Tampoco podía considerarse un mal trabajo; el equipo de producción de El Músico Loco lo había cuidado bastante en el pasado, así que, cuando le pidieron ayuda, habría sido inapropiado negarse. Sin embargo, Xie Yang tuvo el tacto de no explicárselo, temiendo que, si lo hacía, Qiu Xing se enfurecería aún más. Se llevó la mano a la cara y la cubrió.

—Arde un poco.

Al escuchar esto, Qiu Xing olvidó de inmediato su enfado y se acercó para examinar el rostro de Xie Yang. Levantó la mano con la intención de tocarlo, pero no se atrevió. Con el ceño fruncido y los labios apretados, lucía a la vez furioso y angustiado.

Xie Yang señaló el pequeño refrigerador del auto.

— Adentro hay toallitas húmedas y agua helada que Qin Cheng preparó de antemano. Saca las toallitas para que pueda limpiarme la cara.

Qiu Xing se apresuró a obedecer. Tras sacar las toallitas húmedas, no permitió que Xie Yang moviera un dedo; él mismo abrió el empaque, las colocó con extrema delicadeza sobre el rostro del joven y comenzó a limpiarlo poco a poco.

—No vuelvas a aceptar este tipo de trabajos en el futuro. ¿Acaso no es mejor cantar cómodamente y ya?

—En realidad, creo que este programa tiene bastante sentido. De todos los oficios que existen, siempre habrá algunos que sean más arduos. Hoy solo estuve bajo el sol durante unas horas, pero los obreros que verdaderamente se dedican a esto se exponen al sol todo el día. Si tienen la mala suerte de toparse con una empresa irregular, es probable que ni siquiera reciban un bono por altas temperaturas. Es bastante difícil.

Qiu Xing desechó una toallita usada y abrió una nueva.

—Me importa un bledo si los demás sufren o no. Eres mío, y solo me importa si tú estás sufriendo. Te prohíbo volver a aceptar un trabajo como este.

Xie Yang miró a Qiu Xing.

Qiu Xing estaba concentrado en el rostro del joven. Su expresión era sombría, pero sus movimientos resultaban sumamente suaves. Al estar tan absorto en su tarea, ni siquiera notó la mirada de Xie Yang.

Visto de cerca, resultaba evidente que las pestañas de Qiu Xing eran muy largas.

Xie Yang sonrió.

—Estoy cubierto de sudor. ¿No te asquea mi olor?

Fue entonces cuando Qiu Xing alzó la vista. La sonrisa de Xie Yang solo consiguió irritarlo más. Levantó la mano y le empujó la cabeza con brusquedad.

—Apestas. Eres un dolor de cabeza, no me das ni un solo día de paz.

—Por eso debes recuperarte pronto. Si ya no estás, dejaré que mi propio hedor me mate, y luego le pediré a He Jun que me entierre a tu lado para apestar tu ataúd.

—¡Qué sarta de estupideces! —Qiu Xing le alborotó el cabello de mal humor—. Cállate de una vez y bebe agua. Mira lo resecos que están tus labios.

Al llegar al hospital, Qiu Xing le ordenó a Kirkman que llamara a un dermatólogo para que revisara el rostro y los brazos asoleados de Xie Yang. Tras examinarlo, el médico indicó que presentaba una leve quemadura solar y le recetó una pomada.

El rostro de Qiu Xing se ensombreció de nuevo al escuchar el diagnóstico. Solicitó una habitación de hospital para que Xie Yang tomara una ducha rápida y, acto seguido, se encargó personalmente de aplicarle la pomada en todas las zonas expuestas al sol.

No lograba calmarse—. ¿Qué haremos si la piel se descama?

—No se va a descamar, te aseguro que mañana estaré perfecto —lo tranquilizó Xie Yang.

Su habilidad mutante repararía automáticamente los daños de su cuerpo; bastaría con una noche de sueño para que esas insignificantes quemaduras solares desaparecieran.

Qiu Xing mantenía su expresión lúgubre. Tras terminar de aplicarle la pomada, lo ayudó a bajarse la ropa.

—Atraparé al infeliz que te arrojó esa botella de agua, tenlo por seguro.

Xie Yang se sentó y lo miró.

—Ya sea alguien que quiere generar rechazo público, o un peón enviado por otra persona, esta vez no dejaré que se salgan con la suya. —Qiu Xing extendió la mano para acariciarle el rostro, frotándolo con suavidad—. Si no limpio toda esta basura antes de que comience mi verdadero tratamiento y ya no pueda hacerme cargo de las cosas, ¿qué será de ti?

Xie Yang no intentó consolar ni detener a Qiu Xing. En lugar de eso, fue directo al grano—. También quiero investigar a Bei Cheng, el presentador de “De todas las profesiones “. Actúa de un modo extraño. Tengo un poco de fobia a las alturas y el equipo de producción lo sabía. Ellos mismos se ofrecieron a evitar que me tocara el trabajo de limpiador de exteriores en rascacielos. Sin embargo, durante la grabación, Bei Cheng se equivocó de tarjeta y terminé eligiendo precisamente ese.

Qiu Xing no estaba enterado de ese detalle. Al escucharlo, su indignación creció. Le alisó el cabello a Xie Yang, que seguía algo desordenado tras haber sido lavado y secado, y prometió.

—Bien. Lo investigaré por ti.

De camino a casa, Xie Yang entró a Weibo y descubrió, como era de esperarse, que el internet entero estaba inundado de noticias sobre la agresión que había sufrido. Las enfurecidas “Fans Cangrejo” habían desenterrado de quién sabe dónde las imágenes de una cámara de seguridad que captó la silueta del atacante, impulsando el video hasta lo más alto de las tendencias.

Xie Yang fijó la vista en el agresor, que aparecía encerrado en un círculo en el centro de la captura de pantalla.

Se trataba de un hombre alto y delgado. A pesar de estar en pleno verano, vestía ropa de manga larga y pantalones, además de llevar una gorra, una mascarilla y una mochila negra. Su rostro era completamente irreconocible.

Vino preparado.

Xie Yang cerró la imagen y continuó revisando otros videos del lugar de los hechos grabados por sus seguidores.

Lo curioso fue que, en medio de una opinión pública unificada que condenaba a los difamadores y sus conductas peligrosas, una publicación donde una “Fan Cangrejo” expresaba su envidia hacia Qin Cheng surgió de la nada y se coló en el top tres de las tendencias.

YangYang BoBo:¡Ahhhhh! Primero que nada, ¡que se pudran los haters! Pero, ¡hermanas! ¡Hermanas, aprecien este video! ¡Miren cómo YangYang jala a Qin Cheng hacia atrás para protegerlo y esquiva ágilmente la botella! ¡Miren cómo se le marcan los músculos del brazo al hacer fuerza! ¡Miren su expresión repentinamente seria! ¡Disfruten los detalles! Ahhhhh, buaaa, envidio tanto al mánager Qin. Yo también quiero que YangYang me proteja así.

La publicación iba acompañada de un clip de apenas unos diez segundos. Estaba grabado de frente y se veía algo borroso, probablemente porque habían usado el zoom. En las imágenes, el movimiento de Xie Yang tirando de Qin Cheng para evadir la botella se repetía en cámara lenta, amenizado por una extraña música de fondo.

Xie Yang arqueó una ceja. Abrió la sección de comentarios, solo para descubrir que el tono allí era aún más bizarro que el del propio video.

Comentario Destacado 1:¡Ya lo aprecié, y me he dado un festín! ¡Ahora aprecien a este YangYang que vino especialmente a consolarnos y nos dio autógrafos por iniciativa propia! ¡Es mil veces más guapo en persona que en fotos o videos! ¡¡Es perfecto!!

Comentario Destacado 2:¡Yo también me apunto! Aprecien a este YangYang quitándose el cortavientos y abriéndose paso entre la multitud para recoger la botella. Les aseguro que, si no hubiera trepado tan alto, ¡jamás habrían visto esto! Sus movimientos al quitarse la ropa… ¡babeo!

Comentario Destacado 3:Hoy paseaba por el jardín botánico y me topé de casualidad con YangYang grabando su programa. Estuvo colgado del muro durante horas (imposible no soltar maldiciones), pero YangYang se veía tan guapo. ¡Todas vengan a apreciar cómo aterrizó, he resucitado!

—Ver cómo se aprovechan de ti, ¿te hace feliz? Y encima te quitas la ropa en público, ¿eh?

—…

Xie Yang giró la cabeza y descubrió que Qiu Xing, quien momentos atrás había estado hablando por teléfono con He Jun, se había acercado sigilosamente. Estaba casi pegado a él, observando juntos la pantalla del celular.

—Espiar las pantallas ajenas es de mala educación.

—Si no fuera porque te llamé tres veces y me ignoraste olímpicamente, ¿crees que me rebajaría a mirar?

—…

Qiu Xing lanzó una pregunta letal—. ¿Acaso ellos te atraen más que yo?

Xie Yang dejó el teléfono a un lado con resolución. Aprovechando la proximidad extrema, tomó el rostro de Qiu Xing entre sus manos y se inclinó hacia él para besarlo.

Qiu Xing dejó escapar un resoplido de indignación desde el fondo de su garganta, pero no rechazó la ofrenda del beso de Xie Yang. Por el contrario, estiró los brazos, tiró de él contra su cuerpo en un abrazo férreo y tomó por asalto el control de la situación.

Aunque el incidente del botellazo había provocado un gran susto a Xie Yang y a su entorno, no trajo consigo únicamente desgracias. Gracias a este altercado, la promoción de su nuevo álbum alcanzó la máxima rentabilidad desde el primer instante; infinidad de transeúntes curiosos, atraídos por la noticia, se enteraron de su próximo lanzamiento.

No obstante, como bien reza el dicho: la fortuna y la desgracia caminan de la mano. Lo bueno había llegado, pero lo malo acechaba a la vuelta de la esquina.

Al día siguiente, Xie Yang no tenía compromisos laborales y, acatando las estrictas órdenes de Qiu Xing, se quedó en casa a descansar. Se remoloneó un rato en la cama antes de levantarse, pero apenas encendió el teléfono, recibió una llamada de Qin Cheng.

—El viento volvió a cambiar de dirección. Alguien está marcando la pauta, difundiendo rumores de que este ataque fue un teatro orquestado por ti mismo para promocionar el nuevo álbum. Aseguran que la única razón por la que lograste apartarme a tiempo ayer fue porque ya sabías que te arrojarían esa botella.

Xie Yang descorrió las cortinas para dejar entrar la luz del sol.

—¿Hay algo más?

—¿Cómo sabes que hay algo más?

—Es una deducción lógica.

El tono de Qin Cheng se volvió sombrío.

—Sí, hay más. Toda la grabación del programa de ayer se realizó en exteriores, así que muchos transeúntes y fanáticos tomaron fotos filtradas. Se ha corrido la voz de que Shen Yan tuvo que abandonar la grabación a la mitad para ir al médico. Una cuenta anónima expuso que ayer, sin importarte que tu compañero de equipo, Shen Yan, acabara de recuperarse de una grave enfermedad, presionaste al equipo de producción para que te asignaran el trabajo de limpieza de exteriores en rascacielos. Dicen que lo hiciste para construirte una imagen de artista esforzado y capaz de superar su fobia a las alturas, y que eso fue lo que mandó a Shen Yan al hospital.

Xie Yang se dio la vuelta y se dirigió hacia el baño.

—Vienen con todo.

Qin Cheng se sentía profundamente culpable.

—Nunca debí haberte conseguido este contrato. Al principio pensé que, como era un equipo con el que ya habíamos trabajado y estaban pidiendo un favor, además de que “De todas las profesiones” es un buen programa, participar consolidaría nuestros contactos y nos daría exposición para el nuevo álbum. Quién iba a decir que terminaría así.

—No es tu culpa. Alguien está intentando arruinarme; podrías esquivar este golpe, pero no el siguiente. Las relaciones públicas para ambos asuntos son fáciles de manejar. Para el primero, bastará con atrapar al tipo que arrojó la botella e interrogarlo. Para el segundo, mi inocencia quedará demostrada en cuanto el programa salga al aire. Durante el sorteo, el representante del otro equipo tomó su tarjeta primero y yo simplemente tomé la que sobró. Jamás hubo margen para hacer trampa por iniciativa propia.

—Ya tengo en marcha nuestra estrategia de marketing y las relaciones públicas, pero si nunca logramos atrapar a esa persona…

—La atraparán sin duda alguna. Solo tenemos que esperar —afirmó Xie Yang con rotundidad—. Qiu Xing ya ha tomado el control de este asunto, y él es mucho más rencoroso que yo.

A primera hora de la tarde, Xie Yang recibió una llamada de la comisaría: el hombre que le había lanzado la botella se había entregado.

El agresor alegó que no era un “hater” de Xie Yang, sino que había aceptado un encargo en internet, recibiendo dinero a cambio de hacerle una broma pesada al ídolo. Aseguró que nunca imaginó que el asunto escalaría a tal magnitud y que creía que se trataba de una simple jugarreta sin mayores consecuencias.

Tras la investigación pertinente, la policía confirmó que el hombre en cuestión era, en efecto, el mismo que había arrojado la botella el día anterior. Al registrar su domicilio, descubrieron los materiales que había utilizado para elaborar el agua pestilente, además de un amplio arsenal de herramientas destinadas a otras “bromas pesadas”.

Todos los indicios apuntaban a una sola conclusión: el hombre que se había entregado era, en realidad, un difamador profesional contratado a sueldo para sabotear a figuras del espectáculo.

Posteriormente, la policía analizó minuciosamente el registro de chats del agresor en el momento en que aceptó el encargo. Tras seguir el rastro, lograron capturar también a la persona que había realizado el pedido. Se trataba de una joven oficinista con una profesión bastante respetable. Ella confesó abiertamente haber ordenado la “broma” contra Xie Yang, pero se negó rotundamente a revelar sus motivos.

No obstante, su silencio no implicaba que Qiu Xing fuera incapaz de descubrir la verdad.

Esa tarde, Qiu Xing salió del trabajo a su hora habitual. Nada más cruzar la puerta, examinó detenidamente el rostro y los brazos de Xie Yang. Al constatar que se habían recuperado por completo, su semblante se relajó un poco.

—La compañía en la que trabaja la persona que pagó para atacarte es una empresa conjunta de Feng Dian.

Xie Yang se mostró sorprendido, pero hasta cierto punto.

—¿Feng Dian?

—Así es.

Xie Yang estudió la expresión de Qiu Xing y levantó la mano para pellizcarle ligeramente la mejilla.

—¿Estás molesto?

Qiu Xing atrapó la mano de Xie Yang, la sostuvo con firmeza y, de pronto, extendió los brazos para envolverlo en un abrazo—. Lo lamento. Es probable que Feng Dian te haya puesto el ojo encima después de que me defendieras en aquel banquete de cumpleaños.

Así que no era enojo, era culpa.

Xie Yang le devolvió el abrazo, palmeándole la espalda.

—No necesariamente fue Feng Dian. Esa mujer simplemente trabaja en su empresa.

Qiu Xing se tensó.

—Qué tal si alguien está intentando desviar tu furia hacia Feng Dian para acelerar tu ofensiva contra la familia Feng… ¿Lograste averiguar algo sobre Bei Cheng?

Qiu Xing se tranquilizó poco a poco. Soltó a Xie Yang y le acarició el cabello.

—Sigo investigando, pero ya tengo una pista. La sombra del Grupo Fenghua está detrás de “De todas las profesiones”

Xie Yang enarcó una ceja.

—Qué conveniente. Todas las pistas apuntan directamente a la familia Feng. ¿Crees que Feng Dian sea tan estúpido como para cometer un delito y no cubrir sus huellas, dejándote pruebas servidas en bandeja de plata?

Qiu Xing no era ningún imbécil; solo había perdido los estribos temporalmente porque el asunto involucraba a Xie Yang. Frunció el ceño, sumido en sus pensamientos, y de repente soltó una carcajada lúgubre.

—Usarme a mí como cuchillo y a ti como cebo… Maravilloso. Sencillamente maravilloso.

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