Al escuchar la palabra “amputación”, la ruidosa escena se quedó en silencio al instante. Todos estaban atónitos.

El herido atrapado bajo los escombros no había sufrido daños en la cabeza ni en los órganos vitales del torso, por lo que aún estaba consciente. Al escuchar las palabras de Gao Ge, empezó a forcejear alterado:

—No… no pueden…

Shi Xiaoqian sujetó a Xiaowang:

—Por favor, no te muevas.

—No… no me amputen… —gritó Xiaowang aterrorizado—. No puedo quedarme sin piernas…

Ren Yi se agachó junto a Xiaowang y miró ese rostro torcido, cubierto por una mezcla de sangre y lágrimas, donde se dibujaba la absoluta desesperación. Le sujetó el hombro y dijo en voz baja:

—Un cirujano del Hospital Hongwu viene en camino. Él tomará la decisión final.

Xiaowang agarró la manga de Ren Yi y suplicó con voz ronca:

—No me corten las piernas. Yo… solo tengo veinte años, no puedo quedarme sin piernas… Te lo ruego, sálvame… sálvame…

Ren Yi sintió un dolor punzante en las sienes y un nudo en la garganta. Dijo con voz grave:

—Solo tienes veinte años, te queda una larga vida por delante. Sin piernas, al menos seguirás vivo.

Xiaowang rompió a llorar desconsoladamente. No hubo nadie presente que no se conmoviera.

Pronto, el médico llegó acompañado de una enfermera.

Xiaowang, aferrándose a su último rayo de esperanza, miró al doctor con ojos suplicantes:

—Doctor, sálveme. No… no me ampute las piernas, se lo ruego.

El médico examinó sus piernas aplastadas, tomó un documento de manos de la enfermera y dijo con tono tranquilo:

—Joven, incluso si te llevamos al hospital, lo más probable es que no podamos salvar tus piernas.

Xiaowang derramó lágrimas de desesperación, con los ojos apagados como cenizas, murmurando un por qué.

El médico le tendió un bolígrafo:

—En pocas palabras, tus piernas ya están necrosadas y están liberando toxinas. La razón por la que estas toxinas no te han matado aún, es porque tus piernas están comprimidas y la sangre no circula. Una vez que se libere la presión, las toxinas entrarán de inmediato en tu torrente sanguíneo, causando insuficiencia renal aguda y shock. Si no amputamos, es probable que no sobrevivas hasta llegar al hospital. Firma aquí.

Llorando amargamente, Xiaowang firmó con manos temblorosas.

El médico y la enfermera comenzaron a prepararse para realizar la amputación en el lugar.

Ren Yi no soportó seguir mirando. Le pidió a Gao Ge que se encargara de coordinar las labores posteriores y regresó primero a la base con un escuadrón.

Cuando volvieron al cuartel, era la hora de la cena, pero nadie tenía apetito. Si al regresar de un operativo traían buenas noticias, como una falsa alarma o un buen susto sin consecuencias, todos estaban de buen humor. Sin embargo, al enfrentarse a este tipo de accidentes, donde a pesar de darlo todo no podían evitar muertes ni mutilaciones, esa sensación de impotencia los dejaba abatidos por mucho tiempo.

Ren Yi ya no aguantaba estar ahí, así que le avisó a Qu Yangbo y salió. Planeaba ir a la clínica veterinaria a buscar al gatito.

El pequeño felino ya estaba prácticamente recuperado. El veterinario indicó que podía llevárselo a casa, pero tendría que ir a una clínica cercana día por medio para cambiarle los vendajes. Había una veterinaria justo al lado del cuartel, lo cual era muy conveniente.

Después de una semana sin verse, el pequeño gato negro parecía haber subido un poco de peso. Ya no quedaba rastro de aquel aspecto débil y moribundo de los primeros días. Aunque todavía tenía vendas alrededor del cuerpo, se veía con bastante energía y jugaba a golpear una bola de papel dentro de su jaula.

Ren Yi dijo alegremente:

—¿De verdad ya está bien?

—Ya está bien, aunque es probable que le cueste mucho volver a tener pelo en las zonas con quemaduras.

—Con que haya sobrevivido es más que suficiente. —Ren Yi metió un dedo entre los barrotes y tocó al gatito. El felino se abrazó a su dedo y empezó a morderlo con sus diminutos dientes de leche.

El veterinario abrió la jaula, sacó al animal y se lo entregó. Ren Yi acarició suavemente su tierno pelaje y sonrió con complicidad.

En el camino de regreso, Ren Yi llamó por teléfono a Gong Yingxian:

—Hola, doctor Gong. ¿Estás en la comisaría?

—Sí. ¿Qué ocurre?

—Como era de esperarse, haciendo horas extra. Yo… pasaba por aquí de casualidad y tengo algo que quiero mostrarte.

—De acuerdo, ven.

Al llegar a la dependencia policial, una mujer policía en el vestíbulo vio a Ren Yi y empezó a bromear con él:

—Capitán Ren, ¿por qué viene a nuestra sede tan seguido? ¿Acaso quiere cambiar de profesión?

Ren Yi sonrió:

—Pues sí. Hay tantas mujeres hermosas en la policía, nada que ver con nuestro cuartel. Solo vine a tantear el terreno.

Encontró a Gong Yingxian en la zona de oficinas de la parte trasera, inmerso en su investigación sobre el escritorio. Ya eran casi las nueve de la noche, pero la mitad de los puestos seguían ocupados, y todos parecían estar ajetreados.

Ren Yi le sonrió y lo saludó con la mano.

Gong Yingxian levantó una gruesa pila de documentos con un solo brazo:

—Llegas en buen momento. Te llevaré al departamento de delitos cibernéticos, tenemos nuevos descubrimientos. —Avanzó a zancadas largas hacia él, con aspecto apresurado.

Ren Yi lo siguió por detrás:

—Oye, espera. Tengo algo que quiero enseñarte.

—¿Qué es?

Ren Yi miró a su alrededor, abrió la puerta de una oficina vacía y jaló a Gong Yingxian hacia adentro.

Gong Yingxian frunció el ceño al ver cómo Ren Yi lo tomaba del brazo con tanta confianza. Sintió cierta incomodidad, pero esa incomodidad no era el rechazo ni el asco que solía sentir cuando otras personas lo tocaban, sino… sino que se dio cuenta de que no le desagradaba del todo, y esa misma anomalía era lo que lo hacía sentir extraño.

Tal vez era como decía Ren Yi. ¿De verdad estaba empezando a acostumbrarse a él?

Ren Yi cerró la puerta. Con un toque de entusiasmo en la mirada, sacó misteriosamente un bulto peludo del gran bolsillo de su traje ignífugo de entrenamiento.

Pelaje negro, pupilas doradas; un gatito suave, vivaz y adorable.

Gong Yingxian enarcó una ceja y dio un paso hacia atrás.

—¿Qué pasa, le tienes miedo a los gatos?

—No.

—¿Entonces por qué te alejas?

—Están sucios. —Gong Yingxian hizo una pausa—. Además, la temperatura corporal de un felino es más alta que la de un humano.

Ren Yi se encogió de hombros:

—Ya lo desinfectaron por completo, está bastante limpio. Además, lo rescatamos juntos del fuego, ¿no quieres cargarlo un rato?

—No es necesario.

—¿Solo tocarlo, entonces? —Ren Yi acarició el suave vientre del animal con la yema del dedo—. Es súper blando, parece que no tuviera huesos.

El gatito maulló con una voz finita, mirando fijamente a Gong Yingxian.

Gong Yingxian dudó un momento y negó con la cabeza.

—Tócalo un poco, no te va a quemar las manos. —Ren Yi sostuvo al gatito y se lo acercó—. Además, llevas guantes puestos. ¿A qué le temes?

Gong Yingxian frunció levemente sus cejas afiladas, extendió la mano y tanteó el vientre de la criatura.

De verdad era así de suave…

Ren Yi sonrió:

—Muy blando, ¿verdad? Mírate, no te gusta el contacto con la gente ni tampoco tienes mascotas. ¿No te sientes solo?

—Tengo mascotas.

—¿De verdad? —dijo Ren Yi sorprendido—. ¿En serio crías mascotas? ¿Qué tienes? ¿Un perro?

—¿Quieres verlas? —Gong Yingxian lo miró directamente a los ojos.

Los ojos de Ren Yi se iluminaron:

—Claro. ¿A dónde hay que ir?

—Tú me mostraste tu mascota, así que yo te mostraré la mía. —Gong Yingxian habló con un tono muy relajado—. Puedes venir el fin de semana. El tío Sheng justo tenía ganas de cocinarte algo.

El corazón de Ren Yi se llenó de alegría:

—Tú… ¿me estás invitando a comer a tu casa?

—Sí, el tío Sheng me lo ha mencionado varias veces. —Gong Yingxian desvió la mirada un poco—. Además… fuiste tú quien dijo que los amigos debían comer juntos.

—De acuerdo, entonces este sábado —se apresuró a confirmar Ren Yi.

Gong Yingxian echó un vistazo al animalito:

—¿Piensas adoptarlo?

—Sí. Puedo tenerlo en el cuartel, o también dejarlo en mi casa.

Ren Yi había rescatado a otros animales pequeños antes, pero nunca le había surgido la idea de quedarse con ninguno. Sin embargo, a este gatito en particular lo habían sacado de las llamas él y Gong Yingxian. Sentía que guardaba un significado especial, y quería conservarlo a su lado.

—¿Ya le pusiste nombre?

Ren Yi lo miró y esbozó una gran sonrisa:

—¿Qué te parece si le ponemos Manman?

—¿Qué?

Ren Yi caminó hacia la pizarra de la sala de reuniones, tomó un marcador y dibujó los caracteres correspondientes a Manman:

—Esos.

Gong Yingxian soltó una risa burlona:

—¿De dónde sacaste unos caracteres tan arcaicos?

—Es mi nombre de usuario en los videojuegos. Míralo bien; mi nombre, Yi, está compuesto por el radical de cuatro fuegos, y este carácter se forma por el de cuatro aguas. Es perfecto para apagar mi exceso de fuego.

Gong Yingxian también se acercó, tomó el marcador y escribió “Miaomiao”:

—Este tiene el radical de tres aguas. Apagarte por completo tampoco es bueno.

Ren Yi miró al inspector con una sonrisa:

—¿No odiabas mi nombre? La verdad, yo tampoco quiero tener tanto fuego encima. Si no fuera porque es mucho papeleo, ya me lo habría cambiado hace tiempo. Soy bombero y me llamo “Cuatro Fuegos”; simplemente suena de mal agüero.

—Ya te lo dije, tu fuego es la llama con la que se combate el fuego. —Gong Yingxian se quedó mirando a Ren Yi a los ojos—. Además, el ser humano vive, precisamente, por ese fuego interno.

—¿Qué quieres decir?

—El fuego es el espíritu, es la emoción, es el alma. En los Cinco Elementos, el corazón pertenece al fuego. Desde expresiones como “la llama de la vida”, “quedarse sin aceite en la lámpara” o “renacer de las cenizas”, se puede apreciar claramente el profundo significado que el fuego representa para la existencia humana.

Ren Yi se quedó pasmado:

—La instructora Qu me dijo que habías investigado el fuego.

—No diría que lo he investigado a fondo, pero he estudiado la cultura del fuego. Me ha ayudado a superar al máximo mi miedo hacia él.

—Y entonces… ¿qué aprendiste?

Gong Yingxian guardó silencio un momento.

—Supongo que conoces el proverbio: “El cielo y la tierra no son benevolentes, tratan a todas las cosas como perros de paja”.

Ren Yi sonrió con amargura:

—Trabajando en lo que trabajo, no podría tener esa frase más interiorizada.

Gong Yingxian negó con la cabeza:

—La gente cree que esa frase indica que el cielo y la tierra son crueles y pisotean la creación. Esa interpretación es errónea. Que el cielo y la tierra no sean benevolentes, significa que actúan mediante la “no acción” y carecen de “gracia”. La voluntad del mundo es simplemente no poseer voluntad; se limita a seguir su propio orden. El sol sale y se pone, cae la luz y la lluvia, se alterna el frío riguroso y el calor abrasador. Eso nunca ha cambiado. El cielo y la tierra no cambian de rumbo basándose en los deseos de las cosas vivas, por lo que el destino de todos los seres tampoco debe atribuirse a ellos.

Ren Yi lo escuchó, sintiéndose algo confundido.

Gong Yingxian dejó escapar un leve suspiro:

—El fuego es la pura esencia del cielo y la tierra. Por tanto, tampoco tiene voluntad, ni bondad ni maldad. Lo verdaderamente aterrador no es el fuego en sí, sino el uso que se le da. Especialmente… el uso humano.

Ren Yi asintió con gravedad:

—Logras comprender todo esto, pero aún le tienes miedo al fuego.

—Estoy esforzándome por superarlo.

—En realidad, cada persona tiene cosas a las que teme. No tienes que obligarte a ser completamente invulnerable, nadie puede no tenerle miedo a nada. —Ren Yi lo observó en paz y dijo con suavidad—: No tiene nada de malo que le tengas miedo al fuego.

Gong Yingxian se quedó paralizado.

Durante todo ese tiempo, su pavor al fuego lo había hecho sufrir y, a la vez, lo había llenado de vergüenza. El miedo era el enemigo que había querido derrotar durante toda su vida, uno increíblemente difícil de vencer.

Pero Ren Yi acababa de decirle que “no tenía nada de malo temerle al fuego”. Esas palabras fueron como una mano ancha y cálida alisando las arrugas de su alma, dándole una sensación de alivio. Aunque fuera solo una fracción, sintió que por fin podía respirar y tomarse un pequeño respiro de su terror a las llamas.

Ren Yi golpeó la pizarra un par de veces y enseñó los dientes en una enorme sonrisa:

—Te haré caso. Se llamará Miaomiao, así me dejas un fueguito encendido.

Anterior: Capítulo 33

Siguiente: Capítulo 35


Descubre más de Chacanna Traducciones

Suscríbete para recibir las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in ,

Deja un comentario

Descubre más de Chacanna Traducciones

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Continuar leyendo