Asesinato a máxima velocidad
—¿A qué te refieres con que te voy a apuñalar con un cuchillo de mesa? —preguntó Maddie, mirándolo con indignación.
—¡Mejor así! No quiero volver a escuchar a los medios decir que nuestra escudería no está unida y que hay conflictos internos entre los pilotos.
—No pasará, estamos muy unidos. —Hunter forzó una sonrisa al mirar a Maddie.
—¡Ay! —exclamó Maddy de repente.
—¿Qué pasa?
—¡Evan Hunter! ¡Te atreviste a patearme el tobillo!
—¡Ah, lo siento! ¡No fue a propósito! ¡Solo quería estirar las piernas por costumbre!
¡Qué culpa tenía de tener las piernas largas! ¡No había remedio!
Maddie arrojó los cubiertos y se marchó bufando de indignación.
Hunter volvió a sentir un regocijo secreto en su interior.
Sin embargo, precisamente por eso debía ser más precavido.
Desde los entrenamientos libres hasta la clasificación y la carrera del Gran Premio, cada paso requería cautela absoluta.
Tras el instante de satisfacción, el desánimo volvió a apoderarse de él.
La escudería partió hacia el Reino Unido; al llegar a Londres, ya era de madrugada.
Tras haber dormido en el avión, Hunter no tenía ni una pizca de sueño.
Acostado en la cama del hotel, mirando al techo, dejó escapar un suspiro.
Jugar en el móvil durante diez minutos no le dio sueño; al contrario, lo despabiló aún más.
O tal vez… ¿buscar una película para ver?
Ah, cierto, cuando Winston lo asustó conduciendo el Ferrari, ¿qué película estaba imitando?
—¿Creo que se llamaba Asesinato a máxima velocidad? —murmuró para sí mismo.
Se recargó contra la cabecera de la cama y comenzó a buscar.
Para su sorpresa, la cinta gozaba de cierta fama. Había ganado varios premios de cine independiente y los protagonistas eran, en efecto, dos pilotos de carreras; de hecho, uno de ellos se llamaba Hunter.
—Eh, qué interesante —comentó.
La historia trataba sobre dos pilotos que habían sido rivales durante más de diez años, pero que, a la vez, eran los amigos que mejor se conocían en el mundo. Se animaban mutuamente durante la temporada y, en sus días libres, pescaban, viajaban y entrenaban juntos. Las primeras escenas poseían un tono bastante brillante y cálido.
Al mirarla, no pudo evitar que las comisuras de sus labios se curvaran hacia arriba.
Aquella era, precisamente, la vida que anhelaba compartir con Winston.
Sin embargo, todo cambió cuando el piloto Hunter resultó herido en un accidente durante una carrera. Obligado a retirarse de la Fórmula 1, planeaba mudarse a Islandia con su familia para llevar una vida libre del estruendo de los motores, dejándole la pista y la soledad al otro protagonista, Zero.
Al finalizar esa temporada, Zero llevó a Hunter a una cabaña en las afueras para pasar las vacaciones, tal como solían hacer; sería su último viaje juntos.
Cuando cayó la noche, Hunter se dio cuenta de que la ruta que Zero conducía no era la de siempre y comenzó a preocuparse.
—¿Prefieres que sea amable o más rudo?
—¿De qué material te gustan las esposas?
—¿Prefieres un látigo fino o uno más grueso?
El perfil de Zero lucía sombrío y desquiciado, provocando que un escalofrío recorriera la espalda de Hunter.
Resultó que Zero siempre había estado enamorado de Hunter, y los sentimientos acumulados durante años jamás encontraron una vía de escape. Había soportado en silencio hasta ese momento. Al comprender que Hunter de verdad iba a salir de su vida, su locura estalló y terminó encerrando al maltrecho piloto en un sótano.
Al principio, Hunter creyó que, si aguantaba, Zero recuperaría poco a poco la cordura; pero su captor se volvió cada vez más extremo, hasta que, incapaz de soportarlo más, lo apuñaló con un abrecartas.
Zero no dejaba de sangrar, pero en lugar de huir, Hunter presionó con fuerza su pecho.
—Qué bien… qué bien… Por fin puedo dejar de amarte…
Zero cerró los ojos, y Hunter comprendió al fin que todo había sido un plan diseñado por él para obligarlo a asesinarlo.
En el desenlace, Hunter arrastró a Zero hasta el auto en el que solían viajar, le abrochó el cinturón de seguridad con ternura y aceleró a toda velocidad hacia el final de la carretera.
“Sin ti, estoy muy solo.”
“Si lo único que queda es la soledad, prefiero la destrucción”.
Cuando resonó la música final, Hunter parpadeó.
—¡Mierda! ¡Qué demonios acabo de ver! —exclamó.
La primera mitad era conmovedora, la mitad aterradora, y el final…
Lo que sentía ahora era un miedo absoluto.
El verdadero y auténtico pavor a la soledad.
Hunter dejó escapar el aire de los pulmones.
—Genial, simplemente genial. ¡Ahora sí que no voy a poder dormir!
Por fortuna, al día siguiente la escudería seguía en la fase de preparación y todavía faltaba para los entrenamientos libres.
Tras terminar de desayunar con aspecto abatido, le dijo a Marcus que aún no se adaptaba al cambio horario y necesitaba recuperar horas de sueño.
—¿Eh? ¿Cambio de horario? —Marcus no se lo tragó en lo absoluto—. Amigo, tú te duermes cuando te da la gana. ¿Desde cuándo el cambio de horario es un problema para ti?
No obstante, era evidente que Hunter estaba agotado.
—Bueno, mejor ve y duerme bien.
Regresó a su habitación y se dejó caer sobre la cama. Ni siquiera había cerrado los ojos cuando sonó su teléfono.
Al mirar la pantalla, vio que era un número desconocido. Estuvo a punto de rechazar la llamada, pero la curiosidad por saber quién era le ganó.
—Hola, habla Evan Hunter.
—¿En qué hotel te estás hospedando? —Una voz ligeramente fría resonó a través de la línea.
Los hombros de Hunter se tensaron de inmediato.
¡Era Winston!
Un momento… ¿cómo había conseguido su número? Juraría que jamás se lo había dado.
Ah… qué importaba, su número de teléfono no era ningún secreto de Estado. Bastaba con preguntarle a cualquier miembro de la escudería de Marcus para conseguirlo.
—En el Hotel Luna. Supongo que otras escuderías también se alojan aquí.
—Yo también. ¿Quieres que vayamos a correr un rato?
—¿A correr? Ni hablar… Lo único que quiero ahora es dormir.
—¿Qué hiciste anoche?
No sabía si era su imaginación, pero si la voz de Winston le había parecido suave instantes atrás, en ese momento era puro hielo.
—¡Vi la película que mencionaste, Asesinato a máxima velocidad! Si hubiera sabido que tenía ese final, te aseguro que jamás la habría puesto.
—Entonces no te molesta la relación amorosa entre ambos pilotos, solo te afecta el desenlace.
—¡Dios mío! ¿A eso le llamas amor? ¡Eso es lastimarse mutuamente! ¡Y vaya basura escriben esos supuestos críticos profesionales! ¡Pura palabrería sobre “almas atormentadas por la realidad”! Si Zero tan solo le hubiera dicho a Hunter: «No te vayas, por favor, solo mírame a mí, quiero que estemos juntos», ¡las cosas no habrían terminado así! —Hunter comenzó a quejarse frenéticamente.
—Mhm —asintió Winston en un susurro.
—Aunque, para ser honesto, lo más aterrador no fue todo lo que pasó cuando encerraron a Hunter en el sótano…
—¿Entonces qué fue?
—Su temática central, por supuesto: la soledad. El miedo a estar solo llevó a Zero a necesitar a Hunter de esa forma. Y ese mismo pánico fue la razón por la que Hunter no se defendió al principio… no quería perderlo. Además, ¡lo que más me jode es que el protagonista tenga mi mismo nombre! ¡Me pasé toda la noche teniendo pesadillas donde me encerraban en un sótano!
—Es solo una película.
—Sí… solo es ficción… —suspiró—. Aun así, se siente muy raro estar hablando por teléfono contigo así como si nada. Por cierto, ¿sabes de la apuesta que hice con Maddy?
—¿Qué apostaron?
—Que conseguiré quedar, al menos, en sexta posición en el Gran Premio de Gran Bretaña.
—¿Y qué está en juego?
—No hay nada de por medio, solo que dejará de tirarme mierda. Aunque siento que será dificilísimo.
Hunter omitió mencionar que la apuesta, en realidad, tenía que ver con el mismísimo Winston.
—¿En qué habitación estás?
—En la 1665. ¿Por qué?
—Abre la puerta.
Hunter se sentó de golpe en la cama.
¿Es broma? ¿De verdad Winston estaba justo afuera?
Al abrir, se encontró con Winston vistiendo ropa deportiva; evidentemente acababa de terminar su rutina matutina.
Hunter retrocedió medio paso, todavía atónito, para dejarlo pasar.
La habitación apenas tenía una cama matrimonial y el sofá estaba cubierto con la ropa que se había quitado la noche anterior.
Se rascó la nuca, un poco avergonzado.
De haber sabido que Winston vendría, habría limpiado todo a la velocidad de la luz.
Pero, pensándolo bien… ¡a la mierda!
Él era desordenado por naturaleza; era mejor que Winston lo supiera de una vez por todas.
Winston se abstuvo de hacer comentarios sobre el desastre y simplemente se sentó al borde del colchón.
—Mientras rindas a tu nivel habitual, conseguir la sexta posición no será problema.
—¿De verdad lo crees?
—Mhm. —Winston palmeó el espacio a su lado, invitándolo a sentarse—. Corramos un poco.
—De acuerdo.
Hunter sabía perfectamente que Winston quería analizar junto a él las características de la pista y las estrategias de adelantamiento.
Cerró los ojos, concentrándose en la voz a su lado tal como había hecho la última vez. Aunque jamás había pisado el circuito de Silverstone, lo sintió increíblemente familiar, como si hubiera conducido sobre ese asfalto innumerables veces.
Y no se limitó a la pista. Winston también analizó con lujo de detalle las técnicas de Enzo de la escudería Lotus, de Duceni de McLaren, de Kurt de Williams y, por supuesto, de Donald de Sauber —a quien no logró superar en su último encuentro—, diseñando en su mente maniobras precisas sobre cómo y en qué curvas debía adelantarlos.
—Toda esta… experiencia… ¿me la estás entregando así como así?
—Si no te lo explicaba yo, terminarías descifrándolo por tu cuenta —repuso Winston—. Prefiero ahorrarme el tiempo de tener que esperarte a que lo hagas.
—Ah… ¡Siento que si no me meto en el top seis seré el mayor pecador de toda la Fórmula 1!
La sola presencia de Winston le transmitía una paz incomprensible. Hunter entrecerró los ojos, soltando un largo bostezo.
Se dejó caer de espaldas sobre el colchón y se acurrucó con lentitud antes de murmurar con voz pastosa:
—Winston… ¿por qué… eres tan bueno conmigo?
En un mundo lleno de tanta gente y con tantos pilotos excepcionales, ¿por qué me elegiste a mí?
Winston apoyó las manos en el colchón y se inclinó lentamente hacia él, rozando sus cejas con suma delicadeza.
—Porque vine a este lugar exclusivamente por ti.
Para entonces, la respiración de Hunter ya se había estabilizado; se había quedado profundamente dormido.
En medio de la bruma del sueño, sintió que algo increíblemente cálido y suave descendía desde el borde de su frente hasta rozar la comisura de sus labios, envolviéndolo por completo.
…
Hora del huevo salado:
Hunter: Con tantos pilotos excepcionales, ¿por qué me elegiste a mí?
Winston: Acércate un poco y te lo diré.
Hunter: ¡Mierda! ¡Dónde me estás tocando! ¡Carajo! ¡Dónde me estás lamiendo! ¡Aléjate de mí!
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