¿Fue por orgullo? ¿Por la sensación de crisis tras los malos resultados en las carreras anteriores? ¿O fue por pasión?

¡Entre los vítores del público, el piloto de Caterham, a quien Hunter ya había rebasado, fue superado por él por segunda vez en esta carrera!

Esa cuerda que llevaba tiempo floja volvió a tensarse, liberando toda su energía justo en el instante previo a romperse.

Al final, Hunter cruzó la línea de meta en el octavo lugar.

Este resultado, tanto para los espectadores como para la escudería Marcus, parecía un milagro.

Cuando Hunter llevó el monoplaza de vuelta a boxes, todos lo rodearon.

—¡Qué grande eres, muchacho! ¡Estuviste jodidamente increíble!

—¡Fue una montaña rusa! ¡Casi se me sale el corazón!

Sin embargo, en ese momento, Hunter estaba desconcertado.

Cuando Marcus lo abrazó, Hunter por fin preguntó:

—¿Quién ganó este Gran Premio?

—¡Fue Van Winston! ¡Según las estadísticas, Winston y el Gran Tiburón Blanco Charles se enfrentaron en las curvas doce veces! ¡Podría decirse que fue el mejor desempeño de Winston desde que entró a la Fórmula 1!

Pensaron que Hunter solo quería saber el resultado de la carrera, pero para su sorpresa, de repente se le escaparon las lágrimas.

—¡Oye! Hunter, ¿qué te pasa?

—No… no es nada. —Hunter levantó la mano y se secó las lágrimas.

Qué estupidez, ¿por qué estaba llorando?

—¿Qué ocurre, Hunter?

Marcus notó que, con esa actitud, no parecía en absoluto alguien feliz por haber conseguido puntos.

—No me resigno… señor Marcus, no me resigno…

Hunter bajó la cabeza.

Se había esforzado mucho, lo había dado todo, y aun así no logró entrar entre los seis primeros.

En la carrera anterior, quedó sexto y Winston segundo; parecían estar muy cerca.

Pero esta vez, Winston alcanzó la cima, mientras que él se había quedado aún más rezagado.

Aunque Roma no se construyó en un día, ¿cuándo lograría alcanzar esa “próxima curva” de la que hablaba Winston?

De pronto, todos guardaron silencio.

Cualquier otro piloto se habría rendido ante los contratiempos que Hunter enfrentó en esta carrera. Ya fuera el problema con la bomba de combustible en la clasificación o el neumático reventado en el momento más crítico de la carrera principal… Actuó como si no conociera el significado de rendirse, superando todas las expectativas y llegando a un lugar que ni siquiera se atrevían a imaginar.

Pero ahora, este mocoso estaba sumamente desanimado.

Marcus suspiró y apretó la cabeza de Hunter contra su pecho.

—Mocoso, definitivamente aún eres muy joven —dijo Marcus—. Tanto en la vida como en la pista, todo es igual. Perdemos algunas cosas y luego obtenemos mucho más.

Hunter se secó las lágrimas y sorbió por la nariz con fuerza.

—Señor Marcus, esa clase de frases motivacionales… de verdad no tienen ningún sentido.

—Ah… de acuerdo. Pensé que te consolarían. —Marcus se encogió de hombros—. Anímate, Hunter. Ibas en último lugar y existía la posibilidad de que ni siquiera terminaras la carrera, pero ahora conseguiste puntos.

—Tengo sed —dijo Hunter con voz apagada.

—¡Rápido, rápido! ¡Toma agua! ¡Repón electrolitos!

—Y también tengo mucha hambre…

—¡Come algo! ¡Recupera proteínas y energía!

¡Al menos mientras ese mocoso dejara de poner cara de funeral, todo estaba bien!

Después de la carrera, venía la conferencia de prensa.

—No quiero ir —dijo Hunter, arrastrando las palabras mientras comía una hamburguesa con queso.

—¿Por qué? —Marcus se sentó a su lado, observando cómo el muchacho mantenía la cabeza gacha, todavía visiblemente decaído.

—Sabe que, cuando me pongo nervioso, no hablo bien.

Marcus rodó los ojos hacia el techo.

—¿Me crees tonto? Cuando falló la bomba de combustible en la clasificación, no te vi nervioso. Cuando se reventó tu neumático en la carrera principal, tampoco te vi nervioso. Eres el único piloto con cuatro paradas en boxes en este Gran Premio, ¡eso es un récord! ¡Y también eres quien hizo más rebases en toda la carrera!

—No quiero ir.

Los medios de comunicación podían ser muy amables, siempre y cuando entrevistaran a Winston o al “Gran Tiburón Blanco” Charles. Pero también podían ser mordaces y despiadados, por ejemplo, si lo entrevistaban a él.

No tenía la menor intención de responder preguntas sobre si su posición era cuestión de buena o mala suerte, ni quería analizar su estado mental para explicar por qué siguió compitiendo cuando, con un neumático destrozado, los demás pilotos casi le sacaban una vuelta de ventaja.

Tenía muy claro qué era lo que realmente perseguía, pero si lo decía en voz alta ahora, todos pensarían que apuntaba demasiado alto y que era ridículo.

—Entonces pon cara de tristeza todo el tiempo y deja que el gerente de relaciones públicas y yo respondamos las preguntas.

—¿Quiere que sea solo un adorno? —preguntó Hunter, ladeando la cabeza.

—¿Qué pasa? ¿Acaso no quieres ser un adorno? —replicó Marcus, divertido.

—…Mejor seré un adorno.

En ese momento, un miembro del personal le entregó un gran ramo de flores a Hunter.

—¡Oye! ¡Tienes suerte, muchacho!

—¿Ah? —Hunter las recibió con torpeza, abrió la tarjeta que venía encima y el nombre lo dejó ligeramente pasmado.

—¡Mira nada más, por fin tienes una admiradora en la Fórmula 1!

Hunter le entregó la tarjeta a Marcus.

—¿Por qué me mandaría flores? ¿Es un premio de consolación?

Al ver el nombre, Marcus se quedó atónito por un segundo y luego abrazó a Hunter con fuerza.

—¡Mocoso, estás de suerte! ¡Que Audrey Wilson te envíe flores significa que tiene fe en ti! ¡Todos los pilotos en los que ha puesto el ojo terminan convirtiéndose en los mejores de la Fórmula 1! ¡Como Winston, Donald o Duchovny!

Hunter parpadeó. ¡Todavía recordaba cuando estaba frente a la computadora viendo la entrevista de Winston después de la carrera, envidiando que una belleza como Audrey Wilson lo rodeara!

—¡No puede ser! ¡Tenemos que arreglarte para que te veas más guapo! ¿Buscamos a un maquillista para cubrirte esas pecas? ¡Te hacen ver como un niño!

El rostro de Hunter se oscureció. No iba a actuar en una película, ¿para qué taparse las pecas?

—¡Espera, mejor no las cubras! ¡Déjalo así! ¡A Audrey Wilson le gusta justo esa inocencia natural sin pulir!

…¿Inocencia natural sin pulir?

¿Estaba seguro de que eso era un cumplido?

—Marcus, deje de alborotarse… Audrey es fan incondicional de Winston. Ahora que ganó el Gran Premio, ¡es seguro que su prioridad será entrevistarlo a él!

—Tienes razón…

Antes de las entrevistas, Hunter fue al baño y allí se encontró con Maddie.

La expresión de Maddie era gélida, lo que hizo que Hunter temiera que aquel tipo planeara vengarse de humillaciones pasadas ahí mismo en el baño.

Sin embargo, pensándolo bien, al no haber quedado entre los seis primeros del Gran Premio, no tendría escapatoria si Maddie decidía burlarse de él. ¿Quién lo mandaba a fanfarronear y apostar con él?

—Oye, Maddie… —Hunter lo saludó con la mano y una sonrisa radiante.

Maddie lo miró con frialdad y pasó un largo rato antes de hablar.

—Al principio me indignó que no acataras la estrategia de la escudería, aunque solo hubiera sido para frenar a Ducceni una décima de segundo por mí… pero ahora de verdad quiero golpearte.

—Lo siento… si seguimos peleando así, el señor Marcus no lo soportará… ¿Qué tal si salgo a comprarte una bebida, te la tomas rápido, y cuando tengas ganas de orinar…

—Pero sigo odiándote. Porque es evidente que tienes la habilidad para superar a Ducceni, entonces, ¿qué demonios hacías en las tres carreras anteriores? ¿Calentabas? ¿O era un juego? Todos nosotros, tengamos talento o no, consideramos nuestra posición como lo más importante. Cada punto es el sudor y la sangre de todo un equipo, ¿lo entiendes? —dijo Maddie, mirándolo a los ojos y pronunciando cada palabra con lentitud.

—Lo entiendo. —Hunter asintió—. Si te rebaso en el GP de Austria, no me guardes rencor.

Maddie se detuvo, le lanzó una mirada llena de repulsión y salió del baño.

Hunter lo meditó un momento, metió las manos en los bolsillos, asomó la cabeza y miró en dirección a Maddie.

—¡Oye! ¿De verdad no quieres que te compre una bebida? ¡Hoy no opondré resistencia, pero después no tendrás otra oportunidad!

Maddie no se volteó, simplemente levantó el dedo medio.

—No quiso golpearme… y me resulta un poco extraño… —se lamentó Hunter levemente.

Parecía que Maddie no volvería a buscarle problemas; en realidad, el tipo no era tan molesto, solo se tomaba las cosas muy en serio. Y precisamente por ser tan aplicado, no soportaba verlo actuar con tanta desidia.

Pero en ese momento, ¿por qué todavía sentía tanta aflicción en el pecho?

Probablemente se debía a que Winston había estado muy seguro de que terminaría entre los seis primeros…

Cuando empezó la conferencia de prensa, Winston fue, tal como se esperaba, el centro de atención absoluto; el lugar parecía a punto de reventar de tanta gente.

Mantuvo una expresión impasible todo el tiempo, como si ninguna de las preguntas de la prensa tuviera que ver con él; solo el director del equipo y el gerente de relaciones públicas lidiaban con los periodistas, forzando sonrisas que ocultaban su dulce tormento.

—Winston, ¿cuál fue el rebase más memorable para usted en esta carrera? —preguntó Audrey Wilson, poniéndose de pie.

Todos pensaban que mencionaría su enfrentamiento en la última vuelta contra el Gran Tiburón Blanco Charles, pero Winston respondió:

—El de Hunter, de la escudería Marcus, superando a dos rivales en una sola vuelta después de reventar un neumático.

—¿Vio la grabación de la carrera? —Audrey Wilson se sorprendió, después de todo, la competencia acababa de terminar.

Winston se limitó a soltar un sonido de afirmación. Luego levantó la muñeca para ver su reloj y, girándose hacia un lado, le susurró algo a su gerente de relaciones públicas.

El gerente se disculpó con los periodistas presentes:

—Lo lamentamos mucho, Winston tiene un asunto urgente y debe retirarse antes de tiempo.

Winston se levantó y asintió hacia la prensa, mostrando una actitud que mezclaba humildad con la arrogancia propia de un monarca.

Mientras tanto, Hunter tenía la cabeza agachada y un semblante decaído y miserable. Su rostro, de por sí algo infantil, ahora lucía un poco lamentable.

—Hunter, en este Gran Premio sufriste un fallo en la bomba de combustible durante la clasificación y luego reventaste un neumático en la carrera principal, pero mantuviste una inmensa determinación por recuperar posiciones. ¿Fue por la enorme presión de la escudería o son expectativas que te impones a ti mismo? ¡Lo pregunto porque tu desempeño en las últimas tres carreras había sido mediocre!


Hora del Huevo Salado:
Hunter: ¡Winston! ¿Cuál ha sido el rebase más memorable de tu vida?
Winston: Cuando te hice mío llegué muy profundo, ¿eso cuenta?
Hunter: …

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