Cerdo humano
Tras salir de la leñera, Wu Ruo caminó sin rumbo fijo hasta llegar al patio donde residía Wu Qianqing. Desde la distancia, pudo escuchar la alegre y vivaracha voz de Wu Xi, que charlaba y reía, contagiando su buen humor a Wu Qianqing y a los demás.
En el interior de la habitación, Wu Zhu captó el crujido de pasos sobre la nieve y notó que se detenían justo frente a la puerta. Su expresión se endureció de inmediato. —¿Quién está ahí?
—Soy yo, Xiao Ruo —respondió Wu Ruo.
Wu Xi abrió la puerta con una radiante sonrisa. —Segundo Hermano, ¿qué te trae por aquí?
—Pasa rápido, no vayas a congelarte de frío —lo instó Guan Tong.
Wu Qianqing preguntó: —Xiao Ruo, ¿sucede algo?
Durante el último medio año, Wu Ruo rara vez visitaba su patio, por lo que asumió que su presencia a esas horas se debía a algún asunto importante.
Wu Ruo tomó asiento junto a Wu Zhu. —Estaba aburrido y no podía dormir, así que vine a ver cómo estaban. ¿De qué hablaban?
—Solo charlábamos de cosas sin importancia —respondió Wu Zhu.
—Segundo Hermano, ¿cuándo podré ir a la mansión de mi maestro a aprender artes místicas? —preguntó Wu Xi.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había visto a su maestro y lo extrañaba profundamente.
Wu Ruo sonrió. —A partir de mañana podrás salir.
Con Xiu Yun muerto, Sheng Zi herido, y Wu Chenzi abrumado tratando de resolver el asunto del Segundo Príncipe, la única amenaza inminente era la Tribu de los Hechiceros. Sin embargo, siempre y cuando Wu Xi saliera acompañada de un número suficiente de guardias, no habría ningún problema.
El rostro de Wu Xi se iluminó de alegría. —¿De verdad? ¡Qué maravilla! Ya me estaba volviendo loca de tanto encierro.
—¿Se resolvieron todos los problemas? —inquirió Wu Qianqing.
—Por el momento, se podría decir que sí. —Wu Ruo guardó silencio tras esa respuesta.
Guan Tong notó que algo lo perturbaba. —Xiao Ruo, si tienes algo en mente, dilo. No te guardes las cosas para ti solo, eso solo te hará sentir peor. Además, todos los que estamos aquí somos tu familia, no hay nada que no puedas contarnos.
Todos dirigieron su mirada hacia Wu Ruo.
Wu Xi asintió con entusiasmo. —Segundo Hermano, si algo te preocupa, cuéntamelo. Te ayudaré a pensar en una solución.
Wu Ruo forzó una sonrisa. —De verdad no me pasa nada grave. Es solo que, antes de venir, escuché a unos guardias comentar que los padres de una familia fueron violados y asesinados. A uno de sus hijos le cortaron las extremidades, le sacaron los ojos, y luego quemaron su cuerpo. Escuchar semejante atrocidad me dejó con un mal sabor de boca.
—¡Qué crueldad! —exclamó Wu Xi, horrorizada—. ¿Qué clase de monstruo sería capaz de hacer algo así?
—No se sabe. Sin embargo, a esa familia le queda un hijo que está buscando al asesino sin descanso. Me preguntaba… si ese hijo logra encontrar al culpable, ¿qué creen que hará con él?
—Ojo por ojo, diente por diente, por supuesto —respondió Wu Xi, indignada—. No se puede dejar impune a una escoria como esa.
Wu Zhu asintió con firmeza. —Si alguien le hiciera eso a mi familia, jamás se lo perdonaría.
Wu Qianqing frunció el ceño, consternado. —¿Qué clase de odio tan profundo tendría el asesino para ensañarse de esa manera con esa familia?
Wu Ruo dirigió su mirada hacia Guan Tong. —Madre, ¿tú qué opinas?
—Esto… —Guan Tong frunció ligeramente el entrecejo—. Si estuviera en su lugar, definitivamente buscaría venganza, pero no involucraría a la familia del asesino. Ellos son inocentes.
—¡Exacto! —añadió Wu Xi, exaltada—. Todo el sufrimiento por el que pasó su familia, debería infligírselo al asesino sin piedad. ¿Acaso no violó y mató a los padres? ¡Entonces que contrate a alguien para que lo viole y lo mate a él!
—¡Ejem! —Wu Qianqing la fulminó con la mirada—. Cada día pareces menos una señorita.
Wu Xi le sacó la lengua de forma juguetona.
Guan Tong soltó una risita suave. —Me parece muy bien que Xiao Xi sea así. Está mucho más alegre que antes.
Ella siempre había deseado que su hija tuviera una personalidad más vivaracha.
—Madre. —Wu Xi abrazó a Guan Tong con actitud mimada.
Wu Zhu sonrió. —Es cierto que el cambio en Xiao Xi ha sido inmenso.
En el pasado, su hermana menor era bastante callada y tranquila, pero esa misma docilidad la convertía en blanco fácil de abusos, y a menudo terminaba tragándose su propio resentimiento. Ahora, en cambio, si alguien intentaba intimidarla, ella le respondía sin contemplaciones. Ya no tenían que preocuparse de que alguien se aprovechara de ella.
Wu Ruo se puso de pie. —Ya es tarde. Todos deberían irse a descansar temprano.
Wu Xi se levantó para abrirle la puerta. —Segundo Hermano, ve con cuidado.
Al salir del patio, una ráfaga de viento gélido golpeó a Wu Ruo, obligándolo a cerrar más su túnica.
En su vida pasada, había sido Hei Xuanyi quien se encargó de eliminar a Ruan Zhizheng. Quizás, en esta nueva vida, el deseo subconsciente de escuchar cómo su familia lidiaría con un enemigo de ese calibre lo había llevado hasta ese patio.
—Xiao Ruo, ¿por qué sigues despierto a estas horas? —Una voz grave y serena interrumpió sus pensamientos.
Wu Ruo levantó la vista y se encontró con Numu, cuya ropa estaba cubierta de nieve. —Maestro, ¿acaba de regresar?
—Mjm.
—¿Logró rastrear el escondite de la Tribu de los Hechiceros hoy?
Wu Ruo había supuesto que la Tribu de los Hechiceros enviaría a alguien a vigilarlos, así que le había pedido a Numu que los siguiera en secreto. Tal como lo había previsto, el miembro de la tribu que huyó aterrado de Hei Gan ese mismo día, sin duda habría regresado a su escondite para informar de lo que había presenciado. Por eso, había enviado a Numu a montar guardia en secreto.
—Están escondidos en las montañas profundas, a unos quince kilómetros de aquí. Como temía alertarlos, no entré a investigar —explicó Numu, entrecerrando los ojos—. Con ellos ocultos allí, será difícil obligarlos a salir y es muy fácil caer en una emboscada. Si estuviéramos en verano u otoño, podría prenderle fuego a la montaña para forzarlos a salir.
—Podemos enviar gente a rodear la montaña. Una vez que se queden sin provisiones, se verán obligados a salir a buscar comida. Luego, los iremos eliminando uno a uno a medida que salgan. Tarde o temprano, la matriarca no tendrá más remedio que mostrar la cara.
Numu sonrió. —Eso mismo pensé yo. Ya ordené a mis hombres que vigilen los alrededores de la montaña. Ya es muy tarde, deberías volver a descansar rápido.
—Mjm.
Al amanecer del día siguiente, el bullicio exterior despertó a los tres hombres encerrados en la leñera.
Cuando Ruan Sheng abrió los ojos y se encontró cara a cara con Ruan Zhizheng, se asustó tanto que retrocedió a rastras hasta ponerse de pie. De repente, una ráfaga de aire helado lo azotó. Al sentir un escalofrío recorrer su cuerpo, bajó la mirada y se dio cuenta de que estaba completamente desnudo.
Presa del pánico, se apresuró a recoger sus ropas y a vestirse a toda prisa.
—Mmh… —Ruan Ying, aún medio dormido, sintió cómo su miembro volvía a endurecerse. De manera instintiva, abrazó a la persona que tenía al lado y comenzó a empujar con su pelvis.
Los ojos de Ruan Sheng se abrieron de par en par, llenos de terror.
¡Dios mío!
Ese Ruan Ying sí que no tenía aprecio por su propia vida. ¡Atreverse a fornicar con el Joven Maestro de esa manera!
El dolor punzante despertó a Ruan Zhizheng. Abrió los ojos de golpe y, en un instante, todos los recuerdos de la noche anterior inundaron su mente. Su rostro se contorsionó en una mezcla de vergüenza y rabia absoluta. Al darse cuenta de que aún lo estaban penetrando, se dio la vuelta con un movimiento brusco y le propinó una violenta patada a Ruan Ying en el estómago.
—¡Ah! —Ruan Ying soltó un grito de dolor y se encogió en posición fetal.
Ruan Zhizheng, ignorando el estado de su propio cuerpo destrozado y abusado, se abalanzó sobre Ruan Ying y comenzó a patearlo con una ferocidad inaudita. —¡Te mataré a golpes, maldito bastardo! ¡¿Cómo te atreves a hacerme esto a mí?!
—Joven Maestro, no me pegue más —suplicó Ruan Ying, soportando el intenso dolor mientras se ponía de pie y huía a trompicones.
Ruan Sheng observaba la escena con una expresión de indisimulado regocijo en el rostro. —Se lo tiene merecido.
Enfurecido, Ruan Zhizheng se plantó frente a él, le asestó una sonora bofetada y lo pateó con furia. —¿Que se lo tiene merecido? ¿Acaso yo me merecía que ustedes dos me hicieran esto? ¡Ustedes dos son una escoria! ¡Los mataré a golpes!
Pensar que él, un hombre hecho y derecho, había sido inmovilizado y violado brutalmente por dos de sus propios subordinados, y que encima le dijeran que se lo tenía merecido… sentía unos deseos incontenibles de asesinarlos con sus propias manos.
Ruan Sheng se quedó aturdido por los golpes. —Joven Maestro, fue Ruan Ying quien lo estaba abrazando a primera hora de la mañana. ¿Qué culpa tengo yo?
—¿Que no tienes la culpa? —rugió Ruan Zhizheng, indignado a más no poder—. ¡Piensa bien, maldita sea, qué pasó anoche!
Después de jugar con su cuerpo de esa manera, ¿creía que podía escudarse en que no lo recordaba para salir impune? ¡Ni en sus mejores sueños!
Ruan Sheng se quedó helado. Imágenes fragmentadas de la noche anterior comenzaron a proyectarse en su mente, y su rostro palideció en un instante. Anoche… ¡había estado montado encima de un hombre!
Al observar los moretones, los chupetones y las marcas de mordidas que cubrían el cuerpo de Ruan Zhizheng, no pudo evitar que un escalofrío de repulsión recorriera su cuerpo. Era asqueroso, y sintió unas enormes ganas de vomitar. Sin embargo, sabía que si lo hacía, el Joven Maestro lo mataría a golpes allí mismo.
En ese momento, la puerta de la leñera se abrió.
Ruan Ying y los demás se apresuraron a recoger sus túnicas y a vestirse a la carrera.
Seis guardias entraron en fila, y detrás de ellos apareció Wu Ruo. —¿Qué tal durmieron anoche?
—¡Wu Ruo, voy a matarte! —Ruan Zhizheng se abalanzó hacia él, cegado por la furia y el dolor. No obstante, antes de poder alcanzarlo, los guardias lo sometieron contra el suelo.
Levantó la cabeza y fulminó a Wu Ruo con los ojos inyectados en sangre. —Wu Ruo, te juro que no te la perdonaré.
—Eso será si es que logras escapar de aquí con vida —respondió Wu Ruo con total indiferencia, antes de volverse hacia los guardias—. No quiero volver a ver esos ojos…
Sin vacilar, un guardia desenvainó su daga y le extirpó los ojos.
—¡AH! —El grito desgarrador de Ruan Zhizheng llenó la habitación antes de que se desmayara por el dolor insoportable.
Aterrorizados por la escena, a Ruan Sheng y Ruan Ying les fallaron las piernas y cayeron sentados en el suelo.
Era la primera vez que veían a Wu Ruo actuar con tanta crueldad.
Una sensación de inmensa satisfacción invadió el corazón de Wu Ruo. Dirigió su mirada gélida hacia Ruan Sheng y Ruan Ying.
Presas del pánico, ambos se arrodillaron frente a él, golpeando sus frentes contra el suelo en un gesto de desesperada súplica. —Joven Maestro Ruo, le rogamos, por todos los años que llevamos conociéndonos, perdónenos la vida esta vez. Le juramos que nunca más volveremos a hacerlo.
Una sonrisa llena de escarnio se dibujó en los labios de Wu Ruo.
En su vida pasada, él también había suplicado de esa misma manera, pero, ¿acaso ellos habían mostrado piedad con su familia?
—Despiértenlo.
—Sí.
Uno de los guardias le introdujo una píldora curativa en la boca y luego utilizó hielo para obligarlo a despertar.
—Wu Ruo, maldito bastardo… —jadeó Ruan Zhizheng con voz débil.
Wu Ruo le dirigió una mirada de reojo y luego se volvió hacia el guardia que le había extirpado los ojos. —¿Sabes qué es un cerdo humano?
—Sí lo sé.
—Perfecto. Asegúrate de mantenerlo con vida —ordenó Wu Ruo con voz gélida, mientras sus propios ojos enrojecían ligeramente—. Porque voy a convertirlo en un cerdo humano poco a poco. Hoy le arrancamos los ojos; mañana, le cortaremos la pierna derecha; pasado mañana, será el turno de su brazo izquierdo…
El guardia inclinó la cabeza con respeto. —Sí, señor. Este subordinado se encargará de que desee estar muerto.
Los rostros de Ruan Ying y Ruan Sheng perdieron todo color. Al observar las cuencas vacías y ensangrentadas de Ruan Zhizheng, sus cuerpos no dejaban de temblar.
—Wu Ruo, si tienes algo de piedad, ¡mátame de una vez! —gritó Ruan Zhizheng con desesperación.
—¿Quieres una muerte rápida y sin dolor? Ja, ¿crees que te mereces algo tan bueno? Mejor disfruta de cómo tu cuerpo es desmembrado pedazo a pedazo. —La mirada de Wu Ruo se deslizó, fría y despiadada, hacia Ruan Sheng y Ruan Ying—. ¿Qué tal estuvo anoche? ¿Disfrutaron jugando con su Joven Maestro?
Al recordar la humillación de la noche anterior, Ruan Zhizheng comenzó a gritar como un demente. —¡Wu Ruo, cállate! ¡Cierra la maldita boca!
Un guardia le introdujo un trapo en la boca a la fuerza.
—¡Mmh, mmh! —El rostro de Ruan Zhizheng, cubierto de sangre, era una máscara de puro odio.
Ruan Ying y Ruan Sheng se miraron aterrorizados, sin saber qué responder. Temían que una respuesta incorrecta les acarreara un castigo aún peor.
El guardia les asestó una patada. —Nuestra Señora les está haciendo una pregunta.
—N-no lo sé —tartamudeó Ruan Ying, temblando de miedo.
—¿No lo sabes? Si ni siquiera sabes si disfrutaste o no anoche, ¿entonces de qué te sirve ese aparato? —La mirada de Wu Ruo se posó de forma fugaz en sus entrepiernas.
Aterrado, Ruan Ying cambió su respuesta a toda prisa. —¡Joven Maestro Ruo, ya lo recuerdo! ¡Anoche fue muy placentero, increíblemente placentero!
Wu Ruo soltó una carcajada gélida. —Ya que lo han disfrutado tanto, entonces menos falta les hará tener esos aparatos.
Ruan Ying y Ruan Sheng comprendieron al instante el significado detrás de las palabras de Wu Ruo. Sin importar cómo respondieran, no habría salida. Sus cuerpos perdieron toda fuerza y se desplomaron en el suelo.
Las siguientes palabras de Wu Ruo los condenaron directamente al infierno: —Conviértanlos a ellos también en cerdos humanos.
Ruan Ying estalló en un llanto desesperado. —¡Joven Maestro Ruo, se lo suplicamos, perdónenos la vida!
Wu Ruo dio media vuelta y salió de la leñera sin mirar atrás, dejando a su paso una estela de gritos, lamentos y súplicas desgarradoras.
***
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