—Oye, abrázame por la cintura —dijo el guardia escolar, girando la cabeza hacia Li Chengxiu mientras pedaleaba.
—¿Ah? —Li Chengxiu se quedó pasmado.
—Te dije que me abraces por la cintura. Acabo de beber un poco de alcohol y no voy muy estable en la bicicleta. ¿Qué pasa si te caes?
Li Chengxiu dudó un momento; su mano, que originalmente se aferraba al marco de la bicicleta, pasó a agarrar la ropa del hombre.
—Te dije que me abraces —enfatizó el guardia escolar—. Sí, acércate más. Si te caes por los baches, no me haré responsable.
Al estar más cerca, efectivamente pudo oler el aliento a alcohol que emanaba de él, mezclado con olor a sudor, resultando sumamente penetrante. Li Chengxiu frunció el ceño y envolvió ambas manos alrededor de su cintura.
El guardia soltó un par de carcajadas y, de repente, palmeó el dorso de las manos del chico.
—Así está mejor. Si te cayeras, me dolería el corazón. Qué buen niño eres.
Li Chengxiu sintió un escalofrío; algo en su interior le resultaba extraño.
Durante todo el trayecto, el guardia no hizo más que buscar conversación de la nada, mientras Li Chengxiu respondía a medias con cualquier sílaba.
Tras pedalear durante media hora, el guardia se quejó un par de veces de que estaba demasiado cansado, por lo que ambos se bajaron a caminar. En el camino hacia el barrio antiguo, a altas horas de la noche, la presencia de gente era cada vez más escasa. Incluso las luces de la calle eran muy tenues; la visibilidad no superaba los diez metros y el ambiente lúgubre daba miedo.
El guardia apoyó una mano en el hombro de Li Chengxiu y bajó la cabeza para contarle anécdotas de la escuela. Su rostro se acercaba cada vez más, y su cuerpo se pegaba más al del chico.
La inquietud en el pecho de Li Chengxiu crecía a cada instante. No sabía si estaba imaginando cosas de más, pero sentía que la actitud del guardia hacia él era un poco extraña. Además, el olor a alcohol que desprendía era asfixiante, y realmente no deseaba estar tan cerca de él.
Justo mientras pensaba en ello, la mano del guardia se deslizó repentinamente desde su hombro hasta su cintura, abrazándolo con suavidad.
Li Chengxiu se sobresaltó e intentó apartarse de un salto.
Sin embargo, el guardia escolar no lo soltó; por el contrario, se acercó a él con una sonrisa lasciva.
—Dime, eso que dicen de que eres… homosexual, ¿es verdad o no? Dímelo a mí, no te preocupes, no se lo contaré a nadie.
El rostro de Li Chengxiu palideció por completo. Lo empujó con fuerza.
—¿Qué… qué está haciendo?
El guardia soltó la bicicleta de golpe y agarró los brazos de Li Chengxiu con ambas manos como si fueran tenazas. Una expresión feroz asomó de repente en su rostro.
—Te estoy acompañando a casa a altas horas de la noche, y ni siquiera estás dispuesto a conversar un rato conmigo. ¿Qué pasa? ¿Acaso no puedo preguntar? —Mientras hablaba, deslizó sus manos para tocar el trasero de Li Chengxiu, masajeándolo con impaciencia y diciendo en tono obsceno—: En realidad, siendo tan afeminado, seguro que a los hombres les gustas…
Li Chengxiu dejó escapar un grito. Jamás se imaginó que se encontraría con una situación tan asquerosa.
Forcejeó desesperadamente en los brazos del guardia escolar, gritando por ayuda a todo pulmón.
Al ver que se encendían las luces de varias casas cercanas, el guardia se puso ansioso. Levantó la mano y le asestó una bofetada tan despiadada que obligó a Li Chengxiu a tragarse sus gritos de vuelta al estómago.
Li Chengxiu solo sintió un dolor agudo y punzante en el oído, seguido de un zumbido incesante. No obstante, en ese momento no tenía tiempo para preocuparse por ello. Mientras lloraba y gritaba por auxilio, usó todas las fuerzas que le quedaban para lanzar puñetazos y patadas sin ningún orden.
En medio del caos, los insultos y los golpes llovieron sobre su cuerpo. Soportando el dolor, se arrastró hacia atrás usando tanto las manos como los pies.
Poco después, el dolor físico se detuvo, seguido de unos pasos desordenados y el sonido de una bicicleta alejándose a toda prisa.
Li Chengxiu se abrazó la cabeza y se acurrucó hecho un ovillo. Quedó tendido en el suelo frío y húmedo, inmóvil como un cadáver durante mucho tiempo.
El llanto fragmentado sonaba excepcionalmente desolador en la noche silenciosa. Los sollozos pasaron de ser tenues a intensos y, al alcanzar el punto máximo de dolor, se detuvieron abruptamente, convirtiéndose en un ahogo. Las lágrimas formaron un pequeño charco debajo de su cuerpo. La sensación de humedad y la tristeza cabalgaron juntas, atravesando el oscuro mundo de los sueños.
Li Chengxiu despertó llorando de su pesadilla. Sintió todo el rostro empapado; la funda de la almohada bajo su cabeza estaba tan húmeda que resultaba sumamente incómoda.
Se secó las lágrimas del rostro con las manos y descubrió que se había quedado dormido por accidente sin siquiera apagar la luz. Además, había soñado con un montón de recuerdos que no deseaba rememorar. Por un instante, sintió como si hubiera pasado toda una vida, y hasta confundió los límites entre los sueños y la realidad.
Una vez que logró recobrar la compostura, se levantó tambaleándose de la cama y fue a servirse un vaso de agua.
No sabía cuánto tiempo había llorado, pero tenía la garganta seca y ronca.
Primero apagó la luz, y luego, envolviéndose en su ropa y sosteniendo el vaso de agua, se quedó mirando la luna en el exterior, aturdido.
Aquella noche a sus catorce años fue, probablemente, la más larga de toda su vida.
Cuando llegó a casa después de caminar durante más de dos horas mientras lloraba, descubrió a su madre inconsciente en el suelo, con espuma saliéndole de la boca.
Con la ayuda de sus vecinos la llevó al hospital. Los médicos trabajaron frenéticamente durante toda la noche. Tras una espera en la que no pegó el ojo ni un segundo, a la mañana siguiente le informaron que su madre había sufrido un derrame cerebral a causa del alcoholismo excesivo y había quedado completamente paralizada.
En aquel momento, sosteniendo aquel delgado historial médico, se sentó en el hospital y prorrumpió en un llanto amargo. Lloró con tanta desolación que el cielo y la tierra parecieron oscurecerse, hasta que al final debió de desmayarse por el llanto. Recordaba que, en el pasado, sin importar lo difícil que fuera la situación, siempre se había esforzado por ser independiente y fuerte, creyendo que los cielos recompensaban el trabajo duro y que en el futuro obtendría su justa recompensa. Pero, en aquel instante, pensando en los ochocientos cuarenta y tres yuanes de ahorros que tenían en casa, recordando las miradas de sus compañeros de clase que lo veían como a una cucaracha o a una rata, y evocando la espeluznante risa de aquel guardia escolar, desde el fondo de su corazón, quiso morir. Deseó la muerte con una intensidad abrumadora.
Era demasiado joven en esa época. No podía comprender por qué su vida era tan miserable; no lograba entender por qué, a pesar de no hacerle daño a nadie ni cometer actos de maldad, a nadie le agradaba. Era incapaz de asimilar qué sentido tenía seguir existiendo de esa manera.
Había demasiadas cosas que no lograba descifrar, y la realidad tampoco le concedió tiempo para meditar en ellas.
Simplemente despertó de su llanto y, en el transcurso de una semana, vendió la vieja casa familiar a un precio ínfimo para empezar a pagar el tratamiento de su madre. En cuanto al problema en su oído derecho causado por los golpes de aquel guardia escolar, no tuvo tiempo para atenderlo.
Desde ese día, jamás volvió a pisar la escuela.
Su madre se convirtió por completo en una mujer impedida. Permanecía delirante todo el día, incapaz de reconocer a nadie y sin poder controlar sus esfínteres. Él regresó a su pueblo natal para pedir dinero prestado a sus familiares; rogó puerta por puerta, arrodillándose prácticamente desde el principio hasta el final de la aldea.
Aún recordaba que, en su punto de mayor agotamiento, llegó a tener tres trabajos al día para poder cubrir las altísimas facturas del hospital.
Aun así, después de un año de hospitalización, ya no pudo seguir pagando. Sus parientes del pueblo le cerraban la puerta en la cara en cuanto lo veían. Por más que trabajara veinticuatro horas seguidas sin descanso, lo que ganaba en un día no era suficiente para cubrir un solo día de su madre postrada en el hospital.
Sin otra opción, no tuvo más remedio que llevar a su madre de vuelta a la casa que alquilaba para cuidarla él mismo.
No pasaron muchos meses antes de que su madre falleciera.
En ese entonces, se encontraba verdaderamente arruinado y en la más absoluta soledad. Aparte de la desesperación, no le quedaba nada.
Afortunadamente, un maestro del restaurante donde trabajaba lo trató con bondad y le adelantó el dinero para que asistiera a una escuela culinaria a aprender el oficio. Unos años más tarde, gracias a la recomendación de aquel maestro, fue a Shenzhen a trabajar, y desde entonces se había quedado a vivir en esa ciudad.
La verdad es que no había pensado en esas cosas durante muchísimos años. Si Shao Qun no hubiera vuelto a aparecer, ya casi las habría olvidado por completo.
Si esto sería una bendición o una desgracia, era imposible saberlo hasta el último momento. Él se sentía bastante satisfecho con su vida actual; pronto terminaría de pagar las deudas con sus parientes y sentía que sus días eran bastante buenos.
Sin embargo, cuando Shao Qun apareció, su instinto le provocó inquietud. Quizás, habiendo sido mordido una vez por una serpiente, le aterraba que Shao Qun volviera a levantar enormes maremotos en su vida. Pero Shao Qun seguía siendo exactamente igual que al principio: no le daba la más mínima oportunidad para negarle la entrada.
Li Chengxiu abrazó su vaso y se quedó absorto. Al otro lado de la ventana solo se veía la pared manchada del edificio de enfrente; no era un panorama digno de admirar, pero sus ojos parecían clavados en él.
Se suponía que hoy ya estaba exhausto tanto física como mentalmente, pero ahora, irónicamente, era incapaz de conciliar el sueño.
Pronto llegó el sábado. Después de pensarlo una y otra vez, Li Chengxiu decidió ir a trabajar de todos modos.
Sentía que no debía acatar todo lo que Shao Qun dictara. Además, aquel día tampoco le había prometido que pediría permiso por sus asuntos.
Para su sorpresa, a mitad de su turno, Shao Qun apareció de nuevo. Solo que esta vez no lo buscó directamente a él, sino que fue con su gerente.
En cuanto Li Chengxiu entró en la oficina, vio a su jefe, el presidente Chen, sentado con Shao Qun. Ambos charlaban animadamente, tratándose como si fueran hermanos. El gerente Zhang estaba de pie a un lado, también con el rostro lleno de sonrisas, aprovechando cada oportunidad para adular al presidente Chen.
Apenas lo vio entrar, el gerente Zhang se apresuró a jalarlo con cálida familiaridad.
—¡Oh, maestro Li! Qué bueno que llegaste. El presidente Shao ha hecho un viaje especial solo por ti.
—Presidente Chen, presidente Shao —saludó Li Chengxiu con la cabeza gacha.
El presidente Chen soltó una carcajada.
—Xiao Li, escuché de mi hermanito Shao que no querías descuidar tu trabajo. Las cosas por allá están tan ocupadas y aun así vienes a trabajar puntualmente todos los días. Como tu jefe, tener un… general favorito como tú, es muy reconfortante, ¿verdad? Jajaja.
Li Chengxiu le echó una mirada a Shao Qun, sin saber exactamente cuáles eran sus intenciones.
El presidente Chen dejó escapar un profundo suspiro y palmeó el hombro de Shao Qun.
—Hermano Shao, te seré franco. Te lo digo de corazón: solo por ser tú. ¿Por quién más habría prestado a nuestro chef justo ahora, en el momento más atareado por la apertura de la nueva sucursal?
Shao Qun sonrió y asintió, dándole la razón.
—Hermano Chen, eres un verdadero amigo.
—Los pocos chefs principales que tengo ahora fueron transferidos del restaurante antiguo; de por sí nos falta personal, y todavía estamos contratando nuevos cocineros. En estos tiempos, es muy difícil contratar a un chef que cumpla con las expectativas, ¿no crees?
—Desde luego. No solo deben tener habilidad, sino que también tienes que encontrar la manera de retenerlos —respondió Shao Qun.
—Así es, así es. Fíjate en nuestro maestro Li; en cuanto a experiencia, es el que tiene menos antigüedad, pero entre los jóvenes, es al que le tengo más fe. ¿Sabe por qué, hermano Shao?
Shao Qun miró a Li Chengxiu con una sonrisa.
—Ilumíname, hermano Chen.
—Nuestro maestro Li no solo tiene un talento excepcional, sino que también es una persona muy obediente. La palabra “obediente” no se le puede aplicar a cualquiera. De los demás no me atrevería a hablar, pero con el maestro Li puedo asegurarlo: incluso si lo presto, no tengo miedo de que no regrese. ¿Acaso no es cierto, maestro Li? —El presidente Chen lo miró con una sonrisa radiante.
El rostro de Li Chengxiu se tensó levemente. Después de que el gerente Zhang lo empujara a escondidas, asintió con apresuramiento.
El gerente Zhang intervino rápidamente:
—Presidente Shao, nuestro presidente Chen realmente está haciendo un sacrificio doloroso. Ayer, después de su llamada, el presidente Chen me consultó sobre el impacto que tendría prestar al maestro Li por dos semanas. En ese momento yo no sabía que era usted quien lo pedía, así que me negué rotundamente. Le dije que si él faltaba, gran parte del trabajo diario del restaurante se estancaría. ¿Quién haría su trabajo? ¿Quién podría hacerlo? Era un no definitivo. Nuestro presidente Chen también estaba indeciso, pero al final dijo: “Incluso si no se puede, tiene que poderse; el presidente Shao lo necesita. Así trabajemos a pérdida estas dos semanas, tenemos que asegurarnos de que el banquete marítimo del presidente Shao salga a la perfección”. Al fin y al cabo, este es el primer gran paso del presidente Shao para adentrarse en el Delta del río de las Perlas, ¡así que debe ser un rotundo éxito!
Shao Qun se echó a reír con ganas.
—Hermano Chen, mira a tu gente, qué labia tienen. Agradezco la generosidad del hermano Chen. Dentro de dos semanas, me aseguraré de traer de vuelta al maestro Li sano, gordito y bien cuidado.
El presidente Chen respondió repetidamente que no había de qué y que era lo mínimo que podía hacer. Luego, jaló a Shao Qun para discutir sobre un activo improductivo en el distrito Panyu de Guangzhou, dejando de lado al gerente Zhang y a Li Chengxiu.
Li Chengxiu escuchó la conversación estupefacto. Entre risas y charlas lo habían alquilado como si fuera una mercancía, y ninguno de ellos se molestó en preguntarle su opinión.
El gerente Zhang tuvo el tacto de sacarlo de allí y le indicó que esperara a Shao Qun en el pasillo.
Li Chengxiu agarró al gerente Zhang.
—Gerente Zhang, esto… ¿qué está pasando? —preguntó con urgencia.
La amabilidad que el gerente acababa de exhibir en la oficina se había desvanecido por completo. Alzando una ceja, contestó:
—Oye, ¿acaso no lo entendiste todavía? El presidente Shao llamó ayer a nuestro jefe para pedirte prestado. Dijo que el tiempo apremia y que espera que vayas a trabajar con él por dos semanas; de momento, no vendrás a trabajar aquí.
El rostro de Li Chengxiu palideció. Abrió la boca varias veces, pero no logró articular palabra.
El gerente Zhang le dio unas palmaditas en el hombro.
—Xiao Li, esfuérzate. Son unas vacaciones pagadas, ¿quién más podría tener semejante suerte? Recuerda esto: si atiendes bien al presidente Shao, serás un héroe; pero si llegas a ofenderlo… Nuestro jefe tiene algunos asuntos en los que necesita su ayuda, así que bajo ninguna circunstancia debes ofenderlo, ¿entendido?
Li Chengxiu asintió con rigidez.
—Entonces quedamos en eso. Espera aquí, y cuando terminen de hablar, el presidente Shao te llevará con él.
Li Chengxiu esperó de pie fuera de la oficina por más de media hora hasta que Shao Qun por fin salió. El presidente Chen los acompañó durante todo el trayecto hasta el estacionamiento y, con suma cortesía, le cerró la puerta del auto a Shao Qun antes de despedirse con una sonrisa.
Al quedarse a solas con Shao Qun en un espacio tan reducido, Li Chengxiu se sintió invadido por una tensión repentina. Estaba tan ansioso que cada poro de su cuerpo gritaba por escapar.
Shao Qun giró la cabeza, le sonrió y luego fijó la vista al frente.
—Chengxiu, sí que eres un hombre ocupado. Hoy llamé a tu teléfono y lo tenías apagado.
—En horario de trabajo… debo apagarlo —respondió él.
—Oh… —musitó Shao Qun. De pronto ordenó—: Ponte el cinturón de seguridad.
Li Chengxiu se quedó pasmado y se giró para buscar el cinturón. Tal vez por los puros nervios, jaló de él varias veces sin lograr sacarlo.
Shao Qun emitió una leve carcajada. Con un giro de volante, detuvo el vehículo a un costado del camino. Luego, inclinó el torso hacia adelante, cruzando su brazo por encima del cuerpo de Li Chengxiu para atrapar el cinturón de seguridad.
Li Chengxiu estaba tan tenso que ni siquiera se atrevía a respirar. Pegó la espalda con firmeza contra el respaldo del asiento; de no ser porque ya no tenía a dónde retroceder, probablemente se habría echado hacia el asiento trasero solo para mantener un poco de distancia de Shao Qun.
Desde pequeño, Shao Qun había crecido con rapidez, y ahora era un hombre corpulento y de gran estatura. Sus hombros anchos bajo la camisa casual y sus brazos largos y firmes, que escondían una fuerza inmensa, estaban a solo un palmo de distancia. El aroma fresco de su loción para después del afeitado inundó las fosas nasales de Chengxiu.
La escena pareció congelarse en un instante. Shao Qun tiró del cinturón con lentitud; ladeando la cabeza, clavó su mirada profunda directamente en los ojos de Li Chengxiu. En esos orbes oscuros parecían arremolinarse miles de emociones. Li Chengxiu tenía los nervios a flor de piel; sintió incluso el impulso de cerrar los ojos.
Un movimiento tan simple se sintió eterno para Li Chengxiu. No fue hasta que Shao Qun retiró su opresión invisible y abrochó el cinturón con un clic sonoro, que por fin pudo dejar escapar un suspiro de alivio.
Pero, en ese instante, Shao Qun se inclinó de nuevo sobre él. Apoyando el codo en el respaldo y con una sonrisa de complicidad, le susurró al oído:
—¿Por qué cada vez que estás a solas conmigo… te pones tan tenso, hm?
Con el cuello rígido como una tabla y la mirada clavada al frente, Li Chengxiu no se atrevió a girarse a mirarlo.
—No es… cierto —insistió.
Shao Qun soltó una carcajada suave, enderezó su cuerpo volviendo a recostarse en su asiento y reincorporó el coche al carril de la carretera.
Ambos continuaron el trayecto en silencio.
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