Transición
Unos días después, el profesor Reed llamó a Ann a su oficina.
En cuanto Ann vio la gran pantalla del ordenador óptico sobre el escritorio, comprendió lo que ocurría; en ella se mostraban desplegados los trabajos de Ye Jun y el suyo.
Al verlo entrar, el profesor le dirigió una mirada afilada desde detrás de sus gafas. Ann se sintió incómodo de inmediato.
—¿Sabes por qué te pedí venir? —preguntó el profesor Reed.
Ann no tuvo más remedio que negar con la cabeza, fingiendo ignorancia.
La expresión del profesor se volvió aún más severa.
—¿Por qué los puntos de vista reflejados en sus dos trabajos son casi exactamente los mismos? —preguntó, señalando la pantalla.
—Eso es porque, la noche en que respondimos las preguntas, hablé del tema con Ye Jun —respondió Ann, armándose de valor.
El profesor Reed guardó silencio mientras lo observaba. Tras un momento, habló con lentitud.
—Ann, eres muy inteligente. Entre todos los estudiantes a los que he enseñado, tu intelecto destaca entre los mejores. Además, con tu trasfondo familiar, no tendrías ningún problema para ingresar a cualquier universidad para omegas.
—Sin embargo… —cambió de tema, y su tono se tornó excepcionalmente estricto—, preferiría que obtuvieras el favor de la universidad por medio de tu propio esfuerzo.
—Tu compañero de asiento viene a hacerme preguntas casi todos los días. Al principio sus dudas eran ingenuas, pero esa situación cambió rápidamente. Ahora, las preguntas que plantea han alcanzado un nivel que jamás habría imaginado.
—Puede que no sea tan listo como tú, pero se esfuerza mucho más. Empezó muchísimo después que el resto, y aun así te aseguro que ahora está muy por delante de ustedes.
Tras escuchar la reprimenda, Ann se sintió abrumado por la vergüenza y su rostro enrojeció por completo.
—Sé que, debido a su estructura fisiológica, los omegas enfrentan bastantes problemas personales y en ocasiones sienten que no tienen control sobre sí mismos —continuó el profesor—. No obstante, no considero que eso sea excusa para dejar de esforzarse.
—Desde el momento en que deciden postular a la universidad, su destino está en sus propias manos. Son absolutamente iguales a los alfas. Es más, lo han sido desde el principio.
Hizo una pausa al ver al joven avergonzado frente a él y suavizó su tono.
—Vuelve y piensa bien en lo que te acabo de decir. Por esta vez lo dejaré pasar, pero en el futuro no quiero volver a ver a ninguno de mis alumnos cometiendo el mismo error.
Ann alzó la vista hacia el profesor, con los bordes de los ojos algo irritados.
—Lo siento, profesor Reed. Me equivoqué —dijo con sinceridad—. No debí copiar el trabajo de Ye Jun ni inventar excusas. Lo siento mucho.
—Lo entiendo. Puedes retirarte —indicó el profesor, despidiéndolo con un gesto de la mano.
Ann se secó los ojos y salió de la oficina.
La vida de Ye Jun durante ese semestre había sido sumamente ajetreada. Iba y venía a diario entre las aulas de los cursos básicos y los avanzados, activo como una abeja laboriosa.
Rafal observaba todo su esfuerzo. Sabía que su omega era independiente y obstinado, y que deseaba ganarse su propio lugar en Butterfly lo antes posible. Respetaba sus ambiciones, pero al mismo tiempo le dolía verlo trabajar tanto. Lo único que podía hacer era esperarlo para ir a dormir juntos sin importar cuán tarde fuera. No hacían nada más allá de compartir un beso tierno; luego lo tomaba entre sus brazos, olfateaba su cabello y le susurraba: “Duerme, mi pequeño omega”.
Ye Jun solía sentirse culpable por ello, pero no tenía otra opción. Si no terminaba todas las asignaturas ese semestre, tendría que esperar hasta el siguiente para postular a la universidad, algo que de ninguna manera estaba dispuesto a tolerar.
Durante ese tiempo, también atravesó varios períodos de celo. Es probable que Rafal estuviera lo bastante hambriento de él como para sacudirlo y devorarlo una y otra vez hasta saciarse. Ye Jun se sometió por completo, perdiéndose en el placer supremo que le otorgaba su alfa.
Tan pronto terminaba su celo, regresaba a clases sin tomarse un momento de descanso.
Al entrar al salón, todos sus compañeros lo miraron con asombro. Sintió el calor subirle al rostro; sabía perfectamente que habían percibido la feromona impregnada en su cuerpo. A estas alturas la mayoría ya era mayor de edad, por lo que ese tipo de detalles no pasaba desapercibido para nadie.
Ni siquiera supo cómo logró llegar hasta su asiento. Solo sentía que le ardían las mejillas.
Carniel también se quedó mirándolo un buen rato, visiblemente sonrojado. Acababa de pasar por su primer celo y Ellinor había dejado una marca en su glándula, aunque sin llegar al paso del marcaje completo. Pese a no tener experiencia propia en ello, el aroma a alfa que envolvía a su compañero era demasiado intenso; una simple marca en la glándula jamás alcanzaría ese nivel. Era inevitable que la escena despertara pensamientos vergonzosos en su mente.
Ye Jun se arrepintió de no haberse quedado descansando en casa un par de días más. Presentarse en ese estado era como anunciar a los cuatro vientos que acababa de ser marcado por completo. Resultaba demasiado vergonzoso.
A pesar de que ya había aceptado interiormente el hecho de tener que ser marcado durante el celo, aún no se acostumbraba a que otros estuvieran al tanto de su vida íntima. En la Tierra, nadie podía saber qué hacían las parejas puertas adentro. Sin embargo, en la Galaxia Butterfly, mantener la privacidad a veces resultaba imposible. Sus habitantes poseían un sentido territorial fortísimo; habían desarrollado un olfato agudo y niveles hormonales altísimos. Mediante el acto de marcar, no dejaban de transmitirle al mundo la abrumadora posesividad que sentían hacia sus parejas.
Cuando la profesora Jacqueline entró al salón, observó a los estudiantes que murmuraban entre sí y tomó la palabra.
—Las evaluaciones unificadas de fin de semestre comenzarán pronto. Este período nos hemos enfocado principalmente en aspectos fisiológicos y psicológicos de la adultez, los cuales no requieren calificación. Por lo tanto, no hay muchas materias sujetas a los exámenes generales. Confío en que no tendrán ningún problema.
Los alumnos asintieron uno tras otro.
—No obstante, no se confíen —advirtió la profesora—. Espero que todos puedan aprobar las evaluaciones de los cursos básicos. El próximo año se enfrentarán a la decisión de continuar con sus estudios superiores o graduarse. Sin importar la opción que elijan, es obligatorio haber cumplido con todos los requisitos de las asignaturas fundamentales.
—Una vez terminen los exámenes, llegarán las vacaciones y tendrán tiempo de sobra para pensar en su porvenir. Deseo de todo corazón que cada uno de ustedes alcance el futuro que anhela.
En cuanto la profesora guardó silencio, Carniel se inclinó para susurrarle a Ye Jun.
—Ye Jun, ¿vas a postular a la universidad para omegas el próximo semestre?
Había notado que durante los últimos meses su amigo se la pasaba inmerso en los libros. Ya casi no asistían a las mismas clases, y Ye Jun le había mencionado que estaba cursando las asignaturas avanzadas.
Ye Jun asintió.
—¿A qué universidad piensas aplicar?
—A la Universidad Sfield
—Ah, qué maravilla. A mí también me gustaría ir a Sfield, pero Ellinor quiere que aplique a la Academia de Artes de la Federación —dijo Carniel, parpadeando con un deje de lástima.
La Academia de Artes era la institución artística más prestigiosa de toda la Federación y contaba con una filial exclusiva para omegas. De sus aulas habían surgido innumerables maestros de gran renombre. Teniendo en cuenta el talento de Carniel, ese lugar sin duda era el más adecuado para él.
—No pasa nada. —Ye Jun sonrió—. Ambas están en el Planeta Capital, así que la distancia no es mucha.
—Sí… El problema es que recién empezaré los cursos avanzados el próximo semestre, por lo que tendré que aplicar medio año después que tú. Me preocupa no ser admitido; al fin y al cabo, sus requisitos son muy exigentes. —Carniel lucía afligido.
—Seguro que lo logras —lo animó Ye Jun con firmeza—. Tienes muchísimo talento para el arte.
Carniel sonrió y asintió.
—Por cierto, ¿sigue en pie eso de regalarme tu libro de bocetos?
—¿Eh? Claro que sí. —Carniel sacó su cuaderno de dibujos—. A excepción del retrato de Ellinor, puedes quedarte con el resto.
Ye Jun se apresuró a abrazar el cuaderno contra su pecho.
—Tú lo dijiste, no se vale arrepentirse. Lo guardaré como un tesoro y lo subastaré el día que te conviertas en un pintor famoso.
Al ver su actitud, Carniel soltó una carcajada.
—Me esforzaré al máximo para no decepcionarte.
A medida que se acercaban los exámenes finales, Ye Jun se sentía como un trompo girando a toda velocidad, sin atreverse a aflojar el ritmo ni un segundo. Los cursos básicos eran abundantes pero de baja dificultad, así que no le preocupaban demasiado. Sin embargo, no estaba seguro de cómo le iría en los avanzados; aunque solo eran unos cuantos, su nivel de complejidad era altísimo y él había comenzado a estudiarlos varios meses después que los demás.
Unos días antes de las pruebas, el profesor Reed lo llamó a su oficina.
—He visto de cerca todo tu empeño durante este semestre. Aunque empezaste más tarde que tus compañeros, el progreso que lograste ha sido el más notorio. Cada una de tus tareas refleja seriedad, y tus perspectivas son tan completas como creativas. Tan solo por eso, considero que ya has dominado esta asignatura.
—El examen semestral es apenas una formalidad para medir los resultados del estudio diario. No hay necesidad de que te presiones tanto.
—Lo comprendo. Gracias, profesor —dijo Ye Jun, agradecido.
El profesor asintió.
—Escuché que tienes pensado postular a la Universidad Sfield para omegas.
—Así es, profesor.
—Es una institución excelente. A mi parecer, ya posees las aptitudes que ellos exigen. Espero que consigas lo que te propones.
—Haré todo lo que esté a mi alcance para ser admitido en Sfield.
—Confío en que así será. Anda, relájate un poco y no te pongas nervioso —lo consoló el hombre. Su rostro, por lo general severo, mostraba ahora una calidez inusual.
—Entendido. Hasta luego, profesor.
Al salir de la oficina, Ye Jun sintió que su cuerpo se llenaba nuevamente de fuerza y confianza.
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