Hiciste lo correcto

Cuando el general Rafal y el general De Rossi llegaron a la escena, ambos tenían expresiones sumamente sombrías.

Rafal se adelantó a grandes zancadas y protegió a su pequeño Omega entre sus brazos. Levantó la mirada hacia Keith.

—¿Qué pasó? —preguntó con severidad.

Al ser fulminado por la mirada furiosa del general Rafal, Keith se asustó tanto que se apresuró a esconderse detrás de su padre. Tuvo la sensación de que, de no ser por la presencia de su progenitor y los dos directores, el general habría sacado su arma para apuntarle allí mismo.

—Estoy bien. —Ye Jun tiró suavemente de su manga para indicarle que no se preocupara por él.

Rafal bajó la cabeza y observó al chico con detenimiento. Solo se tranquilizó un poco al no encontrar nada fuera de lo común en su rostro. Cuando recibió la llamada del director Donald y se enteró de que Ye Jun había tenido un conflicto con un Alfa en la reunión de intercambio interescolar, su corazón se había llenado de tensión.

La reunión de intercambio interescolar… ¿Cómo pudo olvidar que hoy era el día del intercambio mensual de Saint Feis? Ye Jun se cruzaría con quién sabe cuántos jóvenes Alfas ansiosos por encontrar pareja. La sola idea de que su chico fuera codiciado por un grupo de Alfas lo llenaba de rabia, y pensar que un Alfa temerario se había atrevido a intimidar a su pequeño Omega lo enfurecía más allá de los límites.

En el camino a la escuela a bordo de Moss, Rafal emanó un aura de presión tan abrumadora que aterrorizó a la IA, impidiéndole decir una sola palabra. Moss ajustó la velocidad de vuelo al máximo y se precipitó hacia la escuela como un bólido, aterrorizado de que su iracundo amo descargara su furia sobre él si se demoraba un solo segundo.

¡Ustedes no lo entienden, el poder destructivo de mi amo enfurecido es aterrador!

Al director Donald no le pareció prudente hacer comentarios, así que proyectó directamente la grabación del incidente. Tras ver las imágenes, los rostros de todos adoptaron una expresión sumamente peculiar, pero por respeto al general Rafal, nadie se atrevió a preguntarle a Ye Jun cómo había logrado ejecutar aquel derribo por encima del hombro.

—Keith, explícate, ¿qué pasó exactamente? —preguntó el general De Rossi. Él también tenía un semblante extraño y avergonzado, pero, como no podía interrogar a Ye Jun, fulminó a su propio hijo con la mirada.

El pobre Keith acababa de sufrir el escrutinio de sus compañeros y ahora tenía que revivir el momento frente a los adultos. Sentía que la vergüenza estaba a punto de ahogarlo, pero bajo la aplastante presión del general Rafal y de su padre, balbuceó y relató el curso de los acontecimientos.

Todo había comenzado unos días atrás.

Ese día, él y su madre habían ido a visitar a su tía a la casa de los Felton. Allí se encontró con su prima Liya, quien le relató, añadiendo leña al fuego, cómo Ye Jun se había aferrado al general Rafal utilizando métodos vergonzosos.

Keith y las dos hijas de su tía tenían más o menos la misma edad. Habían crecido juntos y se querían como verdaderos hermanos.

Tenía a su prima Lina en muy alta estima y sentía mucha lástima por ella. Al igual que Liya, solía creer que al general Rafal no le gustaban los Omegas.

Sin embargo, tras escuchar la historia de Liya, Keith se indignó profundamente. Por un lado, sentía que el general Rafal había engañado a su prima; por otro, estaba convencido de que había algo turbio en ese pequeño Omega.

Por supuesto, no se atrevía a ir a buscar al general Rafal para exigirle explicaciones. Pero la casualidad quiso que la reunión de intercambio entre su escuela y la de su prima estuviera a la vuelta de la esquina. Decidió que aprovecharía ese evento para humillar a aquel Omega, dejarlo en evidencia y vengar a su prima mayor.

A Keith solo le faltaban unos meses para llegar a la etapa adulta. En ese momento se encontraba en una fase en la que sus niveles hormonales se disparaban, volviéndolo extremadamente inestable tanto a nivel físico como psicológico. Esta era una etapa por la que todos los Alfas debían pasar al acercarse a la adultez. En este período, aún no lograban adaptarse al aumento repentino de hormonas; sus emociones eran volátiles, se irritaban con facilidad y solían actuar por instinto sin usar la cabeza.

Siguiendo la descripción de su prima, buscó por toda la reunión a un Omega de cabello y ojos oscuros. Tras mucho buscar, lo vio salir de un rincón preparándose para marcharse, así que corrió a interceptarlo. Sin embargo, el Omega ignoró sus provocaciones por completo y continuó caminando a grandes zancadas hacia la salida. En ese momento, con la cabeza caliente y presa de la impaciencia, Keith lo agarró del hombro. Fue un acto totalmente inconsciente; su única intención inicial era detenerlo.

Tocar el cuerpo de un Omega desconocido sin su consentimiento era una falta de respeto gravísima. Cuando se dio cuenta de su error, ya era demasiado tarde: Ye Jun ya lo había arrojado al suelo.

Incluso en las clases de combate cuerpo a cuerpo de la escuela, rara vez era derribado por un Alfa. Le resultaba imposible creer lo que acababa de suceder, pero la repetición del video frente a sus ojos se lo recordó sin piedad: un Omega lo había tirado al suelo con una limpieza absoluta, y para colmo, delante de un montón de compañeros.

Cuando el general De Rossi entendió toda la situación, sintió unas ganas inmensas de darle una paliza a su descerebrado hijo.

En cuanto al asunto entre el general Rafal y su sobrina mayor, aunque le parecía una lástima, sabía que el proceder del general había sido intachable. Él mismo había traído de vuelta a Lina en su momento y la había rechazado de forma tajante.

La familia Felton y la familia Rafal habían tenido sus diferencias debido a este asunto, pero esos eran problemas de otros clanes. ¿Qué necesidad tenía su hijo de meterse donde no lo llamaban? Menos mal que no le había causado ningún daño al Omega, o le habría resultado completamente imposible darle la cara al general Rafal.

—¡Idiota! ¿Y todavía buscas excusas? ¿Aún no te das cuenta de dónde te equivocaste? —reprendió el general De Rossi a su decepcionante hijo.

—Tu comportamiento no solo fue una ofensa, sino un acto provocador y agresivo. Siendo un Alfa, actuar así con un Omega… ¿Dónde está tu educación? ¿Tus modales? ¿Dónde está tu consciencia como Alfa?

Aquella avalancha de reprimendas dejó a Keith paralizado en el sitio.

Solo entonces logró despertar de su abismal vergüenza y comprendió la estupidez que había cometido. Utilizar su ventaja como Alfa para provocar e intimidar a un Omega débil era algo que ningún Alfa decente haría jamás. No se trataba solo de una deshonra personal, sino de una mancha para toda la familia De Rossi.

Tanto en su familia como en la escuela, le habían enseñado desde niño que en el futuro debía convertirse en un verdadero Alfa: proteger a los débiles, defender la justicia y la equidad, y salvaguardar a la Federación. Ese era el deber innato de todo Alfa.

Los habitantes de la Galaxia Butterfly creían que Dios había dotado a los Alfas de genes excelentes, cuerpos robustos y una poderosa fuerza mental para que se convirtieran en los guerreros más valientes y los guardianes más implacables de la Federación, no para que usaran esas ventajas innatas con el fin de abusar de los más débiles y satisfacer sus propios caprichos.

—¡Ve a disculparte de inmediato! —rugió el general De Rossi.

Keith, con el rostro enrojecido, caminó hasta pararse frente a Ye Jun.

—Lo siento —dijo con la cabeza gacha—, me disculpo por mi comportamiento ofensivo.

—¡Dilo más fuerte! —bramó el general De Rossi.

Keith se enderezó de un salto, miró directamente a los ojos de Ye Jun y alzó la voz.

—¡Lo siento, me disculpo por mi comportamiento ofensivo! No tuve presentes las normas de conducta de un Alfa ni supe respetar y proteger a un Omega en todo momento y bajo cualquier circunstancia. Me disculpo sinceramente por mis acciones, por favor, perdóname.

—General Rafal. —Keith levantó la mirada hacia él y habló con solemnidad—. Siento una profunda vergüenza por haber ofendido a su pupilo. Mis acciones le han causado daño y han avergonzado a mi escuela y a mi familia. Le ruego sinceramente que me perdone.

Aunque se sentía sumamente humillado, Keith sabía que debía demostrar la entereza de un Alfa. Tenía que asumir la responsabilidad de sus errores como un verdadero Alfa y responder por la deshonra que había atraído sobre su escuela y su familia.

En ese instante, comprendió de súbito el lema de su alma mater, la escuela Ashley: “Responsabilidad, Honor, Federación”. Ese era el código de conducta supremo de un Alfa.

Al ver la mirada decidida del chico, Ye Jun fue incapaz de pronunciar ninguna palabra de condena.

—Te perdono —dijo dirigiéndose al joven que tenía enfrente—, y también me disculpo por mi reacción desmedida. Espero no haberte lastimado.

El general Rafal posó su mirada sobre Keith, y este agachó la cabeza nada más devolverle el contacto visual. No era por cobardía, sino porque le resultaba imposible soportar aquella mirada: era la mirada de un verdadero soldado, de un Alfa auténtico. En comparación, él no era más que un chiquillo inmaduro.

—Como aún eres menor de edad, te perdono —declaró el general Rafal con frialdad—. Pero si hay una próxima vez, no seré indulgente. ¡Para convertirte en un Alfa de la Federación, aún te falta mucho!

El orgullo que había brotado en el pecho de Keith tras su discurso se desvaneció poco a poco. Al encontrarse con los ojos del general, comprendió que aún le quedaba un largo camino por recorrer.

—Le agradezco su consejo, general Rafal. Me esforzaré para convertirme pronto en un verdadero Alfa —afirmó Keith, levantando el rostro con determinación.

Rafal se mostró relativamente satisfecho con la reacción del muchacho y asintió hacia el general De Rossi, indicándole que disculpaba el agravio.

El general De Rossi dejó escapar un suspiro de alivio. Al menos no se había ganado la enemistad de la familia Rafal. Era bien sabido que dicho linaje tenía una inmensa influencia en el ejército, y enemistarse con ellos habría sido una estupidez enorme. Además, su hijo había aprendido una valiosa lección de todo ese asunto; en comparación con perder un poco la cara frente a todos, ese era un precio bastante bajo.

Cuando el general Rafal y el general De Rossi se marcharon con sus respectivos pupilos, el director Donald y la escuela Ashley suspiraron aliviados. Menos mal que el joven Keith había mostrado una buena actitud al admitir su error y que ambas familias no se habían distanciado por ello; ese era el mejor desenlace que la institución podría haber esperado.

Sin embargo, al pensar en cómo mitigar de manera efectiva el impacto que tendría aquel incidente de ahí en adelante, ambos directores cruzaron miradas y soltaron un largo e involuntario suspiro.

—Siento que hayas tenido que pasar por eso. —Rafal estrechó con fuerza al chico en sus brazos apenas entraron en la cabina de vuelo. En el fondo, deseaba con toda su alma volver a lanzar a Keith contra el suelo. ¡Atreverse a tocar a su Omega! Fuera intencional o no, era algo imperdonable.

No obstante, el otro no era más que un niño. Reprimió su ira, pero la indignación se volcó hacia sí mismo. ¿Qué clase de Alfa era, si ni siquiera podía proteger a su propio Omega?

—Lamento mucho que hayas salido lastimado por mi culpa. —Rafal hundió la cabeza del chico contra su pecho.

Ye Jun percibió el intenso remordimiento de la otra parte y se apresuró a consolarlo.

—No me afectó en absoluto, de verdad.

Rafal no dijo nada.

De no haber sido por el relato de Keith, habría olvidado por completo a esa tal Lina; ni siquiera recordaba qué aspecto tenía. Recordó vagamente que, en efecto, una Omega había viajado al Planeta Xue’ai para buscarlo. Sin embargo, por respeto a la familia Felton, la había llevado de regreso personalmente y la había rechazado de forma categórica.

Desde que llegó a la edad adulta, se había topado con muchos Omegas, pero ninguno le había dejado una impresión duradera. Solo el Omega que tenía frente a él se había grabado a fuego en su interior, adueñándose de su corazón por completo.

A partir de entonces, prestaría mucha más atención a sus propias acciones. Jamás permitiría que algo similar volviera a ocurrir ni dejaría que su pequeño Omega sufriera ningún agravio por su culpa.

En cuanto a la escuela Saint Feis, su intención original al inscribir a Ye Jun había sido darle la vida que más deseaba. Sin embargo, olvidó que las escuelas de Omegas tenían una larga tradición de organizar intercambios periódicos con las escuelas de Alfas.

Esta vez, Ye Jun había captado la atención de Keith por su culpa, pero tal vez la próxima vez llamaría la atención de un Alfa por sus propios méritos. Sabía a la perfección lo sobresaliente y cautivador que era su pequeño Omega.

En el Planeta Capital había incontables Alfas nobles a punto de alcanzar la mayoría de edad o que acababan de hacerlo, y cada uno de ellos era un potencial rival amoroso. No podía garantizar que Ye Jun no se enamorara de alguno; al fin y al cabo, tenían edades similares y compartirían muchos más temas de conversación que con él.

Debía hacerle saber sus sentimientos lo antes posible. Aunque aún faltaba tiempo para que alcanzara la mayoría de edad, si no aseguraba su posición junto a él, Rafal sentía que viviría en un estado de crisis permanente.

Ye Jun permitió en silencio que Rafal lo abrazara. Le pareció palpar vagamente las emociones del general; aunque no lograba discernirlas con claridad, podía sentir que lo necesitaba, y que él también lo necesitaba a cambio.

Después de haber estrellado a aquel Keith contra el suelo frente a todos, se sintió tan tenso como asustado. ¿Le causaría problemas a Rafal con semejante acción? El chico provenía de una familia noble; si por culpa de sus palabras o actos Rafal se ganaba la enemistad de ese clan, se culparía toda la vida.

Además, temía que su comportamiento atrajera miradas indiscretas. A fin de cuentas, ¿no era demasiado sorprendente que un Omega hiciera algo así en la Galaxia Butterfly? ¿Podría haber delatado su verdadera identidad? El primer día de clases, Rafal le advirtió que debía ser extremadamente cuidadoso para no revelar su origen.

Pero lo más importante de todo: ¿pensaría Rafal que era un bicho raro por lo que había hecho? Le importaba un comino lo que pensaran los demás, pero le resultaba insoportable la idea de que Rafal también lo mirara como a una rareza.

—Lo siento, no actué con cuidado como me pediste. —Ye Jun agachó la cabeza, desanimado.

—No, hiciste lo correcto.

—Entonces… ¿no te parece que mi comportamiento fue un poco extraño? —preguntó con vacilación.

—Para nada. —Rafal buscó los ojos del chico—. Sé que en la Tierra ustedes no son tan frágiles como los Omegas de aquí. Tu comportamiento de hoy me hizo muy feliz, estuviste increíble y fuiste muy valiente.

Ye Jun bajó la mirada, un tanto avergonzado.

—Espero que esto no sirva para que descubran mi identidad.

—No tengas miedo, estoy aquí. —Rafal le palmeó la espalda con suavidad—. No dejaré que nadie vuelva a lastimarte.

—Mhm.

Rafal no pronunció una sola palabra de reproche ni cuestionó sus actos. De principio a fin, solo se había preocupado por él, había temido por su bienestar y le había demostrado una fe absoluta. Una sensación sumamente peculiar inundó su corazón; la tolerancia, la confianza y la protección incondicional que Rafal le profesaba despertaban en él el deseo de ahogarse en ese cálido abrazo para el resto de su vida.

Anterior: Capítulo 16

Siguiente: Capítulo 18


Descubre más de Chacanna Traducciones

Suscríbete para recibir las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in ,

Deja un comentario

Descubre más de Chacanna Traducciones

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Continuar leyendo