Acabar con el Gran Tiburón Blanco

—¿Y entonces?

—Entonces, siente bien esta pista durante las prácticas libres. Cuando empiece la carrera, no tengas ninguna duda, confía en tus instintos.

—Bien. —Hunter asintió.

—Ve.

—Oh.

—Te veré irte.

—¡No necesito que me despidas con la mirada!

—¿Y de quién es la culpa de que en la pista siempre veas mi espalda?

—¡Mierda! ¡Esta vez de verdad te voy a rebasar! ¡Si no, no estaré satisfecho! —Hunter le levantó el dedo medio al otro.

—Ve. —Winston levantó la barbilla.

Hunter se dio la vuelta, alejándose de él paso a paso.

Pero su corazón se sentía muy lleno.

Apenas volvió a presentarse con la escudería, Marcus lo abrazó de golpe.

—¡Me preocupaba que te quedaras dormido en el avión y que el vuelo te llevara de regreso a Dubái!

Los demás miembros del personal también soltaron carcajadas.

Hunter sacó apresuradamente los regalos que había preparado para repartirlos a todos. Marcus, al recibir una corbata, incluso derramó lágrimas de viejo.

—De verdad nunca pensé que llegaría el día en que me trajeras un regalo. El gusto de esta corbata es realmente bueno…

—Winston te la eligió.

—¡Ya decía yo que no parecía de tu gusto! —Marcus se acercó y le preguntó en voz baja a Hunter—: Dime la verdad, ¿acaso Winston quiere robarte para Ferrari?

—¡No! ¿Acaso entre pilotos solo puede haber competencia y no amistad? —dijo Hunter con rectitud.

Le dio los snacks que había traído a Shen Xi, quien sin dudarlo le dio un abrazo de oso a Hunter.

—La pista de Austin será un paso más alto. —Shen Chuan llegó frente a Hunter con una sonrisa y le extendió un puño.

Hunter entendió de inmediato el significado de las palabras de Shen Chuan.

La pista de Austin requería que el monoplaza tuviera un rendimiento de carga aerodinámica muy fuerte, y Shen Chuan seguramente tenía mucha confianza en este aspecto para decírselo así a Hunter.

—Bien, en esta parada… ya sea Owen, Charles o Winston, veremos si logro derribar a alguno.

Hunter extendió su puño y lo chocó con el de Shen Chuan.

Las prácticas libres comenzarían recién tres días después; en estos días, Hunter continuaría con sus ejercicios básicos de acondicionamiento físico y trataría de ajustarse a la diferencia horaria.

Después de cenar, Hunter salió a dar un paseo cerca de la pista de Austin. Quería sentir la temperatura y las corrientes de aire cerca del circuito, e imaginar los gritos de los espectadores.

—¿Eh, Hunter? ¿No esperaba encontrarte por aquí?

Al escuchar la voz cargada de diversión, Hunter se giró y vio a Lawrence Owen.

Bajo el manto de la noche, su hermoso rostro tenía un vago aire de misterio.

—¡Vine a dar un paseo! —Hunter se encogió de hombros.

—Al menos soy tu maestro, ¿no podrías ser un poco más respetuoso conmigo? —Owen se acercó, apoyando un brazo sobre los hombros de Hunter.

—¿Y todavía lo dices? ¡Esas cosas que me enseñaste o son inútiles o me hacen quedar en ridículo! —Hunter apartó el brazo de Owen.

—¿Cómo que inútiles? A mí me parecen bastante útiles. Es solo que te falta experiencia y aún no notas los efectos.

Hunter no sabía de dónde sacaba Owen tanta confianza.

Owen bajó la cabeza y luego levantó la mano de Hunter.

—¿Un reloj nuevo?

—No, Winston… me lo cambió.

Al mencionar eso, Hunter todavía se sentía avergonzado por el ridículo que había hecho.

—¿Te lo cambió? ¿Cómo estuvo eso?

—Pues en el Dubai Mall, yo quería regalarle un reloj, pero cuando ya lo había comprado y se lo estaba entregando, ¡me di cuenta de que él tenía uno igualito en la muñeca!

—¿Dices que te gusta Van Winston y ni siquiera sabes qué reloj lleva puesto? —Owen miró a Hunter con una expresión de no tener remedio.

—Es que no me interesan los relojes… —Hunter torció la boca.

—Entonces, ¿qué pasó después?

—Después dije que lo iba a devolver y cambiar por otro modelo. Winston dijo que no hacía falta, que me daba el suyo y él usaría el que yo compré.

En ese momento, Hunter notó que la expresión de Owen al mirarlo era distinta; sorprendentemente, mostraba un rastro de reconocimiento y admiración.

—¡Hunter, ah, Hunter! ¡Esa táctica tuya fue realmente brillante! Para un hombre, un reloj que ha usado por mucho tiempo es más valioso que un anillo de bodas. Si Winston te cambió su reloj, ¿no te parece que fue como intercambiar anillos de bodas? —Owen presionó con fuerza el hombro de Hunter.

A decir verdad, sin que Owen se lo mencionara, en ese momento Hunter también había sentido que se parecía un poco a eso.

—¿Todavía no tienes la suficiente confianza? Ese sujeto de Winston definitivamente está interesado en ti, de lo contrario no habría aceptado tu reloj.

El corazón de Hunter se llenó de alegría.

—Entonces, ¿qué hago ahora?

—¡Sigue así! Después de la carrera de esta parada, pon más esfuerzo. —Owen abrazó por los hombros a Hunter—. De repente siento que este estudiante tonto mío no carece de talento en realidad.

—Sí, me esforzaré después de la carrera. Ahora lo más importante sigue siendo la competencia.

—Mocoso, ¿y ahora qué estás planeando?

—Nada. Si Winston te desplaza, ten cuidado de que no te devore. —Hunter sonrió y, metiendo las manos en los bolsillos, caminó hacia su hotel.

—Este chico de verdad es… cada vez más odioso.

Cuando Hunter vio las puertas del hotel, de repente alguien lo llamó.

—¡Hunter!

Hunter se dio la vuelta y vio a una silueta de pie contra la luz de las farolas.

—¿Quién es?

Si fuera un periodista, Hunter no recordaba a muchos.

—Tú… ¿no te acuerdas de mí?

Cuando esa persona caminó hacia la luz, Hunter lo reconoció.

—¡Eres Merlín, con quien fuimos juntos… a correr por las dunas! ¿Qué haces aquí? —se sorprendió Hunter.

—Vine a ver la carrera, por supuesto. —Merlín parecía un poco emocionado—. ¿Este es el hotel donde te hospedas?

—Ah… sí… he oído que la escudería Marcus siempre se hospeda aquí cada año, sin falta. —Hunter le dedicó una gran sonrisa.

—De verdad estoy muy feliz de que recuerdes mi nombre. Tienes tantos fans… y pensar que te acordarías del mío… —Merlín se agitó visiblemente.

No… tal vez, más que agitación, ¿era excitación?

—Bueno… la verdad es que no tengo muchos fans… jajaja…

De pronto, recordó lo que Winston le había comentado sobre Merlín anteriormente. Estando solo, Hunter sintió un pánico inexplicable; trató de mantener la sonrisa y dijo:

—Ya es un poco tarde, me voy a dormir.

—Oh… por supuesto.

—Entonces disfruta de la carrera.

Hunter se dio la vuelta y entró al hotel. Solo cuando estuvo dentro del ascensor dejó escapar un suspiro.

Y luego pensó que estaba siendo ridículo.

No había sido asustado por Merlín, sino por Winston.

Pronto llegaron las prácticas libres.

Cada minuto y cada segundo en la pista eran cruciales para Hunter.

Tenía que comprender ese circuito, memorizar cada curva, cada ondulación, y aprovechar cada oportunidad para rebasar.

Y para el equipo de ingenieros liderado por Shen Chuan también era un momento de tensión; debían considerar otros ajustes en función de los datos que mostraran el piloto y el monoplaza.

Como de costumbre, al terminar cada sesión de práctica, Hunter buscaba un rincón para fumar su cigarrillo.

Y Winston, como si lo supiera todo, siempre lograba encontrarlo.

—De repente siento que este juego de las escondidas ya no tiene ninguna gracia. Siempre logras encontrarme… —Hunter, con el cigarrillo en la boca, echó la cabeza hacia atrás y suspiró con resignación.

—La próxima vez podrías fumar en un lugar más visible. —Winston se sentó a su lado.

Hunter pareció recordar algo y, girando la cabeza hacia Winston con una sonrisa pícara, dijo:

—A decir verdad, me gusta bastante la pista de Austin. En especial sus subidas y bajadas, sus ondulaciones.

—Niño. —Winston extendió la mano para quitarle el cigarrillo que Hunter tenía en los labios.

Pero Hunter ladeó la cabeza con inconformidad.

—¡No te fumes el cigarrillo de un niño!

Sin embargo, Winston le sujetó la mejilla con una sola mano y, deslizando sus dedos, tiró suavemente de su labio inferior.

Hunter quería gritar falta, pero al relajar la mandíbula, Winston le quitó el cigarrillo.

—Si la pista de Austin tiene subidas y bajadas, ¿te fascina tanto? —preguntó Winston.

Se llevó a los labios la colilla que aún conservaba las marcas de los dientes de Hunter, dio una suave calada y exhaló el humo.

—¡Es como revolcarse en las sábanas! —exclamó Hunter, fulminándolo con la mirada.

—Oh… —La voz de Winston se alargó ligeramente—. ¿Del tipo en que te sientas sobre mí?

—¡Sí! Sentado…

¡Sí, un demonio!

Las comisuras de los labios de Winston ya se habían curvado en una sonrisa.

¡Hunter estaba supremamente insatisfecho!

Se suponía que él iba a seducir a Winston, ¿cómo es que este sujeto le dio la vuelta a su táctica otra vez?

¡Ya no quería jugar!

Hunter se puso de pie para irse, pero Winston levantó la mano y lo sujetó con firmeza por la pantorrilla.

—¿Ya no quieres tu cigarrillo?

—¡No, fúmatelo con calma!

La mano de Winston lo soltó y, de hecho, se quedó allí fumando con calma.

Hunter giró la cabeza y se marchó.

¡Así no iba a funcionar!

La próxima vez que intentara tenderle una trampa a este tipo, debía pensarlo con detenimiento, esperar la oportunidad correcta para atacar y, de ninguna manera, dejar que le aplicara la táctica a la inversa.

A la una de la madrugada de ese mismo día, después de terminar las tres rondas de prácticas libres, comenzó la clasificación.

Sentado en su monoplaza, Hunter cerró los ojos, recordando sin cesar todos los puntos clave de la pista de Austin.

Al abrir los ojos, Shen Chuan estaba a su lado.

—Hunter, nosotros siempre estamos a tu lado. Ya lo sabes, cada una de tus carreras es la base para que sigamos avanzando.

—Lo sé.

Hunter asintió.

Las gradas de la pista de Austin ya estaban casi hirviendo de emoción.

Desde el principio, cuando esos sonidos le molestaban e irritaban, hasta el día de hoy, cuando era capaz de bloquear por hábito cualquier ruido que lo distrajera, comprendió que su autocontrol se había vuelto cada vez más fuerte.

La competencia en la clasificación seguía estando llena de pólvora. Owen dominó en la Q1; sus hábiles entradas y salidas en las curvas, incluso en una pista como la de Austin, no se vieron afectadas en su fluidez en absoluto. Tanto así, que las tomas aéreas del helicóptero lo hacían ver como si estuviese navegando por el océano.

Los tiempos de vuelta de Charles y Winston estaban a la par, y ambos representaban una gran amenaza para Owen. Sin embargo, antes de que terminara la Q1, el tiempo de Hunter continuó mejorando, estabilizándose justo detrás de ellos dos.

Con el inicio de la Q2, la competencia se volvió aún más evidente. Aunque era una pista sin humo de pólvora, le daba a los espectadores la sensación de que las llamas de la guerra los envolvían. A la mitad de esta segunda ronda de clasificación, Owen fue rebasado por Charles, pero hacia el final, Winston sobrepasó a Charles, asegurando temporalmente el primer puesto.

Al llegar a la Q3, las posiciones del top tres seguían cambiando y el público estaba increíblemente tenso.

Hunter entrecerró los ojos y, exigiendo sin reservas el rendimiento del monoplaza, ¡logró rebasar a Owen, que iba en el tercer puesto! Aunque no pudo sostener esa posición por más de dos vueltas antes de que Owen lo alcanzara, igual hizo que la escudería Marcus se emocionara bastante.

Al terminar la clasificación, Winston se llevó la pole position, Charles quedó en el segundo, Owen en el tercero, y Hunter conservó la cuarta posición atrayendo la atención de los medios; ya nadie podría justificar el desempeño de este joven piloto llamándolo suerte.

Y la escudería Marcus también subió de categoría; antes incluso de que terminara la carrera, ya habían recibido una notificación del Grupo Niki sobre el aumento de sus patrocinios.

Pero Hunter no se sentía para nada relajado con su resultado en la clasificación.

Se quedó sentado en silencio, bebiendo agua y escuchando el análisis del ingeniero técnico.

Al comparar los tiempos de vuelta durante la clasificación, supo que Owen y los demás, quienes estaban más familiarizados con la pista —o, mejor dicho, con el estilo de esos desniveles—, estaban efectivamente un paso por delante de él.

Esa ventaja parecía sutil, como si pudiera perforarse con un solo toque, pero Hunter tenía muy claro que, para romperla de verdad, no bastaba con solo esforzarse.

Quizás, como le había dicho Winston antes de la carrera, tenía que confiar en sus instintos.

Si quería acabar con enemigos más fuertes que él, tendría que ser más letal que ellos.

—Hunter… si en esta logras mantener el cuarto lugar…

Marcus aún no había terminado de hablar cuando Hunter le metió un panecillo en la boca para callarlo.

—¿Mantener mi posición? Detrás de mí están Enzo de Lotus, Duchenne de McLaren, Penny de Renault, Donald de Sauber… cualquiera de ellos… con solo relajarme por un segundo me aplastarán los hombros para pasar al frente… Marcus, ya no estamos en la etapa de intentar mantener algo.

Los ojos de Hunter se clavaron en Marcus.

Esa mirada no poseía una simple pasión; al contrario, estaba muy serena.

Conocía su posición, entendía su situación e incluso tenía totalmente claros quiénes eran los adversarios detrás de él que esperaban la oportunidad para sobrepasarlo en cualquier momento.

—Sí… no somos únicamente perseguidores, también somos el objetivo de otros. —Marcus extendió la mano y le apretó el hombro a Hunter, devolviéndole la mirada con igual intensidad—. Desata todas tus habilidades al máximo. Si te vuelves loco, nosotros nos volveremos locos contigo.

—Gracias, esto es lo que necesitaba.

Hunter comenzó a reír.

Marcus se sintió aturdido; ¿desde qué momento su propio crecimiento no había podido seguirle el ritmo a este mocoso?

No… no… no, ¿cómo podrían esta técnica y determinación pertenecerle a un niño?

Evan Hunter ya era un hombre que sabía perfectamente cuál era su objetivo.

En ese momento, Owen de Red Bull se estiraba perezosamente en su asiento.

—Ah… ¡qué molesto!

—¿Qué sucede? ¿Es porque Van Winston te arrebató la pole position, o porque Charles quedó frente a ti otra vez? —le preguntó el ingeniero técnico de la escudería, acercándose con una sonrisa.

—No, me molesta que Evan Hunter esté justo detrás de mí.

Owen frunció el ceño y entrecerró esos hermosos ojos verdes.

Apoyó la barbilla sobre sus manos, moviendo su pie derecho de un lado a otro sobre el suelo.

—¿Estás nervioso? No puede ser… Owen…

—Ese chico quiere arrollarme —afirmó Owen.

—Los resultados en la Fórmula 1 nunca tienen variables absolutas para empezar. Pero tu experiencia y tus habilidades superan las suyas…

—No lo entiendes. En términos de técnica de conducción, ninguno de los pilotos que están corriendo frente a él puede garantizar que sea mejor. Pero una vez que este chico fije la vista en su objetivo, no te dejará respirar hasta el último segundo.

—¿Entonces?

—Entonces tengo que agradecer su existencia. Es precisamente por él que debo adelantarme; le dejaré la presión a otro. —Owen curvó las comisuras de sus labios en una sonrisa.

Bajo las expectativas de miles de personas, llegó la carrera principal a la pista de Austin.

El sol de las nueve de la mañana no deslumbraba demasiado, de hecho, se sentía un tanto apacible.

Y justo bajo esta suave luz, estaba por desatarse la matanza sobre el circuito.

Los monoplazas de las diferentes escuderías se colocaron en sus posiciones, mientras los espectadores aguardaban el inicio de aquel frenesí de extrema velocidad.

Cuando se apagaron las cinco luces, Winston, quien había conseguido la pole position, fue el primero en lanzarse, atravesando la primera curva ascendente con un ímpetu inigualable.

Charles tomó la curva sin ninguna vacilación, al igual que Owen.

Hunter los siguió de cerca, agudo y sereno, sin dejar que lo alejaran en lo más mínimo.

Mientras tanto, detrás de él todo parecía una pelea campal; Penny y Ducceni lo seguían muy de cerca, y ambos tenían a Hunter como objetivo.

¡No pienses en los chacales que tienes a la espalda, mira a los leones que están al frente!

Apenas en la primera curva de baja velocidad, Owen ya podía sentir a Hunter pisándole los talones.

Este mocoso realmente se había vuelto más osado que antes, ¡y lo que le permitía ser tan atrevido era, sin duda, su creciente confianza técnica!

Tras varias vueltas seguidas subiendo y bajando la colina, tales desniveles exigían un poder de frenado mucho mayor al tomar las curvas; pero las maniobras de Hunter eran tan precisas que Owen sentía como si fuera una sombra de la que no podía deshacerse.

Para sacudirse aquella sombra, durante las diez primeras vueltas, Owen comenzó una intensa y afilada contienda contra Charles.

Cuando Owen logró rebasar a Charles en la duodécima vuelta, la ferocidad entre los dos monoplazas fue tal, que incluso hicieron saltar chispas contra el asfalto. Owen salió liderando la curva; aunque su ventaja no era evidente, supo valerse de una asombrosa línea de carrera para arrebatarle por completo cualquier oportunidad de contraataque a Charles.

En ese momento, Owen dejó salir un suspiro, acelerando a fondo en la recta.

—¡Querido Charles, te dejaré disfrutar del sabor de Evan Hunter!

Ahora, Owen debía centrar todas sus fuerzas en asediar al monoplaza rojo que estaba al frente.

Hunter entró a boxes para el cambio de neumáticos. Después de que el equipo lo realizara con pulcritud, Hunter quedó temporalmente rezagado frente al Renault de Penny.

Dos o tres vueltas después, Hunter comenzó una poderosa arremetida.

La conducción defensiva del reconocido Penny fue quebrantada por Hunter; el primero casi comete un error en su trazado que lo habría mandado a la zona de escape, mientras Hunter superaba a Penny, deslumbrante como si dibujara lunas y estrellas, y se abalanzaba tras Charles.

¡Maldición… otra vez este mocoso! maldijo Charles en su mente.

Pronto los dos monoplazas comenzaron un choque en las curvas. Charles giró el volante con fuerza, amenazando majestuosamente con acorralar a Hunter fuera de la pista; no obstante, Hunter soportó la presión, y no solo evitó colisionar con Charles, sino que, mediante una magnífica línea de carrera, mantuvo su distancia pegado detrás de él.

En ese instante, Charles entendió que este muchacho ya no era el mismo que en la parada de Abu Dabi.

Con cada carrera, al parecer lograba asimilar algo nuevo, y todos ellos estaban destinados a convertirse en los nutrientes que él absorbía.

En la sucesión de curvas del S1, Hunter ejecutó otra maniobra para rebasar a Charles.

Esta vez, Charles incluso contuvo la respiración en su garganta; sabía que no podía permitirse el lujo de equivocarse. Ambos monoplazas se alternaban posiciones y, al llegar al primer vértice, pareció que Hunter sobrepasaría a Charles, pero este logró recuperarse, continuando líder tras salir de la curva.

Fue en ese momento que Charles comenzó a reír; hacía muchísimo tiempo que no aparecía un oponente con tanta sangre en las venas.

Para ser honestos, después de competir constantemente contra Owen y Winston, Charles ya estaba un poco harto.

El asedio de Hunter hizo que su adrenalina se elevara; era como si regresara a los años en que recién ingresaba a la Fórmula 1.

Mientras tanto, más adelante, Owen logró superar a Winston con éxito en la curva uno, solo para ser adelantado nuevamente por Winston en la misma curva dos vueltas después. Su contienda mantenía a los espectadores bañados en sudor frío, sin siquiera atreverse a respirar.

No lograba comprender la razón de por qué, a pesar de haber fracasado varias veces en sus intentos de rebasar a Charles, Hunter no se sentía desanimado en absoluto; al contrario, cada intento le otorgaba aún más confianza.

—Su estado es estupendo… —dejó escapar Marcus, en un suspiro.

Hunter y Charles entraron a boxes, uno detrás del otro; y ambos aceleraron con todo al salir. El objetivo de Charles era Owen, pero Hunter volvía a posicionarse firmemente justo a las espaldas de Charles.

Los dos monoplazas se batieron en duelo una vez más en la primera curva. El público observaba con el corazón en un puño, temiendo que fuesen a colisionar, pero Hunter y Charles tenían muy claro que aquello no sucedería.

Tomaron la salida de la curva, consecutivos y manteniendo una distancia paralela, veloces como si estuvieran a punto de volar; una maniobra que arrancó alaridos frenéticos por todo el circuito.

Ya no quedaban muchas vueltas. Hunter entrecerró los ojos.

De acuerdo, Charles. Ya me he adaptado a ti en todas estas vueltas, ¡vamos a ponerle algo de intensidad a esto!

Al llegar a una curva lenta, Hunter inició una batalla de frenado con Charles; ambos eran tipos a los que no les importaba arriesgar la vida, y pisaron el freno casi al unísono. Tal confrontación se prolongó a lo largo de tres curvas. Sin embargo, en la antepenúltima vuelta y a la salida de una curva, cuando parecía que Hunter había pisado demasiado el arcén y estaba destinado a salir expulsado hacia la zona de amortiguación, maniobró enérgicamente. Al mismo tiempo, el monoplaza de Charles también se acercaba al límite del control y se apoyaba en sus excelentes reflejos para regresar a la línea de carrera. Casi nadie pudo comprender con exactitud qué había sucedido, incluyendo al mismo Hunter; siguiendo puramente su instinto, utilizó una trazada soberbia para pasar frente a Charles —quien aún estaba rectificando su rumbo—, levantando una nube de polvo mientras aceleraba.

Los espectadores se pusieron de pie para gritar a todo pulmón.

¡Marcus apretó los puños y abrió la boca de par en par!

Pero a Hunter le parecía que no había sentido absolutamente nada, avanzando en línea recta hacia adelante.

Con tan solo dos vueltas restantes, Charles se dispuso a alcanzar a Hunter.

La contienda entre los dos proseguía, pero Hunter controló la línea de carrera con total perfección, ¡y logró cruzar la meta siguiéndole el ritmo a Owen en todo momento!

—Oh… ¿Consiguió el tercer puesto? ¿Acabó con el gran tiburón blanco, Charles? —Marcus volvió el rostro, atónito, para observar al ingeniero a su lado.

—…Eso parece…

Dos segundos más tarde, el equipo a sus espaldas rompió en alaridos enloquecidos.

Hora del huevo salado:

Hunter: ¡La próxima vez te morderé hasta arrancarlo!

Winston: Mmm.

Hunter: ¡No me trates como a un niño! ¿Para qué acaricias mi cabeza? Oye… ¿dónde estás tocando?¡Ahí no puedes tocar!

Winston: Entonces no aprietes tanto cuando me muerdas.

Hunter: ¿Ah?

Winston: Te enseñaré, debes morder así.

Hunter: ¡Aléjate! ¡Mis pantalones de estar por casa son nuevos!

***

¡Espero que hayas disfrutado el capítulo! Si te gustó, regálame un “me gusta” y déjame un comentario para saber que pasaste por aquí.¡Gracias por leer!

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