Encendiendo la luz
Chu Yan se sobresaltó por el repentino sonido y encogió los hombros bruscamente. Solo al ver a Xiao Suian parado en la puerta a través de la tenue luz púrpura, dejó escapar un suspiro de alivio.
—Xiao Suian, ¿puedes no aparecer como un fantasma la próxima vez? ¿No te preocupa asustar a tu esposo hasta que se desmaye? —se quejó Chu Yan de mal humor, algo raro en él.
—Es que estabas demasiado concentrado viendo la película —respondió Xiao Suian lentamente, tras unos segundos de silencio.
—Está bien, tienes razón en todo —dijo Chu Yan, alzando levemente las cejas, un poco sorprendido de que Xiao Suian no negara su segunda afirmación. Apagó el proyector, se acercó a la puerta y, tras adaptarse un momento a la luz exterior, preguntó con naturalidad—: ¿Cuándo regresaste?
—Acabo de regresar —respondió Xiao Suian, que estaba a un lado mirándolo con expresión neutral.
—Qué raro que vuelvas tan temprano. ¿No sueles estar ocupado hasta las cinco o seis de la tarde? —comentó Chu Yan de manera casual, estirándose perezosamente. El dobladillo de su ropa holgada se levantó con el movimiento, dejando al descubierto una pequeña sección de su delgada cintura.
—Terminé el trabajo antes de tiempo. —Xiao Suian ladeó un poco la cabeza. Su mirada se deslizó de forma inadvertida sobre la piel blanca en la cintura del joven; apartó la vista rápidamente, bajó las pestañas y apretó los labios.
Sin embargo, por su mente pasó como un destello la escena que acababa de ver en la sala de cine: las delicadas facciones de Chu Yan asomándose tenuemente bajo la escasa luz del proyector. La ligera sonrisa que solía llevar en el rostro había desaparecido por completo, dejando únicamente una infinita indiferencia en su mirada.
Chu Yan asintió en señal de comprensión. Tomó con naturalidad los agarres de la silla de ruedas de Xiao Suian y lo empujó en dirección al ascensor.
—Chu Yan, ¿tienes tiempo esta noche? —preguntó Xiao Suian con semblante tranquilo, luego de girar la cabeza para mirarlo y darle las gracias.
—¿Mmm? —Los pasos de Chu Yan se detuvieron. Con la mano izquierda apoyada en la silla, bajó levemente la mirada hacia Xiao Suian. Las comisuras de sus ojos se arquearon un poco y bromeó con una sonrisa en los labios—: ¿Por qué preguntas esto de repente? No me digas que quieres invitarme a cenar.
—Sí, un amigo quiere conocerte —respondió Xiao Suian.
Un segundo antes, Chu Yan había abierto los ojos de par en par, sorprendido por ese “sí”. Pero al escuchar la segunda mitad de la frase, comprendió de inmediato la intención del otro y su corazón volvió a su lugar en el pecho.
—Tu amigo quiere conocerme, ¿y luego qué?
Chu Yan parpadeó, con el rostro lleno de confusión.
—Tengo la intención de llevarte a conocer a ese amigo —explicó Xiao Suian sin prisa, completamente inmutable. Sus oscuras pupilas seguían luciendo como un estanque insondable.
—De acuerdo. —Chu Yan, que sostenía la silla con una mano, se pellizcó la barbilla con la otra y, tras pensarlo un momento, asintió con decisión—. ¿Qué amigo es? Cuéntame un poco para que me vaya familiarizando.
—El hijo mayor de la familia Yun, Yun Lang.
—Conque Yun Lang. Él es el heredero de la familia Yun. —Chu Yan recordó de inmediato parte de la información sobre Yun Lang; sus ojos de flor de durazno revelaron un atisbo de sorpresa y curvó ligeramente los labios—. Ser capaz de conocer al heredero de la familia Yun es todo un honor para mí.
Yun Lang era el único sucesor de la familia Yun, y su padre era el actual líder del clan. La novela original no detallaba mucho sobre este hombre; Chu Yan solo sabía que la familia Yun tenía un linaje militar de varias generaciones y que Yun Lang había alcanzado el rango de mayor general a una edad muy temprana, gozando de una excelente reputación entre los hijos de las familias prestigiosas.
Sin embargo, el libro nunca mencionó que Xiao Suian y ese tal Yun Lang fueran amigos.
—Solo vamos a comer juntos. Actúa con naturalidad —dijo Xiao Suian, mirándolo de soslayo y omitiendo por completo la exagerada exclamación del otro; su semblante seguía transmitiendo tranquilidad.
—Entendido. Descuida, no te haré quedar mal. —Chu Yan empujó la silla de ruedas hacia el interior del ascensor e hizo una señal de aprobación con la mano.
Xiao Suian asintió levemente y no dijo nada más.
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