No hay nada de qué avergonzarse

Unos días después, Ye Jun regresó a la escuela. Apenas entró al aula, sus compañeros lo rodearon con preocupación para preguntarle qué le había pasado y por qué se había ausentado tanto tiempo. Solo pudo responder con torpeza que había pescado un resfriado muy fuerte. Cuando por fin logró escabullirse del afectuoso cerco y sentarse en su lugar, se secó el sudor de la frente. Ser tan popular también era un problema. Por suerte, todos en su clase eran omegas menores de edad y no notaron nada extraño; de lo contrario, no habría tenido el valor de presentarse.

—¿De verdad estuviste enfermo? —preguntó Carniel, clavando la mirada en su rostro.

Ye Jun se frotó la nariz y asintió con incomodidad.

—Siento que desde que te enfermaste, estás diferente —comentó Carniel—. Toda tu persona cambió. Especialmente aquí y aquí. —Señaló sus propios ojos y su boca antes de meditarlo un segundo—. Te ves mejor que antes.

Sintiéndose expuesto, el terrícola agachó la cabeza de inmediato. Había olvidado que su compañero de asiento era un genio de la pintura con una capacidad de observación aguda.

—Je, je, son imaginaciones tuyas. ¿Cómo podría haber cambiado?.

Carniel seguía mirándolo con duda, así que Ye Jun se apresuró a desviar el tema.

—¿Cómo van las cosas con Ellinor?

Como era de esperar, la simple mención del nombre bastó para captar toda su atención. Un poco avergonzado, el chico respondió:

—Estamos muy bien, me contacta todas las noches.

—Qué bueno —sonrió Ye Jun—. La verdad es que Ellinor es muy devoto. Te buscó por mucho tiempo y ningún otro omega logró llamar su atención.

Al escuchar esto, Carniel se conmovió visiblemente y sus mejillas se tiñeron de rojo.

—Sí, lo trataré muy bien.

Ye Jun soltó una carcajada. Sonaba un poco raro que un omega dijera eso; ¿no debería ser el alfa quien pronunciara esas palabras?.

Al verlo reír, Carniel se cohibió un poco.

—Es en serio, le estoy muy agradecido. El hecho de que pudiera enamorarse de mí a través de mis pinturas… Creo que nunca encontraré a otro alfa que me trate como él.

Amar a alguien no por su apariencia o su familia, sino por su alma única. Eso era amor verdadero.

—Él es tu alfa destinado —aseguró Ye Jun—. Serán muy felices.

Carniel asintió y esbozó una leve sonrisa.

Era la primera vez que Ye Jun veía una sonrisa tan sincera en su rostro. En ese instante, todo en Carniel pareció volverse deslumbrante. Ye Jun no pudo evitar maravillarse; la sonrisa de algunas personas tenía el don natural de contagiar a los demás, y su amigo era una de ellas.

…

Al terminar las clases, la profesora Jacqueline llamó a Ye Jun a su oficina. En cuanto el chico entró, lo evaluó con la mirada. El omega frente a ella tenía una postura recta y elegante, y un aura cálida. La inmadurez juvenil había desaparecido de sus facciones, reemplazada por el sutil encanto de un omega adulto. Ya emanaba por completo el aroma propio de la madurez, pero entrelazado con una hormona alfa extremadamente dominante. Esto dejaba claro para cualquiera que ese omega pertenecía a un alfa formidable.

Jacqueline asintió para sus adentros. Al principio no entendía por qué el general Rafal había elegido a este estudiante, pero al verlo ahora, todo cobraba sentido: sus feromonas encajaban a la perfección.

Aunque le generaba dudas que el chico hubiera alcanzado la adultez tan prematuramente, no podía indagar en el asunto, ya que la genética de los estudiantes era estrictamente confidencial.

La profesora le entregó una computadora óptica.

—Ye Jun, aquí tienes los cursos sobre cómo los omegas deben sobrellevar su entrada a la adultez y el período de celo. La escuela suele impartir estas clases dos meses antes de que cumplan la mayoría de edad, pero te adelantaste y nos tomaste por sorpresa. Ahora necesitas ponerte al día con este material.

Ye Jun revisó el contenido: Anatomía fisiológica de los omegas, Cómo superar el período de celo de forma segura….

Sintió que le caía una gota de sudor frío.

—Profesora Jacqueline, ya entré a la etapa adulta sin problemas, no creo que necesite tomar estas clases.

La mujer negó con la cabeza.

—Son materias básicas. Aunque no forman parte de las evaluaciones, la institución debe garantizar que todos los alumnos reciban esta educación. Puedes asistir al aula o tomar la modalidad en línea. Sin importar cuál elijas, debes completar las horas correspondientes.

Ye Jun asintió.

—De acuerdo. Tengo una petición más: me gustaría terminar todas mis materias este semestre.

Jacqueline lo miró con asombro.

—¿Por qué?

—Quiero postular a la universidad para omegas el año que viene.

La profesora abrió la boca, incrédula. ¿Había escuchado bien? Su estudiante apenas llevaba un año estudiando y ya planeaba postularse a la universidad.

Hacía tiempo que Ye Jun había investigado a fondo los requisitos de admisión. En comparación con la Tierra, ingresar a la universidad siendo omega en la Galaxia Butterfly era bastante sencillo; bastaba con aprobar todas las asignaturas básicas y completar los cursos avanzados que exigiera la institución deseada.

El plan de estudios básico era obligatorio para graduarse. Sin embargo, si alguien quería ir a la universidad, también debía acreditar materias de nivel superior.

La escuela St. Feis diseñaba planes de estudio personalizados según el ritmo de cada alumno. Aunque la base de Ye Jun no era la mejor al principio, su esfuerzo y dedicación le habían permitido avanzar a la par de los demás omegas.

Las materias avanzadas eran muchas menos. A pesar de su mayor dificultad, para Ye Jun no representaban un gran obstáculo.

Pronto cumpliría veinte años. Si estuviera en la Tierra, ya estaría en su tercer año de universidad; estar perdiendo el tiempo en una escuela secundaria lo tenía bastante ansioso.

Jacqueline hizo una pausa antes de hablar.

—Tu capacidad de aprendizaje es excepcional. Jamás he visto a un omega ponerse al nivel del resto en tan poco tiempo, pero ¿no te parece muy precipitado solicitar las clases avanzadas ahora mismo?.

—No se preocupe, profesora, puedo con ello.

Al ver la determinación en sus ojos, Jacqueline decidió no insistir. Aunque era una petición sin precedentes, no rompía ninguna regla escolar.

—Ya que tienes tanta confianza, modificaré tu plan de estudios en la terminal central de la escuela. Si en algún momento sientes que es demasiada presión, avísame de inmediato y lo ajustaremos.

—Gracias, profesora —asintió el joven.

—¿A qué universidad planeas postularte?

—A la Universidad para Omegas Sfield.

Jacqueline contuvo el aliento. Era la mejor institución de la Federación. Las universidades para omegas eran escasas, pero todas gozaban de un enorme prestigio, lo que también demostraba el alto intelecto innato de su género.

La profesora le palmeó el hombro en señal de aprobación.

—Solo la mitad de los estudiantes de St. Feis intenta ingresar a una universidad para omegas cada año, y los que apuntan a Sfield se pueden contar con los dedos de una mano. Espero que seas el primero de nuestra clase en lograrlo.

Ye Jun sonrió.

—Me esforzaré al máximo.

—Vuelve a clases. Si tienes alguna dificultad académica, no dudes en buscarme —le dijo. Había quedado completamente cautivada por aquel omega de cabello oscuro.

Con razón era la persona que había conquistado al general Rafal; de verdad era alguien extraordinario.

…

Cuando Ye Jun llegó a casa, Rafal seguía trabajando, así que decidió no molestarlo y fue directo a la cocina.

El mecha Moss lo siguió para ayudarle. Desde que el general había regresado a la capital, no le había dado nuevas órdenes, por lo que su rutina seguía siendo escoltar al chico a la escuela y traerlo de vuelta.

Ye Jun encendió su computadora óptica para buscar recetas. A Rafal le encantaba la carne y quería prepararle algo diferente.

Moss extrajo una enciclopedia culinaria del subdirectorio de civilización terrestre y le sugirió:

—Pequeño amo, podemos preparar algunos platillos estilo terrestre, estoy seguro de que al amo le encantarán.

Ye Jun asintió. Tenía razón; aunque no solía cocinar mucho y apenas recordaba un par de recetas, con Moss a su lado eso no sería un problema.

Siguiendo las instrucciones, preparó tres platos: uno al vapor, otro estofado y un guiso, además de saltear dos raciones de vegetales. En poco tiempo, la cena estuvo lista.

El delicioso aroma atrajo a Rafal fuera de su estudio. Al entrar a la cocina, se encontró con su omega cocinando con total concentración mientras Moss le leía la receta palabra por palabra. Era una escena tan cómica como reconfortante.

El alfa se acercó y lo abrazó por la espalda, susurrándole al oído:

—Huele delicioso.

—Acabo de aprender a prepararlos, no sé si sabrán bien —respondió Ye Jun.

—Bebé, estaba hablando de ti —murmuró Rafal con voz ronca.

El rostro del chico se sonrojó. Desde que habían intimado, el general se había vuelto cada vez más hábil para decir cosas dulces.

Moss se dio la vuelta rápidamente para darles la espalda.

Rafal depositó un beso en la comisura de los labios de Ye Jun.

—¿Ya podemos comer? Tengo hambre.

—Sí, solo falta poner la mesa y estará listo.

Moss corrió con entusiasmo para acomodar los cubiertos, pero para su sorpresa, su amo se acercó a la mesa, se arremangó y le indicó que él mismo lo haría.

Al recibir la orden mental, el mecha no tuvo más remedio que escabullirse en silencio.

¡Por Dios! Hace un segundo pensaba que podría espiar lo que hacían en el comedor, y al instante siguiente mi amo me echa.

Frustrado por no poder chismosear, Moss se marchó deprimido a la sala para molestar al robot de limpieza.

…

Se sentaron a comer frente a frente y charlaron un poco sobre la escuela.

Ye Jun respondía distraídamente, con la mente en otra parte. Después de un rato, se armó de valor, miró al hombre y decidió soltarlo.

—Esto… Rafal, quiero dormir solo.

Desde que terminó su período de celo, Rafal no había vuelto a su propia habitación. Todas las noches lo abrazaba para dormir y, aunque no hacían nada más, sentía que su cuerpo estaba tan impregnado de las feromonas del alfa que cualquiera podría notarlo.

Justo ese día, la profesora Jacqueline les había recordado que, al estar próximos a la adultez, sus sentidos se agudizarían rápidamente, por lo que debían prestar estricta atención a su condición física y reportar cualquier anomalía a la escuela y a sus familias.

Con ellos compartiendo tanta intimidad a diario, el aroma de Rafal sobre él era tan intenso que era cuestión de tiempo para que sus compañeros lo descubrieran.

El general lo miró sin decir una palabra. El corazón de Ye Jun latía con fuerza; ¿eso era un sí o un no?.

—Creo que como aún no hemos tenido nuestra ceremonia de emparejamiento, no está bien que vivamos juntos —continuó, obligándose a mantener la compostura.

Rafal dejó los cubiertos sobre la mesa y clavó sus ojos en él.

—¿De verdad no sabes lo que significa una marca completa?

—¿? —Ye Jun abrió mucho los ojos. ¿Qué quería decir? ¿No equivalía a tener relaciones antes del matrimonio?.

Rafal no añadió nada más y continuó comiendo en silencio.

…

Después de cenar, Ye Jun se encerró temprano en su cuarto, encendió la computadora óptica y se dispuso a estudiar los cursos para omegas adultos. Le daba demasiada vergüenza tomarlos presencialmente, así que optó por la modalidad en línea. Solo necesitaba cumplir con las horas requeridas. Por supuesto, no podía holgazanear, ya que el sistema monitoreaba constantemente su rostro y sus iris para asegurarse de que no abriera la clase y se fuera a hacer otra cosa.

Para cuando terminó, ya era bastante tarde. Se dio una ducha y, al salir, vio a Rafal sentado en su cama con un libro en las manos. Al notarlo, el alfa dejó la lectura y le hizo una seña.

—Ven a dormir.

Ye Jun: ….

Simplemente ignoró su petición, qué odioso.

Se metió bajo las sábanas y rodó hasta el otro extremo de la cama, intentando alejarse lo más posible para reducir el olor a alfa.

Rafal se giró, lo atrajo hacia su pecho y frotó su barbilla contra la coronilla del chico.

—¿No te gusta estar conmigo?

El rostro de Ye Jun se ruborizó en la oscuridad.

—No me refiero a eso, es solo que….

—Entonces sí te gusta. ¿Por qué quieres dormir solo? ¿Mmm?

Ye Jun titubeó un buen rato antes de confesarle sus preocupaciones.

Tras escucharlo, Rafal lo volteó para que lo mirara a la cara y murmuró:

—Pequeño tonto. Desde el instante en que te marqué, me perteneces por completo. No hay forma de ocultarlo con ningún método.

—Es que me da vergüenza, ninguno de mis compañeros es adulto todavía, soy el único….

Rafal besó aquellos labios rosados que no dejaban de quejarse.

—Es natural, no hay nada de qué avergonzarse. Intenta aceptarme y acéptate a ti mismo.

—Mmm… —murmuró Ye Jun tras pensarlo un momento—. Está bien.

El beso de Rafal se fue profundizando poco a poco. Ambos se hundieron en el amplio y suave edredón, enredados en una tierna intimidad.

Mientras su conciencia cedía ante la gentil ofensiva del alfa, un pensamiento cruzó por la mente del joven terrícola:

Rafal era su alfa, y él era su omega; ¿de qué tenía que avergonzarse si los demás se enteraban?

***

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