Zhou Xiang también estaba un poco sorprendido.
—¿Por qué viniste? —A pesar de lo inesperado de la visita, no pudo ocultar su grata sorpresa.
Yan Mingxiu se quitó los auriculares.
—¿No soy bienvenido?
—Cómo crees, pasa.
Zhou Xiang abrió la puerta y dejó que Yan Mingxiu pasara al interior.
Yan Mingxiu miró la esbelta nuca de Zhou Xiang, que estaba de espaldas a él, y sintió el repentino impulso de abalanzarse y morderlo para desahogar el resentimiento en su corazón.
Había conducido casi tres horas hasta el set de filmación para ver a Wang Yudong, y al final este se había ido a la casa de su hermana. A pesar de todo, había tenido que despedirse con una sonrisa, aunque sentía que los pulmones le iban a explotar de la rabia.
Por eso había venido a buscar a Zhou Xiang. Cuando se acostaba con él, podía anestesiar sus propios sentidos y convencerse de que estaba con Dong-ge. Eso lo hacía sentir un poco mejor.
Zhou Xiang le preguntó:
—¿Ya comiste? Yo solo traje algo de comida rápida. Si quieres comer algo más, te lo preparo.
—No es necesario, ya pedí comida. —Justo después de decirlo, sonó el timbre. Yan Mingxiu fue a abrir la puerta y, en cuanto Zhou Xiang vio el uniforme del repartidor, supo que pertenecía al hotel que estaba frente a su complejo residencial.
Zhou Xiang sonrió y negó con la cabeza.
—Vaya que sabes disfrutar de la vida.
Yan Mingxiu lo miró; al pensar en cómo estaba utilizando a este hombre como sustituto de su Dong-ge, sintió cierta culpa y no pudo evitar decir:
—Hoy filmaste todo el día y debes estar muy cansado. Deberías comer algo bueno.
Zhou Xiang se sintió bastante feliz y bromeó:
—Nada mal, de verdad sabes cómo cuidar a los demás. —Se sentó a la mesa y dispuso los platos uno a uno—. Ven a comer, huele delicioso. —Zhou Xiang tomó un trozo de carne con hueso y le dio un mordisco; la carne estaba tierna y la salsa era espesa, simplemente deliciosa.
Al ver su expresión de satisfacción, Yan Mingxiu sintió ganas de reír.
—Esto está más o menos. Yo cocino mucho mejor que esto.
Zhou Xiang exclamó sorprendido:
—¿Sabes cocinar?
Yan Mingxiu dijo con total indiferencia:
—Cuando estaba en el extranjero cocinaba para mí mismo. No me gusta tener extraños en casa.
—Entonces, otro día entra a la cocina y déjame probar tu sazón.
—Sin problema. —Yan Mingxiu lo pensó un momento—. ¿Tienes trabajo en estos días?
—Estaré libre toda la próxima semana. Es lo bueno de esta profesión, nunca sabes cuándo te darán unos días de descanso.
—Entonces me quedaré aquí. —Yan Mingxiu lo miró, y su tono no sonó en absoluto como una pregunta. Sabía muy bien que Zhou Xiang aceptaría; no era ciego, podía ver lo mucho que le interesaba. Además, resultaba que él no tenía ganas de volver a casa y tampoco quería estar solo.
Ambos obtenían lo que necesitaban. A Yan Mingxiu le gustaba mucho esta forma de convivir.
Zhou Xiang no podía pedir más. Rio levemente y dijo:
—Puedes quedarte el tiempo que quieras. —Era raro tener unas vacaciones, y estar acompañado de un hombre tan atractivo le daba algo de calidez a su hogar. Simplemente no podía imaginar una razón para negarse.
Después de cenar, lo hicieron de nuevo. Eran como dos bestias llenas de energía, enredándose y copulando con pasión, dejando rastros de sexo por todos los rincones de aquel pequeño apartamento.
Hacía mucho tiempo que Zhou Xiang no llevaba un estilo de vida tan absurdo.
Comía y dormía junto a Yan Mingxiu. Casi nunca salían; se quedaban dormidos todos los días en medio del agotamiento de sus locos encuentros sexuales y se levantaban hasta la tarde del día siguiente. A veces pedían comida a domicilio, otras veces iban juntos al supermercado a comprar ingredientes para cocinar. Veían películas juntos y jugaban videojuegos. Se volvieron cada vez más cercanos, y la sonrisa de Yan Mingxiu apareció con mayor frecuencia.
Yan Mingxiu siempre había sido una persona difícil de tratar y tenía muy pocos amigos, ya que pocas personas podían soportar su carácter volátil. Sin embargo, Zhou Xiang podía. No solo podía soportarlo, sino que también lograba mimarlo hasta que Yan Mingxiu se sintiera sumamente cómodo. Lo más importante era que, para Zhou Xiang, tolerar la inmadurez y el egocentrismo de Yan Mingxiu no suponía ningún problema. Los hombres siempre son excepcionalmente pacientes con las criaturas hermosas; además, Zhou Xiang siempre había sido un hombre paciente y tolerante. Cuando Yan Mingxiu de vez en cuando le ponía mala cara, Zhou Xiang simplemente lo tomaba como un berrinche y nunca le daba importancia.
Como resultado, Yan Mingxiu sentía cada vez más que estar con Zhou Xiang era relajante y muy cómodo.
Eran como una pareja de enamorados que llevara mucho tiempo viviendo junta, disfrutando de una vida en la que parecía que solo existían el uno para el otro.
Cuanto más tiempo pasaban juntos, más sentía Zhou Xiang que Yan Mingxiu era como un niño pequeño; mientras satisficiera sus demandas, resultaba bastante fácil llevarse bien con él. De todos modos, no tenía intenciones de casarse con Yan Mingxiu, así que ¿qué importaba si el otro tenía buen carácter o no?
En ese entonces, sin mencionar a Yan Mingxiu, ni siquiera Zhou Xiang se lo había tomado en serio.
Los seis días de ocio pasaron volando. Zhou Xiang tenía que ir a trabajar como coreógrafo de acción para el comercial que había aceptado la vez pasada, y Yan Mingxiu, harto de que su familia lo llamara dos veces al día para presionarlo, finalmente decidió volver a casa.
Zhou Xiang tenía una cita acordada, así que se dispuso a salir primero. Al verlo ponerse los zapatos y prepararse para marchar, a Yan Mingxiu lo invadió una ola de reticencia. Lo agarró del brazo, le empujó los hombros y lo arrinconó contra la pared para besarlo con rudeza.
Zhou Xiang abrazó la esbelta y fuerte cintura de Yan Mingxiu; cerró los ojos y correspondió a aquel beso apasionado. Inconscientemente, Yan Mingxiu deslizó las manos por debajo de su ropa. No quería que Zhou Xiang se fuera. Al pensar en él aceptando esa clase de trabajos en los que se mataba del cansancio y apenas ganaba dinero, de verdad quería decirle que mejor se dejara mantener por él, pero sabía que Zhou Xiang estaba muy satisfecho con su trabajo, así que no se atrevió a decirlo.
Zhou Xiang rio suavemente y le dijo: —Ay, ya basta. Si me sigues tocando, no podré irme, y tú tampoco.
—Entonces no te vayas. Además, está lloviendo allá afuera.
—Eso no se puede, el trabajo es un asunto serio —rio Zhou Xiang—. ¿Te duele dejarme? Si te duele dejarme, entonces tú tampoco te vayas. ¿Qué te parece si este hermano mayor vuelve luego para mimarte?
Yan Mingxiu le pellizcó la cintura. —Tengo que volver a casa. Vendré a verte otro día.
—De acuerdo, serás bienvenido cuando quieras venir. —Zhou Xiang le lamió la oreja y le habló con un tono sugerente—. Hacerlo contigo se siente increíble. Aunque no te vea, con solo pensar en ti, se me pondrá dura.
Esas palabras de coqueteo salían de la boca de Zhou Xiang con total naturalidad, y a Yan Mingxiu le agradaba mucho escucharlas. Le mordió el labio y le advirtió:
—Incluso si se te pone dura, no vayas por ahí disparando a ciegas. Si dejas que otro te folle, te aseguro que no te lo perdonaré.
Zhou Xiang se echó a reír a carcajadas.
—Teniéndote a ti, ¿en quién más iba a pensar? —En su interior no le dio ninguna importancia a sus palabras; no sabía que Yan Mingxiu hablaba muy en serio.
Originalmente, Yan Mingxiu nunca había tenido ningún concepto de castidad, pero, de forma subconsciente, ya consideraba a Zhou Xiang como de su propiedad. Tal vez se debía a que había sido el primero en acostarse con él, o quizá porque veía a Zhou Xiang como un sustituto de Wang Yudong, pero simplemente no podía tolerar la idea de que estuviera con alguien más.
Aunque sentía que había algo mal con sus propios pensamientos, le daba pereza profundizar en las razones; en su mente, el único que podía meterse en el trasero de Zhou Xiang era él.
Después de que Zhou Xiang se fuera, Yan Mingxiu encendió su teléfono.
Estos dos últimos días, con tal de evitar las llamadas de su madre o de su hermana, solo había tenido el teléfono encendido un par de horas en total. Nada más prenderlo, apareció un mensaje de texto. Era de Wang Yudong, enviado hacía una hora, y decía: [Dong-ge te invita a cenar.]
Yan Mingxiu se llenó de alegría; el fastidio provocado por la partida de Zhou Xiang se disipó en un instante. Envió un mensaje confirmando su asistencia, se metió apresuradamente en el baño para darse una ducha y, una vez que estuvo presentable, se dirigió directamente al hotel.
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