Wu Chenliu
Al ver cómo dejaba caer la cabeza, semejante a un cachorro herido, Hei Xuanyi se dio cuenta de que sus palabras habían golpeado el orgullo de Wu Ruo. Lo rodeó con los brazos, atrayéndolo hacia su pecho para consolarlo.
—Soy diferente a ti —dijo—. La mayor parte de mi energía espiritual me la transfirió mi bisabuelo en su lecho de muerte. Solo por eso logré ascender al noveno nivel en tan poco tiempo.
Al escucharlo hablar sobre su pasado, lo miró con asombro.
—¿Tu bisabuelo te transfirió toda su energía espiritual? —preguntó—. ¿Acaso eso no provocaría que tu cuerpo explotara hasta la muerte?
Era igual que consumir Píldoras Espirituales Divinas de grado supremo. Si alguien ingería varias de golpe, el torrente abrumador de energía destrozaría su cuerpo. Por lo tanto, aunque se poseyeran múltiples píldoras, no podían consumirse a la ligera; se requería un intervalo mínimo de seis meses a un año entre cada dosis. Durante ese período, el cultivador debía meditar y consolidar su fuerza de forma diligente, ya que un ascenso rápido no garantizaba unos cimientos sólidos. De no hacerlo, era muy probable enfrentarse a una situación donde, a pesar de estar en el mismo nivel de cultivo que otro, la verdadera fuerza espiritual resultara inmensamente inferior.
—Mi constitución física es bastante peculiar.
Frunció el ceño.
—Cuando te transfirió su poder —preguntó tras pensarlo un momento—, ¿en qué nivel se encontraba?
—En el noveno.
—Su poder de noveno nivel, sumado a tu propia energía espiritual, debería superar con creces ese límite, ¿no? —indagó—. ¿Es posible ascender al décimo nivel? Aunque, para ser sincero, jamás he escuchado de alguien que logre superar el noveno.
En su vida pasada, jamás había interactuado con un maestro de artes esotéricas de noveno nivel, por lo que desconocía los pormenores de esa etapa.
—No existe el décimo nivel —explicó Hei Xuanyi—. Una vez que se alcanza la novena etapa, es imperativo cultivar y expandir el campo espiritual para almacenar una cantidad aún mayor de energía. Solo así, en momentos críticos, se pueden ejecutar al máximo las técnicas secretas supremas del clan. Un ejemplo de ello es la Marcha Nocturna de los Diez Mil Fantasmas. Cuando abandonaste la Ciudad Gaoling, presenciaste este arte, pero no alcanzó su verdadero potencial debido a una insuficiencia de energía. El auténtico Banquete de los Diez Mil Fantasmas es un evento absolutamente aterrador; exige un consumo colosal de poder espiritual para invocar a los espíritus malignos de mayor jerarquía.
Wu Ruo se quedó callado de repente. Lo observó en silencio, abstraído.
Una chispa de desconcierto brilló en los ojos de Hei Xuanyi.
—¿Qué ocurre?
—Tú…
—¿Hmm?
Lo miró con una expresión insondable.
—Es la primera vez que me hablas tanto.
Si en nuestra vida anterior este hombre hubiera sido capaz de hablar así, no se habrían forjado tantos malentendidos entre nosotros.
Hei Xuanyi guardó silencio.
Ciertamente, en su día a día era de pocas palabras. Sin embargo, eso no significaba que detestara hablar; simplemente, en el pasado rara vez había contado con alguien dispuesto a acompañarlo, conversar o compartir confidencias. Con el paso del tiempo, el silencio se había convertido en su costumbre.
—A partir de ahora, hablaré más contigo.
Era una frase sumamente ordinaria, pero, por alguna razón, el corazón de Wu Ruo se encogió con una fuerza brutal. Dolió tanto que sintió el impulso irrefrenable de abrazarlo con fuerza. Y, de hecho, lo hizo. Hundió el rostro en el cuello de Hei Xuanyi, aspirando la fragancia que emanaba de su cuerpo.
Hei Xuanyi sintió una humedad gélida contra su piel. ¿Acaso la persona entre sus brazos estaba llorando?
Se paralizó un instante, abrumado por la torpeza. Justo cuando iba a reaccionar, escuchó la voz ahogada de Wu Ruo.
—No te muevas —sollozó—. No me mires y, sobre todo, no me preguntes nada.
Ni él mismo lograba comprender por qué se sentía tan devastado.
Hei Xuanyi no pronunció palabra.
No supo cuánto tiempo transcurrió hasta que sintió que la respiración contra su cuello se volvía cada vez más rítmica y pausada.
Con sumo cuidado, lo apartó un poco de su pecho. Las espesas pestañas de Wu Ruo aún albergaban gotas cristalinas. Con el corazón encogido por la ternura, bajó la mirada y besó suavemente aquellas lágrimas. Luego, manteniendo esa postura protectora, lo abrazó hasta quedarse dormido.
Tres días después, las caminatas diarias de Wu Xi fuera de la residencia finalmente rindieron frutos. Apenas cruzó las puertas de regreso, se apresuró a contarles a Wu Ruo y a los demás sobre su peculiar encuentro con un hombre extraño.
—Ese sujeto parecía unos años mayor que papá —relató—. Era sumamente apuesto, pero resultó ser un lunático. En cuanto me vio, se abalanzó sobre mí muy alterado y me agarró del brazo. Aseguraba que el colgante de jade que llevo en la cintura le pertenece y me exigió que se lo devolviera. ¡Incluso me llamó ladrona, diciendo que se lo había robado!
Wu Qianqing y Guan Tong dirigieron sus miradas hacia Wu Ruo.
—¿Y qué le respondiste? —preguntó él.
—Le dije que el colgante me lo había comprado mi segundo hermano por cinco mil taeles de plata. Le advertí que, si no me creía, podía ir a la tienda donde lo adquiriste para indagar; así descubriría si realmente se lo robé o no.
Wu Ruo asintió, satisfecho. Si no ocurría ningún imprevisto, Wu Chenliu no tardaría en llamar a su puerta.
Y así fue. Dos horas más tarde, tras haber esclarecido los hechos, Wu Chenliu se presentó en la residencia con regalos para ofrecer sus disculpas.
Wu Ruo ordenó al resto que regresaran a sus respectivos patios; únicamente Hei Xuanyi y Hei Xin permanecieron junto a él en el salón principal.
Cuando invitaron a Wu Chenliu a pasar, este alcanzó a escuchar a uno de los sirvientes informando a los señores de la casa.
—Amo, señora, este viejo esclavo ha averiguado que la Academia Xuanhai es la institución más prestigiosa de la Ciudad Imperial. Sin embargo, solo aceptan a los herederos de la nobleza. Si alguien sin estatus ni linaje ingresa a estudiar allí, es muy probable que sufra abusos. Pero, si la señorita Xi asiste a cualquier otra academia, temo que no logre aprender nada de valor…
El sirviente que guiaba a Wu Chenliu interrumpió el reporte de Hei Xin.
—Amo, señora, el invitado ha llegado.
Wu Ruo, que había estado prestando atención a las palabras de Hei Xin, levantó la mirada y, al ver a Wu Chenliu, se puso de pie de inmediato para recibirlo.
—Mayor, por favor, adelante.
Antes de su visita, Wu Chenliu se había encargado de investigar a fondo la situación de la Residencia Hei, por lo que la existencia de un esposo masculino no le causó asombro alguno. No obstante, la deslumbrante apariencia de los dos señores de la casa lo dejó perplejo.
Había escuchado los rumores de que los dueños poseían rostros dignos de deidades descendidas a la tierra, de una belleza inigualable. En su momento asumió que eran simples exageraciones, pero ahora, al verlos en persona, realmente sentía estar frente a dos inmortales.
Wu Ruo invitó a Wu Chenliu a tomar asiento y le sirvió una taza de té medicinal de la más alta calidad antes de hablar.
—Me pregunto qué asunto trae al mayor a nuestra humilde morada.
Sabiendo perfectamente que la reliquia de su esposa se hallaba bajo ese techo, Wu Chenliu no tenía prisa por revelar sus intenciones. Levantó la taza, dio un sorbo y suspiró con admiración.
—Qué té tan excepcional —elogió—. Este anciano jamás había probado algo tan exquisito. ¿Podría saber qué tipo de hojas se utilizaron para su infusión?
Wu Ruo curvó los labios en una sonrisa cortés.
—Es una simple mezcla de cinco hierbas medicinales infusionadas con hojas de té comunes. No es nada ostentoso ni costoso; espero que no sea de su desagrado.
—¿Hierbas medicinales? Entonces debe ser beneficioso para la salud.
—En efecto, posee propiedades revitalizantes y fortalece el cuerpo. Si al mayor no le incomoda, puedo pedirle a los sirvientes que le preparen un paquete para que se lo lleve a casa.
Wu Chenliu no hizo amago de falsa modestia.
—En ese caso, se lo agradezco de antemano.
Poco después, dejó escapar un suspiro.
—Este anciano ha venido hoy por un asunto particular —comenzó a explicar—. Esta misma mañana, mientras me dirigía a visitar a un viejo amigo, vi a una jovencita que llevaba un colgante de jade azul atado a su cintura. Al examinarlo de cerca, descubrí que la pieza era, de hecho, una reliquia dejada por mi difunta esposa. Llevado por la agitación del momento, sujeté a la muchacha y le dirigí palabras bastante descorteses…
Wu Ruo fingió absoluta ignorancia.
—Esa jovencita de la que habla el mayor… ¿se trata de…?
—Es precisamente tu estimada hermana menor, Wu Xi. Tengo entendido que pagaste cinco mil taeles de plata por la pieza. Estoy dispuesto a reembolsarte esa cantidad. No… ¿qué tal si ofrezco diez mil taeles para comprarlo de vuelta?
Wu Ruo simuló meditarlo un instante.
—Si verdaderamente es una reliquia de su esposa, puedo devolvérselo. Sin embargo, ¿cómo podemos verificar que el colgante le pertenecía a ella?
—La pieza lleva grabado el carácter “Lan”, y en la esquina superior derecha presenta una pequeña fisura. Años atrás, cuando mi esposa cayó gravemente enferma, se desmayó y el jade se resquebrajó por el impacto. Le ruego encarecidamente a la señora de la casa que me permita comprarlo.
Wu Ruo le indicó a Hei Xin que invitara a Wu Xi a pasar al salón principal.
Al entrar y encontrarse con Wu Chenliu, los ojos de la joven se abrieron de par en par.
—¡Eres tú! —exclamó—. Segundo hermano, este es el hombre que me acusó de robarle su colgante.
—Xi, no seas impertinente. —Wu Ruo procedió a explicarle la situación del hombre.
La actitud de Wu Xi hacia él dio un giro drástico. Se apresuró a desatar el colgante de su cintura y se lo extendió.
—Así que es un recuerdo que le dejó su esposa. En ese caso, se lo devuelvo. Pero asegúrese de cuidarlo bien, no puede permitirse perderlo de nuevo.
Wu Chenliu extrajo unos billetes de banco de su túnica, pero Wu Ruo declinó el pago.
—Eso es inaceptable —protestó el anciano—. Ustedes gastaron cinco mil taeles de plata para adquirirlo. Si me llevo la reliquia, lo mínimo que debo hacer es reembolsarles esa suma.
Antes de llegar, Wu Chenliu había tramado un plan: si se negaban a devolverle el jade, revelaría su antigua identidad como miembro de la Familia Wu para obligar a Wu Ruo a cedérselo por respeto al clan. Jamás imaginó que el joven sería tan complaciente, entregándole la pieza sin siquiera aceptar el dinero a cambio.
—Cinco mil taeles es una suma insignificante para nosotros —respondió Wu Ruo—. No deje que le quite el sueño, mayor. Considérese un regalo de presentación, dado que somos recién llegados a esta región.
Wu Chenliu era perfectamente capaz de deducir que, en efecto, a aquella pareja no le faltaba la plata. Sin embargo, sentirse en deuda por tomar la reliquia sin pagar le resultaba incómodo.
—Cuando entré hace un momento —comentó—, los escuché mencionar que buscaban una academia para la joven.
Un destello iluminó los ojos de Wu Ruo.
—Así es. ¿Acaso el mayor tiene alguna buena recomendación?
—No diría que tengo una recomendación. No obstante, en el pasado, este anciano ejerció como mentor y ha instruido a un sinnúmero de estudiantes. Aunque no he fundado mi propia institución, mis enseñanzas no tienen nada que envidiar a las de las academias. Si no les parece indigno, estaría dispuesto a aceptar a la señorita Wu Xi como mi discípula a puerta cerrada. Además, mi residencia está bastante cerca, lo que haría sumamente conveniente su traslado diario.
Evidentemente, Wu Ruo ya sabía que el hombre vivía en las cercanías; de lo contrario, nunca habría instado a Wu Xi a pasear con tanta insistencia por esos rumbos.
—No es que nos parezca indigno en absoluto —aseguró—. El problema radica en que mi hermana menor se está especializando en las artes de los Maestros Yin-Yang, por lo que resultaría contraproducente que se desviara para aprender otras ramas esotéricas…
—Justamente, lo que este anciano enseña son las artes Yin-Yang.
Wu Ruo fingió una sorpresa absoluta.
—¿De verdad? Y dígame, mayor, usted es…
—Mi nombre es Wu Chenliu.
Los ojos de Wu Xi se dilataron al instante.
—¿Se apellida Wu? ¿Igual que nosotros? Entonces… ¿usted pertenece a la Familia Wu?
Wu Chenliu negó con un movimiento de cabeza.
—Debido a ciertos asuntos personales, fui expulsado del clan. Ya no se me considera un miembro de la Familia Wu.
—¡Pero por sus venas aún corre la sangre de la familia! Además, pertenece a la generación “Chen”. ¿Eso no lo convierte en hermano de nuestro tatarabuelo? —exclamó la joven, embargada por la emoción—. ¡Mayor, nosotros también somos parte de la Familia Wu! Aunque pertenecemos a una rama colateral proveniente de la Ciudad Gaoling.
—Lo sé —confirmó Wu Chenliu—. Antes de venir, me aseguré de investigar sus antecedentes.
Wu Xi lo interrogó con profunda cautela.
—¿Realmente está dispuesto a aceptar a esta joven como su discípula?
Él asintió solemnemente.
—¡Es maravilloso! —Gritando de júbilo, salió corriendo del salón—. ¡Tengo que contarles esto a mis padres!
Cuando Wu Qianqing y Guan Tong recibieron la noticia, se quedaron petrificados por la incredulidad. Jamás imaginaron que el futuro maestro de su hija sería, nada menos, que el hermano de su bisabuelo. Era un honor de magnitudes incalculables. Además, durante sus años de expediciones, Wu Qianqing había escuchado innumerables relatos sobre el prestigio de Wu Chenliu; sabía sin asomo de duda que sería un mentor excepcional. En consecuencia, sin mediar más palabras, permitieron que Wu Xi se inclinara formalmente para aceptarlo como maestro.
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