Salvación

Xiao Yanan no lo creía del todo.

—Peng Jiang, no hay necesidad de que actúes frente a nosotros —dijo frunciendo el ceño—. Peng Hai y yo sabemos perfectamente qué tipo de persona eres. Cuando te enojas eres capaz de cualquier cosa, ¡mucho más de empujar a alguien al agua!

—¡De verdad no fui yo!

Nunca imaginó que ni siquiera sus propios primos le creerían. ¡Peng Jiang sintió que esta vez, ni con toda el agua del mundo podría lavar su culpa!

Chu Yan miró a Peng Jiang por encima del hombro y apartó la vista, pensativo. Ayudó a Xiao Suian a acomodarse en la nueva silla de ruedas que Da Cheng acababa de traer y lo empujó en dirección al hotel.

Sentado en la silla de ruedas, Xiao Suian ladeó ligeramente la cabeza. Su mirada se desvió hacia Peng Jiang, quien no dejaba de intentar aclararle la situación a los demás; sus pupilas, negras como la noche, parecían envueltas en una espesa niebla que ocultaba cualquier emoción real. Segundos después, apartó la vista lentamente y bajó las pestañas, ocultando la fugaz oscuridad que brilló en el fondo de sus ojos.

En menos de medio día, la noticia de que Peng Jiang, el hijo mayor de la familia Peng, había empujado al heredero de la familia Xiao al lago, se esparciría por todos los círculos de la alta sociedad de la Ciudad A.

Para entonces, ¿a quién le importaría la verdad?

***

Chu Yan y Xiao Suian entraron juntos a la habitación de hotel que el presidente Chen había reservado. Chu Yan fue primero al baño, tomó una toalla y se la entregó a Xiao Suian.

—Suian, ve a darte una ducha primero para evitar resfriarte —dijo.

—Ve tú primero, yo estoy bien —respondió Xiao Suian.

Observó a Chu Yan, quien estaba empapado de pies a cabeza. El cabello y la ropa se le pegaban a la piel, chorreando agua de vez en cuando y empapando un pequeño trozo de la alfombra.

Chu Yan empujó la silla de ruedas directamente hasta la puerta del baño.

—Tardo muchísimo en bañarme —dijo sin rodeos—, tendrías que esperar demasiado. Mejor entra tú primero.

Al ver que Xiao Suian ladeaba la cabeza para replicar, Chu Yan se inclinó de inmediato.

—Xiao Suian, si sigues dando vueltas, asumiré que quieres bañarte conmigo —dijo en tono de fingida burla.

Al escuchar esto, Xiao Suian apretó los labios. Tal como se esperaba, no dijo nada más y maniobró su silla de ruedas hacia el interior del baño.

Chu Yan lo ayudó a cerrar la puerta y se sentó en el sofá, secándose el agua del cuerpo con una toalla. Aunque el clima era cálido, el aire acondicionado de la habitación estaba encendido y se sentía un ligero escalofrío.

Cuando Xiao Suian terminó, Chu Yan también entró al baño para tomar una reconfortante ducha caliente.

—Suian, ¿te secaste el cabello?

Después de bañarse, Chu Yan se secó el cabello y salió del baño vistiendo una bata.

Xiao Suian, sentado en el borde de la cama, ladeó un poco la cabeza. Su mirada pasó rápidamente por el cuello esbelto de Chu Yan, rozó sus delicadas clavículas y finalmente se posó en las largas y pálidas piernas que asomaban por debajo de la bata.

En ese momento, Chu Yan lucía completamente distinto a su habitual indiferencia; su apariencia casual y perezosa resultaba sumamente seductora.

Los ojos de Xiao Suian se oscurecieron. Lo miró fijamente por unos segundos y luego apartó la vista con rapidez.

—No me gusta secarme el cabello —dijo con voz neutra.

—Veo que aún lo tienes mojado. ¿Quieres que te ayude a secarlo? —preguntó Chu Yan, inclinando la cabeza con una sonrisa.

—De acuerdo —respondió.

Xiao Suian asintió. El flequillo, que normalmente llevaba peinado hacia atrás, caía suelto y un poco desordenado, suavizando bastante sus facciones frías y profundas. Más abajo, el cuello ligeramente abierto de su propia bata dejaba al descubierto la mitad de su clavícula, luciendo particularmente atractivo.

Chu Yan no ocultó en absoluto cómo lo repasaba con la mirada de arriba abajo y curvó los labios en una sonrisa.

—Muy bien, te secaré el cabello, pero no te muevas.

Al sentir los movimientos de Chu Yan sobre su cabeza, Xiao Suian permaneció en silencio durante unos minutos. Con la mirada baja, fija en el suelo, habló de repente:

—Chu Yan, en realidad no tenías por qué venir a salvarme.

—Si no te salvaba, ¿debía esperar a que te ahogaras? —dijo Chu Yan sin pensarlo, mientras sus manos continuaban frotando el cabello de Xiao Suian.

—Sé nadar —dijo Xiao Suian con calma.

Chu Yan se pasmó. Antes de que pudiera reaccionar, escuchó a Xiao Suian continuar con tono inexpresivo:

—A los trece años caí a una piscina por accidente. Alguien me rescató en ese momento y, después de eso, aprendí a nadar.

Dejando de lado cómo había logrado aprender a nadar con una discapacidad en ambas piernas, solo de imaginar a un Xiao Suian de trece años cayendo al agua sin saber nadar, el corazón de Chu Yan no pudo evitar oprimirse.

Fue como si le hubieran rociado jugo de limón; sintió una punzada agridulce.

—Además, incluso si no supiera nadar, habría guardaespaldas para salvarme. No tenías por qué lanzarte —agregó Xiao Suian. Apretó ligeramente los labios; su voz sonaba un tanto ronca.

Hacía tiempo que, gracias a un sueño que había tenido, sabía que hoy se toparía con el trío de Xiao Yanan y que Peng Jiang lo buscaría a solas.

Incluso la caída al agua había sido planeada por él mismo.

Sin embargo, lo que jamás previó fue que Chu Yan saltaría sin dudarlo a rescatarlo.

Al escuchar las palabras de Xiao Suian, Chu Yan sintió un inexplicable disgusto y, por un instante, le costó mantener su habitual serenidad.

—Te salvo de buena fe y no tienes ni siquiera un gracias, pero sí sigues parlotendo sin parar —dijo. Apretó los labios y le arrojó la toalla directamente a la cabeza. Mostrando un inusual mal humor, añadió—: No quiero escucharte. Ya que tus guardaespaldas son tan maravillosos, deja que ellos te sequen el cabello.

Dicho esto, le dio la espalda, se sentó con las piernas cruzadas sobre la cama y bajó la cabeza para jugar con su teléfono.

Xiao Suian observó la espalda de Chu Yan. Al notar esa inusual rabieta, las comisuras de sus labios se curvaron en una imperceptible sonrisa y su expresión se relajó como nunca antes.

Nadie sabría jamás que, en el momento en que vio a Chu Yan correr hacia él para sostenerlo…

…sintió como si hubiera visto una luz deslumbrante y cegadora.

Una luz que lo había arrastrado fuera de un pantano oscuro y fétido; que le había permitido escapar de una vida de marioneta; que le había otorgado un motivo para seguir viviendo.

Esa luz se estaba convirtiendo, gradualmente, en su salvación.

Apoyado en la cabecera de la cama, Chu Yan parecía estar inmerso en su teléfono, pero en realidad estaba formulando preguntas al sistema dentro de su mente.

Cero, ¿qué pasa exactamente con esos sueños que he estado teniendo?

Ya iban tres veces seguidas que soñaba con Xiao Suian. Cada vez, el contenido difería de la trama original de la novela, pero encontraba su correspondencia en la vida real.

Era demasiado extraño.

Chu Yan bajó la mirada levemente; un destello de sospecha cruzó por sus ojos.

Esperó unos minutos, pero el Sistema Cero no respondió.

Chu Yan expuso las intenciones del sistema sin rodeos, apresurándolo sin piedad: No finjas que te desconectaste. Sé que estás ahí, responde de inmediato.

El sistema, que por lo general acudía a su llamado al instante, de repente daba largas, como si estuviera evitando deliberadamente la pregunta…

Las sospechas en el corazón de Chu Yan se profundizaron.

[¿Ah? ¿Dijiste algo hace un momento, Anfitrión? Fui a ver una película y no presté atención.]

Cero apareció al instante. Parpadeó con sus ojitos mecánicos y su voz infantil sonó llena de confusión.

Sin embargo, Chu Yan no se dejó engañar por su actuación y mantuvo una expresión serena.

Cero, ¿acaso olvidaste cuál es mi verdadera profesión? Deja de actuar y dime directamente qué significan esos sueños.

Cero guardó silencio un segundo y luego adoptó un tono solemne.

[Anfitrión, ¿cómo voy a saber qué soñaste? A nosotros los sistemas no se nos permite husmear en la privacidad de los anfitriones.]

Cero, será mejor que me digas la verdad.

Asustado por el inusual tono severo de Chu Yan, Cero cambió de color y comenzó a tartamudear.

[Anfitrión, y-yo de verdad no lo sé. ¡Solo soy un pobre y pequeño sistema que entrega misiones!]

Estaba usando la táctica de hacerse la víctima.

Chu Yan entrecerró los ojos, captando rápidamente cierta información en la respuesta del Sistema Cero.

Aunque Cero no había respondido directamente a su pregunta, su tono nervioso revelaba algo muy claro: esos tres sueños que había tenido estaban, en efecto, relacionados con el sistema.

E incluso era posible que tuvieran que ver con la razón por la cual había transmigrado al libro tan repentinamente.

Tras confirmar sus sospechas y notar lo mucho que le costaba hablar a Cero, Chu Yan decidió no presionarlo más por el momento.

[Anfitrión, s-si no hay nada más, e-entonces volveré a ver mi película].

Al ver que Chu Yan no insistía, Cero soltó un suspiro de alivio, creyendo que se había salido con la suya. No imaginaba que su anfitrión ya albergaba serias sospechas en su interior.

—Chu Yan, ¿quieres comer algo?

Esa pregunta trajo a Chu Yan de vuelta a la realidad. Bajó el teléfono y levantó la cabeza, habiendo olvidado por completo el pequeño berrinche de hace un rato.

—Nos perdimos la barbacoa, así que por supuesto tenemos que comer algo bueno para compensarlo —asintió.

Xiao Suian le entregó directamente el menú de la habitación.

—Pide lo que quieras, en un momento llamamos al servicio de habitaciones. —Hizo una pausa y añadió—: Chen Heng dijo que él cubriría todos los gastos.

Chen Heng era el nombre del presidente Chen; lo que Xiao Suian quería decir era que pidiera con total libertad.

Chu Yan no esperaba que Xiao Suian también se aprovechara de los demás. No pudo evitar soltar una risita.

—De acuerdo, ya que no pagamos nosotros, pediré solo lo más caro.

Dicho y hecho, Chu Yan pidió sin ningún remordimiento varios de los platos más costosos del menú.

Xiao Suian llamó al servicio de habitaciones y, sin inmutarse, le dictó a la recepción los platos que Chu Yan acababa de elegir. La recepcionista se quedó tan asombrada que tuvo que confirmarlo dos veces antes de contactar a la cocina.

En poco más de media hora, un mesero del hotel llevó la comida a la habitación, acompañada de una botella de vino tinto de alta calidad.

—Este es un obsequio especial del presidente Chen para disculparse con ambos caballeros. Que lo disfruten.

Tras descorchar la botella, el mesero se marchó con el carrito de comida.

—Este presidente Chen sí que sabe cómo tratar a las personas. —Chu Yan sirvió el vino en una copa, la agitó suavemente por un momento y, tras dejarlo oxigenar, dio un sorbo—. Nada mal.

—Chen Heng empezó desde cero. Para haber llegado a este punto, su forma de relacionarse con el mundo ha sido fundamental —dijo Xiao Suian, dando también un sorbo al vino antes de dejar la copa y empezar a comer.

Las porciones de cada plato no eran muy abundantes, la cantidad justa para dos personas.

Para cuando terminaron de cenar ya estaba anocheciendo. Chu Yan se apoyó en la barandilla del balcón, admirando el resplandor de la puesta de sol a lo lejos.

—¿Qué miras? —preguntó Xiao Suian de manera casual, sentado a un lado.

—El paisaje, por supuesto. Esta sensación de estar en lo alto y mirar a lo lejos no está nada mal. —Chu Yan levantó los brazos y se estiró, respondiendo con un tono perezoso.

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