Al día siguiente, Li Chengxiu terminó su turno de la mañana y regresó por la tarde.
Trajo del hotel algo de carne y verduras frescas. Aunque eran ingredientes que habían sobrado de la cocina, seguían siendo productos de primera calidad; planeaba prepararle una buena comida a Shao Qun.
En realidad, el cambio al turno de la mañana le había venido bien. Ahora, cada vez que iba a trabajar, se sentía ansioso y atemorizado, deseando llegar temprano y volver lo antes posible.
Al recordar cómo Shao Qun le había dicho aquel día que no había nadie allí para cuidarlo, sintió una punzada de tristeza. Sabía que alguien como Shao Qun, criado entre algodones desde pequeño, no debía tenerla fácil haciendo negocios solo en otra ciudad. Comer siempre fuera no era ni higiénico ni saludable. Ahora que disponía de más tiempo libre, solo pensaba en cuidarlo bien.
Para la cena, preparó platos suaves y ligeros. Evitó todos los ingredientes que a Shao Qun no le gustaban y se esmeró en cocinar siete platillos diferentes.
En circunstancias normales, jamás habría cocinado tanta comida; sabía que no se la terminarían y que sería un desperdicio. Pero ahora, no le importaba tener que comer sobras durante los próximos dos días, siempre y cuando Shao Qun comiera un poco más.
Tras terminar de cocinar, se puso a ordenar la casa. Limpió a fondo cada rincón hasta dejarlo impecable, asegurándose de que no hubiera nada fuera de lugar.
Sin embargo, cuando dieron las siete, Shao Qun aún no había llegado.
Incapaz de contenerse, Li Chengxiu lo llamó. El teléfono sonó y sonó, pero nadie contestó, lo que hizo que la ansiedad comenzara a asomar en su pecho.
Esperó media hora más, hasta que de pronto sonó el timbre.
Li Chengxiu dio un salto de inmediato, encendió la luz y corrió a abrir la puerta.
En el umbral se encontraba un hombre desconocido. Llevaba gafas de montura negra y vestía una camisa y pantalones de traje impecables; desprendía un aura de serenidad y eficiencia.
Li Chengxiu lo miró en silencio.
El hombre sonrió con cortesía.
—Señor Li, hola, soy el asistente del director Shao, me apellido Zhou —se presentó.
—Oh… Hola.
Li Chengxiu lo dejó pasar y solo entonces se dio cuenta de que arrastraba una maleta. Detrás de él entró otra persona empujando un perchero de metal, como los de las tiendas de ropa, abarrotado de prendas. Al mirar con atención, notó que se trataba de hileras de trajes de distintos cortes, la mayoría en tonos negros y grises, planchados a la perfección y cubiertos por fundas de plástico transparente y rígido.
—Señor Li, el director Shao tuvo un contratiempo hoy y no podrá venir —dijo el asistente Zhou—. Me pidió que le trajera algunos de sus artículos de uso diario y ropa para cambiarse.
Li Chengxiu observó el perchero de acero inoxidable con desconcierto y asintió.
El asistente Zhou dejó la maleta de pie en el centro de la sala.
—Señor Li, estas son las cosas que el director Shao acostumbra a usar a diario; le pido el favor de que se las organice. —Luego, se dirigió al hombre que empujaba el perchero y le ordenó—: Cuelga esta ropa en el armario. Ten cuidado de no alterar el orden de los colores, deben ir del más claro al más oscuro.
Li Chengxiu se quedó de pie a un lado, observando en silencio cómo el asistente Zhou y su acompañante se paseaban por la casa, dejando pisadas de color gris claro sobre el suelo que acababa de fregar.
Una vez que acomodaron toda la ropa, el asistente Zhou sacó una carpeta de su maletín y se la entregó a Li Chengxiu.
—Señor Li, como asistente del director Shao, es mi deber garantizar que su vida sea estable y ordenada para que pueda concentrar toda su energía en el trabajo. Este documento recopila la mayor parte de sus hábitos y cosas a tener en cuenta, incluyendo los alimentos que no come, lo que le desagrada y sus rutinas de descanso. A partir de ahora, el director Shao pasará muchas más noches aquí. Espero que esta información les ayude a convivir en mayor armonía y a tener una experiencia más placentera.
Con el rostro inexpresivo, Li Chengxiu tomó la carpeta de cuero suave. Aunque no eran más que unas cuantas hojas livianas, las sintió tan pesadas como el plomo.
Manteniendo su postura rígida, el asistente Zhou añadió:
—Esta noche el director Shao podría venir, o tal vez no. El señor Li puede llamarlo para confirmar y así saber si necesita preparar algo con anticipación.
Tras decir aquello, se marchó.
Durante todo el proceso, el asistente Zhou se había comportado de manera sumamente educada y correcta, pero Li Chengxiu sentía como si le hubieran cruzado la cara a bofetadas.
No sabía si estaba siendo demasiado sensible o si, tal como sospechaba, aquel hombre apellidado Zhou lo estaba tratando como si fuera la amante de Shao Qun.
Con las manos temblorosas, arrugó la carpeta hasta hacerla una bola y se dio la vuelta para tirarla al bote de basura.
Exhausto, se dejó caer en el sofá. Miró la maleta solitaria en el centro de la sala y luego contempló la exquisita comida dispuesta en la mesa. Una intensa amargura le invadió el pecho.
Estaba algo confundido; no sabía si lo que estaba haciendo era lo correcto. Aunque tenía muy claro que Shao Qun no era la persona indicada para compartir su vida, no podía evitar sentirse atraído por él. Si esto era apenas el comienzo y ya estaba plagado de tantas dudas, ¿qué pasaría en el futuro?
Li Chengxiu no se atrevió a seguir pensando en ello. Sentía que en ese momento era Shao Qun quien lo llevaba a rastras; no dependía de él detenerse o cambiar de rumbo a voluntad. No tenía más remedio que tomar las cosas un día a la vez.
Se levantó y guardó toda la comida de la mesa en el refrigerador sin haber probado un solo bocado.
Después, se dispuso a desempacar la maleta de Shao Qun y acomodó sus pertenencias en el dormitorio y el baño.
Cuando terminó, miró el reloj; ya pasaban de las diez. Se quedó mirando la pantalla de su teléfono por un largo rato y, tras mucha vacilación, le envió un mensaje de texto a Shao Qun:
[¿Aún sigues ocupado?]
Se acostó en la cama y esperó durante mucho rato, pero no recibió ninguna respuesta. Muy decepcionado, se quedó dormido sin darse cuenta.
En medio de la noche, de repente sintió que algo pesado y muy caliente lo aplastaba.
Li Chengxiu abrió los ojos lentamente, sintiendo una sombra oscura a sus espaldas. Como todavía estaba medio adormilado, no logró procesar lo que ocurría y soltó un grito de pánico, forcejeando para intentar levantarse.
—Soy yo —murmuró Shao Qun, agarrándolo por la cintura.
Li Chengxiu se tranquilizó de inmediato y, con cautela, se acurrucó contra su pecho.
—Hoy estuve demasiado ocupado, estoy muerto de cansancio.
Li Chengxiu frunció el ceño, incapaz de ignorar el penetrante olor a alcohol y a cigarrillo que desprendía.
Las manos frías de Shao Qun se colaron directamente por debajo de su pijama, acariciándole el pecho en la oscuridad.
Li Chengxiu encogió el cuerpo; todavía no lograba acostumbrarse a ese nivel de intimidad.
Shao Qun lo acarició durante un rato y luego deslizó la mano hacia abajo para tirar de sus holgados pantalones de pijama.
El cuerpo de Li Chengxiu se estremeció. Trató de empujarlo.
—Shao Qun, no…
—¿Hasta cuándo vas a obligarme a contenerme? —masculló Shao Qun con impaciencia, respirando entrecortadamente y arrastrando un poco las palabras. De un fuerte tirón, le bajó los pantalones junto con la ropa interior hasta las rodillas.
Al sentir algo ardiente presionando contra sus nalgas, Li Chengxiu palideció de terror. Se dio la vuelta con todas sus fuerzas, oponiendo resistencia a Shao Qun.
Aquel Shao Qun, borracho y desesperado, no tenía ni una pizca de su delicadeza habitual. Le daba miedo.
Shao Qun se dio la vuelta y lo inmovilizó bajo su peso.
—¿Qué te pasa? —exigió saber con enojo—. Tampoco es como si no lo hubiéramos hecho antes.
Li Chengxiu lo miró con los ojos muy abiertos y le dijo en voz baja:
—Estás… estás borracho.
—No estoy borracho. Estoy más que sobrio para cogerte —replicó él, al mismo tiempo que intentaba separarle los muslos.
Li Chengxiu soltó un grito aterrado, se hizo un ovillo y empezó a patalear y a usar las manos para defenderse del ataque.
Si bien Shao Qun no estaba completamente ebrio, sí que tenía bastantes copas de más, por lo que sus extremidades no le respondían con la fuerza habitual. Con los forcejeos de Li Chengxiu, la vista se le nubló; por más que intentó sujetarlo, no lo consiguió. Enfurecido, soltó una maldición: “¡Mierda!”. Se levantó de la cama sosteniendo su cuerpo tambaleante, salió dando un fuerte portazo y se marchó.
Li Chengxiu pegó un salto violento al escuchar el tremendo estruendo de la puerta. Se quedó en completo silencio en la oscuridad durante un buen rato, hasta que, temblando, volvió a acomodarse la ropa.
Recordó que Shao Qun aún llevaba puesto el abrigo e incluso no se había quitado los zapatos de cuero; había ido directamente a la cama en cuanto cruzó la puerta…
Se bajó de la cama, encendió la luz y observó las sábanas arrugadas. Había un par de huellas de zapatos marcadas en la tela. De repente, sintió una punzada en la nariz y la vista se le emborronó por las lágrimas.
Al día siguiente tenía el turno de la tarde, pero apagó el teléfono desde muy temprano. No sabía qué decirle a Shao Qun en caso de que llamara.
Las horas en el hotel seguían siendo un tormento a cada segundo que pasaba. Sus compañeros lo trataban con un asco y un desdén cada vez más evidentes. Los empleados varones incluso daban un rodeo para evitar cruzarse con él; toda clase de rumores repulsivos se habían esparcido por el hotel.
El gerente Zhang ahora lo llamaba a su oficina para hablar con él un día sí y otro no, y sus palabras eran cada vez más duras, haciéndolo sentir que quedarse a trabajar allí era un acto de puro descaro.
Li Chengxiu se sentía agotado tanto física como mentalmente. La presión era tan sofocante que ni siquiera podía tragar bocado; empezó a considerar si de verdad debía renunciar.
Salió del trabajo pasadas las diez de la noche y, como de costumbre, abandonó el hotel por la puerta trasera.
Para llegar desde allí hasta la parada del autobús, tenía que atravesar la zona de recreación. Aquel hotel con vista al mar ocupaba un terreno de más de seis hectáreas, contaba con dos piscinas y varias albercas de aguas termales. Toda el área recreativa estaba repleta de frondosa vegetación tropical. De noche, la visibilidad era muy escasa; a simple vista solo se distinguían prados, flores y árboles enormes, por lo que era imposible notar si alguien se escondía entre los arbustos.
Mientras caminaba por esa zona, varios trabajadores de mantenimiento del hotel le cerraron el paso en un rincón oculto cerca del bloque de habitaciones número tres.
Li Chengxiu nunca se había visto en una situación semejante y encogió el cuello por el miedo.
No podía creer que a su edad todavía tuviera que lidiar con algo así. ¿Acaso eso no era propio de estudiantes de secundaria? Las ciudades costeras siempre se habían caracterizado por ser de mentalidad abierta, pero ellos se negaban a tolerarlo; además, ni siquiera conocía realmente a aquellos tipos.
El líder del grupo lo barrió con la mirada, lleno de desprecio.
—Maestro Li, eh… Llevamos un buen rato esperándote.
Ninguno de ellos era empleado formal del hotel. Solo cobraban un salario fijo por hacer toda clase de trabajos pesados; bastaba con ofrecerles un poco de dinero para que accedieran a cualquier cosa. A Li Chengxiu se le heló la sangre. ¿Por qué el gerente Zhang tenía que arrinconarlo de esa manera?
—¿Qué… qué quieren hacer… ustedes?
—Platicar un poco contigo.
—No… no los conozco.
—Que no nos conozcas no importa. En el hotel ya no hay nadie que no te conozca. Ay, maestro Li… Si ya te conseguiste a un ricachón que te mantenga, ¿para qué sigues estorbando aquí? Mejor vete a tu casa a disfrutar de la buena vida.
—No… no digan tonterías.
—¿Cuáles tonterías? Si todo el mundo lo sabe. Ese lugar al que vas todos los días en autobús… es un complejo residencial de lujo. Escuché que el metro cuadrado cuesta más de sesenta mil. Si no te estuviera manteniendo un gran jefe, ¿cómo ibas a poder costearte vivir ahí? ¿A quién intentas engañar? Hay un montón de gente del hotel que toma esa misma ruta a diario, te han visto ir para allá un sinfín de veces.
—Oye, y ese jefe forrado en dinero, ¿cómo es que no te ha puesto un chofer? Jajaja.
Con el rostro lívido, Li Chengxiu se abrazó a la bolsa de plástico contra el pecho, agachó la cabeza e intentó abrirse paso a la fuerza.
El sujeto que estaba más cerca le empujó los hombros y lo estampó de espaldas contra la pared.
Li Chengxiu tembló de pies a cabeza, mirando con pavor a los hombres que lo acorralaban.
—Li Chengxiu, ya me cansé de decir estupideces —le espetó—. Estás bloqueándole el paso a otros, ¿lo entiendes? Ya que tienes tan buena suerte, no deberías venir a quitarle el pan de la boca a los demás. El chef principal se jubilará el año que viene, y hay muchísimas personas más capacitadas que tú para el puesto. Tú para qué lo quieres, si hay otros que necesitan ese trabajo para mantener a sus familias. Sé un poco inteligente, consérvate algo de dignidad y lárgate de una buena vez.
Li Chengxiu, jadeando con dificultad, se armó de valor.
—¿Qué… qué derecho tienen…?
—¿Que qué derecho tenemos? —El tipo lo agarró por el cuello de la camisa y le mostró el puño—. ¿Hasta cuándo piensas aferrarte a este lugar? ¿Acaso estás pidiendo a gritos que te demos una paliza?
Li Chengxiu encogió el cuello al ver el puño a escasos centímetros de su rostro, y toda la sangre huyó de sus mejillas.
—¿Qué mierda están haciendo? Suéltenlo de inmediato.
Una voz gélida los interrumpió de pronto por la espalda. Al escuchar aquel tono tan familiar, a Li Chengxiu le ardieron los ojos.
Shao Qun se acercó con el ceño fruncido y posó la mirada sobre Li Chengxiu, atrapado en el centro del círculo.
—¿Qué está pasando aquí?
Acababa de salir del estacionamiento y se disponía a entrar al hotel para recogerlo. A mitad de camino vio a un grupo de personas amontonadas junto al edificio; al acercarse, comprobó que, efectivamente, se trataba de él.
Sí, le había pedido al gerente Zhang que buscara la forma de presionar a Li Chengxiu para que se fuera, ¡pero jamás le ordenó que buscara a un puñado de imbéciles para golpearlo! Qué maldito estúpido.
Los hombres se dieron la vuelta y, al no reconocerlo, asumieron que era algún huésped.
—Señor, esto no es asunto suyo —le soltaron de mala gana—. No se meta donde no lo llaman.
Shao Qun lanzó un insulto, le apuntó a la nariz con el dedo y ordenó:
—Lárguense de mi vista.
El sujeto soltó a Li Chengxiu y lo miró de soslayo.
—¿Y tú quién mierda te crees? ¿Estás buscando problemas?
Actuando bajo las órdenes del gerente Zhang, aquellos rufianes se habían envalentonado; de lo contrario, nunca se habrían atrevido a ofender a un cliente del hotel.
Acorralado en la esquina de la pared, Li Chengxiu contempló con angustia cómo los matones rodeaban a Shao Qun.
Una luz feroz y asesina brilló en los ojos de Shao Qun.
Aunque en la actualidad se escudaba bajo la fachada de un joven de clase alta y de un profesionista de élite, la naturaleza violenta y temperamental que corría por sus venas apenas estaba contenida. Aquel pequeño líder pandillero, competitivo y pendenciero desde la infancia, no había cambiado en absoluto; simplemente había redirigido casi toda su energía a las batallas del mundo de los negocios. Pero ahora, aquellos hombres acababan de despertar la sed de sangre que llevaba tanto tiempo adormecida.
Shao Qun aflojó su corbata de unos tirones, la arrojó al suelo y luego levantó la pierna para asestarle una brutal patada en el estómago al tipo que tenía enfrente.
El hombre salió despedido a más de un metro de distancia antes de poder emitir un solo sonido. Cayó de rodillas sobre la hierba, agarrándose el vientre y con arcadas.
El resto del grupo se quedó paralizado durante una fracción de segundo, pero en cuanto recobraron el sentido, se abalanzaron al unísono contra Shao Qun.
Li Chengxiu daba vueltas, desesperado.
—¡Shao Qun! ¡Shao Qun!
La situación se salió de control en un abrir y cerrar de ojos. Cuatro o cinco individuos rodeaban a Shao Qun, lanzándole golpes; sin embargo, este, rebosante de crueldad, no titubeaba al usar los puños. Cada uno de sus impactos daba en el blanco perfecto, y bastaba con que rozara a alguien para que el infeliz fuera incapaz de ponerse de pie por un buen rato.
Li Chengxiu quería ayudar a Shao Qun, pero no tenía el valor de dar un paso dentro de aquella caótica pelea. De solo pensar en lo que se sentiría recibir un puñetazo en el cuerpo, las piernas le flaqueaban.
La conmoción atrajo rápidamente la atención de los alrededores. Tras un momento de bullicio, el gerente Zhang llegó corriendo, acompañado por un par de guardias de seguridad.
Al ver a Shao Qun con la ropa desaliñada y sangre en la comisura de los labios, el gerente Zhang se puso blanco del susto.
—¡Ay, director Shao! ¡Director Shao! —chilló el gerente—. ¿Qué… qué fue lo que pasó? ¡Pero qué fue lo que pasó aquí!
Shao Qun lo fulminó con la mirada y resopló.
El gerente Zhang, aterrorizado y sin saber qué hacer, no paraba de disculparse con él.
Shao Qun se limpió la sangre de la comisura con el dorso de la mano y extendió un brazo hacia Li Chengxiu.
—Ven.
Li Chengxiu, que seguía temblando pegado a la pared, corrió a aferrarse a su brazo en cuanto lo escuchó llamarlo.
—¿Estás… estás bien, Shao Qun…? —preguntó, ahogando un sollozo.
Shao Qun le rodeó los hombros con el brazo.
—No es nada. Vámonos. Hablaremos en casa.
Tan pronto como subió al auto, Li Chengxiu rompió a llorar.
—Shao Qun…
—¿Por qué lloras? Estoy bien.
—¿Te duele…?
—No me duele. Cuando vivía en Inglaterra, me peleaba todos los días con esos idiotas extranjeros. Eso sí que era brutal, estos estúpidos no son nada en comparación.
Shao Qun arrancó el vehículo y condujo directamente al apartamento en el que vivía Li Chengxiu.
En cuanto entraron, Li Chengxiu buscó el botiquín de primeros auxilios por toda la casa; tomó un trozo de algodón empapado en alcohol y comenzó a limpiarle la herida de la comisura.
Shao Qun le acarició el rabillo del ojo.
—No llores, no pasa nada.
Sentir que alguien se preocupaba por él no estaba nada mal; hoy, esa actitud tan llorona de Li Chengxiu no le resultaba tan irritante.
—Lo… lo siento.
—¿Por qué me pides perdón? —Shao Qun hizo una pausa—. Yo fui el que tomó de más ayer; soy yo quien debería disculparse contigo.
Al mirar la mejilla hinchada de Shao Qun, Li Chengxiu ya se sentía lo suficientemente culpable, pero ante aquellas palabras, la culpa y la conmoción se mezclaron, provocando que las lágrimas se derramaran a borbotones por su rostro.
Shao Qun le sostuvo la cara entre las manos y depositó un beso con suma delicadeza sobre sus labios.
Li Chengxiu lo miró en completo silencio.
—Chengxiu, soy un hombre normal. No puedo contenerme. Eres capaz de entenderlo, ¿verdad?
Li Chengxiu asintió con la cabeza.
Shao Qun se acercó a lamerle las lágrimas y, con lentitud, lo empujó hacia atrás hasta recostarlo contra el sofá.
El teatro de hoy valió la pena, pensó Shao Qun, sin poder ocultar su petulancia interior, mientras despojaba a Li Chengxiu de su ropa.
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