Un accidente en la reunión de intercambio interescolar

Al día siguiente, cuando Ye Jun entró al aula, descubrió que todos sus compañeros se habían arreglado esmeradamente. Cada uno llevaba trajes hermosos; en especial las dos chicas, cuyos atuendos eran tan deslumbrantes y voluminosos que nadie se atrevía a acercarse a menos de dos metros por miedo a pisar por accidente el dobladillo de sus faldas.

La comisura de sus labios tembló levemente. En realidad, por lo general ya eran bastante atractivos a la vista; después de todo, el atractivo físico de un Omega solía ser excepcionalmente alto. Sin embargo, hoy era evidente que este grupo de Omegas adolescentes había puesto todo su empeño en exhibir su encanto.

Vestido con su uniforme escolar, Ye Jun atrajo la atención de todos apenas cruzó la puerta. Un par de compañeros incluso tuvieron la amabilidad de recordarle si acaso había olvidado que hoy era el día de intercambio.

Tras agradecerles, se dirigió hacia su asiento. A lo lejos, escuchó vagamente a Liya murmurar:

—Solo es una táctica para hacerse el especial, ¡hmp!

Ye Jun se quedó sin palabras.

Al sentarse en su lugar, notó que Carniel también se había puesto un traje formal, luciendo mucho más llamativo de lo habitual.

Carniel le sonrió.

—¿Piensas ir a la reunión vestido así? ¿No prefieres ir a casa y cambiarte de ropa?

Ye Jun negó con la cabeza. La verdad era que no tenía el más mínimo interés en ninguna reunión de intercambio entre Omegas y Alfas; si de él dependiera, prefería aprovechar ese tiempo quedándose en el aula a leer.

No obstante, la Academia San Feis no permitía que los estudiantes se ausentaran del evento por cuenta propia. A menos que ya estuvieran comprometidos con un Alfa, la asistencia era estrictamente obligatoria para todos.

Poco después, la profesora Jacqueline entró al salón. Se mostró sumamente satisfecha con el esfuerzo que los alumnos habían invertido para la ocasión. Al ver a Ye Jun, una fugaz sorpresa cruzó su rostro, pero no hizo ningún comentario al respecto.

Les explicó a los estudiantes la información básica sobre la Academia Ashley, cuyos alumnos asistirían al encuentro, repasó un par de normas de comportamiento y luego los guio hacia el recinto.

***

La reunión se llevaba a cabo en una villa dentro de las instalaciones del campus. Al llegar, Ye Jun no pudo evitar asombrarse por el inmenso esfuerzo que la escuela había invertido: la decoración era ridículamente lujosa, calcada de una auténtica fiesta de la alta sociedad. Con razón todos lo miraban como si fuera un bicho raro.

Todos los presentes, tanto Omegas como Alfas, vestían de gala. Los Alfas, en particular, se habían esmerado al máximo en pulir su apariencia; al fin y al cabo, la población de Omegas era inferior a la de Alfas. En la práctica, ellos eran como cortes de carne en un mostrador: cualquier Omega podría elegir su pedazo, pero no todas las piezas de carne lograrían ser seleccionadas.

Consciente de su situación, Ye Jun se refugió discretamente en un rincón, tomó un plato y se dedicó a buscar comida. Aunque no le molestaba la idea de hacer amigos de su edad, era obvio que ese grupo de Alfas había asistido con la firme intención de buscar esposa. No tenía ninguna intención de unirse a ese espectáculo; deseaba fervientemente pasar desapercibido.

Carniel se quedó a su lado. Era de carácter introvertido y torpe con las palabras; en lugar de intentar conversar con Alfas desconocidos, prefería resguardarse en aquel rincón, observando en silencio a cierta persona a la distancia.

Ye Jun notó la dirección de su mirada y también se giró para observar. Un grupo de Alfas conversaba entre sí; y aunque apenas eran menores o recién llegados a la adultez, su excelente crianza les permitía desenvolverse en aquel entorno formal con absoluta naturalidad.

Entre ellos, había un Alfa que le resultó extrañamente familiar. No tardó en darse cuenta de que se trataba del mismo chico que Carniel dibujaba en su cuaderno. Era alto, de facciones apuestas y desprendía un aura extraordinaria. Rodeado por otros Alfas y Omegas, cada uno de sus movimientos destilaba la elegancia y la serenidad propias de un linaje aristocrático, haciéndolo destacar de inmediato.

Suponiendo que Ye Jun ya lo había reconocido, Carniel desvió la mirada, con un ligero rubor de vergüenza tiñéndole las mejillas.

Para evitar incomodar a su compañero, Ye Jun dejó de mirarlos. Tomó un bocadillo y se lo ofreció.

—Esto sabe bien, pruébalo.

Garnier aceptó el dulce y lo comió en silencio.

Ya había pasado un buen tiempo desde su llegada al planeta capital. Gracias a que el robot doméstico analizaba cada ingrediente a diario, la gran mayoría de los platillos resultaban seguros para su consumo, por lo que ya se había adaptado por completo a la comida y los hábitos dietéticos del lugar.

Se dio cuenta de que varias parejas de Alfas y Omegas ya habían salido al jardín y charlaban sentados en los bancos bajo la sombra de los árboles.

—Carniel, salgamos un rato. Hay demasiada gente aquí y el ambiente es sofocante —propuso Ye Jun, intuyendo que el estado de ánimo de su amigo había decaído.

Carniel asintió. Ambos dejaron sus platos, se limpiaron las comisuras de los labios y caminaron juntos hacia la salida.

***

Para llegar a las puertas del gran salón, tenían que abrirse paso entre la multitud. Ye Jun caminaba al frente, atravesando con soltura los grupos de Omegas y Alfas elegantemente vestidos. Justo cuando estaban a punto de alcanzar la salida, un Alfa gritó de repente:

—¡Tú, el Omega de pelo negro! ¡Detente ahí mismo!

Ye Jun lo ignoró y siguió caminando. No conocía a aquel Alfa en absoluto, y lo que más detestaba en el mundo era que se refirieran a él simplemente como “Omega”.

Sin embargo, el otro fue más rápido y, con unas cuantas zancadas, se interpuso en su camino.

—¿Así que tú eres ese Omega llamado Ye algo? —escupió el Alfa. Era un joven de gran estatura y lo miraba con profunda altivez.

—Tampoco eres la gran cosa. No sé qué clase de trucos sucios usaste para convertirte en el pupilo del general Rafal —añadió, su tono cargado de un evidente desprecio e insolencia.

Sin ganas de lidiar con una provocación tan absurda, Ye Jun apenas le dirigió una mirada helada, lo esquivó y continuó su camino hacia el exterior.

Al ver que aquel insignificante Omega tenía la osadía de ignorarlo y marcharse sin mostrarle el más mínimo respeto, el joven sintió que su dignidad como Alfa había sido severamente desafiada.

Dio un paso apresurado y agarró bruscamente a Ye Jun por el hombro. Era un gesto inaceptablemente descortés, pero era evidente que no le importaba o, peor aún, que lo hacía a propósito.

—¡Omega, te dije que te detuvieras!

Aquel Alfa a sus espaldas no paraba de llamarlo Omega con una arrogancia insufrible, utilizando su ventaja física y de estatura para someterlo y cerrarle el paso. De pronto, una oleada de rabia intensa se apoderó de Ye Jun. Sin dudarlo, apresó la muñeca que lo sujetaba, bajó su centro de gravedad y, tirando con ambas manos para aprovechar el propio impulso de su agresor, lo proyectó violentamente contra el suelo.

El enorme cuerpo del Alfa impactó contra el suelo con un estruendo sordo. Un silencio absoluto cayó sobre el salón; todos los presentes giraron la cabeza para contemplar la escena.

Un Omega de cabello oscuro y vestido con el uniforme escolar permanecía de pie, inquebrantable, mientras a sus pies yacía tendido un Alfa en un estado lamentable. Al mirar con mayor atención, la multitud descubrió que se trataba nada menos que del joven maestro de la familia De Rossi, Keith.

—¡Ah! —Un grito desgarrador rompió el silencio. Liya estaba plantada entre la multitud, cubriéndose la boca con horror—. ¡¡¡Primo!!!

***

Keith se levantó del suelo a toda prisa, completamente desorientado. Clavó la mirada en el Omega frente a él, que era media cabeza más bajo. Toda su insolencia previa había desaparecido con la caída; ahora solo quedaba una densa mezcla de humillación y furia que lo dejó sin habla durante un largo rato.

La profesora Jacqueline y un grupo de guardias de seguridad se apresuraron a intervenir. Escoltaron a ambos fuera de la fiesta y pidieron a los invitados que no permitieran que aquel desafortunado incidente los perturbara, instándolos a continuar con la velada.

El silencioso recinto pareció presionar un botón de reinicio. El murmullo no tardó en resurgir, esta vez mucho más ruidoso y caótico que antes, e incluso los Omegas y Alfas que se habían escabullido al jardín regresaron corriendo al interior.

—¡Dios mío, ¿qué acabo de ver?!

—¿Qué pasó? ¿Por qué Keith cayó al suelo de repente?

—¿No lo viste? Fue derribado por ese Omega de ojos oscuros.

—¡Tonterías, eso es imposible!

—Estabas de espaldas, pero si no lo hubiera visto con mis propios ojos, tampoco lo creería. Lo estampó contra el piso en un abrir y cerrar de ojos, ¡y eso que Keith es media cabeza más alto que él!

—Es asombroso. ¿Quién es ese Omega?

—Ni idea.

Otro Omega se acercó y aportó al chisme:

—Es el nuevo estudiante de nuestra clase, se llama Ye Jun.

Una multitud más densa se congregó alrededor de ellos.

—¿Ye Jun? Qué nombre más raro. ¿De qué familia proviene? Nunca había oído hablar de él.

—Su tutor legal es el general Rafal.

—¿El general Rafal? ¡Imposible, todos en la capital saben que él no tiene ningún interés en los Omegas!

—Quién sabe, ¿quizás ese Omega tenga alguna habilidad especial?

—Escuché que proviene de un planeta fronterizo y remoto llamado Tierra.

—Tiene sentido. He oído que muchos alienígenas poseen habilidades extrañas.

—Debe ser eso. Ya decía yo, que un Omega pudiera derribar a un Alfa iba completamente en contra del orden natural.

—¡Exacto, exacto!

Si Ye Jun hubiera seguido allí, seguramente se le habría caído la mandíbula de la impresión al escuchar las deducciones de sus compañeros. ¿Habilidades especiales? Esos chicos tan ingenuos sí que tenían una imaginación desbordante; él solo había utilizado uno de los movimientos más básicos del taekwondo.

De niño, su salud había sido frágil, por lo que su padre lo había inscrito en un dojo para que entrenara durante un tiempo. Su nivel no era el de un maestro, pero bastaba para la defensa personal. Más adelante, al unirse al programa aeroespacial juvenil, había recibido entrenamiento intensivo para potenciar su flexibilidad, agilidad y velocidad de reacción.

Ese Alfa de hace un momento parecía intimidante por su tamaño, pero al tener la guardia completamente baja, le resultó fácil usar la propia inercia del chico en su contra. Si el oponente hubiera estado a la defensiva, no habría logrado derribarlo con tanta facilidad.

Ye Jun lo había notado al momento de sujetarle la muñeca: la condición física del chico era excepcional, claramente enfocado en la fuerza bruta. Si el Alfa hubiera estallado de ira y se hubieran enfrascado en una pelea real, él no habría sido rival en absoluto.

***

En la oficina de la dirección, Ye Jun y Keith permanecían de pie frente al director Donner, separados por una distancia prudente y profesándose un profundo desagrado mutuo.

El director de la Academia Ashley también estaba presente. El director Donner los escrutó con severidad.

—¿Qué fue lo que pasó?

Ninguno de los dos pronunció palabra. Ye Jun, por su parte, no sabía qué decir.

¿Debía quejarse de que un Alfa lo había tratado de manera irrazonable? Aquello sonaba como los lamentos de una doncella acosada.

Keith, por el contrario, estaba demasiado avergonzado para abrir la boca. Solo Dios sabía cuánto deseaba que la tierra se lo tragara. Un Alfa, derribado por un Omega a la vista de todos, y que además a duras penas había logrado ponerse en pie… Era una deshonra que jamás podría borrar en toda su vida.

—Si se niegan a hablar, no me quedará más remedio que mandar llamar a sus tutores legales —advirtió el director Donner, implacable—. Además, el responsable de este altercado enfrentará un severo castigo disciplinario.

Aunque ambos estudiantes provenían de linajes aristocráticos, el director Donner había tratado con un sinfín de familias ilustres en su carrera, por lo que no pensaba encubrir a ninguno de los dos. Sabía perfectamente que un escándalo de esa magnitud, originado en el encuentro de dos academias de élite, correría como la pólvora; y si no lo manejaba con mano de hierro, el prestigio de San Feis sufriría un daño irreparable.

Anterior: Capítulo 15

Siguiente: Capítulo 17


Descubre más de Chacanna Traducciones

Suscríbete para recibir las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in ,

Deja un comentario

Descubre más de Chacanna Traducciones

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Continuar leyendo