Shao Qun no volvió a casa esa noche.
El fastidio le corroía el ánimo. Condujo sin rumbo por la ciudad, incapaz de encontrar un destino. Al final, se dirigió al aeropuerto, compró un boleto y voló directo a Shanghái.
Al recibir su llamada, Xiao Sheng fue a recogerlo al aeropuerto de Shanghái. Sin detenerse a comer, se fueron directo a un bar.
Xiao Sheng ya había reservado un cuarto privado. Al abrir la puerta, Shao Qun se topó con una hilera de botellas de todo tipo sobre la mesa de mármol.
Con una sonrisa, Xiao Sheng le cedió el paso. —Adelante, un brindis por tu compromiso.
Shao Qun torció el gesto y se dejó caer pesadamente en el sofá. —¿Y qué hay que celebrar?
Xiao Sheng arqueó una ceja. —Entonces, ¿a qué viniste a buscarme?
—¿Acaso no puedo visitarte si no hay motivo? Al fin y al cabo, vives cerca de Shenzhen.
Xiao Sheng se sentó a su lado y le hizo una seña al mesero, quien no tardó en destapar las botellas con agilidad.
—¿Y qué tal? —preguntó.
Shao Qun se recostó de lado y entrecerró los ojos. —¿Qué tal qué?
—La novia, por supuesto.
Una sonrisa cargada de sarcasmo asomó a los labios de Shao Qun. —Nada mal. Es bastante provocativa.
—¿Te molesta?
—No, la verdad es que sabe cómo complacer.
—Entonces, ¿a qué se debe esa cara…? —Xiao Sheng señaló con el dedo el rostro ensombrecido de Shao Qun—.
Shao Qun masculló una maldición. —Viste la foto en el periódico, ¿verdad?
Xiao Sheng soltó una carcajada. —Claro que la vi. Parece que Qi Ming se tiene en demasiada alta estima. No es más que una estrellita de medio pelo, ¿qué necesidad tenía de actuar como si fueran dos amantes idiotas escondiéndose? Llevar lentes de sol a esas horas de la noche… Qué mujer tan presumida.
Shao Qun chasqueó la lengua con fastidio. —¡A quién le importa ella! ¡Hablo de la foto! Fue obra de mi hermana. ¿Qué diablos pretende? Ya acepté casarme. Parece que, por miedo a que me arrepienta, se ha propuesto gritarlo a los cuatro vientos. Odio que me presionen; cuanto más lo hacen, menos ganas me dan de seguirles la corriente.
—Tu hermana es astuta, te conoce demasiado bien. Teme que un día despiertes y decidas echarte para atrás, dejando a ambas familias en ridículo. Después de todo, no es la primera vez que haces algo así. Solo está tomando precauciones.
Shao Qun lo fulminó con la mirada. Abrió la boca para responder, pero las palabras se le atascaron. Tras unos instantes, masculló con resentimiento: —Como sea, esto me tiene asqueado.
—Pues ve y díselo a tu hermana. Pero si de verdad vas a casarte, que se sepa de una vez; es el curso natural de las cosas.
Shao Qun alzó la voz, irritado. —El problema no es que lo filtre, ¡es que Li Chengxiu lo vio! Apenas crucé la puerta, empezó a darme problemas. Maldita sea, qué fastidio.
—Oh… —Xiao Sheng arrastró la vocal—. Así que eso es lo que te tiene de tan mal humor. Con razón viniste corriendo a Shanghái a medianoche.
Shao Qun soltó un bufido.
—¿Qué pasa? ¿Eres una damisela en apuros a la que no se puede visitar tan tarde?
Xiao Sheng soltó una carcajada burlona. —O sea que te echaron a patadas.
—Puras estupideces. Simplemente no soporto verlo lloriquear, por eso no quise volver.
Xiao Sheng parpadeó. —Si te fastidia tanto, échalo y asunto arreglado.
Shao Qun guardó silencio por un momento y, tras dar un trago largo, murmuró: —Ese infeliz está por cumplir los treinta y su vida es una maldita miseria. No tiene ni un lugar decente donde caerse muerto, y en el banco apenas tendrá unos miserables diez mil.
—Pues si vive a tus expensas, ¿cómo permites que se te suba a las barbas y se meta en tus asuntos? En lugar de ponerlo en su lugar, vienes a refugiarte aquí ahogando tus penas en alcohol. Shao Qun, de verdad que te has vuelto un cobarde.
Las palabras de Xiao Sheng dieron justo en el clavo. Con la sangre hirviendo tras un par de tragos, Shao Qun estrelló su vaso contra la pared en un arrebato de ira. —¡Mierda! Solo no quiero rebajarme a su nivel, se comporta como una niña caprichosa.
—Y tú huiste de casa por culpa de esa «niña caprichosa»…
—¡Vete a la mierda, Ke Yisheng! Si dices una palabra más, me largo.
Xiao Sheng esbozó una sonrisa de medio lado y se encogió de hombros. —Está bien, está bien. A beber. —Le tendió una lata de cerveza a Shao Qun.
Sin molestarse en mirarla, Shao Qun la tomó y bebió a grandes tragos.
—Oye, hablando en serio —dijo Xiao Sheng, dándole un leve empujón—. Si la boda es la próxima primavera, ¿qué vas a hacer con Li Chengxiu?
—No sé. No pensaba terminar con él.
—Oye, la futura novia es la nieta del viejo Qi. Deberías guardarle algo de respeto a esa familia, al menos al principio. No te metas en escándalos apenas te cases.
—Esa chica sabe cómo jugar. El otro día lo dejamos muy claro: después de la boda, cada quien hará su vida.
—Bueno, si es así de comprensiva, supongo que no hay problema. ¿Pero y Li Chengxiu? Una vez casado, tendrás que regresar a Beijing, ¿no? ¿Qué harás? ¿Te lo vas a llevar?
—Aún no lo he pensado. Ya veré más adelante.
—Si me preguntas a mí, creo que deberías cortar por lo sano de una vez. Una vez que seas un hombre casado, si él descubre algo, tendrá cómo chantajearte. Perro que no ladra es el que muerde, así que te sugiero andar con cuidado.
—¡Por eso no pensaba decirle nada! Con la estupidez que hizo mi hermana, ahora no sé si confesarle la verdad o no.
—¿Y qué pasa si se lo dices? ¿Crees que se va a rebelar contra ti?
El recuerdo de los ojos enrojecidos de Li Chengxiu cruzó la mente de Shao Qun, sumiéndolo en el mutismo.
Sentía demasiada vergüenza para confesarle a Xiao Sheng que, por culpa de su mala mano, su mascotita se le había subido a la cabeza.
Xiao Sheng adoptó un tono más severo.
—Shao Qun, si de verdad dejas que esa mascotita te domine, me arrepentiré de haberte conocido.
—Tonterías, ¿qué estás diciendo? —Shao Qun sintió un nudo en la garganta.
Hacía un par de años, un conocido de su círculo se dejó manipular por su amante y cometió la estupidez de querer divorciarse. Hasta la fecha, seguían burlándose de él a sus espaldas. En su mundo, jugar estaba permitido, pero si te tomabas las cosas en serio, te convertías en el hazmerreír de todos.
Esa era su mayor regla de oro.
—Entonces, ¿qué está pasando contigo? Te estoy diciendo que cortes con él, ¿qué te hace dudar?
Shao Qun se frotó el cabello con impaciencia.
—Él… se porta muy bien. Sabe cómo atender a alguien y me siento cómodo con él. De todos modos, todavía me quedaré en Shenzhen un tiempo. Ya veré qué hago cuando regrese a Beijing.
Xiao Sheng le lanzó una mirada cargada de intención. —Shao Qun, no digas que no te lo advertí. Debes aprender a diferenciar lo que es importante de lo que no.
El rostro de Shao Qun se endureció por una fracción de segundo.
—Te estás imaginando cosas. ¿Con quién crees que estás hablando?
Xiao Sheng se encogió de hombros. —Solo te lo recuerdo. Ya basta de esto, hace más de medio año que no nos veíamos. Ven, brindemos en condiciones.
Shao Qun no regresó en varios días.
Aunque Li Chengxiu ya estaba habituado a sus repentinas ausencias, sin dejar rastro, sin llamadas ni respuestas, la inquietud no dejaba de corroerlo.
Sobre todo porque, la última vez, Shao Qun se había marchado furioso.
Li Chengxiu se sentía agotado. Shao Qun era impredecible; a la menor discrepancia, estallaba en cólera. Por más que quisiera hablar las cosas con calma, su tartamudeo empeoraba con los nervios, y la nula paciencia de Shao Qun no ayudaba. A veces temía que un día se marchara para no regresar jamás.
Aquel miedo lo mantenía en vela, mirando al techo hasta que despuntaba el sol. Incluso la noche anterior a su examen, no logró pegar ojo. A la mañana siguiente, se presentó a la prueba con la mente embotada. Lo que alguna vez sintió como seguridad, se esfumó por completo al salir del aula.
Al terminar, no se tomó ni un respiro y emprendió la búsqueda de empleo de inmediato.
Sin la certeza de obtener su certificado de contabilidad, se vio forzado a recorrer hoteles y restaurantes de todos los tamaños, uno tras otro.
Sabía que, si seguía encerrado en esa casa, terminaría volviéndose loco.
Toda su existencia gravitaba en torno a Shao Qun. Su principal ocupación diaria era velar por él, hasta el punto en que un simple ceño fruncido de Shao Qun lo mantenía en vilo horas enteras buscando la causa. Gran parte de su tiempo se esfumaba ideando platos nuevos para complacerlo. ¿Cómo podía seguir así?
Pensó que, si se mantenía ocupado, su mente dejaría de orbitar alrededor de Shao Qun, lo que tal vez le traería algo de paz.
Tras un día de ir y venir sin tregua, volvió a casa, se dio una ducha y cayó rendido en la cama, sin fuerzas para moverse.
Tomó su teléfono nuevo, que apenas estaba aprendiendo a usar, con la débil esperanza de encontrar algún mensaje o llamada perdida de Shao Qun.
Para su decepción, la pantalla estaba vacía.
Pensó que tal vez se había equivocado con Shao Qun, y que él ni siquiera consideraba que valiera la pena darle una explicación.
Li Chengxiu contempló la pantalla, dudando. Al final, no pudo resistirse y escribió un mensaje.
[Shao Qun, ¿podemos hablar?]
Después de enviarlo, cerró los ojos y apretó el teléfono, rezando para que sonara.
Pero no fue el teléfono lo que sonó, sino el timbre. El ruido lo hizo abrir los ojos de golpe.
Saltó de la cama como un resorte. Recordaba bien que Shao Qun no llevaba sus llaves cuando se fue.
Abrió la puerta con el corazón latiendo a mil por hora. Y allí estaba él: Shao Qun.
Li Chengxiu sintió un escozor en la nariz.
Era como si alguien hubiera estado atrapado en la oscuridad por una eternidad; al encenderse la luz, el resplandor le lastimaba los ojos, pero en lo más profundo de su ser, experimentaba la redención.
—Has… has vuelto.
El corazón de Shao Qun dio un vuelco. Un deseo irrefrenable de abrazarlo con fuerza se apoderó de él.
Jamás había imaginado que escuchar a alguien decirle «Has vuelto», con los ojos brillando de emoción, pudiera ser tan conmovedor.
Apretó a escondidas lo que escondía a su espalda, sintiéndose un poco menos idiota de lo que pensaba.
Li Chengxiu se hizo a un lado para dejarlo entrar.
—¿A dónde… a dónde fuiste? Has estado fuera por…
De pronto, Shao Qun le plantó un enorme ramo en la cara, casi rozándole la nariz. Con un toque de torpeza, murmuró: —Es para ti.
Li Chengxiu parpadeó y, al mirar más de cerca, vio que era un ramo de flores colosal.
Llamarlo «ramo de flores» no era del todo preciso. Tenía la forma de una peonía, con capas y capas de adorno. Había un anillo de rosas rojas rodeando un círculo de pequeños ositos de peluche marrones. Pero lo que lo dejó sin aliento fue el centro: una pequeña perrita color chocolate, del tamaño de su palma, sujeta con delicadeza por un lazo dorado a una cajita de terciopelo. La cachorrita lo miraba fijamente con sus ojitos negros y redondos.
El color y la textura eran idénticos a los de los peluches; a simple vista, parecía un muñeco de felpa ligeramente más grande.
La tensión que había estado asfixiando a Li Chengxiu se disipó. No pudo evitar sonreír ante la tierna confusión de aquel diminuto ser.
Al verlo sonreír, la rigidez de Shao Qun se desvaneció por sí sola.
—Ven, sácala de ahí.
Li Chengxiu se mordió el labio. Con sumo cuidado, desató el lazo y tomó a la cachorrita entre sus manos.
—¿Cómo es que… es tan pequeña?
Shao Qun dejó el ramo sobre la mesa y soltó una carcajada.
—Es un caniche toy. Esta raza es así de pequeña; incluso de adulta no superará el tamaño de mi mano.
Era imposible no encariñarse con una criatura tan llena de vida. Li Chengxiu la sostenía con fascinación, temblando ante la idea de lastimarla por accidente.
Shao Qun aprovechó el momento para abrazarlo por la cintura desde atrás, apoyando la barbilla en su cuello y frotándose contra él.
—Temía que te aburrieras estando solo en casa. Que ella te haga compañía, ¿te parece?
Apenas unos días atrás habían terminado en una disputa amarga, y de repente se encontraban en esa intimidad abrumadora. Li Chengxiu aún no lograba asimilarlo y se limitó a asentir, algo tenso.
—Gra… gracias.
Shao Qun inhaló con avidez el aroma cálido y fresco de su piel, sintiendo cómo el malestar de los últimos días se desvanecía por completo.
En definitiva, no hay nada como estar en casa, pensó.
Al ver que Shao Qun no tenía intención de mencionar el incidente del otro día, Li Chengxiu optó por guardar silencio.
Tal vez era mejor dejar las cosas así. Shao Qun había regresado; todo debería volver a la normalidad. Por más que su mente estuviera llena de sospechas, deseaba con fervor que nada cambiara y prefería callar antes que romper aquella paz reencontrada.
Se sentaron juntos en el sofá, jugando con la cachorrita.
—¿Qué nombre deberíamos ponerle? —murmuró Li Chengxiu, acariciando la suave barriguita de la perrita.
Shao Qun lo meditó un instante. —Llamémosla Taza de Té.
—¿Eh? —Li Chengxiu se echó a reír—. Suena horrible.
—¿No dicen que los nombres feos alargan la vida?
Entre risas, Li Chengxiu repitió:
—Taza de Té, Taza de Té.
Shao Qun lo observó. Tenía la cabeza gacha, exponiendo la nuca pálida teñida de un sutil rubor. Al sonreír, el perfil de su mandíbula adoptaba una curva exquisita y rebosante de vida. Sin saber por qué, Shao Qun recordó un verso que antes le había parecido excesivamente meloso y afectado: «La más tierna dulzura yace en su inclinación, como una flor de loto incapaz de soportar la timidez del viento frío».
Tomó a Taza de Té de las manos de Li Chengxiu y la colocó sobre la mesa de centro. Luego se volvió hacia él con intensidad.
—Deja de mirar al perro. Llevamos días sin vernos, ¿por qué no me miras a mí?
Un rubor tiñó las mejillas de Li Chengxiu.
—¿Qué hay que mirar?
—¿Me extrañaste? —Shao Qun se inclinó hacia él, acorralándolo con suavidad y susurrando con tono seductor.
Li Chengxiu asintió con timidez.
—Yo también te extrañé mucho. —Shao Qun depositó un beso tierno en su mejilla.
Li Chengxiu volvió a asentir.
—Me da la impresión de que has adelgazado.
Li Chengxiu se tocó la cara por inercia. —Creo que… no.
Shao Qun se relamió los labios. —Tendré que revisarlo yo mismo. —Deslizó su mano helada bajo la camiseta de Li Chengxiu.
Un escalofrío recorrió a Li Chengxiu. —Está frío…
Shao Qun lo desenrolló poco a poco. —Tranquilo, enseguida se calentará.
El encuentro fue apasionado, como si se tratara de dos recién casados tras una larga separación. Hicieron el amor desde el amanecer hasta que cayó la noche.
Con la cintura adolorida, Li Chengxiu le armó una camita improvisada a Taza de Té y le dio algo de comer. Al verla dormir plácidamente, su corazón se ablandó.
Aprovechando el excelente humor de Shao Qun antes de ir a dormir, Li Chengxiu le comentó que había vuelto a buscar trabajo. Omitió mencionar sus planes de mudanza, temiendo que la suma de ambas noticias detonara otra explosión de ira.
Shao Qun frunció el ceño al escuchar que pretendía regresar a trabajar a un restaurante. Sin embargo, dada su reciente reconciliación, carecía de energías para armar un escándalo. Se limitó a responder con indiferencia: —Entendido.
Li Chengxiu preguntó con cautela: —¿Estás de acuerdo?
Al ver su actitud recelosa, a Shao Qun le faltó el valor para negarse, por lo que asintió con cierta desgana. —Sí. Ya que no soportas estar en casa sin hacer nada, si quieres salir a trabajar, hazlo.
Un gran peso desapareció del pecho de Li Chengxiu. —Qué bueno. Gracias, Shao Qun.
***
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