloqueó la boca y metió la lengua.

    Inconscientemente, Yan Mingxiu abrazó a Zhou Xiang por la cintura.

    Zhou Xiang no tenía una constitución pequeña, pero su cintura era especialmente estrecha; incluso a través de un abrigo grueso, Yan Mingxiu podía sentir la curva de su cintura, no pudo evitar meter la mano y tocar su cálida piel.

    Zhou Xiang se estremeció por culpa de esa mano helada, y rio mientras lo regañaba:

    —Mira que eres malo, metes la mano sin decir nada, me estás matando de frío.

    Yan Mingxiu pudo sentir su cuerpo temblar, y su humor mejoró un poco, rio suavemente:

    —Si sigues quejándote, te desnudaré aquí mismo.

    Zhou Xiang le tocó la cara a Yan Mingxiu, se apoyó en él y rio:

    —¿Y qué harás después de desnudarme?

    Yan Mingxiu dijo con voz ronca:

    —Desnudarte para cogerte, por supuesto; cada vez que te cojo, tu cuerpo está especialmente caliente, perfecto para mantenerme abrigado.

    Zhou Xiang sonrió perversamente.

    —Probemos hacerlo afuera otro día, aunque hace un poco de frío, definitivamente será muy divertido.

    —¿De verdad quieres intentarlo…? ¿Y si nos congelamos juntos? —Yan Mingxiu lo besaba vagamente mientras acariciaba su cintura firme.

    Zhou Xiang pensó que, si se congelaban mientras hacían el amor, sería muy vergonzoso, y no pudo evitar soltar una carcajada.

    Los dos intercambiaron sucias palabras de coqueteo que solo podían decirse el uno al otro; aunque la temperatura a su alrededor era muy baja, se abrazaban, pecho con pecho, labios con labios, ninguno de los dos sentía el más mínimo frío; por el contrario, sentían calor en el cuerpo y en el corazón.

    Pero una voz de sorpresa, como un trueno, rompió su dulce pequeño mundo.

    —¡¿Mingxiu?!

    Los dos giraron la cabeza bruscamente; Wang Yudong los miraba con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Aún no se había desmaquillado, y vestido como un héroe marcial, lucía apuesto y elegante, incomparablemente guapo; solo que la expresión de su rostro estaba llena de sorpresa, y sus cejas estaban fuertemente fruncidas, como si no pudiera creer lo que veía.

    Yan Mingxiu empujó a Zhou Xiang casi sin dudarlo, con tanta fuerza que casi lo hizo tropezar.

    Los ojos de Zhou Xiang oscilaron entre Wang Yudong y Yan Mingxiu, completamente perdido sobre qué hacer.

    Wang Yudong se obligó a calmarse, y su mirada pasó por encima de Zhou Xiang con ligereza; esos ojos contenían una advertencia no disimulada y desprecio. Le dijo con voz grave a Yan Mingxiu:

    —Mingxiu, ven conmigo un momento.

    Yan Mingxiu apretó los puños, todo su cuerpo no podía dejar de temblar; ni siquiera miró a Zhou Xiang, y siguió a Wang Yudong con grandes zancadas.

    En un abrir y cerrar de ojos, los dos entraron a la habitación.

    Zhou Xiang seguía parado aturdido en el balcón. Todo había sucedido demasiado rápido, no tuvo tiempo de reaccionar.

    El empujón de Yan Mingxiu hace un momento fue como si estuviera ansioso por distanciarse de él, llenando su corazón de inquietud. Pensó que Yan Mingxiu solo estaba demasiado nervioso porque había sido descubierto por su futuro cuñado, solo podía consolarse así, aunque conocía a Yan Mingxiu desde hacía tanto tiempo y este nunca había entrado en pánico por nada.

    Y Zhou Xiang realmente estaba en pánico.

    La mirada llena de advertencia de Wang Yudong lo inquietó, y esa actitud de Yan Mingxiu de aislarlo también lo inquietó. Pensó con amargura que tal vez cuando los miembros de la familia descubrían la orientación sexual de uno, siempre reaccionaban de esa manera.

    Continuamente se decía a sí mismo que no pensara demasiado, pero no podía olvidar la espalda de Yan Mingxiu antes de irse; ni siquiera había mirado atrás.

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  • Al día siguiente, Zhou Xiang fue de nuevo a la compañía a buscar a Cai Wei y, para su sorpresa, el presidente Wang, que casi nunca estaba en la oficina, también se encontraba allí.

    Zhou Xiang pensó que la situación era grave, por lo que se sintió especialmente nervioso.

    El presidente Wang supo lo que estaba pensando con solo ver su expresión, bebió un sorbo de té tranquilamente y habló.

    —No te pongas nervioso, ya pasó todo.

    Zhou Xiang sintió un gran alivio. El presidente Wang era un hombre de fiar; si él decía que todo estaba bien, entonces así era.

    —Ayer, en cuanto Cai Wei me lo contó, llamé a Wang Yudong —dijo el presidente Wang—. El director Wang le lleva más de treinta años, es un veterano y no va a cambiar su carácter. Aunque a veces este viejo es muy irrazonable, la verdad es que tiene talento. Wang Yudong no debería haberse rebajado a su nivel. Ayer hablé con él durante mucho tiempo y me aseguró que en unos días irá a disculparse con el director Wang. Por el lado del director Wang, le pedí a otro inversor que hablara con él y esa escena no se incluirá, así que no te preocupes.

    —Me asusté muchísimo. —Zhou Xiang sonrió con amargura—. Siendo un simple doble de acción, no puedo permitirme el lujo de ofender a ninguno de los dos.

    El presidente Wang también sonrió.

    —Estos dos tipos… Solo rezo para que terminen de filmar pronto y pueda recuperar mi dinero sin problemas. Que no me causen más contratiempos. Mantén un ojo abierto en el set y, si pasa algo, infórmame de inmediato.

    —Entendido.

    —Oye, escuché por Cai Wei que estás viviendo con un novio joven —preguntó el presidente Wang—. ¿Qué tal esta vez? ¿Va en serio?

    —Wei-ge, me he dado cuenta de que desde que te casaste, tu boca tiene cada vez más tiempo libre. —Zhou Xiang no sabía si reír o llorar—. Mi cuñada te alimenta muy bien.

    —No me jodas. —Cai Wei lo regañó entre risas—. ¿No es algo bueno? Has estado vagando solo durante tantos años, ¿acaso no querías encontrar el amor verdadero? Estoy feliz por ti, ¿tiene algo de malo?

    —Así es. —El presidente Wang asintió—. He estado ausente tanto tiempo que siento que he perdido el contacto con la vida moderna. En la fiesta anual de la compañía se permite traer acompañantes, tráelo para que se divierta un rato.

    —Todavía falta más de un mes, ya veremos cuando llegue el momento. —Zhou Xiang pensaba que, con la personalidad de Yan Mingxiu, a quien no le gustaba relacionarse con la gente, lo más probable era que no quisiera ir.

    —¿Qué tiene de malo que lo veamos? —El presidente Wang enarcó una ceja—. Solo quiero ver cómo luce la persona que un mánager de estrellas tan experimentado como Cai Wei describe como increíblemente guapo.

    —Presidente Wang, él de verdad no quiere ser una estrella, así que pueden ir olvidándose de esa idea. —Zhou Xiang suspiró.

    Lo que estos dos viejos zorros tenían en mente estaba escrito en sus caras.

    —Qué lástima. —Cai Wei se encogió de hombros—. Después de ver su rostro y luego mirarme al espejo, siento que la vida es bastante triste.

    Zhou Xiang se sintió un poco orgulloso en su interior. Al pensar que ahora tenía a Yan Mingxiu solo para él, consideró que era verdaderamente afortunado.

    Dos días después, cuando regresó al set, Wang Yudong llegó antes que él por primera vez y ya se estaba maquillando.

    Zhou Xiang se acercó con algo de aprensión y lo saludó respetuosamente. —Dong-ge.

    —Ya llegaste. —Wang Yudong lo miró de reojo a través del espejo y sonrió. Luego, lo escudriñó de pies a cabeza con una mirada muy directa.

    Zhou Xiang sintió que un escalofrío le subía desde la planta de los pies.

    Caminó incómodo hacia el tocador de al lado, mientras Mi You lo observaba con el rostro lleno de preocupación.

    —Oye, espera un momento —dijo Wang Yudong—. Da una vuelta para que te vea.

    Zhou Xiang parpadeó, con el corazón latiéndole a mil por hora, y dio una vuelta con resignación.

    —No me digas, de verdad nos parecemos bastante. —Wang Yudong se rio en voz baja—. Vi la escena que actuaste y el público definitivamente no notará que no soy yo. Parece que valió la pena contratarte como mi doble de acción.

    —Dong-ge, no se burle de mí. —A Zhou Xiang le empezó a correr un sudor frío—. Solo me parezco un poco a usted en la complexión. Mi aura y mi postura al actuar están muy lejos de las suyas. Quizás pueda engañar a los espectadores comunes, pero sus fanáticos más devotos y los expertos de la industria sabrán de un vistazo que es un doble de acción. No me puedo comparar con usted en lo absoluto.

    —Me avergüenzas con tus palabras. —Wang Yudong entrecerró los ojos y lo miró con una sonrisa—. Ve a maquillarte, haz un buen trabajo. Habrá más oportunidades de colaborar en el futuro.

    Zhou Xiang asintió. Por mucho que la mirara, la sonrisa de Wang Yudong lo hacía sentir incómodo. Pensó que lo más probable era que esa fuera su última colaboración con él. Sin embargo, eso le permitía respirar aliviado. Perder una fuente de ingresos no era un gran problema; si ofendía accidentalmente a un pez gordo de la industria, es probable que ni siquiera tuviera un lugar donde caerse muerto. Wang Yudong no solo tenía un alto estatus, sino también unos antecedentes muy poderosos. Era el tipo de persona a la que Zhou Xiang definitivamente no podía permitirse provocar. Prefería mantenerse lejos.

    Ese día, Wang Yudong había venido a regrabar la escena de la posada, mientras que Zhou Xiang filmaba otra escena en el set de al lado.

    De vez en cuando, echaba un vistazo hacia donde estaba Wang Yudong. Las exigencias del director Wang eran tan estrictas como siempre. Quienes lo conocían sabían que, en realidad, no la había tomado contra Wang Yudong; él era así con todo el mundo. En el set, era como un emperador, su palabra era ley. Sin embargo, a los ojos de alguien como Wang Yudong, que parecía amable y refinado pero en realidad era orgulloso y arrogante, el director Wang lo estaba atacando personalmente. Especialmente después de su último desaguisado, el director Wang no se había contenido en lo absoluto y seguía gritándole, lo que inevitablemente hacía que Wang Yudong pensara de más.

    Aunque lograron terminar de filmar la escena a duras penas, la atmósfera entre ambos no se suavizó.

    Zhou Xiang observaba con el corazón en un puño. Él también rezaba para que la filmación terminara rápido y pudiera cobrar su dinero y marcharse.

    En un abrir y cerrar de ojos, llegó el invierno.

    Ese año el invierno en Beijing fue especialmente frío. A principios de noviembre ya había caído la primera nevada. Aunque el clima era helado, el pequeño hogar que compartía con Yan Mingxiu siempre estaba cálido y acogedor.

    Zhou Xiang ya se había acostumbrado a la vida de despertarse cada mañana para ver a Yan Mingxiu, y dormirse a su lado por las noches.

    Al principio, pensó que vivir con alguien tan caprichoso y arrogante como Yan Mingxiu inevitablemente generaría mucha fricción. Sin embargo, descubrió que, después de dedicarse a cuidar de su vida cotidiana y de complacer el temperamento de Yan Mingxiu en la medida de lo posible, casi no había conflictos entre ellos y la mayor parte del tiempo convivían en armonía. Habían pasado de que Yan Mingxiu se mudara con un equipaje sencillo a que toda la casa estuviera llena de rastros de él.

    Zhou Xiang seguía llevando una vida tranquila: trabajaba cuando había trabajo y descansaba en casa cuando no. Por su parte, la compañía de Yan Mingxiu, tras más de medio año de operaciones, ya iba por buen camino. Yan Mingxiu pasaba cada vez menos tiempo en casa durante el día, enfocando la mayor parte de su atención en su carrera.

    No obstante, aunque iba a trabajar de día, no tenía muchos compromisos sociales por la noche. La mayoría de las veces volvía a casa a cenar con Zhou Xiang. Este sabía que era debido a su personalidad, pero de todos modos se sentía muy reconfortado. Sentía que su vida con Yan Mingxiu era como la de una pareja de recién casados, apasionada y dulce. Estaba muy satisfecho con esta situación.

    A finales de mes, la película protagonizada por Wang Yudong estaba a punto de finalizar su rodaje. Zhou Xiang ya había filmado todas sus escenas; asistir el último día era solo para la celebración habitual. Ese día habría muchos reporteros cubriendo la noticia, lo cual también serviría para promocionar la cinta.

    En realidad, que un actor secundario como él asistiera o no, no tenía mucha importancia. Para su sorpresa, el director Wang le había pedido personalmente que regresara para beber en el banquete de cierre, lo cual asustó bastante a Zhou Xiang.

    Zhou Xiang llegó por la tarde, justo cuando Wang Yudong estaba filmando su última escena. Ya había bastantes reporteros esperando en el set, listos para ser los primeros en entrevistarlo.

    Zhou Xiang estaba sentado a un lado charlando con sus colegas cuando se escuchó un gran alboroto cerca de la entrada.

    Varios giraron la cabeza para mirar y vieron a un hombre con un grueso abrigo negro de cachemira y gafas de sol entrando por la puerta. Aunque llevaba gafas y una bufanda, los reporteros de ojos de águila lo reconocieron al instante: era Lan Xirong.

    Algunos reporteros se abalanzaron para entrevistarlo. Lan Xirong se quitó las gafas de sol, sonrió con cortesía y luego apartó lentamente los micrófonos.

    —Hoy he venido a buscar a un amigo, por favor déjenme en paz. —Tras decir eso, dejó atrás al grupo de periodistas y caminó hacia Zhou Xiang.

    Zhou Xiang se puso de pie. Desde la última vez que se habían separado en malos términos, no había visto a Lan Xirong en más de dos meses. Lan Xirong lo llamaba de vez en cuando, pero Zhou Xiang ya no sabía de qué hablarle.

    Lan Xirong le sonrió con suavidad.

    —Xiang-ge, escuché que hoy terminas de filmar, así que vine a verte. —Dejó unos pasteles sobre la mesa y saludó con la mano al personal del set que estaba descansando—. Vengan a probar, el mousse de mango de este lugar es delicioso.

    Un grupo de personas se acercó en masa para agarrar el pastel, y Lan Xirong aprovechó la oportunidad para sacar a Zhou Xiang de la multitud.

    —Gracias. —Zhou Xiang sonrió—. En realidad, hoy no tengo nada que hacer, solo vine a celebrar.

    Los dos se quedaron de pie en un rincón alejado del grupo. Lan Xirong se puso de espaldas a los reporteros a propósito para que no pudieran ver su expresión y dijo en voz baja.

    —Xiang-ge, te he extrañado mucho, así que no pude evitar venir a verte.

    Zhou Xiang le dio unas palmaditas en el hombro.

    —Escuché tu nuevo álbum. Antes siempre cantabas junto a mi oído; de verdad tienes una voz privilegiada.

    —Xiang-ge. —Lan Xirong suspiró—. ¿Vas a seguir dándome largas de esta manera?

    —No lo hago. —Zhou Xiang respondió, avergonzado—. No es fácil verte, también estoy muy feliz de que estés aquí.

    —Estuve promocionando mi álbum hace poco y regresé a Beijing ayer. Todavía recuerdo esa comida a la que dijiste que me invitarías. Supuse que no cumplirías tu palabra, así que vine a colarme en el banquete de cierre para al menos comer contigo. —La expresión en el rostro de Lan Xirong era muy desolada.

    Zhou Xiang se sintió muy apenado. Sin importar si había sido solo por cortesía en su momento, realmente había prometido invitar a Lan Xirong a comer. Como resultado, él ya llevaba más de medio año de regreso y todavía no habían tenido esa cena. En realidad, si Lan Xirong no se le hubiera confesado, tal vez, cuando Yan Mingxiu se olvidara del asunto, habría invitado a Lan Xirong a tomar algo y charlar. En un principio, esto no habría sido la gran cosa, pero desde que Lan Xirong le había dicho esas palabras, todo era diferente.

    Aún menos sabía cómo enfrentar a Lan Xirong, así que solo podía mantener cierta distancia. Pero ahora, al ver las ojeras un poco oscuras y la expresión de cansancio de Lan Xirong, estaba seguro de que había venido a verlo a propósito justo después de terminar su gira promocional, sin siquiera haber tenido tiempo para descansar. Zhou Xiang era una persona de corazón blando, y al verlo así, se sintió aún más culpable.

    —Bueno, iremos a comer cuando terminemos. —Zhou Xiang se rascó la cabeza—. Puedes venir con nosotros; cuantas más personas, más animado estará.

    Lan Xirong asintió con la cabeza.

    —Xiang-ge, el set está demasiado sofocante, ¿podrías acompañarme a dar una vuelta abajo?

    Zhou Xiang sabía que se sentía incómodo al ser observado por tantas personas, así que no tuvo más remedio que acceder.

    —Espera a que tome mi abrigo.

    Zhou Xiang se puso el abrigo y caminó hacia la puerta detrás de Lan Xirong. No estaba acostumbrado a que tantos reporteros lo miraran con esos ojos tan fervientes; sentía que ni siquiera sabía cómo dar el siguiente paso. Por suerte, los periodistas conocían las reglas y no tomaron fotos al azar.

    Justo cuando estaban a punto de llegar a la puerta, alguien entró de frente y se toparon cara a cara.

    Zhou Xiang se sobresaltó y se quedó mirando a Yan Mingxiu en estado de shock.

    Yan Mingxiu lo miró, luego miró a Lan Xirong, y su rostro cambió de inmediato.

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  • Zhou Xiang simplemente inventó una historia sobre cómo ambos se habían gustado, y los presentó.

    Yan Mingxiu no sentía ninguna hostilidad hacia Cai Wei, principalmente porque este había dicho «cuñada» nada más cruzar la puerta. Yan Mingxiu le dio la mano cortésmente, aunque su actitud seguía sin ser demasiado entusiasta.

    Zhou Xiang ya estaba acostumbrado a que fuera así, por lo que se apresuró a invitar a Cai Wei a pasar y sentarse.

    Cai Wei miró a Yan Mingxiu varias veces; le había salido la deformación profesional.

    —Xiao-Yan, ¿de qué agencia eres? ¿Cómo es que nunca he escuchado hablar de ti?

    Yan Mingxiu frunció ligeramente el ceño.

    —Wei-ge, él no pertenece a la industria —se apresuró a decir Zhou Xiang.

    —¿En serio? ¿Con estas aptitudes y no eres artista? —preguntó Cai Wei, sorprendido—. Con esa apariencia, ¿hay alguna forma más rápida de ganar dinero?

    Yan Mingxiu negó con la cabeza.

    —No me interesa. —Su rebeldía ya había tensado bastante la relación con su padre; si encima se convertía en una celebridad y se exponía al público, el anciano lo mataría a golpes. Además, nunca le habían interesado esos trabajos en los que había que vender sonrisas.

    Cai Wei suspiró con evidente lástima, pero sin darse por vencido, le entregó una tarjeta de presentación. —A-Xiang y yo somos buenos hermanos —dijo con una sonrisa—. Si cambias de opinión, asegúrate de buscarme a mí, no vayas a buscar a nadie más.

    Por consideración a Zhou Xiang, Yan Mingxiu la aceptó con una leve sonrisa.

    —Ya que tienes compañía en casa, me iré primero —le dijo Cai Wei a Zhou Xiang—. Apresúrate a comer los cangrejos, mantengámonos en contacto por teléfono.

    Zhou Xiang recordó que Cai Wei lo había buscado por el asunto del director Wang y Wang Yudong, pero como Yan Mingxiu estaba presente, no era conveniente hablar de ello.

    Después de despedir a Cai Wei, Yan Mingxiu preguntó:

    —Te buscaba por algo, ¿verdad? ¿Qué pasó?

    —Cosas de trabajo, nada importante —respondió Zhou Xiang de forma evasiva. Al pensar que Yan Mingxiu no solo era el cuñado de Wang Yudong, sino también su admirador, supo que definitivamente no podía contarle sobre ese asunto; quién sabe cómo reaccionaría.

    Yan Mingxiu solo había preguntado por curiosidad, pero la actitud evasiva de Zhou Xiang lo hizo sentir un poco incómodo. Zhou Xiang ahora le daba el gusto en casi todo, y Yan Mingxiu daba por sentado que lo mimara así, disfrutando de su ternura y tolerancia. Que Zhou Xiang le ocultara algo le resultó de repente inaceptable, por lo que dijo con disgusto:

    —¿Qué es eso que no puedo saber y tienes que ocultarme? ¿Acaso soy un extraño?

    Al ver que su expresión había cambiado, Zhou Xiang supo que su mal genio había vuelto a aflorar y se apresuró a engatusarlo:

    —¿Cómo vas a ser un extraño? Definitivamente eres alguien de adentro. —Tras decir esto, sonrió con astucia—. No pienses demasiado, de verdad no es nada importante. Solo hubo algunos conflictos entre un par de personas en el set, es bastante complicado de explicar. Son cosas triviales, seguro no tendrías paciencia para escucharlas.

    La expresión de Yan Mingxiu se suavizó un poco. Al ver el rostro algo pálido de Zhou Xiang, sintió una inexplicable punzada de lástima. Tiró de él para que se sentara en el sofá. —Te veo muy cansado, descansa un rato. Yo prepararé la comida.

    Zhou Xiang esbozó una sonrisa de satisfacción y no pudo evitar abrazarlo por la cintura, frotándose contra su estómago.

    —¿De verdad? ¿Vas a cocinar para mí?

    Al ver su rostro lleno de expectación, el humor de Yan Mingxiu también mejoró.

    —¿No hay cangrejos? Te prepararé unos cangrejos peludos al vapor.

    —¡Qué bien! La verdad es que no sé cómo preparar esas cosas, aprenderé de ti.

    —¿No querías recostarte un rato?

    —No hace falta, me lleno de energía solo con verte. —Zhou Xiang se levantó apresuradamente, se acercó para besar a Yan Mingxiu y pronunció unas palabras dulces—: Te extraño si no te veo un solo día…

    En el pasado, a Yan Mingxiu le daba asco escuchar a la gente decir palabras dulces; esas palabras no cambiaban ni un solo carácter al salir de la boca de Zhou Xiang, pero al escucharlas sentía un profundo confort en todo el cuerpo. Cada vez que Zhou Xiang decía esas cosas con tanta melosidad, Yan Mingxiu quería empujarlo y follarlo con fuerza, porque esa boca suya, además de decir cosas hermosas, también emitía sonidos preciosos. Especialmente en el apogeo de la pasión, cuando no podía contener sus gemidos; con solo pensarlo, el cuerpo de Yan Mingxiu se encendía.

    Como los dos estaban tan pegados, Zhou Xiang notó de inmediato la reacción de Yan Mingxiu. Retrocedió un paso por instinto y sonrió con suficiencia.

    —Mingxiu, veo que tú también me has extrañado bastante.

    Llevaban juntos unos meses. Desde que Zhou Xiang dijo que quería tener una relación seria con él, habían pasado de un modelo independiente de no interferencia a algo similar a un periodo de luna de miel. Por lo tanto, su nivel habitual de dulzura no era bajo; siempre que surgía el deseo, ambos podían entrar en celo en cualquier momento.

    Sin embargo, hoy Zhou Xiang estaba realmente muy cansado; no tenía muchas ganas de hacerlo, prefería comer.

    Yan Mingxiu lo empujó contra el sofá y estiró la mano para tirar de sus pantalones. —Tú me provocaste… —murmuró en voz baja.

    Zhou Xiang parpadeó, sin querer arruinar el buen humor de Yan Mingxiu, pero debido al extremo cansancio y a los desafortunados sucesos de ese día que aún rondaban por su mente, no lograba concentrarse del todo. Después de besarlo por un buen rato, Yan Mingxiu finalmente se dio cuenta de su distracción.

    El rostro de Yan Mingxiu se ensombreció. —¿En qué estás pensando? ¿Piensas en otras cosas mientras lo haces conmigo?

    Zhou Xiang volvió en sí de inmediato y se disculpó: —Mingxiu, estoy demasiado cansado…

    Yan Mingxiu se quedó mirándolo fijamente por un momento.

    Justo cuando Zhou Xiang creía que definitivamente iba a enfadarse, Yan Mingxiu se levantó de encima de él. —Hace rato te dije que te recostaras un rato, pero tú tenías que alardear. Me provocas y luego dices que estás cansado; la próxima vez que hagas esto te follaré hasta matarte.

    Yan Mingxiu le pellizcó el trasero para desahogar su frustración, se arregló la ropa y se dio la vuelta para ir a la cocina.

    Zhou Xiang se quedó mirando fijamente su espalda mientras lavaba el arroz, y una oleada de calidez inundó su pecho.

    Aunque Yan Mingxiu tenía mal carácter y era muy caprichoso, Zhou Xiang sentía que su corazón también se estaba acercando a él. Ya no era tan egocéntrico como antes y, de vez en cuando, se acordaba de mostrarle algo de preocupación. Cada una de esas experiencias llenaba a Zhou Xiang de alegría. Trataba a Yan Mingxiu con toda su sinceridad y podía percibir cómo este le correspondía poco a poco; aquello le llenaba de motivación. Sabía que Yan Mingxiu aún no le prestaba demasiada atención, pero la recompensa por sus esfuerzos le hacía sentir que algún día lograrían amarse mutuamente.

    Zhou Xiang se recostó relajado en el sofá, sin poder evitar sonreír.

    Aunque siempre se enfrentaba a todo tipo de dificultades en la vida, en términos generales, seguía siendo muy feliz.

    Después de estar acostado un rato, sintió que había recuperado algo de fuerza, así que entró en la cocina con la intención de ayudar. Estaba tan acostumbrado a servir a Yan Mingxiu que ser cuidado de vez en cuando lo dejaba un poco desconcertado.

    Yan Mingxiu volvió la cabeza para mirarlo y luego continuó con sus tareas.

    Zhou Xiang tiró del delantal que colgaba de la puerta del refrigerador, se lo puso por delante y se lo ató. Tras hacer un nudo en la espalda, abrazó a Yan Mingxiu por la cintura y apoyó el rostro en su hombro.

    Yan Mingxiu era unos cuatro o cinco centímetros más alto que él, por lo que apoyarse así era perfecto.

    Yan Mingxiu no pudo evitar soltar una risita.

    —¿Qué estás haciendo? ¿Estorbando?

    —Quería ver cómo lo haces para preparártelo yo la próxima vez.

    —No hay nada que aprender; en el futuro, cuando haya cangrejos, los preparo yo y punto —respondió Yan Mingxiu con naturalidad.

    La voz suave y ronca de Zhou Xiang resonó junto a él:

    —¿Entonces te harás cargo de todos los cangrejos de ahora en adelante?

    —Mhm —asintió Yan Mingxiu con indiferencia.

    —Entonces, si algún día ya no quieres estar conmigo, compraré cangrejos e iré a bloquear la puerta de tu casa.

    Yan Mingxiu hizo una pausa.

    —Mientras no causes problemas, me quedaré contigo.

    Zhou Xiang solo estaba bromeando; nunca esperó recibir algo parecido a una promesa. Se emocionó de repente y no pudo evitar preguntar:

    —Mingxiu, ¿estás satisfecho con cómo estamos ahora?

    —Está bien. —Yan Mingxiu lo pensó y no encontró nada de lo que quejarse. Tenía comida y bebida, y alguien que le hacía compañía; aunque la persona a su lado no era la que más deseaba, no le quedaba más remedio que ceder ante la realidad. Zhou Xiang era su mejor opción como reemplazo.

    Un rastro de confusión cruzó la mirada de Yan Mingxiu; la elegante y apuesto sonrisa de Wang Yudong apareció ante sus ojos. A menudo fantaseaba con que la persona detrás de él era Wang Yudong, pero cada vez sentía más que le resultaba muy difícil seguir buscando la sombra de Wang Yudong en Zhou Xiang, porque la personalidad de este era demasiado distintiva. Era una persona con un carácter independiente y no podía simplemente «parecerse» a Wang Yudong a su antojo. A veces, Yan Mingxiu olvidaba el motivo inicial por el que se había mudado a vivir allí, pero no quería cambiar nada; disfrutaba de todo lo que Zhou Xiang le brindaba.

    Zhou Xiang continuó indagando:

    —Nunca me he atrevido a preguntarte. Tu familia… ¿cuánto saben?

    Yan Mingxiu se concentró en cortar los tallos verdes de la cebolleta y dijo, aparentando no darle importancia:

    —Saben algo.

    —Y… ¿cómo reaccionaron?

    —Me fui del país para evitarlos, ¿tú qué crees?

    Cuando estaba en la escuela secundaria, Yan Mingxiu descubrió que no sentía ningún interés por las chicas; de hecho, le molestaba mucho su acoso. Sin embargo, en aquel entonces, también le irritaban los chicos estúpidos de su edad, por lo que no se dio cuenta de que el problema residía en su orientación sexual.

    No fue hasta la preparatoria, cuando vio por accidente una película pornográfica gay en internet, que por fin comprendió hacia qué sentía deseo.

    Tenía un hermano y una hermana mayores por encima de él, así que en casa era el más consentido y el que menos expectativas tenía que cargar; por eso su comportamiento era mucho más excéntrico y obstinado. Después de que sus padres notaron que algo andaba mal con él, sintiéndose culpable, simplemente huyó a estudiar a Estados Unidos. Pero ahora, ya tenía sus propias opiniones formadas y sus padres eran aún más incapaces de controlarlo. Todos pensaban que vivía con mucha libertad, pero si el corazón está atrapado por una persona, ¿en qué lugar se puede ser realmente libre?

    Nunca olvidaría el asombro y la conmoción que le produjo ver a aquella elegante figura vestida de blanco en un tráiler promocional frente a un cine hace años, frente al cual se había detenido a mirar por casualidad.

    Al verlo con la cabeza gacha, Zhou Xiang pensó que estaba deprimido y no pudo evitar reírse de sí mismo:

    —Al fin y al cabo, tus padres se preocupan por ti. Para mí, que alguien me controle es solo una ilusión.

    Yan Mingxiu sabía que sus padres habían fallecido pronto. Al pensar en que Zhou Xiang había pasado por la vida completamente solo durante más de veinte años, sintió que debía de haber sido bastante difícil para él.

    Zhou Xiang lo abrazó por la cintura desde atrás, siguiéndolo a donde quiera que se moviera. Ambos acordaron tácitamente no continuar con aquel tema tan pesado; en su lugar, se pusieron a charlar sobre los cangrejos peludos. La atmósfera era indescriptiblemente cálida y armoniosa.

    Zhou Xiang siempre había fantaseado con que algún día esta casa recibiría a su otro dueño. Quizás, su espera por fin había terminado…

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