Ese día, Shao Qun no se quedó por mucho tiempo. Lo abrazó, hablaron un rato y luego se marchó, lo cual le produjo un gran alivio.
En un abrir y cerrar de ojos, llegó el día del banquete.
Li Chengxiu se levantó a las cuatro de la madrugada. Shao Qun no era capaz de madrugar tanto, así que envió a un chofer para que lo recogiera y lo llevara a la bahía de Shenzhen; el plan era zarpar desde allí rumbo a Hong Kong.
Para cuando llegó a la bahía, ya pasaban de las seis y había amanecido.
El auto se detuvo en un muelle para yates, y alguien se acercó para recibirlo y ayudarlo a subir a bordo. Aparte de él, otros miembros del personal también iban llegando poco a poco.
Frente a sus ojos, decenas de yates inmaculadamente blancos descansaban ordenados en el muelle. A simple vista, la escena resultaba imponente.
El encargado los guió en una breve caminata por el muelle hasta detenerse frente a un lujoso yate de tres pisos, que a simple vista superaba los treinta metros de eslora. Li Chengxiu se quedó pasmado frente a aquel gigante blanco y elegante.
El encargado lo presentó con un toque de orgullo.
—Este yate tiene capacidad para albergar a cincuenta o sesenta personas —dijo—. En el país hay muy pocos que puedan acomodar a tanta gente.
A su alrededor, todos exhalaban suspiros de admiración.
Li Chengxiu subió al barco detrás de ellos.
Shao Qun le había dicho que los invitados eran clientes sumamente distinguidos; no serían muchos, pero todo tenía que ser exquisito.
Para preparar un menú perfecto para más de cuarenta personas, era necesario empezar a trabajar desde primera hora de la mañana. Sin tiempo siquiera para recorrer el yate, se metieron a toda prisa en la cocina y comenzaron los preparativos.
Cuando uno está ocupado, el tiempo vuela, y en un parpadeo llegó la tarde. No supo en qué momento el yate había abandonado el muelle.
Aparte de una breve pausa para almorzar, prácticamente no había descansado. Cuando por fin terminó todo lo que debía preparar y solo quedaba esperar la hora de empezar a cocinar los platos fuertes, Li Chengxiu pudo escaparse a la cubierta para tomar aire.
Apenas llevaba un rato de pie cuando alguien se le acercó.
—Chef Li, ¿ya terminó? —le preguntó—. Si ya está libre, vaya al segundo piso. El jefe lo está esperando.
—Ah… de acuerdo. —Li Chengxiu asintió.
Subió las escaleras y vio a Shao Qun de pie en una zona sombreada de la cabina, apoyado contra la barandilla mientras la brisa lo acariciaba.
—Shao Qun.
Shao Qun giró la cabeza, lo vio y sonrió.
—Chengxiu, ven aquí.
Li Chengxiu se acercó. Apenas estuvo a su alcance, Shao Qun lo rodeó con los brazos de la manera más natural del mundo. Inclinándose hacia adelante, apoyó los codos en la barandilla, acorralándolo entre su propio cuerpo y el pasamanos.
Li Chengxiu se sintió un poco incómodo. Miró a su alrededor con la intención de apartarlo.
—No pasa nada, no hay nadie —dijo Shao Qun, esbozando una sonrisa ambigua y mostrando los dientes—. Y aunque lo hubiera, ¿qué importa? Este barco es mi propiedad privada… y tú también eres mi propiedad privada.
Li Chengxiu, avergonzado, giró el rostro para darle la espalda. En su interior, albergaba ciertas dudas. Shao Qun parecía dar por sentado que debían comportarse de esa manera, pero… ¿de verdad estaban en una relación ahora? ¿Por qué sentía que aún no habían llegado a ese punto? Shao Qun actuaba con tanta naturalidad que incluso lo hacía dudar de si ya habían formalizado algo aquella noche.
Pero, por otro lado, ya se habían besado y abrazado. Si se negaba a admitirlo a estas alturas, tampoco tendría sentido; solo parecería que se estaba haciendo de rogar.
Li Chengxiu dudó una y otra vez. Aunque se sentía tenso y la incomodidad le recorría todo el cuerpo, terminó encogiéndose en silencio entre los brazos de Shao Qun, sin moverse.
Al ver su reacción, Shao Qun se alegró bastante. Pegó los labios a su oreja y le habló con tono íntimo.
—Chengxiu, debes estar cansado. Yo acabo de subir al barco, pero tú te levantaste de madrugada.
—No estoy cansado… Hay que prepararse temprano.
—Cuando termines hoy, vas a descansar bien unos días.
—Pasado mañana… tengo que trabajar.
—Yo tomaré la decisión. Vas a descansar unos días más. Tu jefe no se atreverá a negarme este favor.
Li Chengxiu asintió. Pensó que poder descansar unos días más no era mala idea, especialmente si eran con goce de sueldo; él también quería holgazanear un poco.
—Chengxiu, ¿te parece bonito este yate?
—Es muy hermoso.
—Se lo compré a un indio con muy mala suerte durante la crisis financiera. ¡Ja! Le regateé tanto el precio que el pobre hombre casi se pone a llorar.
Li Chengxiu le siguió la corriente con una pequeña sonrisa.
—Pero un yate no es nada. Cuando sea asquerosamente rico, me compraré un crucero. —Shao Qun apenas tenía veintiséis años. Era un joven que había alcanzado el éxito de forma prematura; desde el día en que nació, su vida había estado llena de esplendor. Frente a los demás, siempre mantenía una actitud madura, astuta y experimentada, pero ante su nuevo y tierno amante, que apenas conocía el mundo, le resultaba inevitable querer presumir un poco. No se molestaba en ocultar la arrogancia y la complacencia en sus palabras.
Al escucharlo, Li Chengxiu sonrió y asintió, pensando en lo verdaderamente increíble que era Shao Qun. Sin embargo, no pudo evitar preguntarse cómo un hombre tan extraordinario podía haberse fijado en alguien como él.
Shao Qun observó la adoración que se asomaba en los ojos de Li Chengxiu y sintió un placer indescriptible recorrer todo su cuerpo; aquello lo hacía más feliz que si un grupo entero de personas lo hubiera llenado de halagos.
Con una picazón ansiosa en el pecho, tiró de él hacia el interior de la cabina.
—Ven, entremos a sentarnos un rato. Hace mucho viento aquí afuera, no puedes exponerte tanto.
Ambos entraron en uno de los camarotes. La habitación tenía una decoración sumamente lujosa; aunque no era muy grande, no le faltaba un solo detalle.
Apenas entraron, Shao Qun cerró la puerta de un golpe. Acto seguido, acorraló a Li Chengxiu contra la pared y, sin poder contenerse más, bajó la cabeza para sellar sus labios.
Li Chengxiu se asustó. Abrió los ojos de par en par mientras recibía el beso.
Shao Qun lo agarró por la cintura, pegándolo contra su abdomen, mientras con la otra mano le sostenía la nuca. Succionó sus labios con desesperación, como si quisiera devorarlo entero. Su cuerpo no dejaba de presionar hacia abajo, haciendo el beso cada vez más profundo y pesado. Su ágil lengua aprovechó la oportunidad para entrar, explorando desenfrenadamente el interior de la boca de Li Chengxiu, lamiendo sus encías para finalmente perseguir y enredarse con su húmeda lengua.
El feroz beso dejó el cerebro de Li Chengxiu sin oxígeno. Sus extremidades perdieron toda fuerza y quedó prácticamente colgado del cuerpo de Shao Qun, mientras un hilo de saliva transparente resbalaba lentamente por la comisura de sus labios.
Sintió que estaba a punto de asfixiarse, así que usó todas sus fuerzas para empujar el pecho de Shao Qun.
Shao Qun estaba besándolo con total abandono, completamente inmerso en el placer. No fue hasta que Li Chengxiu lo empujó que volvió a la realidad y lo soltó, aún insatisfecho.
Ambos jadeaban con fuerza, con las puntas de las narices rozándose mientras se miraban con los ojos muy abiertos.
Shao Qun esperó a que la respiración de Li Chengxiu se estabilizara un poco y volvió a inclinarse para besarlo. Esta vez no fue tan impaciente; hubo una dosis de ternura mezclada con su pasión. Empezó a despertar lentamente el deseo en Li Chengxiu. Una de sus manos se coló sigilosamente bajo la ropa, acariciando con erotismo el suave y delgado costado de su cintura.
Li Chengxiu, inmerso en aquella atmósfera ardiente, estaba completamente absorto. Aunque solo recibía los besos de forma pasiva y no sabía muy bien cómo corresponder, aquella dulce sensación lo hizo perder el rumbo.
No fue hasta que Shao Qun lo tumbó sobre la cama sin que él se diera cuenta y comenzó a frotar la palma de su mano contra su pecho, que de pronto despertó de su trance. Como un conejo asustado, se encogió instintivamente, mirándolo con los ojos muy abiertos.
Shao Qun se armó de paciencia para calmarlo.
—No tengas miedo, Chengxiu —susurró—. Ambos somos hombres, ¿acaso no tienes necesidades? Déjamelo a mí, ¿sí? —Mientras hablaba, intentó quitarle la ropa.
Li Chengxiu seguía encogido sobre sí mismo. Estaba tan rígido que no lograba estirarse por más que quisiera.
—Shao… Qun… —tartamudeó—. Tengo miedo.
Si no hubiera estado justo frente a él, Shao Qun seguramente habría puesto los ojos en blanco. Jamás en sus sueños más locos imaginó que un hombre en la cama pudiera encogerse como una mariquita y decirle que tenía miedo.
Lo que no entendía era que Li Chengxiu tenía miedo de verdad.
No era consciente de que, en ese momento, sus propios ojos estaban rebosantes de un deseo crudo y descarnado. Parecía una bestia feroz y desesperada, ansiosa por tragarse a su presa de un solo bocado.
Ya tenía una erección en la entrepierna, así que no era de extrañar que le resultara imposible seguir fingiendo ser un caballero. Había estado perdiendo el tiempo con Li Chengxiu durante más de un mes y, ahora que por fin lo tenía en sus manos, ¿cómo no iba a estar impaciente por saborear los frutos de su victoria? Al fin y al cabo, ¿para qué otra cosa se había estado haciendo el caballeroso todo este tiempo? Con la carne fresca justo delante, cualquiera habría perdido el control.
Sin embargo, al ver la expresión llorosa de Li Chengxiu, supo que esta vez no habría suerte.
Estaba tan irritado que quería patear la mesa, pero se esforzó por contenerse.
Le dio unas palmaditas en la mejilla a Li Chengxiu, lo levantó y lo abrazó para consolarlo con voz suave.
—Ya, ya, no tengas miedo. Si no quieres, no te forzaré. Voy a respetarte. —Mientras decía esto, sentía náuseas por dentro. Según su propia experiencia, y probablemente la de cualquier otro hombre, esas palabras se decían, en nueve de cada diez casos, a las mujeres. Aunque en el fondo no veía a Li Chengxiu como un hombre de verdad, eso no borraba el hecho de que la persona que tenía en brazos definitivamente tenía pene. Tener que decirle esas palabras a otro hombre le provocaba cierta repulsión.
Y cuanto más incómodo se sentía, más desagradable le resultaba mirar a Li Chengxiu.
Tener que retirar las tropas cuando la flecha ya estaba en el arco era un trago amargo que nadie le había hecho pasar jamás al Joven Maestro Shao. Hoy era la primera vez y se sentía de lo peor. Estaba insatisfecho y, encima, tenía que consolar a la persona que le causaba esa insatisfacción. Una chispa de ira se encendió y quedó enterrada en su pecho.
Al final, ambos se separaron en malos términos.
Li Chengxiu usó el trabajo como excusa y salió huyendo hacia la cocina.
Shao Qun se quedó solo en la habitación, enfadado, mientras su cabeza daba vueltas a toda velocidad inventando todo tipo de ideas retorcidas.
Pronto se puso el sol y la cocina entró en su hora de mayor actividad.
El espacio ya era pequeño de por sí, y con más de diez personas trabajando al mismo tiempo, el caos se desató en un instante. Li Chengxiu sudaba a mares por el calor; su inmaculada filipina de chef estaba empapada y pegada a su espalda.
Afortunadamente, los preparativos previos habían sido exhaustivos y todo transcurrió con fluidez. Cada vez que alguien abría la puerta para entrar o salir, lograba escuchar la música que se colaba desde afuera. Sin necesidad de mirar, sabía que el ambiente estaba sumamente animado.
Cuando por fin terminó todo el trabajo, Li Chengxiu se quitó el gorro y corrió a la cubierta para que le diera un poco el viento.
No llevaba mucho tiempo allí cuando el mismo encargado de antes se le acercó.
—Joven chef Li, el jefe lo espera en el segundo piso. Vaya un momento, por favor.
Li Chengxiu asintió. Recordando el bochornoso incidente de la tarde, se obligó a subir las escaleras armándose de valor.
Shao Qun llevaba un suéter ligero de cachemira color crema con cuello redondo y unos pantalones informales de lino oscuro. La amplitud del cuello dejaba a la vista su largo cuello y sus hermosas clavículas. Era alto, de piernas largas, complexión atlética y rostro sumamente apuesto. En su conjunto, desprendía el aura de un joven de clase alta, tan sereno como encantador. En ese momento, tenía una mano metida en el bolsillo y la otra sostenía una copa de vino. Al ver a Li Chengxiu subir, le sonrió y alzó la copa en su dirección.
Li Chengxiu sintió que el rostro le ardía. Le parecía que Shao Qun era incluso más apuesto que las estrellas de televisión; sin importar lo que se pusiera, parecía un modelo.
Recordó que, de pequeño, también solía quedarse embobado mirando el rostro de Shao Qun. Nunca le interesó cuando los otros chicos discutían sobre qué niña era más bonita, pero cada vez que las chicas hablaban de lo increíblemente guapo que era Shao Qun, él aguzaba el oído para escuchar. Ciertamente era homosexual de nacimiento; en aquella época, nadie lo había acusado injustamente.
—¿Ya terminaste? —Shao Qun le sonrió—. Buen trabajo, luces muy cansado.
Li Chengxiu se arregló un poco el cabello, que había quedado aplastado por el gorro de chef.
—No es nada…
Shao Qun se acercó y arrugó la nariz.
—Hueles a grasa y humo. Ve rápido a darte una ducha. Ya te preparé algo de ropa.
—¿Ah? ¿Para qué?
—Para llevarte a la fiesta, por supuesto.
Li Chengxiu lo miró con sorpresa.
—¿A mí? Yo… yo no puedo…
—No te pongas nervioso —lo interrumpió—. No es ninguna reunión formal, es solo un evento social común y corriente. ¿De qué tienes miedo?
Li Chengxiu agitó las manos con insistencia.
—No, no puedo… No sé de qué hablar.
Sin importar cómo intentara excusarse, Shao Qun insistió en que participara. Mitad empujándolo y mitad persuadiéndolo, lo metió al baño.
—Vendré a buscarte en veinte minutos, así que lávate rápido.
Al no tener otra opción, a Li Chengxiu no le quedó más remedio que darse una ducha rápida y luego ponerse la ropa que habían dejado sobre la cama.
Cuando Shao Qun entró, Li Chengxiu estaba con el cabello estilando agua, sosteniendo un secador de pelo de pared mientras lo revisaba de un lado a otro sin encontrar el interruptor.
Shao Qun soltó una carcajada.
—El interruptor está en la pared. —Lo presionó por él, le quitó el secador de las manos, se paró a sus espaldas y comenzó a secarle el cabello.
Aquello de que la ropa hace al hombre resultó ser muy cierto.
Li Chengxiu llevaba una camiseta tipo polo de color rosa pálido con el cuello azul vuelto hacia afuera. El color suave resaltaba su tez blanca y delicada, dándole un aspecto mucho más revitalizado de inmediato.
Un poco avergonzado, Li Chengxiu esquivaba la ardiente mirada de Shao Qun a través del espejo, sin saber siquiera dónde fijar los ojos.
Tras dejar el secador de pelo, Shao Qun tomó un poco de cera y le arregló el cabello con las manos, esbozando una sonrisa cargada de ambigüedad.
—Bebé, qué bien te ves vestido así. Hasta me da lástima sacarte para que los demás te vean.
El rostro de Li Chengxiu se tiñó de un ligero rubor y sonrió tímidamente.
Esa sonrisa tímida y recatada era más provocativa que cualquier otra cosa. Shao Qun sintió que la temperatura de su cuerpo subía. Bajó la cabeza y lamió el lóbulo de la oreja de Li Chengxiu, manteniendo los ojos fijos en el espejo para que sus miradas se encontraran.
Avergonzado, Li Chengxiu ladeó la cabeza, intentando evadirlo.
Shao Qun lo abrazó por detrás y recorrió el contorno de su oreja con la lengua, lamiendo y succionando con delicadeza.
—Hace cosquillas…
Shao Qun soltó una suave risita en su oído, le dio un beso en la mejilla y por fin lo soltó.
—Vamos, salgamos de una vez. En un rato habrá una sorpresa.
—¿Qué sorpresa?
Shao Qun le guiñó un ojo.
—Ya lo verás.
Li Chengxiu caminó detrás de él con cierta inquietud. Por lo que había escuchado hablar al personal de la cocina ese día, los invitados eran en su mayoría jóvenes nuevos ricos de los círculos políticos y empresariales del delta del río Perla y Hong Kong; todos ellos eran figuras de gran calibre.
Shao Qun lo condujo al primer piso y, de inmediato, una ola de calor mezclada con música estridente los golpeó en la cara.
Li Chengxiu observó a la gente agrupada en el salón y se quedó atónito.
Él había pensado que, tratándose de personas tan importantes, todos tendrían que ser muy refinados, pero jamás se imaginó una escena tan caótica.
Shao Qun lo miró y le susurró al oído:
—Esta fiesta es completamente privada. Todos los que están aquí son conocidos y se dejan llevar sin reservas, así que tú también suéltate un poco, no estés nervioso.
Li Chengxiu señaló las dos mesas grandes en el centro, rodeadas por una multitud de personas.
—Ellos… ¿qué están haciendo?
—Están jugando. —Shao Qun lo guió para que se acercaran un poco más. Solo entonces Li Chengxiu pudo ver claramente que se trataba de una mesa de ruleta americana. Alrededor de la mesa había varias chicas sumamente hermosas sosteniendo bandejas, sirviendo vino a los invitados con una actitud seductora.
—Esto… —susurró Li Chengxiu—, ¿son apuestas?
Shao Qun rio por lo bajo.
—Vaya, así que reconoces estas cosas. Nada mal. Tranquilo, el barco ya está en aguas internacionales. Si no tuviéramos esto, ¿cómo íbamos a divertirnos?
Miró con satisfacción cómo las personas frente a él se volvían cada vez más frenéticas. Por lo general, esos individuos mantenían una fachada puritana y todos eran expertos en fingir, pero hoy, bajo el efecto del alcohol, pocos lograban mantener las apariencias y todos estaban revelando su verdadera naturaleza. Ese era exactamente el efecto que buscaba; al día siguiente, cuando despertaran, seguramente se arrepentirían de los lujos y excesos cometidos esa noche, pero eso, de forma invisible, acortaría la distancia entre ellos y le permitiría moverse a sus anchas en ese terreno en el futuro.
Li Chengxiu no lograba comprender el mundo de Shao Qun, así que prefirió guardar silencio. Sin embargo, todo a su alrededor le recordaba constantemente lo abismal que era la diferencia entre ellos.
Varias personas, al ver a Shao Qun, se apresuraron a saludarlo. Shao Qun les respondió a todos. Cuando le preguntaron por Li Chengxiu, quien estaba a su lado, Shao Qun abandonó por completo la actitud íntima que solía tener con él y se limitó a decir con indiferencia:
—Ah, es un amigo mío. —No mostró la menor intención de presentarlo formalmente.
Al ver esa actitud, los demás comprendieron de inmediato que Li Chengxiu no era un personaje importante. Li Chengxiu, por su parte, no vio nada malo en ello y se limitó a saludar a todos con cortesía.
Estaban conversando cuando, de repente, un fuerte grito resonó a sus espaldas.
—¡Shao Qun!
Shao Qun y Li Chengxiu voltearon la cabeza al unísono. En las escaleras, venían bajando tres hombres que, tanto por su vestimenta como por su apariencia, destacaban enormemente.
Shao Qun los saludó con una sonrisa.
—Justo los estaba buscando. ¿Adónde se habían metido?
El rostro de Li Chengxiu palideció en un instante.
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