Visitando al abuelo

—General Rafal, tengo una petición.

Al día siguiente, durante el desayuno, Ye Jun expresó lo que tenía en mente.

—Quiero ir a la escuela. En la Tierra, las personas de mi edad estudian diversas carreras y, al graduarse, pueden integrarse a la sociedad y trabajar. Sé que aquí las cosas son un poco diferentes para las personas con mi genética, pero espero tener la oportunidad de estudiar y, en el futuro, trabajar en la sociedad.

Ye Jun miró a Rafal a los ojos, hablando con seriedad. Lo había pensado toda la noche; para establecerse en este lugar, primero debía adaptarse a las reglas de supervivencia y aprender alguna habilidad. La mejor manera de lograrlo era ir a la escuela y luego elegir un trabajo adecuado.

Rafal lo observó durante un momento.

—Come primero. Cuando termines, ven a mi estudio.

Ye Jun se sintió inquieto, sin saber si estaba de acuerdo o no. Sabía que, en la Galaxia Butterfly, las opciones de vida para un Omega eran mucho más limitadas; rara vez continuaban trabajando después de alcanzar la mayoría de edad y la gran mayoría regresaba para dedicarse a la familia.

Pero era imposible que Ye Jun, al igual que otros Omegas, buscara a un Alfa para casarse y se quedara en casa cuidando del esposo y criando a los hijos. Poseía una mentalidad terrestre muy arraigada: un hombre debía tener su propia carrera. Incluso si había transmigrado a este lugar y lo consideraban un supuesto Omega, su perspectiva de la vida no cambiaría.

Después de comer, Ye Jun siguió a Rafal hasta el estudio del tercer piso. Rafal sacó un sobre de un cajón y se lo entregó.

—Ábrelo y mira.

Ye Jun lo tomó, lo abrió y vio que era una solicitud de admisión. En la casilla del solicitante, estaba claramente escrito su nombre.

Levantó la vista, asombrado.

—¿Usted solicitó esto por mí?

Rafal asintió.

—La Escuela San Feis es una excelente institución privada para Omegas en el planeta capital. El entorno educativo y el profesorado son muy buenos. Elegí esta escuela hace tiempo y envié la solicitud de admisión en cuanto te registraste en el censo estelar. Pensaba decírtelo después de recibir la respuesta del instituto, no esperaba que estuvieras tan ansioso.

Ye Jun apretó la carta de solicitud entre sus manos, incapaz de pronunciar una sola palabra.

—Si no hay contratiempos, recibiremos una respuesta de la escuela en tres días —continuó Rafal—. No te preocupes, tus calificaciones son excelentes, la escuela no te rechazará.

—Gracias, General Rafal —dijo Ye Jun con la cabeza gacha.

Rafal extendió la mano y acarició la coronilla de Ye Jun.

—Si necesitas algo, dímelo de inmediato.

Ye Jun no esquivó su toque.

—Eres mi… —Rafal hizo una pausa— pupilo, así que no tienes que darme las gracias.

Sintió como si su corazón estuviera sumergido en agua tibia, hinchado y cálido. Era tan afortunado de haber conocido a la persona que tenía frente a él; no solo le proporcionaba un entorno de vida cómodo, sino que también comprendía sus pensamientos e incluso tomaba la iniciativa de entregarle justo lo que deseaba.

—Haz lo que quieras hacer. —Rafal prosiguió—. Te apoyaré incondicionalmente.

—Mhm. —Ye Jun asintió con fuerza.

—Lo que necesitas ahora es esperar pacientemente y disfrutar de este hermoso tiempo antes de que empieces las clases —dijo Rafal con una sonrisa—. Acompáñame a ver a mi abuelo, tiene muchas ganas de conocerte.

—De acuerdo. —Ye Jun levantó la vista para mirarlo y también sonrió.

El viejo general Rafal vivía en el campo, muy lejos de la mansión del general, pero gracias a Moss, Rafal y Ye Jun tardaron menos de una hora en llegar.

Era un pueblo tranquilo. La cabaña de madera del viejo Rafal estaba situada al borde de un bosque, justo frente a un lago. Cuando Ye Jun y Rafal llegaron, el viejo general estaba sentado en un pequeño bote, pescando plácidamente.

En cuanto escuchó que había llegado la pareja de su nieto, el viejo Rafal se apresuró a decir:

—Motu, regresa rápido.

Motu condujo de inmediato el pequeño bote, regresando a la orilla a toda velocidad como una flecha recién disparada.

El viejo Rafal saltó a tierra y caminó a zancadas hacia Ye Jun y su nieto.

—Mocoso, hasta ahora vienes a verme. —El viejo Rafal cerró el puño y golpeó suavemente el pecho de su nieto—. Nada mal, estás más fornido.

Luego miró a Ye Jun.

—Este debe ser mi nie… ejem, ejem, el pupilo de mi nieto, ¿verdad? —El viejo Rafal captó la mirada de advertencia de su nieto y se corrigió de inmediato—. Acércate, déjame verte.

—Es un placer conocerlo, soy Ye Jun. —Saludó al viejo Rafal siguiendo la etiqueta de la Galaxia Butterfly para dirigirse a los mayores.

—Buen chico —dijo el viejo Rafal, acariciando su cabello con una sonrisa.

Motu salió de la cocina con té. Ye Jun se adelantó, lo tomó y le ofreció una taza al viejo Rafal.

El anciano examinó el comportamiento de Ye Jun: educado, de modales apropiados, desenvuelto y sereno. No era tímido ni frágil como los Omegas comunes. Cuanto más lo miraba, más le gustaba; así debía ser un Omega de la familia Rafal, con presencia y capaz de mantener el control.

Conversó un poco más con Ye Jun y cada vez le agradaba más. Rio a carcajadas y, finalmente, lo invitó a subir a su pequeño bote de pesca para llevarlo a pescar.

Rafal vio cómo el anciano y el joven lo ignoraban por completo. Negó con la cabeza, encendió su terminal óptica y comenzó a revisar el informe de trabajo diario de Norman.

Moss, al ver que su amo no tenía tiempo para prestarle atención, también se escabulló a bordo en silencio.

—Oye, mayor Motu, cuánto tiempo sin vernos.

Motu asintió.

—El ambiente aquí es genial, mucho mejor que en el planeta Xue’ai. Con razón el viejo general no quiere volver al Fuerte Kagelins; la vida aquí es demasiado relajante.

Motu lo miró de reojo.

—¿Estás muy relajado ahora?

Moss asintió apresuradamente.

—Sí, súper relajado. Me encantaría quedarme aquí para siempre, pescando y tomando té.

Motu respondió:

—Entonces ven a limpiar estos peces.

Moss se escandalizó:

—Σ( °△°|||)︴ ¡No, por favor! Solo con verlos se nota que apestan a pescado, y encima son resbaladizos.

Media hora después, el general Rafal terminó sus asuntos, levantó la vista y vio a Moss —el mecha de clase S conocido como el más formidable de la galaxia— saltando por toda la cabina del bote intentando atrapar peces, salpicándose de agua del lago y cubriéndose de escamas por todas partes.

Las habilidades de pesca del viejo Rafal eran realmente buenas; en poco tiempo, atrapó varios peces grandes. Incluso Ye Jun logró pescar uno, lo que le valió los constantes elogios del viejo general.

Ye Jun preparó el almuerzo con sus propias manos: pescado estofado en salsa de soja, sopa de cabeza de pescado y algunas verduras salteadas. El viejo Rafal comió con una sonrisa radiante. Su nieto tenía muchísima suerte de haber encontrado a un Omega tan excelente: era apuesto, tenía buen carácter, sabía cocinar y, además, podía tener hijos. Simplemente no podía ser más perfecto.

Después de comer, el viejo Rafal apartó a su nieto a un lado.

—Tienes buen ojo, muchacho. Me gusta tu chico —elogió el viejo general.

Rafal no dijo nada; se limitó a asentir, con una evidente expresión de orgullo en el rostro.

—Mocoso, no te confíes. Aún le falta para alcanzar la mayoría de edad. Más te vale vigilarlo de cerca, no dejes que otro Alfa se lo lleve —dijo el anciano a propósito, a quien no le gustaba ver a su nieto presumiendo más que él.

—Jamás permitiré que eso ocurra. —El rostro de Rafal se tornó serio—. Él es mío.

El viejo Rafal le palmeó el hombro.

—¿Cuáles son tus planes para el futuro? Aún le falta para la mayoría de edad, es imposible que se quede encerrado en casa todo el tiempo.

—Solicité su ingreso en la Escuela San Feis. Supongo que empezará las clases en unos días —respondió Rafal—. Ye Jun quiere estudiar y, en el futuro, también quiere trabajar.

—¿Esa es tu idea o la de él?

—Es suya, y también mía.

El viejo Rafal guardó silencio por un momento.

—Este pequeño es un Omega extraordinario: fuerte, independiente y con ideas propias. Un Omega así es completamente digno de nuestra familia Rafal. Sin embargo, también te advierto que dejarlo integrarse a la sociedad significa que enfrentará más peligros. Si alguien llegara a descubrir su genética, las consecuencias serían inimaginables.

—No hay ningún problema por parte del director Bain, pero no se puede negar que hay algunos científicos locos que aún no han aprendido la lección de su último fracaso, además de innumerables familias aristocráticas dispuestas a hacer cualquier cosa para tener más descendencia. —El general Rafal suspiró—. Familias como la nuestra son cada vez más escasas, la mayoría decae lentamente debido a la falta de herederos. No quiero que la familia Rafal termine igual que ellos en el futuro.

—Me alegra que me hayas dicho que no te enamoraste de él solo por sus genes. Aunque deseo que la familia prospere, no estoy dispuesto a sacrificar tu felicidad a cambio de ello —dijo el anciano con tono profundo y sincero—. Trátalo bien, es un Omega que vale la pena proteger toda la vida.

—Lo entiendo. Gracias por sus enseñanzas, abuelo —respondió Rafal con compostura.

El anciano volvió a palmearle el hombro, indicando que las palabras sobraban.

—Esta vez te quedaste tres meses en el planeta Xue’ai. Han pasado muchas cosas en el planeta capital durante este tiempo, supongo que habrás escuchado algo.

Rafal asintió.

—Las elecciones federales están a punto de comenzar y el parlamento se prepara para introducir un nuevo proyecto de ley de reforma. Es posible que el equilibrio de poder entre el gobierno federal y el estatal sufra cambios drásticos, así que debes estar preparado mentalmente —dijo el viejo Rafal con severidad—. La familia Rafal siempre ha estado a cargo del gobierno del planeta Xue’ai; sin importar cómo cambien las políticas federales, debes protegerlo a toda costa.

—No se preocupe, abuelo. —La expresión del general Rafal era igualmente seria—. Cumpliré con mis deberes hacia la familia Rafal y se la entregaré intacta a mis hijos.

El viejo general asintió satisfecho; muy bien, verdaderamente digno de ser el descendiente más destacado de la familia Rafal.

Ahora que su nieto había encontrado a un Omega como Ye Jun, el ascenso de la familia Rafal era inminente. El anciano rio complacido.

Ambos pasaron la noche en la cabaña de madera del abuelo. Al día siguiente, Rafal llevó a Ye Jun a explorar los alrededores. Este pequeño pueblo estaba rodeado de vastas extensiones de bosque habitadas por criaturas de apariencia peculiar. Ye Jun las observó con atención. Los animales no les temían y continuaban alimentándose y jugando tranquilamente. La Federación contaba con leyes de protección de flora y fauna muy completas, por lo que el derecho a la vida de los animales estaba estrictamente resguardado; al no haber humanos que los lastimaran, tampoco les temían.

Rafal tomó la mano de Ye Jun mientras cruzaban sobre troncos secos y arroyos poco profundos, hasta que encontraron un lugar llano en lo profundo del bosque para sentarse. Los árboles allí eran altos, de follaje denso, y el suelo estaba cubierto por una gruesa capa de musgo. Incluso la deslumbrante luz del sol quedaba bloqueada por la espesura, creando una atmósfera excepcionalmente apacible. Sin embargo, no era un silencio absoluto; de vez en cuando, los cantos de aves y los llamados de diversos animales resonaban en el entorno, acentuando aún más la tranquilidad del bosque.

Ye Jun permaneció sentado en silencio, sintiendo la inmensidad y la tolerancia de la naturaleza. Su interior era como la superficie de un lago en calma, donde solo una ligera brisa la rozaba ocasionalmente, provocando pequeñas ondas que no tardaban en desaparecer.

Así eran las circunstancias de la vida: los reveses eran como piedras. Sin importar cuán grande fuera la roca que se arrojara al agua, y por muy formidables que fueran las olas que levantara, al final, siempre terminaba siendo devorada por la vasta superficie acuática.

Todo lo que había vivido estaba profundamente grabado en su corazón, forjando una fortaleza interior inquebrantable; tan vasta como un bosque o un océano capaz de sostener y albergar innumerables vidas en un ciclo interminable.

Levantó la cabeza, respiró profundamente el aire fresco, se volvió hacia Rafal y le dedicó una sonrisa.

—Me gusta este lugar.

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