Durante los días que le quedaron en Beihai, Jian Suiying no volvió a ver a Li Yu.

Una vez que su rostro dejó de estar tan terriblemente hinchado, comenzó a moverse por su cuenta y regresó a Beijing dos días antes de que terminaran las vacaciones.

El trabajo acumulado lo inundó rápidamente, manteniéndolo bastante ocupado durante un tiempo. El trabajo logró distraer su atención con éxito, evitando que odiara a Li Yu día y noche hasta que le rechinaran los dientes.

Sin embargo, a partir de ese día, la vida de Jian Suiying adquirió un nuevo objetivo a corto plazo además de ganar dinero y disfrutar: recuperar todo lo que Li Yu le debía.

En cuanto tuviera la oportunidad, se follaría a ese mocoso hasta dejarlo sin poder levantarse de la cama durante tres días. Juró que no descansaría hasta conseguirlo.

Lamentablemente, desde entonces, una oportunidad así resultó ser demasiado difícil de encontrar.

Li Yu apenas aparecía frente a él; sin importar qué trabajo le asignara, casi nunca iba a la oficina, evadiéndolo de manera evidente.

El clima se fue enfriando gradualmente y ya había pasado más de un mes desde aquel incidente. Un día, Jian Suiying no supo ni cómo ni por qué, pero simplemente quiso ver a Li Yu, aunque solo fuera para insultarlo y humillarlo un rato.

Así que, en un arrebato de locura, condujo hasta la universidad de Li Yu, dio vueltas y vueltas por aquel enorme campus y terminó perdiéndose.

Ni él mismo sabía adónde había metido el auto; parecía haberse adentrado en una arboleda donde la cantidad de gente en el camino disminuyó drásticamente de golpe, con solo unas pocas parejitas sentadas ocasionalmente en los bancos de la acera susurrándose palabras de amor.

Tampoco tuvo el descaro de bajarse a preguntar. De no ser porque sus ojos habían estado escudriñando a la gente en el camino, intentando ver si de casualidad se topaba con Li Yu, su sentido de la orientación no habría fallado hasta el punto de no encontrar el camino de regreso.

No había camino para seguir avanzando, así que estacionó a un lado y bajó del vehículo.

El cielo se oscurecía y los alrededores estaban sumamente silenciosos. Después de pasar tanto tiempo en la hermética ciudad de Beijing, era realmente raro encontrar un lugar tan tranquilo y con aire fresco.

A Jian Suiying se le antojó dar un paseo para hacer la digestión y caminó lentamente por el estrecho y serpenteante sendero hacia el interior del bosque.

No llevaba ni unos minutos caminando cuando ya no pudo soportarlo más; al fin entendió por qué había tan poca gente en ese bosque: joder, entrar ahí era abrirle un bufé libre a los mosquitos.

Sin más remedio, tuvo que dar media vuelta hacia la salida, enojándose cada vez más a medida que caminaba. Pensó para sí mismo qué diablos estaba buscando al hacer ese viaje en vano, ¿venir a alimentar a los mosquitos como un puto idiota?

Sacó su teléfono y marcó el número de Li Yu antes de arrepentirse.

La llamada fue contestada rápidamente, pero no era la voz de Li Yu.

—¿Aló?

—¿Aló? —dijo Jian Suiying también con confusión, creyendo que se había equivocado de número.

—Ah, soy el compañero de cuarto de Li Yu. Él se está bañando, ¿quién lo busca?

—Dile que me apellido Jian, soy… soy su jefe.

—Oh, oh, ya sé quién es usted, buenas tardes, buenas tardes. —Tras decir eso, se alejó del teléfono y gritó—: ¡Li Yu, es tu jefe!

Jian Suiying aguzó el oído con desesperación y solo escuchó que Li Yu respondía algo, pero por más que lo intentó, no logró entender qué.

—Me pregunta que para qué lo busca —dijo de nuevo el chico.

—Estoy en su universidad… Tengo un asunto que tratar con él, dile que salga cuando termine de bañarse.

—De acuerdo, yo le digo, ¿en dónde está usted?

—… En la entrada principal.

—¿En cuál entrada?

¿Para qué mierda preguntas con tanto detalle? Ni que fueras a tener una cita conmigo, pensó Jian Suiying, y solo pudo responder con evasivas:

—En la puerta este.

—Muy bien, cuando salga le digo que lo vaya a buscar.

—Cuando salga, dile que primero me devuelva la llamada.

—Vale, no hay problema.

Luego, Jian Suiying se sentó en un banco de piedra a esperar la llamada.

Como resultado, esperó y esperó por casi media hora, y no recibió ni una mierda.

Jian Suiying supo que Li Yu no vendría. Sintió decepción y rabia al mismo tiempo, pensando que hoy había sido un completo imbécil por venir hasta este lugar de mierda para terminar perdiéndose, alimentando a los mosquitos durante un buen rato y ni siquiera logrando ver a la persona; ¿acaso podía ser aún más estúpido?

Se puso de pie con la intención de subirse al auto y largarse.

Sin embargo, tras dar apenas unos pasos, el teléfono sonó de repente.

El corazón de Jian Suiying dio un vuelco repentino. Sacó el celular con cierto nerviosismo, miró la pantalla y allí, para su sorpresa, estaba el nombre de Li Yu.

El estado de ánimo de Jian Suiying en ese instante era realmente indescriptible. Lo que pensó en ese momento fue que, solo por haberle devuelto la llamada ahora, él se pondría condón la próxima vez que se lo follara.

Contestó la llamada y la voz aún helada de Li Yu resonó:

—¿Dónde estás? No te veo por ninguna parte.

—¿Ah? —Jian Suiying miró a su alrededor de forma subconsciente; hacía rato que no pasaba ni un alma por allí, e incluso si alguien lo enterrara en ese bosque, probablemente nadie se enteraría.

—¿No dijiste que estabas en la puerta este? Ya llegué.

Solo entonces Jian Suiying recordó la mentira que había soltado a la ligera.

—No estoy en la puerta este.

Li Yu sonó algo impaciente.

—Entonces, ¿en qué puerta estás?

—No estoy en ninguna puerta.

—Jian. Sui. Ying —pronunció Li Yu, pausando en cada sílaba, y luego le colgó el teléfono directamente.

Él le devolvió la llamada a toda prisa, sin pensarlo dos veces. Hizo un total de seis o siete llamadas antes de que Li Yu por fin le contestara.

—¿Qué quieres? ¿Todavía no has jugado lo suficiente?

—¡Joder! —espetó Jian Suiying con brusquedad—. No estoy jugando contigo, ¿acaso no puedes escuchar hasta que termine de hablar?

—… Habla.

—Estoy en tu universidad, en no sé qué maldito rincón perdido; me perdí y no sé dónde estoy.

—¿Entonces por qué dijiste que estabas en la puerta este? Caminar desde los dormitorios hasta allá toma quince minutos.

—¿Acaso no te dije que me devolvieras la llamada en cuanto salieras de bañarte? Si hubieras llamado de regreso, todo se habría solucionado.

Li Yu puso los ojos en blanco.

—¿A qué viniste a mi universidad? Si no es nada importante, mejor devuélvete tú solo.

—¿Acaso no puedo venir si no tengo nada que hacer? No es como si cobraran entrada.

Li Yu resopló por la nariz.

—Regrésate.

—¡Espera! ¿No escuchaste que te dije que me perdí? No encuentro el camino de vuelta, ven… ven a buscarme.

—¿Y cómo voy a ir a buscarte si ni tú mismo sabes dónde estás?

—Estoy al lado de una arboleda.

—Nuestra universidad está llena de arboledas por todas partes.

Jian Suiying se exasperó.

—¡Me importa un carajo, ven a buscarme ahora mismo! Si no vienes… llamaré a tu hermano; no te puedo dar órdenes a ti, ¿verdad?, entonces veamos si tu hermano puede hacerlo.

—Jian Suiying, eres un sucio sinvergüenza —dijo Li Yu con los dientes apretados.

Jian Suiying soltó una risa burlona.

—Ven acá de inmediato.

—¡No sé dónde estás!

Jian Suiying describió rápidamente el lugar donde se encontraba; los dos se comunicaron con dificultad durante un buen rato hasta que Li Yu finalmente logró entender más o menos dónde era.

—El lugar en el que estás me queda demasiado lejos, tengo que volver para sacar el auto; espérame ahí —le indicó.

—Date prisa.

Esa espera duró otra media hora; a Jian Suiying lo picaron tanto los mosquitos que no le quedó más remedio que correr a meterse en el auto, perdiendo todas las ganas de seguir respirando aire fresco.

Cuando estaba a punto de quedarse dormido de tanto esperar, la luz reflejada en el espejo retrovisor lo despabiló de golpe; se giró y vio que una camioneta Jeep Mercedes-Benz se acercaba y se detenía junto a su auto.

Jian Suiying abrió la puerta y saltó del vehículo; Li Yu también se bajó y ambos se miraron el uno al otro con los autos de por medio, casi como si fuera una escena de transacción de drogas sacada de la televisión. A Jian Suiying le pareció sumamente cómico.

Aunque el sitio estaba un poco apartado, se notaba la diferencia de ser una buena universidad; incluso se habían encargado de instalar faroles en esos rincones, por lo que no se veía tan oscuro.

Jian Suiying observó el rostro de Li Yu bajo la luz de las farolas y descubrió que, tras un mes de no verse, parecía estar aún más guapo, con una piel tan suave que incluso reflejaba la luz; un sabor amargo se instaló en el corazón de Jian Suiying.

Li Yu cerró la puerta del auto de un tirón y caminó hacia él, deteniéndose a unos dos metros de distancia para mirarlo con el ceño fruncido.

—¿A qué viniste exactamente?

—Vine a ver cómo te estaba yendo, y de paso, a recordarte que todavía me debes una cogida.

Una expresión de disgusto apareció en el rostro de Li Yu.

—¿No tienes nada más que hacer? Es inútil que te pases el día entero pensando en eso. Sube a tu auto, te guiaré hacia la salida; no me hagas perder el tiempo.

Tras decir eso, se dio la vuelta con la intención de regresar a su vehículo.

Jian Suiying se enojó muchísimo. En realidad, él no había venido ese día con la intención de buscarle problemas a Li Yu, solo había pasado más de un mes sin verlo y quería… quería simplemente echarle un vistazo; nunca se imaginó que ese idiota no le daría ni un poco de cara.

Se abalanzó hacia él en un instante, pero Li Yu ya estaba prevenido; se giró y levantó los brazos para cubrirse el pecho.

Jian Suiying no tuvo más opción que detenerse.

—Comiste y bebiste hasta saciarte, te relamiste los labios y te largaste; ¿creíste que ese asunto se quedaría así como así? —dijo con muchísimo desagrado.

—Si quieres follarme, sigue soñando despierto —dijo Li Yu abriendo los ojos de par en par.

—¿Y por qué no puedo follarte? Li Yu, sobre este asunto en específico, tú sí que me debes una.

—Estás enfermo —maldijo Li Yu, dándose la vuelta para marcharse otra vez.

Jian Suiying lo agarró del brazo y comenzó a tironear de él.

Una oleada de irritación invadió el corazón de Li Yu.

No debió haber venido hoy, qué demonios andaba mal en su cabeza para haber acudido de verdad a verlo; ¿qué podía salir bien al encontrarse con alguien de su calaña?

Entre los tirones fue inevitable que sus cuerpos chocaran; Li Yu, resistiéndose profundamente, no dejaba de retroceder, negándose a dejar que lo tocara y evadiéndolo como si fuera el dios de la plaga, lo que enojó tanto a Jian Suiying que la cara se le puso roja.

—¿Qué quieres hacer exactamente? —exclamó Li Yu—. ¿Acaso eres un puto perro rabioso? Haber sido… así no te sirvió de escarmiento, ¡y sigues acosándome sin parar!

—¡Pues a partir de ahora te voy a acosar sin parar! —bramó Jian Suiying furioso—. Si tienes huevos, cava un hoyo y entiérrame; creo que este lugar está bastante bien, no encontrarán el cadáver en un buen tiempo.

—¡Qué idioteces estás diciendo!

Jian Suiying lo empujó con fuerza contra la puerta del auto y le selló los labios sin piedad.

Como dice el dicho: la primera vez es extraña, pero la segunda ya es costumbre. Li Yu había sido asaltado y besado a la fuerza por el gran canalla de Jian en unas tres o cuatro ocasiones, y cualquiera pensaría que ya debería haberse adormecido ante eso; sin embargo, esta vez fue como si lo hubiera partido un rayo, pues, tras la repentina rigidez de su cuerpo, comenzó a resistirse con inusitada violencia.

—¿Qué tiene de malo que me dejes darte unos putos besos? —murmuró Jian Suiying entre dientes, sin dejar de morderlo—. Ya me has hecho cosas mucho más crueles, ¿y ni siquiera vas a dejar que me aproveche un poco de ti ahora? ¿Acaso tienes el monopolio de todos los beneficios del mundo?

El rostro de Li Yu se enrojeció por completo, sofocado.

—Suéltame, tú…

En medio de los empujones, los cuerpos de ambos chocaban y se rozaban sin cesar.

Jian Suiying se congeló en medio de un tirón, y Li Yu también se quedó rígido al instante; la atmósfera entre los dos se volvió de repente extremadamente bizarra.

De pronto, a Jian Suiying se le escapó una carcajada y se burló con total franqueza:

—Xiao-Li, estás duro, ¿verdad?

Li Yu deseó encontrar un agujero en la tierra para esconderse. Agachó la cabeza, se soltó bruscamente del brazo de Jian Suiying, abrió la puerta del auto e hizo el amago de subir.

Fue por su propia mala suerte que, cegado por el enojo, olvidó que acababa de dar la vuelta desde el otro lado del auto y ahora estaba abriendo la puerta del copiloto. Jian Suiying se movió como pez en el agua: se abalanzó sobre él de un salto, lo inmovilizó contra el asiento y, con gran familiaridad, le envolvió al amiguito de Li con la mano.

Li Yu sintió que algún cable se le rompía dentro de la cabeza.

Todos aquellos recuerdos lascivos que se había esforzado por olvidar durante el último mes, pero que aparecían con frecuencia en sus sueños, afloraron de golpe.

Sabía perfectamente que no debió haber venido a ver a Jian Suiying hoy.

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