Después de entrar con el rostro pálido y apesadumbrado, Bai Xinyu lo llamó tartamudeando:
—Ge.
Jian Suiying lo miró con una mezcla de indignación y decepción.
—Rara vez me buscas para algo bueno, habla de una vez.
Bai Xinyu miró a Li Yu con vacilación.
Jian Suiying también echó un vistazo a Li Yu. Decidió que, después de todo, debía salvarle un poco la cara a este mocoso de poco más de veinte años, así que se dirigió a él:
—Entonces, vuelve tú primero.
Li Yu se puso de pie e intercambió una mirada con Jian Suilin, quien le asintió a cambio.
Una vez que Li Yu se marchó, Bai Xinyu, tartamudeando, le contó el asunto. Mientras hablaba, observaba la expresión de Jian Suiying, listo para salir corriendo en caso de que este saltara a golpearlo.
Cuanto más escuchaba Jian Suiying, más sombrío se volvía su rostro. Estaba tan furioso que sus nudillos crujían al apretar los puños.
Resultó que este idiota había apostado en partidos de fútbol y había perdido más de tres millones. Su tío político, en un ataque de ira, le había dado una golpiza brutal y había jurado que esta vez lo dejaría arreglárselas solo. Sin embargo, su tía materna era de corazón blando después de todo; su marido estaba en la cima de su rabia y ella, incapaz de calmarlo, no tuvo más remedio que mandar a Bai Xinyu a rogarle a él.
El hábito de apostar de Bai Xinyu se remontaba a la preparatoria. A lo largo de los años, su familia no sabía cuántas deudas le habían pagado ya. Su tía y su tío realmente se habían roto la cabeza y el corazón por este hijo.
No era de extrañar que Jian Suiying lo despreciara. No tenía la habilidad para ganar dinero, solo sabía cómo mierda gastarlo. Su tía tenía problemas cardíacos, y de tanto coraje que le hacía pasar, terminaría enfermándola aún más.
Jian Suiying dio un fuerte manotazo en el escritorio y maldijo:
—¡Si ni tu padre se hace cargo de ti, ¿para qué vienes a buscarme?! El día que la mafia te haga picadillo para alimentar a los perros, ¡será tu maldita culpa por buscártelo!
Bai Xinyu estaba a punto de llorar.
—Ge, ayúdame, por favor. Esta será absolutamente la última vez, no me atreveré a hacerlo de nuevo. Tú… ve a hablar con mi papá, o mejor, préstame un poco primero…
—¡Mierda! Si algún día este idiota llega a arrepentirse, el sol saldrá por el oeste. Tú… —Jian Suiying temblaba de ira, tanto que casi no podía seguir hablando.
De entre todos sus hermanos y hermanas, su madre y su tía eran las más unidas. Después de la muerte de su madre, su tía lo había cuidado mucho. Para él, su tía era casi como una segunda madre. Una mujer tan gentil, amable, culta y razonable, y el acto más estúpido de toda su vida fue haber malcriado a su único hijo hasta convertirlo en un inútil.
Bai Xinyu sorbió por la nariz, con los ojos enrojecidos.
—Ge, sálvame, por favor. Si no me ayudas, me matarán a golpes. De verdad, no me atreveré a hacerlo nunca más en el futuro.
—¿Salvarte? —espetó Jian Suiying con voz áspera—. ¡Creo que sería mejor que te murieras ahora mismo! ¡Todo el dinero que mi tía y mi tío ganan con tanto esfuerzo no es suficiente para que tú lo desperdicies!
Bai Xinyu comenzó a sollozar. —Ge, ayúdame, por favor. Yo también quiero ganar dinero decentemente.
Jian Suiying estaba tan enfurecido que ni siquiera tenía ganas de golpearlo. Cuando eran niños, a menudo ayudaba a su tía y a su tío a educarlo, porque en ese entonces Bai Xinyu estaba tan malcriado que no le tenía ningún miedo a sus propios padres. Al único que le temía era a Jian Suiying, ya que este podía soltarle un puñetazo en cualquier momento.
Eso había llevado a que ahora, ya de adulto, cuando su tía y su tío no podían controlarlo, solo les quedara pedirle a Jian Suiying que lo hiciera.
Jian Suiying sintió un dolor de cabeza al mirar a su inútil primo. Pensó que si últimamente trataba un poco mejor a Jian Suilin, probablemente era por el contraste con Bai Xinyu. En comparación, Xiao-Linzi ya no parecía tan detestable.
Al pensar en Xiao-Linzi, preguntó:
—¿Por qué lo acompañaste hasta aquí?
—Me lo encontré en la empresa —respondió Jian Suilin.
Jian Suiying miró a Bai Xinyu y dijo:
—Xiao-Linzi, sal tú también.
Bai Xinyu levantó la cabeza y miró a Jian Suilin con pánico, temiendo que, si Xiao-Lin salía, Jian Suiying le daría una paliza.
Por supuesto, Jian Suilin no iba a ofender a Jian Suiying por él. Salió de inmediato, dándole unas palmaditas en el hombro a Bai Xinyu antes de irse.
Jian Suiying se puso de pie y se acercó a él paso a paso.
Aterrado, Bai Xinyu saltó del sofá.
Jian Suiying se abalanzó sobre él en un instante, lo agarró por el cuello de la camisa y lo estrelló contra la pared. Su severa mirada cortaba implacablemente su piel.
Bai Xinyu rogó aterrorizado:
—Ge, Ge.
Jian Suiying le apretó la barbilla y soltó con dureza:
—Bai Xinyu, escúchame bien. Deberías quemar incienso y rezarle a Buda por haber nacido en una buena familia. Si no fuera por respeto a nuestra tía, te juro que no me importaría en lo absoluto. No me interesa si lo dices en serio o solo para salir del paso, esta será tu última estupidez. Si hay una próxima vez, te dejaré a tu suerte. Aunque te desollen vivo, no moveré un dedo por ti. ¿¡Entendiste!?
El cuerpo de Bai Xinyu temblaba como una hoja mientras miraba a Jian Suiying con los ojos llenos de lágrimas.
Jian Suiying lo soltó.
—Lárgate.
—Ge, ¿qué planeas…?
—Yo hablaré con tu padre.
—Pero… mi papá parece que no tiene dinero…
Jian Suiying le clavó una mirada fulminante.
—¿De quién es la culpa de que tu padre no tenga dinero? ¿Acaso esperas que yo ponga dinero de mi bolsillo por ti?
Bai Xinyu cerró la boca al instante.
—Lárgate.
Sin atreverse a quedarse ni un segundo más, Bai Xinyu huyó rápidamente.
Jian Suiying estaba tan enojado que tuvo que dar varias vueltas por la oficina antes de que su respiración se estabilizara.
Si en estos últimos años no hubiera guiado a su tía y a su tío a invertir en algunos negocios, el dinero realmente no habría sido suficiente para aguantar los estragos de ese hijo pródigo.
Ya fuera por el lado paterno o materno, él era el mayor de su generación y el más exitoso. A la hora de criar a los más jóvenes, era inevitable que lo usaran como ejemplo a seguir, y cuando surgían problemas, era inevitable que buscaran su ayuda.
Él era, por naturaleza, una persona con muy poca paciencia y a la que le importaba un bledo la vida de los demás. Sin embargo, desde niño había sido educado para convertirse en el futuro patriarca. Aunque era muy rebelde en muchos de sus comportamientos y pensamientos, sorprendentemente poseía un sentido muy arraigado sobre el honor, la decadencia y el éxito de la familia, así como la responsabilidad de tener herederos y continuar con el linaje.
Por lo tanto, no importaba cuánto aborreciera a Bai Xinyu, no podía simplemente abandonarlo; y no importaba cuánto odiara a Zhao Yan, aún así entrenaría y protegería a Jian Suilin. Para él, los lazos familiares implicaban que no se podía ignorar a la sangre. A puerta cerrada podía golpearlos tanto como quisiera, pero no permitiría que nadie de afuera los pisoteara.
Al final, Jian Suiying se sentó en el sofá, fumando y mirando al vacío, y hasta se olvidó de almorzar.
Mientras Bai Xinyu caminaba hacia la salida de la empresa, luciendo como si hubiera perdido a sus propios padres, alguien lo llamó por la espalda.
Se dio la vuelta y vio que era Jian Suilin.
Jian Suilin se acercó y le sonrió amablemente.
—Yu-ge, ¿estás bien?
Bai Xinyu asintió y dejó escapar un suspiro. Se sentía un poco avergonzado y no quería decir mucho.
Jian Suilin le puso una mano en el hombro.
—Yu-ge, debes tener hambre. Vamos, te invito a almorzar este mediodía, así podremos charlar a gusto.
Bai Xinyu lo miró atónito y, lleno de dudas, se dejó llevar a medias hacia afuera.
Después de un día agotador, Jian Suiying regresó a casa pasadas las ocho.
Cuando fue a visitar a su tía y a su tío por la tarde, sintió que, aunque solo habían pasado dos meses sin verlos, ambos parecían haber envejecido considerablemente. Eso lo había dejado sintiéndose bastante miserable.
Bai Xinyu a saber dónde se habría metido a holgazanear. A esa hora aún no había vuelto a cenar, así que al final fue él quien acompañó a la pareja a comer.
Pensando en lo inútil que era Bai Xinyu, Jian Suiying masculló con resentimiento. Menos mal que es mi primo; si no, yo mismo habría sido el primero en matarlo a palos.
Mientras descansaba recostado en el sofá, no pudo evitar pensar en Li Yu de nuevo. Solo con pensarlo, sacó su teléfono y lo llamó.
El teléfono sonó durante mucho tiempo antes de que alguien contestara. Desde el otro lado de la línea, le llegó la voz jadeante de Li Yu.
—¿Qué haces? ¿Sigues entrenando? —preguntó Jian Suiying.
—Sí, aún no termino —respondió Li Yu, todavía sin aliento—. ¿Pasa algo?
—¿Dónde está tu equipo?
—¿Por qué? ¿Quieres venir? —dijo Li Yu.
—Iré a ver el alboroto. Todavía no he visto a nadie boxear en persona.
—Para cuando llegues, probablemente ya hayamos terminado.
—Solo dime dónde estás, iré ahora mismo.
Li Yu le dio una dirección. Jian Suiying se animó de repente, agarró su abrigo y salió.
La idea de ver a Li Yu en un momento lo hizo sentir que su cuerpo volvía a estar lleno de energía.
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