En este mundo solo hay un Evan Hunter

Audrey se quedó atónita un momento, pero luego preguntó con una sonrisa:

—Parece que de seguro discutieron este tema juntos, de lo contrario, ¿cómo podrían coincidir tanto sus respuestas?

—¿Ah, sí? ¿Qué te dijo?

—Dijo que, si fueran compañeros de equipo, obligados por las estrategias de carrera de la escudería, es muy probable que no pudieran entablar una competencia pura. Además, en la vida diaria, se ha acostumbrado a prestarte atención; ser compañeros haría que esa costumbre de observarte se extendiera a la pista, y eso le impediría concentrarse en la carrera. —Audrey hizo una pausa—. A decir verdad, nunca imaginé que, algún día, Van Winston diría palabras tan humanas.

Hunter rio avergonzado.

—Entonces, en tu corazón, ¿qué clase de persona es Van Winston? —Audrey, evidentemente, esperaba esta respuesta con ansias.

—¿Winston? —Hunter bajó la cabeza y se tocó la oreja, como si pensara en cómo expresarlo.

—Hunter, no te preocupes. Al menos Winston fue muy directo al hablar sobre su impresión de ti. —Audrey rio mientras se apoyaba la barbilla en la mano.

—Winston… tiene muchas facetas para mí, así que no sé cómo describírtelo.

—¿Muchas facetas? Para nosotros en los medios, él siempre ha tenido una sola.

Hunter sonrió.

—En la pista, o al enfrentar cualquier problema técnico y estratégico relacionado con la Fórmula 1, es riguroso, e incluso tan objetivo que parece frío e implacable. Pero al tratar con sus amigos, como yo, por ejemplo, tiene muchísima paciencia. A veces siento que…

—¿Sientes qué? —Audrey mostró una expresión de curiosidad.

—Siento que… —Hunter entrecerró los ojos, pensando muy seriamente—. Parece que sin importar qué capricho cometa, él nunca se enojará. A veces hasta dudo de dónde está su límite.

Audrey lo miró en silencio, y un atisbo de emoción casi parecida a la envidia cruzó por su mirada.

Hunter, sin embargo, lo notó en el instante en que cruzaron miradas.

¿Acaso había hablado de más?

—Se fueron de viaje juntos después de la carrera en el circuito de Suzuka. En el avión de regreso de Sapporo a Tokio no tuvimos tiempo de charlar en detalle, ¿qué tal estuvieron tus vacaciones junto a Winston?

—¡Estuvieron geniales! ¡Winston planificó todo, desde el transporte hasta el hotel! Viajar con él significa no tener que pensar en nada, ¡fue muy relajante!

—¿Y no te pareció aburrido? Es un hombre riguroso y de pocas palabras.

—Para nada. ¿Sabes? ¡De camino a Noboribetsu hasta me llevó a visitar la fábrica de Shiroi Koibito!

Audrey se quedó atónita un segundo, luego volteó el rostro y rio.

—Una fábrica de chocolates… ¿No crees que suena al tipo de lugar adonde un padre llevaría a su hijo, o donde irían unos amantes?

Hunter hizo una pausa de dos segundos y también comenzó a reír.

—¡Parece que sí! ¡En ese momento también lo pensé! ¡Jajajaja!

Sin embargo, en ese instante, en la mente de Hunter afloró el recuerdo del rostro perfilado de Winston inclinándose para acercarse a él; el momento en que la punta de su lengua rozó el suave y dulce helado antes de tocar la suya.

Su corazón latió con un temblor incontenible.

—Bueno, después de tantas preguntas, ha llegado el momento de revelar la respuesta de Winston. —Audrey abrió su libreta de notas.

Hunter mostró una expresión nerviosa y se llevó la mano al pecho.

—Ah… ¡qué nervios siento de repente!

—Jajaja, si tú estás nervioso, entonces nadie se atrevería a hablar frente a Van Winston. —Audrey esbozó una sonrisa—. En cuanto a su impresión sobre ti, la respuesta de Winston fue muy sencilla.

—¿Cuál fue? ¿Podrías dejar el suspenso?

—Dijo: “En este mundo solo hay un Evan Hunter”. —Audrey soltó una carcajada disimulada mientras hablaba.

—Seguro que a eso le sigue una frase que no da gusto escuchar. —Hunter torció la boca.

—Jaja. “Debo vigilarlo con cuidado, o de lo contrario, el ingenuo Evan Hunter sin duda será engañado”.

Hunter se cubrió los ojos con una mano y suspiró con impotencia. —Sabía que diría algo así.

—Bien, la entrevista de hoy termina aquí.

—¿Puedo ver cómo salgo en cámara? —Hunter miró al camarógrafo.

Audrey presionó la frente de Hunter con un dedo. —Mejor deja la expectativa para el final. No te preocupes, dejaremos tus mejores tomas.

—Está bien.

Hunter extendió la mano para tomar su vaso de agua. Apenas bebió un pequeño sorbo cuando Audrey, que justo se había puesto de pie a su lado, se tambaleó de repente y cayó hacia un costado. Él estiró el brazo de inmediato y la rodeó por la cintura, atrapándola en un abrazo.

—Señorita Wilson, ¿se encuentra bien?

—Gracias, qué reflejos tan rápidos tienes. —Audrey se enderezó y le expresó su gratitud.

—Hice lo que pude.

—Sin embargo… todos ven lo joven que eres, pero en realidad también tienes un lado maduro y muy masculino.

—Me gusta esa clase de halagos. —Hunter sonrió.

—Te deseo los mejores resultados en este Gran Premio.

—Gracias.

En este GP, siempre y cuando lograra quedar entre los cinco primeros ¡Van Winston tendría que bailarle un striptease! ¡Jajaja!

Mientras más lo pensaba, más lleno de espíritu competitivo se sentía Hunter.

Después de que terminó la entrevista, mientras entraba al ascensor, le envió un mensaje de texto a Winston:

[¡Te pasaste! ¡¿Cómo se te ocurre decir que soy fácil de engañar?!]

La respuesta de Winston llegó rápidamente:

[¿Terminó la entrevista? ¿Quieres venir a comer a mi lado?]

Hunter se frotó la nariz y le avisó al nutricionista de la escudería que no comería con el equipo.

—¿No comerás con el equipo? La sesión de práctica libre está por comenzar, ¡no vayas a comer cualquier porquería!

—Winston me invitó a cenar. No creo que me dé algo que me provoque indigestión o diarrea, ¿o sí?

—¿Winston? ¿Cómo es posible? ¡Entonces ve, relacionate mucho! ¡Y de paso averigua cómo es el plan nutricional en Ferrari! —La actitud del nutricionista dio un giro de ciento ochenta grados.

Hunter asintió entre risas.

Winston había reservado una mesa en el restaurante de su hotel. Como era fin de semana de Gran Premio, había bastantes personas en el lugar, y por supuesto, todos los que podían hospedarse allí pertenecían a la alta sociedad.

Cuando Hunter llegó al restaurante, ya eran casi las ocho de la noche.

Justo en un rincón junto a la ventana, Winston miraba hacia afuera apoyando la barbilla en la mano; Hunter se acercó a él paso a paso, guiado por un camarero.

El perfil de Winston le recordó a la luz de la luna, a pesar de que eran dos cosas completamente incompatibles. Quizás se debía a que, en ese momento, lucía inmaculado y a la vez suave, haciéndole sentir que era irreal.

—¡Oye! —Hunter esbozó una enorme sonrisa.

Winston levantó ligeramente la barbilla. —Siéntate. Ya te pedí la entrada y el plato principal. Antes de la carrera debes asegurar una alta ingesta calórica y evitar alimentos crudos, fríos o alergénicos, además de no tener permitido beber nada carbonatado.

Hunter sacudió la cabeza. —Las alegrías de la vida se reducen muchísimo.

—¿De verdad? —Winston levantó el brazo para mirar su reloj; su gesto al asentir destilaba pura elegancia aristocrática—. La entrevista de Audrey contigo debió durar al menos dos horas.

—Jaja, así es. Ella tiene muchas perspectivas únicas sobre la Fórmula 1, charlar con ella te abre mucho la mente. ¿Y tú? Ya que te admira tanto, seguro conversó contigo un buen rato, ¿no? —Hunter lo miró intencionalmente con una expresión sugerente.

—Media hora.

—¿Eh?

—Le concedí treinta minutos de entrevista.

—¿Tan poco? —Hunter abrió mucho los ojos.

¡Como se esperaba de un piloto de élite! ¡No le prestó la menor atención a una periodista famosa!

—Si no, ¿cómo te iba a dejar tiempo suficiente para que charlaras con tu diosa? —La sonrisa en las comisuras de los labios de Winston era muy tenue, pero a Hunter le encantaba.

—Jeje. Por fin he cumplido uno de los dos grandes sueños de mi vida.

—¿Dos grandes sueños? Uno es ser entrevistado por una figura mediática como Audrey Wilson. ¿Y el otro?

—Adivina.

—Solo tienes un par de tonterías en la cabeza. —Winston rio por lo bajo.

—¡Una fiesta de conejitas Playboy!

—Sigue soñando. —Winston bajó la mirada y tomó un sorbo de agua.

—¿Qué? —A Hunter le pareció no haber escuchado bien.

—¿No coleccionas revistas de Playboy desde pequeño?

—Eh… ¿Cómo lo sabes? ¿Te lo mencioné alguna vez? —Hunter se rascó la cabeza. ¿Por qué no lo recordaba?

—Todavía están debajo de tu colchón.

—¿Cuándo te conté eso?

—¿Y de qué te serviría una fiesta de conejitas? ¿Acaso vas a probarte todo tipo de condones, uno tras otro?

Sin saber por qué, a Hunter le pareció que el tono de Winston era un tanto frío.

—Tampoco así… Yo… quiero hacerlo con la persona que me guste. —La voz de Hunter se volvió cada vez más bajita.

—¿Alguien como Audrey Wilson?

—… —Hunter abrió la boca, mudo.

En el pasado, habría respondido con facilidad que la mujer de sus sueños era alguien como ella; sin embargo, al mirar a Winston a los ojos, descubrió que era incapaz de emitir sonido alguno.

—¿Qué pasa? —preguntó Winston.

—Ni yo mismo sé de qué tipo de persona me llegaré a enamorar. Muchas veces… alguien termina amando a quien menos espera. Como mi madre, por ejemplo, que siempre soñó con casarse con un hombre como mi padre biológico: con carrera, con empuje, alguien que supiera disfrutar de la vida. Pero, al final, eligió a un simple profesor ordinario.

En ese momento, el camarero trajo la entrada.

Espárragos a la crema; en un país rodeado de desierto, semejante platillo era todo un lujo.

—Come.

—Winston…

—¿Qué sucede?

—Si… y hablo hipotéticamente… si un día te casas, ¿todavía viajaríamos juntos?

Lo lógico era pensar que, si algún día conseguía una pareja, debería viajar con su esposa y sus hijos. Pero por alguna razón, un miedo súbito lo invadió.

Tenía miedo de que Winston ya no planificara todo por él, miedo de que no tuvieran tiempo de sentarse juntos a comer aunque no hubiera nada en particular que discutir, miedo de que cada uno tomara su propio camino.

Winston lo miró. No había la menor vacilación en esos ojos, su firmeza era tanta que Hunter sintió una oleada de culpa inexplicable.

—Si un día me caso, además de ti, ¿con quién más podría viajar?

Hunter sonrió.

—¿Puedo tomar tu frase a Audrey Wilson sobre que “en este mundo solo hay un Evan Hunter” como si significara esto mismo?

—Ese siempre fue el significado.

Winston deslizó un huevo pasado por agua de su propio plato hacia el de Hunter.

Al mirar ese huevo, una profunda calidez inundó a Hunter de repente.

Le encantaban los huevos pasados por agua con la yema líquida; ni siquiera el nutricionista de la escudería lo sabía, pero Winston sí.

—En este mundo también hay un solo Van Winston. —Hunter recogió el huevo con la cuchara con cuidado y se lo llevó a la boca.

Al otro lado de la mesa, los dedos de Winston, que sostenían los cubiertos, se detuvieron imperceptiblemente.

Afuera de la ventana, yacía el famoso circuito de Yas Marina.

En este momento, descansaba tan tranquilo como una elegante bella durmiente, admirado y anhelado por la multitud.

Hunter observó por la ventana, pero su mente estaba puesta en el hombre que tenía enfrente. Podían pasar sin cruzar palabra alguna, y aun así se sentía en completa armonía.

Ya casi eran las nueve y media de la noche, y debía regresar con su escudería.

Winston hizo una seña para pedir la cuenta.

—Yo invito esta vez.

Hunter estaba a punto de levantar la mano, pero Winston le sujetó el dorso.

—Quiero que me regales otra cosa.

—¿Qué cosa? —Hunter se sorprendió un poco.

¿Acaso había algo en el mundo que Winston no tuviera y necesitara que él se lo diera?

—Si entras en el top cinco en este GP, las ganancias que te dará la escudería Marcus deberían ser suficientes para comprar de nuevo tu casa —dijo Winston.

—Ajá. —Hunter sintió una oleada de emoción íntima. ¡Y también el striptease!

—Quiero que me guardes un espacio en tu garaje.

Al terminar de escuchar esas palabras, los ojos de Hunter escocieron inexplicablemente.

Ese había sido su plan desde el principio.

Eso era precisamente lo que quería reservar para él. Aunque aquel espacio valiera mucho menos que uno solo de los autos deportivos de Winston, el hecho de que lo que deseaba obsequiarle fuera justamente lo que el otro anhelaba, generaba una sensación de que sus sentimientos eran atesorados, una sensación que no sabía cómo describir.

—Claro que sí. —Hunter se contuvo para que la voz no le temblara.

—Y en cuanto a ese Jeep tuyo, me prometiste que lo cambiarías.

—Jaja, una vez que recupere la casa, si me sobra dinero, seguro me compraré un buen auto.

—Mhm. —La leve afirmación de Winston aterrizó en el corazón de Hunter, provocándole un cosquilleo.

Cuando el camarero se acercó a cobrar, Hunter de todas formas entregó su tarjeta de crédito y le sonrió a Winston.

—¿Lo recuerdas? Pagaste por mí en el supermercado, ¡déjame devolverte el favor!

Winston sonrió con serenidad.

—No recuerdo haber pagado tu cuenta, pero sí recuerdo una vez que fui al supermercado y noté cómo movías un paquete de galletas en el estante; parecía que llevabas un buen rato espiándome.

Los nervios de Hunter sufrieron una sacudida.

¿Así que Winston siempre supo que estaba frente a los estantes mirándolo?

—Si no estabas mirándome, ¿cómo sabes que te espié un buen rato? —Hunter levantó la barbilla a la defensiva.

—Yo sí estuve mirándote por un largo rato. Desde que escogías el yogur hasta que elegías calzoncillos.

—Tú… ¿tú por qué estabas mirándome? —El corazón se le encogió en el pecho de nuevo.

Esa sensación de que… conocer a Winston había sido parte de un plan maestro de la otra parte, lo puso nervioso de forma instintiva.

—Porque te veías muy tonto. Al comprar yogur solo te fijaste en el sabor, no en la fecha de caducidad. —Winston tomó una servilleta y se limpió las comisuras de los labios—. Bueno, es tarde. Te acompañaré de regreso a tu hotel.

Hunter se puso de pie. —¡No necesito que me acompañes! Ni que fuera Audrey Wilson… Eh, un momento, ¿sabes que durante la entrevista de hoy la abracé?

—¿Por qué?

—Cuando pasó por mi lado, estuvo a punto de caerse, así que la sostuve. Aunque no hay nada de qué jactarse, considero que mis reflejos fueron muy rápidos.

Mostró una expresión algo engreída.

Justo cuando pasaba junto a Winston, que continuaba sentado arreglándose los puños de la camisa, tropezó de forma repentina. Al estar relajado, la zancadilla lo tomó por sorpresa absoluta, haciéndolo trastabillar hacia adelante; intentó agarrarse del borde de la mesa por inercia, pero un brazo lo enganchó con firmeza por la cintura.

Esa sensación familiar de fuerza puso los sentidos de Hunter al límite; se precipitó hacia aquel abrazo y el par de brazos lo aprisionaron.

¡Aterrado, comprendió de súbito que había terminado sentado en el regazo de Winston!

Varias personas a su alrededor ya habían empezado a observar la escena.

—¿Fue algo así?

La voz resonó desde atrás, haciendo que los hombros de Hunter se tensaran por inercia.

Su calor y su aliento se sintieron como una invasión invisible pero arrolladora.

—C-claro que…

Luchó por defenderse a viva voz, pero fue como si le hubieran sellado la garganta con candado.

—¿Qué intentas decir?

Winston se acercó aún más, como si pegara su mejilla a su cuerpo.

—¡Claro que no fue así! ¡Solo dio un mal paso en sus tacones y la sujeté! ¡Fui todo un caballero! ¡Si hubiera tratado de esa manera a la señorita Wilson, el camarógrafo me habría matado a golpes con su cámara ahí mismo!

Le apartó las manos de un tirón y se puso de pie de inmediato.

—Oh, estaba el camarógrafo… debes de haber estado muy decepcionado.

Winston seguía en su silla, mirándolo con el rostro ligeramente inclinado hacia arriba.

—¡Y-yo no tengo esa clase de intenciones con la señorita Wilson!

—Hunter, se te pusieron las orejas rojas. ¿De verdad no tienes esas intenciones con ella? —La voz se mantenía en un tono suave.

A veces no lograba comprender por qué aquel hombre lograba hablarle siempre con ese tono. ¡No lo había visto hablarle a nadie más de esa manera!

—¡Por supuesto que no! ¡El que me avergüenza eres tú!

Apenas soltó esas palabras, se arrepintió.

—Vaya, solo quería imitar cómo fue que abrazaste a la señorita Wilson.

—¡Jamás dije que la hubiese sentado en mi regazo!

¡Y, para colmo, los demás clientes del restaurante los habían visto!

¡Era el colmo tener las piernas tan largas y usarlas para ponerle la zancadilla!

La curvatura en los labios de Winston se pronunció todavía más.

—¿Puedes creer que en esta carrera te haré morder el polvo? —Le enseñó el dedo medio con indignación.

—Estaré esperando con ansias. —Winston, por fin, se levantó sin ninguna prisa.

Después de pagar la cuenta, demostró que hablaba en serio sobre acompañarlo caminando de regreso al hotel.

—Oye… no hace falta que hagas esto. Puedo volver por mi cuenta. Tampoco es plan que me acompañes, que yo te acompañe a ti después, y terminemos yendo y viniendo hasta el amanecer.

—Tus orejas siguen muy rojas. —Giró el rostro y le sonrió con suavidad.

—¡Ya basta! —Levantó las manos y se cubrió ambas orejas.

El otro no dijo nada más; se limitó a presionar el botón del ascensor.

Los dos emprendieron el camino hacia el hotel de Hunter.

A diferencia del muchacho, que caminaba con ambas manos hundidas en los bolsillos de sus jeans, Winston proyectaba una madurez impecable; cada zancada que daba irradiaba aplomo y clase.

Llegó a preguntarse desconcertado: ¿cómo diablos había llegado a intimar tanto con Winston?

Todo comenzó en los baños durante el GP de España este año, ¿verdad? Y luego aquel incidente donde le pagó la cuenta en el supermercado; la subasta de caridad de Ferrari, donde compró su gorra de béisbol por un precio exorbitante; el viaje de regreso a casa donde su Jeep se averió y Winston se quedó acompañándolo a esperar a la aseguradora, e incluso permitió que fundiera el motor de su superdeportivo Ferrari…

No se habían acercado mutuamente; ahora que lo recordaba, parecía más bien que… Winston era quien había estado acercándosele a él todo ese tiempo.

¿Por qué lo hacía?

Contempló la espalda del hombre, que ya caminaba un poco por delante.

Tan esbelta y erguida.

Esa misma espalda se detuvo de pronto y giró la vista hacia él.

—¿Qué ocurre?

—Nada. —Caminó a paso veloz hasta rebasarlo, giró sobre sus talones y le guiñó un ojo—. Pensaba en tu striptease.

—¿De veras? —Winston rio por lo bajo y continuó siguiéndole el paso.

—En este GP, te juro que me meteré al top cinco. Y en cuanto a ti… más te vale no dejar que Charles o Owen te bajen del pedestal.

Torció la comisura de los labios en una sonrisa maliciosa al pronunciar esto.

—Tienes mucha confianza.

Mirando el rostro bañado por la luz de la luna, el piloto se dijo para sus adentros: «El que me infunde tanta confianza eres precisamente tú, ¿o me equivoco?»

Ya de regreso en la habitación de su hotel, abrió la ventana por instinto y clavó la vista en la dirección por la que se había marchado Winston. En su cabeza, lo único que rememoraba era la sensación de haber estado sentado sobre sus piernas, arropado por aquel abrazo.

Una sensación de paz y seguridad… e incluso de que alguien se había adueñado de él.

Se agarró la cabeza con fuerza. De golpe, le entraron unas ganas locas de emborracharse hasta perder el sentido frente a Winston para así usar de excusa su mala borrachera y hacerle todo lo que se le antojara.

Sus propios pensamientos terminaron asustándolo; para superar el desajuste horario, se metió entre las sábanas bastante temprano. Sin embargo, pasó media hora y no sintió el menor rastro de sueño.

En su interior se lamentaba horrores por no poder recordar cómo diablos había terminado besando a Winston aquella vez que se pasó de copas, al mismo tiempo que se maldecía por sus instintos perversos.

La pantalla de su teléfono móvil se iluminó en la mesa de noche. Estiró el brazo y lo revisó: era un mensaje de texto de Winston.

[¿Estás viendo la luna?]

Se incorporó, corrió las cortinas y contempló aquella luna plateada que colgaba del cielo, tan enorme que parecía a punto de servir al mundo entero sobre un platillo.

Le respondió el mensaje:

[¡La veo, está enorme y muy brillante!]

Winston:

[Buenas noches, Hunter.]

Fue como si alguien le susurrara al oído con aquella voz fresca pero dulce de Winston.

¿Acaso en ese momento estaría apoyado contra la cabecera de la cama, con un libro sobre las piernas y el móvil en la mano?

Buenas noches, Winston.

Un par de días de aclimatación después, comenzó la sesión de práctica.

El clima allí era mucho más sofocante que en el circuito de Suzuka, y debido a la escasa vegetación, el desgaste de los neumáticos era enorme.

Al principio le preocupaba si el rendimiento del monoplaza lograría dar la talla, pero justo antes de salir a la pista, vio a Shen Chuan dirigiendo con total frialdad la calibración final; a su lado, Shen Xi, masticando una barrita de chocolate, entrecerró los ojos con una sonrisa y agitó la mano para decirle “adiós”. Aquella serenidad inquebrantable logró infundirle tranquilidad.

Era la primera vez que conducía un Fórmula 1 en un circuito de puro desierto, pero su pilotaje fluyó desenfrenado y libre. Las métricas recabadas al final de la sesión de práctica lograron que el ceño constantemente fruncido de Shen Chuan se relajara por fin.

Cuando condujo de regreso a boxes, Shen Chuan se apoyó contra el monoplaza y le dio unos golpecitos en el casco protector.

—¿Ya te quedaste tranquilo?

—¡Claro que sí! ¡Más tranquilo imposible! —Esbozó una enorme sonrisa—. Revisé la temperatura del motor, ¡resolvieron a la perfección el problema de sobrecalentamiento!

—Ajustamos las piezas de refrigeración al límite, incluyendo los conductos de aire de los frenos. Hunter, los vientos en el circuito de Yas Marina son muy inestables y el calentamiento es aún más complicado que en las pistas convencionales. Esta vez, no solo deberás demostrar tu valía, sino también la de todo nuestro equipo de ingenieros, y la de la escudería entera. —En la mirada de Shen Chuan parecía condensarse una fuerza abrumadora.

Incluso Shen Xi, que estaba detrás de él, se sacó el chocolate de la boca para mirarlo con fijeza.

Aquella devoción absoluta, sin importar si pertenecía a los pilotos sobre el asfalto o a los ingenieros fuera de él, era idéntica.

—Lo haré —respondió el muchacho, mirándolo directamente a los ojos.

…

Hora del huevo salado:

Winston: Si un día me caso, además de ti, ¿con quién más podría viajar?

Hunter: Qué felicidad~

Winston: Porque la persona con la que me case, ten por seguro que serás tú.

Hunter: …

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