El ascensor tardaba en subir, por lo que Li Chengxiu no tuvo más remedio que bajar corriendo por las escaleras.

Pero, ¿cómo iba a poder ganarle a alguien tan alto y de piernas tan largas como Shao Qun? No había bajado ni un par de pisos cuando fue acorralado en el hueco de la escalera.

Li Chengxiu lo fulminó con la mirada, furioso y tenso.

—Chengxiu, lo siento, me precipité. —Shao Qun le sonrió para tranquilizarlo.

—Eres… un bastardo. —Li Chengxiu lo señaló con dedo tembloroso.

—Sí, soy un imbécil, lo siento. —Shao Qun aprovechó la oportunidad para agarrarlo de la mano—. Chengxiu, es solo que me gustas, no pude controlarme.

—Quiero ir a… casa. —Li Chengxiu retrocedió paso a paso hasta pegar la espalda contra la pared.

—Tranquilo, te llevaré a casa, pero primero tienes que perdonarme.

—Tú… —exclamó Li Chengxiu, indignado.

Shao Qun se inclinó para atraparlo entre la esquina de la pared y su propio cuerpo. Le sujetó las muñecas con suavidad, pero con la firmeza suficiente para impedir que se soltara, y le acarició el rostro con ternura.

—Chengxiu, aún recuerdas aquel beso, ¿verdad?

Li Chengxiu se estremeció de pies a cabeza.

—Nuestro primer beso. No creo que lo hayas olvidado. Aún recuerdo cómo me sentía en ese momento; nunca había experimentado una sensación tan hermosa, una plenitud que me hizo sentir como si tuviera el mundo entero. Dime, ¿fui yo quien te besó primero o fuiste tú?

Li Chengxiu lo miró desconcertado, arrastrado de manera inconsciente hacia los recuerdos.

—Yo… yo no lo sé.

—Yo tampoco lo sé, pero me consta que en ese entonces te sentías igual que yo, ¿no es así?

Li Chengxiu no era bueno mintiendo, así que en ese momento solo pudo guardar silencio.

—Chengxiu, mírame y dime la verdad. En aquel entonces también te gustaba, ¿cierto?

Li Chengxiu lo miró atónito.

Gustarle… ¿Le gustaba Shao Qun en ese entonces? No lo sabía, o mejor dicho, antes de que tuviera tiempo de confirmarlo, todo su mundo se había puesto de cabeza y ya no se atrevía a admitirlo.

—Chengxiu, yo te gustaba, podía sentirlo. Y tú también me gustabas a mí, estoy seguro de que también te dabas cuenta. Intenta recordar cómo te sentías en ese momento, ¿sí? Sigo siendo el mismo Shao Qun, me sigues gustando, pero he madurado. Jamás volvería a hacer algo tan cobarde. Te trataré mucho mejor que en aquel entonces, así que… intenta volver a quererme una vez más, ¿de acuerdo?

A Li Chengxiu se le encogió el corazón y sintió un escozor en la nariz.

Al ver que su expresión se suavizaba, Shao Qun se regocijó en secreto. Pegó su cuerpo al de él con suavidad y, al ver que no lo rechazaba, se atrevió a envolverlo entre sus brazos.

—Chengxiu, piensa en lo que sentimos en ese momento. Piénsalo, podemos recuperarlo. Piensa en aquel beso, ¿lo recuerdas? Solo mantuvimos los labios pegados. Aún recuerdo lo suaves que eran tus labios, lo maravilloso que se sintió. —En sus más de diez años en la vida amorosa, Shao Qun había engatusado a innumerables hombres y mujeres dentro y fuera de la cama. Cuando se esmeraba en decir palabras de amor, hasta el corazón más frío sucumbía. Con una voz profunda y gentil, lo fue persuadiendo poco a poco hasta que, aprovechando el aturdimiento de Li Chengxiu, le levantó el mentón con delicadeza y posó los labios suavemente sobre los suyos.

A diferencia de la impaciencia y brusquedad de antes, este beso fue tan ligero y suave como una pluma; un simple roce sin ningún movimiento de más.

Ese escenario, las mismas personas, el mismo beso… era como si ambos hubieran retrocedido realmente catorce años en el tiempo. Aquel beso ingenuo y tierno valía más que muchas de las cosas hermosas del mundo; la emoción y aquella felicidad prohibida parecían a punto de desbordarse de sus pechos.

No solo Li Chengxiu se encontraba perdido, arrastrado hacia aquel torbellino de recuerdos, sino que el mismo Shao Qun también experimentó un instante de enajenación. En su pecho se agitó una sensación que no había sentido desde hacía mucho tiempo, acelerándole el corazón y llenando su cuerpo de un calor abrasador.

Cuando se separaron, ninguno de los dos fue capaz de articular palabra. Solo se miraron en silencio. En la penumbra de aquel hueco de la escalera, sus ojos brillaban con una intensidad inusual. Ser el blanco de una mirada tan luminosa daba la falsa impresión de estar siendo consumido por las llamas.

—Shao Qun… nosotros ya… somos adultos —dijo Li Chengxiu de repente.

Shao Qun se quedó de piedra. Haciendo memoria, esta parecía ser la primera vez que Li Chengxiu lo llamaba por su nombre con el tono de alguien que se reencuentra con otra persona después de muchos años. Tuvo una extraña sensación, como si… como si recién hasta ese momento Li Chengxiu estuviera reconociendo que él era Shao Qun.

Con una sutil melancolía oprimiéndole el pecho, siguió el hilo de la conversación de manera inconsciente.

—Sí, hemos crecido.

Li Chengxiu apartó la mano de la suya y bajó la cabeza en silencio, fijando la mirada en la punta de sus zapatos.

Shao Qun observó sus orejas enrojecidas y su cuello pálido, sintiendo una comezón insoportable en el corazón.

Sabía que aún no era el momento, por lo que se esforzó en reprimir el deseo de hacer algo más.

—Chengxiu, aunque hayamos crecido, lo que siento por ti no ha cambiado —dijo con voz suave—. Démonos una oportunidad, ¿sí?

—No lo… sé. —Li Chengxiu negó con la cabeza.

—No tienes que saberlo ahora, tómate tu tiempo. Pero, no vuelvas a rechazar mis buenas intenciones.

—No quiero vivir… en tu casa —insistió Li Chengxiu, negando con terquedad.

—Está bien, no te obligaré con eso. Solo quería que vivieras un poco mejor, no tengo malas intenciones.

Li Chengxiu por fin levantó la cabeza y, sintiéndose un poco más aliviado, esbozó una leve sonrisa.

—Gracias.

Shao Qun también sonrió y le acarició la mejilla.

—Vaya que eres terco. Ven, bajemos, ya es mediodía. Te llevaré a comer.

Durante el almuerzo conversaron un poco más. Li Chengxiu incluso le comentó por qué la preparación de los hongos ostra con salsa de abulón no era lo suficientemente auténtica. Shao Qun pudo notar que la actitud defensiva que Li Chengxiu había mantenido desde que se reencontraron se había desvanecido considerablemente.

Él, Shao Qun, nunca se había esforzado tanto por alguien que le gustara, y sin embargo, no se sentía fastidiado en absoluto. La naturaleza del hombre es amar la conquista. En ese momento se sentía como si estuviera en el campo de batalla, sitiando la fortaleza paso a paso, devorando poco a poco las defensas enemigas. Los frutos de la victoria parecían estar al alcance de su mano, pero a la vez, tan lejanos como el horizonte, provocándole una impaciencia irresistible y una adicción de la que no podía escapar.

Después de comer, Shao Qun tenía planeado llevarlo a pasear, pero inesperadamente recibió una llamada avisándole de un asunto urgente que requería su presencia. Sin más remedio, tuvo que dejar a Li Chengxiu en su casa.

—Mañana te llevaré a escoger los ingredientes. Tienes que probarlos tú mismo —le dijo Shao Qun al despedirse.

Li Chengxiu asintió.

—Y pasado mañana tendremos una cita.

—¿Ah?

—Te llevaré a trabajar un día, y al siguiente tendrás una cita conmigo. —Shao Qun le guiñó un ojo con picardía.

—Tú… ¿acaso no trabajas? —preguntó Li Chengxiu, ruborizándose un poco.

—El trabajo no se compara con estar a tu lado —respondió Shao Qun con una sonrisa ambigua.

Li Chengxiu le dirigió una mirada llena de vergüenza.

—Chengxiu… ¿me dejas darte un beso? —susurró Shao Qun en su oído.

Asustado, Li Chengxiu retrocedió de inmediato. Al recordar el beso en el hueco de la escalera, su rostro se tiñó de un rojo escarlata.

—¿Por qué te avergüenzas con tanta facilidad? —Shao Qun soltó una carcajada.

—Esto… esto no está bien —tartamudeó Li Chengxiu.

Shao Qun suspiró e hizo un ligero puchero. Con una expresión de decepción, lo miró con lástima, tal como un niño pequeño al que no le han dado su mesada.

Al instante, Li Chengxiu se sintió un poco más relajado y esbozó una leve sonrisa.

—Adiós.

Durante los días siguientes, ambos se vieron casi a diario. Shao Qun lo llevó a comer, a beber y a divertirse por todas partes, colmándolo de atenciones, ternura y cuidados.

Sin exagerar, Li Chengxiu no había llevado una vida tan libre de preocupaciones en al menos veinte años.

No tenía que ir a trabajar, pero seguía cobrando su sueldo.

Por primera vez en su vida estaba siendo cortejado y valorado; la sensación de estar acompañado resultó ser maravillosamente hermosa. Además, el vasto conocimiento de Shao Qun le permitió experimentar muchas cosas nuevas y, en tan solo unos días, le abrió los ojos al mundo. Nunca imaginó que la ciudad en la que había vivido durante tantos años albergara tantas maravillas novedosas y fascinantes de las que jamás había oído hablar.

Aunque todos los días se repetía a sí mismo que no debía dejarse llevar, en el fondo, anhelaba encontrarse con él.

Este sentimiento era tan similar al que había experimentado cuando recién se conocieron…

Al principio, iba a la escuela todos los días con la esperanza de escapar del sombrío ambiente de su hogar, pero con el tiempo, aquello se transformó en la ilusión de poder compartir un tranquilo descanso de mediodía junto a Shao Qun en la azotea.

Al igual que en aquel entonces, era como si Shao Qun le hubiera abierto una puerta para conducirlo a un mundo completamente nuevo, cerrándola de golpe a sus espaldas para dejar afuera el sufrimiento, los complejos de inferioridad y el agotamiento de su antigua realidad.

En ese mundo no existían las preocupaciones ni la cruda realidad; ya no era discriminado ni ignorado, ni se veía forzado a llevar una existencia humilde y amarga. Al contrario, recibía cuidados minuciosos y era tratado con gran importancia. Al estar junto a Shao Qun, incluso aquellos que solían mirarlo con desprecio lo trataban con respeto. Era como si de pronto se hubiera convertido en alguien sumamente importante: alguien lo apreciaba, lo quería y estaba dispuesto a hacerle compañía para que ya no se sintiera tan solo.

Todas aquellas fantasías que solo se atrevía a abrigar en sueños, Shao Qun se las estaba cumpliendo una por una. Nunca se había atrevido a aspirar a los placeres de la vida, pero ahora se daba cuenta de que no podía resistirse a esas cosas que tanto había anhelado.

Por otra parte, Shao Qun no había sobrepasado los límites en esos días. Tal vez, debido a la frecuencia de sus encuentros, le daba pereza reaccionar, pero lo cierto es que ya se había acostumbrado a los ocasionales e íntimos gestos de afecto del otro.

Sin embargo, al ver que la fecha del banquete se acercaba cada vez más y que ya había transcurrido más de la mitad de las dos semanas estipuladas, una punzada de melancolía se apoderó de él.

Sin importar qué tan hermoso fuera el sueño, al final siempre tendría que despertar.

Ese día se encontraba a solas en su casa, mirando fijamente la pared, perdido en sus pensamientos.

Shao Qun había estado muy ocupado últimamente. Aunque los preparativos para el banquete estaban casi terminados, aún faltaban afinar ciertos detalles.

Si uno pasaba los días rodeado de bullicio, el descenso repentino a la tranquilidad resultaba difícil de asimilar.

Li Chengxiu bebió un sorbo de agua y ojeó las recetas que tenía preparadas, buscando algún aspecto que pudiera mejorar.

Estaba tan absorto en su lectura cuando, de repente, sonó el teléfono.

Se apresuró a tomarlo, pero al ver el identificador de llamadas, sintió una punzada de decepción en el pecho.

—Hola, gerente Zhang.

—Hola, Xiao Li. ¿Qué haces?

—Estoy… en casa.

—Oh, excelente. Prepárate entonces, que hoy tendrás mucho por hacer.

—¿Eh? ¿Por… por qué?

—El presidente Chen te ha asignado un dormitorio.

—¿Un… dormitorio?

—Así es. ¿Recuerdas que los dormitorios del personal aún no estaban habilitados? Bueno, hace poco terminaron de acondicionarlos y ya te asignaron uno. El presidente Chen te tiene en gran estima, porque te ha tocado uno bastante bueno. Qué suerte tienes. Como he notado que has estado libre estos días, lo mejor es que te mudes hoy mismo.

—¿Qué? —Li Chengxiu se llevó un buen susto. Tener un dormitorio era algo positivo, ya que le ahorraría el pago del alquiler, pero no había razón para tener que mudarse con tanta urgencia.

—¿Qué de qué? Dime, ¿dónde vives? Pásame tu dirección. Hoy tengo el día libre, así que iré a ayudarte con la mudanza.

El gerente Zhang nunca lo había tratado con tanto entusiasmo, al punto de sacrificar su propio día de descanso para ayudarlo a mudarse. Eso despertó algunas sospechas en su interior.

—Es… muy precipitado —se esforzó por explicar—. El lugar donde estoy… debo avisar… que entregaré la habitación.

—Con que le eches una llamada al casero es suficiente. Ya estamos a punto de terminar el mes; primero múdate, y cancelas el contrato de alquiler a fin de mes. Así de simple.

—Tengo que avisarle… con dos meses de antelación… que dejaré de alquilar. Si no, me va a descontar… el depósito.

—Ah, el hotel se hará cargo del depósito. De lo contrario, dejar esa habitación desocupada saldrá aún más caro. No desprecies la amabilidad del presidente Chen. Apresúrate y pásame la dirección.

—Gerente Zhang, es que… es demasiado repentino…

La voz al otro lado de la línea dejó entrever finalmente un deje de impaciencia.

—No entiendo cómo un hombre puede poner tantas trabas. Si no te mudas pronto, en un par de días se van a pelear por un apartamento tan bueno como este. Además, será para ti solo. ¿Cuántas personas en nuestro hotel gozan de semejantes privilegios? Date prisa, ¿qué estás dudando?

Temeroso de ofenderlo, Li Chengxiu lo pensó y consideró que el hombre tenía razón. Si el hotel iba a pagarle la penalidad por incumplimiento de contrato, no tenía de qué preocuparse. Se dejó llevar por el impulso y le dio su dirección.

Al escuchar eso, el gerente Zhang se alegró de inmediato.

—Ahora mismo hay mucho tráfico, así que tardaré poco más de una hora en llegar. Empaca tus cosas cuanto antes.

Li Chengxiu colgó el teléfono y se quedó pensativo por un rato.

Nunca había visto una mudanza tan desesperada como si a alguien le persiguiera la muerte. Y, para colmo, el gerente Zhang, quien por lo general lo ignoraba a todas horas, ¿por qué haría el viaje solo para ayudarlo a mudarse? Su mente se llenó de dudas; por más vueltas que le diera, presentía que algo andaba mal.

Primero, se apresuró a llamar al casero. Como su aviso de mudanza era tan repentino y tenía problemas para expresarse con fluidez, no logró explicarse bien en un principio. Esto enfureció al propietario, quien le dio una reprimenda por teléfono hasta que por fin le aclaró que pagaría la penalidad. Solo entonces se tranquilizó.

Luego de llamar a su casero, marcó el número de Shao Qun.

Jamás habría imaginado que algún día tendría a alguien a quien notificarle sobre su mudanza; era una sensación verdaderamente reconfortante.

Por desgracia, Shao Qun nunca contestó, de modo que tuvo que resignarse.

A pesar de no tener facilidad de palabra, era sumamente ágil y eficiente para trabajar. Sobre todo, teniendo en cuenta las incontables veces que se había mudado a lo largo de los años; tenía pocas pertenencias y eran fáciles de guardar. Sacó sus grandes bolsas de rafia tejida y unas cajas de cartón de mudanzas anteriores, y comenzó a empacar rápidamente.

Para cuando el gerente Zhang llegó en compañía del personal de mudanzas, Li Chengxiu ya había empacado casi todo y se encontraba desmontando el armario con unas herramientas.

El gerente Zhang se acercó rápidamente para detenerlo.

—No es necesario que traigas ningún mueble. El lugar ya cuenta con todo lo indispensable; encontrarás desde lo que puedas imaginarte, hasta cosas que ni siquiera se te crucen por la cabeza.

—Pero… —Li Chengxiu frunció el ceño. Esos muebles los había comprado con su propio dinero. Si algún día dejaba de vivir allí, ¿acaso tendría que comprar todo de nuevo?

—Nada de peros. No te los lleves, de todas formas no habrá espacio para meterlos allá.

—Pero… no puedo. En el futuro… si llego a mudarme…

—El futuro ya se verá. Te aseguro que no hay sitio para meter todos estos trastos viejos. ¿Acaso planeas abarrotar el apartamento que el presidente Chen ha alquilado? Si el propietario se llega a enterar, le causarás problemas al presidente Chen.

Li Chengxiu pensó en sus palabras y reconoció que tenía razón. No obstante, le dolía demasiado en el alma tener que botarlos. Decidió que se mudaría primero; a fin de cuentas, aún faltaban un par de días para que concluyera el mes. Cuando tuviera tiempo al día siguiente, o al otro, volvería para recoger sus muebles y venderlos en un mercado de segunda mano, o bien, charlaría con el propietario para ver si se los compraba el próximo inquilino.

Con tanto ajetreo y prisa, a Li Chengxiu le bastó una tarde para acabar montado en el camión de mudanzas, tambaleándose por el camino en dirección al hotel.

Cuando el camión de mudanzas se internó en un complejo residencial que le resultaba extrañamente familiar, Li Chengxiu se quedó de piedra.

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