YOU RULE ME
—¿Dark Night? —El barman sonrió—. Es demasiado suave, ¿no es así?
—No es para mí, es para él. Hoy traje el auto.
Hunter sacudió las manos de inmediato:
—No bebo, ya lo sabes…
Eso le recordaría cómo su padre terminó perdiéndose a sí mismo por culpa del alcohol.
—Hunter, no eres igual a él —dijo Winston.
—¿Qué?
—No serás destruido por el fracaso, ni perderás tu esencia. Lo que te controla siempre será tu cerebro, no el alcohol.
Hunter miró el líquido azul hielo que le pusieron enfrente. Era como el color de los ojos de Winston, con un tipo de atracción difícil de rechazar.
—El llamado autocontrol no solo significa que nunca toques algo, sino que, incluso estando inmerso en ello, sigas siendo tú mismo. Además, te estaré observando en todo momento.
Hunter estaba un poco sorprendido. Tenía muy claro que, como piloto de primera categoría, Winston definitivamente poseía un fuerte autocontrol; debía manejar bien su cuerpo para controlar el monoplaza con la mejor condición y capacidad de reacción. Así que, en lugar de invitarlo a probar el alcohol, Winston debería estar más inclinado a aconsejarle que no bebiera.
Miró el líquido frente a él. En realidad, nunca le había dicho a nadie que, en el fondo de su corazón, le aterraba el alcohol, pero al mismo tiempo tenía que actuar como los demás jóvenes, fingiendo esperar el momento de poder beber para lucirse y aparentar ser un adulto.
Esa cosa le había arrebatado a su padre y a su familia. Pero, en el fondo, Winston tenía razón: lo que realmente le quitó todo eso no fue el alcohol, sino la incapacidad de su padre para enfrentar el fracaso.
Hunter levantó la copa y tomó un pequeño sorbo.
No sintió ningún sabor que le quemara la garganta; al contrario, una sensación refrescante se filtró a través de sus papilas gustativas hacia cada célula, y su cuerpo se relajó de forma gradual.
—¡Siento que su textura es muy suave, no tiene nada de Dark! —Hunter sintió que estaba a punto de enamorarse de ese sabor.
—Es como una noche oscura, te sumerge en una sensación de paz y comodidad insonora; no puedes despertar hasta que eres devorado por la noche profunda.
La voz de Winston era tenue pero suave, como plumas que rozaban incansablemente el corazón de Hunter, una tras otra.
Hunter descubrió que le gustaba escuchar hablar a Winston. Le gustaba muchísimo.
—¿Puedo pedir otra copa? —preguntó Hunter mirando al barman.
Sin embargo, el barman sonrió y miró a Winston.
—Dale un Lip on Finger —dijo Winston.
Las manos y los brazos del barman comenzaron a agitarse de nuevo. Poco después, empujó una bebida de color rosa pálido frente a Hunter.
—Oye, ¿esto es rosa? ¿Estás seguro de que no es para damas? —Hunter miró hacia Winston, divertido.
—Pruébalo. —Winston ladeó el rostro.
Bien, ya que lo recomendó con tanta insistencia, lo probaría.
Ojalá no fuera un licor dulce para engañar a las chicas.
Hunter dio un sorbo, abrió mucho los ojos y luego se tapó la boca:
—Oh…
—¿Qué tal? —preguntó Winston, recostado de lado. Apoyaba la barbilla en la mano y lo miraba con los párpados a medio cerrar.
Hunter se quedó atónito. Era la primera vez que veía a Winston mostrar una expresión tan relajada. La pereza entre sus cejas y ojos era como dedos que presionaban suavemente sobre sus nervios. Cuando quiso atraparlos, ya habían desaparecido en silencio.
—Tengo los labios un poco entumecidos. Es como si me hubieran enrollado la lengua…
—Por eso su nombre es Lip on Finger —dijo Winston.
*Lip on Finger ( el dedo en el labio-el gesto de mandar a callar o de silencio).
Hunter giró el rostro, examinó cuidadosamente el líquido rosado y luego levantó la vista para lanzarle una mirada de admiración al barman.
Después de esta copa, miró a Winston con curiosidad, como si estuviera preguntándose qué le pediría a continuación.
—Crazy Desire (Deseo Loco )—dijo Winston en voz baja.
El barman mostró una ligera expresión de sorpresa: —¿Estás seguro?
—Sí.
Hunter lo miró con algo de curiosidad:
—¿Qué pasa?
—Nada. —El barman hizo un gesto con el pulgar y el índice para indicar la distancia—. El Crazy Desire es un poquito más fuerte que las dos copas anteriores.
—¿Un poquito? El nombre de esta bebida ya sonaba intenso.
Por lo general, el poquito de un barman podía significar cruzar a otro nivel.
—De verdad es solo un poquito.
Los movimientos del barman fueron limpios y elegantes. Hunter observó con la cabeza levantada cómo, igual que en un truco de magia, preparaba una bebida con un fondo rojo sangre y un líquido dorado flotando en la parte superior, y la empujaba hacia él.
—¿No me ahogaré con esto, verdad?
El barman sonrió y negó con la cabeza:
—Te enamorarás de este sabor.
La anticipación creció en Hunter, y se humedeció los labios.
—Oye, es mejor que te lo bebas de un solo trago —advirtió el barman.
—¿De un trago? —Hunter miró en dirección a Winston.
El otro asintió.
—Yo te vigilaré.
Me vigilarás.
No dejarás que me hunda en un mundo que no me pertenece.
Hunter bajó la cabeza y sonrió.
—En realidad no nos hemos visto muchas veces, se pueden contar con los dedos de las manos.
—¿Y qué con eso?
—Pero es tan extraño… me das una inexplicable sensación de seguridad.
Ni siquiera mi padre, quien me subió a un kart, logró jamás hacerme confiar tanto.
—Entonces prométemelo: ante cualquier cosa que consideres peligrosa pero que debas hacer, asegúrate de estar conmigo.
—Jaja. —Hunter rio, levantó la copa y se la bebió de un trago.
Unos segundos después, una fuerza similar a una explosión agitó sus labios y dientes, deambulando con arrogancia dentro de su cuerpo. Se precipitó hacia las profundidades de su cerebro y, tras un mareo momentáneo, cada célula se relajó.
—Oh… —Hunter dejó escapar un suspiro de sorpresa.
—¿Cómo te sientes? —preguntó el barman con una sonrisa.
—¡Me siento genial! —El agrado de Hunter hacia este bar se disparó—. ¿Tienes algo más que sea interesante?
—Niño, tómalo con calma —rio el barman.
—Oye, me desagrada mucho que me llamen niño.
—Sin duda eres más joven que yo; que te llamen niño demuestra que aún tienes juventud. Cuando llegues a mi edad, si alguien te llama niño, sentirás que el mundo es hermoso.
—Entonces, ¿hay o no hay algo más que sea interesante? —El entusiasmo de Hunter estaba por las nubes.
El barman miró a Winston: —¿Qué le sirvo ahora?
—You Rule Me. (Tú me gobiernas)
No sabía por qué, pero la voz de Winston fluía en su mente; por más que intentara vaciarla, no lograba hacerla desaparecer.
—¿You Rule Me? —El barman mostró una expresión de dudar si en verdad aquello era una buena idea.
—Sí.
—De acuerdo.
Así que Hunter volvió a disfrutar de los movimientos casi artísticos del barman. Al tener a un espectador tan atento como él, el rostro del hombre también mostraba una sonrisa.
Era la última copa. Sus colores eran deslumbrantes; se asentaron lentamente hasta transformarse en un rojo oscuro transparente.
—¿También debo beberla de un solo trago?
—No, tómate tu tiempo. —El barman parpadeó y sonrió.
Su sonrisa hizo que las orejas de Hunter se enrojecieran sin motivo aparente.
Winston alzó la barbilla hacia el barman, quien se inclinó hacia él.
—¿Vino Gina a trabajar hoy?
—Sí, debería estar en la parte de atrás. ¿Quieres que la llame?
—Sí. —Winston asintió.
Hunter dio un sorbo. La bebida pareció evaporarse en su boca, revelando una rica complejidad de capas de sabor antes de asentarse, arrastrando consigo toda su capacidad de pensar.
En ese momento, una mujer de cabello corto, vestida con un chaleco y pantalones de traje, se acercó a Winston.
Se agachó a su lado y acercó la oreja a los labios de Winston.
Esto provocó que Hunter frunciera el ceño.
Winston era frío con la mayoría de las personas a su alrededor; aparte del personal estrictamente necesario, Hunter nunca había visto a nadie acercarse tanto a él.
Winston giró el rostro y Gina casi lo ocultó por completo, lo que hizo que Hunter comenzara a preguntarse, irremediablemente, qué tipo de expresión tendría Winston en ese instante.
Sin importar lo que él le hubiera dicho, Gina asintió, miró en dirección a Hunter y curvó los labios en una sonrisa.
El lento blues del bar cambió sin que se diera cuenta, sonando como la respiración apenas perceptible de una mujer.
Gina se paró frente a Hunter y comenzó a balancear las caderas lentamente al ritmo de la música.
Gina, que al principio parecía andrógina debido a su uniforme de camarera, empezó a irradiar una seducción que trascendía los géneros.
Los demás clientes del bar también sonrieron de forma ambigua, se levantaron de sus asientos y dirigieron la mirada hacia allí.
Los dedos de Gina tiraron de su propio moño mientras se frotaba contra la silla de Hunter, dando vueltas sin llegar a tocarlo. Se deshizo el moño; varias veces pareció estar a punto de sentarse sobre él, pero en el último segundo giraba hacia el lado opuesto.
Hunter solo pudo contener el impulso de agarrarla y jalarla hacia su pecho.
Había otros ojos mirándolo; todos esperaban el momento en que Gina lo provocara tanto que ya no pudiera controlarse.
Las largas piernas de Gina rozaron los reposabrazos. Sus curvas exquisitas eran como la lengua de una serpiente que le hacía cosquillear el corazón y enviaba la sangre hacia el bajo vientre.
Justo en el momento en que Gina se dio la vuelta, Hunter vio a Winston al otro lado.
Aún mantenía la postura de sostener su barbilla con una mano, pero su mirada era gélida.
Tan fría que lo hizo despertar al instante; cualquier impulso quedó atrás.
A medida que la música pasó de ser agónicamente lenta a ser más rápida, los movimientos de Gina se volvieron cada vez más audaces.
Pero Hunter descubrió que, en cambio, se sentía aún más atraído por los ojos de Winston.
Como si hubiera sido derrotado por el alcohol, percibió un rastro de coqueteo en las profundidades de la mirada de Winston. Se volvió tan evidente que Hunter, sin poder evitarlo, comenzó a imaginar que la persona que liberaba su encanto sensual girando a su alrededor al ritmo de la música no era Gina, sino Winston.
En su ensoñación, imaginó a Winston tirando del cuello de su suéter de punto blanco, soltándolo justo cuando estaba a punto de ver sus clavículas. Sus rodillas se deslizarían por el reposabrazos, la punta de su nariz rozaría la mejilla de Hunter y, justo cuando este intentara estirar la mano para atraparlo, se alejaría con frialdad. Sus hermosos dedos se engancharían en el borde de sus vaqueros y tirarían lentamente de ellos hacia abajo. A través del espacio entre el suéter y los pantalones, Hunter podría ver las líneas de su cintura llenas de una fuerza masculina que le haría hervir la sangre.
Pero Hunter sabía muy bien que solo estaba mirando a los ojos del Winston que permanecía sentado en su sitio; esto le impedía distinguir cuál versión de él era una alucinación y cuál era real.
Winston levantó los dedos, tocando suavemente el borde de su copa ya vacía, y los movió con lentitud, como si estuviera tirando de cada minúsculo vaso sanguíneo en el corazón de Hunter. Las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba y alzó ligeramente la barbilla, dejándole ver su atractiva manzana de Adán.
Una sonrisa tan sutil como esa parecía querer arrastrar a Hunter de un golpe hacia el abismo del infierno.
Hora del huevo salado
Hunter: Por cierto, cuando te diste cuenta de que estaba coqueteando con chicas en la puerta del bar, ¿te molestaste?
Winston: Hmph.
Hunter: ¡Eso significa que sí te molestaste!
Winston: Por eso mejoré mi técnica de seducción contigo, para que te sea imposible de imitar.
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