Li Chengxiu volvió a dormir todo un día en medio de un sopor intermitente. A la mañana siguiente, la fiebre por fin cedió y recuperó la lucidez poco a poco.

Shao Qun se alegró mucho al verlo despertar. Le preguntó cómo se sentía y si tenía hambre.

Li Chengxiu miró por la ventana y, con gran esfuerzo, pronunció unas palabras a través de su garganta seca y ronca.

—¿Qué día es?

—Jueves —respondió Shao Qun con desdén.

Li Chengxiu frunció el ceño. —Mi teléfono… debo llamar, pedir permiso…

El rostro de Shao Qun se ensombreció de inmediato. —Me quedé en casa cuidándote dos días, ni siquiera fui a la empresa, y apenas despiertas me buscas problemas preocupándote por ese trabajo de porquería.

Un rastro de ansiedad apareció en el rostro de Li Chengxiu.

—Tengo que pedir permiso…

—No hace falta. —Shao Qun restó importancia al asunto—. Ya renuncié por ti.

Li Chengxiu se quedó petrificado.

—Tampoco irás más a esas clases. Descansa en casa unos días, te buscaré unas mejores.

Li Chengxiu sintió como si cayera al vacío desde una gran altura; una pesadez asfixiante le oprimió el pecho.

Habló con dificultad. —Shao Qun, ¿alguna vez… has pensado en… respetarme?

Esta vez fue Shao Qun quien se quedó helado por un segundo, antes de soltar una risa burlona.

—¿Acaso la fiebre te frió el cerebro? ¿Qué te hice ahora? Ah, claro, lo de anteayer fue un poco brusco, pero tú me provocaste primero. Si fueras obediente, ¿crees que me enojaría tanto? Es mejor que hayas renunciado. ¿O acaso querías seguir peleando conmigo por culpa de ese viejo pervertido? ¿Qué le ves a ese trabajo? Puedo conseguirte algo mucho mejor. Además… —Shao Qun sacó algo de la mesa de noche y se lo arrojó a Li Chengxiu—. Te compré un teléfono nuevo. El otro ya estaba para el museo.

El día anterior había visto más de diez llamadas perdidas en el celular de Li Chengxiu, todas del “Presidente Li”. La furia lo cegó y estrelló el aparato contra la pared, haciéndolo pedazos.

Pensaba que los teléfonos deberían tener una función nueva: que Li Chengxiu solo pudiera llamar al 110, al 120 y a él.

Li Chengxiu ni siquiera miró el teléfono. Su cuerpo temblaba ligeramente.

—A mí me gustaba ese trabajo. Shao Qun, tú… te pasaste de la raya.

Desde que estaban juntos, era la primera vez que Li Chengxiu lo acusaba con tanta seriedad. Se armó de valor con la esperanza de ganarse un poco de respeto por parte de Shao Qun.

La voz de Shao Qun se volvió glacial.

—¿Te gustaba el trabajo, o te gustaba alguien en ese trabajo? Li Chengxiu, veo que sigues enfermo, así que no quiero pelear contigo ahora. Piénsalo bien. ¿Qué es más importante, un trabajo insignificante o yo?

Li Chengxiu enmudeció.

Un problema como ese tenía una respuesta obvia: Shao Qun era mucho más importante. Pero, ¿realmente era una situación donde debía elegir a la fuerza entre uno y otro? ¿Shao Qun no confiaba en él en lo más mínimo?

Al ver la figura endeble de Li Chengxiu tambalearse, Shao Qun no lograba comprender por qué se empeñaba en complicarse la vida.

Suavizó su actitud y lo engatusó con voz dulce.

—Ya, mira, sigues enfermo. Lo más importante ahora es que te recuperes. Hablaremos de esto cuando estés bien, ¿sí? Te prometo que te buscaré las mejores clases para que estudies, y te meteré a la mejor empresa para que hagas tus prácticas. Aprenderás cosas mucho más útiles, ¿de acuerdo?

Li Chengxiu se dejó empujar de vuelta contra el colchón, mirando a Shao Qun con los ojos llorosos y un dejo de tristeza.

Esperar que Shao Qun sintiera una pizca de remordimiento, ya fuera por lastimarlo o por haberle quitado su trabajo sin permiso, era una ilusión.

Shao Qun se limitó a inclinarse para besarle la punta de la nariz y habló como si consolara a un cachorrito.

—Sé bueno. Sé obediente y te mimaré más.

Cuando Li Chengxiu se recuperó, se volvió mucho más silencioso.

Su vida diaria no sufrió grandes cambios. Seguía cumpliendo con su deber y mantenía su hogar con Shao Qun en perfecto orden. Sin embargo, la fachada de felicidad había sido rasgada una y otra vez por la tiranía de Shao Qun. Poco a poco empezó a ver el abismo insalvable que se abría entre ambos.

Esa grieta se extendía entre los dos, y podía imaginar que, por más que se esforzara, nunca lograría rellenarla. El futuro era tan largo que, con solo pensar que algún día daría un paso en falso y caería, la angustia le quitaba el sueño.

Shao Qun y él estaban muy bien; al menos, él creía que estaban muy bien. ¿Cuándo empezó a preocuparse? Temía que al final todo fuera un esfuerzo inútil.

Mientras más fuerte se volvía esa ansiedad, más deseaba redoblar sus esfuerzos para construir y afianzar esa relación, para hacerla inquebrantable.

Las promesas de Shao Qun, tanto sobre las clases como sobre el trabajo, siempre quedaban postergadas bajo múltiples excusas. Li Chengxiu terminó encerrado en casa por más de un mes entero.

Sabía que no tenía derecho a reclamarle, pues todo aquello eran regalos desinteresados de Shao Qun, pero la insatisfacción en su corazón crecía sin control.

Durante ese mes no se quedó de brazos cruzados. Se dedicó a preparar el examen para su certificado de contabilidad. Planeaba buscar trabajo en cuanto pasara la prueba para saldar de a poco su deuda con Shao Qun.

Pensó que, si dejaba de deberle dinero, tal vez Shao Qun lo respetaría un poco más. Vivir bajo su techo y además tener deudas lo ponía de manera irremediable en una posición de inferioridad.

Ese día, llevaba puesto el delantal y estaba en la cocina preparando una sopa para Shao Qun cuando sonó el timbre.

Li Chengxiu dejó el cucharón, se secó las manos y fue a abrir.

Se quedó pasmado al instante. En el umbral había una mujer de unos treinta años, de facciones finas y figura esbelta. Tanto por su maquillaje como por su ropa, era evidente que se trataba de alguien sumamente refinada. Pero, aunque hermosa y elegante, su aura era gélida y severa; el ángulo de sus cejas marcaba una profunda distancia. Pese a ser mujer, imponía mucha más autoridad que un hombre.

La mujer le dirigió una mirada de soslayo, frunció apenas el ceño y habló. —Shao Qun vive aquí, ¿cierto? —Su tono era altanero, como si estuviera acostumbrada a dar órdenes por naturaleza.

Li Chengxiu asintió con torpeza.

La mujer pasó por su lado, entró a la casa con total soltura y se sentó en el sofá como si fuera dueña del lugar. —Sírveme un vaso de agua.

Li Chengxiu la miró con asombro.

—Eh, disculpe, ¿usted es…?

Sin dirigirle ni una mirada, sacó su teléfono e hizo una llamada.

—Shao Qun, estoy en tu casa. —Colgó de inmediato.

Li Chengxiu se quedó parado junto a la puerta abierta, indeciso sobre si debía cerrarla.

La mujer echó un vistazo casual al apartamento y por fin posó los ojos sobre él. Su voz sonó impasible. —¿Y el agua?

Li Chengxiu jamás había visto a una mujer con un aura tan arrolladora. Cada uno de sus movimientos irradiaba una capacidad de intimidación absoluta, logrando ponerle los pelos de punta con una sola palabra. Sin pensarlo, sus pies se movieron solos y fue a servirle el agua.

Ella dio un sorbo y asintió hacia él. —Siéntate.

Li Chengxiu obedeció, aturdido y lleno de confusión.

La mujer miró su reloj y se volvió hacia él.

—¿Estás preparando sopa?

—Sí…

—¿De qué es?

—De cordero.

—Mmm, para el frío. —Ella asintió—. Pero asegúrate de quitarle bien el olor a la carne. A Shao Qun no le gustan los sabores muy fuertes.

Li Chengxiu se sentía increíblemente incómodo.

—Disculpe, ¿usted es su…?

Ella tomó otro sorbo de agua.

—Soy su hermana mayor.

Li Chengxiu se sobresaltó, perdiendo el hilo de sus palabras. —Ho… ho… hola. Yo… yo soy… yo…

Ella lo escrutó sin ninguna expresión en el rostro.

—Shao Qun regresará pronto. ¿Cuánto falta para la sopa?

—Eh, ya… ya casi.

—Bien. —Asintió satisfecha.

Tal como ella había dicho, en menos de diez minutos, Shao Qun entró a la casa como un torbellino.

—Hermana mayor, ¿qué haces aquí?

Shao Wen, la hija mayor de la familia Shao, se levantó del sofá. Se cruzó de brazos, lo evaluó con la mirada y preguntó con frialdad. —Si no vengo, ¿cuándo pensabas volver a casa?

—¿No dije que volvería para Año Nuevo? —Shao Qun se alborotó el cabello con cierta irritación, agarró a Li Chengxiu del sofá y lo puso de pie sin siquiera mirarlo—. Ve a comer afuera hoy.

Li Chengxiu se quedó helado por un segundo. Apretó los labios y murmuró. —Te preparé…

—Vete ya —lo interrumpió Shao Qun con impaciencia.

Li Chengxiu bajó la mirada con tristeza. Asintió hacia Shao Wen, se quitó el delantal, se puso su abrigo y sus zapatos, y salió disparado por la puerta como si estuviera huyendo.

Shao Qun agarró a su hermana por los hombros y la hizo sentarse de nuevo. —Siéntate, hermana —dijo con tono zalamero—. Hace tiempo que no te veo, vamos a charlar.

La expresión de Shao Wen se suavizó. Le dedicó una mirada de reproche.

—Pequeño bastardo. Te largas y pareces olvidar que tienes familia. Eres un desalmado.

—Para nada, solo estoy ocupado con un proyecto. Ya dije que cuando termine, volveré a casa seguro.

—Te peleaste con papá y te largaste a Shenzhen. Llevas más de medio año sin pisar Beijing. ¿Qué crees que piensa él?

Shao Qun chasqueó la lengua. —¿Cómo está el viejo?

—Bien. Aunque no diga que te extraña, cada vez que voy a casa siempre pregunta por ti.

—¿Preguntar por mí? Seguro me está insultando. Para él, todo lo que hago está mal.

Shao Wen le dio un manotazo en la cabeza.

—No digas tonterías. Eres el único hijo varón de la familia, ¿cómo no te van a atesorar? Papá es muy terco. Pasó más de cuarenta años en el ejército, jamás le ha agachado la cabeza a nadie. ¿Esperas que venga a disculparse contigo, mocoso? Sigue soñando. Además, eres su hijo. Sin importar quién tenga la razón, no puedes estar resentido con tus mayores.

—Ah, ya sé, hermana. ¿Qué tal si le llamo mañana?

—No, llámale hoy.

—Está bien, hoy.

Shao Wen le echó un vistazo. —Pequeño bastardo…

Shao Qun sonrió. —¿Y cómo están la segunda y la tercera hermana?

—Bien. Nuonuo volvió a desaparecer, quién sabe a dónde se fue a divertir. De verdad…

—¿Y tú con tu marido?

Apenas escuchó la palabra «marido», el rostro de Shao Wen se ensombreció. Respondió con ligereza. —Igual que siempre. Cada quien en lo suyo, sin estorbarnos.

Shao Qun se encogió de hombros. —¿Y Yinyin? ¿Ya entró a la primaria?

—Sí. Tiene muy buenas calificaciones.

—Con los genes de nuestra familia, ¿cómo no iba a ser lista?

Shao Wen soltó una ligera sonrisa. —Por cierto, aparte de venir a verte, quería hablar de tus asuntos personales.

Shao Qun soltó un quejido. —Hermana, suenas igualita a papá.

Shao Wen le lanzó una mirada severa. —No me interrumpas.

—Me rindo. —Shao Qun levantó las manos—. Habla, habla.

Shao Wen fue al grano. —Cásate de una vez.

Shao Qun frunció el ceño, invadido por el rechazo. —Es muy pronto, ¿no?

—El año que viene cumples veintisiete, ¿qué tiene de pronto?

—Tú te casaste a los treinta y uno —masculló Shao Qun.

Shao Wen alzó la voz. —¿Cómo te atreves a compararte conmigo? Incluso si tengo hijos, llevan otro apellido.

—Ya, ya, de acuerdo. —Shao Qun puso los ojos en blanco—. Pero de verdad no quiero casarme tan pronto, y tampoco he encontrado a nadie adecuada.

—Por eso no te preocupes, yo te la buscaré. Papá también quiere que te cases y tengas hijos cuanto antes. Yo tuve una niña, Xiao Wu no puede tener hijos, y de los desastres amorosos de Nuonuo mejor ni hablemos. Eres el único varón de la familia, sabes lo que debes hacer por nuestro apellido a tu edad, ¿verdad?

Shao Qun asintió.

—Entonces está decidido. Dime qué tipo de mujer te gusta.

Shao Qun se recostó contra el respaldo del sofá, subió las piernas a la mesa de centro y respondió con desdén.

—Pechugona y sin cerebro. Que tenga mucho poder y que joda poco.

Shao Wen le lanzó una mirada fulminante.

—Siendo así, tengo a alguien en mente.

—Déjalo ya, seguro la tenías elegida desde antes.

Ignorándolo, Shao Wen continuó. —La nieta del viejo Qi, ¿te acuerdas? La viste hace unos años. Ahora sale en las noticias todos los días.

—Ah, ¿la que está metida en el mundo del espectáculo en Hong Kong? No está mal, es muy guapa.

—¿Te gusta?

—¿Cómo va a gustarme una chica con el cerebro hueco? Es una campesina de Shandong pura sangre, pero se empeña en fingir que es de Hong Kong.

Shao Wen le dio un golpe en la cabeza. —Ponte serio.

—No importa si me gusta o no —dijo Shao Qun—. Con que te guste a ti y papá esté contento, basta. Pero, ¿segura que el viejo estará satisfecho? Es una chica muy escandalosa, siempre se anda exhibiendo en público.

—El viejo Qi le mencionó este compromiso a papá durante la reunión de sus antiguos camaradas de guerra. En ese momento, papá ni aceptó ni se negó; volvió a casa para consultarlo conmigo. A él también le pareció un poco frívola, pero a fin de cuentas es la nieta del viejo Qi. Además, la familia de ella prometió que, si se casa, dejará de trabajar por completo.

Shao Qun asintió.

—Hagan lo que quieran, arreglen todo como les parezca.

—Ya es hora de que sientes cabeza —advirtió Shao Wen—. Papá espera que actúes con decencia después de casarte.

Shao Qun frunció el ceño.

—¿Cuándo he sido indecente?

—¿Y lo que acaba de salir por la puerta, qué era?

Shao Qun se quedó mudo por un segundo al darse cuenta de que hablaba de Li Chengxiu. —¿Qué va a ser? Lo que es y punto.

—¿Qué es?

—Tsk, hermana, ¿te estás volviendo vieja? Estás peor que una suegra metiche.

—¡Qué estás diciendo! —Shao Wen le lanzó una mirada feroz—. Limpia toda esta basura antes de casarte.

—Ya sé, ya sé.

—Estás en una ciudad que no conoces, tener a alguien que te atienda no está mal, pero no te quedarás aquí para siempre. Tarde o temprano tendrás que volver a casa. Deshazte de todos estos asuntos antes de la boda. No dejes que la nieta del viejo Qi se entere. Si la haces pasar por una humillación antes de casarse, papá te matará a golpes.

Shao Qun perdió la paciencia.

—¡Ah, hermana, ya lo sé! Sé cuáles son las prioridades, deja de sermonearme.

—Más te vale. La boda será en la próxima primavera. En este tiempo, conócela bien. Aquí tienes su número, casualmente están cerca.

Shao Qun tomó el papel y lo arrojó a la mesa de centro. —Entendido.

—Vamos, salgamos a comer.

—Bien. —Shao Qun se levantó para salir.

Shao Wen recordó algo de pronto. —El chico de hace rato dijo que estaba haciendo sopa. Ve a apagar el fuego.

Shao Qun murmuró en respuesta y se dirigió a la cocina. Vio los pimientos verdes recién cortados, ordenados sobre la tabla de picar; su verde vibrante resultaba encantador. La olla de barro sobre la estufa humeaba y burbujeaba, esparciendo un aroma delicioso.

Shao Qun recordó que Li Chengxiu había intentado decirle algo hacía un momento, pero no le dio importancia. Apagó la estufa, pasó un brazo por los hombros de su hermana mayor con familiaridad y salieron juntos a comer.

***

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