Temprano por la mañana, cuando Li Chengxiu se dirigía a la escuela y aún no había cruzado la entrada, Shao Qun saltó de quién sabe dónde, bloqueando su camino de repente y mirándolo con unos ojos que parecían escupir fuego.

Li Chengxiu se sobresaltó.

—¿Q-qué pasa? —preguntó.

Shao Qun lo agarró del brazo.

—¿Por qué no viniste ese día? —exigió saber con furia.

—¿Qué… día? —Li Chengxiu no entendía nada.

—¡El sábado! El viernes a la salida de clases te dije claramente que vinieras al día siguiente. ¿Por qué no fuiste?

—Ah… ese día era feriado, n-no había que venir a la escuela…

—Aunque no tuvieras que venir a la escuela, si te digo que vayas a ese apartamento, tienes que ir. ¡Te estuve esperando todo el sábado! Mierda, y tampoco sabía cómo encontrarte, ni siquiera tienes un maldito teléfono… ¿Para qué te sirven las orejas? ¿Acaso no entiendes cuando la gente te habla?

Intimidado por su agresividad, Li Chengxiu retrocedió un paso instintivamente. Se sentía muy culpable por haber faltado a su promesa y lamentaba no haber ido. Había pensado que el mañana al que se refería Shao Qun era en realidad el próximo lunes. Sin embargo, al pensar que Shao Qun lo había esperado durante todo un día, no pudo evitar sentir una cálida y hermosa sensación en su interior; sentirse valorado por alguien era, después de todo, algo muy agradable.

Li Chengxiu encogió el cuello y, mirándolo con cautela a través de sus ojos brillantes, se disculpó con absoluta sinceridad.

—Lo… lo siento mucho, de verdad.

Shao Qun había estado tan enojado que quería pisotear el suelo, pero al ver esa expresión de animalito asustado, todo su fuego se apagó de golpe y fue incapaz de seguir enfurecido.

Ese día, al volver a casa, recién había recordado que al día siguiente era sábado y que Li Chengxiu no iría a la escuela. A pesar de haber dudado durante toda la noche, al día siguiente fue a esperarlo a aquel apartamento de todos modos. Pensó que, como la noche anterior se lo había dejado tan claro diciéndole que fuera al día siguiente, tal vez, incluso siendo un día de descanso, él aparecería. Si él mismo lo había deducido, ¿por qué Li Chengxiu no habría de pensarlo también?

Para su sorpresa, realmente no apareció. Se había quedado esperando en ese pequeño y andrajoso apartamento como un idiota, desde plena luz del día hasta que el sol se ocultó, tan furioso que le entraron ganas de romperlo todo.

Si hubiera sabido dónde vivía Li Chengxiu, sin duda habría ido a buscarlo a su casa para ajustar cuentas.

Sacó algo del bolsillo y se lo metió a Li Chengxiu en la mano.

—Toma esto. A partir de ahora tienes que llevarlo contigo en todo momento. Cuando te busque, debo poder encontrarte al instante. —Su tono no admitía réplica, e hizo un gran énfasis en las palabras todo momento.

Li Chengxiu bajó la mirada y vio una pesada cajita negra con una fila de botones numéricos.

En los años noventa, los teléfonos móviles todavía eran una novedad. Aunque eran tan gruesos y pesados como ladrillos, costaban miles de yuanes; definitivamente no eran algo que una persona común pudiera permitirse. Asustado, se apresuró a devolverle el teléfono.

—E-esto es demasiado caro… No lo quiero.

Shao Qun le metió el aparato a la fuerza en el bolsillo.

—Si te digo que lo tomes, lo tomas. Además, no costó nada. La gente se los regala a mi papá por docenas; tenemos tantos en casa que ni siquiera podemos usarlos todos.

—Pero… y-yo no sé usarlo.

—Es muy simple. Ve a clases primero, y al mediodía, cuando salgamos, iremos al apartamento. Te enseñaré entonces.

—N-no lo necesito…

Shao Qun le lanzó una mirada fulminante.

—¿Quién dice que no lo necesitas? ¿Acaso pretendes hacerme esperar un día entero en el futuro? Te lo advierto, este joven maestro jamás ha esperado a nadie por tanto tiempo. Para evitar que algo así vuelva a suceder, tienes que quedártelo obligatoriamente.

—P-pero…

—Deja de decir tonterías. Date prisa y ve a clases, te buscaré a la salida.

Li Chengxiu metió el teléfono en su mochila primero, pero al pensarlo bien, le pareció inseguro. Luego lo envolvió en un pañuelo y lo guardó en un bolsillo oculto. Sin embargo, volvió a dudar; la última vez que había sacado ese pañuelo, Shao Qun se había burlado cruelmente de él, diciendo que solo las niñas usaban esas cosas. Sin más remedio, arrancó unas cuantas hojas de papel borrador, envolvió el aparato y lo embutió entre un montón de libros. Solo entonces logró sentirse un poco más tranquilo.

Pensaba que si perdía algo tan caro, no podría pagarlo ni aunque lo vendieran a él mismo. Además, en la escuela estaba prohibido llevar buscapersonas o teléfonos móviles. Solo la pandilla de Shao Qun era lo suficientemente atrevida como para que no les importara; si a él lo descubría un profesor, no sabría qué hacer.

Durante toda la mañana, mantuvo la mochila sobre sus piernas, sin separarse de ella ni un solo instante. Con una mezcla de nerviosismo y anticipación, aguantó hasta que terminaron las clases.

Efectivamente, Shao Qun fue a buscarlo apenas tocaron la campana. Sin embargo, para su decepción, no venía solo: sus tres amigos lo seguían de cerca, sin faltar ni uno.

Shao Qun los señaló.

—Ellos quieren ir a echar un vistazo al lugar.

Li Chengxiu asintió y dejó escapar un tenue murmullo. Se sentía algo incómodo en su interior. Egoístamente, parecía haber considerado ese lugar como una base secreta solo para él y Shao Qun, igual que la azotea en el último piso. Eran lugares donde no deseaba la intromisión de otras personas, pero tampoco tenía el derecho a decir que no.

Li Wenxun pasó un brazo por los hombros de Shao Qun. Ambos murmuraban cosas ininteligibles y estallaban en carcajadas de vez en cuando.

Li Chengxiu caminaba detrás de ellos con la cabeza gacha, cargando su mochila.

Una vez dentro de la casa, Da Li fue el primero en quejarse.

—Si ibas a alquilar algo, debiste conseguir un lugar más grande. —Tras decir eso, dejó caer su cuerpo en el sofá, gruñendo de pura comodidad.

Li Wenxun sonrió, haciéndole un guiño.

—¿Qué sabes tú? A esto se le llama guardar a tu hermosura en una jaula de oro, por eso no puede ser demasiado grande.

Shao Qun le lanzó un insulto.

—No digas idioteces, vayan a jugar a lo suyo. —Luego, se acercó a un completamente sonrojado Li Chengxiu y tiró de él—. Ven, te enseñaré a usar el teléfono. —Diciendo esto, lo arrastró hacia el dormitorio.

Da Li y Li Wenxun comenzaron a armar alboroto desde afuera.

—¡Oye, oye! ¿Ya se van a la cámara nupcial tan rápido? ¡Qué descarados!

Li Chengxiu se giró con incomodidad para mirarlos, y luego observó a Shao Qun, sintiéndose acorralado.

—No pasa nada, solo tienen la boca sucia. Ignóralos —dijo, cerrando la puerta de una patada, lo que hizo que las risas del exterior resonaran aún más fuertes.

Shao Qun lo jaló para que se subiera a la cama con él. Sus cuerpos quedaron sumamente cerca, casi con las cabezas juntas, mientras ambos fijaban la vista en aquella pequeña caja negra.

—Mira, es muy fácil. En realidad, solo necesitas aprender dos funciones: una es para hacer llamadas, y la otra para enviar mensajes de texto.

Shao Qun manipuló los botones.

—Si presionas esta tecla verde, aparecerá el último número marcado, que es el mío. Con tener mi número es suficiente. Para llamarme, solo tienes que apretar esta tecla verde dos veces. ¿Lo captas?

Li Chengxiu asintió seriamente.

—Lo siguiente es enviar mensajes. Fíjate bien, presionas aquí, y luego… solo necesitas saber pinyin. —Shao Qun hizo una demostración de cómo escribir, tecleando en la pequeña pantalla de luz verde las palabras Shao Qun es el hombre más apuesto y genial del mundo, lo cual hizo que Li Chengxiu soltara una carcajada.

Al poco tiempo, el teléfono del propio Shao Qun también sonó. Se lo mostró a Li Chengxiu.

—Ahí está, este es el mensaje que acabas de enviarme.

Li Chengxiu observó la pantalla. En el remitente solo aparecía un único carácter: Xiu. Por alguna razón, su rostro comenzó a arder. Bajó levemente la cabeza para disimular, cubriendo la mitad de su rostro con su cabello excesivamente largo.

—E-eso lo escribiste tú… —murmuró.

—Entonces escribe tú. Vamos, escribe cualquier cosa y envíamela. —Shao Qun le entregó el teléfono—. Anda, escribe.

Li Chengxiu tomó el aparato con las manos temblando ligeramente. Pensó durante un buen rato, pero no supo qué poner.

—¿Acaso todavía no sabes? No puedes ser tan tonto.

Li Chengxiu le lanzó una mirada de reojo llena de timidez.

—Sí sé… es muy sencillo. —Mientras hablaba, sus delgados y pálidos dedos presionaron los botones numéricos uno por uno, con claridad. Lentamente, en la pantalla aparecieron dos caracteres: Shao Qun.

De pronto, Shao Qun sintió que su respiración se aceleraba y apenas se atrevió a tomar aire. Inconscientemente, estaba lleno de expectación por ver qué le escribiría Li Chengxiu.

Sin embargo, Li Chengxiu le dio la espalda de repente y le dedicó una leve sonrisa, mostrando sus pequeños y blancos dientes.

—Te lo enviaré primero, y luego lo miras.

Esa sonrisa ligeramente tímida tenía una belleza juvenil e inocente, lo que hacía que las ya delicadas facciones de Li Chengxiu se vieran aún más suaves y entrañables. Shao Qun sintió que su corazón latía como un tambor.

Mientras seguía aturdido, el teléfono sonó. Se apresuró a levantarlo y vio una breve línea de texto: Shao Qun es un gran malvado. Luego vio que Li Chengxiu lo miraba con una risita pícara.

—¡Serás bastardo! ¿Te atreves a insultarme? —Shao Qun fingió estar enojado, abriendo mucho los ojos. Se abalanzó sobre Li Chengxiu y comenzó a hacerle cosquillas.

—¡Jajaja, ja! N-no, no sigas, jajaja… m-me duele el estómago… ¡Basta, Shao Qun…!

Shao Qun inmovilizó su frágil cuerpo debajo del suyo. Más que hacerle cosquillas, estaba aprovechando la oportunidad para toquetearlo por todas partes, hasta dejar a Li Chengxiu completamente sin aliento.

Shao Qun también se cansó de jugar, pero en lugar de apartarse, se quedó encima de él y preguntó con una falsa ferocidad:

—¿A quién llamas malvado, eh? Dime, ¿soy un buen tipo o no? ¿Te trato bien o no?

Li Chengxiu, llevado al límite, no paraba de suplicar clemencia. Entre lágrimas y risas, se apresuró a decir:

—¡S-sí, eres bueno!

—¿Acaso no te trato bien?

—S-sí…

Shao Qun contempló su rostro ruborizado por el alboroto. Se veía tan suave y tierno que parecía que de un pellizco le brotaría agua. Incapaz de resistirse, lo pellizcó suavemente, antes de bajar de encima de él con una mirada de satisfacción. Luego, le arrojó el teléfono.

—Entonces escribe de nuevo.

Bajo la estricta supervisión de Shao Qun, Li Chengxiu envió un montón de palabras dulces. Los dos pasaron casi una hora entera toqueteando el aparato, divirtiéndose a lo grande.

Cuando se cansaron de jugar, la somnolencia del mediodía comenzó a apoderarse de ellos. Fue entonces cuando recordaron que aún no habían comido.

Shao Qun recién se acordó de que sus amigos de la infancia todavía estaban afuera, así que decidió salir para decidir con ellos qué almorzarían.

La situación fuera de la habitación, que había sido ignorada por ambos todo ese tiempo, de pronto recibió toda su atención. Así, cualquier pequeño ruido llegó con suma claridad a sus oídos. Shao Qun y Li Chengxiu se quedaron paralizados por un instante; escucharon unos extraños gemidos provenientes del exterior, que parecían salir de la televisión.

Shao Qun reaccionó de golpe. El color de su rostro sufrió un cambio sutil y apretó los labios mientras un rastro de vergüenza aparecía en su expresión.

Li Chengxiu, con sus ojos claros muy abiertos, lo miró confundido.

—Están… viendo la televisión.

Shao Qun lo miró y, de repente, se apoderaron de él las ganas de jugarle una broma. Lo jaló para que bajara de la cama.

—Ven, te mostraré algo divertido.

—¿A-algo divertido?

Sin aceptar una negativa por respuesta, Shao Qun lo sacó de la habitación. Tan pronto como salieron, la mirada de Li Chengxiu se clavó de lleno en dos cuerpos blancos y desnudos que se retorcían en la pantalla del televisor. Aterrado, soltó un pequeño grito.

Los tres muchachos en la sala de estar estaban completamente absortos en la película y se sobresaltaron al escuchar la voz de Li Chengxiu.

Da Li le lanzó una mirada de reproche.

—¡Joder, me asustaste! Sentí como si mi madre me hubiera pillado. —Tras decir eso, volvió a clavar los ojos en la pantalla—. Mierda, qué intenso. Esta mujer tiene un trasero enorme.

El rostro de Li Chengxiu se puso tan rojo como un camarón cocido. Se dio la vuelta rápidamente, con los labios temblando, y miró a Shao Qun con pánico.

Shao Qun sonrió, enseñando los dientes, y lo arrastró a la fuerza hacia el sofá.

—¿De qué tienes miedo? No hay un solo hombre que no vea estas cosas.

Mientras se metía un puñado de maníes en la boca, Li Wenxun no apartaba la vista de la pantalla.

—Así es. Esto no es fácil de conseguir. Se la robé a mi hermano, es una oportunidad única. Si no la ves hoy, tal vez no vuelvas a ver algo así nunca más.

Shao Qun miró con mucho interés las escenas más explícitas de la televisión, soltando unos gritos extraños de asombro.

—¡Wen, eres increíble! La última que alquilamos tenía censura, pero esta no tiene nada. Te pasaste, ¿y encima pones esto y no me avisas?

—¿Avisarte? Tú y tu pequeña esposita estaban encendidos a puerta cerrada en el dormitorio, ¿quién se atrevería a interrumpirlos?

—Vete al diablo. —Shao Qun agarró las manos de Li Chengxiu y tiró de ellas hacia abajo—. ¿Por qué te tapas la cara? ¿A qué le tienes tanto miedo? La televisión no va a comerte.

Li Chengxiu estaba tan asustado que su voz sonó llorosa.

—E-esta es una película sucia, no deberíamos estar viendo esto… —No lograba entender por qué querían ver algo tan asqueroso. Además, solo eran estudiantes de secundaria; si alguien se enteraba, no quería ni imaginar lo que pasaría. La imagen de buena persona que Shao Qun acababa de ganar en su mente empezó a tambalearse un poco.

Da Li puso los ojos en blanco con desdén.

—Idiota, ¿por qué no podríamos verla? Mira lo cobarde que eres. Si tú no dices nada y nosotros tampoco, ¿quién lo va a saber? Mírala con atención y aprende un poco. En el futuro, cuando consigas novia, tendrás que hacer todo esto.

Li Wenxun se burló.

—Da Li, estás obsesionado con conquistar chicas. Con esa porquería que te cuelga, ni siquiera han fabricado condones de tu talla todavía. Aunque aprendas, seguirás intercambiando de la mano izquierda a la mano derecha.

Da Li soltó un aullido de rabia y se abalanzó sobre Li Wenxun, enzarzándose en una pelea de broma con él.

La atención de Shao Qun, sin embargo, no fue captada por esos dos; sus ojos seguían clavados en la pantalla, sin desviarse en ningún momento.

Él había visto ese tipo de películas pornográficas unas dos o tres veces en el pasado, y aunque siempre lograban marearlo y calentarle el cuerpo, esta vez parecía sentirse particularmente distinto. Al ver la piel blanca como la nieve y la diminuta cintura de aquella mujer japonesa en la televisión, inconscientemente, sus pensamientos divagaron hacia Li Chengxiu, que estaba encogido a su lado.

La piel de Li Chengxiu era aún más blanca, su cintura más delgada y sus piernas mucho más largas que las de esa actriz; su rostro también era mucho más delicado y suave. Si en ese momento quien tuviera las piernas abiertas de par en par, con la piel teñida de rojo, gimiendo con los ojos cerrados fuera…

Shao Qun se puso de pie de repente, sobresaltando a los chicos a su alrededor.

Cuando Li Chengxiu levantó la cabeza, asombrado, se topó justo con su mirada desde lo alto. El puente recto de su nariz se veía increíblemente hermoso desde ese ángulo, pero la expresión en los ojos de Shao Qun era tan afilada y feroz que lo dejó temblando, sin saber qué había hecho ahora para molestarlo.

Shao Qun giró la cabeza y caminó a zancadas hacia la puerta.

—Voy abajo a comprar algo de comer. —Tras decir esto, cerró la puerta de un portazo y se apoyó contra la pared del pasillo, jadeando pesadamente.

Había algo mal en él. Definitivamente no era normal. ¿Qué diablos le estaba pasando?

Miró la pequeña tienda de campaña que se había formado en su entrepierna, mientras una mezcla de vergüenza, furia y terror comenzaba a expandirse por su pecho.

Estaba viendo una película pornográfica; ¿por qué habría de pensar en Li Chengxiu? ¿Cómo podía ser posible que pensara en él? ¡Él era un chico, un hombre…!

Shao Qun prefería morir antes que admitir que la erección que sentía abajo se debía a que había pensado en Li Chengxiu. Trató de excusarse a sí mismo pensando que, si uno no reaccionaba al ver ese tipo de películas, entonces ni siquiera podía considerarse un hombre de verdad.

Al principio, había arrastrado a Li Chengxiu para ver la película con la pura intención de molestarlo, pero ahora, irónicamente, ya no sabía a quién le habían jugado una mala broma.

Conteniendo sus deseos de meterse la mano en los pantalones, se quedó apoyado en la pared con los ojos cerrados, como si estuviera cumpliendo un castigo. Permaneció allí de pie hasta que el bulto en su entrepierna se ablandó; solo entonces bajó a comprar la comida, completamente abatido.

Durante el almuerzo, a ninguno le apeteció seguir viendo la película. Además, tras un impacto visual tan prolongado, sin mencionar la fatiga estética, el desgaste físico en sí mismo era un detalle que no podía pasarse por alto.

Los invitados no deseados compartieron la comida entre risas y juegos ruidosos. Shao Qun y Li Chengxiu, sin embargo, tenían sus propios problemas en la cabeza, y ambos se mantuvieron extremadamente callados.

Al terminar de comer, el grupo de mocosos se recostó de forma desordenada en los sofás para descansar. Fumaban cigarrillos sin parar, luciendo sumamente dichosos.

Shao Qun revisó su reloj; aún faltaba más de una hora para volver a la escuela en la tarde. Al ver el cuarto inundado de ese aire sucio y lleno de humo, se sintió profundamente irritado de repente.

De haberlo sabido, no los habría dejado venir. Ese lugar se suponía que debía ser solo para él y para Li Chengxiu; planeaba dormir una buena siesta pegado a su lado al mediodía, y esos idiotas habían arruinado todo.

Se puso de pie con frustración y, para desahogar su enojo, le dio una patada a Li Wenxun, que era quien estaba más cerca.

Li Wenxun le soltó una maldición y procedió a ignorarlo, retomando su charla con Da Li sobre la película que acababan de ver. Sus bocas estaban tan llenas de vulgaridades obscenas que Li Chengxiu sentía unas ganas terribles de encontrar un hoyo en la tierra y esconderse.

Shao Qun tomó a Li Chengxiu del brazo.

—Vámonos, es mejor que volvamos a la azotea un rato. Son tan ruidosos que será imposible dormir aquí.

Li Chengxiu frunció el ceño mirando la habitación cubierta de humo y asintió.

Los dos salieron temprano del apartamento y corrieron hacia la pequeña azotea donde Li Chengxiu solía pasar el tiempo

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