Técnicas de seducción bajo la mesa

—¿Alguien puede pellizcarme? ¿No estoy soñando? —preguntó Marcus.


—No estás soñando. —Shen Chuan aplaudió con calma—. ¡Ahora organicen y recopilen los datos!


—¡Doctor Shen, no finja estar tan tranquilo! ¡Acabo de ver que estaba sonriendo! —gritó de repente Amanda, la ingeniera asistente.


Toda la escudería volvió a estallar en carcajadas.
Shen Chuan giró el rostro y sonrió.


—Está bien, les permito celebrar primero.

Hunter, que acababa de cruzar la línea de meta, seguía jadeando; los latidos reprimidos de su corazón aún no se habían liberado por completo.
Todo parecía ir en retroceso; vio que, en el Ferrari rojo que iba delante, el brazo de Winston parecía asomarse, haciendo un gesto de “sígueme”.


Hunter sabía muy bien que ese gesto no iba dirigido a su compañero de escudería, ni tampoco a Owen que iba detrás de él, sino a sí mismo.


Por fin me acerqué a tu territorio, ¿verdad?

Todo el proceso de subir al podio fue confuso para Hunter. No supo qué dijeron las personas a su alrededor, ni siquiera sabía si él mismo había sonreído.
Solo sabía que Winston lo abrazaba por los hombros, con mucha fuerza.
Tan fuerte que no parecía real.
El sonido de los obturadores crepitaba; Hunter vio que el entusiasmo de los medios era como una marea.


Las entrevistas posteriores a la carrera fueron como una explosión, casi a punto de destruir a Marcus, seguidas de diversos programas en vivo y ofertas de patrocinio para Hunter.
A lo largo de estas últimas paradas, los medios habían moldeado la imagen de Hunter como un superador lleno de resistencia ante la adversidad, y además era joven, auténtico y lleno de vitalidad.
Muchas fans femeninas expresaron que la sonrisa de Hunter era muy contagiosa.

Shen Xi estaba de pie junto a su hermano frente al televisor, viendo las entrevistas en vivo.


—Hermano… ¿de verdad crees que la sonrisa de Hunter es tan contagiosa? —preguntó Shen Xi con expresión inquisitiva.


—El contagio es solo una sensación subjetiva —respondió Shen Chuan.


—Con razón… porque yo solo le veo cara de tonto. —Shen Xi suspiró.

En el pasillo, Owen apoyó el brazo sobre los hombros de Hunter y susurró:


—Vaya, muchacho, lograste aplastar al gran tiburón blanco.


—¿Ah? ¿Qué? —Hunter giró el rostro, topándose con los ojos de Owen llenos de una sonrisa maliciosa.


—Ven a mi habitación esta noche, te echaré una mano de nuevo. —Owen parpadeó, soltó los hombros de Hunter y caminó hacia adelante.

Hunter dejó escapar un suspiro; aunque no era el campeón de la parada, seguía sintiendo que pisaba sobre nubes, de forma irreal.


Instintivamente buscó a Winston y se dio cuenta de que, aunque claramente estaba confirmando algo con el mánager de relaciones públicas de la escudería Ferrari, en realidad no dejaba de mirar en su dirección.


En ese momento, Winston le hizo una seña con la mano al mánager para que esperara y caminó hasta quedar frente a Hunter.


Hunter esperaba que Winston le dijera algunas palabras de afirmación o aliento, incluso si era una broma incómoda como las de antes, para hacerle saber que todo aquello era real; sin embargo, la primera frase que Winston pronunció al llegar fue:


—¿Desde cuándo eres tan cercano a Lawrence Owen?


—¿Ah? ¿Owen? —Hunter por fin recordó que hace un momento parecía estar pasándose de confianza con él.


—Ahora no tienes nada de miedo a que te tome el pelo. ¿O es porque es guapo?
Semejante pregunta estaba totalmente fuera de las expectativas de Hunter.

Justo en ese momento, el teléfono de Hunter sonó; Winston se lo quitó directamente de las manos. El mensaje en pantalla indicaba que provenía de Owen, pero Winston no lo abrió para leerlo.


—Cuando estabas en Dubái, ¿a quién le enviabas mensajes todos los días?


Preguntó Winston, clavando la mirada en los ojos de Hunter.
Todas esas preguntas no encajaban en lo que Hunter había imaginado.


¿Acaso en este momento no deberían estar abriendo champaña para celebrar juntos?
Y además… Winston se había dado cuenta…


Con solo ver que Owen lo abrazaba por los hombros, ¿Winston fue capaz de deducir que la persona a la que le enviaba mensajes era a él?

—¿Por qué no hablas? —Winston se inclinó hacia adelante y Hunter retrocedió, pero fue sujetado firmemente por los hombros.


Cálmate un poco, Hunter.
Enviarte mensajes con Owen no es ningún crimen atroz.


—Porque Owen se estaba burlando de mí… así que le dije que lo iba a aplastar a él o a Charles… y lo hice; por eso apenas cruzamos un par de palabras y me mandó un mensaje para felicitarme… no soy cercano a él…


De todos modos, eso era cierto, no estaba mintiendo.


—Está bien. —Winston empujó el teléfono contra el pecho de Hunter y se dio la vuelta para marcharse.

Hunter suspiró. ¿Por qué Winston seguía siendo tan indiferente?


Abrió el mensaje de texto de Owen:

[Esta noche, habitación 1826 del Hotel Hanjue, no faltes.]


¡Y encima me dice que no falte!
¡Hunter sospechaba que ese tipo lo había abrazado a propósito frente a Winston!

La entrevista de los medios después de la carrera fue muy larga; los periodistas estaban eufóricos y a Hunter le dolía la cabeza.
A todas esas preguntas sobre sus impresiones de esta competencia, Hunter respondió uniformemente con un “siento que no es real”, lo cual, combinado con su expresión sincera y natural, le ganó la simpatía de los medios.
Cuando los periodistas le preguntaron cuál era su objetivo para la próxima parada, su respuesta siguió siendo: “Quiero alcanzar a Winston”. Una respuesta sin tapujos que hizo reír a los reporteros. Y esas risas no lo juzgaban de inmaduro; más bien era como mirar a un niño crecer paso a paso, persiguiendo su sueño sin rendirse nunca.

Logrando al fin escabullirse de la conferencia de prensa, el mismísimo Donald lo llamó con muchísimo entusiasmo.


—¡Hey! ¡Hermano! ¿Tienes planes para esta noche?


Hunter respondió de manera completamente subconsciente:


—¿Vas a organizar una fiesta?


—¿Fiesta? ¿Podrías dejar de pensar solo en fiestas? ¡Por fin terminamos esta parada, claro que hay que comer y beber a lo grande! ¡Mis compañeros y yo descubrimos una pizzería deliciosa! ¡Owen y Charles también se nos unieron! ¡Trae a Winston y vengan!


—¿Ah? ¿Owen y Charles también están ahí? ¿Y quieres que lleve a Winston? ¿Te parece que la matanza en la pista no fue suficiente y ahora tenemos que darnos de golpes con porciones de pizza?


—Mira, Owen y Charles están en desacuerdo el noventa por ciento del tiempo, pero hay un diez por ciento donde su sincronía es tan perfecta que indigna a los dioses. ¡De hecho, fue Owen quien sugirió invitarlos a ti y a Winston! ¡Vengan!

—Está bien, le preguntaré.

Aunque lo dijo de boca para afuera, por dentro estaba un poco nervioso. Después de todo… tras la entrega de premios, ¡Winston parecía molesto por el hecho de que había estado pegado a Owen!
En el fondo, Hunter también sentía curiosidad por saber cómo sería la escena si Owen y Charles compartieran mesa comiendo pizza.


—¿Hola, Winston? Donald me invitó a comer pizza, y también están Owen y Charles… ¿quieres venir?


—Tengo actividades con los medios en el centro de prensa a partir de las ocho. —La voz de Winston sonó apagada, sin revelar ninguna emoción, lo que hizo que Hunter se sintiera aún más decepcionado.

—Oh… entonces olvídalo. Te mandaré la dirección; si puedes, ven un rato a sentarte.

—Mmm.

Cortó la llamada; Hunter se tocó la punta de la nariz y suspiró.


Bueno… ¿tal vez de verdad deba doblar mil rosas de papel para contentarlo?


Hunter llegó solo a la pizzería que le mencionó Donald. El local no era grande, pero desbordaba un fuerte aroma a masa con queso y a ingredientes que hacían agua la boca.

Era una mesa para seis personas; en el instante en que Donald vio a Hunter, fue como si viera a su salvador:


—¿Por fin llegas? ¿No vino Winston?
—Tiene actividades con la prensa a las ocho.
—¿Ah, sí…? Qué desperdicio, con lo seriamente que te enseñé los conocimientos bajo la mesa. —Owen suspiró, sacudiendo la cabeza.

Hunter recordó de inmediato lo que Owen le había dicho alguna vez: si dos personas estaban sentadas frente a frente y él acariciaba la pantorrilla de Winston, y si este no la esquivaba, en cierto modo, significaba que aceptaba las insinuaciones de Hunter.
Pero Winston no había venido…


—¿Qué conocimientos bajo la mesa? —Charles, que había estado sentado junto a Owen, levantó la cabeza y preguntó—: ¿O estás engañando a niños otra vez?

Owen adoptó de inmediato una expresión de seriedad:


—¿Engañar a niños? ¿Acaso soy ese tipo de persona?


—Je, je. —Charles bajó la cabeza y siguió jugando con el teléfono, expresando con su risa las dudas sobre la moralidad de Owen.


Donald, su compañero de equipo y Hunter guardaron silencio.
¡Sí, exactamente eres ese tipo de persona!

Poco después trajeron la pizza, junto con varios snacks y cerveza.
Chocaron los vasos para brindar; solo frente a Hunter había una Pepsi…
Charles estalló en carcajadas:


—¡Mocoso, aún no has crecido tan rápido!


—¡Aun sin crecer, te gané! —replicó Hunter sin poder contenerse.


—¡Estás buscando la muerte! ¿Ganas una vez y ya te crees la gran cosa? ¡Yo te he ganado un sinfín de veces!

A pesar de que Charles normalmente tenía una actitud arrogante y odiosa, Hunter podía sentir que ese sujeto en realidad era muy auténtico; creía en sí mismo, por lo que era seguro de sí mismo, y al ser tan fuerte, no necesitaba complacer a nadie.
Hunter chocó su vaso de refresco de cola con él; Charles sonrió:


—Quién sabe si para cuando puedas beber cerveza yo siga en la Fórmula 1.


—¿No estar en la Fórmula 1? Entonces asumo que ninguna mujer podrá soportarte —dijo Owen, agitando su vaso de cerveza con aire burlón.


Charles le dio una patada sin piedad a Owen bajo la mesa; por desgracia, Owen la esquivó a la perfección. Acto seguido, Owen fingió servir cerveza y derramó la bebida frente a Charles.

—¡Oh, vaya, lo siento!

—¡Lo hiciste a propósito, para qué dices que lo sientes!
Efectivamente, esas dos personas chocaban más del noventa por ciento del tiempo. Y comer pizza entraba de lleno en ese noventa por ciento.

En ese momento, alguien se acercó a la mesa y jaló la silla que estaba justo frente a Hunter.

¡Era Winston, vestido de traje!


—¡Vaya! ¡Winston! ¿En serio viniste a comer pizza? ¡No va con tu estilo de caballero! —Charles alzó su cerveza.


Los demás también le dieron la bienvenida de inmediato. Winston solo asintió con la cabeza.

—¡La pizza se disfruta más comiéndola con las manos! —Charles ya se había llevado un trozo a la boca con la mano, como si se burlara de lo reservado que era Winston.
Pero Winston desabotonó los puños de su camisa, se arremangó, se sirvió un pedazo en su propio plato y, acto seguido, lo tomó con las manos para comérselo.
El queso se estiró en un hilo fino desde sus labios; Hunter, sentado frente a él, se quedó completamente embobado.
Incluso haciendo eso, Winston seguía destilando un atractivo sexual reservado.

—¿Cómo… es que viniste?


—Vi que todavía tenía tiempo, así que vine a sentarme un rato. Después de todo, Owen también está aquí. —Winston habló en tono apagado.

—Owen…


—Lo que pasa es que teme que Owen te intimide —explicó Charles directamente.

Donald y su compañero soltaron unas carcajadas.
El ambiente era muy bueno; aunque Winston hablaba poco, Donald y Charles mantenían a todos contentos.

Hunter se dijo a sí mismo que había llegado la oportunidad.
¡Tenía que “insinuársele” a Winston!


Si Winston esquivaba, se disculparía de inmediato.
Si no esquivaba, entonces… ¡eso significaría que tenía muchas esperanzas!
Hunter entrecerró los ojos sonriendo y miró en dirección a Charles, fingiendo escuchar la anécdota vergonzosa sobre él y su exesposa; sin embargo, por debajo de la mesa levantó una pierna y dirigió la punta de su zapato hacia Winston. ¿Acaso de verdad tocó su pantorrilla?
Los latidos de Hunter se aceleraron, estaba extremadamente nervioso.

Tiene que ser suave, muy suave…


Owen había dicho que debía ser algo sutil, como si no fuera intencional.

Cálmate, Hunter…
Desliza hacia arriba poco a poco…

Frente a él, Winston no parecía mostrar ninguna reacción; simplemente comía pizza en silencio, asintiendo de vez en cuando a lo que decían los demás.
No se había apartado…
¿Lo había sentido o no?
Con cuidado, Hunter aumentó la presión, esperando que Winston continuara en silencio.

—¡Oye! Donald, mocoso, no has dejado de frotar mi pantorrilla, ¿te gusto? —habló de pronto Owen, frente a él, en tono de broma.


—¡Oye! ¡Yo no te he rozado! —Donald levantó de inmediato las manos, deseando poder levantar hasta los pies.
Hunter se quedó pasmado.
¡Apúrate a bajar la pierna que tienes levantada!
¡Había sido muy tonto! ¡Al que había estado rozando no era a Winston, sino a Owen! ¡Con razón Winston no había reaccionado para nada!
Pero justo al retirar la pierna, terminó rozando la pierna de Winston; lo que hizo que este levantara los ojos y lo mirara.
Es decir… ¿Winston sabía que era él quien acababa de rozar a Owen?

¡Ah! ¡Qué vergüenza!

Y dos o tres segundos después, Owen pareció entender lo que pasaba; hizo un gesto con la mano y siguió difamando a Donald:


—Olvídalo, hay demasiadas personas que quieren frotarse contra mí, uno más no hace la diferencia.
—No tengo ni la más mínima intención de rozarte… —Donald estaba a punto de dudar de sí mismo.

—Ya terminé. Tengo un poco de prisa, buen provecho.


Winston se puso de pie y asintió hacia todos a modo de disculpa.


—Oh, la verdad ya son las siete, ¡ve rápido al centro de prensa! —Donald mostró comprensión.

—La próxima invito yo. —Dicho esto, Winston se marchó sin siquiera mirar a Hunter.

—¡Winston dijo que la próxima vez invitará él! ¿No lo dice solo por cortesía?


—¡Winston nunca habla por cortesía! ¡Lo vamos a exprimir cuando acabe la siguiente carrera!
Sin embargo, en ese instante, Hunter se sentía sumamente miserable.
Parecía que Winston se había enojado aún más. Al irse, parecía muy educado, pero en realidad había estado muy distante.
De por sí a Winston no le gustaba que tuviera contacto con Owen, ¿y encima había estado frotando la pierna de Owen por debajo de la mesa?
¿Winston no iría a pensar que estaba interesado en Owen?
¿Por qué Owen seducía a todo el mundo con tanta facilidad, mientras que para él era tan difícil?

Su teléfono vibró; era un mensaje de texto de Owen, enviado desde debajo de la mesa:

[¡No sabía que tenías un nivel tan alto! Yo solo te enseñé a provocar a Winston, ¡y resultaste aprendiendo a provocarme a mí frente a él para ponerlo celoso!]

Hunter lloraba a mares en su interior: ¿De dónde sacas que a eso se le llama celos?

Inmerso en la melancolía, terminó el banquete de pizza.
Al salir del restaurante, Owen no olvidó guiñarle un ojo a Hunter, recordándole que no olvidara el compromiso de esta noche.
Hunter regresó a su habitación, comenzando a dudar si debía o no ir a ver a Owen esta noche.
Después de todo, Winston ya estaba sospechando, ¿verdad?
Y quizá, si iba, también sería engañado por Owen…
Pero Owen dijo claramente que le daría una mano… debería ser verdad, ¿no?
Aunque la mayoría de los trucos que le enseñó no funcionaban con Winston, no quería decir que no funcionaran con otros… ¿tal vez el próximo truco sí sería útil?
De hecho, Owen tenía más experiencia amorosa… De todas formas, ser burlado una vez más no cambiaría nada.

Una vez que tomó una decisión, Hunter, con la determinación de quemar sus naves, cruzó la puerta y se dirigió al Hotel Hanjue; al entrar al ascensor, sentía cierta inquietud en el corazón, pero cuando las puertas se abrieron, sintió que ya nada le importaba.
Tocó la puerta de la habitación 1826; justo cuando tomaba aire, vio que Owen abría la puerta, envuelto en una toalla de baño, con el cabello aún húmedo y las comisuras de los labios curvadas hacia arriba.

—¡Ah, pequeño Hunter, te estuve esperando por muchísimo tiempo!
Alargó la última sílaba y, sujetando con un brazo la nuca de Hunter, lo metió a la habitación.

Hunter se quedó totalmente paralizado, rígido como una tabla de madera.
Su rostro se acercó a él; aquellos hermosos ojos verdes, cargados de burla, estaban tan cerca.
Hunter no tenía la menor idea de cómo había entrado a la habitación; solo cuando escuchó el clic de la puerta cerrándose logró volver a la realidad.
Owen ladeó el rostro y apoyó una mano junto a la oreja de Hunter:
—¿Aprendiste?
—Aprender… ¿aprender qué?
—Eso que acabo de hacer, ¿acaso no fui claro?
Owen le dio un golpecito en el pecho a Hunter con el dorso de la mano, luego dio media vuelta y caminó de regreso a su cama.

Hunter empezó a sentirse avergonzado.


—¿Me llamaste para que viera… esto? —Hunter quería colapsar.
Para Owen resultaba muy natural hacerlo, pero a Hunter ni siquiera se le pasaba por la mente cómo iba él a abrir la puerta envuelto en una toalla de baño; ¡eso no iba para nada con su estilo de vida!
—¿No puedes aprenderlo, verdad? —Owen agarró casualmente una botella de agua mineral.
Hunter pensó que el tipo se la iba a dar a beber a él; quién iba a imaginar que, tras destaparla, la bebería a sus anchas.
—Hay un regalo en la mesa, es para ti —dijo Owen.

—¿Para mí?
—Mmm, lo mandé a hacer a pedido. Si hoy hubieras perdido contra Charles, diría que este regalo era para consolarte por haber perdido de nuevo ante sus manos. Si ganabas contra Charles, era para celebrar que habías hecho que Charles rechinara los dientes de odio. ¡Ten cuidado en la próxima carrera!
Hunter rompió el escandaloso papel de regalo de la caja que estaba en la mesa; al abrirla, se quedó atónito.
—¡Para… para qué me regalas algo así!
Adentro había cuatro paletas de caramelo de colores alineadas, ¡y lo más importante era que las paletas tenían la forma del amiguito de abajo!
Aparte de los colores en forma de espiral arcoíris, la figura era tan realista que al verlas a Hunter casi le tiemblan las manos.

—Tómalo como un regalo de tus fans.
Owen sonrió, levantando la barbilla.
—¡No quiero! ¡Quédatelas y regálaselas a tus fans femeninas! ¡O mejor aún, dáselas a Charles!
—Entonces, ya no haría falta que participe en la próxima carrera. —Owen se encogió de hombros y, tomando una paleta casualmente, le dijo a Hunter—: Ahhh…
De inmediato, Hunter apartó la mirada:
—¡Justo ahora yo también quiero golpearte!

—¿Puedes ser un poco más maduro? Tu mayor arma no es el supuesto encanto de un hombre maduro, esa es la especialidad de Winston. Lo que tú posees es un atractivo sexual inocente. Tenemos que hacer que este encanto sea aún más evidente; debemos causarle un impacto visual a Winston.
—Suena con mucho sentido… y sin embargo, no quiero entender ni una sola palabra…
Hunter sintió que haber ido hasta allá había sido una reverenda estupidez; justo cuando intentaba irse rápidamente, fue detenido por Owen.
—En realidad, no te gusta tanto Winston, ¿verdad?
—¿Cómo no va a gustarme? —Hunter giró la cabeza.
—Entonces, si te atrevieras a darle una insinuación mucho más clara, ¿no podrías hacerlo?
Owen alzó la barbilla, con una mirada que delataba un auténtico menosprecio hacia Hunter.
—Si yo me enamorara de alguien y quisiera que cayera rendida a mis pies, usaría todos los medios, eliminaría toda inmadurez, y haría que la boca se le secara, deseándome con cada latido de su corazón.

Hunter quedó intimidado por el aura imponente de Owen.
Era cierto… Si seguía así, Winston y él seguirían de la misma manera; lo trataría muy bien, pero solo sería eso: muy bien.
—Pero esta caja de paletas en forma de pitos gigantes solo hará que Winston piense que soy un vulgar, ¿no? ¿Quieres que se las regale?
Owen se quedó helado, luego se adelantó furioso, agarró una almohada y se la estrelló con fuerza en la cara a Hunter.
—¿Quién te mandó a regalarle las paletas a Winston? ¡Acaso esperas que Winston se las coma delante de ti para que las veas!
—¿Ah? ¡Entonces no me sirven de nada si me las quedo!
—¡Vete a la cama y apóyate en la almohada, ahora mismo! —Owen parecía a punto de destrozarle la cabeza a golpes a Hunter.

Hunter se apresuró a trepar hasta la almohada y se sentó derecho, listo para cualquier cosa.
—¡Cruza las piernas! ¡Apoya el brazo izquierdo en la almohada! ¡Alegrate un poco! ¡No vas a un funeral!
Owen tomó una paleta de caramelo y se la llevó a los labios a Hunter:
—¡Chúpala!
—¡Qué asco! ¡No quiero…!
Aún no había terminado de hablar cuando Owen le metió la punta de la paleta en la boca.
—Recuerda lo que sentías cuando comías paletas de niño, ¡alegrate un poco! ¡No pongas esa cara de amargura y resentimiento!


¡De niño jamás comí una paleta de caramelo tan grande!

Owen tomó el teléfono de Hunter y apuntó hacia él:
—¡Imagina que Winston está parado frente a ti, tienes que hacerle saber que te gusta mucho esta paleta!
Hunter no podía sacar ni una sonrisa.
—¡Olvídalo! ¡Deja de chuparla! ¡Lámela con la lengua!
—¿Así? —Instintivamente, Hunter sacó la punta de la lengua y la tocó.
De hecho, sin importar su forma, el sabor de la paleta era bastante bueno, agridulce y con un fuerte sabor a leche.
—¡Muy bien! ¡Así! ¡Dale una mordida!
—¿Ah? —Hunter bajó la cabeza para mirarla, pensando en la mejor forma de morderla.

Hora del huevo salado:

Hunter: ¡No te enojes conmigo! ¡A quien quería seducir era a ti, no a Owen!

Winston: Estaba tan cerca de ti, ¿y aún así pudiste equivocarte?

Hunter: ¡Lo siento! ¡Me arrodillo para pedirte perdón!

Winston: Siéntate ahí en la mesa.

Hunter: ¿Eh? ¿No debo reflexionar frente a la pared?

Winston: Sedúceme diez mil veces, a ver si a la próxima vuelves a equivocarte.

***

¡Espero que hayas disfrutado el capítulo! Si te gustó, regálame un “me gusta” y déjame un comentario para saber que pasaste por aquí.¡Gracias por leer!

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