Marioneta

Al sentarse de vuelta en el auto, Chu Yan se recargó hacia atrás con pereza contra un suave cojín.

—Estas personas resultaron ser, cada una, mejor actor que la anterior —comentó en un tono casual—. Sin embargo, todavía les falta para superarme.

Xiao Suian, sentado a un lado, giró la cabeza para mirar a Chu Yan. Sus ojos se oscurecieron ligeramente.

—En realidad, no tenías que hablar por mí hace un momento —dijo con voz profunda—. Peng Jiang y Peng Hai solo se atreven a hablar por hablar; bastaba con que fingiera no haberlos escuchado. Ahora que refutaste sus palabras en público, es probable que te guarden rencor.

—Que guarden rencor si quieren, no me afecta que un par de personas más me odien. —Chu Yan sacó su teléfono para mirar la hora. En la penumbra del vehículo, la tenue luz proyectada por la pantalla iluminó su exquisito rostro. Luego, levantó la cabeza y miró a Xiao Suian con una sonrisa en los labios—. Ya que estamos casados, por supuesto que no puedo ver cómo se burlan del señor Xiao sin motivo alguno.

—No es nada, me acostumbré a esto hace mucho tiempo. —Xiao Suian se encontró con la ligera sonrisa de Chu Yan y luego bajó la mirada.

Hacía mucho que se había acostumbrado a ese tipo de burlas.

Básicamente, ocurrían al menos una vez en cada reunión.

Incluso si el asunto llegara a oídos de Xiao Jin, este, en el mejor de los casos, diría que iba a reprenderlos en nombre de la justicia. Pero, en realidad, solo los regañaría falsamente con un par de frases. No solo no serviría de disuasión, sino que haría que esas personas empeoraran su comportamiento.

La razón por la que Peng Jiang y Peng Hai actuaban con tanta impunidad, ¿no era precisamente por la inacción de Xiao Jin?

La familia Peng no era estúpida. Habían adivinado hacía tiempo, a partir de las palabras y acciones de Xiao Jin, que la posición de Xiao Suian como heredero no era más que una fachada anunciada públicamente para darle una buena reputación a la familia Xiao; en realidad, solo existía de nombre.

Y el único que realmente heredaría a la familia Xiao sería el hijo de Xiao Jin y Peng Li: Xiao Yanan.

Después de todo, ¿qué derecho tenía un lisiado de convertirse en el patriarca de una gran familia?

A medida que el auto avanzaba a toda velocidad, el interior se iluminaba y oscurecía de forma intermitente, y la silueta de Xiao Suian se perdía en aquella penumbra.

Al recordar todo lo que acababa de suceder en el banquete, Chu Yan apretó ligeramente los labios. Aunque no podía distinguir con claridad el rostro de Xiao Suian, giró la cabeza hacia él y preguntó:

—Xiao Suian, ya que se burlan de ti, ¿por qué no eres sarcástico con ellos en respuesta?

—Porque no tiene sentido. —Xiao Suian respondió con tranquilidad, sin moverse un solo centímetro.

—¿Cómo que no tiene sentido? —Chu Yan no logró comprenderlo del todo y mostró una expresión de duda—. Ahora mismo eres el gerente general de Tecnología Anxin y administras todas sus empresas, ¿acaso no tendrían ningún reparo?

Xiao Suian negó con la cabeza.

—A los ojos de esas personas, Anxin es una empresa de la familia Sheng, yo solo la administro en su nombre —explicó en voz baja—. Tal vez cuando el anciano Sheng fallezca y los demás miembros de la familia acechen como tigres, si podré o no mantener este puesto de gerente general siga siendo una incógnita.

En la obra original casi no se mencionaba a la familia Sheng, por lo que Chu Yan desconocía por completo su situación y, mucho menos, sabía cuál era la posición de Xiao Suian dentro de dicha familia; sin embargo, no le pareció prudente seguir preguntando.

Chu Yan se quedó en silencio por unos segundos. Su mirada recorrió la profunda noche que pasaba a toda velocidad por la ventana, junto con las coloridas luces de neón, y sonrió levemente.

—No importa. En el futuro, cuando te encuentres de nuevo con este tipo de situaciones, yo te ayudaré a devolvérselas. Solo necesitas sentarte a un lado y disfrutar del espectáculo, tal como lo hiciste hoy.

Alguien como Xiao Suian debería hacer que todos lo admiraran.

En lugar de ser utilizado de esa manera por la familia Xiao y ridiculizado por la familia Peng.

Xiao Suian hizo una pausa.

—¿Por qué?

—¿Acaso hace falta preguntar el porqué? ¿No te lo dije antes? Somos un matrimonio, somos uno mismo —dijo Chu Yan con una sonrisa en los labios y en un tono de lo más natural.

La luz de una farola junto a la calle iluminó el interior del auto. El cálido resplandor amarillo se filtró por las pestañas del joven; aquellas pestañas, semejantes a las alas de una mariposa, temblaron ligeramente con tanta gentileza que parecían un instante congelado del pasado.

Xiao Suian se encontró con la mirada de Chu Yan. Las pupilas ambarinas del otro seguían tan claras como siempre, y la sinceridad que albergaban era evidente a simple vista.

Era como si Chu Yan de verdad pudiera ayudarlo a cambiar todo aquello.

—Muchas gracias. —Xiao Suian bajó un poco la mirada y respondió en voz baja.

Desde los ocho años, comenzó a tener con frecuencia sueños muy extraños. Todos los escenarios en sus sueños se basaban en la realidad, e incluso se reflejaban en ella. Por ejemplo, la muerte de sus padres, la discapacidad en sus piernas, el cambio en la actitud de los miembros de su clan y la hipocresía de su propio tío paterno.

Durante su infancia, Xiao Suian tomó esos sueños como premoniciones del futuro, por lo que intentó desesperadamente cambiarlo todo para evitar cada tragedia que había presenciado mientras dormía. Sin embargo, descubrió que cada vez que se encontraba con personas o situaciones relacionadas con sus sueños, perdía el control de sus propias acciones y palabras.

Era como si una fuerza desconocida controlara su cuerpo, obligándolo a seguir el desarrollo de la trama de sus sueños, forzándolo a mirar impotente cómo ocurría un evento tras otro.

Xiao Suian había luchado en innumerables ocasiones, y había fracasado la misma cantidad de veces.

Casi había quedado reducido a ser una marioneta controlada.

Incapaz de expresar sus propios pensamientos, incapaz de controlar su cuerpo.

A excepción de su mente, nada le pertenecía.

Poco a poco, pasó de luchar valientemente en un principio a sentirse entumecido, volviéndose indiferente. Incluso llegó a considerar abandonar por completo la resistencia y vivir el resto de su vida como una simple marioneta bajo control ajeno.

Hasta que apareció Chu Yan.

En realidad, Xiao Suian ya sabía desde hacía tiempo, a través de sus sueños, que Xiao Jin lo estaba utilizando. También sabía que Lin Yuechi había infiltrado sirvientes y guardias de seguridad en la villa, e incluso estaba al tanto de los enredos románticos entre Xu Ling y Tang Jindong.

Pero por mucho que supiera, seguía siendo incapaz de hacer algo al respecto.

Solo podía dejarse llevar y cooperar con la farsa de Xiao Jin, permitir que aquellos sirvientes y guardias lo vigilaran, y obligarse a fingir que sentía afecto por Xu Ling.

Hasta ese día.

Cuando Xiao Suian vio a Chu Yan discutiendo con el guardia frente a la puerta principal de la villa, obtuvo el control de su cuerpo por primera vez y aprovechó la oportunidad para despedir al guardia.

Al principio, Xiao Suian creyó que solo había sido una coincidencia.

Pero tras ponerlo a prueba una y otra vez, Xiao Suian descubrió gradualmente que, siempre que Chu Yan estaba a su lado, podía elegir despedir a los sirvientes que lo vigilaban; elegir despedir a Chen Meng, quien no hacía su trabajo escudándose en su relación con Xiao Jin; elegir rechazar el constante acoso de Lin Yuechi.

Mientras Chu Yan se quedara a su lado, podría recuperar el control sobre su cuerpo. Por el contrario, en el momento en que Chu Yan se alejaba de su campo de visión, volvía a estar sometido al control.

Al pensar en esto, Xiao Suian miró a Chu Yan. La oscuridad del interior del auto ocultó las corrientes subterráneas que se agitaban lentamente en el fondo de sus ojos.

De hecho, podía sentir que el joven frente a él, aunque tenía el mismo rostro que el “Chu Yan” original, ya no era la misma persona.

Después de todo, dado que existía una fuerza desconocida capaz de controlar su propio cuerpo, que ocurriera algo como un intercambio de almas no era nada extraño.

Tal vez hace poco más de un mes, desde el momento en que se encontró por casualidad con Chu Yan en el vestíbulo del hotel, el otro ya había sido reemplazado por un alma diferente.

Sin embargo, para Xiao Suian, no le importaba en lo absoluto a quién pertenecía el alma que habitaba el cuerpo de “Chu Yan”.

Solo necesitaba saber que el joven frente a él —de apariencia atractiva y elegante, y que, aunque parecía gentil, en realidad era distante— había cambiado esa vida suya que fue controlada por más de veinte años.

[¡Reportando al anfitrión, el sistema ha detectado que Xiao Suian lo ha estado mirando fijamente!]

Justo cuando el silencio comenzaba a extenderse dentro del auto, Cero habló de repente en la mente de Chu Yan.

¿Para qué me mira?

Chu Yan apartó la mirada de la ventana y, por puro instinto, giró la cabeza para mirar a Xiao Suian. Sin embargo, la luz en el vehículo era demasiado tenue, por lo que no lograba discernir si el otro de verdad lo estaba mirando fijamente o no.

No obstante, la detección del sistema no debía estar equivocada.

[¡Jeje, tal vez Xiao Suian está enamorado en secreto del anfitrión!]

Aunque creo que es imposible, si de verdad pudiera tener un romance con un villano como Xiao Suian… Pensarlo de esta manera se siente bastante emocionante.

Sistema: […]

Chu Yan sonrió. Sin prestarle más atención al sistema, se dirigió a Xiao Suian:

—Cierto, Xiao Suian, en el futuro recuerda mantenerte alejado de Peng Jiang, de Peng Hai y de Xiao Yanan.

—¿Por qué? —preguntó Xiao Suian.

—¿Acaso hace falta preguntarlo? Cualquiera con ojos puede ver que tienen muchos prejuicios en tu contra; quién sabe si algún día se les subirá la sangre a la cabeza y te harán algo malo —respondió.

Chu Yan tenía sus razones para decir aquellas palabras.

Porque, justo en ese momento, recordó de repente que Xiao Suian había sido secuestrado una vez en la novela original, lo que resultó en una nueva lesión en sus piernas. Y aquel secuestro había sido planeado por Peng Jiang y Peng Hai con el único propósito de ganarse el favor de Xiao Yanan.

Xiao Suian miró profundamente a Chu Yan, con sus oscuros ojos tan fríos como la misma noche. Acto seguido, respondió en voz baja:

—Está bien, tendré cuidado.

Al llegar a su destino, el auto se detuvo lentamente. Chu Yan bajó primero; luego, un guardaespaldas sacó a Xiao Suian en brazos para sentarlo en su silla de ruedas y empujarlo hacia el interior de la casa.

—Hace un rato no logré llenarme con la cena. —Chu Yan caminó lentamente a un lado y se estiró con pereza, dejando al descubierto la suave y blanca piel de su cintura, aunque él mismo no se dio cuenta. Giró la cabeza y preguntó—: Xiao Suian, prepararé un refrigerio de medianoche en un momento, ¿quieres comer?

Aquella cintura delgada y pálida pasó rozando la vista de Xiao Suian. A menos de un tercio de metro de distancia, incluso pudo ver dos pequeños hoyuelos en la zona lumbar que asomaban a través del dobladillo de la ropa.

La mirada de Xiao Suian se oscureció un poco. En realidad, no tenía nada de apetito, pero esta vez, por alguna extraña razón, asintió con la cabeza.

A decir verdad, aunque aquella reunión familiar de la familia Xiao había tenido sus momentos desagradables a la mitad, para Chu Yan se podía considerar una cosecha bastante abundante.

Después de todo, había conseguido una tarjeta bancaria con una suma de siete cifras.

—Suian, ¿sabes cuáles son las organizaciones benéficas más confiables?

Chu Yan, sentado en el sofá, jugaba con la tarjeta bancaria en sus manos dándole vueltas mientras le preguntaba a Xiao Suian, quien trabajaba a un lado con su computadora portátil.

—La Fundación Benéfica Chaoyang, la Organización Benéfica para Niños Desfavorecidos Wanjia y la Organización Benéfica de Ayuda para Personas Sordomudas; estas agencias son de bastante confianza, nuestra empresa suele colaborar con ellas —respondió Xiao Suian, mencionando los nombres de varias instituciones sin levantar la vista de la pantalla—. ¿Estás planeando hacer obras de caridad?

Chu Yan sostuvo una esquina de la tarjeta bancaria entre sus dedos índice y medio, la agitó de un lado a otro y sonrió.

—Ya que ahora tengo dinero en mis manos, por supuesto que debo hacer algo de caridad.

—Es muy bueno que tengas ese pensamiento. —Xiao Suian asintió levemente, aprobando la idea de Chu Yan.

Anterior: Capítulo 76

Siguiente: Capítulo 78


Descubre más de Chacanna Traducciones

Suscríbete para recibir las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in ,

Deja un comentario

Descubre más de Chacanna Traducciones

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Continuar leyendo