Li Chengxiu no llegó muy lejos al salir, ya que, con las prisas, se dio cuenta de que no llevaba dinero, ni teléfono, ni siquiera las llaves.
Prácticamente había salido huyendo.
La actitud fría de Shao Qun frente a su hermana lo hizo sentir como si solo fuera un sirviente. Aunque entendía que su relación no podía hacerse pública a la ligera, en especial ante la familia, seguía sintiendo un nudo en el pecho.
Si al menos Shao Qun hubiera dicho: «Es mi amigo…».
Al no tener dinero encima, no se atrevía a alejarse demasiado, ni tampoco tenía el valor de entrar a ningún restaurante. Sin embargo, el frío era insoportable, así que no tuvo más remedio que caminar hasta el supermercado más cercano y deambular por los pasillos sin rumbo.
Deambuló hasta las diez de la noche. Cuando el lugar estaba a punto de cerrar, salió con resignación, se abrazó a sí mismo y emprendió el camino de regreso a paso lento.
Al llegar al complejo residencial, notó que las luces de la casa estaban encendidas, pero faltaba uno de los autos de Shao Qun. Sabía que lo más probable era que él no estuviera; jamás se acordaba de apagar las luces ni el aire acondicionado al salir.
Li Chengxiu contempló la hermosa villa con la mirada perdida.
El interior estaba iluminado por completo, mientras él tiritaba de frío afuera, incapaz de entrar. Era como si se tratara de la casa de un extraño, donde los dueños descansaban abrigados en el interior, en un mundo que no tenía nada que ver con él.
Y de hecho, así era. Esa era la casa de Shao Qun; a él solo se le permitía vivir allí.
Shao Qun podía dejarlo quedarse, o podía echarlo en cualquier momento. Igual que ese día.
A esa hora, tampoco sabía a dónde más ir, por lo que se acurrucó junto a la entrada, con la esperanza de que Shao Qun regresara pronto.
Me mudaré en cuanto termine los exámenes, pensó.
Con sus ahorros, no tendría problemas para alquilar algo; vivir a expensas de otro no era una solución a largo plazo. Una vez que encontrara un lugar, buscaría trabajo. Como ya no tenía que pagar la deuda mensual y aún contaba con el sueldo que Shao Qun le había dado la última vez, podría inscribirse en más clases y devolverle el dinero poco a poco.
Si ambos estuvieran en una posición de igualdad, como cuando se conocieron, sin deberse nada el uno al otro, podría mirar a Shao Qun a los ojos y hablar con la frente en alto.
No supo cuánto tiempo esperó, pero sus pies ya estaban entumecidos por el frío cuando el sonido de un motor resonó a lo lejos por la entrada del complejo.
El portón automático se deslizó con un chirrido y las luces de los sensores se encendieron al instante. Li Chengxiu, de pie junto a la entrada, apareció sin previo aviso en el campo de visión de Shao Qun, quien pisó el freno con violencia, rozando por poco al joven.
Shao Qun bajó del auto hecho una furia y le gritó. —¿Estás enfermo de la cabeza? ¿Qué haces parado aquí? ¿No ves que casi te atropello?
Li Chengxiu tembló. —Olvidé… las llaves.
Al verlo tiritar, Shao Qun se acercó y le tocó la cara. —¿Cuánto tiempo llevas aquí? ¿No podías buscar un lugar para refugiarte?
—Olvidé llevar dinero.
—¿Tampoco llevabas el teléfono?
Li Chengxiu negó con la cabeza, rígido por el frío.
Shao Qun soltó una maldición.
—Eres un idiota. —Sacó sus llaves y se las entregó—. Entra rápido a la casa, voy a estacionar el auto.
Las manos de Li Chengxiu estaban tan torpes por el hielo que no logró sujetar las llaves, dejándolas caer al suelo.
Shao Qun las recogió. Al tomarle las manos, descubrió que estaban como bloques de hielo. Agarró su propio abrigo del asiento del auto, envolvió a Li Chengxiu de pies a cabeza, lo levantó en brazos y entró a la casa.
Lo dejó sobre la cama y lo cubrió con las mantas. Luego fue al baño a preparar el agua caliente. Para cuando salió a guardar el auto en el garaje y regresó, la bañera ya casi estaba llena.
Sacó a Li Chengxiu de entre las cobijas.
—Ven, quítate la ropa y date un baño. Te vas a congelar si sigues así.
Li Chengxiu asintió y colaboró mientras Shao Qun lo desvestía. Shao Qun lo llevó en brazos al baño y lo depositó con suavidad en la tina.
En el instante en que el agua tibia lo envolvió, sintió cómo cada poro de su piel se descongelaba de a poco. Sus extremidades y sus huesos recuperaron la sensibilidad y soltó un largo suspiro.
Shao Qun también se desnudó. Se metió en la enorme bañera de hidromasaje, abrazó a Li Chengxiu por la espalda y comenzó a masajearle las manos para que entraran en calor.
—Si no llevabas nada, ¿por qué no volviste a buscar tus cosas?
—Tu hermana estaba aquí.
Shao Qun no pudo resistirse y mordisqueó esa pálida nuca que se balanceaba frente a sus ojos.
—Tonto. Mira cómo te congelaste.
Li Chengxiu observó la superficie del agua con la mirada perdida y preguntó:
—Tu hermana… ¿ella sabe… sobre nosotros…?
—No pasa nada, ella lo sabe. No te preocupes —respondió Shao Qun con ligereza.
La amargura invadió el corazón de Li Chengxiu. Se tragó a duras penas las palabras que amenazaban con salir de su boca: Si lo sabe, ¿por qué me echó?
Shao Qun apretó sus manos heladas, sintiéndose un tanto incómodo.
No tenía ninguna intención de contarle a Li Chengxiu sobre la boda. Que se casara o no, no tenía nada que ver con él; su relación seguiría siendo la misma de siempre. Sin embargo, no podía evitar pensar que, si Li Chengxiu fuera mujer…
Si fuera mujer, tal vez se habría casado con él. Una esposa tan virtuosa, dulce, obediente y atenta era una en un millón.
Qué lástima que no lo fuera.
Aun así, Shao Qun decidió tratarlo bien. Li Chengxiu no era como los demás con los que había estado. Cuando empezaron, era un completo novato; él mismo se había encargado de enseñarle todo en la cama paso a paso. Eso, en mayor o menor medida, lo hacía ver a Li Chengxiu como su propiedad privada. Además, siempre se portaba tan bien que sentía que le gustaba de verdad. Sin importar cuánto tiempo más estuvieran juntos, no lo maltrataría.
Se quedó pensativo un momento. Mientras le besaba los hombros desnudos, propuso:
—Te sacaré una licencia de conducir. Cuando tenga tiempo, te enseñaré a manejar. Puedes elegir cualquiera de los tres autos que están en el patio. Si no te gusta ninguno, te compro uno nuevo, ¿te parece?
Li Chengxiu negó suavemente con la cabeza.
—No hace falta… no estoy acostumbrado.
—Entonces buscaré a un chófer para ti cuando tenga tiempo. Ya hace mucho frío, salir te será muy difícil.
Li Chengxiu no respondió. Al final, Shao Qun siempre era quien tomaba las decisiones.
Shao Qun pensó que eso lo pondría feliz. Acarició su cuerpo, que ya estaba recuperando su calor, y lo tomó allí mismo en la bañera.
Los días continuaron con una aparente tranquilidad.
Lo que reconfortaba a Li Chengxiu era que Shao Qun se mostraba mucho más cariñoso que antes. Regresaba a cenar con mayor frecuencia y a menudo le traía regalos de gran valor. Al final del día, eran muestras de los sentimientos de Shao Qun; a Li Chengxiu no le importaba aceptarlos o no, simplemente los guardaba en la casa. El día que se marchara, no se llevaría ni un solo objeto consigo.
Faltaban un par de días para el examen y ya había empezado a buscar trabajo.
Jamás en su vida había deseado tanto poder ganar un poco más de dinero.
Aunque sus días en el pasado fueron de escasez, él era conformista. Ahora todo era distinto; deseaba poder regalarle cosas buenas a Shao Qun, anhelaba que este lo considerara alguien digno.
Durante el día, después de que Shao Qun se iba a trabajar, Li Chengxiu limpiaba la casa como de costumbre. Al sentarse a descansar en el sofá, ojeó el periódico de la mañana.
Por lo general no veía televisión. Cuando se aburría, simplemente leía la prensa.
Al llegar a la sección de espectáculos, la fotografía en primera plana lo dejó paralizado.
El titular anunciaba que una famosa modelo con un trasfondo prominente había sido fotografiada en una cita con un misterioso hombre en Kowloon. Los rumores apuntaban a que él provenía de una familia adinerada, que sus padres eran viejos amigos y que ya estaban comprometidos. La boda era inminente.
La foto era muy nítida; no parecía haber sido tomada a escondidas.
Él no conocía a la hermosa estrella femenina, pero cualquiera que conociera al hombre a su lado podría identificarlo con claridad por su perfil gallardo y su silueta estilizada, a pesar de la inútil franja negra que le cubría los ojos.
Por si fuera poco, Shao Qun llevaba puesta la ropa que él mismo le había preparado y dejado junto a la cama.
Li Chengxiu revisó la fecha con manos temblorosas. Indicaba la noche del día trece.
Esa noche, Shao Qun no había regresado a dormir. Dijo que iría a Guangzhou a cerrar unos negocios y que estaba demasiado cansado para volver.
Y sin embargo, estaba en Hong Kong…
Una punzada aguda le atravesó el pecho. Sus manos temblaban tanto que apenas lograban sostener el papel.
Matrimonio. ¿Shao Qun se iba a casar?
Ese asunto que siempre evadía y en el que no se atrevía a pensar, al fin se presentaba frente a él en toda su crudeza.
Shao Qun nunca le había contado absolutamente nada sobre su familia. Incluso se había enterado de la existencia de su hermana apenas hacía unos días.
Pensándolo con detenimiento, ¿cómo era posible que un hombre rico como Shao Qun no se casara?
¿Y qué hay de él? ¿Qué lugar ocupaba? Incluso si Shao Qun pensaba casarse, ¿no debería haber sido el primero en saberlo? Aunque fuera para terminar con él…
La visión se le nubló y respirar se volvió una agonía. Levantó su teléfono con manos vacilantes y llamó a Shao Qun.
Shao Qun rara vez contestaba su línea personal durante el trabajo. Li Chengxiu sabía que lo más probable era que su llamada fuera ignorada, pero necesitaba escuchar la voz de Shao Qun con urgencia.
Qué maravilloso sería si Shao Qun pudiera decirle que todo era mentira.
Tal como esperaba, Shao Qun no respondió.
Li Chengxiu estrujó el periódico con fuerza. Se quedó sentado en el sofá con la espalda rígida, mirando fijamente la pared, pasmado.
Permaneció en esa posición durante más de una hora, inamovible, hasta que Shao Qun llegó a almorzar al mediodía.
Apenas entró, Li Chengxiu saltó del sofá. Lo miró con los ojos empañados y el rostro anegado en tristeza.
Shao Qun notó que algo andaba mal y frunció el ceño. —¿Qué pasa?
Li Chengxiu habló con la voz ronca.
—¿Te vas a casar?
Shao Qun abrió los ojos de par en par, sobresaltado. No tenía idea de cómo se había enterado. Sin embargo, recuperó la compostura de inmediato. Bajó la cabeza para cambiarse los zapatos y respondió con la mayor indiferencia posible. —¿De quién escuchaste eso?
Li Chengxiu extendió el periódico sobre la mesa de centro.
Shao Qun se acercó a tomarlo y su rostro se oscureció de golpe.
Con razón las chicas de la oficina lo habían mirado raro cuando llegó a trabajar esa mañana. Por supuesto que no se atreverían a chismorrear en su cara. Como él jamás leía esas secciones para mujeres, ni siquiera sabía en qué momento había terminado en los periódicos.
Los ojos de Li Chengxiu estaban vacíos. Volvió a preguntar. —¿Es verdad?
Al llegar a ese punto, la intención inicial de Shao Qun había sido poner las cartas sobre la mesa de una vez por todas. Pero, al ver esa expresión a punto de quebrarse en llanto, se tragó sus propias palabras.
Ver a Li Chengxiu destrozado le producía una sensación desagradable en el estómago.
Arrugó el periódico hasta formar una bola y lo arrojó al bote de basura.
—No le hagas caso a la basura que escriben en la prensa. Sí la conozco, pero solo somos amigos.
Li Chengxiu sollozó. —El día trece… dijiste que estabas en Guangzhou, pero… estabas en Hong Kong.
Shao Qun soltó una mentira improvisada.
—Al principio sí estaba en Guangzhou, pero ese día era el cumpleaños de un amigo y me insistió para que fuera, así que fui. ¿Qué tiene de malo? Estos periódicos se inventan chismes de los famosos solo para vender más. ¿Por qué te crees todo lo que ves?
Al verlo hablar con tanta seguridad, Li Chengxiu sintió dudas. Lo pensó por un momento antes de responder. —Pero… la estabas abrazando por la cintura…
—¡Li Chengxiu! —Shao Qun por fin explotó, presa de la ira y la humillación—. ¿Vas a parar de joder de una vez? ¿No ves que estábamos cruzando la calle? Proteger a una dama al cruzar es simple cortesía básica, mucho más si somos amigos. ¿Tienes que buscar problemas donde no los hay?
Li Chengxiu se encogió sobre sí mismo. Recordó la fotografía en su mente con el rostro pálido; por más que lo pensara, ese gesto era demasiado íntimo. No parecía la actitud de simples amigos.
Cada vez que Shao Qun se sentía culpable, su irritabilidad se disparaba, utilizando la ira para enmascarar su propia inseguridad. Ante la ráfaga de preguntas de Li Chengxiu, se sintió arrinconado y frustrado.
¿Desde cuándo él, Shao Qun, era tan condescendiente como para tener que explicarle esas cosas a alguien? Si no fuera por el temor de que sus lloriqueos lo sacaran de quicio, habría querido estrellarle el periódico en la cara y gritarle que a él no le importaba con quién se acostara.
Li Chengxiu se sentó de vuelta en el sofá. Se abrazó las piernas y se quedó mirando los patrones de la mesa con aire abstraído.
La última vez en el hotel de aguas termales, solo había insinuado lo de aquel joven, y Shao Qun había reaccionado con la misma agresividad desproporcionada de ahora.
¿Acaso lo había malinterpretado en verdad, o es que…?
Li Chengxiu no se atrevía a seguir sacando conclusiones, pero carecía de pruebas para confirmar sus sospechas. En cuanto Shao Qun alzaba la voz, le faltaba valor para seguir indagando.
No quería lastimar su relación con Shao Qun por culpa de acusaciones infundadas. Sin embargo, en ese instante, le resultaba imposible creer en él.
Shao Qun reprimió la irritación que le hervía en el pecho. Se sentó a su lado, le rodeó los hombros con el brazo y dijo:
—Chengxiu, de ahora en adelante no leas estas porquerías. Nuestra vida es muy buena en este momento y quiero que siga así de tranquila.
Li Chengxiu giró el rostro para mirarlo. Sus ojos brillantes eran como un manantial de agua pura y cristalina.
Bajo la mirada de esos ojos, Shao Qun sintió cómo lo invadía el pánico.
Después de un largo silencio, Li Chengxiu habló en un susurro.
—Shao Qun… si vas a casarte, dímelo.
La mirada de Shao Qun se congeló en un segundo.
—¿Todavía no dejas la maldita cantaleta?
Los ojos de Li Chengxiu se enrojecieron.
—Me refiero a… si te vas a casar, dímelo. Solo dímelo, y yo me iré.
—¡Irte al diablo! ¡Ya te dije que no voy a casarme!
La voz de Li Chengxiu se quebró.
—Mi familia… mi mamá, fue destruida por una infidelidad. Por eso… si te casas en el futuro, tienes que decírmelo.
Shao Qun fue incapaz de soportar aquella mirada que parecía calar hasta lo más profundo de su alma. Furioso, saltó del sofá y se marchó dando un portazo.
Li Chengxiu recuperó la bola de papel del bote de basura y la desdobló con lentitud. Sus dedos acariciaron la sonrisa en los labios de Shao Qun, sintiendo cómo el corazón se le partía en mil pedazos.
Con el rostro ensombrecido, Shao Qun conducía mientras sacaba su teléfono.
—Hola, Xiao Zhou. Averigua qué idiota filtró las fotos de Qi Ming y mías.
Al mediodía, el tráfico era insufrible en todas partes. Shao Qun observó las cajas de metal con ruedas que lo rodeaban por todos los frentes; era como si lo estuvieran acorralando incontables pares de ojos. Eran unos ojos claros, transparentes y cargados de una tristeza asfixiante que se negaba a hablar. Sintió que una fuerza incomprensible le aplastaba el pecho sin piedad. Aquella violencia irascible, al no encontrar salida, se desató en su interior como un animal acorralado. Golpeó el volante con furia, dejando que el sonido ensordecedor de la bocina rugiera con toda su fuerza.
***
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