Capítulo 49
Cuando el asistente Xiao-Jiang recibió la llamada de Zhou Xiang, no se sorprendió; había mucha gente a su alrededor que quería adularlo. Sin embargo, no se atrevió a despachar a Zhou Xiang a la ligera como a los demás. Su gran jefe había invitado personalmente a cenar a Zhou Xiang, y en el más de un año que llevaba con Yan Mingxiu, nunca lo había visto prestarle tanta atención a nadie. Solo Dios sabía lo que pasaba por la mente de su jefe; él solo sabía que no podía ofender a Zhou Xiang.
Los dos intercambiaron cortesías por teléfono. Con el pretexto de querer que el asistente Jiang le presentara más contactos, Zhou Xiang no paraba de charlar e intentar sonsacarle información. Entre una cosa y otra, logró desviar la conversación hacia la agenda de Yan Mingxiu.
Zhou Xiang obtuvo una fecha bastante precisa: el próximo jueves Yan Mingxiu volaría a Chongqing. Pero no iba por ningún compromiso artístico, sino para ocuparse de sus propios negocios.
La mayoría de las personas en el círculo lo llamaban “Presidente Yan” precisamente porque, a diferencia de otros artistas, Yan Mingxiu no se pasaba la mayor parte del tiempo corriendo de un evento a otro. Tenía su propia empresa y funcionaba muy bien.
Aparte de filmar películas o comerciales, Yan Mingxiu casi no asistía a eventos públicos. Parecía no importarle mucho su nivel de exposición mediática, pero de vez en cuando lanzaba un nuevo proyecto para asegurarse de que el público no lo olvidara.
Según el asistente Jiang, Yan Mingxiu iría a reuniones esta vez y no regresaría hasta el domingo por lo menos.
Zhou Xiang decidió no dudar más y actuar la noche del jueves.
Después de cenar el jueves por la noche, Zhou Xiang acompañó a Chen Ying a ver la televisión un rato, como de costumbre. Alrededor de las diez, usó la excusa de que unos amigos lo habían invitado a salir y se marchó. Originalmente, planeaba salir a medianoche sin decirle nada a Chen Ying, pero descubrió que ella tenía el sueño muy ligero, y si lo descubría, sería aún más problemático.
Preparó una serie de cosas: un gorro, gafas de sol, un cubrebocas, una linterna, alicates y demás. Con ese equipo, nadie pensaría jamás que estaba volviendo a “su propia casa”, sino que su intención era, indudablemente, robar.
En su corazón, Zhou Xiang se sentía patético y ridículo. Tenía que volver a su propia casa a buscar el dinero que tanto le había costado ganar, y resultaba que necesitaba “robarlo”. No había de otra; si alguien lo veía con ese aspecto, sin duda pensaría que era un ladrón.
Llegó al pasillo del edificio de su complejo residencial y esperó un momento, armándose de valor. Aprovechando que no había nadie a la vista, sacó rápidamente la llave de repuesto del cajetín de la manguera contra incendios y, temblando, abrió la cerradura.
Observó desde afuera por un largo rato. No había ni rastro de luz en el interior, así que no debía haber nadie, pero aun así estaba tan nervioso que le temblaba todo el cuerpo.
La puerta de seguridad de su casa seguía igual de complicada de abrir que antes. Al meter la llave, tenía que agarrar el picaporte y tirar hacia arriba para que la llave encajara perfectamente en la cerradura. El sonido de los engranajes girando sonó especialmente fuerte en el silencio de la noche, golpeando suavemente el corazón de Zhou Xiang.
¡La puerta se abrió!
Zhou Xiang volvió a mirar a su alrededor, giró rápidamente la perilla de la puerta de madera interior, entró en la casa y cerró sigilosamente.
Un olor a polvo y encierro le golpeó el rostro. Casi de inmediato, Zhou Xiang se dio cuenta de que nadie había estado en esa casa durante mucho tiempo. En esta época del año, si las ventanas no se abrían durante unos días, la casa se llenaba de aquel olor sofocante. Al parecer, Yan Mingxiu no vivía allí.
Zhou Xiang no se atrevió a encender la luz. En su lugar, prendió la linterna y recorrió la habitación con la mirada. El haz de luz, sumado al tenue resplandor de la luna, le permitió ver su hogar una vez más.
Absolutamente todo estaba tal y como lo recordaba, sin el más mínimo cambio. Era como si el tiempo de esos dos años no hubiera sido más que una alucinación; como si se hubiera marchado por solo tres meses y luego hubiera regresado. Su hogar, la casa que lo había acompañado desde que nació, seguía intacta, esperando su regreso.
Esa casa estaba llena de recuerdos por todas partes. Los suyos con sus padres y los suyos con Yan Mingxiu. Las historias de treinta años estaban todas condensadas en aquella vieja vivienda, haciendo que cada parche descascarado de la pared pareciera emanar el aroma de la nostalgia.
A Zhou Xiang le escoció la nariz; sintió ganas de llorar.
Deseó profundamente haber llegado allí como tantas otras veces, simplemente para “volver a casa”, y no para escabullirse brevemente como un ladrón.
Zhou Xiang sorbió por la nariz, sin atreverse a pensar más. Aunque Yan Mingxiu estaba en otra ciudad, todavía no se atrevía a quedarse allí por mucho tiempo. Supuso que eso era lo que llamaban tener la conciencia sucia.
Se cubrió los zapatos con bolsas de plástico y entró con pasos ligeros. La luz de la linterna barrió el polvo sobre el zapatero; no era espeso, solo una capa fina, lo que demostraba que alguien limpiaba el lugar de vez en cuando. Quizás Yan Mingxiu, en honor al afecto que alguna vez compartieron, todavía pedía que alguien fuera a limpiar esporádicamente para evitar que la casa terminara en ruinas.
Atravesó el pequeño y familiar pasillo y entró directo al dormitorio donde guardaba su dinero en efectivo.
Solía tener la costumbre de guardar algo de dinero de reserva en la mesita de noche. No era mucho, alrededor de cuatro o cinco mil yuanes, pero al menos era más de lo que ganaba en un mes. Planeaba tomar el efectivo y luego volver a la sala de estar a buscar sus tarjetas bancarias.
Al entrar al dormitorio, vio que seguía casi idéntico a como era antes. Incluso la ropa de cama era la misma que había comprado junto a Yan Mingxiu. Zhou Xiang no pudo evitar acercarse y tocar el edredón de seda pulcramente doblado. Ante aquella textura suave y tersa, todavía podía recordar la sensación de comodidad al frotarlo contra su piel desnuda, especialmente cuando Yan Mingxiu se daba la vuelta y lo abrazaba envuelto en las mantas.
Zhou Xiang soltó una sonrisa amarga. Volvió a colocar la esquina del edredón en su lugar con suavidad y abrió rápidamente la mesita de noche. Efectivamente, vio el dinero que había arrojado allí casualmente.
La vida anterior de Zhou Xiang era bastante buena; cuatro o cinco mil yuanes no eran gran cosa para él. En aquella época, todavía podía conducir su auto con estilo, llevar a los chicos que acababa de conocer a cenar o de bares, y darles pequeños regalos. Casi no había nada de qué preocuparse en su vida, hasta que conoció a Yan Mingxiu.
Hoy en día, incluso si se trataba de cuatro o cinco yuanes, tenía que ser ahorrativo. Chen Ying era capaz de caminar media hora hacia casa bajo el sol abrasador, cargando un montón de verduras, solo para ahorrarse un yuan en la tarifa del autobús. Zhou Xiang también se había visto obligado a cambiar su hábito de comprar sin mirar el precio, y ahora ahorraba dinero con diligencia.
Esos cuatro o cinco mil yuanes ya representaban una grata sorpresa para él.
Se metió rápidamente el dinero en el bolsillo y regresó a la sala de estar. No esperaba que, justo en ese momento, la linterna fallara; la luz parpadeó un par de veces y se apagó. Zhou Xiang se sintió frustrado y no tuvo más remedio que usar su teléfono celular para iluminar mientras buscaba sus tarjetas bancarias en el armario empotrado. La pantalla se apagaba constantemente, por lo que le costaba mucho buscar.
Cuando viajó a Guangxi en aquel entonces, solo había llevado una tarjeta para emergencias. De hecho, al viajar con el equipo de filmación, sus comidas estaban cubiertas, y no había lugares donde gastar en medio de las montañas, así que llevarla había sido innecesario. No recordaba cuánto dinero tenía esa tarjeta, pero seguramente no era mucho. La tarjeta con la mayor parte de sus ahorros estaba en aquel cajón. Allí guardaba un montón de recibos, documentos, libretas de ahorro y otras cosas; incluso se podía encontrar el certificado de matrimonio de sus padres.
Justo cuando estaba hurgando, sus agudos oídos captaron el sonido de la cerradura de la puerta de seguridad girando.
A Zhou Xiang se le erizaron los vellos de la nuca.
¿Alguien? ¿Yan Mingxiu? Imposible, ¿no estaba en Chongqing? No puedo tener tanta mala suerte como para haberme metido directo en la boca del lobo.
Si Yan Mingxiu me ve aquí, ¿cómo se lo voy a explicar? ¡Aunque tuviera diez cabezas no sabría cómo justificarlo!
En su desesperación, Zhou Xiang no supo qué hacer. Agarró un par de cosas que parecían tarjetas bancarias, se las metió todas en el bolsillo y cerró el cajón a toda prisa. En medio de su pánico, planeó meterse en el estudio para esconderse, pero con las prisas, cometió un error. Tropezó con un pequeño taburete que estaba junto a sus pies y cayó pesadamente al suelo con un fuerte estruendo.
La puerta principal se abrió. En la entrada apareció una figura alta que gritó apresuradamente:
—¡Quién anda ahí!
***
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