—Hoy tuvimos una eficiencia increíble. Interrogamos a Zhou Chuan, a Chen Pei y a los dos subordinados de este, arrestamos a la novia de Chen Pei y confiscamos una suma de dinero negro —dijo Cai Qiang con las piernas cruzadas—. En un rato llegará Peng Fei. La victoria está a la vista.
—Desde que lo atrapamos gravando en el bar “Cuarta perspectiva”, Zhou Chuan ha estado alerta —dijo Gong Yingxian—. Ya no usa su propia computadora para conversaciones importantes, sino que va a cibercafés, bibliotecas o lugares similares. Nos dijo que fuimos engañados por aquel post sobre el “intercambio de incendios”. Ese hilo al menos no tiene nada que ver con el caso del complejo residencial Wanyuan; a simple vista se nota que fue publicado por un novato, o puramente para alardear. Quien realmente pretende cometer un crimen jamás dejaría rastros de comunicación pública en Serafín.
—Entonces, ¿cómo se comunican? —preguntó Ren Yi con vacilación—. ¿Acaso nos equivocamos desde el principio y lo del complejo Wanyuan y el caso del auto incendiado no fueron un intercambio de incendios?
—Sobre si es un intercambio de incendios, me temo que tendremos que sacarle la verdad a Peng Fei —respondió Gong Yingxian—. Según Zhou Chuan, y el joven Tan descubrió algo similar hace poco, Serafín tiene un sistema interno de puntuación de lealtad para sus usuarios. Basándose en los años de registro, la actividad, la cantidad de dinero gastado, el grado de radicalismo en los comentarios, entre otros factores, reclutan a los usuarios en un nivel superior y mucho más oculto. Es la dark web dentro de la dark web; solo quienes están dentro de la organización conocen su existencia, y el propio Zhou Chuan nunca logró entrar.
—¿Y qué pruebas tiene Zhou Chuan para testificar contra Chen Pei? —preguntó Ren Yi.
—Zhou Chuan dice que Chen Pei, al igual que él, no padece de piromanía; ambos fueron “contratados” —intervino Cai Qiang, retomando la palabra—. Por alguien que se hace llamar “Llama Roja”.
—¿”Llama Roja”? —murmuró Qiu Yan—. Me he perdido de demasiado esta mañana. ¿”Llama Roja” es un miembro de la organización?
Cai Qiang asintió.
—Zhou Chuan cuenta que la mitad de la información que obtenía sobre los incendios provenía de los medios de comunicación, y la otra mitad se la pasaba este sujeto llamado Llama Roja. Llama Roja llegó a pagarle para que provocara un incendio, pero él no se atrevió, por lo que siempre se limitó a grabar y transmitir en vivo. Había escuchado el nombre de Chen Pei por boca de Llama Roja, aunque no sabía su nombre real ni lo conocía en persona; pero en cuanto atraparon a Chen Pei, ató cabos. Y cuando Chen Pei provocó el incendio, sin duda lo grabó en video, ya que así no solo cobraba su comisión, sino que podía vender la grabación a muy buen precio. El video de Chen Pei es la mejor evidencia.
—¿Y dónde está ese video? ¿Cómo se contactaba con Llama Roja?
—Quiere usar la información sobre Llama Roja para negociar una reducción de condena, así que por ahora se niega a hablar —explicó Cai Qiang—. En cuanto al video, seguro que Chen Pei lo tiene escondido en alguna parte, pues como la policía está investigando el caso en este momento, era obvio que esperaría a que pasara el peligro para venderlo.
—¿O sea que además tenemos que buscar la grabación? —dijo Ren Yi—. Eso es como buscar una aguja en un pajar.
Gong Yingxian sonrió con frialdad.
—Uno de los subordinados de Chen Pei ya confesó.
Ren Yi dio una palmada.
—¡Excelente!
—En el video, se puede ver que Chen Pei no esperaba que el fuego se saliera de control. Intentó evitar que las llamas se propagaran hacia el oeste, y entonces le sonó el teléfono —continuó Gong Yingxian—. Preguntó qué hacer porque el incendio era demasiado grande, y la persona al otro lado de la línea le indicó que cerrara la ventana y la puerta de las escaleras del lado oeste, y que mantuviera abiertas las del lado este. Durante la llamada, mencionó dos veces “2212”, es decir, el departamento de Peng Fei.
—¿Se puede rastrear el registro de llamadas?
—No, era un teléfono desechable.
—Con una evidencia así, Chen Pei ya no podrá negarlo.
—Nos enfrentamos a este tipo unas siete u ocho veces y siempre se hizo el desentendido —dijo Cai Qiang—. Esta vez, con pruebas irrefutables, por fin confesó. Dijo que recibió una suma de dinero en efectivo para que prendiera fuego a la basura acumulada frente a la puerta 2209, en un lugar y a una hora específicos. Pensó que, como era pleno día, el fuego sería extinguido con rapidez y nunca imaginó que se saldría de control. Luego, el cliente lo llamó de repente para preguntarle por la situación, le enseñó cómo controlar la carga de fuego y le ordenó estrictamente que por ningún motivo dejara que las llamas alcanzaran el 2212.
—Eso significa que Llama Roja estaba cerca —dijo Ren Yi, sumido en sus pensamientos—. A los pirómanos les gusta observar sus propias obras maestras desde los alrededores de la escena del crimen. Sin embargo… suelen preferir hacerlo con sus propias manos, porque lo que les otorga el mayor placer es el proceso de provocar el incendio. ¿Cómo le cedería a otro un proceso que se “disfruta” tanto? Este tal Llama Roja cumple en parte con el perfil de un pirómano, pero, por otro lado, no encaja.
—A mí también me desconcierta ese detalle; pero tengo una teoría —dijo Gong Yingxian.
—¿Qué teoría?
—¿Sabes qué es una llama roja?
Ren Yi se quedó perplejo.
—…Pues, fuego de color rojo. —De momento, no se le ocurría qué tenía de especial ese nombre.
A Qiu Yan se le iluminaron los ojos.
—¿Acaso te refieres a la temperatura y el color del fuego?
Ren Yi comprendió de golpe.
—¡Claro! ¡Las llamas rojas son las que tienen la temperatura más baja en un incendio!
—Exacto —afirmó Gong Yingxian—. La organización que menciona Zhou Chuan, de existir realmente, debe tener divisiones jerárquicas; eso es inevitable en cualquier estructura organizativa. Si asumimos que “Llama Roja” es un miembro de la base más baja, es muy probable que sus acciones estén dirigidas por personas de niveles superiores. Por lo tanto, no podemos usar su comportamiento para diagnosticar si padece piromanía.
Qiu Yan entrecerró los ojos.
—Cuando Chen Pei provocó el incendio, Llama Roja lo estuvo observando desde cerca todo el tiempo. Lo más seguro es que notara que el fuego se estaba descontrolando y por eso llamó a Chen Pei para advertirle que no dejara que alcanzara el 2212. ¿Y qué relación tienen Peng Fei y Llama Roja? Por las pistas que tenemos hasta ahora, es poco probable que sean la misma persona.
—Yo también creo que no son la misma persona —asintió Gong Yingxian—. Tanto Zhou Chuan como Chen Pei afirman que Llama Roja siempre mantenía un contacto unidireccional con ellos; no tenían forma de contactarlo de vuelta, por lo que resulta imposible rastrearlo. Chen Pei solía hacer trabajos sucios para otros; no sabe cómo Llama Roja consiguió su número, pero pagaba sin rodeos. Nunca lo vio en persona, solo está seguro de que es un hombre joven o de mediana edad.
—Y respecto a lo tuyo… —Ren Yi miró a Gong Yingxian—. ¿Chen Pei también se enteró por medio de Llama Roja?
Gong Yingxian negó con la cabeza.
—Sobre ese asunto, Chen Pei dijo que no hablará hasta que me vea. La capitana Qiu me pidió que, por ahora, no me encuentre con él para evitar que afecte el caso del complejo Wanyuan.
—Chen Pei es un criminal empedernido, no alguien a quien se pueda asustar con facilidad como Zhou Chuan —explicó Qiu Yan—. Sabe que no podrá librarse de la pena de muerte, pero aun así se aferra a ese secreto sin soltar prenda. Debe tener algún otro objetivo. Creo que en este momento no podemos permitir que confunda nuestra investigación.
—En fin, con estas pruebas, ya quiero ver cómo se defiende ese Peng Fei —resopló Cai Qiang con fuerza.
—Todo el asunto se está volviendo cada vez más claro, solo nos falta descubrir cómo se relacionó Peng Fei con Serafín o con esa misteriosa organización.
—Esperaremos a que nos lo diga él mismo en un rato —dijo Gong Yingxian con voz gélida.
Aunque a Ren Yi le habría encantado ver con sus propios ojos la reacción de Peng Fei al enfrentar esa evidencia, esa tarde iba a recibir la inspección de unos superiores, y al ver que ya casi era la hora, supo que debía apresurarse en volver.
Gong Yingxian lo acompañó hasta la puerta de la sala de reuniones.
—Vuelve a tu trabajo. Te llamaré por la noche para contarte los resultados.
—De acuerdo. —Ren Yi observó las ojeras ligeramente oscuras bajo los ojos de Gong Yingxian—. Asegúrate de descansar un poco. Resolver el caso es importante, pero también lo es tu salud.
—No pasa nada. Mientras más me acerco a la verdad, mejor me siento —respondió Gong Yingxian con voz grave—. A lo que nos enfrentamos podría no ser a uno o dos simples pirómanos, ni solo a un sitio web, sino a toda una organización criminal. Cada vez que pienso en eso, siento que dormir es una pérdida de tiempo.
Ren Yi le apretó el hombro a Gong Yingxian.
—No puedes pensar así. Primero, no estás solo; me tienes a mí, a mí y a… la capitana Qiu. Segundo, mientras más grande sea el problema, menos probable es que se resuelva de la noche a la mañana. No te presiones. Cada día conseguimos más pistas; la victoria le pertenece de forma absoluta a la justicia, nos pertenece a nosotros. No te apresures demasiado.
Gong Yingxian miró a Ren Yi.
—Como era de esperarse de un capitán, eres bastante bueno motivando a la gente.
—Sé hacer un montón de cosas —rio Ren Yi con descaro—. Tienes tiempo de sobra para irlas descubriendo poco a poco.
Gong Yingxian sonrió levemente y luego dudó un instante.
—¿Cuándo volverás a estar libre?
—¿Qué sucede?
—Para cuando volvamos a interrogar a Chen Pei. —Gong Yingxian apretó los labios—. Me gustaría que estuvieras allí también.
No es que le tuviera miedo a Chen Pei. Por mucho terror que le causara el fuego, estaba dispuesto a enfrentarlo, y mucho más si solo se trataba de una persona. Sin embargo, había descubierto que, cuando Ren Yi estaba a su lado, todo lo que enfrentaba le infundía más valor. Podía acercarse a la pesadilla de toda su vida por él; con Ren Yi presente, sentía que era capaz de lograr mucho más.
Ren Yi se alegró.
—Por supuesto. Cuenta con ello, allí estaré. —Una conmoción indescriptible brotó en su pecho. Esa sensación de ser valorado y de contar con la confianza de Gong Yingxian le hacía sentirse excepcionalmente firme y pleno.
El corazón de Gong Yingxian también se llenó de calidez.
—Entonces, nos vemos.
—Adiós.
Ambos se despidieron, pero ninguno movió un solo milímetro los pies. Siguieron mirándose sin pestañear, como si cada uno esperara a que el otro se diera la vuelta, reacios a ser los primeros en marcharse.
Para cuando se dieron cuenta de la situación, ambos se sintieron inexplicablemente cohibidos.
Ren Yi señaló hacia la puerta de la sala de reuniones.
—Tú… tú entra y sigue con lo tuyo.
—…Mm —asintió Gong Yingxian, y retrocedió hacia el interior de la sala.
Ren Yi se dio la vuelta, se apoyó contra la pared y, llevándose una mano al corazón, esbozó una sonrisa amarga. Antes creía que gustarle a alguien era un impulso hormonal, un deseo vehemente y una pasión rebosante que estallaba sin límites. Sí, todo eso era cierto, pero no fue hasta que conoció a Gong Yingxian que comprendió que, antes de llegar a eso, uno colocaba al otro en un pedestal inalcanzable, temeroso de perturbarlo. Entendió que hasta la mirada más casual le tocaba las fibras del alma, que el simple roce de un codo le alborotaba los pensamientos, y que el tono ascendente o descendente al final de una frase valía la pena sopesarlo una y otra vez.
Oh, este amor, tan cauteloso y frágil como el cristal.
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