Cuando ambos terminaron, se subieron los pantalones y limpiaron el desastre, ninguna de las dos personas en el interior del auto pronunció una sola palabra.

Jian Suiying le echó un vistazo al llamativo líquido blanco sobre el asiento de cuero, con sentimientos encontrados.

Li Yu se arregló la ropa y, con cierta incomodidad, tomó unos pañuelos de papel para limpiar el asiento; Jian Suiying giró el rostro hacia un lado, anudándose la corbata con los dedos rígidos.

Resultó que aquel movimiento, al que normalmente estaba tan acostumbrado, hoy no sabía qué demonios le pasaba; sus dedos parecían congelados y torpes, simplemente no funcionaban. Estuvo un buen rato intentando y no logró anudarla. Furioso, se arrancó la corbata de un tirón.

Tras echarle una mirada, Li Yu dijo: —Déjame hacerlo. —Y al decir esto, intentó tomar la corbata.

—No hace falta, ¿qué sentido tiene ponerse una corbata a mitad de la noche? —espetó Jian Suiying con voz áspera.

Li Yu apretó los labios. —Mejor póntela —sugirió—. Los botones de adelante se te cayeron; si te la pones, la camisa no quedará abierta.

Jian Suiying empujó la puerta del auto con cierta brusquedad, dispuesto a bajarse. —Me da la puta gana de llevarla abierta. —En ese momento todavía tenía los zapatos a medio poner; el auto era alto y terminó tropezando. Estuvo a punto de caer de bruces contra el suelo.

Li Yu lo atrapó por la cintura en el aire y murmuró: —¿Por qué te enojas ahora? Eres incomprensible.

¿Por qué me enojo? Jian Suiying estaba furioso consigo mismo por no haber podido resistirse a la tentación de ese pequeño zorro seductor. Había manejado desde tan lejos, se había perdido, había alimentado a los mosquitos y había esperado amargamente durante más de una hora, todo para entregarse en bandeja de plata y dejarse follar. ¡¿Qué clase de maldito espíritu era ese?!

Jian Suiying empujó a Li Yu, se calzó bien los zapatos de un movimiento y se plantó firmemente en el suelo. De paso, se metió la corbata en el bolsillo. Le faltaban dos botones en el pecho, dejando la camisa abierta hasta la curva de sus abultados pectorales, sobre los cuales aún se podían distinguir vagamente marcas de besos esparcidas.

Entrecerró los ojos, le lanzó una mirada a Li Yu y se dio la vuelta para marcharse.

—Oye —lo llamó Li Yu, preguntando en voz baja—, ¿tienes hambre? Vamos a cenar algo.

Jian Suiying abrió la puerta de su auto sin siquiera mirar atrás. —No quiero, sácame rápido de aquí. —Tras decir esto, cerró la puerta de un portazo.

Como resultado, Li Yu condujo, lo llevó a dar una vuelta y se detuvo frente a un pequeño local que vendía malatang.

Jian Suiying miró a su alrededor. Mierda, todavía estamos dentro del campus de su universidad.

Apenas se bajó, Li Yu golpeó la ventanilla de su auto.

Jian Suiying bajó el vidrio. —¿A qué me trajiste aquí? Ya te dije que no voy a comer.

—Come un poco, gastaste mucha energía; seguro estás hambriento.

Con una expresión de indignación, Jian Suiying enseñó los dientes y replicó: —No te des tantos aires. Con esa velocidad tuya de pistolero precoz, no me siento cansado en absoluto.

Al ver esa actitud de patán enfurecido, Li Yu simplemente no pudo evitar reírse. —Mientes con todos los dientes. Ya eres bastante mayor, ¿por qué te encanta tanto ganar las discusiones con la boca? Rápido, bájate. —Metió la mano por la ventanilla, quitó el seguro, abrió la puerta y arrastró a Jian Suiying hacia afuera por la fuerza.

Jian Suiying le echó un vistazo a aquel pequeño establecimiento y su complejo de joven amo rico estalló al instante. —Hay que tener la cara muy dura para atreverte a traerme a comer a un lugar como este —maldijo en voz baja.

—¿Qué tiene de malo? Sabe bastante bien. —De pronto, Li Yu deslizó la mano en el bolsillo del pantalón de Jian Suiying, sacó la corbata y se la enrolló con destreza alrededor del cuello.

—¿Qué haces? Dije que no me la pondría. —Jian Suiying le dio un manotazo violento.

Li Yu no estaba para nada dispuesto a dejar que Jian Suiying apareciera ante los demás con esa facha. Le alisó la tela del pecho y luego le anudó la corbata, disimulando lo más posible el hecho de que le faltaban botones.

El negocio de ese puestito era próspero; a esa hora, no sería raro encontrarse con alguno de sus compañeros. Si alguien veía esas marcas en el pecho de Jian Suiying, y luego notaba el mordisco que este le había dado a propósito a él en el cuello, quién sabe qué pensarían; al menos él se sentía culpable.

—Vamos —dijo Li Yu, tirando de él fuera de la sombra del auto para caminar hacia el local de malatang.

Tal vez porque no era fin de semana y ya casi eran las doce de la noche, no había demasiada gente; normalmente, cuando el negocio iba bien, aquí tenías que hacer fila para entrar.

Li Yu tomó una bandeja en la entrada y la llenó con un montón de cosas. Luego, ambos eligieron una mesa en un rincón y se sentaron.

Jian Suiying observó de reojo aquel cuchitril de pintura descascarada y pósteres de celebridades pasados de moda. Sentía que el taburete bajo de plástico sobre el que estaba sentado era incómodo sin importar cómo se acomodara.

Al ver su actitud tan quisquillosa, Li Yu no pudo evitar comentar: —¿Por qué eres tan mimado?

—¿Quién está mimado? ¿Preocuparse por la seguridad alimentaria es estar mimado? ¿Acaso tienes un problema mental?

Li Yu pinchó una albóndiga de carne de res con un palillo y se la llevó a la boca. —Una comida no te va a envenenar, ¿a qué le tienes miedo?

Jian Suiying entrecerró los ojos y observó la albóndiga durante un largo rato, hasta que finalmente, a regañadientes, abrió la boca y se la tragó.

El sabor era, de hecho, excepcionalmente bueno. Jian Suiying pensó: Con razón a estos estudiantes con órganos jóvenes y sanos les encanta.

Li Yu sonrió y dijo: —A Suilin le encanta el malatang de aquí. Cada vez que viene a visitarme, sin falta cenamos esto por la noche.

Jian Suiying resopló, sin afirmar ni negar nada.

Lo cierto era que tenía algo de hambre, así que, animado por Li Yu, también agachó la cabeza y empezó a comer.

Al final, los dos terminaron tan llenos que no podían más. A la hora de pagar, Jian Suiying vio que Li Yu le entregaba un billete de cincuenta a la señora, y abrió los ojos de par en par al notar que aún le devolvían más de diez yuanes de cambio.

En toda su vida, Jian Suiying jamás había experimentado que alguien lo invitara a cenar gastando apenas poco más de treinta yuanes. Y, sobre todo, considerando el tormento físico al que esa misma persona lo había sometido hacía un rato, su estado de ánimo no podía describirse con palabras.

Tampoco podía decirle en su cara: Te aprovechaste todo lo que quisiste de mí y al terminar, me invitas a comer malatang en un puesto callejero por treinta y pico de yuanes. ¿No te da asco? ¿Acaso no tienes cara?

Pero el resentimiento que sentía en su pecho era asfixiante; aunque la analogía no fuera la correcta, sentía que su precio de transacción había sido jodidamente bajo.

Li Yu no tenía ninguna conciencia de esto. Soltó un bostezo y dijo: —Vamos, te acompaño a la salida.

Jian Suiying lo fulminó con la mirada y volvió a cerrar la puerta del auto de un portazo.

Li Yu lo observó, desconcertado.

Jian Suiying siguió al auto de Li Yu durante un par de minutos, hasta que divisó la puerta principal por la que había entrado.

Pisó el acelerador a fondo, salió disparado por la puerta del campus y se alejó a toda velocidad.

Al ver que se iba sin siquiera despedirse, Li Yu se quedó pasmado un instante.

Mientras miraba la parte trasera del auto desaparecer gradualmente a la distancia, Li Yu no pudo evitar lamerse los labios.

Tras regresar, Jian Suiying pasó varios días seguidos deprimido.

Aún no podía creer que hubiera cedido ante Li Yu con tanta facilidad; el hecho de haber sido penetrado no era lo que más le asustaba, lo que realmente le llenaba de ansiedad era descubrir que el grado de interés que sentía por Li Yu era mucho más severo de lo que había imaginado.

Justo cuando estaba mirando embobado la pantalla de la computadora, Jian Suilin tocó la puerta y entró.

Ahora venía uno o dos días a la semana; siempre que podía sacar algo de tiempo libre, se presentaba sin falta. Por su parte, Li Yu también había cambiado su actitud habitual y había ido a trabajar todo el día anterior, solo que a Jian Suiying le dio pereza verlo.

Jian Suiying reorganizó sus pensamientos, regresando al estado laboral. —¿Qué sucede?

—Director Jian, sobre los documentos de la Oficina de Tierras que pidió la última vez, esta parte se puede fotocopiar, pero hay otra que no permiten copiar ni sacar de ahí, así que solo pude transcribirla a mano. Del contenido importante que queda, como los planos, si considera que es necesario, volveré a buscar la aprobación de sus superiores para traerlo.

—Mhm, déjalos ahí, los revisaré primero.

Jian Suilin dejó lentamente los documentos, con los ojos clavados fijamente en el cuello de Jian Suiying.

Al notar que no se iba, Jian Suiying levantó la vista y dijo: —¿Necesitas algo más?

Con cierta incomodidad, Jian Suilin señaló su propio cuello. —Hermano, aquí…

Jian Suiying se tocó, recordando que tenía una marca de beso en esa zona que de vez en cuando quedaba al descubierto.

—Ah —respondió sin darle importancia, subiéndose un poco el cuello de la camisa.

Jian Suilin se inclinó sobre el escritorio y procedió a ajustarle el cuello de la camisa, tapando justo la marca. Sus movimientos fueron un tanto rígidos, pero, afortunadamente, como no era una tarea compleja, terminó rápido.

Jian Suiying le apartó las manos de un golpe. —Vete a hacer lo tuyo.

Jian Suilin respiró hondo y dijo con calma: —Hermano, hace mucho que no vas a comer a casa, papá dice que vayas cuando tengas un rato libre.

—Mhm, cuando tenga tiempo.

—Hermano, gracias por el auto que me regalaste.

—Ah, puedes comprarte uno mejor.

—No hace falta, aún sigo estudiando.

—Mhm, está bien que seas consciente de eso.

—Entonces me retiro.

—Xiao-Linzi.

—Dime.

—¿Vas a buscar seguido a Li Yu?

Jian Suilin se pasmó un momento. La escena de Jian Suiying besando a Li Yu en la playa acudió a su mente. Tras sopesar sus palabras, respondió: —Nos vemos ocasionalmente.

Jian Suiying le lanzó una mirada. —Ahora que tienes tiempo y dinero, ve rápido a buscarte una novia.

Las manos de Jian Suilin en su espalda se apretaron y se soltaron. Esbozó una sonrisa rígida. —Hermano… ¿qué quieres decir con eso?

Jian Suiying parpadeó; al ver su expresión nerviosa, no supo si reír o llorar. —¿Qué estás pensando, niñato? ¿Acaso crees que tengo miedo de que me robes a mi gente?

El rostro de Jian Suilin adquirió un semblante un tanto sombrío; apretó los labios y guardó silencio.

Jian Suiying sabía perfectamente que, aunque le prestaran diez agallas, Suilin no se atrevería. No solo no se atrevería a arrebatarle lo suyo, sino que tampoco se atrevería a involucrarse en líos con hombres; cualquiera de las dos cosas era motivo suficiente para darle una buena paliza.

Sentía una inmensa confianza en el hecho de que Xiao-Linzi era muy obediente con él.

Jian Suiying soltó una carcajada burlona. —Mírate lo asustado que estás… Tranquilo. Cuando algo me gusta, no me preocupa que los demás lo anhelen, y sé de sobra que tú y Li Yu solo son amigos. A lo que me refiero es a que no deberías pasarte los días enteros mezclándote con una panda de solterones; en tu gran juventud, buscarte una novia para pasar el rato, ¿no suena genial?

Jian Suilin sonrió a la fuerza. —No he conocido a ninguna chica adecuada. —Hizo un énfasis deliberado en la palabra “chica”.

—Mhm, eso sin duda es cuestión de destino. Ya sabes, a veces papá se pone bastante tenso, con miedo de que yo te esté causando una mala influencia o algo así. Si te consigues una novia, me quitarías un poco de presión de encima.

Jian Suilin bajó la mirada a medias y no respondió.

—Bueno, ya, vete a seguir con lo tuyo. Esta semana yo… —Jian Suiying hojeó su agenda—. El viernes, el viernes iré a dar una vuelta.

—De acuerdo, entonces me retiro.

—Ve.

Cuando Jian Suilin ya estaba en la puerta, Jian Suiying de pronto volvió a llamarlo.

Jian Suilin se giró.

Jian Suiying dudó un instante y preguntó: —¿A los chicos de su edad les gusta comer en esos asquerosos puestos callejeros?

La pregunta sonó bastante abrupta. Jian Suilin se quedó un poco descolocado. —Ah… Sí, supongo… A veces, después de un partido, toda la pandilla va a comer junta, es bastante divertido.

Jian Suiying hizo memoria sobre la época en la que él tenía esa edad, pero sus recuerdos no eran profundos; al fin y al cabo, había pasado casi una década desde entonces.

En conclusión, la respuesta de Jian Suilin alivió un poco su mente. Al menos ya no tendría que enredarse tanto con cuestiones tan quisquillosas sobre si Li Yu lo había tratado con desdén o no.

Una vez que Jian Suilin salió, Jian Suiying dejó escapar un suspiro.

Este año cumplía veintisiete. De repente, tomó conciencia de que, probablemente por primera vez en su vida, se estaba enfrentando a los llamados problemas sentimentales. Y para colmo, era con un chico siete u ocho años menor que él.

Ni qué decir de esa sensación de incomodidad y vergüenza, que era totalmente imposible de explicar a los demás.

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