Después de permanecer en el hospital otros dos días, Zhou Xiang se sentía bastante bien y realmente no quería quedarse allí por más tiempo, así que volvió a hablar con Chen Ying sobre su deseo de ser dado de alta.
Chen Ying le dijo que iría a preguntarle al médico.
Zhou Xiang se quedó esperando solo en la habitación. En la cama de al lado dormía un anciano que temía nunca volvería a despertar. A veces, cuando dormía en medio de la noche, pensar que había una persona recostada a su lado sin hacer el menor sonido resultaba bastante espeluznante.
En ese momento, la puerta de la habitación se abrió. Pensó que Chen Ying había regresado, pero para su sorpresa, entró un hombre de unos cuarenta años. En el instante en que vio a aquel hombre, Zhou Xiang se quedó de piedra.
¿Cai Wei?
Cai Wei también se quedó paralizado al verlo, y de inmediato exclamó sorprendido:
—Tú… ¿T-tú despertaste?
Zhou Xiang parpadeó, aún más conmocionado que el propio Cai Wei. Nunca imaginó que, a tan solo unos días de despertar, se encontraría con uno de sus viejos amigos.
Cai Wei acortó la distancia en un par de zancadas. El rostro de aquel hombre rudo estaba enrojecido por la emoción. Agarró a Zhou Xiang por los hombros con tanta fuerza que incluso le causó un poco de dolor, y exclamó emocionado:
—Hermano, no me conoces, pero yo sí te conozco. —Señaló hacia la cama de enfrente con la misma mano que sostenía una bolsa de comida—. Ese es mi padre. Lleva acostado ahí más de medio año, y cada vez que vengo te veo. Ay, a la edad de mi viejo es comprensible, pero tú eres tan joven… Si realmente te hubieras quedado postrado de por vida, tu madre habría estado acabada. Nunca pensé que de verdad despertarías, bien hecho. —Le dio unas fuertes palmadas en el hombro a Zhou Xiang, revelando una sonrisa franca.
A Zhou Xiang le temblaba el corazón. Agarró el brazo de Cai Wei, tan emocionado que no podía pronunciar palabra. Quería abrir la boca y llamarlo “Wei-ge”, pero, para el Cai Wei de ese momento, él no era más que un extraño que casualmente también se llamaba Zhou Xiang.
Cai Wei lo miró con cierta extrañeza:
—Hermano, ¿qué tienes? ¿Te sientes mal en alguna parte? ¿Quieres que llame a un médico?
—No, no es necesario. Este… tú… tú no te rindas, tal vez el señor también logre despertar algún día.
Cai Wei dejó las cosas del lado de su padre, se sentó en una silla y dejó escapar un suspiro.
—Ya no hay esperanza, un derrame cerebral a esta edad… Ahora solo lo mantenemos con vida. Verlo así, medio muerto, es doloroso para toda la familia, pero tampoco podemos quedarnos cruzados de brazos mirándolo morir. —Cai Wei le dirigió una mirada a su padre—. Pase lo que pase, al menos sigue vivo.
Su voz sonaba tan lúgubre y cansada que a Zhou Xiang le dejó un sabor amargo en el corazón. A Cai Wei no le iba mal en la industria; hacía trabajos bastante variados, era organizado y tenía amplios contactos. Muchos de los jóvenes recién debutados dependían de su favor, por lo que los ingresos de Cai Wei se consideraban bastante buenos. Sin embargo, mantener a su esposa e hijo mientras también cuidaba de su anciano padre, con los gastos de hospitalización acumulándose día a día, resultaba una carga verdaderamente pesada. Apenas habían pasado dos años, pero Zhou Xiang sentía que Cai Wei había envejecido mucho más que antes.
Zhou Xiang quería decirle un par de palabras de consuelo, pero temía que hablar demasiado delatara algo. Decir que dentro de ese cuerpo vivía otra persona era algo que nadie en su sano juicio creería.
Cai Wei lo observó en silencio por un par de segundos, dejó escapar un profundo suspiro y se frotó la cara, dejando al descubierto una expresión cargada de dolor.
Zhou Xiang preguntó con cautela:
—¿Qué sucede?
—Zhou Xiang —lo llamó Cai Wei. El tono de su voz era exactamente el mismo de antes, y el corazón de Zhou Xiang se estremeció—. ¿Sabes? Yo antes tenía un hermano que también se llamaba Zhou Xiang. Si estuviera vivo, este año cumpliría treinta y cinco… Era muy joven, muy leal, un hermano excepcional. —El rostro de Cai Wei formó una expresión a medio camino entre la risa y el llanto, y su voz se quebró ligeramente—. Tu madre me contó que tuviste el accidente hace dos años, ¿verdad? Ese hermano mío también tuvo un accidente hace dos años, solo que tú despertaste, y a él… ni siquiera le pudieron encontrar el cuerpo. Aquel trabajo se lo había conseguido yo… —Cai Wei sorbió por la nariz—. Si no fuera por mí…
No fue capaz de pronunciar el resto de la frase, pero su culpa y su tristeza parecían haberse fundido en el aire, provocando en Zhou Xiang una sensación de opresión indescriptible.
Sintió unas inmensas ganas de darle un buen golpe a Cai Wei y regañarlo por decir tantas tonterías. ¿Qué tiene que ver mi muerte contigo? Cuando ofendió a Wang Yudong, quedó claro que ya no podía seguir sobreviviendo en la industria. Solo Cai Wei pensó en él, desgastándose los labios para conseguirle un puesto en un equipo de producción e ir a las Cien Mil Montañas a grabar un documental. Toparse con ese pésimo clima había sido pura mala suerte suya. Si de verdad hubiera muerto, habría sido el fin de todo, pero al haber vuelto a la vida y descubrir que Cai Wei se culpaba incesantemente por su muerte, se sintió incluso peor que el propio Cai Wei.
Cai Wei no solía ser el tipo de persona que hablaba tanto frente a un extraño, pero en ese momento había perdido un poco el control de sus emociones, ya que el joven frente a él había removido viejos recuerdos y sacado a flote demasiadas penas. Sintiéndose algo avergonzado, se apresuró a aclararse la garganta.
—No le tomes mucha importancia, solo recordé cosas del pasado. Este… me llamo Cai Wei. Si no te molesta, llámame Wei-ge. Tenemos bastante afinidad, así que de ahora en adelante cuidémonos mutuamente.
Con la voz temblando ligeramente, Zhou Xiang lo llamó “Wei-ge”. Cuánto habría deseado arrastrar a Cai Wei a algún pequeño restaurante cerca del hospital, pedir varios platos, conseguir un par de litros de licor blanco y beber con él hasta el hartazgo, tal como hacían en el pasado. Cuando estaban en la escuela de deportes, Cai Wei siempre lo cuidaba. Después de graduarse, al no poder encontrar un buen trabajo, Zhou Xiang tuvo la desfachatez de buscar a Cai Wei, y fue él quien le organizó empleos como asistente de producción para que hiciera todo tipo de recados en diferentes sets de filmación. Solo así, más adelante, pudo empezar poco a poco a trabajar como doble de acción para otros, obteniendo buenos ingresos. Ellos dos siempre habían sido los que mejor se entendían; en el corazón de Zhou Xiang, Cai Wei era prácticamente como su hermano de sangre.
Cai Wei soltó una carcajada.
—Te seré sincero, pero no le des demasiadas vueltas —dijo—. Me transmites una sensación muy cercana, muy familiar. No sé si será porque tú también te llamas Zhou Xiang, pero, de todos modos, siento que te pareces un poco a él.
Zhou Xiang también sonrió. ¿Cómo iba a saber Cai Wei que él y aquel Zhou Xiang eran la misma persona?
Justo mientras hablaban, Chen Ying regresó.
—Xiao-Cai, viniste a ver a tu padre.
—¡Ay, tía Chen! ¿Por qué no me avisó que su Zhou Xiang había despertado? ¡Tenemos que celebrarlo a lo grande! ¿Cuándo le dan el alta? Los llevaré a comer.
—Ay, estás tan ocupado con tu trabajo, ¿cómo te vamos a molestar con eso?
—¿Cuál molestia? Usted siempre ayuda a los enfermeros a cuidar de mi papá. Ese favor de verdad que no podría pagárselo ni en una vida entera.
—No digas eso. Igual no tengo nada más que hacer, en cambio, tú tienes que ganar dinero para mantener a tu familia; no te puedes comparar con una ociosa como yo. Deja de decir esas formalidades y, cuando tengas tiempo, ven a visitar más seguido a tu papá. Tal vez el viejo también logre despertar algún día.
Cai Wei sonrió.
—Así es, tal vez se nos pegue un poco de su buena suerte.
El rostro de Chen Ying brilló de manera evidente; su persona entera irradiaba alegría.
—Xiao-Cai, ven, come un poco de fruta.
Los tres se sentaron a charlar por un rato. Cai Wei se quedó poco más de una hora; le cambió la ropa a su padre, le arregló el cabello y luego se marchó.
Después de que se fue, Chen Ying le dijo a Zhou Xiang:
—No lo dije frente a él para no importunarlo, pero el médico dijo que mañana mismo podrás ser dado de alta.
Zhou Xiang respondió alegremente:
—Qué maravilla.
—Voy a empacar las cosas. Descansa bien, mañana por fin volveremos a casa.
Zhou Xiang le dijo en voz baja:
—Mamá, has trabajado duro.
Chen Ying sonrió y le acarició el cabello, ahora un poco largo.
—Ahora que has despertado, cualquier sufrimiento ha valido la pena.
A la mañana siguiente, se levantaron temprano, listos para ir a tramitar el alta médica. Para su sorpresa, apareció Cai Wei.
Cai Wei les habló con una sonrisa:
—Tía Chen, eso no se hace. ¿Cómo le van a dar el alta y no me avisa? Tuve que ir a preguntarle al médico por mi cuenta. No se diga más y no intente ser cortés conmigo; hoy vine a hacerles los recados y a celebrar su regreso.
Chen Ying se sintió muy avergonzada y pronunció algunas frases de cortesía, pero, al no poder resistirse al entusiasmo de Cai Wei, terminó aceptando.
Cai Wei corrió de un lado a otro haciéndose cargo de los trámites del hospital, mientras Zhou Xiang subía todas las cosas a su auto. Luego de haber estado internado dos años, recibir el alta era prácticamente como mudarse; de no ser por el vehículo de Cai Wei, se habrían visto envueltos en un buen apuro.
Después de atarearse durante toda la mañana, terminaron agotados. A Chen Ying le preocupaba el estado de salud de Zhou Xiang, aunque, en realidad, a él no le pasaba absolutamente nada. Se sentía lleno de energía; aquel cuerpo había estado postrado durante dos años enteros, por lo que lo que menos necesitaba ahora era descansar, sino entrar en actividad.
Cai Wei arrastró a madre e hijo a un restaurante de comida cantonesa bastante lujoso. Al ver el auto nuevo de Cai Wei y presenciar sus ostentosos despliegues, Zhou Xiang supo que le había ido muy bien en los últimos dos años, y se alegró genuinamente por él.
Zhou Xiang tampoco anduvo con rodeos y empezó a comer mientras conversaba.
Chen Ying no tenía mucho en común con ellos, así que, tras unas pocas palabras, guardó silencio, dejando a los dos hombres charlando solos. Después de hablar un rato, Cai Wei comenzó a mirarlo con ojos extraños.
El corazón de Zhou Xiang dio un vuelco.
—¿Qué sucede?
—De verdad me das una vibra… muy parecida a la de alguien que conozco, ¿a qué se deberá?
Zhou Xiang se apresuró a repasar sus palabras mentalmente para confirmar si había dicho algo indebido. Había tratado de ser lo más cuidadoso posible, así que supuso que no. En consecuencia, soltó una carcajada.
—¿No fue Wei-ge el que dijo que teníamos afinidad?
Cai Wei sacudió la cabeza y sonrió.
—Es verdad. Estoy dándole demasiadas vueltas, pero ¿quién te manda a tener exactamente el mismo nombre y apellido que aquel hermano mío? —Luego de decir eso, suspiró una vez más.
Ante el temor de que volviera a perderse en los recuerdos del pasado, Zhou Xiang se apresuró a servirle una copa de licor.
—Vamos, Wei-ge, bebe.
Tras un par de rondas, los rostros de ambos hombres se tornaron rojizos.
Cai Wei le preguntó:
—Zhou Xiang, ¿qué planes tienes para el futuro?
—Buscar trabajo, supongo.
—¿A qué te dedicabas antes?
La pregunta realmente tomó a Zhou Xiang desprevenido. Giró la cabeza hacia Chen Ying y le preguntó:
—Mamá, ¿a qué me dedicaba antes?
Cai Wei se dio una palmada en la frente.
—Oh, lo había olvidado, no logras recordar nada. Entonces, ¿todo lo que estudiaste antes fue en vano?
—Así parece, ¿no?
Quién sabe qué habrá cruzado por la mente de Chen Ying, pero su semblante se ensombreció un poco.
—Antes te dedicabas a sacar fotografías para revistas o ibas a exposiciones de autos para trabajar de modelo o algo así —explicó ella—. Decías que querías ser una estrella e incluso te inscribiste en no sé qué clase de capacitación. En aquel entonces te supliqué que fueras realista, pero no me hiciste caso, ay… —Chen Ying dejó escapar un suspiro y, como si se hubiera dado cuenta de que no debió hablar tanto, agachó la cabeza para seguir comiendo.
Zhou Xiang parpadeó, anonadado. Nunca habría imaginado que el dueño anterior de ese cuerpo albergara sueños de estrellato. Las condiciones físicas del chico no estaban nada mal, pero Beijing estaba plagado de jóvenes apuestos; de ninguna manera se lo podría considerar un caso excepcional. Si no poseía ninguna habilidad sobresaliente, la posibilidad de hacerse famoso era prácticamente nula. Habiendo pasado tantos años en la industria del entretenimiento, Zhou Xiang había visto a innumerables muchachos con talentos formidables que, al final del día, terminaron abandonando la escena en el más absoluto anonimato. Para ser famoso, incluso teniendo todo a tu favor, sin suerte no lograbas nada.
Cai Wei sonrió.
—Conque querías ser una estrella. Bueno, resulta que esa es mi especialidad. Este hermano puede ayudarte con eso.
Chen Ying levantó la cabeza.
—No es buena idea. Mucha gente quiere ser estrella, pero ¿cuántos de verdad lo logran? Sería mejor que se buscara un trabajo formal sin causar alborotos.
Zhou Xiang también asintió en señal de acuerdo.
—Wei-ge, no quiero ser una estrella. Soy muy consciente de que no cumplo con los requisitos. Sé que formas parte de una agencia de talentos, así que, si de verdad quieres ayudarme, consígueme algún trabajito en tu compañía; ya sea como asistente de producción o lo que sea, estoy dispuesto a hacer de todo.
Cai Wei asintió.
—Por supuesto, no hay problema. Nuestro jefe hace poco compró otra agencia de modelos e instaló un estudio de más de mil metros cuadrados en la Sexta Avenida. Hay mucho trabajo de sobra; mientras no le tengas miedo a sudar la gota gorda, no tendrás ningún problema para mantenerte a ti y a tu madre.
Zhou Xiang asintió con determinación.
—En ese caso, te lo agradezco mucho, Wei-ge.
Tal como había imaginado, Cai Wei estaba dispuesto a conseguirle un empleo. En este momento, no conocía a nadie, así que tener la posibilidad de generar ingresos de forma inmediata era justo lo que anhelaba desesperadamente. Si hubiera muerto habría sido el fin de la historia, pero, si estaba vivo, tenía que encontrar la manera de seguir viviendo.
Chen Ying abrió la boca, pero al ver que Zhou Xiang ya había tomado una decisión, optó por no decir nada más, limitándose a revelar una mirada cargada de preocupación.
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