Zhou Xiang llegó a la empresa muy temprano.

Cai Wei ahora era el vicepresidente ejecutivo de la empresa, la mano derecha del jefe, y se encargaba de todo. Como el jefe casi nunca estaba en Beijing, los asuntos de la compañía básicamente los manejaba él. En estos últimos años, tanto sus contactos como su posición en la industria ya no se podían comparar con los de hacía dos años. Por lo tanto, conseguirle un trabajo a Zhou Xiang le resultó sumamente fácil.

Dos años atrás, no, para Zhou Xiang había sido apenas el mes pasado, él también era parte de esta empresa. Los trabajos que Cai Wei le conseguía entonces tenían la comisión más baja y siempre lo trataba muy bien. Al llevar tanto tiempo en la compañía y tener don de gentes, su relación con los empleados era excelente. Por eso le gustaba tanto esta empresa y sentía que volver a trabajar allí era un muy buen comienzo.

En el edificio de oficinas, Zhou Xiang se cruzó con varios colegas que conocía de antes. Tuvo que reprimir el impulso de saludarlos; a los ojos de esas personas, él era un completo extraño.

Cai Wei llevó a Zhou Xiang a su oficina y, con una sonrisa, lo invitó a sentarse. Luego contestó una llamada y, al terminar, tomó sus llaves y le dijo:

—Vamos, te llevaré a ver el set de filmación. Nuestro jefe invirtió más de diez millones en construir este estudio; ahora mismo es uno de los más grandes de Beijing y recibe un montón de proyectos cada día. Cuando llegues, empieza haciendo trabajos generales. No le temas al cansancio; muévete por todos lados. Quién sabe, tal vez algún día atrapes la oportunidad de filmar un comercial.

Zhou Xiang sonrió.

—Wei-ge, con tener un trabajo por ahora me basta, no pienso en nada más.

Cai Wei lo miró con aprecio.

—Bien, a tu edad no ser impaciente es algo bastante raro. Trabaja duro, y siempre que haya una oportunidad, tu Wei-ge sin duda te ayudará. Sé que las cosas no son fáciles para ti y tu madre. Para pagar tu tratamiento médico de seguro gastaron mucho dinero. Tómalo con calma, la vida sigue adelante de un modo u otro y las cosas mejorarán.

Zhou Xiang se sintió un poco conmovido. Aunque a los ojos de los demás Cai Wei era estricto y mordaz, y desprendía un aire astuto y calculador, Zhou Xiang sabía que esa era solo una fachada para poder sobrevivir en una industria tan compleja. En el fondo, Cai Wei era un hombre que valoraba mucho la lealtad y los afectos.

Cai Wei condujo en dirección a Tongzhou y lo llevó al nuevo estudio de filmación, ubicado al borde del Sexto Anillo. Su jefe había alquilado del primer al cuarto piso de aquel edificio, sumando un área total de más de mil metros cuadrados, para convertirlo en una gran base de producción audiovisual. Cada piso estaba dividido en dos zonas con temáticas diferentes, las cuales podían modificarse en cualquier momento.

Nada más entrar al edificio, vieron a varios modelos altos y con poca ropa caminando de un lado a otro, con el rostro cubierto de un maquillaje exagerado y recargado. Ambos estaban más que acostumbrados a ese tipo de escenas, así que se dirigieron directamente al segundo piso.

Pasaron por el set de una comedia de enredos familiares que estaba en plena grabación, y luego caminaron hacia la otra zona, destinada exclusivamente a películas con efectos especiales. En ese momento estaban filmando un comercial de ciencia ficción; el cuerpo musculoso del modelo masculino estaba envuelto en un traje ajustado de color plateado, mientras volaba por el aire colgado de cables.

—A-Liu —llamó Cai Wei a un joven pálido y regordete.

El joven llamado A-Liu corrió de inmediato hacia ellos y lo saludó con entusiasmo:

—Wei-ge.

Zhou Xiang no conocía a esta persona, probablemente era nuevo en la empresa.

—Te presento a alguien, es un hermano menor de mi pueblo natal. Asígnale algunas tareas por aquí. Hace poco le dieron el alta del hospital, así que no le des trabajo muy pesado. Trata de enseñarle todo lo que hay en el set, lo dejo en tus manos.

—Claro, no hay problema. No se preocupe, Wei-ge.

Cai Wei se volvió hacia Zhou Xiang. —A-Liu tiene veinticuatro años, es dos años menor que tú. Solo llámalo A-Liu. Es de logística aquí y se encarga de todo tipo de cosas. Síguelo y aprende mucho; en el futuro, si surge la oportunidad, podrías trabajar por tu cuenta como planificador o asistente de producción.

—A-Liu. —Zhou Xiang saludó al joven con una sonrisa, y luego asintió hacia Cai Wei—. Gracias, Wei-ge.

Cuando recién se graduó, él también solía deambular por estudios y sets de filmación. Estaba sumamente familiarizado con todo aquello; en cuanto a experiencia, tenía más que nadie. Poder volver a su antigua profesión, aunque fuera duro, le resultaba por lo menos pan comido. Cada vez se sentía más agradecido por el cuidado que Cai Wei le brindaba.

—Tengo asuntos pendientes en la tarde, así que no almorzaré contigo. Me voy primero —dijo Cai Wei.

—Wei-ge, no te preocupes por mí, puedo cuidarme solo.

—Cuídese mucho, Wei-ge —dijo A-Liu riendo alegremente.

A-Liu era de esas personas que entraban en confianza rápido y siempre mostraba una sonrisa a todos. Después de que Cai Wei se marchó, A-Liu guio a Zhou Xiang al interior del estudio de filmación y lo presentó brevemente.

—Aquí hay un nuevo compañero. Es muy guapo, no se pongan celosos y trabajen duro.

Las personas que estaban ocupadas soltaron unas cuantas risas y bromas.

Zhou Xiang echó un vistazo y descubrió que no conocía a nadie. Era cierto que en la industria la rotación de personal era altísima, pero en solo dos cortos años, ya no podía ver ni un solo rostro familiar. Esto lo llenó inevitablemente de melancolía.

Zhou Xiang sonrió con naturalidad.

—Me llamo Zhou Xiang, espero contar con su apoyo de ahora en adelante. Este hermano menor se los agradece.

—¿Zhou Xiang?

Un hombre que le daba la espalda ajustando las luces, y que no se había volteado en ningún momento, finalmente se giró y lo miró en silencio.

Zhou Xiang se quedó pasmado. Por fin encontraba a un conocido. Era uno de los iluminadores veteranos de su antigua compañía; también se apellidaba Zhou, y todos lo llamaban Lao-Zhou.

Lao-Zhou se puso de pie, lo observó por un momento y, pareciendo recordar al Zhou Xiang de antes, suspiró.

—Hola.

Lao-Zhou y él solían llevarse muy bien en el pasado. Verlo ahora cara a cara y no poder revelar su identidad le partía el corazón. Zhou Xiang no sabía cuántas veces más tendría que soportar situaciones tan tristes e incómodas como esa.

A-Liu se dirigió a Zhou Xiang:

—Ya casi es mediodía. Después de comer te llevaré a familiarizarte con el trabajo. Por ahora date una vuelta y mira por tu cuenta, es bastante interesante. Solo no toques los equipos de grabación, son carísimos.

Zhou Xiang asintió y comenzó a deambular para familiarizarse con su nuevo entorno laboral.

Zhou Xiang siempre había tenido don de gentes desde que era niño. Era del tipo tolerante y magnánimo, pero con principios, dejando ver siempre la grandeza de un verdadero hombre, lo que a su vez disuadía a cualquiera de ofenderlo a la ligera. Era leal, de comportamiento recto, y jamás utilizaba su antigüedad en el círculo para intimidar a los novatos. Además, tenía una charla amena y, por lo general, congeniaba con todo el mundo. Cuando las personas de su entorno tenían algún problema, siempre acudían a él en busca de consejo o ayuda. Los jóvenes y las chicas que lo conocían solían tenerle mucho aprecio. De no haber sido gay, se habría casado hace mucho con una mujer hermosa y de buena figura.

A un hombre tan carismático solo le tomó el tiempo de un almuerzo integrarse y entrar en confianza con sus colegas. Cuando el trabajo se reanudó por la tarde, primero ayudó a Lao-Zhou con la iluminación; luego, pasó a asistir al utilero. No se detuvo ni un segundo durante varias horas. Aunque estaba un poco cansado, todos lo elogiaron por lo rápido que aprendía. Zhou Xiang simplemente se hizo el tonto sin que se notara.

Para cuando terminaron de grabar el comercial, ya eran casi las ocho de la noche. El director era demasiado exigente, por lo que habían grabado todo el día hasta que por fin quedó satisfecho. Todos estaban muertos de hambre y se apresuraron a recoger sus cosas para ir a comer.

Mientras Zhou Xiang ayudaba a Lao-Zhou a recoger el equipo, este lo miró y soltó un suspiro.

—Te llamas Zhou Xiang…

Zhou Xiang fingió no entender a qué se refería.

—¿Pasa algo?

—En el pasado, tenía un hermanito que también se llamaba Zhou Xiang.

—Ah, Wei-ge me lo mencionó.

—No sé si es porque ambos tienen el mismo nombre y apellido, pero, ¿por qué siento que te pareces tanto a él? —preguntó Lao-Zhou—. Tu tono de voz, tu forma de tratar a los demás… Quizás solo me lo estoy imaginando. A decir verdad, ya han pasado dos años desde que se fue, y mis recuerdos ya no son tan claros.

Zhou Xiang sonrió con impotencia, sin saber qué decir.

En ese momento, A-Liu contestó una llamada y comenzó a exclamar a los gritos:

—¿Ahora? Mi señora, ya son las ocho. Estoy tan hambriento que parezco un esqueleto.

Alguien se burló:

—Liu-ge, ¿acaso tu novia te mandó a comprar comida para perros?

—Jajaja.

A-Liu colgó el teléfono frustrado y miró al chico con enojo.

—Puras tonterías. Ríanse, ya veremos si podrán seguir riéndose en un rato.

—¿Y por qué no podría reírme?

A-Liu esbozó una mueca contorsionada.

—Dejen de recoger todo. El trabajo de hoy aún no termina. Un grandísimo actor viene a filmar un comercial.

—¡Ahhh!

Todos empezaron a lamentarse como almas en pena. Aunque no era raro que tuvieran que hacer horas extras para acomodarse a las agendas de ciertas celebridades, hoy era sábado. De por sí sus horarios no eran fijos, y, para colmo, era de las raras ocasiones en las que tendrían el domingo libre. Después de estar ocupados todo el día, todos solo querían volver rápido a casa a descansar. Nadie se esperaba que saliera algo a último momento, y mucho menos sabían cuántos días duraría este alboroto. Lo más desgarrador de todo era que, con mala suerte, tendrían que trabajar también el domingo.

—¿Quién es? ¿De quién se trata?

—Del Joven Maestro Yan. Ya está abajo; insistió en que tenía que grabar hoy mismo.

Una asistente recién contratada soltó un chillido que asustó a todos los presentes y empezó a dar saltitos de emoción.

—¡Yan Mingxiu! ¡Yan Mingxiu! ¡Voy a conocer a Yan Mingxiu!

La sangre desapareció por completo del rostro de Zhou Xiang. Las manos con las que recogía sus cosas temblaron de manera incontrolable.

Lao-Zhou masculló un insulto y, al bajar la cabeza, notó que el rostro de Zhou Xiang estaba espantosamente pálido.

—¿Xiao-Zhou? —¿preguntó de inmediato— ¿Qué te pasa? ¿Tienes hambre?

Zhou Xiang respondió con voz ahogada.

—Ah, uhm, sí, un poco.

¿Yan Mingxiu? ¿Cómo podía ser?

No es que no hubiera pensado que volvería a toparse con Yan Mingxiu al trabajar en esta industria, pero simplemente había planeado rechazar cualquier proyecto en el que él estuviera involucrado. Lo que nunca se imaginó fue que se vería obligado a enfrentarse a él en su primer día. Estaba totalmente desprevenido; el golpe lo había dejado aturdido.

A-Liu también echó un vistazo en dirección a Zhou Xiang.

—¿Zhou Xiang? ¿Estás bien? Te ves terrible.

Zhou Xiang se puso de pie y habló con incomodidad.

—A-Liu, hace poco salí del hospital. Creo que aún no logro adaptarme. ¿Te importa si me voy por hoy? Ni siquiera tuvo que levantar la cabeza para sentir las miradas de insatisfacción a su alrededor. Que un hombre adulto usara la excusa de sentirse mal para evitar trabajar horas extras, especialmente siendo el nuevo, inevitablemente le traería críticas. Si no hubiera sido una situación desesperada, jamás habría hecho una petición como esa.

Aunque A-Liu no quería dejarlo ir, ya que eso sin duda causaría resentimiento entre los demás, Zhou Xiang había sido traído personalmente por Cai Wei, quien además había dejado claro desde el principio que la salud de Zhou Xiang no era la mejor. Como no podía ponerle las cosas difíciles, A-Liu asintió y se giró para preguntarle a Lao-Zhou, el veterano del grupo:

—Zhou-ge, ¿crees que está bien? Wei-ge me dijo que recién le dieron el alta y que de verdad podría sentirse indispuesto.

Lao-Zhou asintió.

—Déjenlo ir a casa. Miren su cara, no tiene una gota de color.

Los demás miraron a Zhou Xiang y se dieron cuenta de que, efectivamente, no se veía nada bien; daba la impresión de que su cuerpo estaba a punto de desplomarse. Sin embargo, no había tenido ningún problema trabajando duro toda la tarde y justo ahora que se anunciaban horas extras empezaba a sentirse mal. Era comprensible que fuera un poco difícil de creer.

—Toma un taxi en la salida —dijo A-Liu—. Estoy demasiado ocupado por aquí, si no, te habría llevado yo mismo.

Zhou Xiang agitó las manos frenéticamente.

—No, no es necesario, puedo ir solo. Lo siento mucho, chicos. La próxima vez compensaré mi parte de hoy. Disculpen de verdad. Se disculpó repetidas veces, y luego recogió sus cosas y echó a correr hacia el ascensor como si estuviera huyendo de algo.

Justo cuando estaba a punto de llegar, el ascensor del segundo piso emitió un sonido metálico. Las puertas comenzaron a deslizarse hacia los lados de forma lenta, pero imparable.

El corazón de Zhou Xiang dio un vuelco. Se secó el sudor de la frente y su mente comenzó a calmarse gradualmente.

Yan Mingxiu no lo conocía. ¿Qué importaba si se encontraban cara a cara?

Las puertas del ascensor se abrieron por completo. De pie, justo al frente, estaba el mismo hombre que había aparecido aquel día en el anuncio publicitario LED; el actor de cine increíblemente popular que, a sus veintitrés años, ya había conquistado al mundo entero: Yan Mingxiu.

Yan Mingxiu había crecido un poco.

Los recuerdos que Zhou Xiang tenía de él seguían estancados en la etapa de aquel joven que disfrutaba vistiendo ropa deportiva y pantalones de mezclilla, que desprendía un aura de juventud y arrogancia. El Yan Mingxiu de ahora llevaba un traje casual. Lucía sereno, reservado, y su expresión parecía haberse congelado en su rostro, desprendiendo una tremenda frialdad. Zhou Xiang había estado en la industria del entretenimiento durante casi diez años y había visto todo tipo de bellezas; sin embargo, tanto hace tres años como ahora, siempre pensó que Yan Mingxiu era el hombre más perfecto que había visto en su vida. No sabía cómo Dios había logrado esculpirlo con tanto detalle; no era de extrañar que pudiera cautivar a miles y miles de espectadores.

Incluso él mismo, que creía haber visto a incontables personas, ¿acaso no había caído rendido bajo el hechizo de Yan Mingxiu?

Fue incapaz de evitar que todos y cada uno de los detalles de su relación con Yan Mingxiu inundaran su mente. Desde el momento en que se conocieron hasta aquella última llamada telefónica, apenas había transcurrido un año. Para él, esos recuerdos eran demasiado recientes. Era una sensación muy extraña; era como si apenas la semana pasada hubiera visto a ese chico como un adolescente, pero, al encontrarse de nuevo esta semana, la otra persona ya se había convertido en un hombre adulto. Esos dos años que para él habían estado completamente en blanco, habían cambiado a todo el mundo, habían cambiado muchas cosas. Solo él había perdido inútilmente ese tiempo y ahora se veía obligado a aceptar los drásticos cambios.

Zhou Xiang estaba de pie en línea recta con el ascensor. Cuando Yan Mingxiu salió de él rodeado por un gran número de personas, lo primero que vio fue a Zhou Xiang.

Originalmente, no era más que un extraño al que jamás le habría dedicado una segunda mirada. Sin embargo, al ver la mirada profunda y tan compleja en los ojos de Zhou Xiang, sintió como si su cuerpo fuera absorbido, y experimentó unas fuertes palpitaciones.

¡Por qué esa mirada le resultaba tan familiar!

Yan Mingxiu se inclinó ligeramente hacia adelante; no podía detener los latidos frenéticos de su corazón. No entendía en absoluto qué le pasaba. ¿Por qué un simple extraño le producía semejante conmoción?

Ambos se miraron a escasos metros de distancia. Estaban tan cerca el uno del otro, pero al mismo tiempo tan lejos, como si estuvieran separados por miles de ríos y montañas.

Zhou Xiang se sintió completamente desamparado. Al enfrentarse a Yan Mingxiu, todavía perdía el control de sí mismo. Hizo un gran esfuerzo para estabilizar su mente, bajó la cabeza y decidió usar las escaleras.

Cuando pasó al lado de Yan Mingxiu, este dio un gran paso hacia él de repente. Bajo la mirada atónita de todos, agarró fuertemente el brazo de Zhou Xiang, con tanta fuerza que este último frunció el ceño.

Zhou Xiang volteó a verlo de golpe. La estatura de casi un metro noventa de Yan Mingxiu ejercía no poca presión sobre él. Solo pudo ver un destello agudo en los ojos del joven actor. Sus labios temblaban ligeramente mientras, con una voz helada que no admitía rechazo, formuló una pregunta que parecía no tener sentido alguno:

—¿Quién eres?

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