Con el aspecto que tenía, a Jian Suiying le resultaba imposible regresar a Beijing de inmediato. De hecho, con esa cara, no tenía ganas ni de asomarse por la puerta.
Li Yu le había conseguido una habitación en un hotel con vista al mar. Puesto que Jian Suiying también lo había “secuestrado” verbalmente para que regresara a Beijing durante esa llamada telefónica, Li Yu tampoco podía dejarse ver por ahí, así que optó por quedarse a dormir en ese mismo hotel.
Todavía quedaban varios días de las vacaciones, por lo que Jian Suiying planeaba dejar que su rostro sanara hasta dejar de ser aterrador antes de volver.
Tras llegar al hotel, Jian Suiying primero obligó a Li Yu a buscarle un médico, y luego se quedó jugando con su teléfono, absorto en sus pensamientos.
Por lo general, cuando le enviaba mensajes a Xiao-Linzi, este le respondía muy rápido. Jamás lo había hecho esperar tanto tiempo. ¿Acaso la escena de ayer de verdad lo había dejado idiota de la impresión?
Tampoco tendría sentido. ¿Quién en la familia no sabía que él era gay? Recordó que, cuando tenía la edad de Xiao-Linzi, había llevado a un compañero de clase a casa para hacer eso, y él los había descubierto por accidente. Incluso le había dado una paliza. Esa sí que fue una gran impresión, y aun así, el chico terminó siendo completamente normal.
¿Sería porque Li Yu era su amigo, y por eso le costaba un poco aceptarlo?
Jian Suiying le dio vueltas al asunto durante un buen rato; después de todo, se sentía un tanto culpable. Aunque no le tenía especial aprecio a su hermano, sabía que en esta vida él sería gay hasta el final y que absolutamente nunca podría ser hetero.
La familia Jian seguía dependiendo de ese hermano menor para continuar con el linaje. Cuando lo golpeó aquella vez, también fue por temor a que fuera demasiado joven, no supiera cómo manejar la situación y se viera negativamente influenciado por él.
Con su propio comportamiento ya le estaba fallando lo suficiente a sus ancestros; si encima echaba a perder a su hermano menor, los antepasados probablemente mandarían un rayo para partirlo en dos. Por eso, desde entonces, Jian Suiying nunca más había llevado a nadie a casa, y jamás le permitía a Jian Suilin tener contacto con sus desastrosos amoríos. Deseaba que Jian Suilin siguiera su ejemplo en todo, excepto en eso.
Tras pensarlo una y otra vez, finalmente marcó su número; tenía que darle una lección.
El teléfono sonó un buen rato antes de que lo contestaran, y desde el otro lado llegó la voz exhausta de Jian Suilin.
—Ge…
—¿Mhm? ¿Qué pasa? ¿Todavía no te despiertas?
—Bebí un poco de alcohol.
El cerebro de Jian Suiying dio un giro rápido.
—¿Bebiste con Li Yu?
Jian Suilin guardó silencio.
Jian Suiying soltó un bufido.
—Sobre lo que pasó ayer…
—Ge —lo interrumpió Jian Suilin—. ¿De verdad te gusta Li Yu?
Llegados a este punto, incluso si lo mataran a golpes, sería incapaz de pronunciar las palabras “me gusta Li Yu”. Aunque antes sí que le gustaba bastante, tampoco podía ponerse a explicar los enredos y rencores que había entre él y Li Yu, así que solo pudo responder con vaguedad.
—Ya sabes cómo soy, pero esto es asunto mío. No te hagas ideas raras en la cabeza.
—Pero Ge —dijo Jian Suilin, repentinamente agitado—, a Li Yu no le gustas.
Esas palabras dieron justo en el punto débil de Jian Suiying.
—Solo ustedes, los mocosos, se la pasan todo el día hablando de si se gustan o no. Yo ya… Olvídalo, no lo entenderías aunque te lo explicara. Solo olvida lo de ayer, tampoco es para tanto.
Jian Suilin se quedó callado un momento.
—Ge, ¿quieres decir que tú tampoco vas en serio?
Jian Suiying ya se estaba hartando de tantas preguntas. Ahora mismo, la sola mención de Li Yu lo llenaba de rabia; no tenía el humor para discutir idioteces melodramáticas sobre el amor con un pequeño imbécil que no conocía la verdad.
—Oye, ¿acaso te entran mis palabras por un oído y te salen por el otro? La última vez te dije que si no sabes beber, no imites a los demás. Mírate cómo te pones después de tomar, actuando como una vieja llorona. ¿Desde cuándo te toca meterte en mis asuntos?
La voz de Jian Suilin sonó mucho más sobria al instante.
—Ge, no te enojes. Lo digo principalmente porque siento que ustedes no son compatibles. Li Yu, él…
—¡Y sigues!
Jian Suilin enmudeció de inmediato.
—Ge, no te enojes. ¿Por qué tienes la voz tan ronca? Deberías beber más agua…
Jian Suiying hizo memoria con cuidado; hacía mucho tiempo que Xiao-Linzi no se mostraba tan emocional.
—Mira cómo una mierda sin importancia te tiene todo neurótico —espetó irritado—. ¿Acaso nunca has visto a dos personas besarse? Joder.
—Ge, ya no te enojes —balbuceó Jian Suilin—. Te estás alterando.
Jian Suiying soltó un bufido por la nariz.
—¿Leíste el mensaje que te mandé?
—Sí, lo leí.
—Y lo leíste, pero fuiste incapaz de responder.
—Estaba a punto de hacerlo cuando me llamaste.
—Pamplinas, ¿crees que tu hermano es imbécil o qué?
—De verdad estaba a punto de contestar —se defendió Jian Suilin, sintiéndose agraviado—. ¿Cómo me atrevería a no responder tus mensajes?
—Mhm, arréglate bien, contacta tú mismo a Li Xuan, dale un buen vistazo a ese terreno, toma bastantes fotos y cuando vuelvas, dame un informe.
—Está bien.
—Dejémoslo así. Regresa cuando te dé la gana.
—… Ge, tú… ¿de verdad te llevaste a Li Yu de vuelta a Beijing? ¿Están juntos en este momento?
—¿Acaso no vas a terminar nunca, maldita sea?
Jian Suilin no se atrevió a hablar de nuevo.
Jian Suiying colgó el teléfono, sintiéndose aún más irritado.
¿Por qué resultaba tan agotador decir un par de palabras? Ahora hasta Xiao-Linzi sabía que a Li Yu no le gustaba. Era verdaderamente humillante. Al pensar en todo lo que había ocurrido en los últimos dos días, Jian Suiying no podía encontrar otra expresión más que “hacer el ridículo” para describirlo.
¡La vida es demasiado jodida!
Como no podía salir de la habitación, y le dolía tanto el cuerpo que ni siquiera quería moverse, se quedó recostado a medias en la cama y empezó a maquinar un sinfín de malas intenciones.
Tras pensar un rato, agarró el auricular y empezó a llamar a recepción. Un momento pedía comida, al siguiente exigía el mejor vino; después de comer y beber hasta saciarse, pidió un masaje de aromaterapia. En resumen, solicitó de forma sistemática todos los servicios caros disponibles en el catálogo de ese hotel de cinco estrellas a los que les pudiera poner las manos encima.
Sabía que Li Yu tenía bastante dinero de bolsillo, pero al ser solo un mocoso, tampoco podía ser tanto. Durante los días que se hospedara allí, definitivamente se aseguraría de exprimirlo hasta la última gota.
Para cuando terminó con todo ese alboroto, el sol ya se había ocultado. Completamente aburrido, Jian Suiying ladeó la cabeza y se quedó dormido.
Mientras dormía, en ese estado de duermevela, de repente sintió que alguien lo llamaba.
Abrió los ojos, adormilado, y vio a Li Yu de pie frente a su cama.
—¿Qué quieres?
—Qué horas son y tú sigues durmiendo así —dijo Li Yu con mala cara—. Ese tipo de Qinhuangdao no pudo comunicarse contigo por teléfono, así que me llamó a mí.
Jian Suiying se levantó bostezando y miró su celular. Eran apenas pasadas las ocho de la noche. La pantalla mostraba dos llamadas perdidas. Había dormido tan profundamente que no escuchó ninguna.
—Cuéntame cuál es la situación.
—Dijo que hay avances. Ahora solo necesita que proporciones algunos documentos, y luego podrá transferir la solicitud de construcción de este proyecto a otra persona.
Jian Suiying despejó rápidamente su mente y le devolvió la llamada.
Ambos conversaron por teléfono durante menos de diez minutos. Jian Suiying colgó muy satisfecho y, con total naturalidad, comenzó a darle órdenes a Li Yu.
—Tú también has manejado este proyecto. Ve a preparar los materiales.
—¿Para cuándo los necesitas? —preguntó Li Yu, frunciendo el ceño.
—Cuanto antes, mejor.
—Todos los departamentos están de vacaciones ahora mismo. Estas cosas solo se pueden tramitar después de las fiestas.
—¿Acaso no sé que tiene que ser después de las fiestas? —Jian Suiying le lanzó una mirada fulminante—. Cuanto antes después de las fiestas, mejor.
El rostro de Li Yu también se ensombreció; se dio la vuelta con la intención de irse.
—¿A dónde vas?
—¿También tengo que informarte a dónde voy?
—¿Solo me arrojas en el hotel y ya está? ¿Con eso damos por terminado el asunto?
—Entonces, ¿qué es lo que quieres? ¿No te has estado divirtiendo bastante gastando dinero?
—¿Qué pasa? —se burló Jian Suiying con una sonrisa fría—. ¿Te duele el bolsillo? ¿Acaso creías que cogerme gratis no te iba a costar nada?
Cada vez que Jian Suiying usaba este tema para punzarlo, se sentía sumamente incómodo.
—¿Tú mismo te tratas como si fueras alguien que se compra? —dijo Li Yu con los ojos bien abiertos—. Eso lo dijiste tú, no yo.
—Incluso si yo saliera a pagar por ello, sería por mi propia voluntad. Siempre será un mejor trato que ser violado por ti. Te lo aseguro, si alguien saliera a venderse y se encontrara con un cliente como yo, sería increíblemente afortunado: disfrutaría y además ganaría dinero. Pero toparse con un virgen sin técnica como tú, que solo sabe embestir a lo imbécil, es tener la peor maldita suerte de ocho vidas enteras.
El rostro de Li Yu palideció y luego se volvió verde de la rabia.
—Jian Suiying —dijo con voz temblorosa—, de verdad eres un completo descarado.
—Por muy descarado que sea, en términos de carácter sigo siendo mejor que tú, vi…
—¡Suficiente! —estalló Li Yu—. Si vuelves a decir esa palabra, yo…
—En términos de carácter, soy inmensamente superior a ti, violador. ¿Qué pasa? Ya lo dije de nuevo. ¿Acaso planeas forzarme otra vez?
Li Yu lo empujó violentamente contra la cama, inmovilizándolo, y lo miró con ferocidad desde arriba.
Jian Suiying forzó una expresión de calma, con los ojos muy abiertos, sosteniéndole la mirada.
Desde el incidente del día anterior, la atmósfera entre los dos se había vuelto extrañamente bizarra. Además del denso olor a pólvora, flotaba una ambigüedad que no se podía disipar.
Li Yu podía sentir el aliento cálido de Jian Suiying rozando la punta de su nariz, y la mirada del hombre también parecía emitir calor, provocando que su propio cuerpo ardiera de forma poco natural.
¡Esto no está bien!
Li Yu se resistía profundamente a aquella incontrolable reacción física.
Por mucho que detestara a Jian Suiying, tenía que admitir que era un hombre con un enorme atractivo masculino. La sensación de poseer a su antojo a alguien como él era tan adictiva como una droga.
Había pasado todo un día y todavía no lograba recuperarse del impacto de aquel acto sexual de pillaje desenfrenado y conquista implacable.
Ese estremecedor placer físico y el sentimiento de superioridad psicológica que otorgaba una conquista absoluta, hacían que uno… que uno fuera incapaz de olvidarlo, sin importar qué.
Justo cuando sus nerviosos labios empezaron a temblar, Jian Suiying de pronto le rodeó el cuello con los brazos y atrapó su boca.
Li Yu sintió un zumbido en el cerebro; perdió por completo la capacidad de reaccionar.
Jian Suiying disfrutó besándolo durante un buen rato, y cuando se cansó, le dio una mordida en la lengua.
El dolor súbito hizo despertar a Li Yu. Se limpió la sangre de la comisura de los labios, fulminando a Jian Suiying con una mezcla de incomodidad e ira.
—Lárgate —dijo Jian Suiying con pereza.
Li Yu realmente quería darle un par de bofetadas, pero se contuvo.
—¿Qué haces ahí parado en lugar de largarte? ¿Todavía no tuviste suficiente? Bájate los pantalones y súbete, te garantizo que quedarás satisfecho.
Li Yu le agarró el brazo, dándole una torcedura brutal que volteó todo su cuerpo, dejándolo inmovilizado bocabajo contra la cama.
Ahora mismo, Jian Suiying sentía una ansiedad de muerte ante esta postura, y gritó nervioso de inmediato.
—¿Qué quieres hacer? ¡Mierda, todavía te atreves a intentarlo!
Li Yu se pegó a él, tan cerca que su pecho quedó aplastado contra la espalda de Jian Suiying.
Jian Suiying podía sentir su respiración agitada y cómo su pecho subía y bajaba violentamente, como si estuviera reprimiendo una furia colosal.
—Jian Suiying —escuchó a Li Yu decir lentamente—, te lo advierto, esta es la última vez. No vuelvas a provocarme.
Jian Suiying todavía quería insultarlo, pero apenas abrió la boca, Li Yu arrancó rápidamente varios pañuelos desechables de la caja que estaba en la mesita de noche, se los embutió en la boca y, acto seguido, lo dejó tirado allí y se marchó a paso firme.
Jian Suiying observó su espalda al alejarse, con una mirada que se volvía cada vez más venenosa.
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