Una ola de frío azotó la ciudad, provocando un descenso brusco de la temperatura en la capital; a partir de entonces no volvió a calentar, marcando la entrada oficial del invierno.
Aunque el clima se había vuelto gélido, la relación entre Jian Suiying y Li Yu se fue calentando gradualmente; empezaron a llevarse como cualquier pareja de enamorados común y corriente.
Como la emoción de la novedad aún no había pasado, los dos se veían de forma imprescindible una o dos veces por semana, o a lo sumo, pasaban pegados el uno al otro durante todo el fin de semana.
Jian Suiying era un hombre que sabía cómo divertirse, y llevó a Li Yu, un pobre estudiante que apenas acababa de escapar del batallón de los exámenes de ingreso a la universidad, a experimentar un sinfín de cosas interesantes, presentándole de paso a muchas personas de su círculo. En principio, guiar a Li Yu para que se integrara en la intrincada red de relaciones políticas y familiares de la capital debía ser tarea de Li Xuan, pero Li Xuan había sido transferido y no regresaría en varios años, además de que Li Yu había estado fuera de Beijing durante mucho tiempo, por lo que sin duda tenía ciertas carencias en el ámbito de las relaciones interpersonales. Jian Suiying esperaba ayudarlo a integrarse lo más rápido posible, pensando que solo así se beneficiaría su futura carrera.
Poco a poco, los amigos más cercanos a Jian Suiying empezaron a notar la ambigüedad entre ellos dos. Sin embargo, en ese círculo se veía toda clase de cosas raras, y si el mismísimo Jian Suiying se molestaba en ocultarlo, demostraba que no quería que nadie lo supiera; cualquiera con un mínimo de sentido común que no quisiera ofenderlo se guardaría de andar soltando la lengua por ahí. Esto también le dio un respiro a Li Yu, permitiéndole interactuar con naturalidad frente a esos príncipes herederos que, a lo mucho, estaban a dos o tres contactos de distancia de su propio padre.
Por supuesto, las diferencias de carácter entre los dos eran un hecho palpable, por lo que seguían teniendo roces de vez en cuando. Solo conviviendo día y noche con Jian Suiying uno se daba cuenta de lo increíblemente difícil de complacer que era este hombre. Afortunadamente, aunque Li Yu era joven, tenía un carácter bastante sereno y sabía ser tolerante; Jian Suiying, por el contrario, era incapaz de aguantarse: si algo no salía a su manera, chocaba de frente contra Li Yu, aunque por lo general, terminaban resolviendo todo en la cama.
Si se dejaba de lado su enorme mal genio, Jian Suiying en realidad era un excelente amante, y se portaba de maravilla con Li Yu. Comprarle pequeños regalos de vez en cuando era una obligación; ya había llevado cenas de madrugada hasta su universidad en un par de ocasiones; y, a veces, saliendo del trabajo iba a ver a Li Yu entrenar, quedándose sentado allí por tres o cuatro horas enteras solo para esperarlo y salir a comer juntos, incluso preparándole ropa seca de antemano.
Cuando Jian Suiying trataba bien a alguien, lo hacía con gran estilo, no le faltaba ni un ápice de ternura y romanticismo; derrochaba pura clase. Pero cuando se proponía sacarte de quicio, te enojaba hasta la muerte sin el menor remordimiento, escupiendo cualquier cantidad de barbaridades; de hecho, sumergir el celular de Li Yu en desinfectante solo porque lo vio hablando diez minutos con una compañera de clase fue algo que hizo sin sentir ni una pizca de culpa. Las constantes contradicciones en el carácter de Jian Suiying a veces dejaban a Li Yu sin saber si reír o llorar.
Tropezando y chocando de esta forma, peleando en la cabecera de la cama y reconciliándose a los pies, mantuvieron esa relación difícil de definir, y en un abrir y cerrar de ojos transcurrió medio año.
Faltaban apenas unos días para el Año Nuevo y la empresa estaba hasta el cuello de trabajo en ese periodo. Jian Suiying planeaba lanzar a la venta un nuevo complejo residencial durante las fiestas, por lo que toda la compañía estaba inmersa en un mar de preparativos.
Tanto la universidad de Li Yu como la de Jian Suilin ya estaban en vacaciones, así que ambos fueron a echarle una mano a Jian Suiying; sin embargo, él estaba tan ocupado que, aunque veía a Li Yu todos los días, ni siquiera tenía tiempo para lanzarle una mirada coqueta y provocarlo un poco.
Cuando Jian Suiying comenzó el proyecto de este complejo, se había topado con varios inconvenientes en el camino, por lo que tuvo que recurrir a los favores de un par de personas; y ahora, estando a punto de iniciar las ventas, había reservado cuatro apartamentos para regalarlos como muestra de agradecimiento.
Le delegó la tarea de entregar los apartamentos a Jian Suilin, y luego se olvidó por completo del asunto.
Jamás se imaginó que precisamente esos tres inmuebles terminarían causando un problema.
Al acercarse el fin de año, Jian Suiying estaba más que saturado de obligaciones; no solo por los asuntos de la empresa, sino porque también había comenzado oficialmente el intercambio de cortesías sociales, haciendo que su teléfono sonara prácticamente cada dos por tres.
Al ver el nombre de Jian Suilin en la pantalla del identificador de llamadas, ni siquiera tuvo ganas de contestar.
Al final, solo respondió la llamada después de ver un mensaje de texto de Jian Suilin que decía “Urgente”.
Tan pronto contestó, el tono de Jian Suilin al otro lado de la línea resultó ser bastante inusual.
—Hermano, tuve un problema por aquí… —dijo con cierta timidez.
—¿Qué pasó? —preguntó Jian Suiying con cansancio—. Eres un hombre, no te pongas tan tenso por cualquier tontería.
—El asunto de las casas que me pediste entregarle al director Fan y los demás la última vez, Yu-ge se enteró.
—¿Quién? ¿Bai Xinyu? ¿Cómo se enteró?
—Últimamente he tenido bastante contacto con él por el asunto de esos terrenos. Hoy al mediodía me invitó a comer, y mientras fui al baño, él revisó la carpeta de documentos que dejé sobre la mesa… Yo, yo no sabía que hurgaría en mis cosas así; cuando regresé, me preguntó si esos documentos de propiedad que llevaba eran para regalarlos a alguien.
Jian Suiying soltó un resoplido frío. —Ese mocoso será un inútil para todo lo demás, pero para estas cosas sí que tiene buen olfato. ¡Tú también tienes la culpa! ¿Cómo se te ocurre dejar ese tipo de documentos tirados por ahí? Si no puedes manejar algo tan simple, ¡entonces para qué sirves!
—Hermano, esto de verdad ha sido incompetencia de mi parte —admitió Jian Suilin.
—Que lo sepa una persona más significa un riesgo más, especialmente tratándose de Bai Xinyu, que es un imbécil con la cabeza hueca… —Jian Suiying suspiró—. ¿Le advertiste que no anduviera abriendo la boca por ahí?
—Sí, le pedí que no se lo contara a nadie. Supuse que, al fin y al cabo, es de la familia y no andaría divulgándolo, pero…
—¿Pero qué?
—Él… él exigió que le dejáramos este asunto a su cargo.
—¿Qué quieres decir? —Jian Suiying frunció el ceño.
—Yu-ge dijo que la selección del terreno para el hotel en el que están trabajando sus padres justo requiere del visto bueno del director Fan, así que quiere aprovechar esta oportunidad para congraciarse con él.
—Mierda, que ese mocoso haya podido pensar en el truco de saludar con sombrero ajeno ya representa todo un avance para su coeficiente intelectual. Carajo, no tiene la capacidad de salir a ganar dinero afuera, y solo sabe cómo aprovecharse de su propia familia.
—Hermano, ¿tú cómo ves que debamos manejar esto? —preguntó Jian Suilin con cautela.
—Por supuesto que no podemos dejarlo en sus manos; es un asunto muy sencillo, pero si lo dejamos a su cargo, quién sabe qué cagada podría cometer.
—Entonces…
—Este es un problema que provocaste tú mismo, así que encárgate de resolverlo. En resumen, ni pienses en dejar que él meta sus manos en esto, y tampoco puedes permitir que vaya de chismoso por ahí; a nuestra familia no le asustan estas pequeñeces, pero hombre precavido vale por dos. Si el asunto que tú manejas sale mal, tú mismo tendrás que asumir las consecuencias. ¿Quedó claro?
—Entendido…
—Ahorita estoy ocupado y no tengo tiempo de ajustarte las cuentas, pero a partir de ahora, guarda bien los documentos importantes; si vuelve a pasar una estupidez como esta, mejor no vengas a estorbar en mi empresa.
—Hermano, lo siento…
Antes de que pudiera terminar de hablar, Jian Suiying ya le había colgado el teléfono.
Solo de pensar en esa avalancha abrumadora de trabajo y en los compromisos sociales, empezó a dolerle la cabeza. En cuanto al asunto de Bai Xinyu, no le dio mayor importancia. Él conocía bastante bien a Bai Xinyu, sabía que, aunque era un holgazán que solo servía para comer y no hacer nada, era bastante cobarde y no tenía malas intenciones en el fondo; en cuanto tuviera un rato libre, lo llamaría personalmente para advertirle que cerrara bien el pico, y con eso ya no habría ningún problema.
Jamás se imaginó que, dos días después, recibiría una llamada de su tía mayor.
En cuanto Jian Suiying vio la pantalla del celular, adivinó de qué se trataba, y efectivamente: su tía mayor le estaba rogando de manera sutil que permitiera a Bai Xinyu acompañar a Xiao-Linzi para tramitar el asunto de las casas, de modo que pudiera tener la oportunidad de acercarse al director Fan.
Ya que su tía mayor lo había llamado personalmente, a Jian Suiying le resultó imposible negarse y no tuvo más remedio que aceptar.
Dándole vueltas al asunto, pensó que simplemente se trataba de transferir la propiedad de las casas a nombre de los familiares de aquellas personas, lo cual no era nada difícil y no debería suponer un problema tan grave, por lo que llamó a Xiao-Linzi para advertirle que monitoreara de cerca la situación, y luego los dejó libres para que se encargaran.
Al poco tiempo, la empresa cerró por las vacaciones de fin de año.
Después de haberse agotado durante un periodo tan largo, Jian Suiying por fin pudo tomarse un respiro y descansar.
Ese día, Li Yu estaba acurrucado en el sofá de su casa leyendo un libro, mientras Jian Suiying descansaba acostado con la cabeza sobre sus piernas jugando a la PSP; los dos conversaban distraidamente sobre los asuntos de la empresa, y fue entonces cuando Jian Suiying también le contó a Li Yu sobre el tema de las cuatro casas, dejando notar en sus palabras cierto descontento hacia Bai Xinyu.
La mano de Li Yu que sostenía el libro se detuvo un instante y, con rostro inexpresivo, comentó: —Ese primo tuyo es un tremendo problema; aunque Suilin tenga el control del asunto, me sigue pareciendo que hay un riesgo enorme.
—¿Ah, sí? ¿Por qué lo dices?
—Al fin y al cabo, Suilin tiene que llamarlo hermano mayor. Incluso si Bai Xinyu comete algún error o se sobrepasa, ¿acaso Suilin podría reprenderlo directamente? Claro que no. Creo que con lo precavido que es Suilin, él podría haber manejado todo a la perfección, pero ya que metiste a Bai Xinyu en este enredo, si sale algo mal tendrás que asumir la responsabilidad tú mismo, así que no le eches la culpa a Suilin.
Jian Suiying bajó su PSP y le rodó los ojos. —Mierda, lo haces sonar demasiado aterrador; es solo tramitar un traspaso de propiedad, ¿qué podría salir mal? Juntas todos los documentos, los entregas en la ventanilla y ya está. Bai Xinyu solo quiere aprovechar la oportunidad para lamerle las botas al director Fan y tratar de hacerse su amigo. ¿De verdad crees que él se va a encargar de reunir todo ese desastre de papeles? Básicamente sigue siendo trabajo de Xiao-Linzi.
Li Yu pasó la página del libro, con la mirada clavada en la tinta impresa sin parpadear. —Yo también creo que no debería haber ningún problema; solo que, ya que lo mencionaste, simplemente te di mi opinión de paso.
Jian Suiying arrojó la PSP a un lado y se dio la vuelta para abrazarlo por la cintura. —Oye, ¿qué tanto estás viendo ahí que te tiene absorto desde hace rato? Rara vez tenemos días libres, ¿no piensas dejar descansar un poco los ojos?
Li Yu ni siquiera lo miró, y respondió con naturalidad: —¿Acaso jugar videojuegos es dejar descansar los ojos?
Jian Suiying fingió no haberlo escuchado; levantó la mano, de un manotazo tiró el libro de Li Yu hacia un lado, y le dijo con una sonrisa pícara: —Mírame a mí, deja que tus ojos descansen un poco.
Li Yu por fin bajó la cabeza para mirarlo; su expresión era un tanto antinatural.
Jian Suiying levantó la mano para engancharlo por el cuello, lo obligó a agachar la cabeza y le plantó un beso directo en los labios.
Li Yu colaboró inclinándose sobre él, depositando unos cuantos besos en su rostro.
Jian Suiying se encendió de inmediato; metió las manos bajo la ropa de Li Yu para acariciarle la cintura y el abdomen, tirando de sus prendas con cierta impaciencia.
Aunque ya lo habían hecho una vez durante la mañana, eso no compensaba los más de diez días anteriores que habían pasado sin tiempo para intimar; ahora que Jian Suiying había recuperado sus energías, solo quería hacer el amor con Li Yu hasta el cansancio, aliviando así todo el deseo reprimido.
Ambos conocían el cuerpo del otro a la absoluta perfección, por lo que el fervor aumentó rápidamente, liberando de un solo golpe todo el anhelo acumulado que habían sentido el uno por el otro durante este tiempo.
Capítulo 35…
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