Te mimaré muy bien
Hunter soltó un suspiro, extendió la mano hacia los dedos de Winston; primero los rozó suavemente, y luego, sin pensarlo dos veces, los agarró y caminó hacia el hotel.
Se sentía como si estuviera llevando a Winston a casa; de repente tuvo una gran sensación de logro.
Ni siquiera quería darse una ducha; sentía que las últimas veinticuatro horas habían sido demasiado dramáticas, como si estuviera soñando.
Levantó las sábanas directamente y se metió, pegándose a un lado de la cama, dejando un gran espacio para Winston.
Al escuchar el sonido de Winston desvistiéndose, los nervios de Hunter también se tensaron; no por miedo, sino para sentir todo lo del otro de manera más sensible.
Cuando Winston se acostó, su aroma comenzó a esparcirse bajo las sábanas. Un gel de ducha masculino refrescante combinado con loción para después de afeitar; un aroma tenue y maduro.
Winston se puso de lado y extendió la mano hacia Hunter, pero este se puso nervioso.
Al recordar la fuerza con la que el otro lo había aplastado, Hunter se encogió hacia adentro.
La mano de Winston se detuvo en el aire, se dio la vuelta y le dio la espalda a Hunter.
Esto decepcionó a Hunter.
Esta no era la primera vez que dormían juntos; en Austria, en las aguas termales de Noboribetsu, en Dubái… y solo en esta ocasión Hunter sintió distanciamiento.
Hunter se acercó lentamente y abrazó a Winston por la espalda; en el instante en que cerró los brazos a su alrededor, sintió claramente cómo los hombros de Winston se tensaban.
Él levantó la mano y cubrió cuidadosamente la de Hunter, temiendo que, si usaba un poco más de fuerza, Hunter comenzaría a forcejear de nuevo.
De repente, Hunter sintió culpa.
Más que culpa, lo que sentía era un gran deseo de atesorar a ese Winston. La impresión que siempre le había dado era la de alguien racional y poderoso, que tenía claros sus objetivos y sabía qué hacer. Y resulta que él era la persona que Winston había intentado conseguir a toda costa.
El confundido era él mismo.
La frente de Hunter se apoyó suavemente contra la espalda de Winston.
—Hunter, ¿todavía te gusto? —preguntó Winston.
—Sí.
Mucho, muchísimo.
Incluso si había huido asustado, no podía evitar sentirse atraído por aquel hombre.
—Entonces no te escondas de mí.
—En… entonces no tengas la mente llena de ganas de follarme…
Las orejas de Hunter volvieron a sonrojarse.
¡Ser follado… y además por alguien de su mismo sexo, simplemente ponía de cabeza toda su visión de la vida!
—Es un instinto, es imposible no pensarlo. Pero puedo no obligarte, siempre y cuando no te escondas de mí.
Por supuesto, Hunter sabía que cualquier cosa que Winston prometiera la cumpliría, lo que de pronto le hizo sentir una mayor seguridad.
—De acuerdo.
Apenas Hunter terminó de hablar, Winston se dio la vuelta para mirarlo.
Esos ojos profundos en la oscuridad, que alguna vez Hunter creyó indescifrables, ahora parecían finalmente comprensibles.
Hunter se acurrucó hacia él; Winston levantó el brazo para rodearlo, apoyó la barbilla sobre la coronilla de Hunter y dejó escapar un suave suspiro.
—¿Por qué suspiras? —preguntó Hunter, mientras escuchaba los latidos del corazón de Winston.
—Porque cuando saliste huyendo, estaba pensando… cómo iba a hacer para que volvieras.
—¿De verdad te gusté desde la primera vez que me viste?
—Sí, en esta vida. Desde la primera vez que te vi, ya me gustabas.
—Pero yo no creo en el amor a primera vista.
—Te miré muchas veces, así que no fue amor a primera vista.
La respuesta de Winston sonó tan natural que las comisuras de los labios de Hunter se curvaron lentamente hacia arriba.
—Yo también te miré muchas veces… ¡ahora que lo pienso, cada una de esas miradas me gustaba muchísimo!
El corazón de Hunter volvió a saltar de alegría; cuando esas palabras salieron de su boca, él mismo se quedó atónito.
La línea de los labios de Winston se curvó, contenida y sexy.
Hunter nunca imaginó que una frase dicha sin pensar pudiera complacerlo tanto.
Es cierto, ¿por qué estaba siendo tan tacaño?
Ese hombre lo amaba, y a él le importaba muchísimo. ¿Qué podría ser más perfecto que eso?
Claro… aparte de ese pequeñísimo problema entre los dos.
Inexplicablemente, se sentía tan feliz que no podía conciliar el sueño.
Hunter levantó la barbilla y depositó un ligero beso en el labio inferior de Winston; el otro le devolvió el beso de inmediato.
No había la impaciencia ni el descontrol del principio; como si Winston se estuviera reprimiendo con todas sus fuerzas, todo se volvió suave.
La fuerza de sus succiones, una y otra vez, lamiendo la punta de la lengua de Hunter; cada roce alteraba la respiración de Hunter.
Una de las manos de Winston rodeó el cuello de Hunter, sujetando suavemente su nuca mientras sus dedos amasaban su cabello; todo esto hizo que la mente de Hunter divagara.
Instintivamente, Hunter levantó la mano, tirando del cuello de la camisa de Winston, acercándolo hacia él como un niño que pide un dulce.
Esa reacción hizo que Winston intensificara el beso; jaló a Hunter un poco más hacia sus brazos, mientras la punta de su lengua envolvía suavemente la de Hunter, lamiendo la línea de sus dientes.
Hunter cerró los ojos, dejando escapar un suave sonido de “mmm”; la mano que tiraba del cuello de Winston se deslizó para abrazarlo con fuerza.
La punta de la lengua de Winston lo rozaba, deslizándose casi imperceptiblemente por su labio superior, a punto de salir de su boca.
Hunter la persiguió, mordiendo suavemente a Winston; rodó hasta quedar encima de él y, presionando sus hombros, imitó la forma en que Winston le lamía la línea de los labios y los dientes, buscando su lengua; apenas la encontró, no pudo evitar succionar con avidez.
Winston levantó las manos, permitiendo que Hunter continuara succionando y besándolo incesantemente, hasta que de repente Hunter pareció darse cuenta de algo y levantó la cabeza para mirarlo; solo entonces las manos de Winston abrazaron a Hunter.
Hunter estaba un poco nervioso.
Esta era la primera vez que tomaba la iniciativa de besar a alguien…
Sintió un calor repentino en todo su cuerpo y tragó saliva con un sonido audible.
Menos mal que no habían encendido la luz; de lo contrario, Winston seguramente habría visto sus orejas rojo vivo.
La respiración de Winston estaba caliente; sus rodillas subieron lentamente, sosteniendo a Hunter de modo que parecía estar sentado sobre las piernas de Winston mientras lo abrazaba.
—Así que… así es como te gusta…
La voz de Winston, entremezclada en sus respiraciones, tenía un encanto conmovedor, como si después de mucho buscar, finalmente hubiera encontrado la salida.
—¿Qué cosa?
—Nada… —Winston levantó ligeramente la cabeza y depositó un beso en los labios de Hunter—. Seré tierno contigo, ya no seré impaciente. Te mimaré muy bien, de la forma en que a ti te gusta.
—¡Pero si no soy una doncella! ¡Qué es eso de ser tierno! ¡Tampoco soy un niño! ¡No necesito que me mimes! —se quejó Hunter.
A pesar de sus quejas, en el fondo algo comenzaba a agitarse; y con cada palabra que Winston pronunciaba, se hacía más evidente.
—Claro que no eres doncella. Ni tampoco un niño inmaduro. —Winston acarició suavemente la espalda de Hunter y, con su habitual tono solemne, le dijo—: Eres mi rey.
Se sintió como si le hubieran dado un fuerte empujón, como si se le fuera a abrir una herida en el pecho.
—¡Te voy a morder hasta matarte!
Hunter apretó los dientes; sabía que este hombre lo estaba seduciendo, antes y más aún ahora.
Intentó besarle la mejilla y morderle la punta de la nariz, pero el otro se apartó riendo suavemente, para luego darle un beso en la oreja.
Esa risa era tan grave; cuanto más contenida y mesurada, más sexy resultaba.
Hunter encogió los hombros y Winston pegó su mejilla a la suya; aunque no hubiera luz, Hunter sabía que el tipo estaba sonriendo, y además con esa sonrisa indulgente de un adulto hacia un niño.
Sin embargo, Hunter descubrió que, sorprendentemente, no sentía enojo en absoluto.
Aquella sensación de alegría y seguridad le provocó sueño a Hunter; levantó los brazos para abrazar al otro, ladeando el rostro y apoyándolo directamente contra su pecho. Quería frotarse un poco y luego bajar, pero el pecho de Winston subía y bajaba ligeramente, como el océano a medianoche; deseaba quedarse así para siempre.
Poco a poco, la respiración de Hunter se fue alargando; Winston levantó ligeramente la cabeza y rozó con su barbilla la coronilla del joven.
—¿Hunter?
Ese llamado, tan suave que parecía una caricia en sus nervios, hizo que Hunter tuviera menos ganas aún de abrir los ojos.
—…Mmm…
Winston estiró el brazo, jaló las sábanas para cubrirlos a ambos y depositó un ligero beso en la coronilla de Hunter.
Ese día, las entrevistas de Hunter estaban programadas para la tarde, mientras que las de Winston eran en la mañana.
Cuando sonó la alarma, Winston abrió los ojos y vio que Hunter aún estaba recostado sobre él, durmiendo profundamente; tuvo que sostenerlo para intentar bajarlo. Sin embargo, los ojos de Hunter parpadearon y, apoyándose en los ombros de Winston, se sentó.
—Mmm… ya es de mañana…
—Sí. Tengo que volver a mi escudería. —Winston le dio un ligero beso en la punta de la nariz a Hunter—. Puedes seguir durmiendo.
—Mmm. —Hunter se movió un poco y solo entonces se dio cuenta de que estaba sentado sobre Winston.
Trató de bajarse de inmediato, pero Winston lo sostuvo por la cintura y lo bajó lentamente.
—Duerme un poco más.
Winston lo cubrió con las sábanas, se levantó, agarró su chaqueta y, con un movimiento fluido en el aire, deslizó los brazos por las mangas.
Hunter no se durmió; se quedó observando la espalda de Winston con la barbilla apoyada en las manos.
—¿Qué pasa? —preguntó Winston, volteando a mirarlo.
—Nada.
—Te esperaré en el centro de prensa… hasta que termine tu entrevista. ¿Cenamos juntos luego?
—De acuerdo. —Hunter asintió.
Solo entonces, Winston se marchó.
Cuando se escuchó el clic de la puerta, Hunter apartó las mantas de golpe, corrió a la ventana y esperó poco más de un minuto, hasta ver la figura de Winston saliendo del hotel.
Winston se dio vuelta de repente; Hunter se escondió a un lado de inmediato y, pasados unos segundos, se asomó de nuevo, notando que Winston ya se había alejado.
¿Qué había pasado anoche?
¡Él le dijo a Winston lo que sentía, y resultó que a Winston también le gustaba!
¡Y Winston lo había besado!
Ese beso fue tan jodidamente intenso; en ese momento sintió que no podía respirar, como si el otro se fuera a tragar su vida entera, pero ahora que lo pensaba… ¡en realidad fue bastante emocionante!
Hunter se sobresaltó por sus propios pensamientos.
Winston lo había estado amando durante mucho, mucho tiempo, por lo que todo su acercamiento había sido planeado; toda su tolerancia y compañía eran porque le gustaba.
¡Ayer él había huido de esa manera, y Winston no le había hecho nada malo!
En realidad no había nada que temer; si Winston de verdad intentara obligarlo de nuevo, ¡simplemente pelearían! ¡O noqueaba a Winston, o Winston lo noqueaba a él!
¡Hunter se sentía inexplicablemente emocionado y quería dar vueltas en círculos!
A pesar de no haber dormido muchas horas, Hunter se sentía tan despierto como si hubiera tomado una docena de tazas de café, ¡y su corazón latía muy rápido!
Saltó de regreso a la cama, jaló las sábanas para envolverse en ellas, sintiendo que aún podía percibir el calor corporal de Winston.
¡Ah! ¡Anoche durmió toda la noche sobre el cuerpo de Winston y no lo empujaron!
¡Qué increíble!
El tiempo pasó así, y sin darse cuenta llegó el mediodía.
Hunter almorzó junto con el resto de la escudería.
Sacó su teléfono y lo revisó infinidad de veces, sin recibir ni un solo mensaje de Winston. Esto lo decepcionó un poco, pero sabía que tal vez el programa de entrevistas de Winston aún no había terminado.
Hunter tomó una cucharada de sopa de champiñones y trufas negras y se la llevó a la boca; en ese momento, el teléfono vibró en su bolsillo y lo sacó de inmediato.
El mensaje era de Winston, e hizo que el corazón de Hunter diera un salto:
[¿Ya estás almorzando?]
Hunter: [Sí. ¿Y tú?]
Winston: [Estoy yendo a comer.]
Hunter apretó los labios mientras miraba la pantalla del teléfono; sin saber por qué, un pensamiento cruzó por su mente.
Sabía que él le gustaba a ese hombre, sabía lo que él deseaba hacer con tantas ganas y sabía que se contendría para no lastimarlo; eso le dio a Hunter ganas de ser travieso.
Sus dedos teclearon rápidamente en el teléfono:
[Pero yo tengo más ganas de lamer tus labios y morder la punta de tu lengua.]
Tras enviarlo, Hunter cortó un gran trozo de carne y se lo metió a la boca.
En ese instante, el mánager de relaciones públicas se acercó para confirmar una vez más con Hunter todas las preguntas de la entrevista.
—Hunter, tienes que ser natural, no te pongas nervioso y sonríe mucho. A tus fans les encanta tu sonrisa.
—¡Mmm, ya lo sé!
—¡Solo no te pongas nervioso, por favor!
El mánager seguía temiendo que Hunter se quedara mudo por los nervios.
—¡Ah, descuida! ¡Si de verdad me quedo mudo de los nervios, el público y los medios me entenderán!
Hunter se llevó a la boca otra cucharada grande de puré de papas.
—¡Bien! ¡Mantén esa actitud! ¡Esa actitud es perfecta!
Cuando el mánager se alejó, Hunter se apresuró a sacar su teléfono para revisarlo.
¿Eh? ¿Cómo era posible que Winston no le hubiera respondido?
¿Acaso se debía a que Winston también había empezado a almorzar?
Sin embargo, hasta que Hunter se puso el traje listo para ir al centro de prensa, el mensaje de Winston aún no había llegado.
De acuerdo… tal vez otros periodistas lo habían acorralado otra vez.
Hunter llegó con la escudería al equipo de producción del programa; todos estaban ocupados y tensos confirmando los preparativos finales.
En esta ocasión, el presentador del programa era el señor Cacho, quien también era un reconocido comentarista de Fórmula 1.
El señor Cacho repasó repetidas veces toda la serie de preguntas con Hunter; este, que había asegurado que no estaría nervioso, ahora empezaba a sentir los nervios.
No era como una entrevista de prensa acompañado por Marcus, ni como una charla cara a cara con Audrey; esto era una entrevista de televisión, e incluso había público en vivo.
—Oye, Hunter, no te preocupes. Si te olvidas de algo, o de repente no sabes qué decir, yo te ayudaré a arreglarlo, ¿de acuerdo?
—Gracias, señor Cacho. —Hunter aflojó instintivamente su corbata.
Faltaban diez minutos para que comenzara el programa.
Hunter se dirigió por última vez al baño.
Los pasillos estaban llenos de personal de prensa; Hunter suspiró profundamente y estuvo a punto de pasarse de largo la entrada del baño, pero alguien lo jaló del brazo.
Al voltear el rostro, se encontró con Winston vestido de traje.
Hunter se quedó paralizado un momento; Winston tiró de él y Hunter casi chocó contra su pecho.
Con gente yendo y viniendo a su alrededor, Winston se acercó a Hunter y le susurró al oído:
—Hoy no pude disfrutar mi almuerzo.
—¿Eh? ¿Dónde comiste?
—Tenía ganas de lamer tus labios y morder la punta de tu lengua.
La voz de Winston, suave y lenta, repitió el mensaje de texto que Hunter le había enviado.
—¡Oye! —El corazón de Hunter pareció haber sido enganchado por la leve sonrisa en las comisuras de los labios de Winston, como si este intentara arrancárselo lentamente del pecho.
La mano de Winston descansaba sobre la cintura de Hunter, ni muy suave ni muy fuerte, mirándolo como si estuviera contemplando a su niño más consentido.
En ese momento, alguien estaba por entrar al baño.
La mano de Winston en la cintura de Hunter de pronto ejerció fuerza, empujándolo hacia sí mismo; Hunter se tambaleó hacia adelante, pero Winston retrocedió de manera firme y constante, y con solo un par de pasos lograron meterse en uno de los cubículos.
Winston rozó la pierna de Hunter al estirar la suya, y con la punta del zapato enganchó la puerta del cubículo para cerrarla.
En el instante en que el seguro encajó, Hunter se puso nervioso.
—Tú… ¿tú… qué quieres hacer?
Hunter retrocedió por reflejo, apoyando la espalda contra la puerta.
Winston ladeó el rostro y sonrió:
—¿Qué estás pensando? No es como si pudiera hacerte nada aquí adentro. Tienes tanta fuerza cuando te resistes; si terminaras destrozando la puerta de un golpe, la prensa diría que los dos estamos peleados.
—Entonces, ¿qué quieres…?
Apenas Hunter separó los labios, Winston se inclinó hacia él. Como la velocidad fue demasiado rápida, antes de que pudiera preverlo, Winston lo besó.
A diferencia del aura arrolladora de la primera vez, esta vez fue sumamente tierno; aquella succión hizo que Hunter encogiera los hombros, y subconscientemente se acercó al otro.
Apenas la punta de la lengua de Winston rozó la de Hunter, se deslizó de largo, ascendiendo para presionar contra su paladar, acariciando suavemente los bordes blandos antes de enredarse nuevamente; no obstante, todo duró solo un breve instante antes de volver a apartarse.
Hunter persiguió por instinto la lengua de Winston; justo cuando la lengua del otro estaba a punto de retirarse, Hunter se apresuró a buscarla entre sus labios, y en ese preciso instante, la punta de su lengua recibió una delicada mordida.
La sensación fue como si sus pensamientos se hubieran descontrolado; la sangre en sus venas parecía dispersarse, queriendo saltar fuera de su cuerpo. Hunter jadeó y abrió los ojos para mirar al otro.
Pero Winston simplemente sonrió y depositó un beso en sus labios.
—Ve, tu entrevista está por comenzar.
A eso se refería con “lamer tus labios y morder la punta de tu lengua”.
De repente, Hunter ya no quería irse de allí.
La frente de Winston rozó con suavidad la ceja de Hunter:
—Ves… no tienes por qué tenerme miedo. No te lastimaré, ni tampoco te comeré vivo.
Fue como estar hipnotizado; el calor abrasador y la locura de Winston de aquel día parecían tan solo una alucinación de Hunter.
—Mmm…
Para ese momento, la persona de afuera ya se había lavado las manos y salido.
Winston le abrió la puerta a Hunter, y este salió.
El programa de entrevistas estaba a punto de comenzar; Hunter tomó asiento frente al presentador, el señor Cacho.
El público también había ocupado sus asientos y las cámaras estaban en posición.
Hunter tomó aire, levantó la mirada y vio a Winston sentado en la última fila del área del público.
No era un lugar que llamara la atención, y apenas si había iluminación, pero aun así Hunter lo notó al instante.
Con gran familiaridad, el señor Cacho pronunció sus palabras de apertura, encendiendo las expectativas del público presente hacia Hunter; asimismo, repasó el proceso desde que Hunter acababa de ingresar a la Fórmula 1 hasta que su posición en la clasificación no paró de escalar, e incluso exhibieron un par de adelantamientos icónicos.
Al mirar la pantalla gigante, Hunter también mostró una expresión de sorpresa.
El video, producto del trabajo de edición de la producción, se reproducía de manera impecable y la banda sonora lograba que la sangre hirviera de emoción.
Hunter señaló la pantalla gigante y preguntó:
—Ese… ¿ese de verdad soy yo? ¿Están seguros de que no editaron por accidente la carrera de otro piloto?
—Somos muy profesionales, no cometeríamos esa clase de errores —respondió el señor Cacho con total seriedad.
Hunter se acarició la cabeza, perplejo, y murmuró en voz baja:
—Vaya… ¡qué guapo soy!
A pesar de no haberlo dicho muy fuerte, fue suficiente para que el señor Cacho y los espectadores de las primeras filas lo escucharan. Por un momento, todos estallaron en carcajadas.
—Tú ya eres guapo de por sí —río el señor Cacho.
Esta entrevista profundizó poco en los aspectos técnicos, y se centró mucho más en el crecimiento personal de Hunter.
Y al hablar de su crecimiento, resultó inevitable mencionar a su padre.
Siendo honestos, nombrar a aquel hombre en un entorno como ese le resultaba incómodo a Hunter, e incluso lo ponía un poco nervioso.
El mánager de relaciones públicas le había preparado un discurso de antemano y Hunter lograba recordarlo, pero de pronto, no sintió deseos de expresarse de esa forma.
Dirigió su mirada hacia donde estaba Winston, quien también lo observaba. Su mirada era muy distinta a la de todos los demás que tenían sus ojos puestos en él.
Firme, poderosa y, al mismo tiempo, sosegada.
Como si, envuelto en esa mirada, pudiera contemplar todo su pasado con tranquilidad y calma.
—Al principio, estaba preparado para describir a mi padre como un héroe trágico, alguien que me enseñó a ser seguro de mí mismo y valiente, pero que fue derrotado por sus propios fracasos… Sin embargo, pensándolo bien, él era como cualquier otro padre; me amaba e incluso durante los momentos más duros de su carrera, jamás dejó de estar a mi lado.
Hunter habló sobre los múltiples intentos que hizo su padre cuando él era pequeño para fomentar su autoconfianza y evitar que tartamudeara en situaciones de tensión. Algunos métodos fueron bastante cómicos, y sacaron risas a la audiencia presente. Pero hubo otros que resultaron conmovedores, provocando incluso que a algunos de los hombres del público, que ya eran padres, se les humedecieran los ojos.
Al llegar al final y recordar la muerte de su padre, Hunter expresó:
—No me arrepiento de haber destrozado todas sus botellas de alcohol en aquella ocasión. Mi único lamento es no haberlo hecho mucho antes. Él sentía que toda su vida había sido un fracaso; pero si tan solo hubiera tenido un poco más de fortaleza, habría podido verme convertido en quien soy hoy. ¿Acaso no soy yo… digno de ser considerado el mayor logro de toda su vida?
Con la última palabra de Hunter, el recinto entero quedó sumido en un silencio cargado de emoción.
El señor Cacho, sentado frente a él, de repente comenzó a aplaudir con fuerza, y el resto del público lo secundó en una gran ovación.
—Me encantan las personas auténticas, al igual que las respuestas que no están maquilladas. Lo que Hunter me respondió realmente no se parece en nada a lo que tenía planeado decir. Y prefiero con creces esta historia más sencilla pero infinitamente más sincera. Ya que terminamos de hablar de tu padre, pasemos ahora a tu mejor amigo dentro de la Fórmula 1, Van Winston. Muchos medios saben que, durante las entrevistas, él está dispuesto a explayarse un poco más si se menciona a Evan Hunter. No te pediré que cuentes cómo se conocieron o si hay alguna anécdota divertida sobre su amistad, porque gracias a las profundas investigaciones de la señorita Audrey Wilson, muchos de los aficionados ya están al tanto. Para los fanáticos de la Fórmula 1, los últimos doce años pertenecieron a la era de Owen y Charles. Hace tiempo, antes del comienzo de esta temporada, Owen ya había expresado sus intenciones de retirarse; sin embargo, en un momento donde los seguidores temían quedarse sin un referente en el circuito, Winston irrumpió con la ferocidad de una espada afilada, y tú también has comenzado a alcanzarlo progresivamente, mostrándonos a todos el amanecer de una nueva época dorada.
Hora del huevo salado:
Hunter: Tenía ganas de lamer tus labios y morder la punta de tu lengua.
Winston: Ya veo… Yo tengo ganas de lamer tu (beep) y embestir tu (beep)
Hunter: …¡No… no eres nada romántico! ¡Una estrella! ¡Una estrella! ¡Una estrella!
***
¡Espero que hayas disfrutado el capítulo! Si te gustó, regálame un “me gusta” y déjame un comentario para saber que pasaste por aquí.¡Gracias por leer!
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