Efectivamente, Li Yu le transfirió el dinero en un par de días, como si tenerlo en su propia cuenta le quemara las manos.
Él se desvivía por complacerlo y el otro lo despreciaba; esto le provocaba a Jian Suiying cierto sentimiento de frustración.
Sin embargo, pronto se quedó sin tiempo para pensar en los asuntos de Li Yu. Un proyecto acababa de presentar un problema repentino y lo tenía sumamente preocupado.
Estaba con los ojos cerrados, tratando de encontrar una salida, cuando de pronto sonó su celular.
Al ver que era el número de su casa, contestó. Al otro lado de la línea se escuchó la voz de Jian Suilin.
Se dio cuenta de que este mocoso se había vuelto astuto; para buscarlo, ahora usaba casi siempre el teléfono de la casa. Si llamaba desde su propio celular, Jian Suiying le colgaba directamente siete u ocho de cada diez veces, y que le contestara después dependía netamente de su estado de ánimo.
Tampoco era que quisiera comportarse de manera tan infantil, el problema era que no sabía desde cuándo Jian Suilin había pasado de esconderse de él todos los días a buscar cualquier excusa para pegársele como sanguijuela. Parecía que el cambio había comenzado gradualmente en la época en que entró a la secundaria, y hubo un tiempo en el que lo tenía harto a más no poder.
Pero el truco de llamarlo desde el teléfono de su propia casa era, en definitiva, imposible de evadir.
—Hermano, soy yo.
—Mjum, habla —espetó Jian Suiying con un tono pésimo, ya que acababa de tener un arranque de ira.
—¿Li Yu también fue a trabajar a tu oficina?
—Así es.
—¿Ya empezó a ir?
—Sí.
Al otro lado de la línea hubo un momento de silencio.
—Hermano, yo también puedo ir mañana a…
—No —lo interrumpió Jian Suiying—. Con que vengas tú ya me da suficiente dolor de cabeza. Haz lo que dijo papá, vete por ahí a holgazanear tranquilamente un par de semanas y luego vienes. Déjame descansar de ti dos semanas.
—Hermano, no te causaré problemas.
—No —respondió con impaciencia.
La voz de Jian Suilin se alteró un poco.
—Li Yu también acaba de graduarse de la preparatoria, yo puedo hacer lo mismo que él hace. Hermano, déjame…
Jian Suiying le colgó el teléfono directamente.
Por lo general, cuando Jian Suiying colgaba el teléfono, significaba que no había margen de negociación. Si Jian Suilin volvía a buscarse problemas, tendría que atenerse a un escarmiento.
Efectivamente, el teléfono no volvió a sonar. En ese momento, él estaba de muy mal humor; si Jian Suilin se atrevía a llamar de nuevo, sería buscarse una golpiza a pulso.
El año pasado, Jian Suiying había comprado un terreno en Qinhuangdao con la intención de desarrollar un hotel vacacional. Había gastado bastante dinero durante el proceso de solicitud de construcción, con la esperanza de conseguir la mayor superficie edificable posible. Resultó que, con el dinero ya desembolsado y viendo que estaban en la etapa final, uno de los involucrados se metió en problemas y fue arrestado.
No le preocupaba que lo salpicaran. Primero, porque jamás dejaría evidencias que lo perjudicaran en un asunto como ese. Segundo, incluso si lograban rastrearlo hasta él, un pequeño monto de un par de cientos de miles era un juego de niños comparado con los delitos de aquel hombre; por mucho que buscaran chivos expiatorios, a él no lo tocarían. El problema principal era que, a raíz de esto, todos los materiales y documentos por los que había pasado tendrían que ser verificados de nuevo. Este retraso lo tenía exasperado hasta la muerte.
Por su parte, los fondos, el equipo de construcción, el plan de proyecto y absolutamente todos los frentes ya estaban listos. Solo esperaba que se emitiera el permiso para poder iniciar la obra. Que este incidente ocurriera en un momento tan crítico no solo significaba que su dinero se había ido por el desagüe, sino que también era una maldita pérdida de tiempo.
Ese día, Jian Suiying había estallado en un tremendo ataque de furia en la oficina, por lo que la atmósfera en toda la empresa era bastante sombría; a excepción de Li Yu, básicamente nadie se atrevía a dirigirle la palabra.
En los últimos dos días se había dedicado a llamar a todos sus contactos para mover influencias, esperando que la Comisión Disciplinaria pudiera hacer la vista gorda y no estancara su proyecto. Sin embargo, según los rumores que corrían, ese sujeto había arrastrado consigo a peces gordos, por lo que, de momento, nadie se atrevía a meter las manos al fuego y asegurarle a Jian Suiying que lograrían solucionarlo.
Sin más opciones, llamó a su viejo para discutir el asunto. Su padre lo pensó un buen rato y le dijo que por qué no iba a buscar a su abuelo.
Desde su jubilación, su abuelo se había quedado viviendo en Qinhuangdao criando gallinas y cultivando la tierra, llevando una vida idílica y alejada del mundo. Originalmente, él no quería molestar al anciano. Principalmente, pedirle a su abuelo que pusiera en juego su vieja reputación y perdiera la cara por resolverle el problema, tenía dos inconvenientes: primero, el viejo tenía un carácter demasiado peculiar y no era seguro que aceptara; segundo, incluso si aceptaba, después no se libraría de un largo sermón. Solo de pensarlo le daba pavor.
Después de darle muchas vueltas, Jian Suiying decidió ir primero a Qinhuangdao para intentar invitar a comer al responsable de la Comisión Disciplinaria, o algo por el estilo. Si llegaba fin de mes y el asunto seguía sin resolverse, no le quedaría de otra que suplicarle al anciano.
Con esa idea en mente, llamó a un amigo para que lo ayudara a concretar una cita con esa persona.
Cerca del mediodía, su amigo finalmente regresó con buenas noticias: había conseguido la cita y esa misma noche podrían cenar juntos.
Al ver que había una oportunidad, Jian Suiying se animó de inmediato y se apresuró a llamar a Li Yu.
—Li Yu, ve a preparar el auto ahora mismo. Me vas a acompañar a Qinhuangdao.
Debido a este problema, Jian Suiying no había dormido bien en los últimos dos días. Iba sentado en la última fila del vehículo comercial, recostado en el asiento para dormir un rato. Sin embargo, probablemente porque el aire acondicionado estaba demasiado fuerte, se despertó congelado al poco tiempo, y se pasó el resto del camino estornudando.
Li Yu lo miró con el ceño fruncido.
—¿Te resfriaste?
—Mierda, agarré frío… Y esta noche tengo que ir a cenar con esa gente. ¿Quién va a querer sentarse con un arma biológica andante? Maldita sea, Xiao-Zhao, ¿por qué pusiste el aire tan fuerte? ¿Acaso no sabes lo que es reducir las emisiones de carbono? —En un momento en el que los contratiempos no paraban de surgir, Jian Suiying se enfurecía más cuanto más lo pensaba, y descargó su ira directamente contra el chofer.
El pobre joven chofer no se atrevió a decir ni una sola palabra. Ahora entendía por qué los otros dos veteranos se habían negado rotundamente a conducir ese día y lo habían obligado a ir a él.
Li Yu le alcanzó otro rollo de papel y abrió las ventanas de ambos lados.
—En un rato nos detenemos en una gasolinera a comprar algún medicamento. Si te lo tomas, deberías poder aguantar.
Jian Suiying se sonó la nariz y murmuró con voz nasal.
—No pasa nada, con dormir un poco se me pasa. ¿Ya encontraste la información de ese sujeto? Déjame verla.
Li Yu le entregó la computadora portátil que tenía en el regazo. Jian Suiying abrió los ojos, un poco enrojecidos, para revisar los datos de la persona con la que se encontraría esa noche.
Por lo general, con saber de dónde era la persona y en dónde había trabajado, siempre se podía escarbar en la densa y compleja red de conexiones para encontrar algún punto en común. Con solo lograr establecer un vínculo, el problema ya estaría resuelto a medias.
Muchas personas fracasaban en sus negocios no por falta de dinero, sino porque, aun teniéndolo, no sabían a quién entregárselo.
Al ver su rostro exhausto, Li Yu se sintió un poco sorprendido.
Desde que conocía a Jian Suiying hasta el día de hoy, el hombre siempre había tenido la actitud de un rey demonio holgazán y vividor. Era la primera vez que lo veía tan concentrado en su trabajo, casi inmutable ante las demás cosas del exterior. Le resultaba bastante novedoso.
Tras terminar de leer, Jian Suiying soltó una maldición en voz baja.
—¿Qué pasa? —preguntó Li Yu.
El corazoncito de Jian Suiying tembló de pavor.
—Este tipo es de Yunnan. Sería un milagro si no me mata a base de alcohol esta noche…
—¿No que te gustaba beber? —se burló Li Yu.
—El alcohol sirve para animar el ambiente. Tomar un par de tragos hace que comer y charlar sea agradable, pero beber en exceso es una maldita tortura. —Con el rostro agotado, Jian Suiying se recostó contra el respaldo del asiento y cerró los ojos para descansar—. ¿Ya reservaste el hotel? Supongo que no volveremos hoy. —Él estimaba que terminaría tan borracho que acabaría tirado en el suelo.
—Lo reservaré ahora mismo —dijo Li Yu.
—Olvídalo, no reserves todavía. Ya veremos dónde comemos y entonces buscamos un lugar cercano.
—De acuerdo.
Jian Suiying torció la comisura de los labios en una sonrisa.
—Xiao-Lizi, escúchame bien. Sin importar si aguantas o no el alcohol, esta noche tendrás que escudarme un poco. Necesito mantener la cabeza fría. Si no soluciono este asunto, voy a perder una puta fortuna.
Li Yu no dijo nada, tan solo dejó escapar un leve suspiro.
—Es parte de tu trabajo, de todos modos. ¿Acaso crees que ganar dinero es tan fácil?
Li Yu negó con la cabeza.
—No lo es.
—Mjum, menos mal. Cuando empieces a hacer negocios por tu cuenta en el futuro, no te creas que solo por tener un padre importante todos te van a comprar el cuento. Verán que eres joven y, aunque superficialmente te tratarán muy bien, a tus espaldas te mirarán por debajo del hombro. Solo te seguirán la corriente al hablar y trabajar… Ya te darás cuenta más adelante…
Probablemente los estornudos le habían mareado el cerebro, porque, medio aturdido, Jian Suiying se puso a darle un sermón a Li Yu. En realidad, solo le estaba contando sus propias experiencias de cuando comenzó en los negocios a sus poco más de veinte años.
En aquel entonces, él también creía que sus antecedentes familiares eran formidables, que todo el mundo tendría que mostrarle un mínimo de respeto y que seguramente lograría hacer negocios que le dejarían ganancias exorbitantes sin apenas invertir. El resultado fue que tuvo que abrirse paso a tropezones, sufriendo muchas pérdidas y pasando por incontables dificultades. Los logros que tenía hoy en día estaban genuinamente construidos a base de sudor y esfuerzo.
Al principio, Li Yu solo lo escuchaba con la mente en otra parte, pero luego, poco a poco, giró el cuerpo para mirar hacia el asiento trasero. Al observar a Jian Suiying, quien hablaba pausadamente con los ojos cerrados, su mirada se fue volviendo cada vez más concentrada.
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