Gong Yingxian llevó a Ren Yi a otra área de oficinas. Era una habitación muy amplia; justo al frente, una pared estaba cubierta con pantallas LED, y en las filas de escritorios había computadoras y algunos equipos que Ren Yi no reconoció. En ese momento, más de la mitad del personal seguía trabajando horas extras.
Gong Yingxian caminó hacia un escritorio en la esquina y llamó a una espalda ancha.
—Xiao Tan.
Aquella espalda dio un respingo y escupió un trago de refresco de cola, salpicando la mitad del teclado. Se puso de pie a toda prisa y sacó pañuelos de papel para limpiarlo.
—Ya terminó el turno —dijo Gong Yingxian negando con la cabeza—, no tienes que esconderte si quieres comer algo.
La persona se dio la vuelta y sonrió con nerviosismo.
—Doctor Gong, me dio un susto.
Parecía tener poco más de veinte años, era de piel blanca y regordete, con ojos grandes, redondos y claros. Su piel era tan suave que parecía que se le podía sacar agua con un pellizco. Su sonrisa era cálida e inofensiva.
—Él es el capitán del Escuadrón Especial Fenghuang, Ren Yi. Capitán Ren, este es nuestro colega de la división de delitos cibernéticos, Tan Haochun; es un hacker excelente.
—T-tampoco soy tan excelente —dijo Tan Haochun con una sonrisa avergonzada, extendiéndole la mano a Ren Yi—. Hola, Capitán Ren.
—Hola.
Ren Yi apenas había extendido su mano cuando Tan Haochun la retiró como si hubiera recibido una descarga eléctrica.
—Disculpe, tengo las manos sucias, iré a lavármelas primero.
Gong Yingxian estiró su largo brazo y le bloqueó el paso a Tan Haochun. Sacó un líquido desinfectante del bolsillo.
—Siéntate, ahorremos algo de tiempo.
Tan Haochun se sentó obedientemente y extendió las manos como un estudiante de primaria esperando el castigo del profesor.
Gong Yingxian le roció el desinfectante en las manos. Él se las frotó y luego se las limpió con un pañuelo de papel.
Ren Yi contuvo la risa y tosió levemente.
Ambos volvieron a estrecharse las manos. Tan Haochun miró a Ren Yi parpadeando.
—Últimamente he escuchado a mis compañeras hablar mucho del Capitán Ren. Es verdad lo que dicen, es alto y guapo.
—Ah, ¿sí? No sabía que era tan popular en su comisaría —dijo Ren Yi riendo—. Un día de estos voy a preguntar quién gana más, si un policía o un bombero. A lo mejor hasta cambio de profesión y todo.
—El Capitán Ren es muy divertido —rió Tan Haochun.
Gong Yingxian bajó la mirada hacia las papas fritas, la carne seca, las semillas de girasol y las manchas de refresco en el escritorio de Tan Haochun.
Tan Haochun se apresuró a recoger lo que pudo, limpió todo lo que pudo limpiar y luego miró a Gong Yingxian con nerviosismo.
—Trae dos sillas —dijo Gong Yingxian señalando a un lado.
Ambos se dieron la vuelta al mismo tiempo para traer las sillas.
Gong Yingxian se sentó en la silla.
—Xiao Tan, me dijiste hace un momento que había avances. Mañana justo podremos interrogar a Zhou Chuan, así que ahora necesito información útil.
—Sí. —Tan Haochun cambió de pantalla, y ante ellos apareció una página web de fondo rojo oscuro con texturas de llamas. La página estaba completamente en inglés. En el encabezado había una serpiente con rostro humano y seis alas; el cuerpo de la serpiente estaba enrollado alrededor de una espada envuelta en fuego ardiente.
En la parte inferior, una línea de letras pequeñas decía precisamente “seraph”.
Era distinto a lo que Ren Yi se había imaginado. La página principal de esa dark web era muy minimalista. Había pensado que sería como esos sitios porno llenos de ventanas emergentes, usando una sobrecarga de información como si quisieran meter todo lo llamativo en una sola página. Sin embargo, esta página de inicio no tenía ni una sola imagen, solo el logo del sitio, el nombre y unas cuantas casillas de categorías.
Entre ellas, la opción “live” ocupaba el primer lugar.
—Conque este es Serafín —Solo de mirar aquella dark web, Ren Yi ya se sentía un poco oprimido—. ¿Este sitio fue creado exclusivamente para pirómanos?
—Para ser exactos, para piromaníacos —aclaró Tan Haochun—. No todos los que tienen piromanía tienen el valor de cometer un delito. Todo en este sitio está relacionado con el fuego; hay cosas que pueden imaginar y otras que no. Hay transmisiones en vivo de gente jugando con fuego y provocando incendios, fotos y videos, tutoriales sobre cómo provocar incendios o fabricar explosivos, foros de discusión… Casi todo lo relacionado con el fuego se puede encontrar aquí.
—¿Hay muchos como Zhou Chuan?
Tan Haochun asintió.
—A las personas como Zhou Chuan se les llama cazarrecompensas en este sitio. Ganan dinero satisfaciendo a los piromaníacos. Por ejemplo, por una escena posterior a un incendio como la del bar Cuarta Perspectiva, un set de fotos y videos se puede vender por al menos diez “quarks”.
—¿”Quarks”?
—El quark es un término de la física, es la partícula más pequeña que se conoce hasta ahora —dijo Gong Yingxian.
Tan Haochun asintió.
—Sí, pero aquí el quark es el nombre de una criptomoneda, al igual que el Bitcoin o el Ethereum. Claro que no vale tanto; un quark equivale más o menos… a entre veinte y veinticinco dólares.
—¿O sea que Zhou Chuan ganó apenas unos mil o dos mil yuanes por sacar esas fotos? —Ren Yi soltó una risa fría—. Lo detuvieron por cuarenta y ocho horas, ¿valió la pena?
—Así es, pero las transmisiones en vivo son mucho más caras —dijo Tan Haochun—. Una transmisión desde las ruinas de un incendio arranca en unos doscientos dólares por cinco minutos. Claro que ese dinero no lo suele pagar una sola persona, sino que se financia entre los espectadores. Si piden algo especial, el precio sube.
—Las transmisiones desde las ruinas después de un incendio deben ser de bajo nivel dentro de Serafín, ¿verdad? —dijo Gong Yingxian con voz grave.
—¿Y cuáles son las de nivel alto? —Ren Yi apretó los puños inconscientemente—. ¿Transmisiones en vivo de incendios provocados?
El rostro de Tan Haochun se descompuso un poco.
—Aquí hay… todo tipo de transmisiones en vivo. Hay algunas… algunas que de verdad no parecen obra de humanos.
—Hay transmisiones en vivo donde queman toda clase de objetos —dijo Gong Yingxian sin cambiar de expresión—, y también… personas.
Ren Yi soltó un jadeo y preguntó con la voz temblorosa: —¡¿Cómo es posible que un sitio así siga existiendo?!
—Porque son muy difíciles de atrapar —dijo Tan Haochun con una sonrisa amarga—. Sus servidores están repartidos por todo el mundo. Para desmantelar una dark web como esta, se necesitaría que las fuerzas policiales de varios países trabajaran juntas, lo cual es casi imposible. A menos que atrapen a los técnicos, pero los programadores de este sitio son unos genios, están al nivel de los mejores hackers del mundo. Me tomó tres días vulnerar su firewall para encontrar una brecha, y me descubrieron a los tres minutos de entrar.
—¿Y encontraste algo útil?
Tan Haochun se rascó la cabeza.
—Primero les voy a mostrar un video. Tienen que prepararse mentalmente.
—¿Por qué?
—Este video está en el top tres de los más vistos de Seraph recientemente, e incluso llegó al primer lugar. —Tan Haochun los miró con cierta duda.
—Reprodúcelo —ordenó Gong Yingxian.
Tan Haochun cambió de pestaña. Ambos miraron la imagen pausada del video y de inmediato les pareció familiar. Un mal presentimiento se formó en sus pechos.
Al presionar el botón de reproducción, el fondo oscuro pasó de estar borroso a ser nítido. En la pantalla apareció un sedán amarillo. ¡Era un auto que ellos jamás olvidarían!
Gong Yingxian y Ren Yi tenían muy claro todo lo que pasó después, porque ellos habían estado allí. Se les heló la sangre al escuchar sus propias voces en el video, seguidas de la imagen del hombre de negro prendiendo fuego al vehículo. Las llamas se abalanzaron sobre Zhou Chuan, él cayó al suelo y la cámara comenzó a tambalearse.
Ren Yi todavía recordaba aquella computadora portátil montada en un trípode con la cámara apuntando directamente al auto. El trípode había estado expuesto a las llamas por un buen rato antes de caer, lo que significaba… ¡lo que significaba que antes de que el trípode cayera, tanto él como Gong Yingxian habían salido en la pantalla!
En aquel momento, estaban desesperados por rescatar a las personas, al gato y por apagar el incendio. La escena era un caos, por lo que ignoraron por completo la cámara. Pero esa lente se había quedado allí en silencio, apuntando al auto en llamas, grabando y transmitiendo todo en vivo.
La expresión de ambos se volvió cada vez más sombría. Aunque en el video era difícil distinguir sus rostros con claridad, recordaban perfectamente haberse llamado por sus nombres.
Hasta que Gong Yingxian arrastró a Ren Yi para alejarlo del auto y la cámara cayó al suelo.
Ren Yi sintió la boca seca. No sabría describir qué clase de emoción lo embargaba en ese instante. Por su parte, la mirada de Gong Yingxian era lúgubre y emanaba un aura totalmente hostil.
Tan Haochun los miró de reojo.
—Ahora activaré los comentarios en pantalla, tienen que estar…
—No necesito prepararme mentalmente —dijo Gong Yingxian con voz helada—, no perdamos tiempo.
—No seas así, Xiao Tan nos está ayudando —dijo Ren Yi en voz baja.
—No pasa nada —dijo Tan Haochun agitando las manos. Luego, activó la función de comentarios.
En un instante, el video se llenó de hileras de mensajes desplazándose por la pantalla, en su mayoría en inglés.
El inglés de Ren Yi no era tan bueno, pero había logrado aprobar el nivel cuatro por los créditos universitarios. Vio que algunos decían que el video era genial, otros señalaban que uno era policía y el otro bombero, otros escribían que querían escucharlos gritar de agonía atrapados en el auto, y otros comentaban que ver sus hermosos rostros carbonizados sería la imagen más hermosa del mundo.
Y luego, Ren Yi vio su propio nombre, edad, teléfono, ubicación, dirección, puesto y número de placa de bombero apareciendo entre los comentarios tanto en chino como en inglés, seguido por los datos de Gong Yingxian.
Se le erizó la piel.
Gong Yingxian entrecerró los ojos.
—¿Pudieron averiguar tanto con solo un video?
—Este video ya expone bastante información —dijo Tan Haochun—. Para un hacker no es difícil. Pero no se preocupen demasiado, a los que están en el extranjero se les dificultaría acosarlos aunque supieran quiénes son, y de los que están en el país, más de la mitad no se atrevería porque sería fácil exponerse. ¿Han recibido llamadas de acoso o algo por el estilo en estos días?
—No. —Gong Yingxian soltó una risa fría—. No me preocupa, la mayoría de los pirómanos son tímidos y débiles. En sociedad se muestran reservados, cobardes e inadaptados; usan el fuego para esconderse y sentirse poderosos. En su subconsciente, sienten que mientras más grande sea el fuego, más imponentes son ellos; es una mentalidad típica de cobardes. La mayoría no tiene las agallas para enfrentarse a la policía o a los bomberos.
—Ellos no tienen agallas, pero de los cazarrecompensas que ganan dinero satisfaciéndolos, la mayoría no son pirómanos, sino verdaderos criminales de alta peligrosidad, así que de todas formas deben tener cuidado —dijo Tan Haochun en voz baja—. De hecho… ya hay personas ofreciendo una alta recompensa por cosas relacionadas con ustedes.
Ren Yi apretó los dientes.
—Justo me estaba frustrando por no poder atrapar a estos animales, si tienen huevos, que vengan.
—Déjame ver —dijo Gong Yingxian—. Tal vez podamos usar esto para atraparlos.
—Sí, el hombre de negro.
Tan Haochun volvió a cambiar de página.
—La recompensa está justo aquí. La que encabeza la lista ya recaudó casi cuarenta mil dólares por… cualquiera de los dos. Pero tranquilos, han pasado varios días y nadie se ha atrevido a aceptarla.
Gong Yingxian examinó detenidamente el tablero de recompensas.
—Ese hombre de negro era su primera vez, no debe ser cómplice de Zhou Chuan.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Ren Yi.
—He visto una y otra vez el video que grabamos con los teléfonos. El hombre de negro actuaba de forma torpe, vacilante, tensa y temerosa. Su lenguaje corporal dejaba claro que no quería hacerlo y que deseaba terminar cuanto antes. Además, en ningún momento miró la transmisión en vivo, lo que evidencia que no le interesaban las donaciones; solo se preocupó de ocultar su rostro y sus rasgos. No parecía haber ido por dinero, sino bajo algún tipo de coacción.
Ren Yi hizo memoria.
—Pero a la hora de incendiar el auto no dudó ni un segundo.
—Incendió el auto para generar caos y poder escapar —dijo Gong Yingxian—. Nadie ha aceptado las misiones de recompensa sobre nosotros.
—Sí. Todavía hay pocos chinos que entran a este sitio, y la seguridad en Tianqi es tan buena que atacar a un funcionario público conlleva demasiado riesgo, aunque cuarenta mil dólares ya sea una recompensa muy alta —explicó Tan Haochun—. De todos modos, será mejor que tengan cuidado, por si acaso.
—¿Por lo general de qué se tratan las recompensas de este nivel? —preguntó Ren Yi.
—Quemar viva a una persona, o incendiar cosas grandes, importantes o famosas. Quemar personas es lo más común. En el caso de los edificios, aunque ofrezcan un precio alto, es difícil de aceptar el trabajo, especialmente en países desarrollados; el objetivo es demasiado grande y es fácil que los atrapen.
—Son una bola de enfermos —maldijo Ren Yi.
—¿Y qué otra pista útil has encontrado? —preguntó Gong Yingxian—. ¿Solo nuestro video?
—No. También hallé información sobre esa transmisión en vivo, y escarbé algunas otras cosas en este sitio —dijo Tan Haochun—. Hay algo que me llamó la atención. Descubrí un tipo de hilo en sus foros.
—¿Qué tipo de hilo?
—Doctor Gong, ¿recuerda el famoso caso del asesinato en el baño del restaurante de comida rápida en Utah, Estados Unidos, de hace unos años?
—Lo recuerdo, dos estudiantes de secundaria intercambiaron víctimas de asesinato. —Gong Yingxian se sobresaltó—. ¡¿Quieres decir que en el foro proponen intercambiar objetivos para cometer incendios provocados?!
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