Inicio de las materias avanzadas
La solicitud de Ye Jun fue aprobada rápidamente. La profesora Jacqueline añadió las asignaturas avanzadas a su plan de estudios. Al revisar el cronograma de la escuela, se dio cuenta de que esas clases ya habían comenzado hacía tiempo. Si quería ponerse al día, tendría que empezar desde cero a través de la plataforma virtual.
La Escuela St. Feis contaba con un sistema de educación en línea excepcional. Todas las materias ofrecían esta modalidad; bastaba con cumplir las horas exigidas y aprobar el examen estandarizado de la institución para obtener los créditos.
El terrícola sentía que había perdido demasiado tiempo últimamente, así que decidió ajustar su ritmo. Diseñó un plan de estudio sumamente intensivo y dedicó casi todo su tiempo libre a ponerse al corriente.
En su salón, ya había un segundo omega que había entrado oficialmente en la etapa adulta. Cuando Lía regresó al aula después de unos días de ausencia, sus miradas se cruzaron, asintieron con complicidad y volvieron a lo suyo. En ese instante, Ye Jun experimentó la extraña sensación de estar en una reunión secreta del bajo mundo.
A medida que más omegas alcanzaban la mayoría de edad, una atmósfera peculiar se apoderó de la clase. Era una mezcla de tensión y expectativa, como si los exámenes de ingreso a la universidad estuvieran a la vuelta de la esquina.
Cada día, la profesora Jacqueline dedicaba tiempo a tranquilizar a los alumnos que estaban nerviosos por la inminente llegada de su adultez. Ye Jun pensó para sí mismo que había sido muy afortunado al crecer de golpe y sin darse cuenta; si hubiera tenido que pasar por eso como ellos, la ansiedad lo habría matado.
Un día, Carniel le confesó en secreto que su etapa adulta también estaba cerca. Al ver el leve rubor en sus mejillas, el joven de la Tierra le sonrió para animarlo.
—Felicidades, no te pongas nervioso.
El chico de cabello claro negó con la cabeza, aún sonrojado.
—No lo estoy. Sé que Ellinor me ayudará a superar este período a salvo.
De pronto, preguntó:
—Ye Jun, la verdad es que tu alfa ya te marcó, ¿no?
Ye Jun casi tira el bolígrafo que tenía en la mano.
—¿C-cómo lo sabes?.
Carniel sonrió.
—Como estoy a punto de llegar a la adultez, mis sentidos ya se han desarrollado por completo.
El joven de cabello negro tosió, sintiendo que su rostro ardía.
Carniel hizo una pausa antes de continuar.
—La verdad es que tengo muchas ganas de que pase. Eleanor dijo que en cuanto sea un adulto oficial, celebraremos nuestra ceremonia de emparejamiento, justo en estas vacaciones.
Ye Jun parpadeó, sorprendido.
—¡Eso es fantástico! Muchas felicidades.
—¿Y tú? —le preguntó.
Ye Jun bajó la mirada.
—No estoy seguro, tal vez pronto también.
Carniel asintió y no insistió más en el tema. Sacó su cuaderno de bocetos y comenzó a dibujar.
Al mirarlo de perfil, Ye Jun notó que su tez ya no era tan pálida como antes. Sus ojos brillaban y las comisuras de sus labios estaban ligeramente elevadas; se veía de muy buen humor.
Dejó a un lado su libro de texto y se quedó contemplando el gran árbol a través de la ventana.
…
Una vez que terminó las lecciones virtuales, Ye Jun decidió asistir al aula para el resto de las clases. Después de todo, recibir la instrucción de un profesor en persona era mucho más efectivo que estudiar por su cuenta.
Ese día, entró al salón de clases avanzadas con su mochila al hombro. La sala ya estaba llena de estudiantes, quienes lo observaron con extrañeza al verlo entrar.
Pasó su computadora óptica por el escáner de la entrada y buscó un lugar apartado para sentarse. Podía percibirlo: todos los presentes eran omegas adultos.
Apenas se había acomodado cuando otro omega entró corriendo al salón, pasó rápidamente su dispositivo por el escáner del podio y fue recibido por las risas de sus compañeros.
—Ann, volviste a llegar tarde.
El omega de cabello castaño sonrió.
—Casi, casi.
Echó un vistazo a los asientos vacíos y se dirigió directamente hacia Ye Jun, sentándose a su lado.
—Hola, es la primera vez que te veo por aquí. Soy Ann.
—Hola, soy Ye Jun —respondió cortésmente.
—¿Ye Jun? —El chico pareció pensar un momento antes de soltar una carcajada, revelando un par de marcados hoyuelos—. ¿Tú eres el Ye Jun que le dio una paliza al alfa de la familia De Rossi?
El terrícola asintió, avergonzado.
—En realidad, todo fue un malentendido.
—No, no, ¡eres increíble! —exclamó Ann con admiración—. ¿Sabes que la noticia recorrió todas las escuelas de la capital? Eres asombroso.
Ye Jun ya no sabía qué responder.
—Escuché que muchos alfas querían ir al evento de intercambio interescolar solo para conocerte, pero nunca apareciste. No sabía que habías alcanzado la adultez tan pronto. Qué lástima, mi primo decía que quería cortejarte.
Una gota de sudor imaginaria resbaló por la frente de Ye Jun. No le quedó de otra que aclarar la situación:
—Lo siento, pero ya tengo un alfa.
Ann asintió y, con curiosidad, preguntó:
—Recuerdo que estabas en la clase de la profesora Jacqueline. Ese grupo es para los que cumplen años en la segunda mitad del año, no debería haber omegas adultos tan pronto.
La Escuela St. Feis dividía las clases según la edad de los estudiantes. Los nacidos en la primera mitad del año iban juntos en un grupo, y los de la segunda mitad en otro. De este modo, se garantizaba que la brecha entre el momento en que alcanzaran la madurez no fuera demasiado grande, facilitando la administración escolar.
Ye Jun tuvo que improvisar una excusa.
—Acabo de entrar en la etapa adulta. De hecho, debí haber sido asignado al grupo de la primera mitad del año, pero como mi nivel básico era muy pobre, la escuela temía que me quedara atrás y me puso en la clase de la profesora Jacqueline.
Ann asintió, sin mostrar ninguna duda al respecto. Charlaron un rato más y, al enterarse de que planeaba solicitar ingreso a la Universidad para Omegas Sfield, volvió a expresar su admiración.
Poco después, el maestro entró al aula. Ann guardó silencio y se dispuso a escuchar la clase con atención.
Era un beta de mediana edad, con gafas y un aire muy académico. Sus explicaciones eran dinámicas e interesantes, pero a Ye Jun le costaba seguirle el ritmo.
Efectivamente, los cursos avanzados eran mucho más complejos que los básicos. Aunque ya había repasado las lecciones anteriores en la plataforma en línea y prestaba total atención, no fue capaz de responder a ninguna de las preguntas que el maestro lanzó durante la clase. Era evidente que aún no había asimilado el material.
Al terminar la sesión, se acercó al podio con algunas dudas. El profesor Reed se las aclaró, y Ye Jun sintió que, de repente, todo empezaba a cobrar sentido.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó el hombre, mirando al joven de cabello negro, de quien no tenía ningún recuerdo. Era obvio que era su primera vez allí.
—Me llamo Ye Jun —se apresuró a presentarse.
—Es tu primera vez en clase. ¿Por qué no habías venido antes? —inquirió el maestro con tono severo.
—Soy estudiante de la clase de la profesora Jacqueline, acabo de inscribirme en los cursos avanzados.
Al escuchar esto, la expresión del profesor Reed se suavizó un poco. La clase de Jacqueline aún estaba cursando el nivel básico; este omega claramente estaba adelantando materias.
—Las preguntas que hiciste fueron un tanto elementales, pero considerando tu nivel actual, no está mal que te las hayas planteado —comentó el hombre—. Sin embargo, si quieres dominar esta asignatura por completo, tendrás que esforzarte mucho más.
—Me esforzaré, gracias profesor.
Reed asintió.
—Si tienes alguna duda, ven a buscarme. Este es mi número de comunicación; si no me encuentras en persona, puedes contactarme por la computadora óptica.
Sintiéndose honrado, Ye Jun anotó rápidamente el número.
Cuando regresó a su lugar, Ann seguía esperándolo.
—¿El profesor Reed te dio su número de comunicación?
El joven de la Tierra asintió. Ann levantó un pulgar en señal de aprobación.
—Eres asombroso. Debes saber que el profesor Reed es muy estricto. Para su clase, tienes que llegar diez minutos antes y, por lo que más quieras, no hables durante la lección. Si te atrapa, es muy probable que repruebes la materia. Nosotros apenas nos atrevemos a hacerle preguntas. Ya sabes, cuando te clava la mirada a través de esas gafas tan gruesas, de inmediato te sientes más tonto que un asno.
—Jeje —rio Ye Jun. Pensó para sí mismo que, en su época de estudiante en la Tierra, había tenido maestros muchísimo más severos. Por lo general, mientras más estricto era un profesor, mayor era su sentido de la responsabilidad y más se preocupaba por sus alumnos. A él le caía bien el profesor Reed, y además, sus gafas no eran nada gruesas.
—Pero no te dejes engañar, el profesor Reed es brillante. Dicen que se graduó de la Universidad Nacional de la Federación y tiene un nivel académico altísimo. Su mentor era un erudito muy famoso… ¿cómo se llamaba? Bueno, lo olvidé, pero era muy prestigioso —explicó Ann mientras caminaban, hablándole sobre Reed y otros maestros de los cursos superiores.
Al despedirse, Ann ya lo trataba como a un hermano menor.
—Acuérdate de llegar temprano mañana a la clase del profesor Reed.
Ye Jun asintió con una sonrisa.
—Adiós, Ann, y gracias.
Le había caído muy bien ese omega hablador, entusiasta y con hoyuelos en las mejillas. Se alegró de haber hecho un nuevo amigo.
…
Debido a que sus estudiantes estaban a punto de alcanzar la adultez ese semestre, la profesora Jacqueline les asignó pocas materias, enfocándose más en brindarles apoyo psicológico y lecciones sobre cómo sobrellevar esta nueva etapa. Como Ye Jun ya había pasado por eso sin problemas, no necesitaba asistir; solo debía encontrar tiempo para cumplir con las horas requeridas en línea.
Así, concentró toda su energía en los cursos avanzados, ya que eran la clave para su admisión en la universidad para omegas.
Dichas materias eran extremadamente complejas, pero por suerte solo eran tres. Además de prestar mucha atención en clase y preguntar a los profesores y compañeros cuando no entendía algo, también dedicó mucho esfuerzo extra a investigar y estudiar material adicional por su cuenta.
Poco a poco, sintió que lograba seguir el ritmo del maestro. Incluso, al final de cada lección, descubría que su mente había generado ideas diferentes y más profundas que las de la sesión anterior.
Ese día tocaba clase con el profesor Reed y Ye Jun llegó temprano como de costumbre. Ya se llevaba bastante bien con sus compañeros de salón. Al ser todos omegas adultos, había muchas cosas que se daban por entendidas, por lo que el ambiente no era incómodo. De hecho, le resultaba más fácil convivir con ellos que con sus compañeros de la clase regular, quienes apenas estaban entrando a esa etapa; su mezcla de ignorancia y curiosidad los llevaba a hacerle preguntas sobre la adultez que a menudo lo ponían en situaciones muy vergonzosas.
Ann volvió a entrar al salón en el último minuto. En cuanto se sentó a su lado, Ye Jun percibió un intenso aroma a alfa emanando de él.
Los demás estudiantes ya estaban acostumbrados a sus llegadas tardías, e incluso algunos bromearon con él al respecto.
Con las mejillas sonrojadas, ya fuera por haber corrido o por alguna otra razón, Ann exclamó en cuanto ocupó su asiento:
—¡Qué susto! Pensé que no llegaba.
Ye Jun miró la hora; aún faltaban un par de minutos para que empezara la clase. Le ofreció su botella de agua.
—Tranquilo, el profesor Reed aún no ha llegado.
—Gracias —dijo Ann, tomando un sorbo antes de hablar apresuradamente—. ¿Ya subiste la tarea que dejó el profesor hace dos días? Préstamela para usarla de referencia, rápido.
El terrícola encendió su computadora óptica y abrió su copia de las respuestas. Ann les echó un vistazo rápido, pensó un momento para reorganizar las ideas en sus propias palabras y comenzó a teclear velozmente en su dispositivo. No se atrevería a copiar palabra por palabra; si el profesor Reed lo descubría, reprobaría la asignatura sin dudarlo.
Justo cuando el maestro cruzó la puerta, Ann terminó de escribir y presionó el botón de envío. Se salvó por los pelos; no había entregado tarde la tarea, o de lo contrario el profesor Reed jamás se lo habría perdonado.
***
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