Esta vez, Jian Suiying también se fue temprano del lugar. Las cosas se habían salido tanto de control que quedarse más tiempo no tenía sentido.
Al recordar la mirada que Li Yu le dirigió antes de irse, se arrepintió un poco de su impulsividad. Sin embargo, rápidamente se advirtió a sí mismo que cuando un hombre hace algo, hecho está; no hay razón para arrepentirse. De todos modos, lo había besado y no había salido perdiendo.
El gran rufián de Jian rememoró el sabor suave y delicado de esos labios, algo que contrastaba bastante con la frialdad que Li Yu proyectaba. Esa discrepancia, por el contrario, lo dejaba aún más fascinado.
Solo que el golpe de hace un momento dolió como la puta madre. Jian Suiying se frotó el estómago, todavía con un miedo persistente. Además, debido al ángulo, Li Yu ni siquiera había usado toda su fuerza; de lo contrario, ¿quién sabe si le habría provocado una hemorragia estomacal?
Parecía que eso de someterlo a la fuerza entre rechazos y empujones no era muy realista; la dificultad de ejecución era demasiado alta. El nivel de combate de ese mocoso de Li Yu estaba algo por encima de sus cálculos. Tendría que cambiar de estrategia, o moriría antes de cantar victoria, y eso no valdría la pena.
El joven amo Jian suspiró. Sentía que no solo le dolía el estómago, sino que también estaba lleno de un fuego perverso. Había celos, enojo, falta de resignación y, por supuesto, el deseo sexual más directo.
El principio supremo por el que regía su vida era “porque se me da la gana”. No le gustaba andarse con rodeos al hablar o actuar; si deseaba algo o lo detestaba, le daba pereza ocultarlo. A sus ojos, que un macho quisiera aparearse con la persona que le atraía era la cosa más natural del mundo. Tampoco es que hubiera violado a Li Yu de verdad, ¿por qué Li Yu siempre le ponía esa cara de furia? ¿Era para tanto?
Además, simplemente no lo entendía; ¿qué era exactamente lo que a Li Yu no le gustaba de él?
Pensar en esto deprimió un poco al mayor de los Jian. Desde pequeño siempre había tenido una personalidad arrogante y narcisista, y nunca había dudado de su propio encanto. Ya fuera con hombres o con mujeres, ¿cuándo en la vida el joven amo Jian había sido rechazado de esa manera?. Se sentía jodidamente agraviado.
Mientras esperaba en el semáforo en rojo, Jian Suiying revisó su agenda de contactos con la cara larga. Encontró a uno de sus amantes recientes que le parecía bastante agradable a la vista y lo llamó.
Al otro lado de la línea, no tardó en escucharse una voz aduladora.
—Ve al hotel XX y espérame —dijo Jian Suiying con un tono hostil.
Aunque Jian Suiying parecía bastante libertino, en realidad no era adicto a ese asunto. Era normal que a un hombre le gustara el sexo, pero si alguien pasaba todo el día pensando obsesivamente en eso, o era un sátiro o un inútil. Por lo tanto, pensándolo bien, resultaba un poco vergonzoso mostrarse tan desesperado y pervertido frente a Li Yu. Pensó que tal vez llevaba demasiado tiempo sin hacerlo, que su cuerpo y su mente estaban sedientos, y por eso hoy había llegado al extremo de robarle un beso a la fuerza. A decir verdad, originalmente esperaba que su primer beso con Li Yu fuera romántico pero sin perder la pasión.
Así que el joven amo Jian inmovilizó a su hermoso amante y se lo folló a fondo durante más de la mitad de la noche. Lo hizo hasta que el chico se quedó afónico de tanto gemir; solo entonces consideró que había desahogado el fuego maligno de su cuerpo.
Cuando terminaron, Jian Suiying le dijo al chico que se fuera. Nunca dormía con ellos, pues siempre le generaba cierta intranquilidad.
Se levantó a darse una ducha y miró su reloj; ya eran más de las tres de la madrugada. A esa hora ya tenía sueño. Haber bebido alcohol y luego hecho esas cosas supuso un gran desgaste físico. Estaba completamente somnoliento, así que pensó en pedirle al servicio de limpieza que cambiara las sábanas para poder desplomarse a dormir.
Justo cuando iba a llamar a la recepción, su celular sonó de repente. Lo agarró para mirar y resultó ser Jian Suilin.
¿Cómo es que Jian Suilin tenía las agallas para llamarlo a esta hora?. ¿Acaso no estaba buscando que lo insultara?
¿Acaso ocurrió alguna emergencia?
Contestó de inmediato:
—¿Sí?.
Sin embargo, la voz que llegó desde el otro lado fue la de Li Yu. Era la primera vez que escuchaba a Li Yu con una voz tan evidentemente arrastrada, pero que aún intentaba fingir compostura. Con solo escucharlo, supo que había bebido demasiado.
El corazón de Jian Suiying se aceleró un poco, sin saber qué había pasado.
—¿Xiao-Lizi? —preguntó—. ¿Qué pasa?
—… Suilin se emborrachó.
—¿Y tú? —replicó Jian Suiying—. ¿También estás borracho?
—No… pero… no puedo manejar. Es muy, muy tarde. Quiero llevarlo a casa, pero… no sé… cómo llegar….
Los pensamientos de Li Yu ya no podían seguir el ritmo. Jian Suiying conocía demasiado bien ese estado de ebriedad; estaba seguro de que Li Yu ni siquiera sabía lo que quería decir o hacer. Llamarlo debía haber sido una decisión tomada por el último rastro de razón que le quedaba.
La frustración que lo había atormentado durante gran parte de la noche se disipó de repente sin dejar rastro. No solo ya no estaba deprimido, sino que estaba tan contento que quería reírse. Que Li Yu lo llamara en un momento así, aunque fuera solo porque no quería preocupar a sus padres, o simplemente porque su mente estaba confundida y lo había marcado de manera inconsciente, era suficiente para llenarlo de satisfacción.
Ser recordado cuando necesitaba ayuda, sin importar desde qué ángulo se mirara, significaba que ocupaba cierto lugar en su corazón. Como hombre, poder resolver los problemas de la persona que le gustaba, sin importar si eran grandes o pequeños, era una forma de motivación y plenitud.
Jian Suiying lo consoló mientras se ponía apresuradamente la ropa con una mano.
—No te preocupes —dijo—. Ahora mismo estoy muy cerca de donde están. No te desesperes, quédate ahí y no te muevas, iré a buscarlos en este instante.
Li Yu soltó un lento y perezoso “oh”.
Jian Suiying colgó el teléfono, se vistió a la velocidad del rayo y salió corriendo de la habitación del hotel. Subió a su auto y aceleró a toda velocidad hacia su destino.
Afortunadamente, a las tres de la mañana había pocos autos en la calle, por lo que el camino estuvo libre de obstáculos, e incluso Jian Suiying se pasó dos semáforos en rojo seguidos.
En realidad, no se trataba de un asunto de suma urgencia, pero Jian Suiying sentía la necesidad impulsiva de llegar lo más rápido posible porque Li Yu lo necesitaba. Y era la primera vez que Li Yu lo necesitaba.
Al llegar al lugar, Jian Suiying subió los escalones de dos en dos hasta regresar al sitio del que se había marchado antes. En el salón, varios jóvenes estudiantes estaban tirados en el suelo en posturas retorcidas. Supuso que los que no pudieron caminar por su cuenta se habían quedado dormidos allí, mientras un par de meseros los vigilaban a un lado.
Parecía que, al sentirse liberados por una noche, los jóvenes se habían vuelto demasiado locos.
Jian Suiying localizó de inmediato a Li Yu. Estaba recostado torpemente en el sofá, en una postura en la que casi abrazaba a Jian Suilin. Tenía los ojos cerrados, y sus largas pestañas proyectaban una suave sombra sobre sus párpados inferiores. Con las mejillas sonrojadas y la respiración pausada, dormía plácida y tranquilamente, luciendo con un encanto infantil y adorable.
Jian Suilin, por su parte, tenía la mayor parte del cuerpo recostado en sus brazos. Su postura era un poco incómoda; probablemente no estaba durmiendo bien, ya que fruncía el ceño con frecuencia.
Jian Suiying casi se echó a reír.
Se acercó y jaló a Jian Suilin para levantarlo.
—Xiao-Linzi, despierta.
A Jian Suilin le tomó un buen rato abrir sus ojos nublados. Lo miró un instante, volvió a cerrarlos y dejó caer todo el peso de su cuerpo sobre el brazo de Jian Suiying.
Las personas borrachas son especialmente pesadas; Jian Suiying de pronto sintió que le costaba sostenerlo, así que usó su pie para patear a Li Yu.
—Li Yu, despierta.
Probablemente Li Yu no estaba tan profundamente borracho. Abrió los ojos con dificultad y murmuró débilmente:
—Viniste.
—¿Cómo es que los dos bebieron hasta quedar así? —lo regañó Jian Suiying—. Usualmente tu boquita es muy valiosa, no dejas que entre alcohol tan fácilmente. ¿Qué les pasó hoy para que tomaran de esta manera? De verdad que no tienen remedio.
Jian Suiying rápidamente llamó a un mesero joven y robusto para que recibiera a Jian Suilin.
Una vez que el mesero se llevó cargado a Jian Suilin, él sostuvo a Li Yu y lo ayudó a levantarse.
A estas alturas, Li Yu se tambaleaba al caminar y sus nervios habían perdido sensibilidad. Permitió que Jian Suiying lo tomara por la cintura sin mostrar ninguna reacción, y murmuró en voz baja:
—Lleva a Suilin de vuelta.
—Ya estoy aquí, ¿acaso crees que lo voy a tirar en la calle? —respondió Jian Suiying—. Mejor preocúpate por ti mismo.
Con el estado en el que estás, hasta podrías perder tu virginidad, y aun así te pones a pensar en los demás, pensó Jian Suiying con malicia.
Li Yu pareció tranquilizarse; bajó la cabeza y, con la ayuda de Jian Suiying, subió al auto.
Para Jian Suiying era impensable llevar a su hermano a casa en ese estado. Si su padre lo veía, no se salvaría de un buen regaño. Que regañaran a Xiao-Linzi no le importaba mucho, el problema era que él mismo no saldría ileso; como hermano mayor, definitivamente tendría que asumir la mayor parte de la culpa, y él no era estúpido.
Además, tampoco estaba dispuesto a meter a dos borrachos a su propia casa; ese olor no desaparecería ni en un día entero. Así que, simplemente, los llevó al hotel del que acababa de salir.
En el camino, llamó al hotel para que recogieran y limpiaran la cama de su habitación, y de paso reservó otra extra.
Al llegar al hotel, con la ayuda del guardia de seguridad, arrojó a Jian Suilin en una habitación y luego metió a Li Yu en la suya.
Después de cerrar la puerta, Jian Suiying sintió que realmente era el lobo feroz mirando a un conejo servido en bandeja de plata. Ese placer psicológico de poder hacer con él lo que quisiera era verdaderamente delicioso.
Jian Suiying se sentó en el borde de la cama, mirando a Li Yu.
Si Li Yu hubiera podido ver la mirada que Jian Suiying le dirigía en ese momento, probablemente el susto le habría quitado la borrachera al instante.
Pero después de mirarlo por un largo rato y pensarlo detenidamente, Jian Suiying tuvo de pronto la sensación de no saber por dónde empezar a hincarle el diente.
El joven amo Jian se consideraba a sí mismo una persona que no era precisamente honorable. Tanto su entorno familiar como sus experiencias de vida habían provocado que su sensibilidad hacia la moral y el pudor fuera mucho más débil que la de la mayoría de las personas. Hablando claro, era un descarado con agallas gigantes, y nadie podía controlarlo fácilmente.
Sin embargo, tampoco era un villano monstruoso. Por mucho que de verdad quisiera comerse a Li Yu, aprovecharse de alguien que estaba inconsciente para hacer lo que le diera la gana era un acto demasiado despreciable.
Y además, pensando en el temperamento de Li Yu, si se despertaba al día siguiente seguro que arriesgaría su vida para pelear a muerte con él.
Jian Suiying suspiró. Extendió la mano y acarició el rostro de Li Yu; recorrió sus hermosas cejas y ojos, luego su nariz alta y recta, hasta llegar a sus suaves labios, y por último se detuvo a sentir con detalle la piel tersa de sus mejillas.
De tanta caricia, la pequeña chispa en el interior del joven amo Jian se convirtió accidentalmente en un incendio incontrolable. Se asustó y retiró rápidamente la mano, temiendo que, si seguía tocándolo, terminaría desabrochándole directamente el cinturón al pobre chico.
Agarrarse las ganas lo hacía sentir terriblemente sofocado.
En realidad, hace un momento lo había hecho tres veces con toda su energía, por lo que los deseos de su cuerpo ya se habían desahogado por completo. Si le pidieran hacerlo otra vez ahora, sonaría feo decirlo, pero le faltaría un poco de vigor. Sin embargo, aunque su cuerpo no lo anhelaba tanto, el deseo en su corazón era asombroso.
Ese deseo de querer hacer a esta persona suya, de lograr que lo aceptara de verdad y le perteneciera, se magnificaba casi con cada mirada que le daba, llenándose y expandiéndose poco a poco hasta llegar a un tamaño tan colosal que incluso él lo encontraba difícil de controlar e increíble.
En este punto estaba un poco confundido. No sabía si simplemente quería conquistar a Li Yu, o si realmente estaba empezando a gustarle.
Jian Suiying se quitó la ropa manchada de alcohol y entró al baño a darse otra ducha, queriendo bajarle la temperatura tanto a su mente como a su cuerpo.
Esto sí que rompía un récord; no recordaba haberse bañado dos veces el mismo día en toda su vida.
Esta vez la ducha fue bastante larga, e incluso se mojó el cabello. Cuando salió, Li Yu seguía acostado bocarriba, durmiendo profundamente; respiraba de forma leve y pausada, y tenía la mayor parte de una de sus piernas colgando fuera de la cama.
Jian Suiying se acercó a quitarle los zapatos. Al ver la ropa que llevaba puesta, dudó.
Su ropa no parece estar sucia, no hace falta que se la quite… Pero dormir con la ropa puesta es muy incómodo, mejor se la quito..
En su cabeza, Jian Suiying buscaba excusas para desnudar por completo a Li Yu, mientras al mismo tiempo pensaba en razones lógicas para detenerse.
Al final, no pudo resistirse y decidió desnudar a Li Yu. Incluso si no hacían nada, primero, deleitarse la vista y las manos no estaría mal; y segundo, al día siguiente podría crear una falsa ilusión muy ambigua, echándole toda la culpa a la borrachera de Li Yu y quedando él como alguien completamente inocente.
Pensando de esa forma, Jian Suiying de verdad comenzó a desvestir a Li Yu.
No tenía un máster en desvestir a otros, pero bajándole los pantalones a los chicos jóvenes sí tenía bastante experiencia.
Primero, hizo un gran esfuerzo para quitarle la camisa a Li Yu. Li Yu gimoteó y trató de darse la vuelta, pero a mitad de camino volvió a su posición original.
Esto asustó un poco a Jian Suiying, quien detuvo sus movimientos.
Después de un momento, al ver que Li Yu se había vuelto a dormir, tiró la ropa a un lado con decisión y empezó a desabrocharle el cinturón.
Justo cuando Jian Suiying bajó la cremallera de Li Yu y, con una emoción tan intensa como la de quien busca un tesoro, comenzó a bajarle los pantalones, una voz helada sonó inesperadamente por encima de su cabeza:
—¿Qué haces?
En ese instante, Jian Suiying experimentó realmente lo que sentía un ladrón al ser atrapado con las manos en la masa. Su corazón dio un vuelco violento y la sangre se le escurrió de la cabeza a la planta de los pies, provocándole el impulso inconsciente de saltar de la cama y huir. Pero afortunadamente, logró contenerse.
Levantó la vista y vio que Li Yu lo estaba observando con los ojos entrecerrados. Tenía los ojos inyectados en sangre, la mirada brumosa y todavía mostraba signos de ebriedad. Habló con poca fuerza, pero Jian Suiying notó que ya estaba apretando los puños.
—Yo… te estaba quitando la ropa; si no, vas a dormir incómodo… —dijo Jian Suiying—. ¿Por qué te despertaste?
—… Bájate —ordenó Li Yu. Estaba extremadamente agotado, su cerebro funcionaba con lentitud y no tenía fuerzas para saltar y golpearlo, así que solo pudo advertirle con voz grave—: Quítate de encima. Bájate.
El cuerpo de Jian Suiying hizo un leve amago, con la intención de apartarse, pero al final no se movió. En cambio, ladeó el cuello y se quedó mirando a Li Yu.
Li Yu cerró los ojos por un segundo, esforzándose por espabilar. Cuando los volvió a abrir, su mirada ya era muy gélida.
—Lo diré una vez más. Bájate.
No creía que Jian Suiying se atreviera a hacerle nada, a menos que ya no le importara vivir. Sin embargo, aunque su capacidad de pensar estaba en un punto muy bajo, sabía perfectamente lo que Jian Suiying pretendía; y en ese momento, por haber bebido tanto, su cuerpo carecía de fuerza. Era evidente que la situación no le favorecía. Solo esperaba poder mantener a raya a Jian Suiying para ajustar cuentas con él al día siguiente, cuando estuviera sobrio.
Jian Suiying apoyó ambas manos a los lados de la cabeza de Li Yu y lo miró desde arriba, curvando la comisura de los labios en una sonrisa maliciosa.
—Xiao-Lizi, ¿sabes qué? —murmuró—. Verte así, tan suavecito y sin defensas, te hace mucho más lindo que de costumbre. Sería genial si siempre fueras así.
Li Yu lo miró con frialdad y trató de apretar los puños. Era una sensación muy extraña; sentía como si los hubiera cerrado, pero al mismo tiempo parecía que esas manos no le pertenecían. Con cualquier pequeño movimiento sentía que la cabeza le daba vueltas, acompañada de un dolor punzante.
Jian Suiying se inclinó lentamente, cambiando su peso para apoyarse sobre los codos. Su rostro quedó casi pegado al de Li Yu, como si lo estuviera olfateando suavemente.
Li Yu no pudo confirmar si Jian Suiying lo había besado; y si lo hizo, debió ser de una forma excesivamente ligera, tan suave que resultaba imperceptible.
Li Yu levantó el puño para golpear la espalda de Jian Suiying, pero este le agarró la muñeca con facilidad y se la inmovilizó contra la cama.
—Ya basta, Xiao-Lizi. Ahorita ni siquiera puedes mantenerte en pie, mucho menos golpear a alguien. No te tenses, solo quiero besarte… Ah, sería tan bueno que te quedaras así para siempre….
Justo cuando terminó de hablar, Jian Suiying besó suavemente los labios de Li Yu.
Li Yu solo sintió cómo mordisqueaban y tiraban levemente de sus labios, antes de que la punta de una lengua húmeda y escurridiza se colara en su boca, revolviendo y jugueteando de forma desenfrenada. Su lengua fue acorralada por la de Jian Suiying sin tener a dónde huir, viéndose obligada a enredarse con la suya. Hilos de saliva transparente humedecieron las comisuras de ambos.
Era un beso sumamente erótico, pero que no perdía la ternura. Li Yu no sabía si estaba demasiado débil; ni siquiera tenía fuerzas para volver a morderlo, así que simplemente dejó que siguiera besándolo a su antojo.
Con voz ronca, Jian Suiying murmuró suavemente:
—Li Yu….
Aplastó su cintura contra el cuerpo de Li Yu, restregándose contra la parte inferior de este de forma lenta, pero con gran técnica.
Cuando Jian Suiying se cansó de besarle la boca, deslizó sus besos hacia su pecho, dejando un rastro de lamidas y besos sobre esos músculos hermosos y firmes.
Li Yu jadeó y dijo con voz profunda:
—Jian Suiying, ¿acaso ya te cansaste de vivir?
El joven amo Jian levantó la cabeza y sonrió, mostrando los dientes.
—”Morir bajo las flores de peonía te hace un fantasma romántico”, ¿no crees? Además, de verdad que no me he cansado de vivir. ¿Qué crees que voy a hacerte? ¿Violarte? No tengo las agallas para eso, no te preocupes.
—Y lo que estás haciendo ahora, ¿cómo se llama? —le cuestionó Li Yu.
Jian Suiying le lamió el ombligo y soltó una carcajada sorda.
—Solo quiero probar tu sabor —dijo.
Mientras hablaba, su cuerpo siguió descendiendo. Miró el bulto blando que se asomaba por la ropa interior blanca de Li Yu, y con una sonrisa perversa pegó su rostro contra él.
El cuerpo entero de Li Yu se estremeció; abrió los ojos de par en par, lleno de conmoción.
Con su lengua cálida, Jian Suiying comenzó a lamer el membro de Li Yu, una y otra vez, a través de los calzoncillos.
Pronto, una pequeña área de la tela de algodón blanco se volvió traslúcida. El cuerpo de Li Yu empezó a temblar, y su miembro se expandió de manera incontrolable.
Jian Suiying rio en voz baja.
—Despertó con mucha energía, ¿eh?. Xiao-Lizi, dile la verdad a tu hermano mayor, ¿lo has usado alguna vez?
Entre la vergüenza y el enfado, Li Yu recuperó gran parte de la lucidez y le gritó enfurecido:
—¡¿Es que no tienes vergüenza?!
Jian Suiying soltó un bufido de risa.
—Pues entonces no le sigas el juego a un sinvergüenza como yo —replicó.
Li Yu luchó por sentarse, pero Jian Suiying le dio un simple empujón y volvió a caer de espaldas.
Jian Suiying lo miró con los ojos entrecerrados y se humedeció los labios con la lengua a modo de provocación.
Por un segundo, la sangre subió de golpe a la cabeza de Li Yu. Prácticamente se vio forzado a mirar cómo Jian Suiying volvía a agacharse, tirando de su última línea de defensa con los dientes, hasta que ese enorme membro saltó fuera de la ropa interior y Jian Suiying abrió la boca para tragarlo entero.
Desde la garganta de Li Yu estalló un gemido grave y ahogado.
Para un joven virgen sin experiencia, que otro hombre tuviera su hombría en la boca representaba un impacto aterrador y abrumador. Por un instante, la vista se le nubló en blanco y todo a su alrededor pareció volverse irreal.
El joven amo Jian en verdad jamás le había hecho eso a nadie, pero hacerlo por Li Yu no le provocaba asco en lo más mínimo. Solo quería aprovecharse de él y asegurarse de que Li Yu jamás olvidara ese momento en toda su vida.
Aprendiendo por intuición, comenzó a succionar y deslizarse, mientras de vez en cuando usaba los dedos para presionar y acariciar los testículos de Li Yu.
Ante tal estimulación, Li Yu fue incapaz de articular ni una sola palabra. Sus manos viajaron por puro instinto al cabello de Jian Suiying; hundió los cinco dedos en esa cabellera azabache y tiró de los mechones en una súplica silenciosa.
Cualquier hombre al que le estuvieran chupando la verga se rehusaría a que se detuvieran a la mitad, porque el placer que brindaba era el más absoluto de todos.
Este pequeño virgen de Li Yu, incapaz de soportar tal grado de estímulo, no tardó en rendir las armas y capitular, soltando su descarga directamente dentro de la boca de un desprevenido Jian Suiying.
Jian Suiying se incorporó a toda prisa, escupiéndolo todo.
El rostro de Li Yu estaba sonrojado de una manera escandalosa; lo miraba sin saber qué hacer.
Jian Suiying le echó una mirada, se limpió los fluidos corporales de la comisura de los labios con el dorso de la mano y rio con burla.
—Ay, Xiao-Lizi, ¿qué es esto? —dijo—. Disparaste el arma demasiado rápido. No me digas que tienes un problema de “esos”.
Cualquier hombre al que le cuestionaran y se burlaran de sus capacidades en ese ámbito, saltaría a pelear a muerte. Li Yu no fue la excepción. Finalmente se sentó y clavó una mirada asesina en Jian Suiying; el nivel de ferocidad de sus ojos daba la impresión de que saltaría sobre él al segundo siguiente.
Solo que una frase de Jian Suiying hizo que esa aura imponente se redujera a la mitad:
—¿Qué? —le dijo—. Ahora que ya disfrutaste, ¿acaso quieres hacerte el desentendido?
Li Yu se echó un vistazo a sí mismo; todavía no se había subido los pantalones y estaba con el cuerpo casi al descubierto, mientras su hermano pequeño, apenas reblandecido y aún caliente, colgaba entre sus piernas. Aquella escena tan deplorable lo llenó de indignación y vergüenza.
Tiró de la sábana para cubrir su entrepierna, sintiendo que en toda su vida nunca había pasado por un momento tan vergonzoso.
¡De verdad se había venido dentro de la boca del hombre al que más deseaba pisotear y aplastar en esta vida!
¿Qué jodidos problemas tenía este mundo?
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