Li Chengxiu se encogió y señaló los ventanales que tenían a sus espaldas.

—Las cortinas…

Shao Qun hizo oídos sordos, pasó la mano por detrás de su cintura y le arrancó la única prenda que le quedaba: los calzoncillos.

Li Chengxiu se puso rojo de la cabeza a los pies, como un camarón cocido.

—Shao Qun, la ven…

Shao Qun bajó la cabeza y le selló los labios.

El cuerpo de Li Chengxiu se hundió en el sofá de cuero color crema; la vergüenza de estar completamente desnudo lo hizo querer hacerse un ovillo por instinto, pero Shao Qun le inmovilizó las manos, le separó las piernas con un empujón de su rodilla y se arrodilló entre ellas.

Li Chengxiu se quedó sin aliento por los besos; no sabía cómo responder con pericia, así que solo pudo aceptar rígidamente el saqueo de Shao Qun, sin atreverse siquiera a mover el cuello.

Cuando Shao Qun lo besó lo suficiente y lo soltó, él seguía sin olvidar que estaban en la sala de estar.

—No… aquí no —murmuró en voz baja.

—Lo haremos justo aquí. —Shao Qun sonrió, curvando la comisura de los labios—. La luz es buena; quiero verte bien, y tú también tienes que mirarme bien a mí.

—Ver… qué —dijo Li Chengxiu temblando, mientras se cubría los ojos con las manos.

—Ver a tu primer hombre, por supuesto —rio Shao Qun con ligereza.

Shao Qun le apartó las manos de los ojos; su mirada, cargada de lujuria, se clavó directamente en los ojos evasivos de Li Chengxiu, capturando con sumo interés su timidez y su miedo.

Li Chengxiu giró la cabeza, con las pestañas temblando a toda velocidad y la mirada fija en las brillantes baldosas del suelo. Su nuca, blanca como la nieve, estaba tensa y recta; la prominente nuez de Adán subía y bajaba.

Shao Qun bajó la cabeza y le mordió el cuello.

—Espérame y no te muevas —dijo en un tono que era mitad broma y mitad amenaza—. Si te atreves a moverte, te sacaré al balcón y te follaré allí.

Li Chengxiu cerró los ojos con fuerza.

Shao Qun se levantó y fue al baño por lubricante y condones.

Al regresar, vio que Li Chengxiu se había vuelto a acurrucar, pero seguía tumbado en el sofá sin atreverse a moverse.

Shao Qun deslizó la mano por sus suaves muslos hasta llegar a la ingle, y luego le dio una fuerte nalgada.

—Bebé, abre las piernas.

Las aletas de la nariz de Li Chengxiu temblaron ligeramente mientras miraba a Shao Qun con ojos llenos de súplica.

—Qué tímido eres. —Shao Qun esbozó una gran sonrisa; agarró los muslos de Li Chengxiu y, haciendo caso omiso de su grito de pánico, se los separó hacia los lados.

—¡Shao Qun!

Aunque las luces de la sala eran de tonos cálidos, brillaban con intensidad, dejando al descubierto cada detalle de su cuerpo.

Shao Qun se llenó la mano de lubricante y se dirigió hacia su entrepierna.

Aunque Li Chengxiu se había preparado mentalmente, en ese momento seguía temblando de miedo.

Shao Qun le acarició el abdomen con una mano para tranquilizarlo, mientras con la otra masajeaba suavemente la zona entre sus glúteos, tanteando con los dedos aquella apretada entrada antes de introducirse lentamente.

—¡Ah! —Li Chengxiu dio un respingo y retorció la cintura por la incomodidad; las lágrimas brotaron de las comisuras de sus ojos mientras se aferraba con fuerza al brazo de Shao Qun.

Shao Qun le presionó el pecho para impedir que se moviera bruscamente.

—Relájate, Chengxiu, relaja el cuerpo.

Li Chengxiu estaba aterrado por lo que estaba a punto de ocurrir y le resultaba imposible relajarse, sin importar lo que intentara.

—Shao Qun… duele —suplicó en voz baja, con la esperanza de que Shao Qun lo dejara ir.

Shao Qun le acarició la mejilla.

—Bebé, si te duele, aguanta un poco. Después de hacerlo unas cuantas veces ya no te dolerá. Haré que lo disfrutes.

Tanteó aquel interior que poco a poco empezaba a ceder y, al considerar que era suficiente, se desabrochó los pantalones y sacó su miembro.

A Li Chengxiu le bastó un solo vistazo para palidecer; se mordió el labio con fuerza y cerró los ojos.

Shao Qun se puso el condón, agarró su enorme erección y la frotó de un lado a otro entre los glúteos de Li Chengxiu, esparciendo el lubricante de manera uniforme.

Todo el cuerpo de Li Chengxiu se estremecía por sus acciones, y lo miró con los ojos húmedos.

Shao Qun le sujetó con fuerza los muslos, que había intentado cerrar varias veces, le levantó las caderas, apuntó hacia esa entrada encogida por el miedo y lo penetró.

Esta vez, Shao Qun no le dio muchas oportunidades para respirar; le sujetó la cintura con fuerza de hierro y empujó hacia el interior de forma implacable.

Li Chengxiu soltó un grito de dolor.

La sensación de ser invadido por un objeto extraño en ese lugar inconfesable no solo traía consigo dolor, sino también asco.

Sentía como si sus entrañas estuvieran a punto de desgarrarse. El miembro de Shao Qun, que invadía sin descanso, era como una cuchilla afilada causando estragos dentro de él; ese dolor humillante lo hacía sentir tan desamparado que deseó poder desmayarse.

—Shao Qun… Shao Qun… —Li Chengxiu rompió a llorar, mirándolo a través de una cortina de lágrimas.

Shao Qun se inclinó para besarle el rostro.

—No pasa nada, pasará en un momento.

Él mismo estaba sudando a mares por el esfuerzo de contenerse. Ese lugar estaba demasiado estrecho; si no lo aflojaba a base de follar, ¿acaso no tendría que esforzarse así de horriblemente cada vez en el futuro? Sería un milagro no morir de la frustración.

Ignorando los llantos de Li Chengxiu, le agarró las nalgas redondas y llenas, y embistió hacia el fondo con fuerza.

Li Chengxiu gritó de dolor; sintió que un garrote le revolvía los órganos internos, provocándole oleadas de náuseas.

Shao Qun apretó los dientes, sacó su membro lentamente solo un poco y volvió a embestir con fuerza hasta el fondo.

Tras repetir el movimiento varias veces, al fin sintió la fluidez de entrar y salir libremente, así como el intenso placer de la fricción contra esas apretadas paredes de carne.

En cuanto a Li Chengxiu, sus ojos ya estaban rojos de tanto llorar y su voz sonaba completamente desgarrada.

Las parejas anteriores de Shao Qun estaban acostumbradas a su estilo desbocado en la cama cada vez que le entraban ganas, y con su vasta experiencia en el asunto, todos aprendían a cooperar con él para obtener placer mutuo. Sin embargo, Li Chengxiu no sabía absolutamente nada del tema, por lo que solo podía quedar flácido y soportar aquel acto sexual que no le causaba más que agonía.

Los largos dedos de Shao Qun dejaron marcas rojas en los muslos de Li Chengxiu; inmovilizó la cintura del hombre, que no dejaba de retorcerse, y dejó que su candente cuchilla entrara y saliera por aquel húmedo y caliente túnel.

Las embestidas habían empujado a Li Chengxiu hasta el punto de que la mitad de su cabeza ya colgaba fuera del sofá. Echó el cuello hacia atrás con dolor, aferrando los dedos a la tapicería.

El pesado sofá temblaba bajo los violentos y frenéticos movimientos de Shao Qun, y aquella zona vulnerable que recibía directamente los impactos terminó abriéndose por completo ante la falta de fuerzas, envolviendo con firmeza el miembro que entraba y salía de él.

Shao Qun estaba tan ahogado en la lujuria que no podía detenerse; solo se concentró en embestir con fuerza hasta descargarse por completo con una sensación de absoluto deleite.

Retiró su miembro flácido del cuerpo de Li Chengxiu, arrojó el condón húmedo al suelo y notó que tenía algunas trazas de sangre.

Al mirar de nuevo a Li Chengxiu, vio que en algún momento se había tapado los ojos con el brazo; tenía el rostro bañado en lágrimas.

Shao Qun le apartó el brazo y, al ver sus ojos enrojecidos por el llanto, sintió una punzada de lástima. Sacó la lengua y le lamió suavemente las comisuras de los ojos.

—Shao Qun… en serio… duele —sollozó Li Chengxiu.

—Lo sé, al principio siempre duele. Será mejor la próxima vez.

Li Chengxiu sorbió por la nariz con fuerza y negó con la cabeza.

Shao Qun lo tomó en brazos y lo llevó al dormitorio, depositándolo con cuidado sobre la cama.

En cuanto Li Chengxiu tocó el colchón, tanteó en busca de la colcha para taparse.

Shao Qun le arrebató la esquina de la colcha, se acostó a su lado y luego los cubrió a ambos.

Shao Qun lo abrazó por detrás; la espalda de Li Chengxiu quedó apretada contra el pecho firme del otro.

La mano de Shao Qun se deslizó hasta su entrepierna y envolvió su flácida intimidad.

Li Chengxiu soltó un gemido bajo.

—No…

Shao Qun le mordió la oreja.

—No hables, solo siéntelo.

Comenzó a masturbarlo con suavidad, y aquella cosa blanda se endureció y se calentó lentamente entre sus dedos.

Li Chengxiu no se atrevió a mover un músculo; cerró los ojos y se mordió el labio, disfrutando del placer que se elevaba desde su bajo vientre.

Los movimientos de la mano de Shao Qun se hicieron cada vez más rápidos. Sintió que la lujuria era como una bola de nieve: cuanto más acumulaba, más grande se hacía, amenazando con explotar en cualquier momento.

De repente, sintió que dos dedos penetraban su interior, el cual acababa de quedar vacío.

Como toda la atención de Li Chengxiu estaba concentrada en la parte delantera, la sensación antinatural de la invasión en la parte trasera ya no le resultó tan abrumadora.

La parte delantera de su cuerpo había sido completamente conquistada por el deseo, pero la parte trasera, húmeda, suave e incapaz de cerrarse, era revuelta y manipulada por los dedos, hurgando en cada rincón de sus paredes internas.

Li Chengxiu sintió que su cuerpo iba cambiando paulatinamente; un picor adormecedor se instaló en su interior y una extraña sensación subió ola tras ola desde el coxis hasta el cerebro, haciéndolo temblar de pies a cabeza.

Shao Qun sacó los dedos, sacó otro condón de la mesita de noche y se lo puso. Le levantó una pierna a Li Chengxiu y, aprovechando la posición lateral, lo penetró de nuevo.

Esta vez la invasión fue mucho más suave. Shao Qun siguió acariciando la dureza de Li Chengxiu mientras balanceaba su poderosa cintura en rítmicas embestidas.

Li Chengxiu sintió que lo iban a desmontar a golpes. Su mente se quedó en blanco por aquel doble asalto; en su caótico mundo ya no quedaba nada más que un placer extremo. Su cuerpo estaba tan torturado por aquel turbulento torrente de lujuria que no podía reunir ni una pizca de fuerza; incluso sus gemidos se transformaron en un aullido ronco y desamparado.

La colcha que los cubría había caído al suelo hacía rato. Li Chengxiu fue colocado de rodillas, con las caderas alzadas, permitiendo que Shao Qun entrara y saliera ferozmente de él; su miembro recién vaciado rozaba las sábanas con cada empuje, mostrando señales de volver a endurecerse.

Una noche como aquella estaba destinada a ser de insomnio.

Al día siguiente, Shao Qun llamó personalmente al Jefe Chen y renunció en nombre de Li Chengxiu.

El Jefe Chen se deshizo en disculpas por teléfono y le aseguró que ya había despedido a los sujetos implicados junto con el Gerente Zhang. Shao Qun emitió un par de gruñidos, sin mostrarse impresionado.

Al colgar el teléfono, vio la expresión de pérdida en el rostro de Li Chengxiu, pero Shao Qun se sintió inmensamente complacido.

A partir de ese momento, bastaba con que Li Chengxiu se quedara en casa, para que él pudiera encontrarlo siempre que lo necesitara.

—Has estado muy ocupado por mucho tiempo —sonrió Shao Qun—. Es raro que puedas descansar un poco, así que tómate un buen tiempo para relajarte.

Li Chengxiu asintió.

—Descansaré… unos días… y luego… buscaré trabajo.

La sonrisa de Shao Qun se congeló ligeramente.

—Hablaremos de eso más adelante. Hoy en día no es tan fácil encontrar trabajo.

—Es verdad. —Li Chengxiu suspiró—. Iré a preguntar… a otros hoteles.

Shao Qun asintió con evasivas, pensando en sus adentros que no permitiría que ningún otro lugar lo contratara.

Sacó un sobre grande de su maletín y se lo entregó a Li Chengxiu.

Li Chengxiu tomó aquel pesado sobre y lo miró con desconcierto.

Shao Qun alzó la barbilla.

—Tu compensación.

Li Chengxiu miró el sobre sorprendido; con lo grueso que era, ¿cuánto dinero debía haber adentro?

—Es demasiado… —murmuró.

—Es lo que te mereces —dijo Shao Qun con tono de burla—. Tómalo.

La vida en convivencia de ambos había comenzado formalmente.

Después de enviar currículums a varios lugares sin recibir respuesta, Li Chengxiu no tuvo más remedio que quedarse en casa tranquilamente.

No tenía amigos, ni sabía usar internet. Cuando no tenía nada que hacer, se quedaba mirando fijamente la televisión sin pensar en nada, y a decir verdad, ni siquiera asimilaba mucho de lo que veía.

Aunque no era de muchas palabras, Shao Qun era la única persona con la que podía hablar, y en el fondo deseaba verlo todos los días.

Sin embargo, Shao Qun no pasaba mucho tiempo allí; a lo sumo, cuatro o cinco días a la semana. El resto del tiempo, Li Chengxiu ignoraba dónde estaba y sentía que no era apropiado preguntar. Al fin y al cabo, Shao Qun tenía que trabajar y no podía quedarse en casa haciéndole compañía todos los días.

Shao Qun siempre estaba muy ocupado. A menudo prometía regresar a cenar y rompía su palabra sin motivo aparente, sin siquiera molestarse en hacer una llamada, dejando que toda la comida que le había preparado se echara a perder. Sin más opciones, Li Chengxiu tenía que alimentarse a base de sobras todos los días.

De igual manera, cuando Shao Qun decidía ir, rara vez avisaba; simplemente aparecía. El tiempo que se quedaba variaba, pero por las noches, el desenlace inevitable era arrastrarlo a la cama para hacer eso.

En el fondo, él sentía un poco de aversión por ese tipo de cosas, pero Shao Qun era sumamente entusiasta al respecto, por lo que no le quedaba más remedio que ceder.

Secretamente sentía que su relación con Shao Qun era un tanto extraña, pero no sabría decir qué era lo que estaba mal.

Sentía que Shao Qun lo trataba bastante bien: solía elogiar lo rica que estaba su comida o lo limpia que dejaba la casa. Cuando dormían juntos, Shao Qun le susurraba cosas que le aceleraban el corazón y le sonrojaban las mejillas; Li Chengxiu creía que le gustaba mucho a Shao Qun.

Que alguien lo quisiera, especialmente alguien tan excepcional como Shao Qun, lo halagaba abrumadoramente.

Tras renunciar a su trabajo, seguía viviendo en la casa de Shao Qun y, como él lo seguía tratando bien, sintió la necesidad de compensárselo con creces. Siempre que Shao Qun iba, se aseguraba de cuidarlo meticulosamente. No era elocuente ni se atrevía a tomar la iniciativa para expresar afecto, así que solo podía tratar a Shao Qun bien a su propia manera.

Pero aquellos días idílicos no podían durar para siempre. Li Chengxiu estaba dispuesto a cuidar de Shao Qun de forma indefinida, pero no podía permitirse vivir sin trabajar.

A modo de pago por vivir en su apartamento, se encargó de todos los gastos cotidianos durante más de dos meses; no tocó ni un centavo del dinero que Shao Qun había dejado en casa.

Sus ahorros eran escasos; mes a mes tenía que pagar sus deudas, comprar comida y sobrevivir. Si no trabajaba, no podría mantenerse en pie por mucho tiempo.

Pero nunca pensó que encontrar un trabajo resultaría tan difícil. Había enviado decenas de currículums sin apenas recibir respuesta, e incluso cuando la suerte le sonreía con una llamada, todo acababa en nada al final.

Finalmente, no pudo quedarse cruzado de brazos y decidió renunciar a los grandes hoteles y restaurantes de lujo para buscar en pequeños establecimientos de comida. Aunque el salario y las condiciones no se compararían con las de un hotel de primera, era mucho mejor que quedarse en casa gastando sus ahorros hasta la miseria.

Así fue como volvió a estar ocupado, corriendo al centro de la ciudad todos los días en busca de empleo.

Pero este asunto despertó el descontento de Shao Qun.

Shao Qun no podía hacer que todos los habitantes de la ciudad le hicieran caso y se negaran a contratar a Li Chengxiu, así que, a fin de cuentas, este logró encontrar un trabajo y volvió a estar atareado.

Lo que más irritaba a Shao Qun era que Li Chengxiu volviera todos los días oliendo a humo y aceite. Esas manos suyas, originalmente blancas y limpias, ahora apestaban a ajo hasta por debajo de las uñas. Después de un agotador día de trabajo, lo único que quería era abrazarlo para descansar, pero al oler semejante hedor, se le cortaba el rollo por completo.

En la vida de Shao Qun, la carrera existía para realizar el valor propio; el dinero, para disfrutarlo, y los compañeros de cama eran simples pasatiempos para relajarse en medio de una apretada agenda.

Se consideraba a sí mismo como un amo bastante decente, generoso y con estilo, y sus exigencias para con un amante tampoco eran demasiado estrictas: le bastaba con que fueran atractivos a sus ojos, limpios, sin enfermedades, dóciles y obedientes.

Shao Qun decidió tener una charla con Li Chengxiu. Aún sentía bastante interés por él; además, Li Chengxiu era una persona raramente considerada, con una dulzura y docilidad que ni siquiera las mujeres podían igualar. A excepción de su estúpida obsesión por ir a vender su mano de obra barata, Li Chengxiu era la mascota más satisfactoria que había criado hasta el momento y, por ahora, no quería romper sus lazos con él.

Si Li Chengxiu se quedaba en casa obedientemente, todo sería perfecto; sentía que podría mimarlo durante mucho tiempo. Cambiar de pareja constantemente no solo era una molestia, sino que, sobre todo, le resultaba poco higiénico.

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