¿Estás seguro de que no quieres?
Recordó que Winston siempre cumplía su palabra y de pronto sintió que todo aquello era aterrador.
—¿Qué? —rio Winston por lo bajo y se tocó el labio inferior con el dedo—. Seguro no recuerdas cómo me mordiste, ¿verdad?
Ah… sangró…
¡Solo de pensarlo dolía!
—Tus habilidades para besar realmente necesitan mejorar; no creo que puedas darle a ninguna mujer una buena noche.
Winston giró el rostro, tensando la línea de su cuello, y en el costado, Hunter vio una pequeña pero profunda marca roja.
—Esto… ¿lo hice yo?
—¿Acaso crees que me besé a mí mismo?
Winston tenía una sonrisa casi imperceptible en los labios, pero su voz sonaba terriblemente fría.
Hunter de repente se sintió culpable del peor de los crímenes; realmente quería caer de rodillas ante los pantalones deportivos del otro.
Pero ya era demasiado tarde.
—Durante estos días, haz el favor de mantener a tu pequeño Hunter a raya. Nos vemos en la pista.
Tras decir eso, Winston se fue.
Hunter se quedó de pie, pasmado en su sitio, todavía incapaz de asimilar todo aquello.
—¡Me voy a morir! ¡Me voy a morir!
Originalmente, si no entraba entre los cinco primeros durante tres carreras consecutivas, a lo sumo tendría que bailarle un striptease a Winston. Hunter ya lo había pensado: en el peor de los casos, bailaría breakdance en ropa interior.
Pero ahora… si en este Gran Premio…
No quería ser atravesado por esa cosa de Winston… Esa apuesta había superado todos los límites…
Entonces, Hunter sintió que era un imbécil.
Winston claramente lo estaba amenazando, presionándolo con la esperanza de que se tomara la competencia en serio. Emborracharse durante la temporada seguramente era una falta de profesionalismo a los ojos de Winston.
El autocontrol de ese sujeto debía ser estricto, pero no podía imponer esa misma rigidez a sus amigos.
¡Oh, Dios, sería mejor tirar el secador de pelo a la bañera ahora mismo y electrocutarse!
A la hora de dormir, la frase de Winston, “Si no quedas entre los cinco primeros en esta carrera, te lo meteré en la boca”, no dejaba de resonar en su cabeza.
Hunter comenzó a divagar… ¿Qué tan grande sería el pequeño Winston? ¿Qué había pasado realmente después de emborracharse?
Apenas recordaba que había enloquecido; todo lo que le importaba, lo que lo avergonzaba o lo incomodaba, quedó en el olvido gracias al alcohol. Era como si algo lo atrajera, lo sedujera… haciéndolo actuar como alguien diferente.
Se apretó la cabeza con fuerza; efectivamente, el alcohol era aterrador.
Al día siguiente, Hunter no fue el único que amaneció desanimado; también lo hicieron el director de la escudería, Marcus, el piloto Maddie y el gerente de relaciones públicas.
Sin embargo, Marcus se armó de valor y convocó a una reunión, ya que un nuevo director de unidades de potencia se uniría a la escudería Marcus.
—Oye, Hunter, cuando conozcas al doctor Shen, por favor intenta ser más amable; no pongas esa cara de fastidio, ¿de acuerdo?
—¿Acaso parezco antipático? —preguntó Hunter, alzando la mirada.
—No pareces antipático, solo parece que no tienes ganas de vivir —respondió Marcus, sentándose a su lado con resignación—. Escucha, estoy igual que tú… siento como si me hubieran inyectado sake japonés directo en el cerebro, pero el doctor Shen es realmente importante.
Aunque Hunter admiraba al personal de investigación y desarrollo, nunca había tenido mucho en común con ellos. Probablemente, ese tal doctor Shen también tendría la boca llena de datos incomprensibles.
—Solo quiero saber si ese doctor Shen logrará que termine entre los cinco primeros en esta carrera.
—Él… tal vez sí pueda —respondió Marcus tras pensarlo seriamente.
Hunter se animó de golpe y miró a Marcus con incredulidad.
—¡Nunca te había visto confiar tanto en alguien! No me estás tomando el pelo, ¿verdad?
—Hunter, sabes que hoy en día la Fórmula 1 ya no depende exclusivamente de la habilidad del piloto, ¿cierto? —suspiró Marcus.
—Sí… el rendimiento del monoplaza es lo principal. ¡Y solo un genio como yo es capaz de conducir el coche de ustedes para competir contra las grandes escuderías! —exclamó Hunter, sin olvidar inflar su propio ego.
—Así es —admitió Marcus con total franqueza—. A decir verdad, el año pasado, nuestro director técnico de unidades de potencia ya tenía intenciones de irse. Se quedó a regañadientes por nuestra vieja amistad, y yo empecé a buscar a alguien que tomara su lugar. ¡Pero aquellos con verdadera experiencia y capacidad de desarrollo ya fueron fichados por las grandes escuderías hace mucho tiempo!
—Claro. Ustedes no pueden permitirse pagar esos salarios anuales —dijo Hunter, señalándose a sí mismo para dar a entender que su propio salario era de los más bajos.
—¿Crees que no sé que la escudería Red Bull te ofreció setecientos cincuenta mil? —dijo Marcus, divertido.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Hunter, pasmado.
—Para ser un mocoso odioso, te mantienes muy sereno. Ni siquiera viniste a usar ese intento de fichaje como palanca para pedir un aumento de sueldo.
—¡Si tuvieras dinero, sí te hablaría de sueldo! Si ni siquiera puedes permitirte comprarte unos pantalones, pedirte un aumento sería como obligarte a medicarte.
—¿Qué medicación?
—¡La de los locos! —respondió Hunter, con cara de que era lo más obvio del mundo.
—Descuida, si sigues manteniendo este nivel, te aseguro que tus bonos superarán el millón —dijo Marcus, conteniendo las ganas de golpearlo.
—¿De verdad? —preguntó Hunter, abriendo mucho los ojos.
—De verdad… ¡Oye, no estamos hablando de ti, sino del doctor Shen!
—¡Entonces hablemos del doctor Shen, continúa con eso!
Saber que no le faltaría dinero al final de la temporada llenó a Hunter de energía al instante.
—Es chino y vino a Estados Unidos con su hermana menor para hacer el doctorado. El doctor Shen me envió algunos de sus conceptos de diseño para la Fórmula 1 y me confesó que esas ideas habían estado gestándose en su cabeza durante muchos años. ¡Es fanático de la F1 desde la secundaria! Al principio sentí que, aunque el prestigio del MIT es deslumbrante, la enorme cantidad de artículos publicados me hacía pensar que probablemente era mejor para la teoría que para la práctica implacable que exige la Fórmula 1…
—¿Y entonces?
—¡Entonces decidí que necesitábamos una entrevista cara a cara! Sucedió durante el Gran Premio de Montreal, en Canadá. Mientras platicábamos en el restaurante del hotel, me di cuenta de que muchas de sus ideas no solo se ajustaban a las necesidades de la competencia, sino que eran factibles, no solo teorías conceptuales. Aun así dudaba, porque el salario anual que pedía era casi el mismo que el de nuestro actual director de unidades de potencia.
—Ah… ¿o sea que de nuevo te dolió soltar el dinero? —suspiró Hunter.
—¡Oye! ¡Esa era una consideración razonable, maldito mocoso!
—Bueno, supongamos que fue… una consideración razonable… ¿Y luego el doctor Shen bajó sus exigencias salariales?
—No, no las bajó; fui yo quien aceptó pagarle lo que pedía —dijo Marcus, levantando la cabeza y dejando escapar un suspiro—. Porque justo en ese momento, Winston estaba en la recepción del hotel y mencionó que Ferrari le ofrecería el triple para contratarlo.
—¿Y le creíste a Winston? —preguntó Hunter, ladeando la cabeza para mirarlo.
—¿Acaso no es más confiable que tú? —replicó Marcus.
Hunter puso cara de frustración. Si supieras lo que me dijo esta mañana al salir de mi habitación, ¿seguirías pensando que es confiable?.
—¡Ahora de verdad creo que salimos ganando! El doctor Shen ajustó la unidad de potencia en solo un mes. Cuando Luke probó el monoplaza, su velocidad en las curvas mejoró en una décima de segundo, y no solo eso… ¿Sabías que su hermana también está haciendo un doctorado en mecánica y aerodinámica en el MIT?
—Obvio que no lo sabía.
—¡Pues ahora es nuestra ingeniera de sistemas de suspensión! ¿Recuerdas lo increíble que era el sistema de suspensión activa en aquel entonces?
—¡Claro! Era tan increíble que le quitó todo el sentido a la F1 y la FIA lo prohibió de inmediato.
—El nuevo sistema de suspensión variable que ella propuso ya fue aprobado oficialmente por la FIA. Resuelve el problema de la inclinación frontal al frenar usando el par de frenado; es parte de la suspensión, no un paquete aerodinámico.
—¿De verdad? —preguntó Hunter, un poco desconcertado.
—¡De verdad! Tienes que probarlo bien en los entrenamientos libres de esta ocasión. ¡No sabes la envidia que les tiene Luke a ti y a Maddie!
En ese instante, ¡Hunter sintió que había resucitado!
Si el rendimiento del monoplaza había mejorado, ¿acaso sería posible que volviera a entrar entre los cinco primeros?
Justo entonces, desde el pasillo se escuchó el sonido de unas maletas rodando.
—¡Llegaron! —gritó Marcus, cuyo cerebro empapado en sake pareció despejarse de golpe. Corrió hacia la entrada, abrió la puerta de un tirón y abrazó fuertemente al joven de cabello negro que estaba parado allí—. ¡Oh… al fin llegas! ¡Pensé que te perderías los entrenamientos libres!
—¡Cómo crees! Quería escuchar de boca del propio Hunter si le gustaban o no los ajustes que Xi y yo hicimos.
Esa fue la primera vez que Hunter vio a Shen Chuan. Era un joven de cabello negro que lucía bastante joven, con ojos amables y una sonrisa inteligente, pero en absoluto arrogante.
Llevaba una camiseta sencilla y unos pantalones de mezclilla, y no se le notaba en absoluto la rigidez o el disgusto obsesivo típico de los investigadores.
—Hola, soy Evan Hunter… piloto de la escudería Marcus —se presentó Hunter, poniéndose de pie por iniciativa propia para tenderle la mano.
—Hola, soy Shen Chuan, el nuevo director de unidades de potencia. Esta es mi hermana menor, Shen Xi —dijo Shen Chuan con una sonrisa y se hizo a un lado; recién entonces Hunter notó a la chica de complexión pequeña que estaba de pie detrás de él.
Sostenía la maleta con una mano y ladeaba la cabeza para mirar a Hunter; las anticuadas gafas de marco negro que llevaba solo hacían que sus ojos se vieran aún más brillantes.
—Hola, Hunter. Mi hermano y yo vimos tu carrera en la pista de Silverstone. Fue una verdadera lástima.
¡Qué linda! ¡Qué adorable!
Hunter abrió mucho los ojos; ¡la chica frente a él era tan pequeña que sentía que podría sentarla sobre sus hombros sin esfuerzo! ¡Esos grandes ojos mirándolo con tanta seriedad le recordaron a Arale, la caricatura que veía de niño!
—¡Sí, se me reventó un neumático! —dijo Hunter.
—Casi te doblan después del pinchazo, pero aun así lograste alcanzar el octavo lugar; tu habilidad al volante es indiscutible. Si hubieras estado conduciendo el monoplaza diseñado por mi hermano y por mí, habrías terminado séptimo o sexto —aseguró la chica llamada Shen Xi, empujándose las gafas hacia arriba.
—A Xi realmente le agradas. Ese día, después de ver la carrera en la pista de Silverstone, dijo que le encantaría ser tu ingeniera de carrera. Yo también te admiro. Me he preguntado infinidad de veces: si estuviera en tu lugar, ¿me negaría a rendirme y seguiría persiguiendo a los demás hasta el final, incluso tras una mala clasificación y un pinchazo inoportuno? La respuesta es que sí. Creo que somos de la misma especie; espero que algún día puedas ganar el campeonato conduciendo nuestro monoplaza.
Hunter miró a Shen Chuan a los ojos y notó que no era como esas personas que solo hablaban para quedar bien; era sincero, cada una de sus palabras era real.
—Bien, ¡entonces eres mi hermano! —exclamó Hunter, ofreciéndole el puño a Shen Chuan. Pensó que el otro no sabría cómo reaccionar, pero para su sorpresa, chocaron los puños con total naturalidad.
Desde el almuerzo hasta la cena, Hunter y Shen Chuan hablaron de todo, desde los posibles problemas al girar el monoplaza hasta la aceleración para adelantar en las rectas. Shen Chuan no solo resultó ser un oyente muy paciente, sino que era capaz de explicar principios complejos usando las metáforas más simples y gráficas para Hunter, sin un ápice de arrogancia de ingeniero de élite.
—¿Creen que… de verdad pueda entrar entre los cinco primeros esta vez? —preguntó Hunter con suma seriedad.
—¿No me digas que te falta confianza? ¿O acaso dudas de nosotros? —rio Shen Chuan.
—No, es que este asunto es muy importante. ¡Si no entro entre los cinco primeros, preferiría que me partiera un rayo!
—Incluso si de verdad no logras entrar entre los cinco primeros, la probabilidad de que te parta un rayo es muy baja… —comentó Shen Xi, quien había estado concentrada analizando la estructura de su gofre de frutas.
—Lo notarás durante los entrenamientos libres —lo consoló Shen Chuan, palmeándole el hombro.
Por alguna razón, cada palabra de Shen Chuan irradiaba una calma que obligaba a creerle ciegamente.
—Aunque, si no quedas entre los cinco primeros después de que mi hermano y yo actualizamos el monoplaza para ti, construiré una máquina que atraiga un rayo para matarte yo misma —advirtió Shen Xi, cortando el gofre con el cuchillo mientras la mermelada de fresa se escurría como sangre.
—Jaja, ¡tu hermana sí que sabe bromear!
—Para nada, mi hermana nunca bromea. Lo que dice es completamente en serio —asintió Shen Chuan.
Hunter se quedó congelado… ¡Jamás entendería la mente de los genios!
Unos días después, comenzaron los primeros entrenamientos libres en la pista de Suzuka.
En las rectas, Hunter no podía sentir plenamente la ventaja del monoplaza actualizado, pero era innegable que el centro de gravedad del vehículo estaba mucho más equilibrado.
Al frenar para girar, la estabilidad del monoplaza lo sorprendió gratamente; incluso sin mirar el cronómetro, sabía perfectamente que estaba tomando las curvas con mayor rapidez y fluidez.
Al terminar la sesión, corrió ansioso hacia Shen Chuan, quien sostenía su barbilla mientras miraba una tableta.
—¡Hermano, te amo!
Shen Chuan extendió los brazos de inmediato para amortiguar el impacto, pero aun así fue empujado hacia atrás y casi cayó al suelo.
—Nosotros también te amamos —respondió Shen Chuan, resignado.
—¿Entonces te gustó mucho el monoplaza?
Shen Xi se acercó desde no muy lejos, mordisqueando un Snickers. Por un momento, a Hunter le recordó a la pequeña ardilla que saltaba en el alféizar de su ventana cuando era niño.
—¡Me encantó!
—Nosotros también estamos muy satisfechos con los datos de los entrenamientos libres de hoy. Así que, si no consigues estar en el top cinco en este Gran Premio, tengo cien maneras diferentes de hacer que te parta un rayo.
Dicho eso, Shen Xi se dio la vuelta.
—Otro recordatorio amistoso: Xi hablaba en serio —rio Shen Chuan, chasqueando los dedos junto al oído de Hunter.
De repente, Hunter sintió el doble de presión.
Los segundos entrenamientos libres estaban programados para la tarde. Hunter caminó hacia el baño tarareando El puente de Londres va a caer para aliviarse.
Apenas entró, se topó de frente con Winston, que iba saliendo.
A diferencia de la emoción que sentía antes al verlo, en ese momento Hunter solo quería desaparecer.
Le había costado mucho trabajo olvidar las estupideces que le había hecho a Winston estando borracho; y aunque todavía no recordaba la mayor parte, se sentía sumamente avergonzado.
Estaba a punto de fingir que solo pasaba por la puerta del baño, cuando Winston pronunció su nombre:
—Hunter.
Hunter lloraba internamente, pero en su rostro tuvo que esbozar una expresión de «estoy muy bien, no estoy incómodo en absoluto».
—Jaja… ¡Winston! ¡Viniste al baño! ¡Todavía no hemos ido al baño juntos!
¡Mierda! ¡Hunter! ¿Se te cruzaron los cables? ¡Qué clase de tontería es esa!
—Me parece bien, entremos juntos ahora —dijo Winston. Ladeó la cabeza, indicándole que pasaran.
—Tú… ¿no habías terminado ya?
¡Ni loco iría al baño contigo!
—Tus peticiones siempre han sido una prioridad para mí —susurró Winston. Curvó los labios en esa sonrisa que solo Hunter había visto y se acercó a él con naturalidad.
Esa sonrisa le dejó claro a Hunter de inmediato que el sujeto seguía enojado.
—¡No te molestes! ¡Ahora ya no tengo ganas de ir al baño! —dijo Hunter. Tragó saliva instintivamente y agitó las manos a toda prisa.
—¿Entonces a qué viniste? ¿A encontrarte conmigo por casualidad? —preguntó Winston, dando medio paso al frente; su rostro estaba casi pegado a la mejilla de Hunter.
—Cómo crees… nosotros…
Antes de que pudiera terminar, sintió que una fuerza aplastaba sus hombros, empujándolo bruscamente contra la pared del pasillo del baño.
—Mierda… —Casi se golpea la nuca.
Al instante siguiente, el otro lo agarró de las mejillas, obligándolo a levantar la cabeza y abrir la boca.
Hunter frunció el ceño, pero se encontró de lleno con los ojos azul hielo de Winston.
Su mirada descendió, como si trazara el contorno de los labios de Hunter, enganchando su lengua y adentrándose con lentitud, pero sin aceptar rechazos.
El corazón de Hunter pareció encogerse y su sangre se detuvo.
Por primera vez, sintió un miedo inexplicable hacia ese hombre.
Unos segundos después, Winston lo soltó y Hunter lo empujó enfurecido, frotándose las mejillas adoloridas por el agarre.
—¡Qué te pasa! —gritó, tratando de ocultar la ansiedad que sentía por dentro en ese instante.
—Estaba revisando tu boca.
—¿Qué tiene mi boca? —se alarmó Hunter; ¿acaso este tipo buscaba venganza porque le había mordido el labio inferior el día que se emborrachó?
—Temía que no fuera a entrar.
Winston bajó la mirada; su rostro aún conservaba esa sonrisa casi imperceptible, pero solo Hunter podía sentir la inmensa frialdad que emanaba de él.
—Que entrara qué…
Cuando procesó lo que el otro insinuaba, la sangre le hirvió y lo fulminó con la mirada.
Entonces, su viejo problema volvió a aparecer.
Su lengua se tensó tanto que no podía articular palabra alguna, por lo que solo le quedó apretar los labios con fuerza y dejarle claro a Winston con la mirada que de verdad estaba enojado.
—Hunter, ¿estás molesto?
Winston estiró la mano hacia él, pero Hunter giró el rostro para esquivarlo.
—Como disculpa… si logras entrar entre los cinco primeros esta vez, te lo sacaré con la boca.
Winston lo miró, ya sin la sonrisa burlona de hacía un momento, como si estuviera forjando una promesa sumamente importante entre los dos.
Pero Hunter sabía que los instintos perversos de aquel sujeto estaban haciendo de las suyas otra vez. Winston estaba enfadado, pero en esta ocasión no tenía idea de cuál era el motivo exacto para que le durara tanto el coraje.
¿Qué te pasa?
Si es solo porque me pongo mal cuando bebo, sabes perfectamente que no debías tomarlo en serio, ¿por qué sigues enojado conmigo?
Tenía la ligera sospecha de que no se trataba solo de haberlo besado o de haberle roto el labio; debía haber ocurrido algo más para que Winston le guardara tanto rencor hasta ahora.
Pero… ¡qué demonios pasó!
—¿Y bien? —preguntó Winston con un tono ascendente, haciendo que el corazón de Hunter diera un vuelco.
—¡No… no necesito eso!
Lo empujó con fuerza, pero Winston se mantuvo inclinado hacia él, sin moverse un milímetro.
La marca en su labio inferior ya había formado costra y era un poco más oscura que el color natural de su boca; desde esa distancia, Hunter podía verla con total claridad.
¿Cómo diablos lo mordí en aquel momento?.
¿En qué posición?
¿Habrá sido un choque accidental cuando me tropecé?
Si fue así… ¿Winston me atrapó en sus brazos?
Un sinfín de imágenes que no se atrevía a imaginar invadieron su mente, representando un mar de posibilidades.
De pronto, el pánico se apoderó de él.
Su propia fuerza no era poca, pero no había logrado moverlo, lo que hirió su orgullo. Así que reunió toda su energía y lo empujó una vez más.
Esta vez, Winston al fin retrocedió un pequeño paso, tambaleándose ligeramente.
Hunter aprovechó la abertura para escapar, pero, para su sorpresa, el otro volvió a extender el brazo, bloqueándole el paso en su dirección de huida.
—¿Estás seguro de que no quieres? —preguntó Winston. No había ni rastro de diversión en sus ojos, sino más bien una advertencia.
Sintió que le estrujaban el corazón y un terror inexplicable lo invadió.
—¡No quiero! —gritó, con el cuello tan rojo que parecía a punto de estallar.
Con el presentimiento del peligro inminente, lo único que deseaba era retirarse de inmediato y regresar a su zona de confort.
Empujó el brazo de Winston con fuerza, pero el otro flexionó el codo de repente, a punto de atraparlo en un abrazo. Hunter reaccionó con agilidad, agachándose a medias para escabullirse, pero los reflejos de Winston fueron aún más agudos: se agachó a la par y lo envolvió entre sus brazos de un solo movimiento.
Con la mejilla casi aplastada contra el pecho del otro, Hunter maldijo en sus adentros:
¡Maldita sea! ¡Qué diablos quieres!
En ese instante, se escuchó un silbido.
Al alzar la vista, vio a Owen, de la escudería Red Bull, con las manos en los bolsillos y mirándolos con una sonrisa.
Esa mirada decía claramente: “Vaya, ¿qué cosa tan interesante acabo de ver?”
¡Aún no habían ajustado cuentas por la jugarreta que ese sujeto le había hecho la última vez!
Lo fulminó con la mirada, pero Owen pasó junto a ellos con total indiferencia.
—Ay, Hunter, ya que tienes tantas ganas de llevarte a alguien a la cama… ¿por qué no le ganas a Winston esta vez y yo mismo te llevo a disfrutar?
Hora del huevo salado:
Winston: Hipócrita.
Hunter: ¿Qué?
Winston: Es evidente que cuando estás acostado solo, fantaseas con que te lo saco, y aun así tienes el descaro de decirme que no quieres.
Hunter: Tú… ¿cómo lo sabes?
Winston: No lo sabía. Tu reacción de ahora acaba de confirmarme que mis sospechas eran correctas.
Hunter: …
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