Zhou Xiang llevaba mucho tiempo sin emborracharse. Al despertar se dio la vuelta y, de pronto, sintió el cuerpo liviano antes de caer al suelo con un ruido sordo. Abrió los ojos adormilados y se dio cuenta de que estaba en la sala de estar; había dormido en el sofá con apenas una manta encima.
Zhou Xiang ni siquiera podía recordar cómo había regresado, pero mientras hubiera llegado a casa a salvo, todo estaba bien.
—¿Ya despertaste?
Zhou Xiang se asustó. Giró la cabeza y vio a Yan Mingxiu sentado a la mesa del comedor, mirándolo con frialdad…
A Zhou Xiang le dolía todo el cuerpo. Con su gran tamaño, haber estado apretujado en el sofá toda la noche era una incomodidad inimaginable.
—Me duele mucho la espalda, ay. —Zhou Xiang se subió al sofá y se quejó con resentimiento—: Y tú simplemente me dejaste dormir aquí.
Yan Mingxiu aún no había disipado su enojo.
—Apestas. ¿Acaso querías que te dejara dormir en la cama? —bufó.
Pero si esa es mi cama, pensó Zhou Xiang, aunque admitía que estar borracho era bastante molesto. Estaba bien así, le ahorraba tener que lavar las sábanas.
Mareado, volvió a cerrar los ojos. Sentía la cabeza sumamente pesada; no quería ni moverse…
Yan Mingxiu azotó su vaso contra la mesa de cristal.
—¿No vas a preguntar cómo volviste? —dijo, alzando la voz.
—¿Ah? ¿Cómo regresé? ¿Quién me trajo? —Supuso que habría sido Cai Wei.
—Un muchacho joven y apuesto. —Yan Mingxiu se sentó en el sofá junto a él, hablando con un tono hostil—. Tienes mucho encanto, ¿no? Si yo no hubiera estado en casa ayer, hoy habrían despertado en la misma cama.
Zhou Xiang se esforzó por hacer memoria. ¿Acaso Lan Xirong me trajo de vuelta? Aparte de él y de Cai Wei, nadie más sabía dónde vivía.
Zhou Xiang ladeó la cabeza y parpadeó.
—Ah, ya sé quién es. Es un colega. —Sonrió, mostrando sus labios agrietados—. ¿Estás celoso?
Yan Mingxiu enfureció por la humillación.
—No te creas tan importante. —Dicho esto, se puso de pie, agarró sus llaves y se fue, dando un portazo.
Zhou Xiang se quedó mirando fijamente el sofá vacío. Lástima que ahora tenía una resaca terrible y realmente no tenía fuerzas para pensar demasiado. Entró tambaleándose al dormitorio, se dejó caer de cara en la cama y pronto se quedó dormido.
Para cuando volvió a despertar, el sol ya estaba a punto de ocultarse. Zhou Xiang se levantó, se dio un buen baño, cambió las sábanas y se preparó algo de comer.
Luego, encontró debajo del sofá su teléfono móvil, al que se le había caído la tapa de la batería. Al encenderlo, vio un montón de llamadas perdidas y mensajes de texto de Lan Xirong.
Zhou Xiang le devolvió la llamada. Al conectar, se escuchó la voz algo apagada de Lan Xirong al otro lado de la línea.
—Xiang-ge, ¿por qué enciendes el teléfono hasta ahora?
—Me quedé dormido y perdí la noción del tiempo. El teléfono se me cayó debajo del sofá. —Zhou Xiang se frotó las sienes—. ¿Fuiste tú quien me trajo ayer? Siento mucho las molestias.
—¿Por qué eres tan formal conmigo? —suspiró Lan Xirong, y luego preguntó en voz baja—: ¿Ese hombre es tu novio?
Zhou Xiang murmuró un sonido de afirmación ambiguo.
—Lo viste. —En realidad, Yan Mingxiu no podía considerarse su novio, ya que nunca se habían hecho ninguna promesa. ¿A lo mucho eran compañeros de cama? Ni él mismo sabía cómo definir su relación con Yan Mingxiu.
—Xiang-ge, tú…
Al escuchar que dudaba en hablar, Zhou Xiang preguntó extrañado:
—¿Qué pasa?
—¿Él te gusta? —Tras hacer esa pregunta, Lan Xirong sintió un fuerte deseo de retirar unas palabras tan estúpidas, pero ya era demasiado tarde.
—Sí, me gusta. Nos llevamos bastante bien —confesó Zhou Xiang con franqueza.
Lan Xirong se quedó en silencio por un instante.
—¿No dijiste que me invitarías a comer? ¿Cuándo?
—Déjame pensarlo, el fin de semana; estos días tengo que trabajar.
—De acuerdo, pero ¿podrías no llevar a tu novio?
—¿Por qué?
—Si me estás invitando a mí, ¿por qué habrías de llevarlo a él?
Como ninguno de los dos se entrometía en la vida del otro, Zhou Xiang no le dio muchas vueltas al asunto.
—Está bien, no lo llevaré.
Lan Xirong soltó un suspiro de alivio.
—Entonces esperaré tu llamada.
Solo después de colgar, Zhou Xiang recordó que Yan Mingxiu se había ido azotando la puerta esa mañana. ¿Acaso malinterpretó lo mío con Lan Xirong?
Aunque ese berrinche había sido un tanto irracional, la posibilidad de que Yan Mingxiu sintiera celos por él llenó a Zhou Xiang de un regocijo secreto. De inmediato marcó el número de Yan Mingxiu.
El teléfono sonó un par de veces y luego lo colgaron.
Vaya, sí que tiene un carácter fuerte.
Zhou Xiang se lo pensó un poco y volvió a llamar varias veces. Finalmente, Yan Mingxiu contestó.
—¿Qué quieres? —dijo, impaciente.
—Acabo de despertar —dijo Zhou Xiang con una sonrisa—. Al despertar y no verte, te eché de menos. ¿Dónde estás?
—En la empresa.
—¿Vas a volver para cenar esta noche?
—No.
—¿Sigues enfadado?
Yan Mingxiu no respondió.
—El chico de ayer es como un hermano menor para mí, tuvo la amabilidad de traerme a casa. Tampoco es para que veas a un tipo guapo y pienses de inmediato que hay algo entre nosotros. Solo somos amigos.
—Pues a mí no me lo parece. Ese sujeto me miraba como si fuera su enemigo.
—Cómo crees, él también había bebido demasiado. Las personas borrachas no siempre actúan de forma coherente. Te estás haciendo ideas falsas. Bebé, ¿acaso estás celoso? —rió Zhou Xiang en voz baja.
Avergonzado y molesto, Yan Mingxiu respondió con frialdad:
—Tú eres quien se está haciendo ideas. Solo espero que recuerdes nuestro acuerdo y no te enredes con nadie más. De lo contrario, no vuelvas a buscarme.
Al imaginar la expresión feroz de Yan Mingxiu al otro lado de la línea, Zhou Xiang tuvo ganas de reír.
—Tranquilo, ahora mismo no cabe nadie más en mi corazón que tú. Venga, ya no estés enojado. Vuelve a casa a cenar. Haré de comer lo que se te antoje.
El ánimo de Yan Mingxiu por fin se relajó un poco.
—Haz cualquier cosa —murmuró, fingiendo desgana.
Pasadas las seis de la tarde, Yan Mingxiu llegó a casa. Zhou Xiang estaba viendo la televisión mientras cocinaba. Al verlo, sonrió.
—Ya volviste. —Se acercó, lo abrazó y le dio un gran beso. Luego entrecerró los ojos para mirarlo—. Hasta cuando estás celoso te ves tan guapo.
Yan Mingxiu frunció el ceño.
—Ya te dije que te estás haciendo ideas raras. —Lo apartó de un empujón y entró a cambiarse de ropa.
Cuando salió, la cena ya estaba servida. Zhou Xiang tarareaba una canción mientras le servía un tazón de sopa a Yan Mingxiu.
—Ven, bébetela mientras está caliente.
Yan Mingxiu observó el aspecto hogareño de Zhou Xiang con aquel delantal puesto. Curiosamente, desprendía cierto aire atractivo; ver esos dedos largos y fuertes sosteniendo la impecable vajilla de porcelana china también tenía un encanto particular.
En la televisión acababa de empezar un programa de espectáculos. La presentadora, con voz entusiasmada, anunciaba al invitado de esa noche: Lan Xirong.
Zhou Xiang no pudo evitar levantar la vista hacia el televisor. Lan Xirong apareció en pantalla luciendo un traje informal y una gran sonrisa.
Yan Mingxiu siguió su mirada y, al instante, su rostro se ensombreció.
Consciente de que Yan Mingxiu se había puesto de mal humor por culpa de la persona en la pantalla, Zhou Xiang apartó la mirada de inmediato y tomó el control remoto con la intención de cambiar de canal.
Yan Mingxiu le arrebató el control de un manotazo, le lanzó una mirada fulminante y volvió a fijar la vista en el televisor.
La presentadora comenzó a hablar con entusiasmo sobre la taquilla que Lan Xirong había alcanzado en el mercado internacional y sobre su próximo lanzamiento discográfico. Cuando Lan Xirong habló de su experiencia alcanzando la fama durante ese último año, empezó a agradecer a todo el mundo de forma mecánica. Finalmente, con una sonrisa en el rostro, dijo que quería agradecer en especial a un hermano mayor que lo había cuidado mucho cuando aún era un modelo de poca monta.
Zhou Xiang arqueó las cejas y bajó la cabeza para comer un bocado de arroz.
—¿Habla de ti? —le preguntó Yan Mingxiu.
—No lo creo, ¿en qué podría ayudarlo un simple doble de acción como yo?
Sin embargo, cuando la presentadora indagó a fondo sobre las dificultades de su carrera, Lan Xirong, quién sabe si a propósito o sin querer, pronunció “Xiang-ge”. Lo dijo muy rápido, casi de forma imperceptible, pero los dos hombres frente al televisor lograron escucharlo.
Zhou Xiang miró de reojo a Yan Mingxiu.
Yan Mingxiu resopló con frialdad.
—Tienen una relación excelente, ¿no?
Zhou Xiang por fin sintió un poco de desagrado. Que Yan Mingxiu se pusiera celoso era bastante lindo, pero tantas indirectas sarcásticas empezaban a volverse demasiado molestas.
Tampoco es que Yan Mingxiu lo hubiera atrapado en la cama con otro; solo eran un montón de pequeñas coincidencias unidas. ¿Qué sentido tenía que Yan Mingxiu lo atacara de esa forma? Parecía que solo estaba buscando pelea a propósito.
Zhou Xiang dejó escapar un suspiro.
—Él pasó por momentos muy difíciles en esa época. Como los dos éramos de la misma empresa, le eché una mano, eso no es gran cosa. Mingxiu, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué haces tanto alboroto por algo como esto?
Yan Mingxiu golpeó la mesa con los palillos. Zhou Xiang lo hacía sonar como si él fuera una persona caprichosa buscando problemas sin razón. Sin embargo, no podía controlar su furia. Su intuición le decía que Lan Xirong tenía intenciones ocultas con Zhou Xiang, que no era un simple asunto de amigos.
Quiso estallar en ira, pero con las palabras que Zhou Xiang acababa de decir, si perdía los estribos, sería como admitir que el otro tenía razón. Apretó los puños con fuerza y luego los relajó. Apagó el televisor y, conteniendo su enojo, se dio la vuelta.
—A comer.
Zhou Xiang le sirvió otra cucharada de sopa y dijo en un tono suave:
—Mingxiu, no te molestes. Yo, Zhou Xiang, cumplo mi palabra: mientras estemos juntos, te aseguro que no me enredaré con nadie más.
Yan Mingxiu levantó la mirada y lo observó con fijeza.
—Odio a ese sujeto. Quiero que no vuelvas a verlo, ¿está bien?
Zhou Xiang mostró una expresión de conflicto.
—Mingxiu, trabajamos en la misma empresa.
—Que no lo veas en privado.
Zhou Xiang soltó una sonrisa amarga.
—Mingxiu… acordamos no entrometernos en la vida del otro.
Una expresión de furia cruzó el rostro de Yan Mingxiu, pero hizo todo lo posible por reprimirla.
Zhou Xiang se sobresaltó, sin poder creer que Yan Mingxiu pudiera mostrar un gesto tan feroz.
Yan Mingxiu dejó escapar un largo suspiro.
—Tienes razón, no es asunto mío. —Dicho esto, bajó la cabeza y comió en silencio.
Zhou Xiang también agachó la cabeza para seguir comiendo, pero la cena lo dejó lleno de preocupación. Tenía el presentimiento de que su relación con Yan Mingxiu había comenzado a cambiar.
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