Ambos se quedaron petrificados.

Li Wenxun tragó saliva, y luego forzó una sonrisa, intentando aligerar el ambiente.

—Joder, no es para tanto. Es solo un maricón malagradecido, si se fue, que se vaya. Hace un rato, cuando entraba, vi a una belleza afuera con unas curvas de infarto. ¿Te la traigo para que te animes?

Shao Qun no dijo ni una palabra, sumido en su silencio.

Li Wenxun cruzó una mirada incómoda con Da Li.

Da Li le dio una palmada en el hombro a Shao Qun.

—Oye, amigo, no te pongas así. Sé que da coraje que te jueguen sucio, pero en serio, si ya se largó, déjalo ir. Hay miles mejores que él por ahí.

El alcohol ya había hecho estragos en Shao Qun. Se quedó mirando sus propias manos, y murmuró con la voz pastosa:

—Ahora no puedo encontrarlo… Mierda, juro que lo voy a encontrar.

—¡Eso es! Lo encontraremos a él y a su amante, los desnudaremos y los tiraremos en medio del centro de la ciudad para que paguen por lo que te hicieron, ¿qué dices?

Shao Qun negó con la cabeza y se agarró la cabeza, repitiendo como un disco rayado, consumido por la frustración:

—Tengo que encontrarlo.

Li Wenxun frunció el ceño. No soportaba ver a Shao Qun en ese estado de desesperación, le parecía ridículo. Decidió cambiar de tema rápidamente.

—Ya casi es Año Nuevo. ¿Qué día regresas a Beijing?

Shao Qun respondió en voz baja:

—No voy a regresar.

Da Li saltó:

—¡¿Qué dices, Shao Qun?! ¿De verdad vas a declararle la guerra a tu hermana? ¿Acaso no le temes a la paliza que te dará el viejo Shao?

Al recordar que todo el desastre con Li Chengxiu era obra de su hermana mayor, la sola idea de volver a esa casa le revolvía el estómago. Además, ¿qué tal si el asistente Zhou encontraba a Li Chengxiu en los próximos días? Tenía que estar listo para ir por él de inmediato y llevarlo a casa.

Quería pasar el Año Nuevo con Li Chengxiu. Solo ellos dos.

…

La época de Año Nuevo se acercaba, y la firma de contabilidad estaba en su punto máximo de ebullición. Los jóvenes contadores repasaban una y otra vez montañas de balances que mareaban con solo verlos, deseando poder acampar en la oficina para no perder tiempo en ir a casa.

Li Shuo no era la excepción; el trabajo lo tenía agotado, y llevaba días sin poder ir a visitar a Li Chengxiu.

Sin embargo, sabía que Li Chengxiu estaba bien. Iba al trabajo lleno de energía, como si hubiera renacido.

Aprovechando un breve receso al mediodía, decidió llamarlo.

—¿Aló? Hermano Li.

Escuchar su voz cálida y suave fue como un bálsamo para Li Shuo.

—Chengxiu, ¿estás comiendo?

—Mmm, acabo de empezar mi descanso.

—Debes estar a tope de trabajo, ¿no? Con esto de que se acerca fin de año.

—Sí, muchísimo. Todos estamos hasta el cuello.

—¿Logras seguir el ritmo?

—Sí, se puede aprender muchísimo. Todo va muy bien.

—Me alegra oír eso. Ya que te adentraste en esta profesión, es cuestión de acostumbrarse, pero me preocupaba que fuera demasiado para ti.

—No te preocupes, estoy bien.

—¿Estás comiendo a tus horas?

—Sí, quédate tranquilo. —Li Chengxiu pensó un momento antes de devolverle la pregunta—: ¿Y tú?

—¿Yo? —Li Shuo soltó una carcajada—. Sigo sobreviviendo a base de comida a domicilio. El problema es que me malacostumbraste a tus platos; ahora todo me sabe a plástico. ¿Cómo lo arreglamos?

Li Chengxiu dejó escapar una risita suave.

—Cuando estés libre, ven a comer.

—Hecho. Tan pronto tenga un hueco, ahí estaré. —Li Shuo sonreía—. Por cierto, Chengxiu, ya casi es Año Nuevo. ¿Piensas volver a tu pueblo o algo por el estilo?

Li Chengxiu guardó silencio un instante, y una sombra de tristeza se coló en su voz al responder.

—No… Ya no me queda familia allá.

—Entonces, ¿te quedarás en Shenzhen para las fiestas?

—Mmm.

—¡Qué coincidencia! Tampoco planeaba regresar a Estados Unidos este año, y Adrian también pasará el Año Nuevo aquí. ¿Qué te parece si celebramos los tres juntos?

Un nudo de emoción se formó en la garganta de Li Chengxiu. Había perdido la cuenta de cuántos años había pasado cocinando la cena de Nochevieja solo, envolviendo los jiaozi en silencio y viendo la gala de Año Nuevo por televisión en soledad.

Saber que alguien deseaba compartir esa fecha con él lo llenaba de una alegría inmensa.

Su voz vibraba de entusiasmo.

—Sí, sí. Yo prepararé… la cena de Nochevieja. Vengan los dos.

Li Shuo sonrió al otro lado de la línea. —Perfecto. Entonces, el primer día de vacaciones iremos juntos a hacer las compras para la fiesta. Hay que ir temprano, o nos aplastará la multitud.

Li Chengxiu asintió con entusiasmo.

—Claro que sí, las compras para la fiesta.

A medida que se acercaba el Año Nuevo, las temperaturas comenzaron a subir, y las calles se llenaron de un bullicio festivo. Las personas abarrotaron centros comerciales y mercados, preparándose para las celebraciones, hasta el punto de que no cabía un alfiler.

Li Shuo empujaba un carrito de compras rebosante de todo tipo de artículos, como si fuera una pequeña montaña. A su lado, Li Chengxiu observaba con resignación la interminable fila que los separaba de la caja registradora.

Li Shuo suspiró.

—Con esta fila, nos espera por lo menos media hora de espera.

Li Chengxiu asintió. Podía contar con los dedos de una mano las veces que había ido a comprar a un hipermercado; prefería los mercados de barrio, donde los precios eran más bajos. Jamás imaginó que esos supermercados se convertirían en un mar de gente en vísperas de Año Nuevo.

Apoyando los codos en el carrito, Li Shuo se inclinó ligeramente, ladeando la cabeza para observar a Li Chengxiu con una sonrisa en los labios.

Li Chengxiu se ruborizó al notar que lo observaba.

—¿Qué pasa…?

—¿Te estás divirtiendo hoy?

Li Chengxiu esbozó una sonrisa tímida.

—Mmm. —Pero de inmediato frunció el ceño con ligera preocupación—. Solo que compramos demasiadas cosas… No podremos comerlo todo.

—Claro que sí. Tenemos muchos días de vacaciones por delante. ¿Qué te parece si me instalo en tu casa a comer todos los días?

Li Chengxiu asintió y le dedicó una sonrisa llena de timidez.

Li Shuo se enderezó, interponiéndose entre Li Chengxiu y el carrito para protegerlo de la multitud, y con naturalidad, le tomó la mano, dándole un suave apretón.

Ambos intercambiaron una sonrisa cómplice y afectuosa.

Aquel cariño fluía como un río tranquilo, ganando calidez con cada pequeño acercamiento. Li Shuo, siempre haciendo gala de unos modales impecables, jamás lo ponía en una situación comprometedora ni ejercía la menor presión. Su estrategia era la paciencia, acortando distancias milímetro a milímetro, integrándose en la vida de Li Chengxiu casi sin que este se percatara.

Li Chengxiu ignoraba si sería capaz de volver a enamorarse, pero el afecto incondicional de Li Shuo lo conmovía profundamente. Su naturaleza bondadosa le impedía rechazar tamaña devoción, y por cada gota de bondad que recibía, sentía el impulso incontrolable de devolver un océano. Además, la compañía de Li Shuo era un refugio seguro, un remanso de paz.

Con Li Shuo a su lado, el pasado dejaba de ser un monstruo al que enfrentarse a solas, y quizás, el futuro también sería menos solitario.

Sin importar cuánto tiempo durara aquella compañía, Li Chengxiu se aferraba a ella con todas sus fuerzas; no estaba dispuesto a renunciar a esa calidez.

Tras soportar la fila hasta que les dolieron las piernas, por fin lograron pagar. Empujaron el carrito hasta el estacionamiento subterráneo y, tras cargar todo en la cajuela, Li Shuo lo llevó a comer.

Disfrutaron de una comida amena y relajada. Luego, como cualquier pareja, pasearon sin prisa por el centro comercial, sumando algunas compras, tanto útiles como caprichos.

Para Li Chengxiu, la filosofía consumista de Li Shuo era un completo misterio, y no podía evitar intentar disuadirlo de adquirir cosas que consideraba superfluas.

Pero Li Shuo era un hedonista nato. Podía pasarse horas debatiendo la calidad del algodón de unos calcetines o el gramaje ideal de una toalla. Con una mezcla de paciencia y humor, intentaba contagiarle a Li Chengxiu su particular visión del buen vivir.

Tras dos intensas horas de compras que hicieron las veces de ejercicio posprandial, salieron a la calle cuando el sol ya comenzaba a ocultarse.

Solo cuando sus manos no pudieron cargar ni una bolsa más, Li Shuo se dio por satisfecho. Caminaron hacia el estacionamiento charlando y bromeando. Tras acomodar las compras y subir al auto, Li Shuo soltó un bufido de exasperación al ver la fila interminable de vehículos que intentaban entrar y salir.

Les tomó varios minutos de maniobras lograr abandonar su lugar, solo para sumarse a la lenta y agotadora fila hacia la caseta de cobro.

Para matar el aburrimiento, Li Shuo encendió la radio. El locutor de la emisora de tráfico narraba una anécdota cómica sobre embotellamientos que provocó una risa cantarina en Li Chengxiu.

Li Shuo no pudo resistir la tentación. Acercó su mano y envolvió la de Li Chengxiu con la suya, comentando en voz baja:

—Tienes las manos heladas. Y eso que acabamos de salir del centro comercial.

Li Chengxiu miró su mano, ahora prisionera en la calidez de la de Li Shuo.

—Siempre tengo las manos frías.

Li Shuo sonrió.

—En cambio, mi sangre siempre hierve. Salvo que me exponga a temperaturas bajo cero, mis manos y pies son como un horno. Seré tu estufa personal.

Una sonrisa tímida asomó a los labios de Li Chengxiu.

—Gracias —susurró.

El corazón de Li Shuo dio un vuelco.

Para él, la imagen más arrebatadora de Li Chengxiu era precisamente esa: la cabeza ligeramente inclinada, la mirada esquiva y un rubor de timidez pintándole las mejillas. Era una visión tan irresistible que despertaba en él un deseo profundo de ir un paso más allá.

Li Shuo le dio un suave apretón en la mano.

Li Chengxiu alzó la vista, sus ojos claros llenos de confusión.

Acortando la distancia con lentitud calculada, Li Shuo se inclinó hacia él. Su voz, impregnada de anhelo y ternura, rompió el silencio.

—Chengxiu, ¿puedo besarte?

El rostro de Li Chengxiu se encendió en llamas al instante, y se quedó paralizado, observándolo.

Li Shuo no pudo contener una risa. —Chengxiu, con esa carita, asumiré que tu silencio es un sí.

—Yo… —El pánico se apoderó de Li Chengxiu.

En su mente, la misma pregunta resonaba una y otra vez: ¿estaba listo para dar ese paso con Li Shuo?

Inclinando la cabeza, respondió con titubeos: —Hermano Li, tal vez sea mejor…

Haciendo caso omiso, Li Shuo ladeó la cabeza y se acercó aún más.

El terror obligó a Li Chengxiu a contener la respiración.

Con los ojos medio cerrados, Li Shuo depositó un beso fugaz y suave en sus labios. Con una mezcla de dulzura y firmeza, sentenció:

—Chengxiu, quiero besarte.

Li Chengxiu apretó los puños, con los nudillos blancos por la tensión. Sus ojos, fijos en Li Shuo, eran un torbellino de pánico y duda. Parecía un gatito recién destetado, enfrentándose al mundo por primera vez, abrumado por el miedo.

Una oleada de ternura inundó a Li Shuo. Con una mano, sostuvo con delicadeza la nuca de Li Chengxiu, mientras sus labios se fundían con los del otro, succionando con suavidad embriagadora.

Temblando, Li Chengxiu se entregó al beso.

Sentía como si un nudo caótico de emociones se agolpara en su pecho, colisionando y ganando fuerza, a punto de hacer trizas su frágil caparazón. La explosión parecía inminente, como si en cualquier segundo todo fuera a…

¡¡CRASH!!

El estruendo ensordecedor arrancó un grito de terror a Li Chengxiu. Por un instante, creyó que el pecho se le había abierto en dos.

Li Shuo, igualmente sobresaltado, envolvió a Li Chengxiu con sus brazos en un acto reflejo de protección.

Giraron la cabeza hacia la fuente del estruendo, con los ojos desorbitados.

El parabrisas, del lado del conductor, lucía una espantosa red de grietas, irradiando desde un punto de impacto central. De no haber sido vidrio templado de alta resistencia, el cristal habría estallado en mil pedazos sobre ellos.

Al enfocar la mirada en el agresor, el color abandonó sus rostros.

Afuera, con el rostro desencajado por una furia demoníaca, estaba Shao Qun. En su mano empuñaba un seguro de volante metálico, elevándolo por encima de su cabeza, listo para asestar un segundo golpe letal.

Dos figuras corrieron hacia él a toda velocidad y se abalanzaron sobre sus brazos, inmovilizándolo a duras penas, uno a cada lado.

Li Chengxiu, pálido como un fantasma, observaba la escena petrificado: Shao Qun, convertido en una bestia salvaje, forcejeando con Li Wenxun y Da Li, quienes hacían esfuerzos sobrehumanos por contenerlo.

Con el semblante oscuro por la ira, Li Shuo palmeó el hombro de Li Chengxiu en un intento de tranquilizarlo.

—No te asustes, quédate aquí. —Sin añadir más, abrió la puerta y salió del auto, fulminando a Shao Qun con una mirada que helaba la sangre.

Los rugidos de Shao Qun atronaban el aire.

—¡Suéltenme! ¡Maldito hijo de puta, infeliz de mierda! ¡¿Cómo te atreves a tocarlo?! ¡¿Quién te crees que eres?!

Li Shuo esbozó una sonrisa desprovista de cualquier calidez.

—Li Chengxiu está conmigo, tengo todo el derecho a tocarlo. En cambio tú, joven amo Shao… No me importaría perdonarte que hayas destrozado mi coche, pero arruinar nuestra cita… ¿tienes idea del precio que vas a pagar por eso?

—¡Me cago en tu puta madre! —A Shao Qun le palpitaban las sienes con violencia, el corazón a punto de reventar en su pecho, sumido en un caos mental y un dolor de cabeza insoportable.

Tras días de agonía, sus investigadores por fin le habían dado una pista sobre los movimientos de Li Shuo. Había acudido al lugar con la ilusión de un niño esperando recuperar a Li Chengxiu. Y lo primero que presenció fue a ambos, riendo y conversando como la pareja perfecta tras una tarde de compras, coronando la velada con un beso apasionado en el auto. En ese preciso instante, habría dado lo que fuera por aplastarle el cráneo a golpes al bastardo de Li Shuo.

El escándalo fue mayúsculo. Los guardias de seguridad del centro comercial convergieron hacia ellos desde todas las direcciones, mientras los conductores atrapados en el embotellamiento asomaban las cabezas por las ventanillas, ansiosos por no perderse un solo detalle del drama.

Li Wenxun y Da Li sentían que la sangre se les acumulaba en la cara de pura vergüenza. En toda su vida, jamás habían protagonizado un espectáculo tan denigrante.

Tiraban de Shao Qun con desesperación.

—¡Shao Qun, cálmate de una vez! ¡¿Qué estupidez estás haciendo en medio de la calle?!

Da Li, forcejeando para arrebatarle el seguro del volante a Shao Qun, le lanzó una mirada fulminante a Li Shuo y le indicó con un movimiento de barbilla:

—Oye, tú. Llévate a esa perrita tuya y larguense de una buena vez. Un golpe con esta cosa en la cabeza y no la cuentas. ¡Lárgate!

La escena tenía todos los ingredientes de un clásico triángulo amoroso: dos machos alfa dispuestos a matarse a golpes por los encantos de alguien más. La planta de los implicados y el lujo ostentoso del vehículo deportivo no dejaban lugar a dudas sobre su estatus social, despertando una curiosidad morbosa en la multitud por descubrir qué beldad era capaz de provocar semejante guerra.

Sin embargo, el manto de la noche ocultaba el interior del vehículo, revelando a medias el rostro de la figura en el asiento del copiloto: un semblante delicado, de tez pálida y labios encarnados, cuyos grandes ojos escrutaban el exterior con evidente pánico.

La seguridad del lugar no tardó en llegar, creando un perímetro alrededor del iracundo Shao Qun, quien aún blandía el arma improvisada.

Li Shuo le dedicó una última mirada cargada de sarcasmo antes de volver a su asiento.

Acorralado, Shao Qun dirigió sus gritos hacia Li Chengxiu. —¡Li Chengxiu! ¡Li Chengxiu! ¡Sal de ahí! ¡Baja ahora mismo! ¡Baja del maldito auto!

Li Shuo evaluó el estado del parabrisas con frustración, concluyendo que manejar con la visibilidad tan comprometida era un riesgo inaceptable.

Con un suspiro, agarró el abrigo de Li Chengxiu del asiento trasero y se lo entregó. —Chengxiu, será mejor que nos vayamos en taxi. Conducir así es peligroso. —Acto seguido, llamó a su asistente para que se hiciera cargo del vehículo dañado.

Al terminar la llamada, notó que Li Chengxiu seguía inmóvil, con la tez del color del papel, tiritando de frío sin el abrigo puesto y observándolo con ojos suplicantes.

Li Shuo le colocó el abrigo sobre los hombros, envolviéndolo con suavidad, y susurró:

—No temas. Te prometí que te cuidaría. Confía en mí, por favor.

Animado por sus palabras, Li Chengxiu se embutió en el abrigo. Tras dudar unos instantes aferrado a la manija, abrió la puerta.

La aparición de Li Chengxiu desató un nuevo arrebato en Shao Qun, quien intentó abrirse paso a empellones entre quienes lo sujetaban.

—¡Chengxiu! ¡Li Chengxiu! —Bajo la furia homicida, su voz escondía un matiz de vulnerabilidad casi imperceptible.

Un aluvión de palabras se agolpaba en su garganta. Quería secuestrarlo, esconderlo del mundo entero donde nadie más pudiera encontrarlo ni robarle su atención.

Sin embargo, Li Chengxiu ni siquiera se dignó a mirarlo, manteniéndose cabizbajo y a salvo tras la figura protectora de Li Shuo.

La indiferencia de Li Chengxiu golpeó a Shao Qun como un mazo, abriendo una herida profunda al constatar su necesidad de buscar amparo en otro hombre.

Li Shuo lo rodeó por la cintura, murmurando palabras de consuelo.

—Tranquilo, estoy aquí. No pasa nada.

Un murmullo recorrió a los espectadores al descubrir que la manzana de la discordia era, de hecho, un hombre. El giro inesperado en la trama encendió aún más el interés general, y los ojos de la multitud se clavaron en el trío con avidez.

Tras intercambiar un par de instrucciones con el personal de seguridad, Li Shuo abandonó su auto y detuvo un taxi libre.

La inminente fuga desencadenó una lucha desesperada por parte de Shao Qun, cuyo codo se estrelló contra el estómago de Da Li en un movimiento brusco.

—¡Maldita sea! —se quejó Da Li, soportando el dolor sin aflojar su agarre, aferrándose a Shao Qun con todas sus fuerzas.

Shao Qun lanzó un grito desgarrador hacia la espalda de Li Chengxiu.

—¡Li Chengxiu, ni se te ocurra irte! ¡Te lo prohíbo! ¡Vuelve aquí, maldita sea, regresa!

Ignorando los gritos, Li Chengxiu se refugió en el taxi. Li Shuo lo siguió, dedicándole a Shao Qun una última sonrisa provocadora antes de cerrar la puerta.

—¡Li Chengxiu! ¡No te vayas! ¡Vuelve, por favor, no te vayas! —El rugido de Shao Qun se fracturó, revelando un sollozo ahogado. Jamás en su vida había experimentado un dolor tan profundo ni una sensación tan aplastante de impotencia.

Y así, Li Chengxiu desapareció. Sin concederle una sola mirada de principio a fin, alejándose en compañía de otro hombre.

¿Acaso Li Chengxiu no sentía algo por él? ¿Cómo podía enamorarse de otro tan rápido? ¿Qué significaba él entonces? ¿Cómo podía irse sin siquiera voltear a verlo? ¿Cómo podía ser tan despiadado?

¿Cómo podía estar haciéndole eso? ¿Cómo?

Un ardor le subió a la nariz, y el recuerdo de la espalda de Li Chengxiu alejándose le apretó el corazón hasta asfixiarlo.

***

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