Ren Yi no tuvo más remedio que armarse de valor y bajar las escaleras junto a Gong Yingxian.
En la noche de invierno del norte, la temperatura ya se acercaba a los cero grados. Qi Xiao solo llevaba una chaqueta de cuero y pantalones de mezclilla, por lo que se veía muy desabrigado; tenía los ojos enrojecidos, apestaba a alcohol y su cabello caía sin vida.
—Capitán Ren, dice que lo busca a usted —dijo Liu Hui al ver a Ren Yi.
—Sí, es mi amigo. Regresa a tu dormitorio.
—Hola. —Qi Xiao levantó la mano y la agitó hacia Ren Yi, mostrando una sonrisa miserable que era más fea que si estuviera llorando.
—¿Qué te pasa? ¿Qué sucedió? —preguntó Ren Yi, acercándose a él con el ceño fruncido. Al ver a Qi Xiao en ese estado, se preocupó de verdad.
Gong Yingxian mantenía las manos en los bolsillos, mirando a Qi Xiao sin expresión alguna.
—Me escapé del set de grabación… —Qi Xiao soltó un par de risas y continuó con voz entrecortada—: Los actores pequeños de verdad no tienen ni un puto derecho.
—Entremos a hablar, hace mucho frío aquí afuera —suspiró Ren Yi suavemente.
Qi Xiao dio dos pasos hacia adelante, pero de pronto tropezó y se fue de bruces. Ren Yi reaccionó de inmediato y lo atrapó en sus brazos.
Gong Yingxian apretó ligeramente los labios; aunque su rostro se mantuvo impasible, las venas de su frente palpitaron.
—Hermano, ¿me llevas en tu espalda? —rogó Qi Xiao en voz baja, colgándose por completo del cuerpo de Ren Yi.
Ren Yi miró a Gong Yingxian de reojo. Aunque este no había dicho una sola palabra, podía sentir su aura de desagrado.
—Qi Xiao, este es mi lugar de trabajo y no se vería bien si nos ven. Te ayudaré a caminar —dijo en voz baja.
Qi Xiao asintió con la cabeza. Como si acabara de notar la presencia de Gong Yingxian, soltó una exclamación:
—Ah, tú eres ese… ese doctor.
Gong Yingxian no pronunció palabra; su mirada era sumamente gélida.
Qi Xiao había bebido demasiado y, al parecer, tampoco notó la actitud del otro hacia él, pues siguió balbuceando:
—¿No eras… policía?
—Lo estoy ayudando con una investigación —explicó Ren Yi mientras ayudaba a Qi Xiao a caminar hacia adentro.
Gong Yingxian los siguió con el rostro inexpresivo.
—Si fueras actor, de seguro serías famoso —siguió farfullando Qi Xiao—. Solo… no firmes, no firmes con mi estúpida agencia.
—Está bien, ya no hables más. Entra y descansa un poco. —Ren Yi no llevó a Qi Xiao a su propio dormitorio, sino que lo instaló en el cuarto temporal destinado a las visitas de familiares.
—Iré a servirte un vaso con agua —dijo Ren Yi tras recostar a Qi Xiao en la cama.
—No es necesario. —Qi Xiao tomó a Ren Yi de la mano—. No quiero tomar agua, quiero tomar alcohol.
—No puedes seguir bebiendo, y mucho menos en mi escuadrón —le advirtió.
Gong Yingxian se quedó mirando la mano con la que Qi Xiao sostenía a Ren Yi y la ira se apoderó de él al instante. Ese sujeto apestaba a alcohol y estaba sucio, ¡cómo se atrevía a tocar lo que él quería tocar!
—Ren Yi —lo llamó con voz grave.
—¿Mhm? —Ren Yi giró la cabeza para mirarlo.
Por un momento, Gong Yingxian no supo qué decir. Solo quería que ambos estuvieran lo más lejos posible el uno del otro. Se contuvo por unos segundos antes de espetar:
—¡¿No ibas a servirle agua?!
—Ah, cierto. —Ren Yi se levantó y le sirvió un vaso con agua a Qi Xiao—. Toma un poco de agua para que se te baje el alcohol.
Qi Xiao no tomó el vaso; en lugar de eso, frunció los labios y comenzó a sollozar, dejando caer sus lágrimas.
—Oye, no llores —se apresuró a consolarlo Ren Yi—. Cuéntame lo que quieras. ¿Te hicieron algo malo en el set de grabación? —Sacó un pañuelo de papel y le secó las lágrimas.
Gong Yingxian le dio una patada a una banqueta.
El sonido de las patas de metal raspando contra el suelo fue muy fuerte. Ren Yi se asustó y volteó a mirarlo. Gong Yingxian, indignado, apartó la mirada mientras apretaba los puños en secreto.
Qi Xiao empezó a farfullar sin parar acerca de cómo le habían eliminado escenas y cómo lo marginaban; se quejó de que su agencia no lo valoraba, no lo apoyaba y no le conseguía buenos proyectos. Cuanto más hablaba, más afligido y triste se sentía.
Ren Yi lo consoló en voz baja. Cuando se conocieron, Qi Xiao ni siquiera tenía veinte años. Durante todo ese tiempo, lo había visto luchar a duras penas en el mundo del espectáculo; en verdad había sufrido mucho, pero por desgracia, el esfuerzo no siempre da frutos.
Tras llorar por un rato, era evidente que el sueño lo estaba venciendo. Su voz se volvió más baja y los párpados le pesaban. Ren Yi le acarició la cabeza y le susurró:
—Duerme bien.
—Quédate conmigo —murmuró Qi Xiao, mirándolo con profunda dependencia.
Ren Yi se puso un poco nervioso, sin saber si Gong Yingxian lo habría escuchado. Se inclinó y le susurró:
—No causes problemas, estamos en mi escuadrón.
Aunque había bebido, Qi Xiao no estaba del todo ebrio y aún conservaba algo de sensatez, así que asintió con decepción.
Gong Yingxian miraba a Ren Yi inclinar la cabeza para hablarle a Qi Xiao. No sabía qué le estaba diciendo, pero estaban tan cerca que sus ojos echaban fuego.
—Solo duerme. Las preocupaciones se quedarán en el pasado y mañana todo estará mejor —dijo Ren Yi mientras lo cubría con una manta.
Qi Xiao le dedicó una sonrisa forzada.
Ren Yi se levantó y salió de la habitación.
Apenas se cerró la puerta, Gong Yingxian le ordenó con tono de profundo desagrado: —Extiende las manos.
—¿Ah? —Ren Yi no entendió el motivo de su petición.
—Extiéndelas —exigió Gong Yingxian, mirándolo fijamente con un dejo de ira en el rostro.
Confundido, Ren Yi extendió las manos.
Gong Yingxian sacó un atomizador con desinfectante de su bolsillo y presionó la boquilla con fuerza, como si estuviera descargando su ira. Primero le limpió las manos con alcohol y luego lo roció por todo el cuerpo.
Ren Yi cerró los ojos al sentir el olor penetrante del alcohol, maldiciendo a Gong Yingxian en su interior.
Después de terminar la desinfección, Gong Yingxian aún no parecía haberse calmado.
—¿Acaso el sujeto de ahí adentro tiene problemas mentales? ¿De qué le sirve buscarte si le va mal en el trabajo?
—Solo quería alguien con quien hablar y desahogarse un poco —explicó Ren Yi con impotencia.
—¿Y por qué tenía que buscarte a ti?
—Porque somos amigos.
El rostro de Gong Yingxian palideció y luego se tornó lívido.
—Él… él está sucio y apesta. ¿Por qué querrías ser amigo de alguien que está sucio y apesta? —espetó furioso.
Ren Yi frunció el ceño. Le vino a la mente el rostro enrojecido e hinchado de Qi Xiao. Por lo general, él era alguien muy alegre, no era quejumbroso ni cobarde, y esta era la primera vez que lloraba frente a él. Si no se sintiera verdaderamente afligido y triste, ningún hombre estaría dispuesto a mostrar un lado tan patético ante los demás. Las palabras de Gong Yingxian lo incomodaron un poco, así que trató de explicarle con paciencia:
—Él no suele ser así. Ya lo has visto antes, cualquiera puede pasar por un mal momento.
Gong Yingxian no esperaba que Ren Yi defendiera a Qi Xiao, por lo que se enfureció aún más.
—¡Entonces regresa a hacerle compañía! —gritó, dándose la vuelta para irse.
—¡Oye! —exclamó Ren Yi, apresurándose a alcanzarlo. Lo tomó del brazo y le dijo—: ¿Por qué te pones…?
Pero Gong Yingxian se soltó de un tirón.
—No me toques.
Ren Yi se quedó paralizado. Al principio, Gong Yingxian solía tratarlo de la misma manera descortés, pero en aquel entonces solo le parecía molesto y ridículo. Ahora, volver a sentir el rechazo del Inspector lo entristecía de sobremanera. Forzó una sonrisa y bromeó:
—Vaya, no me digas que estás celoso.
Ese comentario hizo que Gong Yingxian se sintiera aún más humillado y furioso
. —Solo me parece sucio —replicó.
Ren Yi sintió una punzada en el corazón; estaba tan enfadado como herido. Él sentía algo por Gong Yingxian, pero a veces no soportaba sus caprichos ni su actitud egocéntrica. No pudo evitar preguntarse: si Gong Yingxian supiera cuál era la verdadera relación que tenía con Qi Xiao y cuáles eran los sentimientos que ocultaba en su interior, ¿acaso mostraría una expresión aún más asqueada y de mayor desprecio?
Tan solo de pensarlo, Ren Yi sintió que le faltaba el aire. Respiró hondo y dijo con voz grave:
—Deberías irte a descansar temprano.
Gong Yingxian apretó los puños con fuerza, se dio media vuelta y se marchó.
Ya dentro de su auto, Gong Yingxian se quedó sentado en silencio por unos instantes. De repente, una expresión de ferocidad cruzó su rostro y golpeó el volante con violencia, haciendo que la bocina emitiera un pitido ensordecedor.
¿Por qué? ¿Por qué Ren Yi tenía que tener otros amigos además de él? Si Ren Yi fuera solo suyo, nadie más podría tocarlo ni quitarle su tiempo. Pero la realidad era que ni siquiera tenía una justificación decente para pedirle que se alejara de ese sujeto.
Deseaba que Ren Yi le perteneciera solo a él, ¡solo a él, solo a él!
Después de la partida de Gong Yingxian, Ren Yi regresó a su dormitorio. Al ver los recipientes de comida que aún no había alcanzado a recoger de la mesa, soltó un suspiro de frustración.
Había sido una velada muy agradable. A pesar de haber compartido una comida de caja ya fría dentro de un dormitorio, para él había sido tan hermoso como una cita real.
Pero, por desgracia, todo se había arruinado.
No culpaba a Qi Xiao; al fin y al cabo, había llegado apestando a alcohol y tuvo que ayudarlo, así que era normal que Gong Yingxian se enfureciera tanto por eso.
No tenía la menor intención de pelear con Gong Yingxian; atesoraba esos momentos de armonía en los que podían convivir a diario. Sin embargo, con lo enojado que se había ido esa noche, no sabía cuánto tiempo pasaría hasta que volviera a hablarle.
Ren Yi se dejó caer de bruces sobre la cama y cerró los ojos por el cansancio. No obstante, se sentía tan abrumado y molesto que estuvo dando vueltas sin poder conciliar el sueño.
Si Gong Yingxian sintiera por él lo mismo que él sentía por Gong Yingxian, entonces entendería por lo que estaba pasando en ese momento.
A la mañana siguiente, cuando Ren Yi se despertó a las seis de la mañana, descubrió que Qi Xiao ya se había ido, lo que significaba que se marchó en medio de la madrugada. Tal como lo sospechaba, encontró un mensaje de WeChat en su celular enviado pasadas las cuatro:
[Hermano, tuve que volver de prisa al set de grabación. Perdona por las molestias causadas.]
Ren Yi sintió un nudo en el estómago. Al no saber cómo consolarlo, se limitó a responder:
[Cualquier obstáculo puede superarse. Ten fe en lo que te depara el futuro.]
Poco después, Qi Xiao le respondió con el emoji de una gran sonrisa.
Ren Yi cerró la ventana del chat. Miró el nombre de Gong Yingxian, cuyo chat había fijado en la parte superior, y dejó escapar un suspiro.
Apenas concluyó el entrenamiento matutino, Gao Ge llegó al escuadrón junto a su esposa y su hija. Ese mismo día le habían dado de alta en el hospital, pero decidió pedir unos días libres adicionales para poder pasar más tiempo con su familia.
—¿Por qué viniste corriendo al escuadrón nada más salir del hospital? —preguntó Ren Yi, sonriendo.
—La niña insistió en venir a ver los camiones de bomberos. —Gao Ge le acarició la cabeza a su hija—. Podemos considerar esto como nuestra primera parada turística.
—Vicecapitán, me parece que más bien vino a aprovecharse del almuerzo. Calculó el momento a la perfección —bromeó Cui Yisheng entre risas.
—Mocoso, ya me descubriste —rió Gao Ge.
Qu Yangbo tomó a la niña de los brazos de Gao Ge. —Qingqing, ¿quieres que el tío te lleve a ver los enormes camiones de bomberos?
—¿Podré manejar un camión de bomberos enorme? —preguntó la pequeña con total seriedad.
—Cuando seas grande podrás hacerlo —le respondió Qu Yangbo con una sonrisa.
Acto seguido, Qu Yangbo acompañó a la esposa e hija de Gao Ge a la zona de garajes para darles un recorrido.
Ren Yi le palmeó el hombro a Gao Ge. —¿Cómo va tu recuperación?
—Ya estoy bien. Si salí a los pocos días, es por algo, aunque tendré que volver al hospital para que me cambien los vendajes. Por cierto, ¿es verdad que tú también sufriste quemaduras? —preguntó Gao Ge.
—Solo me quemé un poco el cuello —respondió Ren Yi—. Deberías relajarte y descansar. Llévate mi auto y da un paseo con mi cuñada y mi sobrina por los alrededores.
—No hace falta, puedo rentar un auto.
—Déjate de tonterías. Te daré las llaves en cuanto terminemos de almorzar.
En ese instante, Qu Yangbo regresó sorpresivamente del garaje y le hizo una seña a Ren Yi para que se acercara.
—¿Qué sucede? —preguntó Ren Yi, acercándose a él.
—Esta tarde debes ir al cuartel general del destacamento y hacer una copia de toda la información que necesitas. De paso, copia también los archivos de otros accidentes de diferentes tipos y épocas. Yo ya dejé todo arreglado bajo el pretexto de que los requieres para usar de ejemplo durante la instrucción, pero de todos modos, trata de que nadie te vea —le indicó Qu Yangbo.
Ren Yi le pasó un brazo por el cuello. —Eres el mejor, Bobo. Muchas gracias.
—En mi vida pasada debo haber tenido una deuda contigo, porque ahora me toca servirte para saldarla —replicó Qu Yangbo con resignación.
—Por supuesto. Seguro fuiste un hombre desalmado que me abandonó en otra vida.
—Ya, piérdete.
Deja un comentario