Regresar a casa

—Siento que Xiao Suian probablemente ya adivinó quién lo hizo —dijo Chu Tingting, mordiéndose el labio con inseguridad.

—¿Y qué si lo adivinó? —Tang Jindong se recostó en la silla y agitó su copa de vino con una expresión retorcida y maliciosa.

—¡¿Acaso no tienes miedo de que venga a causarnos problemas?!

—¿De qué tendría que asustarme? Deberías ser tú la que tenga miedo. —Se encogió de hombros, indiferente, y soltó una carcajada—. Chu Tingting, no olvides que fuiste tú la primera en buscarme para este asunto. No tiene nada que ver conmigo.

—¡Tang Jindong! —Ella nunca se imaginó que Tang Jindong resultaría ser un sinvergüenza de tal magnitud. Estaba a punto de gritarle, pero apretó los dientes y se contuvo—. ¿Planeas echarme la culpa de todo a mí? ¡Esto fue claramente tu idea!

—No te estoy echando la culpa, es que fuiste tú quien lo hizo —espetó él con una sonrisa burlona y sin ningún tipo de escrúpulos—. Dices que fue mi idea, pero ¿tienes pruebas?

—¡Tú! —tembló de furia—. ¿Crees que puedes deslindarte tan fácilmente? Tus dos subordinados ya fueron capturados por Xiao Suian, de seguro van a delatarte.

—¿De verdad crees que se atreverán a dar mi nombre? A menos que ya no les importe la vida de sus familias. —Un destello arrogante cruzó la mirada de Tang Jindong—. Lo único que dirán será que la joven heredera de la familia Chu, Chu Tingting, les ordenó hacerlo.

Pronunció el nombre “Chu Tingting” haciendo un énfasis deliberado.

Los ojos de la mujer se abrieron de par en par, su rostro reflejaba una absoluta incredulidad.

—¡Tang Jindong, desde el principio planeaste echarme toda la culpa!

—No me digas que recién te das cuenta. —Sonrió con malicia, encontrando la situación sumamente divertida—. Te diré la verdad, incluso si Xiao Suian sabe que estoy involucrado, no se atreverá a hacerme nada por respeto a la familia Tang. Pero tu caso es distinto; la familia Chu apenas es la última entre las familias de primera clase, no representan ninguna amenaza. Además, tu relación con Chu Yan de por sí ya es mala. Acabar contigo no será más difícil que aplastar a una hormiga.

—¡Tang Jindong, eres un maldito cobarde!

Al escuchar esas palabras, Chu Tingting, furiosa y aterrorizada al mismo tiempo, le colgó la llamada de golpe.

La cálida brisa nocturna sopló, pero ella sintió como si estuviera encerrada en una celda de hielo, y un escalofrío le recorrió el cuerpo.

¡Jamás se imaginó que Tang Jindong fuera tan ruin y desvergonzado! ¡Que desde el principio hubiera planeado usarla como chivo expiatorio! ¡De haberlo sabido, habría escuchado el consejo de su madre y jamás se habría involucrado con él!

Pero ya era demasiado tarde.

¡Era muy probable que Xiao Suian, con tal de vengar a Chu Yan, buscara todas las maneras posibles de ir contra ella!

¡No podía quedarse de brazos cruzados!

Sacudió la cabeza y rápidamente llamó a Jiang Yun, esperando que su madre pudiera ayudarla.

En el salón de banquetes del primer piso del restaurante Ruiven, casi la mitad de los invitados ya se había retirado. Los que se quedaron eran en su mayoría estrellas del mundo del espectáculo y jóvenes herederos ricos que albergaban intenciones ocultas.

—Esa Chu Tingting de verdad es estúpida —se burló Tang Jindong con desdén desde su asiento, observando la llamada recién terminada—. Si no fuera para darle una lección a Chu Yan, nadie se molestaría en prestarle atención.

—Jindong, ¿con quién hablabas? —preguntó Xu Ling, acercándose con un plato de bocadillos. Se sentó a su lado, parpadeando con sus grandes y redondos ojos, lleno de curiosidad.

—Nadie importante, no le des vueltas —respondió, agitando la mano para restarle importancia.

—Oh. —Al ver que en verdad no le daba importancia, asintió con obediencia y luego esbozó una sonrisa brillante—. Jindong, acabo de platicar con la hermana Yue Yao, ¡tiene tanto porte y es tan hermosa!

Tang Jindong levantó la vista hacia el salón y vio a Yue Yao mirando a su alrededor, como si buscara a alguien. Luego, hablando por teléfono, se dirigió hacia la salida; parecía que ya estaba a punto de irse.

Retiró la mirada y, al notar la expresión de admiración de Xu Ling, sintió una leve molestia. Extendió la mano para limpiar la crema de la comisura de los labios del chico, la lamió con la punta de la lengua y alzó ligeramente la barbilla.

—Cariño, no halagues tanto a una mujer, me pondré celoso.

El rostro de Xu Ling se encendió al instante.

—Jindong, no digas tonterías —murmuró, dándole un leve empujón. Se metió un bocadillo en la boca y suspiró—. Qué envidia me dan esas celebridades. Ser estrella debe ser muy divertido.

Al escuchar esto, Tang Jindong se quedó pensativo antes de preguntar:

—¿Te gustaría ser una estrella?

—¿A mí? ¡Me encantaría! —Sus ojos se iluminaron, pero al instante bajó la mirada con desánimo—. Pero no sé actuar ni cantar, no tengo cómo convertirme en estrella. Mejor lo dejo, seguiré siendo un simple trabajador.

—¡Qué trabajar ni qué nada! Si mi bebé quiere ser una estrella, me encargaré de que lo logre. Tú relájate. —Alargó el brazo y lo atrajo hacia su pecho en un abrazo.

—¿No será mucha molestia para ti? —Un destello de triunfo cruzó la mirada de Xu Ling, pero en su rostro mostró un semblante compungido y se mordió el labio—. ¿Qué te parece esto? Primero seré asistente de algún artista, así aprendo cómo funciona el mundo del espectáculo, y cuando ya tenga experiencia no seré una carga para ti.

—¡Para qué complicarse tanto! —Por supuesto, él no iba a permitir que Xu Ling fuera el asistente de nadie.

Xu Ling hizo un mohín de disgusto.

—Es que quiero lograrlo por mis propios méritos. No quiero ser un peso para ti…

—De acuerdo, de acuerdo —accedió, su corazón ablandándose de inmediato al ver que Xu Ling pensaba en él. Le acarició suavemente la espalda con una dulzura inusual—. Haremos lo que dices, pero recuerda esto: si algún artista se atreve a molestarte, me lo tienes que decir.

—¡Sí! Ya lo sé.

Poco después de que llevaran a Chu Yan de vuelta a casa, el médico de cabecera llegó de inmediato para revisarlo. Le hicieron un análisis de sangre y descubrieron rastros de un poderoso afrodisíaco.

Al ver que la expresión del señor Xiao se volvía sombría al instante, el médico se apresuró a añadir:

—Sin embargo, el efecto de la droga ya se ha disipado casi por completo. El señor Chu estará bien cuando despierte.

El semblante de Xiao Suian se relajó un poco. Levantó ligeramente la barbilla y preguntó con voz grave:

—¿Tendrá alguna secuela?

El médico levantó los párpados de Chu Yan para examinarlo y negó con la cabeza.

—La dosis no fue alta, no dejará secuelas. Si está preocupado, señor Xiao, le recetaré algunos medicamentos. Asegúrese de recordarle al señor Chu que se los tome cuando despierte, tres veces al día. En tres días estará en perfectas condiciones.

—Entendido. Gracias.

Al escuchar el agradecimiento de Xiao Suian, los ojos del médico se abrieron con sorpresa; rápidamente disimuló su expresión y se apresuró a decir:

—No es necesario que me lo agradezca, señor Xiao, solo hago mi trabajo.

Llevaba cinco o seis años trabajando como médico de la familia Xiao y nunca lo había visto preocuparse tanto por alguien. Era algo insólito.

Una vez que todos abandonaron la habitación, Xiao Suian fue el único que se quedó junto a la cama. Bajó la mirada y observó en silencio a Chu Yan, quien dormía profundamente.

Dormido, Chu Yan perdía esa frialdad distante, como si la barrera de cristal que lo envolvía se hubiera desvanecido. Parecía dócil; sus largas pestañas rizadas parecían alas de mariposa, su nariz era respingada, y sus labios rosados, ligeramente entreabiertos, tenían un aspecto suave.

Las pupilas de Xiao Suian temblaron ligeramente; su habitual mirada gélida y cortante se suavizó sin que él pudiera evitarlo.

Extendió la mano para arroparlo con cuidado y subió la temperatura del aire acondicionado un par de grados. Solo entonces, tras terminar, se tomó el tiempo de observar la decoración de la habitación.

Era la primera vez que entraba al dormitorio de Chu Yan.

La ropa dentro del armario estaba acomodada sin ningún orden aparente; sobre la mesa de noche había unos cuantos libros esparcidos, e incluso en la cama había pequeños adornos, como un osito de peluche con cara inexpresiva. A pesar de no estar perfectamente ordenado, el cuarto desprendía una cálida sensación de hogar.

La mirada de Xiao Suian se posó finalmente en una repisa. Además de algunos libros y plantas en macetas, había una muñeca de porcelana de Año Nuevo con las mejillas sonrosadas y vestida con un pequeño peto. Era muy tierna.

Era la muñeca de porcelana de Año Nuevo que Chu Yan había comprado especialmente cuando estuvo grabando en la ciudad B.

Chu Yan había comprado un par; se suponía que debían ser un niño y una niña para formar una pareja, pero él se empeñó en separarlos y compró dos niños.

Le regaló uno a Xiao Suian bajo la excusa de que era un obsequio, y se quedó con el otro para sí mismo.

Después de recibir el obsequio, Xiao Suian colocó la muñeca de porcelana en el escritorio de su estudio.

Quería poder verla cada vez que terminaba de trabajar.

Era como si viera al propio Chu Yan.

Chu Yan no despertó hasta la mañana siguiente. Abrió los ojos lentamente y lo primero que vio fue el familiar techo de color beige y la lámpara colgante.

Por lo visto, ya estaba en casa.

Sin darse cuenta, ya consideraba ese lugar como su hogar.

Se sintió aliviado al instante. Se frotó la cabeza, que aún le daba vueltas, y soltó un ligero suspiro. ¡Qué desastre! ¡Solo fue a un banquete de caridad y terminó siendo drogado!

Parecía que la vida tranquila de los últimos tiempos había hecho que bajara la guardia. Tendría que mantenerse alerta en todo momento.

Menos mal que Xiao Suian llegó a tiempo el día anterior; de lo contrario, no sabría qué habría pasado.

[¡No se preocupe, anfitrión! Si vuelve a encontrarse en una situación de peligro como esta, ¡puedo tomar el control de su cuerpo para ayudarle a escapar sin problemas!]

El sistema apareció de repente, ofreciéndose con entusiasmo.

Chu Yan arqueó una ceja.

Si es así, ¿por qué no lo hiciste ayer?

El sistema guardó silencio durante tres segundos, y su tono decayó al instante:

[Necesitamos el consentimiento del anfitrión para tomar el control del cuerpo… y además, hacerlo tiene sus desventajas. A menos que sea una situación extremadamente, sumamente, terriblemente peligrosa, nuestro sistema no puede simplemente tomar el control.]

El hecho de que el Sistema Cero usara la palabra “extremadamente” tres veces seguidas dejaba en claro que las condiciones para tomar el control del cuerpo eran bastante estrictas.

¿Qué tipo de desventajas?

[En primer lugar, aunque tomemos el control del cuerpo, solo podemos mover sus extremidades; no podemos percibir ni el olfato, ni el gusto, ni el dolor. En segundo lugar, el límite de tiempo no puede exceder las veinticuatro horas. Y por cada hora de control, el anfitrión se verá obligado a dormir un día entero; si son dos horas, dormirá dos días, y así sucesivamente.]

***

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