Vomitó

—Y entonces… —Wu Zhu recordó la escena y no pudo evitar un escalofrío—, abrió sus fauces ensangrentadas y se abalanzó para devorarme. Quise huir, pero el dolor en mi cuerpo era tan insoportable que no logré ponerme en pie. Justo cuando creía que mi muerte era inminente, detuvo sus movimientos de golpe. Me olfateó una y otra vez; de pronto, retrocedió dos pasos bruscos y, luego, vomitó.

—¿Vomitó? —preguntaron Wu Qianqing, Guan Tong y Wu Xi, mirándolo con perplejidad.

Wu Ruo curvó levemente la comisura de los labios.

Wu Zhu asintió.

—Sí, vomitó. Expulsó hasta los cadáveres que acababa de devorar.

Wu Xi se apresuró a abrazar a Guan Tong.

—Madre, qué horror.

Guan Tong le palmeó la espalda con suavidad.

—No tengas miedo, ya pasó.

—Qué extraño —comentó Wu Qianqing—. ¿Acaso devoró a tantas personas que se empachó?

Wu Zhu ignoró la pregunta y prosiguió su relato.

—Aproveché que estaba vomitando sin control para levantarme y huir. Apenas logré salir de lo más profundo del bosque, me topé con cinco de los sirvientes fugitivos de nuestra familia Wu. Sin pronunciar palabra, me acorralaron y me atacaron.

—¡Son despreciables! —exclamó Wu Xi, indignada—. Pensar que en un momento así todavía querían asesinarte… Hermano mayor, ¿qué ocurrió después? ¿Los mataste?

Wu Zhu negó con la cabeza.

—Su nivel espiritual era superior al mío, no era rival para ellos. Por fortuna, llevaba muchos artefactos conmigo; en especial, los que me entregó Xiao Ruo demostraron ser formidables. Derribé a dos en un instante. Los otros tres fueron engullidos por la bestia demoníaca que venía persiguiéndome. Se tragó incluso a los sirvientes que yo había dejado malheridos.

Wu Xi dio una palmada al aire.

—¡Bien tragados están!

Guan Tong frunció el ceño.

—¿Qué tiene eso de bueno? Después de devorar a los sirvientes, el monstruo se habría comido a tu hermano mayor.

—Exacto, en cuanto engulló a los sirvientes, giró la cabeza de inmediato con la intención de despedazarme. —Con solo recordar aquellas inmensas fauces ensangrentadas, el estómago de Wu Zhu se revolvió. Esa monstruosa boca, además de aterradora, desprendía una fetidez insoportable. Al tenerlo tan cerca, el hedor a cadáver que emanaba de su respiración era asfixiante—. Sin embargo, en el instante en que se acercó a mí, volvió a vomitar.

—Qué raro —murmuró Wu Xi—. ¿Por qué vomitaría otra vez? Hermano mayor, ¿acaso no te habías bañado?

—Durante esos dos días de viaje no tomé ningún baño, es cierto. Pero yo no era el único en esas condiciones, así que dudo que esa sea la razón.

—Entonces, ¿por qué crees que lo hizo? —preguntó Wu Qianqing.

Wu Zhu se llevó la mano al pequeño saquito que colgaba de su cuello y clavó la mirada en Wu Ruo.

—Creo que Xiao Ruo puede responder a esa pregunta.

Al escuchar esto, todos volvieron el rostro hacia Wu Ruo.

Wu Ruo le devolvió una mirada cargada de inocencia e incomprensión.

—¿Yo? ¿Cómo voy a saber por qué vomitó el gran monstruo?

—Es cierto —intervino Wu Xi—. ¿Cómo podría el segundo hermano saber algo así?

—Porque estoy convencido de que la bestia vomitó al oler la medicina que llevo en este saco. Fuera de eso, no se me ocurre ninguna otra explicación. —Wu Zhu no había dejado de darle vueltas al asunto desde que logró escapar.

Wu Ruo soltó una carcajada suave.

—Hermano mayor, lo único que te di fue medicina para mantenerte despierto.

En realidad, la intuición de Wu Zhu era impecable.

Aquel día, cuando el tendero Yu de la Casa de Apuestas engañó a Wu Shi y a los demás diciendo que había prestado el artefacto mágico para saldar un favor, Wu Ruo ya había anticipado que Wu Qianbin y su séquito buscarían al tendero para interrogarlo. Por eso, durante aquel trayecto en carruaje, le había ordenado al tendero Yu que contratara a alguien de extrema confianza para hacerse pasar por el amigo que deseaba capturar al gran monstruo. Cuando Wu Qianbin y los suyos acudieran a indagar, debían informarles que en las profundidades del Bosque Shouchong yacía sellada una gran bestia demoníaca; si estaban dispuestos a capturarla, el supuesto amigo del tendero los recompensaría con doscientos mil taeles de plata.

Había descubierto a esta bestia por mero accidente en su vida pasada. Luego, también de manera accidental, terminó vinculándola mediante un contrato de amo y sirviente, obligándola a obedecer cada una de sus órdenes. Tiempo después, en una ocasión que refinaba píldoras vigorizantes, el hedor de las hierbas resultó ser tan punzante para la criatura que la hizo vomitar sin tregua durante tres días y tres noches, dejándola al borde de la muerte por deshidratación. Para el olfato humano, sin embargo, el aroma de la medicina era imperceptible; solo al ingerirlas, sus compuestos estimulaban la mente para disipar el cansancio.

Por este motivo, se había anticipado a refinar las píldoras vigorizantes. Esa era la verdadera razón por la que había permitido, con total sangre fría, que su hermano mayor acompañara a su Cuarto Tío y a los demás en aquella expedición.

Wu Zhu lo miró con escepticismo.

—¿De verdad?

—Cómete una, hermano mayor, y lo comprobarás tú mismo.

Wu Zhu sacó una de las píldoras y se la tragó. En un instante, su mente se despejó por completo y sintió como si una oleada inagotable de fuerza recorriera sus tendones.

—Es cierto, es para recuperar el vigor.

—¿Pues qué otra cosa iba a ser? —respondió Wu Ruo—. ¿Acaso crees que poseo las habilidades del Anciano Rong y los Maestros Yin-Yang para adivinar tus tribulaciones? ¿O que tengo la capacidad de predecir con exactitud qué medicina espantaría a una bestia demoníaca? Ya quisiera yo ser tan formidable.

—¿Y por qué me diste medicina para el vigor? —preguntó Wu Zhu—. ¿No habría sido más lógico darme medicinas para salvar la vida?

—Ibas a salir a cumplir una misión y, naturalmente, yo también quería aportar mi parte. Te di las píldoras vigorizantes que acababa de aprender a refinar para que el viaje no te resultara tan extenuante.

—Xiao Ruo —intervino Wu Qianqing, consternado—, ¿desde cuándo sabes refinar píldoras?

—Hei Xuanyi contrató a un médico para tratar mi condición, ¿lo olvidan? —explicó Wu Ruo con docilidad—. Cuando me aburría, me dediqué a aprender un poco de medicina con él. Para refinar estas píldoras no se requiere del uso de energía espiritual.

—Ya veo —murmuró Wu Qianqing, frunciendo el ceño profundamente—. Escuchando el relato de Xiao Zhu, estoy convencido de que los asesinos eran miembros de la familia Wu, o bien asaltantes disfrazados con nuestras túnicas que emboscaron el Bosque Shouchong desde el principio, esperando el momento oportuno para asesinarlo.

—A esa misma conclusión llegué yo —asintió Wu Zhu—. Si se hubieran infiltrado en nuestro grupo desde el comienzo, es imposible que el Cuarto Tío y los demás no se dieran cuenta.

—Si se trató de forasteros aguardando en la espesura, sería un mal menor. Pero si fueron…

Wu Qianqing se detuvo a mitad de la frase. El semblante de todos los presentes se tornó sombrío y pesado.

Wu Ruo observó las expresiones de su familia y, fingiendo absoluta inocencia, dejó caer las palabras:

—Si realmente fue obra de nuestra propia familia, entonces, cuando arruinaron el campo espiritual de padre… ¿también habrá sido un complot interno de la familia Wu?

—¡Xiao Ruo, no digas disparates! —lo reprendió Wu Qianqing, oscureciendo su expresión de inmediato. Sin embargo, su mente comenzó a repasar instintivamente los instantes previos y posteriores a su herida, y poco a poco vislumbró las siniestras incongruencias de aquel suceso.

Wu Ruo guardó silencio.

Lo sabía.

Era consciente de que, sin pruebas contundentes, sería casi imposible que su padre creyera que la propia familia Wu los apuñalaría por la espalda. A pesar de todo, comprendía su resistencia. Antes de su renacimiento, él mismo había compartido esa fe ciega; por eso jamás previó que su propia sangre los traicionaría.

Al juzgar por la palidez en el rostro de Wu Qianqing, sus sutiles palabras finalmente habían logrado plantar la semilla de la sospecha.

—Hasta que no investiguemos el asunto a fondo, no debemos sacar conclusiones precipitadas —intervino Guan Tong, tratando de suavizar el ambiente.

—De acuerdo. —Wu Ruo cambió de tema con destreza—. Hermano mayor, ¿no acabas de mencionar que el Segundo Tío resultó gravemente herido?

—Así es.

—¿No deberíamos ir a presentar nuestros respetos?

—Sí, es nuestro deber visitarlo —asintió Wu Qianqing.

—¿Llevamos algunas medicinas? —sugirió Wu Ruo.

En este momento, me muero de impaciencia por ver la cara que pondrán Wu Yu y el resto de esas sabandijas.

—Me parece bien. —Wu Zhu se dirigió al almacén y extrajo valiosas medicinas para heridas. Luego, escoltó a Wu Qianqing y a los demás rumbo al Patio Shuli.

El salón principal del Patio Shuli estaba abarrotado. Wu Qiantong, Wu Qianbin, junto con sus respectivas esposas e hijos, aguardaban en el interior.

Al verlos cruzar el umbral, la mirada de Wu Anyi se ensombreció un momento antes de dar un paso al frente para recibirlos, fingiendo cortesía.

—Tercer Tío, Tercera Tía, han venido.

El resto de los presentes tensó sus facciones, destilando una fría hostilidad al notar la llegada de la familia de Wu Qianqing.

—¿Cómo se encuentra tu padre? —preguntó Wu Qianqing, mostrando genuina preocupación.

—El médico lo está examinando en este momento. Aún no sabemos el alcance de los daños.

Wu Zhu le entregó las cajas de medicina a Wu Yu, quien se había acercado.

—Xiao Yu, estas son medicinas curativas de primer nivel. Espero que el Segundo Tío tenga una pronta recuperación.

La expresión de Wu Yu se paralizó. Forzando una sonrisa tensa, respondió:

—Gracias.

—El Segundo Tío está bendecido por la fortuna —lo consoló Wu Zhu—. Estoy seguro de que saldrá ileso de esta.

Wu Yu recorrió a Wu Zhu de arriba abajo con la mirada.

—Cuarto Hermano, durante la captura de esa enorme bestia… ¿no sufriste ninguna herida?

—Solo rasguños sin importancia. Tras tomar una píldora curativa, me he recuperado por completo. No tienes por qué preocuparte.

Un destello peculiar y torcido cruzó el fondo de los ojos de Wu Yu.

Ay, hermano mayor… ¿con qué ojos estás mirando para creer que Wu Yu se preocupa por ti? —se burló Wu Ruo en sus pensamientos.

Al escuchar el intercambio, Wu Xiao dejó escapar un bufido gélido.

—¿Cómo es que sigue vivo? —siseó Wu Shi en voz baja.

Sentado frente a él, Wu Qianbin giró la cabeza y lo fulminó con la mirada, exigiéndole silencio.

Wu Shi cerró la boca al instante, acobardado.

En ese momento, el médico emergió de las habitaciones interiores.

—¿Cuál es el estado de mi padre? —indagó Wu Anyi de inmediato.

—Su campo espiritual ha sufrido daños, pero su vida no corre peligro —diagnosticó el experto—. Les prescribiré una receta médica en un momento. Si siguen las instrucciones al pie de la letra, les garantizo que el Segundo Amo recuperará su vitalidad en un lapso de uno a dos años.

Wu Anyi dejó escapar un largo suspiro de alivio.

—Es un consuelo saber que el Segundo Hermano se pondrá bien. —Wu Qianbin se puso en pie—. No perturbaremos más su descanso.

Wu Qiantong y los suyos también se levantaron de sus asientos.

—Cuarto Tío, permítanme escoltarlos a la salida —ofreció Wu Yu.

Mientras caminaba frente a Wu Zhu, Wu Xiao detuvo sus pasos de forma abrupta.

—Cuarto Hermano, todos los que participaron en la cacería de la bestia regresaron con heridas severas. ¿Cómo es posible que tú estés intacto?

El salón entero guardó silencio y clavó sus ojos en ellos.

Wu Zhu ensombreció el rostro.

—Wu Xiao, ¿qué insinúas con esas palabras?

—No insinuó nada. Simplemente me pregunto si el Cuarto Hermano no habrá huido cobardemente ante el peligro.

Wu Qianqing lo fulminó con una mirada glacial.

—¿Quieres decir que tu Cuarto Hermano necesitaba regresar sangrando para demostrar que cumplió con su deber?

—El Cuarto Tío y los demás son testigos de si hui o no —escupió Wu Zhu—. Fui el último en abandonar el Bosque Shouchong.

—La situación era un caos absoluto. ¿Quién iba a tener tiempo de vigilar cada uno de tus movimientos? —se mofó Wu Xiao—. Quizás te escondiste en las sombras desde el principio y solo saliste cuando los demás ya se habían marchado.

Wu Xi enfureció.

—¡Wu Xiao, deja de escupir veneno y manchar su nombre!

Wu Xiao oscureció su semblante, destilando arrogancia.

—Wu Xi, soy tu hermano mayor. Deberías mostrar respeto y llamarme Séptimo Hermano, no dirigirte a mí por mi nombre de pila. Si un extraño te escuchara, pensaría que tuviste una madre para parirte, pero no para educarte.

—Tú…

—Sé perfectamente bien cómo he educado a mi hija —espetó Guan Tong, con la voz cargada de ira—. Y aun si ella careciera de modales, sigue siendo infinitamente superior a un individuo como tú, que suelta sandeces para difamar a los inocentes.

—No he difamado al Cuarto Hermano, me limito a expresar mi perspectiva —replicó Wu Xiao. Mientras hablaba, le hizo señas con los ojos a Wu Qiantong para que interviniera a su favor.

Al observar el intercambio, Wu Ruo dejó escapar una risa gélida y contenida.

—Séptimo Hermano, si no me equivoco, ni el Cuarto Tío ni el Tío Menor sufrieron heridas de gravedad. ¿Acaso insinuarás también que desertaron en la batalla? ¿O es que solo estarías satisfecho si tu propio padre y tu Cuarto Tío terminaran destrozados como el Segundo Tío? Cargar con ese tipo de pensamientos no solo es repugnante… roza en la traición filial.

Wu Xiao enmudeció.

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