Jian Suiying se quedó pasmado por un momento; la frase de Li Yu, «muérete», resonaba una y otra vez en su cabeza. Sintió como si alguna parte de su cuerpo se hubiera quemado, con un dolor ardiente.
Se levantó de un salto, violento.
—¡A mí qué carajos me importa tu maldita competencia! Si no puedes ir, te lo mereces. Si te hubieras bajado los pantalones y me hubieras dejado cogerte desde antes, nada de esto habría pasado.
Li Yu temblaba de furia en todo el cuerpo. Hablarle a alguien como Jian Suiying de equipo y honor, de sudor e ideales; él los trataría absolutamente como cosas sin valor. Aunque nunca había planeado depender del boxeo para vivir, los litros de sudor y el esfuerzo que había dejado frente a ese saco de arena durante más de diez años, el empeño que había puesto para prepararse para una competencia, desde las rondas preliminares hasta el entrenamiento intensivo… todo eso, simplemente, no podía medirse con dinero.
Y Jian Suiying no solo había arruinado toda su dedicación de tanto tiempo, sino que no mostraba ni el más mínimo arrepentimiento. No solo no se disculpaba, sino que seguía siendo tan arrogante y altanero como para no darle ninguna importancia al asunto.
Debería haber comprendido la verdadera naturaleza de Jian Suiying mucho antes. Realmente no podía entender cómo había sido capaz de relacionarse durante tanto tiempo con un bastardo tan grosero, desmedido, arrogante y lleno de defectos insoportables.
Como su cuerpo no presentaba ninguna incomodidad vergonzosa, sabía que Jian Suiying no le había hecho nada. Sin embargo, el haber sido drogado, desnudado por completo y, además, el que le hubiera arruinado algo tan importante, lo llenaba de ganas de tirarlo al suelo y darle una paliza despiadada.
Pero al final se contuvo; recogió su ropa y se la fue poniendo prenda por prenda.
Jian Suiying, sin embargo, no estaba dispuesto a dejarlo pasar. Manoteó al azar los objetos que tenía cerca y su mano tropezó con un vaso. Todavía tenía agua. Sin pensarlo dos veces, se la arrojó a Li Yu.
Li Yu apenas acababa de ponerse el suéter de cachemira cuando quedó empapado. Aunque la calefacción estaba encendida en la habitación y no hacía nada de frío, si salía a la calle con esa ropa mojada, se iba a morir congelado.
Li Yu lo fulminó con una mirada sombría y despiadada.
—¡Jian, Sui, Ying! —dijo entre dientes.
Jian Suiying le devolvió la mirada feroz.
—¡Li Yu, vete a la mierda! ¡Muérete tú!
Li Yu de verdad deseaba abalanzarse sobre él y matarlo a mordiscos. Desde que era niño siempre había tenido un temperamento sereno; rara vez perdía los estribos con alguien. Sin embargo, en cuanto se topaba con Jian Suiying, por mucho que se obligara a mantener la calma, siempre terminaba con las entrañas ardiendo de rabia.
Así que, sin más, Li Yu se quitó el suéter empapado y se puso la chaqueta de plumas directamente sobre el torso desnudo. Dio grandes zancadas con la intención de irse.
Jian Suiying lo miró con fiereza.
—Yo no sabía que tenías una competencia… —Su voz se fue apagando cada vez más.
Li Yu le clavó la mirada y pasó por su lado con el rostro gélido.
—Además, no puede ser para tanto —le gritó Jian Suiying por la espalda.
Li Yu se marchó sin siquiera mirar atrás.
Jian Suiying giró la cabeza lentamente. Al ver cómo la alta silueta de Li Yu desaparecía en la oscuridad, apretó los puños con fuerza; sentía una ansiedad y un malestar insoportables en el pecho.
…
Esos últimos dos días, Jian Suiying había estado muy irritado. Desde aquella amarga separación de la semana pasada, se sentía sumamente inquieto, sin tener la menor idea de qué debía hacer. Tenía muchas ganas de ir a buscar a Li Yu, pero no era capaz de tragarse el orgullo, así que no le quedaba más remedio que dejar que el tiempo pasara en vano.
Aunque haberle arruinado la competencia sí había estado bastante mal, de todas formas no se sentía culpable; a lo mucho, se podría decir que le remordía un poco la conciencia.
Una noche, recibió una llamada del Director Fan para invitarlo a cenar. Como no tenía nada pendiente en ese momento, aceptó.
Había pensado que el Director Fan llevaría a algunas personas más para socializar y estrechar lazos, pero, para su sorpresa, solo estaban ellos dos. Jian Suiying se sorprendió un poco. Sabía que el Director Fan tenía algo que decirle, así que se sentó manteniendo la compostura y se dedicó a beber e intercambiar cortesías con él.
Después de un par de copas, el Director Fan por fin abrió la boca.
—Hermano menor Jian, ese complejo residencial tuyo se está vendiendo como pan caliente. A estas alturas, ya se lo deben estar quitando de las manos, ¿verdad?
Jian Suiying esbozó una sonrisa.
—Todo gracias a usted, Director Fan; se está vendiendo bastante bien. —Luego bajó la voz y añadió—: Y su sobrina… ¿tiene pensado mudarse allí?
El Director Fan rio suavemente.
—Hay que esperar. Hay que esperar un poco más.
Ambos intercambiaron una sonrisa cómplice y Jian Suiying le dio un sorbo a su copa. El Director Fan titubeó, como si quisiera decir algo pero no se atreviera.
—Hermano —comenzó—, te invité hoy porque efectivamente tengo algo que decirte, y es un asunto un poco difícil de soltar. Con la amistad que nos une, espero de todo corazón que no te tomes a mal lo que voy a decirte. Al fin y al cabo, tu hermano mayor solo quiere lo mejor para ti.
—Dígame —respondió Jian Suiying.
—Cuando estábamos gestionando el asunto de tu proyecto residencial, el Viejo Zhao, los demás y yo… éramos cuatro personas en total.
—Así es.
—Y en aquel momento, tú nos prometiste uno para cada quien. ¿Me equivoco?
—No se equivoca.
—A decir verdad, con la relación que tenemos, aunque no hubieras dicho ni una palabra, igual te habríamos ayudado. Además, ese asunto de “uno para cada quien” fue solo un acuerdo de palabra; confiábamos plenamente en ti y nunca nos paramos a pensar si lo cumplirías o no…
El corazón de Jian Suiying dio un vuelco y se hundió; supo de inmediato que había ocurrido algún problema. Interrumpiendo al Director Fan, le dijo:
—Director Fan, vaya directo al grano.
El Director Fan sopesó sus palabras, dejó escapar un suspiro y continuó:
—Entonces seré directo. El que me prometiste a mí ya está resuelto, sobre eso no tengo ninguna queja… pero los otros tres…
Jian Suiying entrecerró los ojos al mirarlo. Por su mente ya habían pasado innumerables conjeturas. Había captado la información clave de inmediato: los otros tres no habían recibido sus apartamentos. Pero, ¿dónde diablos estaba el problema?
El Director Fan le tenía cierto respeto; de no haber sido porque los otros tres lo habían ido a buscar, tampoco habría querido asumir el ingrato papel de dar la cara y ofenderlo. Sin embargo, en aquel entonces había sido él quien le había conseguido los contactos a Jian Suiying. Que las cosas terminaran así lo dejaba muy mal parado ante todo el mundo, y también lo ponía en una situación sumamente difícil.
—Director Fan, continúe —dijo Jian Suiying en voz baja.
El corazón del Director Fan dio un brinco de nervios, pero armándose de valor, soltó:
—Originalmente habías prometido uno para cada quien, pero terminó convirtiéndose en esta cantidad. Piensa bien en cuánto vale en realidad… ¿Acaso se pueden comparar? Es obvio que están descontentos. —El Director Fan levantó discretamente cinco dedos.
Jian Suiying le dio unas palmadas en el hombro.
—Hermano Fan, le agradezco mucho que me haya avisado sobre esto.
—Hermano menor Jian, si toqué el tema es porque no me quedaba de otra, sino no iba a poder darles la cara. Si desde el principio no hubieras hecho una promesa tan grande, no habría pasado nada de esto, pero ahora… Ay…
—Lo entiendo, lo entiendo, Hermano Fan. Hagamos esto: fui yo quien no manejó bien las cosas. Hable con el Viejo Zhao y los demás; otro día los invitaré a cenar personalmente para darles una explicación.
—Me parece bien, yo me encargo de reunirlos. Tampoco te agobies demasiado; sé que últimamente has estado corto de liquidez, así que… maneja el asunto como veas conveniente, ¿de acuerdo?
—De acuerdo, gracias, Hermano Fan. —Jian Suiying le dio otro sorbo a su copa; su mirada se volvió cada vez más profunda e indescifrable.
Al terminar la cena, no llamó de inmediato a Jian Suilin ni a Bai Xinyu. En lugar de eso, llamó a la Secretaria Liang para pedirle que le consiguiera la lista de los residentes registrados.
No obstante, la Secretaria Liang le informó que la mayor parte de esos documentos habían sido gestionados por Li Yu. Como no podía llamarlo directamente a él, Jian Suiying tuvo que ordenarle a su secretaria que se encargara de conseguirle la información.
Esa noche, a solas, Jian Suiying repasó mentalmente todo el asunto, pero seguía sin poder estar seguro de quién era el responsable del problema.
A su parecer, Bai Xinyu no tenía el coeficiente intelectual suficiente para engañarlo, y a Jian Suilin le faltaban las agallas. De los cuatro apartamentos que se iban a regalar, solo el del Director Fan había llegado realmente a sus manos. Era evidente que los otros tres no habían sido entregados, y, sin embargo, Jian Suilin le había asegurado el mes anterior que todo el asunto ya estaba resuelto.
El costo de construcción de esos tres inmuebles no había sido mucho, pero su valor de mercado superaba los diez millones. Si ese par de mocosos los habían revendido a sus espaldas, se habrían embolsado una ganancia monumental.
Aun así, seguía pensando que ninguno de los dos tenía el valor para atreverse a hacer algo semejante.
Se pasó toda la noche dándole vueltas al asunto sin llegar a ninguna conclusión. Solo le quedaba esperar a llegar al trabajo al día siguiente para revisar a nombre de quién se habían transferido esos tres apartamentos. Una vez que confirmara los hechos, iría a pedirles cuentas a Jian Suilin y a Bai Xinyu.
Había pensado que sería un trámite sumamente sencillo, pero, para su sorpresa, el proceso se terminó retrasando por diez largos días. Primero, Li Yu no contestaba sus llamadas. Cuando por fin lo hizo, se mostró especialmente poco dispuesto a cooperar; anduvo dando vueltas y retrasándolo todo durante varios días, hasta que por fin le entregó los documentos.
Ambos se encontraron cara a cara fuera de la oficina, pero en ese momento, Jian Suiying tenía la mente completamente ocupada en el asunto de los apartamentos y no tenía tiempo para prestarle atención. Se limitó a fulminarlo con la mirada antes de darse la vuelta y entrar a su despacho.
Jian Suiying revisó cuidadosamente los documentos de las propiedades. Dos de los apartamentos ya habían sido transferidos desde el mes pasado, y el último se había puesto a nombre de alguien más apenas tres días atrás.
Si aún no hubieran sido transferidos, habría encontrado la forma de recuperarlos; pero ahora ya pertenecían a otras personas. ¡Lo único que podía hacer era quedarse de brazos cruzados, viendo cómo los tres apartamentos que tenía destinados para hacer regalos se habían convertido en propiedad de otros, mientras que, de los más de diez millones obtenidos por la venta, él no había visto ni un puto centavo!
Jian Suiying soltó un violento puñetazo sobre el escritorio, tomó el teléfono de la oficina y marcó el número de Jian Suilin.
¡Estaba dispuesto a averiguar quién se había atrevido a jugarle sucio en sus propias narices, cambiando el apartamento que había prometido originalmente por la ridícula suma de quinientos mil, para luego liquidar las tres propiedades y convertirlas en dinero en efectivo!
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